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Si alguna vez has intentado perder peso, seguramente hayas oído que tienes que contar calorías de forma obsesiva o ir «rastreando» cada bocado en una aplicación del móvil.
Aunque esto puede funcionar a corto plazo, la realidad es muy distinta cuando miramos a largo plazo: nadie quiere pasar el resto de su vida escaneando códigos de barras de todo lo que come. Contar calorías es útil durante un tiempo determinado, pero acaba convirtiéndose en una jaula mental donde nadie quiere estar atrapado.
La buena noticia es que existen soluciones y estrategias que permiten conseguir exactamente el mismo objetivo físico pero sin tener que contar una sola caloría. A continuación, te detallo las tres vías que implemento y recomiendo para optimizar tu alimentación de forma sostenible.
La primera vía para optimizar tu alimentación consiste en eliminar lo que ya sabes que tienes que eliminar. Nadie necesita que le digan qué productos son los que no debería tener en la despensa. En mi academia llamo a esto «limpiar tu castillo».
Perder peso se vuelve extremadamente difícil cuando exponemos nuestra fuerza de voluntad a un entorno hostil. Fuera de casa, todo está diseñado para que consumamos alimentos muy altos en calorías: los carteles gigantes de comida rápida o el olor a bollería y pan recién hecho al pasar por una panadería.
Si te llevas esas tentaciones de la calle a tu hogar, estás saboteando tu propio progreso:
Al evitar la presencia de estos alimentos hipercalóricos en tu día a día, darás un gran paso adelante y reducirás drásticamente la ingesta calórica de forma completamente pasiva.
La segunda estrategia es controlar lo que sí comes sin necesidad de pesarlo o registrarlo, basando las elecciones en alimentos muy saciantes. Existe una gran confusión generalizada sobre cómo funcionan realmente los mecanismos de saciedad en nuestro cuerpo.
Un error muy común es pensar que la proteína es el único elemento saciante. Sin embargo, la saciedad depende de las características del alimento y no del macronutriente de forma aislada. Si la proteína por sí misma fuera lo más saciante, el alimento con mayor concentración proteica —como la proteína en polvo— sería el que más nos llenaría, y sabemos que un batido no sacia a largo plazo.
La cultura actual de la proteína nos hace creer que todo lo que la contenga es milagroso para quemar calorías, ganar músculo o quitarnos el hambre, pero los factores clave son otros:
Comer a voluntad (lo que técnicamente se conoce como alimentación ad libitum) seleccionando buenos alimentos y evitando las tentaciones puede funcionar para generar un déficit calórico sostenible. Sin embargo, a veces no es suficiente. Ir a ciegas y cruzar los dedos para que sea suficiente no es la mejor opción cuando se quiere corregir un problema como el sobrepeso.
Querer perder peso sin controlar en absoluto lo que comes es como intentar ahorrar para irte de vacaciones sin saber cuánto dinero ganas. Puedes recortar algún gasto aleatorio y esperar que quede algo de dinero en la cuenta, pero es un plan débil. Un plan sólido implica saber cuánto cuestan las vacaciones (por ejemplo, 1000 euros) y cuánto ganas (por ejemplo, 1600 euros) para saber que debes guardar un mínimo de 90 euros al mes. Sin control, no sabes si vas en la dirección correcta.
Para conseguir lo mejor de los dos mundos —perder peso controlando lo que comes pero sin vivir obsesionado contando calorías— la solución idónea es utilizar un plan de alimentación.
La clave del método: Las calorías solo se tienen en cuenta una única vez al diseñar el plan. Una vez estructurado, te olvidas por completo de los números y te centras exclusivamente en seguir el plan.
Cuando diseñé mi propia estructura nutricional, utilicé un baremo de calorías específico, pero en mi rutina actual yo no sé cuántas calorías estoy consumiendo ni me importa. Solo sé que mi desayuno se compone de 50 gramos de avena, 5 gramos de semillas de lino y 5 gramos de chía, por ejemplo.
Este enfoque aporta tres ventajas muy claras:
Tener un plan siempre va a ser superior a no tenerlo. Si quieres diseñar tu propia estructura de forma totalmente gratuita y sencilla con los alimentos que tú elijas, he desarrollado una herramienta específica para ello que puedes utilizar gratis desde aquí. Actualmente se encuentra en fase de pruebas y seguiré añadiendo mejoras, pero ya está completamente operativa para que estructures tus menús y dejes atrás la esclavitud de las aplicaciones de conteo calórico.
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By Luis Carballo4.5
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Si alguna vez has intentado perder peso, seguramente hayas oído que tienes que contar calorías de forma obsesiva o ir «rastreando» cada bocado en una aplicación del móvil.
Aunque esto puede funcionar a corto plazo, la realidad es muy distinta cuando miramos a largo plazo: nadie quiere pasar el resto de su vida escaneando códigos de barras de todo lo que come. Contar calorías es útil durante un tiempo determinado, pero acaba convirtiéndose en una jaula mental donde nadie quiere estar atrapado.
La buena noticia es que existen soluciones y estrategias que permiten conseguir exactamente el mismo objetivo físico pero sin tener que contar una sola caloría. A continuación, te detallo las tres vías que implemento y recomiendo para optimizar tu alimentación de forma sostenible.
La primera vía para optimizar tu alimentación consiste en eliminar lo que ya sabes que tienes que eliminar. Nadie necesita que le digan qué productos son los que no debería tener en la despensa. En mi academia llamo a esto «limpiar tu castillo».
Perder peso se vuelve extremadamente difícil cuando exponemos nuestra fuerza de voluntad a un entorno hostil. Fuera de casa, todo está diseñado para que consumamos alimentos muy altos en calorías: los carteles gigantes de comida rápida o el olor a bollería y pan recién hecho al pasar por una panadería.
Si te llevas esas tentaciones de la calle a tu hogar, estás saboteando tu propio progreso:
Al evitar la presencia de estos alimentos hipercalóricos en tu día a día, darás un gran paso adelante y reducirás drásticamente la ingesta calórica de forma completamente pasiva.
La segunda estrategia es controlar lo que sí comes sin necesidad de pesarlo o registrarlo, basando las elecciones en alimentos muy saciantes. Existe una gran confusión generalizada sobre cómo funcionan realmente los mecanismos de saciedad en nuestro cuerpo.
Un error muy común es pensar que la proteína es el único elemento saciante. Sin embargo, la saciedad depende de las características del alimento y no del macronutriente de forma aislada. Si la proteína por sí misma fuera lo más saciante, el alimento con mayor concentración proteica —como la proteína en polvo— sería el que más nos llenaría, y sabemos que un batido no sacia a largo plazo.
La cultura actual de la proteína nos hace creer que todo lo que la contenga es milagroso para quemar calorías, ganar músculo o quitarnos el hambre, pero los factores clave son otros:
Comer a voluntad (lo que técnicamente se conoce como alimentación ad libitum) seleccionando buenos alimentos y evitando las tentaciones puede funcionar para generar un déficit calórico sostenible. Sin embargo, a veces no es suficiente. Ir a ciegas y cruzar los dedos para que sea suficiente no es la mejor opción cuando se quiere corregir un problema como el sobrepeso.
Querer perder peso sin controlar en absoluto lo que comes es como intentar ahorrar para irte de vacaciones sin saber cuánto dinero ganas. Puedes recortar algún gasto aleatorio y esperar que quede algo de dinero en la cuenta, pero es un plan débil. Un plan sólido implica saber cuánto cuestan las vacaciones (por ejemplo, 1000 euros) y cuánto ganas (por ejemplo, 1600 euros) para saber que debes guardar un mínimo de 90 euros al mes. Sin control, no sabes si vas en la dirección correcta.
Para conseguir lo mejor de los dos mundos —perder peso controlando lo que comes pero sin vivir obsesionado contando calorías— la solución idónea es utilizar un plan de alimentación.
La clave del método: Las calorías solo se tienen en cuenta una única vez al diseñar el plan. Una vez estructurado, te olvidas por completo de los números y te centras exclusivamente en seguir el plan.
Cuando diseñé mi propia estructura nutricional, utilicé un baremo de calorías específico, pero en mi rutina actual yo no sé cuántas calorías estoy consumiendo ni me importa. Solo sé que mi desayuno se compone de 50 gramos de avena, 5 gramos de semillas de lino y 5 gramos de chía, por ejemplo.
Este enfoque aporta tres ventajas muy claras:
Tener un plan siempre va a ser superior a no tenerlo. Si quieres diseñar tu propia estructura de forma totalmente gratuita y sencilla con los alimentos que tú elijas, he desarrollado una herramienta específica para ello que puedes utilizar gratis desde aquí. Actualmente se encuentra en fase de pruebas y seguiré añadiendo mejoras, pero ya está completamente operativa para que estructures tus menús y dejes atrás la esclavitud de las aplicaciones de conteo calórico.
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