Leo que en 2018 se contabilizan 334.688 anuncios de juego en radio, TV, prensa y cine. Loterías, internet, etc. Señoras y señores: esto provoca adictos. Es, opino, un grave problema de nuestra sociedad. No recuerdo una manifestación en contra del juego. Sin embargo, miles de ellas a favor o en contra de cosas que poca o ninguna repercusión tienen en la vida sana y honrada.
Una de las leyes tácitas, no escritas, de nuestra realidad es que los lujos tienden a convertirse en necesidades y a generar nuevas obligaciones. Una vez que nos hemos acostumbrado a un nuevo lujo, lo damos por sentado. Después, empezamos a contar con él. Finalmente, llegamos a un punto en el que ya no podemos vivir sin él.
El agua pura es insípida e inodora. Las demás no. Saben a minerales, ácidos, sales? o cloro. De cada grifo sale un agua distinta. El agua lleva disueltas muchas sustancias, según su procedencia o tratamiento.
Se habla de la desmaterialización del consumo. Hemos llegado al límite de los objetos materiales que necesitamos. Hemos llenado la casa de velitas de todos los colores y guardamos toallas y camisetas para parar un tren.
Luchamos por alargar la vida mediante medicamentos y hábitos de consumo. ¿Qué ocurriría si se duplicase, por ejemplo, la vida humana? Escuchen lo que vaticina un experto en prospectiva.
Dijo Robert Guerin que el aire que respiramos es un compuesto de oxígeno, hidrógeno y publicidad. Pero no sólo publicidad; hay muchas formas de lanzar mensajes al público; unas veces para el público y otras contra el público.
Hay plantitas que mejoran la digestión, la actividad sexual, desintoxica el cuerpo, alivia el insomnio, reduce el colesterol, rejuvenece la piel, contribuye a evitar enfermedades cardiacas y demás, y aumenta la energía (por supuesto, todavía nadie sabe en qué consiste esto de la energía).
Si usted ha visitado con cierta frecuencia una tienda de dietética, ya se habrá dado cuenta de que muchas bayas que allí se venden no son precisamente milagrosas.
Puede recibir una llamada para comunicarle que le regalan una olla valorada en mucho dinero. Casualmente, un repartidor de ollas se encuentra cerca de su casa y se la va a llevar en un santiamén. El ollero se presenta, le regala la olla y? trata de venderle cualquier cosa sobre valorada. Ahí está el negocio.
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