La Super Bowl es el mayor evento deportivo y mediático del año en Estados Unidos, con un impacto que trasciende el deporte y alcanza la cultura, la política y la economía global.
Este 8 de febrero, los New England Patriots y los Seattle Seahawks se enfrentan en California por el título. Los Patriots aspiran a convertirse en la franquicia más laureada de la historia de la NFL, superando a los Pittsburgh Steelers, mientras que los Seahawks buscan su segundo campeonato. Más allá del juego, la Super Bowl se consolida como un escaparate de poder e influencia. El espectáculo de medio tiempo, protagonizado este año por Bad Bunny, vuelve a situarse en el centro de la conversación pública, tras la polémica generada por el artista en los premios Grammy y las reacciones políticas posteriores. La NFL, a través de su comisionado Roger Goodell, ha respaldado la elección del cantante.
El impacto del evento es masivo. En la edición de 2025, más de 170 millones de espectadores únicos siguieron el partido, generando alrededor de 800 millones de dólares en ingresos publicitarios. La liga y sus franquicias alcanzan ya cerca de 25.000 millones de dólares anuales, consolidándose como la competición deportiva más rentable del mundo. El show de medio tiempo se ha convertido además en una poderosa plataforma comercial para los artistas. Actuaciones recientes han superado los 130 millones de espectadores y han provocado aumentos exponenciales en reproducciones musicales, giras y beneficios económicos.
La influencia de la Super Bowl se extiende incluso al ámbito laboral: se estima que casi 23 millones de empleados en Estados Unidos faltan a su trabajo el lunes posterior al partido, con un impacto económico cercano a los 6.800 millones de dólares.