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Había una vez un demonio que había sido enviado por primera vez a la tierra y se encontró recién llegado desde el infierno en la puerta de un pueblo muy religioso. Desafortunadamente para el apenas trato de entrar por la puerta de acceso del pueblo sintió una fuerza que no lo dejaba entrar. Allí en la puerta se encontraba un viejo rezando con tanta fe que creaba un escudo protector que rechazaba cualquier intento del demonio de entrar.
El demonio totalmente frustrado intento durante varios días y varias noches, pero siempre sentía la energía de aquel rezandero en la puerta misma del pueblo y tenía que devolverse. Allí se encontraba en una piedra mirando desconsolado la puerta de entrada del pueblo cuando vio salir a una dulce viejita que sin pensarlo dos veces se acercó hacia el y le dijo.
Tu forastero, que haces aquí tan pensativo y triste. El demonio se levantó y le dijo. Debes saber que yo soy un demonio que he sido enviado para visitar los pueblos y conjurarlos de manera tal que sus habitantes apoyen a mi amo el diablo mayor.
La viejecita que había visto muchas cosas en su vida, poco se asustó al darse cuenta que estaba hablando con un demonio enviado por el diablo y simplemente le dijo.
Entiendo quién eres y tu propósito, pero dime que te tiene tan enojado. El demonio le contesto. Es que en la puerta del pueblo hay un señor rezandero que siempre esta con una camándula rezando y su rezo no me permite entrar al pueblo.
La viejita, lo miro con decisión y le dijo. Ese es el problema. No te preocupes si tu me pagas bien yo puedo ayudarte a salir de ese problema. Pero me debes prometer pagarme bien.
El demonio acostumbrado a las negociaciones, le ofrecio una bolsa de oro y la viejita rapidamene acepto y dándose media vuelta se dirigío de nuevo al pueblo. Alli paso por el lado del rezandero y se dirigió a la casa de el dónde sabía que estaba su esposa. Al llegar allí se le acercó y le dijo. Comadre me he enterado en la plaza del pueblo que tu marido te es infiel y que tiene planeado dejarte.
La Mujer rompió en llanto y sollozando le dijo. Vieja no me digas eso.Tu que eres experimentada dime que puedo hacer para impedirlo.
La vieja la miro y le dijo. Mira hay un encanto que podemos hacer, pero para eso necesitas cortarle los pelos de la barba de tu marido y traérmelos para preparar un amuleto que te sirva de protección. Quedate aquí y prepara todo para cortarle la barba. La mujer agradecida se quedó en la casa y mientras tanto la viejita se marchó hacia la puerta del pueblo donde se encontraba el rezandero.
Al llegar a el le dijo susurrándole en la oreja, Debes tener cuidado, me he enterado en la carnicería que tu mujer esta tramando matarte ya que tiene un romance con el carnicero y este le dio un cuchillo para que te mataran esta misma noche. Ve a tu casa y fingiendo dormir manten un ojo abierto para evitar que te mate.
El rezandero horrorizado salió corriendo hacia su casa y entrando a su hogar se metio en su habitación y sin haber comido se hizo el que dormía. La esposa espero que este se hubiera dormido y tomando un cuchillo se acerco sigilosamente al marido y este con un ojo abierto vio que ella se le acercaba silenciosamente. El hombre había escondido un puñal bajo su almohada y en un movimiento rápido tomo el puñal y se lo clavo en el pecho a su esposa. La que cayo muerta en el acto. La mujer alcanzo a gritar mientras moría y la vieja desde afuera de la casa escucho el grito y corriendo fue hasta la casa de el padre de la esposa y le dijo.
Te has enterado lo que sucedió donde tu hija. Dicen en el pueblo que su esposo la mato para casarse con otra mujer.
El padre horrorizado salió corriendo y al entrar a la casa de su hija y su yerno la&
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Había una vez una reunión de los árboles del mundo, se habían reunido porque necesitaban designar un rey arbol. Una vez reunidos comenzaron a nombrar algunos de los posibles candidatos para reinar. El primero que mencionaron era el mas antiguo de todos, aquel que por su edad tendría mayor experiencia y además de buenos frutos. El olivo un árbol curtido por el tiempo cuando escucho que querían que el fuera rey, se levanto y mirando a todos les dijo.
Agradezco a todos sus buenas intenciones hacia mi y su amable ofrecimiento del titulo de rey, pero desde hace muchos años me he dedicado a producir el fruto que produce el mas delicioso aceite que se puede tener en este mundo. Mi compromiso es con el buen sabor y por eso creo que de asumir las funciones de un rey no podría continuar haciendolo y el mundo perdería mucho. Debo declinar la oferta.
Luego le ofrecieron el honor a el manzano. Cuando este escucho el ofrecimiento se sonrojo y con vos dulce dijo. Me siento absolutamente agradecido por el honor que quieren conferirme pero debo recordarles que desde que el mundo es mundo, mis frutos han sido la tentación de los seres humanos y ellos requieren que yo siga produciendo mis bellos y dulces frutos para su deleite. He sido fuente de enormes tentaciones y asi quiero seguir siendo… Deberé renunciar a dicho honor.
Luego le ofrecieron el reinado a la palma de coco. La palma, esbelta y majestuosa como es, se sintió muy alagada con el ofrecimiento y con suave voz dijo. Desde mis alturas puedo ver muchos de ustedes y siento que me están haciendo un gran favor de querer que yo los gobierne. Pero debo recordarles que mi mayor característica es ser flexible y no tengo el carácter rígido que un monarca debe tener. Siento mucho pero no puedo aceptar.
Finalmente otro árbol sugirió que fuera el roble.
El Roble al oir su nombre sonrio y de inmediato acepto diciendo.
Queridos amigos. Realmente me siento muy halagado, pero quisera saber porque me han escogido.
El árbol que lo había nombrado, dijo.
Tu tienes todas las virtudes de un rey.
Eres alto como debe ser un rey, Pero nadie se atrevería a cortarte para utilizarte como madera, porque tu ramas son retorcidas como las intensiones de los reyes
Tu madera no es elegante como la de otros arboles pero tu porte hace pensar a los otros que eres de noble estirpe, sin serlo. Como los reyes.
Y lo mas importante. Tus frutos son amargos y duros como todos todo fruto de un rey.
Eres el rey ideal, solo sirves para dar sombra a todos los demás. A diferencia de los otros arboles de poco sirves
Todos los arboles vitorearon al roble y comprendieron que era el mejor rey que podían tener.
Un inútil útil.
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Había una vez un maestro que vivía al frente de un cementerio de un pueblo de la india. El maestro vivía siempre feliz y solo recibía un solo discípulo al tiempo. Asi cuando un discípulo adquiria el conocimiento y la sabiduría lo dejaba ir para recibir otro. Un dia el discípulo actúa, un hombre joven que había nacido en un pueblo vecino, se le acerco muy acongojado porque sentía que algunas de las personas del pueblo lo aceptaban amablemente, pero sentía que algunos otros resentían que el que era de otro pueblo.
El maestro con paciencia lo escucho y después de que había terminado, le dijo.
Hijo mio, la vida siempre te llevara a situaciones como esa y deberas escuchar la voz de nuestros antepasados que siempre te recomendaran lo mejor posible.
Mañana por la tarde, cuando caiga el sol, deberas entrar al cementerio que tenemos al frente y deberas ir al centro mismo del cementerio, donde permanecen los mas antiguos de nuestros antepasados. Allí y como muestra de tu respeto hacia ellos deberas hablarles diciendoles halagos, así ellos te escucharan y estarán dispuestos a oírte tus quejas sobre los vecinos de este pueblo. Luego deberas volver aca y me diras que te aconsejaron que hicieras.
El Discipulo, que respetaba mucho a su maestro, espero hasta el otro dia y cuando el sol cayo, se interno silenciosamente en el cementerio y dirigiéndose al centro mismo de el, se paro entre las tumbas y comenzó a decir a voz en cuello para que lo oyeran de todas las tumbas alrededor
Antepasados…. Ustedes que fueron los mas grandes de la historia del pueblo, que fueron nobles, que han sido el ejemplo mismo de todos los habitantes del pueblo vengo aquí a reconocerlos como el ejemplo moral y ético de nuestra cultura. Ustedes los mas sabios entre los sabios vengo aquí para postrarme humildemente ante ustedes para que me puedan dar sus sabios consejos.
Y así siguió durante algunos minutos, de halago en halago, el discípulo esperaba una respuesta por parte de los difuntos que allí se encontraban en aquel cementerio.
A media noche salió del cementerio hacia la casa de su maestro y este le dijo.
Querido Hijo, veo que regresas de el cementerio. Dime que te han aconsejado los muertos sobre como te tratan los habitantes del pueblo.
El discípulo un poco desorientado por su experiencia en el cementerio le contesto.
Maestro. He hecho lo que me has aconsejado, he ido allí y los he alagado profusamente, pero ninguno de ellos me ha dicho nada, ninguno de ellos me ha contestado nada.
El maestro miró a su discípulo y le dijo.
Extraño comportamiento el que me dices. De pronto ellos no estaban atentos a lo que tu querías de ellos. Cambiaremos de estrategia.
Mañana al caer el sol entraras de nuevo al cementerio y dirigiéndote otra vez al centro de el, deberás llamar su atención con toda clase de insultos para que ellos sintiéndose agredidos finalmente te presten atención y así podrás explicarles tu predicamento con los vecinos del pueblo.
El Discípulo obediente espero hasta el otro día y tal como se lo había recomendado su maestro entro al caer la noche al cementerio y desde el mismo centro de él y rodeado de tumbas de cientos de muertos, comenzó a gritar toda clase de insultos.
Antepasados, Vengo aquí hoy a recordarles que malo fueron durante los años que vivieron en este mundo, vengo a recriminarles porque por sus faltas y sus errores las personas que los siguieron han sufrido mucho. Vengo a decirles que fueron ustedes un gran error en nuestras vidas. Y que desde su tumbas deberán sentir remordimiento por sus actos.
El discípulo despues de permanecer algún tiempo en el cemente
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Había una vez un conejito que se llamaba Blanquito. Era muy
alegre y gordito tanto que a veces parecía una gran bola de
algodón. Lo que más le gustaba era correr y saltar por un
jardín que estaba cerca de su casa. Allí había muchos árboles,
todos iguales. Don Blanco, el papá conejo, le había dicho que
esos árboles eran olivos y por eso todos conocían aquel lugar
como el Huerto de los Olivos.
Un día que salió a correr por el campo llegó hasta aquel huerto
que le pareció muy lindo. Empezó a recorrerlo y se encontró
de pronto con un hombre joven que estaba sentado bajo un
olivo. Blanquito se detuvo en silencio porque le pareció que
ese hombre estaba hablando con alguien. Miró a todos lados
y no vio a nadie. Sin embargo escuchó que el hombre decía:
-Gracias, Padre mío.
Entonces se acercó y con un poco de miedo de que se enojara,
le preguntó:
-¿Dónde está tu papá? Yo no lo veo por ninguna parte.
-Está en el cielo. Tú no lo ves, pero Él sí te ve y te quiere mucho,
y sabe que te llamas Blanquito.
Blanquito se quedó sin palabras. Pasó un rato y se atrevió a
decir:
-Oye, Jesús, ¿estás seguro de que tu padre me ve? ¿Puedo
hablar con Él?
-Siempre puedes hablar con Él. Háblale ahora. Dile o pídele lo
que tú quieras.
-Oye, Dios. Te quiero pedir que ayudes a Jesús porque lo veo
muy triste y dice que se va a morir en una cruz. Por favor,
haz que no muera... -y volviéndose hacia Jesús le preguntó-:
¿Tú crees que me escuchó?
-Puedes estar seguro que sí y también está muy contento de
oír lo que le has pedido. Pero hay cosas que tienen que suceder.
Jesús lo consoló y le explicó que Él iba a resucitar a los tres
días, y que entonces habría una gran fiesta en el cielo porque
por fin se nos abrirían las puertas de ese cielo y que todos
teníamos que celebrar esta fiesta. Y después le dijo:
-Tú también vas a celebrar y vas a llevar alegría a muchos niños.
El conejito quedó más tranquilo al enterarse de que Jesús iba
a resucitar tres días después. Pero, ¿cómo sabría cuánto eran
tres días, si nunca había aprendido a contar? Volvió a ponerse
triste. Y Jesús le explicó:
-Lo que tienes que hacer es tocarte una oreja el primer día
apenas despiertes, el segundo día te tocas la otra y el tercero,
tocas tu colita; al hacerlo sabrás que yo he resucitado.
Con esto Blanquito volvió más tranquilo a su casa.
Al día siguiente el conejito se tocó su primera oreja. Estuvo
todo el día pendiente de ser un buen conejo, pensó que así
acompañaría a su amigo Jesús, que era tan bueno.
En cuanto despertó el segundo día se tocó su otra oreja y
pasó todo el día intentando ayudar a su mamá; ordenó lo
que habían desordenado sus hermanos, se comió toda la
comida, sin decir “esto no me gusta”, jugó con Blanquín, su
hermano chico...
Apenas salió el sol el tercer día, el conejito se tocó su cola y
se fue saltando a avisar a todos que Jesús había resucitado.
De pronto se dio cuenta de que mientras él avanzaba iba dejando
a su paso muchos huevos de chocolate envueltos en brillantes
papeles de colores. Todos los niños del lugar corrían juntando
huevitos y comiendo felices. Muy contento Blanquito recordó
que Jesús le había dicho que él, que era solo un pequeño conejo,
les llevaría alegría a muchos niños. Pero lo que más lo hizo feliz,
fue pensar en la gran fiesta que había en el cielo y en que
¡por fin las puertas de ese cielo donde vivía Dios Padre estaban
abiertas para todos!
Blanquito comprendió que una fiesta tan maravillosa tenía
que celebrarse todos los años. Habló con su familia y orga-
nizaron una gran reunión de conejos. Blanquito les explicó que
&
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Había una vez un hombre que vivía en un pueblo de la india. Este hombre había enviudado y tenia un hijo. El hombre era muy pobre pero tenía mucha fe y era un hombre muy equanimo y además era muy querido por todos en el pueblo.
Este hombre tenia una sola posesión en la vida. Un caballo que le habían y un día, al despertarse por la mañana y acudir al establo para dar de comer al animal, comprobó que se había escapado. La noticia corrió por el pueblo y vinieron a verlo los vecinos para decirle:
-¡Qué mala suerte has tenido!Poseías un caballo y se ha marchado.
-Sí, sí, así es; se ha marchado -dijo el hombre, con vos calmada y sin mostrar ningún resentimiento.
Transcurrieron unos días, y una soleada mañana, cuando el hombre salía de su casa, se encontró con que en la puerta no sólo estaba su caballo, sino que había traído otro con él. Vinieron a verlo los vecinos y le dijeron:
-¡Qué buena suerte la tuya! No sólo has recuperado tu caballo, sino que ahora tienes dos.
-Sí, sí, así es -dijo el hombre con voz calmada y sin mostrar ninguna excitación por la noticia del segundo caballo.
Al disponer de dos caballos, ahora podía salir a montar con su hijo. A menudo padre e hijo galopaban uno junto al otro. Pero he aquí que un día el hijo se cayó del caballo y se fracturó una pierna. Cuando los vecinos vinieron a ver al hombre, comentaron:
-¡Qué mala suerte, verdadera mala suerte! Si no hubiera venido ese segundo caballo, tu hijo estaría bien.
-Sí, sí, así es -dijo el hombre tranquilamente, de nuevo sin mostrar ningún resentimiento o arrepentimiento.
Pasaron un par de semanas. Estalló la guerra. Todos los jóvenes del pueblo fueron movilizados, menos el muchacho que tenía la pierna fracturada. Los vecinos vinieron a visitar al hombre, y exclamaron:
-¡Qué buena suerte la tuya! Tu hijo se ha librado de la guerra.
-Sí, sí, así es -repuso serenamente.
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Había una vez un Sannyasi que viajaba por todo la india ya que su religión le había enseñado a vivir de manera simple sin apegarse a lo material. Este sannyasi había llegado a las cercanías de un poblado muy humilde y allí había establecido su vivienda temporalmente simplemente acampando debajo de un árbol. . Con sus ropas blancas, sin ningún elemento de lujo y sus modales simples, este era fácilmente reconocible por los habitantes de aquel poblado.
Despues de varios días, al caer la noche y mientras se encontraba en meditación uno de los aldeanos llego corriendo hacia el, muy agitado y decidido, se acerco al sannyasi y le dijo.
Sannyasi, La piedra, la piedra dime inmediatamente donde esta la piedra.
El Sannyasi, levanto la mirada al ver como aquel hombre le interrumpia su oración y con vos serena le pregunto
Piedra, de que piedra me estas hablando.
El aldeano, completamente alterado le contesto. Tu sabes de que piedra estoy hablando. Durante la noche se me apareció en sueños el Señor Shiva, que saliendo de su meditación me dijo que si venía a las afueras de la aldea, encontraría un Sannyasi que me daría una piedra preciosa que me haría rico para siempre.
El Sannyasi, sonrio suavemente y con delicadeza tomo su bolso de viaje y extrajo una piedra y luego le dijo mientras se la entregaba al aldeano impaciente. Probablemente el Señor Shiva se referia a esta piedra. La encontré en un sendero del bosque hace unos días y por supuesto que puedes quedarte con ella.
El aldeano abrió los ojos incrédulo al ver como aquel hombre humilde le entregaba un diamente. Posiblemente era el mas grande diamante del mundo ya que era mas grande que la mano del hombre. De un salto se apoderó del diamante y sin mirar de nuevo al Sannyasi se marcho hacia el poblado y el Sannyasi simplemente cerro sus ojos y siguió meditando.
Aquella noche el hombre se escondio en su hogar y sin decirle nada a nadio escondio bajo almuhada el diamante. Sin embargo, la noche se le hizo eterna ya que paso dando vueltas sin ser capaz de dormir.
Cuando amanecio el hombre salió presuroso de su casa y llevando el diamante corrió de nuevo hasta el árbol donde había encontrado al Sannyasi y allí lo encontró denuevo meditando como la noche anterior.
Agitado se acerco a el y le dijo mientras le extendía la mano con el diamante en ademan de regresárselo.
Sannyasi. Dame la riqueza que te permite desprenderte con tanta facilidad de este diamante.
El Sannyasi, simplemente sonrio.
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Había una vez un hombre de gran pobreza que tenía que cazar ratones para sobrevivir y que carecía prácticamente de todo, siendo sus ropas tejidas a partir de la piel de los animales que cazaba y pasando a menudo frío y hambre. No tenía tampoco familia ni pareja, y pasaba su tiempo cazando o bebiendo.
Un día, mientras cazaba ratones, encontró un enorme huevo de avestruz que pensó en comerse más adelante. Lo llevó a su casa y lo escondió allí antes de volver a buscar más comida. Cuando volvió, tras haber conseguido solo dos roedores, se encontró con algo verdaderamente inesperado: tenía una mesa puesta y preparada con carne de cordero y pan. El hombre, viendo las viandas, se preguntó si se habría casado sin saberlo.
En ese momento del huevo de avestruz salió una hermosa mujer, que se presentó como Seetetelané. La mujer le indicó que permanecería con él como su esposa, pero le advirtió que jamás la llamara hija del huevo de avestruz o se desvanecería para no volver jamás. El cazador prometió no volver a beber para evitar llamarla jamás de ese modo.
Pasaron los días juntos y felices, hasta que un día la mujer le preguntó si le gustaría ser jefe de tribu y poseer toda clase de riquezas, esclavos y animales. El cazador le preguntó si podía proporcionárselos, a lo que Seetetelané rió y con un golpe de su pié abrió el suelo, saliendo de él una gran caravana con todo tipo de bienes, servidores, esclavos y animales.
Además, la mujer le hizo ver que se había vuelto joven que sus ropas eran cálidas y valiosas. También la casa se había transformado en otra, pasando de ser una choza a un hogar de piedra repleta de pieles.
Pasó el tiempo y el cazador hizo de líder para los suyos durante un tiempo, hasta que en una celebración el hombre empezó a beber. Debido a ello empezó a comportarse de manera agresiva, a lo que Seetetelané intentó calmarlo. Pero este la empujó y la insultó, llamándola hija de un huevo de avestruz.
Esa misma noche, el cazador sintió frío, y al despertar vio que ya no quedaba nada más que su antigua choza. Ya no era líder, no tenía animales ni sirvientes, ni sus ropas eran cálidas. Y ya no tenía a Seetetelané. El hombre se arrepintió de lo que había hecho y dicho. Unos pocos días más tarde, en parte debido a que se había acostumbrado a un nivel de vida mejor, el hombre enfermó y murió.
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Un día un hombre muy rico le pregunta a sus tres hijas cuanto le quieren. La mayor le responde que más que a su vida, la segunda más que a nada en el mundo, y la más joven de las tres compara el amor que siente por su padre con lo mucho que la carne fresca necesita sal. La respuesta de la más joven enfurece al gentilhombre, que le echa de casa. Sin tener a dónde ir la muchacha camina hasta llegar a un pantano, dónde con los juncos se hace una caperuza que la cubre de pies a cabeza. Con la caperuza puesta, ocultando sus lujosos ropajes, la muchacha continúa buscando un lugar en dónde la acojan, hasta que encuentra una gran mansión, en la que ofrece sus servicios como criada. Al principio no la aceptan, pero ella tanto insiste que al final consigue que la contraten para fregar los cacharros de la cocina. Como la muchacha no les dice como se llama, y nunca se quita la capa de juncos delante de nadie, todos la llaman Capa de Juncos.
Resulta que en los alrededores se celebraba una fiesta a la que asistirían todas las personas distinguidas del lugar, y el señor de la casa le dio permiso a los criados para ir al baile a echar un vistazo, pero Capa de Juncos dijo que ella no iría, pues estaba demasiado cansada.
En cuanto se quedo sola Capa de Juncos se quito la caperuza, se lavo y asiste al baile, en el que el hijo del amo de la casa en la que trabaja se enamora de ella en cuanto la ve, y durante toda la velada no baila con nadie más que con ella.
Al terminar la fiesta Capa de Juncos se marcha corriendo a casa y consigue llegar antes que los demás. Cuando las otras criadas vuelven se encuentran a Capa de Juncos en la cocina con su aspecto habitual, y cómo Capa de Juncos se hace la dormida la dejan en paz. A la mañana siguiente las otras criadas no pueden parar de hablarle a Capa de Juncos de la hermosa muchacha desconocida que vieron en el baile. Capa de Juncos finge no saber quién es y comenta que le gustaría a verla a ella también, pero por la tarde, cuando dan otra fiesta a la que los criados pueden ir a dar un vistazo, Capa de Juncos vuelve a decir que no le apetece ir porque está demasiado cansada, y en cuanto la dejan sola se quita la capa de juncos, se lava y va al baile.
El hijo del patrón vuelve a bailar exclusivamente con ella durante toda la noche, y al terminar la fiesta Capa de Juncos logra otra vez escabullirse con éxito y llegar a la casa antes que el resto de los sirvientes, que cuando llegan la vuelven a encontrar con la capa de juncos puesta, haciéndose la dormida. A la mañana siguiente las criadas vuelven a hablarle a Capa de Juncos de la hermosa doncella que vieron en el baile, con la que el joven amo bailo toda la noche, y que Capa de Juncos tenía que ir con ellas al baile que se celebraba aquella tarde para poder por fin verla.
Pero cuando llego la hora Capa de Juncos les dijo otra vez que no quería ir, porque estaba demasiado cansada. Una vez sola Capa de Juncos se quito la capa y fue al baile, en el que de nuevo bailo con el joven amo, quién le dio un anillo. Al acabar la fiesta Capa de Juncos se escabullo de nuevo, y al día siguiente las criadas la dijeron que era una lástima que no hubiera ido con ellas la última noche, pues era el último baile, y ya no surgirían más oportunidades para volver a ver a la hermosa doncella.
El joven amo, mientras, había tratado de averiguar quién era y dónde vivía la joven con la que había bailado tres noches seguidas, pero por más que busco no pudo dar con ella. Desesperado ante la idea de que no volvería a verla, el joven amo cayo gravemente enfermo.
Cuando Capa de Juncos se entero de que habían mandado prepararle unas gachas al joven amo, la muchacha le pidió a la cocinera que la dejase preparar a ella las gachas. La cocinera al principio se negó, pero al final accedió, y antes de que le llevaran las gachas al joven amo Capa de Juncos arrojó en el plato el anillo que el joven amo le había regalado la ú
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Bienvenidos a había una vez. Hoy tenemos un cuento cuyo autor es Don Juan Manuel, Escritor del siglo xIv y autor del libro Los cuentos del conde Lucanor.
Había una vez un conde llamado Lucanor que se encontraba hablando con su consejero Patronio, su consejero, le dijo que estaba muy preocupado por algo que quería hacer, pues, si acaso lo hiciera, muchas personas encontrarían motivo para criticárselo; pero, si dejara de hacerlo, creía él mismo que también se lo podrían censurar con razón. Contó a Patronio de qué se trataba y le rogó que le aconsejase en este asunto.
-Señor Conde Lucanor -dijo Patronio-, ciertamente sé que encontraréis a muchos que podrían aconsejaros mejor que yo y, como Dios os hizo de buen entendimiento, mi consejo no os hará mucha falta; pero, como me lo habéis pedido, os diré lo que pienso de este asunto. Señor Conde Lucanor -continuó Patronio-, me gustaría mucho que pensarais en la historia de lo que ocurrió a un hombre bueno con su hijo.
El conde le pidió que le contase lo que les había pasado, y así dijo Patronio:
-Señor, sucedió que un buen hombre tenía un hijo que, aunque de pocos años, era de muy fino entendimiento. Cada vez que el padre quería hacer alguna cosa, el hijo le señalaba todos sus inconvenientes y, como hay pocas cosas que no los tengan, de esta manera le impedía llevar acabo algunos proyectos que eran buenos para su hacienda. Vos, señor conde, habéis de saber que, cuanto más agudo entendimiento tienen los jóvenes, más inclinados están a confundirse en sus negocios, pues saben cómo comenzarlos, pero no saben cómo los han de terminar, y así se equivocan con gran daño para ellos, si no hay quien los guíe. Pues bien, aquel mozo, por la sutileza de entendimiento y, al mismo tiempo, por su poca experiencia, abrumaba a su padre en muchas cosas de las que hacía. Y cuando el padre hubo soportado largo tiempo este género de vida con su hijo, que le molestaba constantemente con sus observaciones, acordó actuar como os contaré para evitar más perjuicios a su hacienda, por las cosas que no podía hacer y, sobre todo, para aconsejar y mostrar a su hijo cómo debía obrar en futuras empresas.
»Este buen hombre y su hijo eran labradores y vivían cerca de una villa. Un día de mercado dijo el padre que irían los dos allí para comprar algunas cosas que necesitaban, y acordaron llevar una bestia para traer la carga. Y camino del mercado, yendo los dos a pie y la bestia sin carga alguna, se encontraron con unos hombres que ya volvían. Cuando, después de los saludos habituales, se separaron unos de otros, los que volvían empezaron a decir entre ellos que no les parecían muy juiciosos ni el padre ni el hijo, pues los dos caminaban a pie mientras la bestia iba sin peso alguno. El buen hombre, al oírlo, preguntó a su hijo qué le parecía lo que habían dicho aquellos hombres, contestándole el hijo que era verdad, porque, al ir el animal sin carga, no era muy sensato que ellos dos fueran a pie. Entonces el padre mandó a su hijo que subiese en la cabalgadura.
»Así continuaron su camino hasta que se encontraron con otros hombres, los cuales, cuando se hubieron alejado un poco, empezaron a comentar la equivocación del padre, que, siendo anciano y viejo, iba a pie, mientras el mozo, que podría caminar sin fatigarse, iba a lomos del animal. De nuevo preguntó el buen hombre a su hijo qué pensaba sobre lo que habían dicho, y este le contestó que parecían tener razón. Entonces el padre mandó a su hijo bajar de la bestia y se acomodó él sobre el animal.
»Al poco rato se encontraron con otros que criticaron la dureza del padre, pues él, que estaba acostumbrado a los más duros trabajos, iba cabalgando, mientras que el joven, que aún no estaba acostumbrado a las fatigas, iba a pie. Entonces preguntó aquel buen hombre a su hijo qué le parecía lo que decían estos otros, replicándole el hijo que, en su opinión, decían la verdad. Inmediatamente el padre mandó a su hijo subir con él en
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Así los dos salieron adelante juntos, y a los pocos momentos el zorro fiel se unió a ellos.
-"Ciertamente usted ha conseguido lo que es mejor,"- dijo el zorro, -"pero el Caballo de Oro también pertenece a la doncella del Castillo de Oro."-
-"¿Y cómo lo conseguiré?"- preguntó el joven."-
-"Haga como le diré,"- contestó el zorro; -"primero lleve a la hermosa doncella al Rey que lo envió al Castillo de Oro. Allí será tan enorme la alegría de ellos ; que inmdiatamente le darán de buena gana el Caballo de Oro, y se lo traerán. Móntelo cuanto antes, y con su mano diga a todos adiós; y de último dele la mano a la hermosa doncella. Y tan pronto como usted ha tomado su mano súbala en el caballo, y galope lejos, y nadie será capaz de alcanzarlo, ya que el caballo corre más rápido que el viento."-
El muchacho que finalmente había aprendido que debía seguir las instrucciones al pied de la letra y realizo todo con éxito, y el hijo del Rey se llevó a la princesa hermosa en el Caballo de Oro.
El zorro no lo abandonó, y dijo al joven,
-"Ahora le ayudaré a conseguir al Ave de Oro. Cuando usted llegue cerca del castillo donde el Ave de Oro debe de encontrarse, deje a la doncella bajar, y yo la tomaré a mi cuidado. Entonces pasee con el Caballo de Oro en el jardín del castillo; habrá gran alegría por el especáculo, y entonces sacarán inmediatamente al Ave de Oro para usted. Tan pronto como usted tenga la jaula, monte sobre el caballo de oro y galope de regreso hacia nosotros, y se lleva a la doncella otra vez."-
Y de nuevo el joven siguió las instrucciones al pie de la letra y consiguió el pájaro dorado y monto en el caballo dorado y monto con la princesa del castillo de oro de regreso donde el zorro. Alli agradecido se iba a despedir del zorro cuando este le dijo,
-"Ahora usted me debe recompensar por mi ayuda."-
-"¿Qué puedo hacer por usted?"- preguntó el joven.
-"Cuando usted entre al bosque, deberá tomar una flecha y dispararela de manera que yo muera. Cuando yo muera deberá cortar mi cabeza y pies."
-"Eso sería una gratitud inadecuada,"- dijo el hijo del Rey. -"No puedo hacer eso por usted."-
El zorro dijo,
-"Si usted no lo hace, deberé abandonarle, pero antes de que yo me marche le daré una porción de un buen consejo. Tenga cuidado sobre dos cosas. No compre ninguna carne de horca, y no se siente en el borde de ninguno pozo."-
Y luego el zorro entró corriendo en el bosque. El joven pensó,
-"Es una maravillosa bestia, tiene caprichos extraños; ¿quién va a comprar carne de horcas? y el deseo de sentarme en el borde de un pozo es algo que nunca he tenido aún."-
Él montó en el caballo con la hermosa doncella, y su camino lo llevó otra vez por el pueblo en el cual sus dos hermanos habían permanecido. Había un gran movimiento y ruido, y, cuando preguntó por lo que sucedía, le dijeron que dos hombres iban a ser ahorcados. Cuando él llegó más cerca del lugar, vio que los condenados eran sus hermanos, quienes habían estado haciendo toda clase de malas trampas, y habían malgastado toda su riqueza. Él preguntó si ellos no podrían ser puestos en libertad.
-"Si usted paga por ellos,"- contestó el verdugo; -"¿pero por qué debería gastar su dinero en malos hombres, y dejarlos libres?"-
Él no lo pensó dos veces, y pagó por ellos, y cuando fueron puestos en libertad siguieron su camino juntos.
Y llegaron al bosque donde el zorro los había encontrado primero, y como estaba fresco y agradable dentro de él, los dos hermanos dijeron,
-Alli hay un pozo de agual "Déjanos descansar un poco cerca de el , y comer y beber."-
Él estuvo de acuerdo, y mientras ellos hablaban él se olvidó, y se sentó sobre el borde del pozo sin pensar en cualquier mal. Pero los dos hermanos envidiosos y malvados lo lanzaron hacia atrás en el pozo, tomaron a la doncella, el Caballo, y el Ave, y se fuer
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