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Es el segundo consultorio de Enteratec del día, y llega con una pregunta muy práctica. Dani quiere saber cómo compartir la ubicación entre un iPhone y un móvil Android. En el ecosistema de Apple existe la app Buscar, la de «buscar a mis amigos», pero en cuanto alguien del grupo tiene un Android, esa opción deja de servir.
La respuesta es una herramienta que prácticamente todo el mundo tiene instalada, sea cual sea su teléfono: Google Maps. Funciona igual en Android y en iPhone, así que da igual qué dispositivo use cada uno.
Los pasos son muy sencillos:
A partir de ese momento, cuando abres Google Maps en tu dispositivo, aparecen en el mapa las personas que te han compartido su ubicación. No importa si usan Android o iPhone.
Lo curioso es que esta opción lleva disponible «desde hace eones», pero apenas se utiliza. Y es una pena, porque resulta muy cómoda y muy práctica. Si tienes un grupo de amigos o una familia en la que cada uno usa un sistema distinto y queréis veros en el mapa, no hace falta instalar nada nuevo. La solución ya la tenéis en el bolsillo.
Como manda la tradición del consultorio, el episodio termina con su habitual broma de doble sentido: si os gustan grandes y llenas de venas, el corazón del equipo de Enteratec es todo vuestro.
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Últimamente no hay conversación sobre tecnología en la que no aparezca la misma sentencia: la inteligencia artificial nos está volviendo tontos. En este capítulo del consultorio de Enteratec, Miguel Angel Terrón dice basta y propone mirar el asunto con perspectiva histórica. Esta vez no le acompañan Mariano ni Jesús, sino su hija Natalia, que hace de público en directo con un entusiasmo discutible.
El punto de partida es una imagen muy concreta: un operario que maneja una grúa con electroimán, de esas que levantan chatarra metálica y la llevan de un sitio a otro. Ese trabajador no conoce las ecuaciones de Maxwell. Nadie diría por eso que es tonto. Simplemente no las necesita para hacer su trabajo.
Con un coche pasa lo mismo: pisamos el acelerador sin saber nada de las leyes de la combustión. El operario aprovecha el trabajo de Ørsted, de Faraday y de Henry sin tener que redescubrirlo. Gracias a eso puede dedicar la cabeza a lo suyo, que es mover la palanca y llevar toneladas de metal de un lado a otro.
Ni siquiera esos científicos empezaron de cero. Henry mejoró el electroimán de Sturgeon, que a su vez partía de los descubrimientos de Ørsted. El conocimiento se construye por capas.
Newton lo dejó escrito en 1675: si he visto más lejos es por estar subido a hombros de gigantes. Se refería a que mucha gente antes que él había investigado y descubierto cosas, y eso permitía a los demás avanzar más rápido. Miguel Angel lo amplía a todo lo que heredamos sin pensar: la rueda, el fuego, el electromagnetismo.
La queja de que una herramienta nos atonta es muy antigua. El repaso del episodio:
El patrón se repite siempre. Dejamos de hacer una cosa y empezamos a hacer otras más complicadas.
Si la inteligencia artificial nos descoloca, según Miguel Angel, no es porque nos quite capacidad. El conocimiento que ofrece es global, rápido, organizado, claro y estructurado, y llega de una forma tan sencilla que nos ha acelerado a una velocidad que cuesta manejar. El vértigo viene del ritmo, no de una pérdida de inteligencia.
Por eso su conclusión es clara: la IA no nos vuelve tontos, nos da la oportunidad de dar pasos de gigante. Como el operario de la grúa, no hace falta dominar cada ley de la física para mover toneladas.
El tono del episodio es tan cercano como siempre. Miguel Angel le pide a Natalia que confirme en voz alta que el concepto se entiende, y ella responde con un «sí» que, según él, es «súper alto». Al rato confiesa que, mientras él reflexiona sobre Sócrates y Newton, su hija se está mirando las uñas.
Para rematar, recurre a una frase que atribuye a Tom Hanks: tonto es el que dice tonterías. Y como manda la tradición del consultorio, se despide recordando que el mundo está lleno de electrones, neutrones, protones y «tontos de los cojones».
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Miguel Angel Terrón lleva tiempo programando con inteligencia artificial: hace programitas, experimenta y prueba distintas IAs. En este capítulo del consultorio de Enteratec cuenta un tropiezo que, según él, acabará encontrándose cualquiera que trabaje con asistentes de IA.
Uno de sus asistentes le dio un resumen de un proyecto con datos de hace unos cuantos meses. Lo hizo con absoluta seguridad, como si fuera la verdad absoluta. Y lo curioso es que no se había inventado nada. Había leído lo que tenía guardado. El problema era justo ese: lo guardado estaba viejo y nadie se lo había dicho.
Todo esto se grabó paseando, con banda sonora incluida. Los jardineros de Dos Hermanas andaban soplando hojas con unas máquinas de combustión de ruido «demencial», y obligaron a migue a cambiar de camino más de una vez.
Para explicar el problema, Miguel Ángel usa una imagen muy clara. Imagina una oficina con dos o tres empleados, cada uno en una sala distinta y cada uno con su propia libreta, que no enseña a nadie.
No hay mala fe. Simplemente no sabían que el compañero lo había cambiado.
Eso es exactamente lo que le pasa a él. Trabaja con varias máquinas:
En cada una hay una IA que le ayuda, y cada una tiene su propia memoria. Son los empleados de las distintas salas.
Aquí está la parte peligrosa. Un humano, si hace tiempo que no mira algo, te dice: «déjame comprobarlo». Una IA, si lo que tiene guardado tiene buena pinta, te lo cuenta con total firmeza. Lo explica con un ejemplo de obra: si nadie ha apuntado que ya se han levantado las paredes, la IA puede seguir convencida de que el edificio está en los cimientos.
La idea parece una tontería cuando se cuenta: dejar de guardar el conocimiento en la cabeza de cada IA y ponerlo en un sitio que lean todas.
Miguel Ángel insiste en que no se ha inventado nada. Se inspira en una práctica que los desarrolladores llevan haciendo unos 15 años: los dotfiles. Son esos ficheros de configuración que empiezan por punto y que los sistemas Unix usan desde hace décadas. Mucha gente los guarda en un repositorio Git y los comparte entre todos sus equipos. Así todos funcionan exactamente igual, porque todos tienen el mismo fichero.
Él ha hecho lo mismo, pero con las instrucciones y el conocimiento de sus agentes de IA. Y lo ha organizado con dos reglas.
Hay un único fichero con todo lo que cualquier asistente debe saber:
Antes había una copia en cada ordenador. Cada copia envejecía a su ritmo y ninguna se enteraba de cómo iban las demás. Ahora solo hay una, y todos los ordenadores descargan esa configuración general cada 10 minutos.
No hay un fichero de estado general. Cada proyecto guarda su estado en su propia carpeta: qué está a medias, qué espera una decisión suya… Lo mejor es que el asistente lo actualiza en cuanto cambia algo, no al final del día.
El ejemplo es VozCaster, su bot para publicar un capítulo de podcast enviando un audio por Telegram. En la última versión que ha subido al repositorio, la 1.10, ya se puede instalar el plugin en una web de WordPress y dar permisos a distintos perfiles de usuario. Por ejemplo, en una escuela oficial de idiomas los profesores podrían publicar, pero con una revisión previa. Todo ese estado (publicación, traducciones y demás) se guarda en la carpeta del proyecto en el momento en que cambia.
Por encima de todo hay un mapa: una tabla que dice en qué máquina y en qué carpeta está cada proyecto, y dónde se lee su estado actual. El mapa no cuenta de qué va nada. Solo conecta carpetas.
La parte favorita de Miguel Ángel es el «director de orquesta». Es un proyecto que lee ese mapa y se conecta a cada proyecto, en cada máquina, para consultar su estado real. Le pregunta «¿cómo va esto?» o «¿qué hay pendiente?», y el director va a mirarlo.
Además, usa Claude Code en distintos equipos y sincroniza el estado de cada uno con un repositorio privado. En sus palabras, «es una pasada».
1. Si trabajas con IA en más de un sitio, ya tienes este problema, aunque todavía no lo hayas visto. Te lo vas a encontrar. 2. No guardes lo importante en la memoria de la herramienta. Guárdalo en algo tuyo, en texto plano y con historial. Las herramientas cambian; tu fichero no. 3. Separa dónde está cada cosa de cómo va cada cosa. Lo primero cambia poco. Lo segundo cambia cada vez que tocas un proyecto.
Si tienes dudas sobre este montaje, Miguel Ángel estará encantado de resolverlas en los comentarios. Y si se oye algún soplador de fondo, ya sabes de quién es la culpa: de los jardineros de Dos Hermanas, empeñados en dejar los jardines perfectos.
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Arrancamos temporada nueva y ni el propio VOD lo tiene claro: ¿la 13 o la 14? Tras consultar el asunto, quedamos en que este es el episodio 14-1, el primero de la decimocuarta temporada. Miguel Ángel Terrón y Jesús Rois vuelven al mando para repasar la rabiosa actualidad tecnológica y, de paso, meter algún que otro capítulo Antiguatec.
La primera parada es el nuevo teléfono plegable de Apple, un aparato que en formato cerrado es tan gordo como el móvil más gordo del mundo, y que al abrirse se convierte en una especie de iPad diminuto. Ni teléfono ni tablet, pero eso sí, compatible con el Apple Pencil.
Surge la gran pregunta: ¿merece la pena gastarse 2.000 euros en un teléfono raro que se convierte en tablet pequeña, cuando con ese dinero te compras un iPhone básico, un iPad básico y hasta un MacBook por separado? La conclusión es clara: el sueño húmedo sigue siendo un teléfono minúsculo, tamaño Nokia 3210 o iPhone original, con una pantalla de 3,5 pulgadas suficiente para leer WhatsApp y Telegram. Para todo lo demás, un escritorio, una tablet o un monitor portátil.
Hablando de invertir en software que funcione: el día 14 salía —supuestamente— iOS 27. Al entrar en las actualizaciones desde el iPad aparecía, y desde el iPhone también, pero con un curioso baile de versiones: el sistema anunciaba que estaba preparando iOS 26.7 cuando en realidad instalaba la 26. Un descuido tonto que, dicho sea de paso, contrasta un poco con esos 2.000 euros de teléfono.
Entre las mejoras de esta actualización, la mejora de audio en las notas de voz, algo que aprovechamos para poner a prueba grabando el propio capítulo. Un recordatorio útil: si tienes un Mac, puedes actualizar el dispositivo conectándolo por cable y ahorrarte los 15 o 16 GB de espacio libre que exige la actualización directa.
En San Francisco se está probando un servicio de robots humanoides que limpian tu casa por 30 dólares la hora. La idea suena bien… hasta que llegan los matices:
Si de verdad friega el suelo en cinco minutos y hace las camas a toda pastilla, quizá compense. La misma pregunta del iPhone vale aquí: ¿qué tiene que hacer un robot para justificar ese gasto?
Sam Altman, de OpenAI, anima a la gente a frenar el desarrollo de la inteligencia artificial porque «va demasiado rápido»… justo antes de lanzar una nueva versión más veloz de su modelo. La contradicción es evidente.
Y es que las capacidades actuales son de escándalo. La anécdota que lo demuestra: pedirle al modelo instalar un sistema operativo en una torre partiendo de un simple pendrive. La IA se descargó la distribución, flasheó el pendrive, generó el script de instalación y solo hubo que sacar el pendrive del Mac, meterlo en la torre y arrancar desde la BIOS. El resto —nombre de equipo, usuario, configuración de red— lo hizo todo sola, gastando poco más del 40% de los tokens en una mañana.
El reverso de la moneda: el último informe PISA muestra una caída de la comprensión lectora entre los estudiantes españoles. Comparando España y Japón, la bajada resulta inversamente proporcional al uso de la IA: los japoneses la usan menos para redacciones y demás, y les va mejor. Parece mentira, pero no lo es.
Y llegamos al momento antiguoTec del capítulo. Antes de que existiera Claude, la IA, existió otro Claude: Claude Chappe, quien en la década de 1790 —plena Francia revolucionaria— desarrolló una red de telégrafo óptico.
Cómo funcionaba:
El resultado: un mensaje que antes tardaba días a caballo cruzando el país podía transmitirse ahora en horas de un extremo a otro. Es imposible no ver el paralelismo: torres que actúan como routers (torre, router, autorouter…), operarios que hacen de repetidores de señal, un código que se codifica y decodifica como un protocolo. Y su gran enemigo, la niebla: cuando bajaba, se caía internet.
El invento conecta con toda una tradición de comunicación a distancia: las señales de humo, las banderas, el posterior telégrafo Morse por luz, los silbadores de La Gomera y, cómo no, las almenaras de El Señor de los Anillos que ardían para avisar de que «la hora había llegado». ¿Copió Tolkien a Chappe? Nunca lo sabremos.
Capítulo cortito y al pie, solo tres noticias para que la gente no se pierda. Y recordad, por si se os había olvidado: el mundo está lleno de electrones, neutrones, protones y tontos de los cojones. Nos vemos la semana que viene.
🤖 El contenido de este post ha sido generado automáticamente con inteligencia artificial a partir de la transcripción del audio. Puede contener errores o imprecisiones.
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La historia empieza con una sorpresa doméstica: al llegar a casa y abrir el MacBook Pro para probar Antigravity, la propuesta de Google equivalente a Claude Code, Migue Ángel se dio cuenta de que ya lo tenía instalado desde el 19 de noviembre de 2025. En aquella época andaba evaluando un montón de modelos de inteligencia artificial —trasteando incluso con el modelo conversacional de ChatGPT— y probó la herramienta de Google, pero directamente la olvidó.
¿El motivo del olvido? Que Antigravity es igual de potente y maravilloso, pero su curva de aprendizaje es un poquito diferente. No es tan inmediato como darle un directorio y empezar a funcionar.
Al retomarlo, lo primero que llama la atención es que la aplicación ha cambiado y ahora se ha dividido en dos piezas:
Por defecto viene con Gemini 3.6 Flash, que según cuenta funciona muy bien. Le metió uno de sus directorios de proyecto, le pidió que lo analizara y que creara un proyecto nuevo, y todo salió a la perfección. El único pero sigue siendo que no es tan intuitivo como otras alternativas.
Uno de los grandes descubrimientos es que Antigravity IDE funciona con las cuentas educativas. Y funciona igual de bien con la cuenta de Google One de 5 TB con Gemini Pro. Entre bromas sobre su edad —confiesa tener 54 años, algo más de 18—, confirma que en su caso todo desarrolla y funciona sin problemas.
La segunda parte del capítulo va de experimentos con modelos, en concreto con DeepSeek, que tiene unas valoraciones absolutamente demenciales en potencia, coste y rendimiento.
Migue Ángel hizo un cálculo curioso basándose en los tokens consumidos en sus proyectos reales:
Estamos hablando de algo entre 50 y 80 veces más barato que Claude. Brutalmente barato, y con un pensamiento profundo a nivel de desarrollo muy bueno.
Además, DeepSeek tiene una parte muy, muy gratuita: entras en su página, te identificas con tu cuenta de Google y ya puedes desarrollar. El único límite es que no interactúa con un directorio de tu equipo, sino que te devuelve el código directamente.
Como ejemplo, le pidió crear un plugin de WordPress siguiendo las skills oficiales de WordPress: se las descargó y empezó a trabajar con ellas sin problema. Cuando quiso obtener el resultado empaquetado, DeepSeek le propuso una solución ingeniosa: un código en Python que, al copiarlo en un editor de texto plano como TextEdit y ejecutarlo, generaba automáticamente el archivo `.zip` del plugin. Un plugin simple, pero resuelto de forma asombrosamente eficiente.
La invitación final es clara: instala Antigravity y Antigravity IDE, prueba DeepSeek, haz tus propios experimentos y comparte tus proyectos e historias. A Migue Ángel le ha sorprendido bastante todo lo que ha visto, y el balance no puede ser más entusiasta: todo muy guay y muy chulo.
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En este nuevo capítulo del consultorio de Enteratec, la pregunta me la hago yo mismo. Llevo un tiempo desarrollando con Claude y su aplicación de escritorio, y me apetecía compartir un pequeño viaje que empezó por el almacenamiento en la nube y terminó descubriendo una herramienta de Google que no conocía.
Antes de nada, conviene aclarar dos conceptos que se mezclan constantemente:
En el caso de Claude, la aplicación de escritorio tiene una pestaña de Code, que es donde se produce la magia: el agente conecta con el modelo, tú le das tareas y va haciendo cosas. Es un poco lío al principio, pero muy chulo.
Hay otra aplicación maravillosa dentro de ChatGPT: la sección Codex. Requiere una suscripción (la versión de pago, en torno a 20 y pico euros al mes) y funciona de forma parecida aunque con su propia manera de trabajar con los modelos.
El funcionamiento básico es el mismo en ambas: le das una carpeta de tu ordenador donde el agente guarda sus ficheros de memoria, y le pides lo que quieras. Por ejemplo: «hazme el juego del Tetris en Python» o «créame una página web con el Tetris». A partir de ahí empiezas a dilucidar ideas y a conversar con la herramienta.
Tengo contratado Google One con 2 teras, que incluye Gemini y que comparto con toda la familia. El problema es que los niños crecen, suben sus fotos a Google Fotos, acumulan documentos… y esos 2 teras que parecían infinitos se quedan pequeños. Los hijos no solo te quitan la vida, ¡también el almacenamiento!
Así que decidí dar el salto al plan de 5 teras: 219,99 euros al año. Puede sonar caro, pero echando cuentas salen unos 18 euros al mes, lo que cuesta un par de semanas de desayunos. Para tener toda tu información respaldada por una empresa como Google, es prácticamente regalado. Y sí, si algún día se cae Google será como el gran apagón de España: se acaba el mundo, pero mientras tanto merece la pena.
Al contratar los 5 teras, mi cuenta pasó de Gemini Plus a Gemini Pro, con modelos más potentes y hasta cuatro veces más interacciones (aunque nunca he llegado al tope de nada).
Con Gemini Pro en la mano, me pregunté: ¿habrá algo parecido a Claude Code o a Codex en el ecosistema de Google? Me puse a buscar y no encontraba nada evidente.
Pensé que tendría que tirar de terminal con Gemini CLI, pero al intentar autenticarme me llevé una sorpresa: mi cuenta individual ya no servía para Gemini CLI. En su lugar, el propio mensaje de la consola me recomendaba usar otra cosa para seguir desarrollando con Gemini: Antigravity.
No sabía qué era Antigravity, lo había escuchado por ahí sin llegar a atar cabos. Me metí en antigravity.google y resulta que te descargas una aplicación tan mona y completa como la de Claude Code o la de Codex.
Así que ya lo sabéis: el equivalente de Google y Gemini para desarrollo es Antigravity. Permite trabajar con proyectos exactamente igual que las otras dos herramientas. Todavía no he empezado a usarlo en serio, pero tiene muy buena pinta.
Mi plan es probarlo a fondo y ver si es capaz de:
Una última cosa muy interesante que aún no he probado, pero que pienso probar. Cuando te matriculas en un centro educativo —la Escuela Oficial de Idiomas, el instituto o el colegio de tus hijos— te dan una cuenta de Google Workspace asociada también a Gemini.
Esas cuentas se usan para entrar en Classroom, pero probablemente puedas identificarte con ellas en Antigravity y quizá tengas acceso a modelos potentes para desarrollar. En mi caso, como estoy en la Escuela Oficial de Idiomas, voy a probarlo y os contaré si funciona. Si tenéis hijos estudiando, echadle un ojo a su cuenta educativa: puede que os dé más juego del que pensáis.
Si ya conocíais Antigravity, ole por vosotros, ganáis un elefantito. Y si no, ya sabéis otra cosa nueva: instalad el cacharrito y trasteadlo. Le voy a dar una vuelta y os contaré cómo funciona en el próximo capítulo. ¡Nos vemos!
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A veces la inspiración llega en el momento menos pensado. Estando en la playa y con algo de aburrimiento, decidí liarme la manta a la cabeza y ponerme a actualizar, tablet en mano, mi plugin de estadísticas de podcast: Podcast Analytics for OP3 (basado en OP3).
Este plugin lo tenía un poco aparcado desde el 30 de abril, cuando corregí un fallo con el prefijo del feed que no se aplicaba inmediatamente tras la activación. ¿El motivo del parón? Que me puse a desarrollar VozCaster, la herramienta de publicación automática de podcast que uso ahora mismo. Y precisamente pensé: si publicar un capítulo es inmediato y me lleva dos minutos, ¿por qué no contaros directamente todo lo que he hecho estos días?
Lo primero fue cambiar la imagen del plugin: he creado un banner más colorido y he unificado el estilo del logo con el que ya tenía el Connector for VozCaster en el repositorio de WordPress. Cada uno con su color, pero con una línea visual coherente.
Una de las grandes novedades es un sistema propio de medición dentro del propio WordPress donde se instala el plugin, similar al de OP3. ¿Por qué? Porque permite obtener estadísticas de podcasts privados, algo que me pidió Emilcar. Todavía tengo que afinar el tema de los porcentajes de escuchas, pero ya funciona.
He metido mano a varios apartados para que todo sea más ágil y menos abrumador:
He añadido un contador de escuchas únicas por usuario. Para podcasts públicos es muy exacto, porque OP3 usa un identificador de audiencia estable que se mantiene de un día para otro, así que sabemos si un mismo oyente ha escuchado varios episodios en distintos días. En los podcasts privados, en cambio, el identificador es de 24 horas y funciona por aproximación.
Otra función que me encanta es el solapamiento de audiencia entre podcasts. Por ejemplo, teniendo Potencia Pro, Enteratec y PrestoCast en la misma web, puedo ver cuántos oyentes se comparten entre ellos: de los que escuchan Potencia Pro, cuántos escuchan también Enteratec o PrestoCast, con sus porcentajes de oyentes compartidos. Muy útil y muy visual.
Lo último que he añadido (antes de que el repositorio no diera abasto con tanta subida) es un sistema de alertas de podcast. Puedes configurar un correo de destino y recibir avisos de:
Además del correo, tienes un historial reciente dentro del propio plugin. En mi caso, por ejemplo, me avisó de una caída del 60% de escuchas en un capítulo concreto.
Recordad que este plugin es absolutamente gratuito. Solo tenéis que buscar «OP3» en el repositorio de WordPress y lo encontraréis.
Como os decía, este mismo audio lo estoy publicando con VozCaster: le doy al botón de enviar desde Telegram y en unos minutos queda colocado en la web. Si sois editores de podcast o queréis crear uno y os agobia editar el audio, meter música de entrada y salida y todo eso, VozCaster os lo hace directamente. La edición del audio con música es gratuita; solo se cobran los tokens de inteligencia artificial si queréis generar textos automáticos. Podéis poner el título que queráis, subir una imagen y enviar a borrador o publicar directamente.
Soy Migue Ángel Terrón. Gracias por escuchar y por acompañarme en este fin de semana de desconexión… y de mucha programación.
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Imagina grabar una nota de voz en Telegram y que, mientras hablas, todo lo demás ocurra por sí solo. Eso es exactamente lo que hace VozCaster, el proyecto que presenta Miguel Ángel Terrón en este primer capítulo. La propia grabación que da origen al episodio es una nota de voz enviada a un bot que se encarga del resto.
Mientras el audio se escucha, el bot está:
Y lo más importante: todo acaba publicado en tu propia web, no en la plataforma de un tercero. Tu web, tu audiencia.
Este capítulo es el arranque de una serie en la que Miguel Ángel promete abrir la caja y contar cómo ha montado el sistema durante un par de meses de trabajo. Entre las piezas que anticipa:
Si tienes un podcast en WordPress y te seduce la idea de publicar simplemente hablando, este proyecto va directo a ti. Puedes echar un vistazo y empezar gratis en vozcaster.com.
En el próximo capítulo, la serie empieza por el principio: por qué Miguel Ángel decidió meterse en este jardín. Nos oímos.
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Lo que estás escuchando es una nota de voz de Telegram. Nada más. Miguel Ángel Terrón la graba y se la envía a un bot que él mismo ha construido, y mientras el bot escucha, ya está haciendo todo lo demás:
Y lo hace en su propia web. Ese matiz importa: no en la plataforma de nadie, sino en su sitio, con su audiencia.
Este proyecto se llama VozCaster y es fruto de un par de meses de trabajo. El episodio que abre esta serie es solo la presentación: a partir de aquí, la idea es contar cómo está montado todo por dentro.
En los próximos capítulos se desgranarán las distintas piezas del sistema:
Si tienes un podcast en WordPress y te gustaría publicar así, hablando y ya está, la invitación es clara: entrar en VozCaster.com y empezar gratis.
En el próximo capítulo se empieza por el principio: por qué Miguel Ángel decidió meterse en este jardín. Nos oímos.
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La evolución de las plumas de las aves para desprender calor hacia el espacio es un fenómeno interesante que tiene raíces en la termodinámica. Según una publicación reciente en la revista Integrative Organismal Biology, diversas especies de aves están adaptando su plumaje para convertirse en disipadores geológicos del calor.
Pero ¿y los extraterrestres? En este episodio, también exploramos una posible conexión entre Jesús de Nazaré y estos seres misteriosos. Según una saga literaria, Jesús de Belén podría ser hijo de Dios y los cetáceos (delfines y ballenas) podrían ser sus primos lejanos que vienen a visitar la Tierra.
La saga en cuestión se titula «Hasta Luego y Gracias por el Pescado» y narra una historia épica sobre la inteligencia de los cetáceos y su posible conexión con la Tierra. Resulta que según esta saga, los ratones son la primera especie más inteligente de la Tierra, seguida de los cetáceos y finalmente la humanidad.
En cuanto al plugin que conecta el bot de Telegram con la página web para publicar capítulos, resulta que no se puede utilizar nada que tenga como nombre WP o Press. Ahora se llama Vodcaster y puedes ver cómo funciona en vodcaster.com.
Finalizamos este episodio con una avalancha de preguntas en el aire y esperamos que alguien nos ayude a resolverlas.
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