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Perdonar es un acto de grandeza
1) Mi hermano: Creo que mucha gente tiene una idea equivocada de la Iglesia. Muchos piensan que la Iglesia, la parroquia y los movimientos son el lugar donde se reúnen personas perfectas, donde se juntan con otras personas perfectas para golpearse el pecho y mostrar cuán santos son ante el cura y los demás. Pero, en realidad, la Iglesia debería ser el ámbito donde la gente admite que ha caído, que ha pecado, que se ha equivocado, que ha fallado y está rota por dentro. Estamos en la Iglesia porque somos peores que los demás. Estamos reunidos cada domingo porque necesitamos ayuda de Dios, porque te cuesta perdonar o porque heriste o lastimaste. No te confundas, por favor, y mira que todos los domingos cuando comienza la misa decimos “Señor ten piedad/ Cristo ten piedad”.
2) Perdonar: El perdón no puede llegar antes de la resolución. Hay un proceso y un tiempo. No hay un perdón que se da al toque. El verdadero perdón lleva su tiempo. El problema a perdonar se resuelve cuando ya no aparece el echar en cara el tema o el miedo a que vuelva a suceder lo que pasó o que te lastimó. Hay que tener en cuenta que perdonar es un proceso y que cuando uno perdona es más para uno, ya que se libera de algo que lo tiene atado y hasta malhumorado. El resolver que perdonas pasa para librarte del odio o rencor o dolor que habita más en vos que en ese otro, por eso perdonar significa sanar, pero vuelvo a repetir, tiene un proceso. Recordá que cuando tienes una carga emocional en vos se genera ansiedad, que puede llevar a tomar forma de angustia, rabia o bronca, pero es producto de ese enojo o dolor que te ata a esa otro persona y te destruye la vida. Este hombre que fue perdonado en el Evangelio no logró resolver en su interior lo que el rey sí logró resolver, por eso este hombre que ha sido perdonado no resuelve en su interior y termina lastimando a otras personas. Si vos no trabajas aquello que te dolió, te lastimas adentro o lastimas a otros: lastimarse por dentro es culpa, depresión o melancolía o encierro, es decir que te lastimas a vos mismo. Y si este dolor está para afuera siempre vas a estar enojado con todo el mundo, negativo siempre en los comentarios, etc. Hay veces que no perdonas porque no querés resolver tu problema y estás a la espera de que quien te lastimó te lo resuelva y eso no va a pasar.
3) En manos de los verdugos: Claro que tenemos en claro que hay que aprender a perdonar. Es un camino y un proceso que lo vemos en el Evangelio. Pero, el Evangelio termina mostrándonos que el hombre al final terminó siendo condenado. Porque perdonar en sí no es una obligación y no todo se perdona, capaz que esto te sorprenda, pero es así, en esta última parte vemos que lo último no se perdonó por el rey a esta persona. Hay cosas que no son perdonables para vos. Hay veces que están las ganas de perdonar, pero muchas veces no está la posibilidad de perdonar. Mirando el Evangelio me hace pensar que uno tiene que vivir con sus decisiones, es saber decidir si puedo vivir sin esta persona o puedo convivir con esta persona sumado al daño que me hizo esta persona en sí. Por eso capaz que es perdonar para sanarte vos y parte de ese sanar sea tomar distancia de esa persona. Es necesario un trabajo interno, porque el tiempo por sí mismo no cura nada, el tiempo da ese lapso para que vos trabajes eso que te dolió y te lastimó. Recordá que el amor y el odio generan vínculos, cuando amas a alguien estás todo el tiempo pensando en esa persona, pero cuando odias a alguien también, ese alguien en el fondo sigue pegado a tu persona, está en tus pensamientos y lo tenés presente. Por eso perdonar es soltar y volver a mirar tu vida y no estar atento a la vida de ese otro que te dolió. Perdonar es soltar. Algo bueno está por venir.
Ser roca firme
1) Los frutos: En la vida hacemos cosas por sistemas de creencias, el famoso “porque siempre se hizo así”, esto pasa en todos los ámbitos. Hay cosas que hacemos de manera automática y no tenemos el valor de preguntarnos por qué lo hacemos. Hasta yo crecí sin ver el chavo del 8, porque mi abuela decía que era un programa violento y que el cura de la parroquia había dicho que no era cristiano. Entonces como mi abuela obedecía todo lo que el cura decía entonces no se podía ver el chavo del 8 en la casa de mi abuela. Cómo será que yo pensaba que ver ese programa era pecado. Un programa infantil, barroco, pero cuando fui creciendo empecé a cuestionar y a ver dónde estaba Dios en esto. Comprendí que al pobre Dios lo metemos en un muro de reglas y condicionamientos que asfixian ese amor que vino a dar, para encerrarlo en un actuar tuyo y mío que se define solo en si es pecado o no. Es triste ver que tu vida se detenga en un búnker religioso en donde pase todo por leyes y doctrinas, a las que muchos llaman “sana doctrina”. No estoy en desacuerdo con la doctrina, pero no me puedo detener a ser tu juez como vos tampoco podés ser mi juez. No caigas en ver a la iglesia misma como quien te da una lista de lo que podés y de lo que no podés hacer y si te equivocas o no. Yo no soy tan sabio de la vida para decirte en todo momento lo que tenés que hacer y lo que no. Por eso el fruto de tu hacer pasa por tu unión con Dios. Como decía san Agustín: “Ama y haz lo que quieras”.
2) Bondad: Cada uno habla desde lo que tiene en el corazón. Que esto te ayude a discernir con quién compartís la vida. Fíjate en el corazón de las personas, pero fíjate en su actuar. Aprende que las personas son el efecto de lo que hay en su interior. Por tanto, no dejes que te robe la vida aquel que te engañó una primera vez.
3) Roca: Cuida tus bases y los elementos esenciales con los que te educaron en la vida. Aprende a qué tenés que decir sí y a qué tenés que decir no. Porque hoy Dios te plantea que tu vida siempre tiene que tener bases sólidas y las bases sólidas de tu vida son aquellas cosas que te dan paz en tu interior. Algo bueno está por venir.
Al pie de la Cruz
1) Estaba: Jesús en su caminar se juntó con personas que hoy serían proxenetas, prostitutas, drogadictos, alcohólicos, etc. Pero le pongo un poquito más: en la cultura del Medio Oriente comer en la misma mesa era identificarse con esa persona. Cualquier judío respetable no habría comido con la gente que comió Jesús. Ninguna persona que se quiera a sí misma se arriesgaría a quedar pegado con gente complicada para la sociedad de ese tiempo, porque la dejaría asociada a ellos. A mí me pasa muchas veces cuando me dicen “cómo te vas a juntar con ese”. Predicar, reprender y burlarse sí, pero nunca estar con ellos ni hablarles. Nos hemos olvidado de lo que hacía Jesús. Sentarse con pecadores en la misma mesa y hablar de lo que les pasa lo llevó a Jesús a la crucifixión. A Jesús no le importaba el escándalo, creo que le gustaba pasar tiempo conversando con pecadores, era Dios y se juntaba con la chusma, con la gente complicada, con personas que eran cero Iglesia, que vivían doble vida, que robaban a sus socios, etc. La Biblia dice que se lo acusaba de “juntarse con pecadores”. Lloraba con ellos, los abrazaba y hasta les servía. No era un proyecto de caridad lo que hacía Jesús, o un sistema de crear una fundación sin fines de lucro… le importaban y los escuchaba. Hasta dijo “los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos”. Se rebajaba al nivel de ellos, porque ellos nunca podrían llegar a su nivel. Jesús no se dedicaba a demostrar lo santo que era Él y lo malo que eran ellos. Jesús ofrecía esperanza, porque ellos admitían que tenían problemas. Sé auténtico y decile a Dios “este soy yo”. Por eso hoy mira a Jesús que te espera en la Cruz junto a María.
2) La relación en religión: Jesús estaba solo junto a María y unas personas más. Capaz que por cumplir con la religión nos olvidamos de Jesús. Podés vos y yo convertir la religión en relación: cuantificamos, codificamos, clasificamos a la misma gracia, haciendo que un día el Evangelio se trate más de lo que nosotros hacemos que de lo que Cristo hizo por nosotros. Me tocó muchas veces escuchar: ¡yo guardo la sana doctrina!. Entonces establecemos reglas, en donde lo que era nuestra solución, ahora es nuestro problema. Creo que cansa una Iglesia y una prédica en donde todo gire en “no pecar”. No es que cuando lleguemos al cielo Jesús estará con un excel diciendo “tenés un 6,9, por un pelito podés pasar al cielo”. Cuando veamos cara a cara a Jesús lo último que tendremos en cuenta será el pecado, porque estoy seguro que pensaría más en su gracia y en su amor, en lo felices que estaremos de abrazarnos con Él. Me pongo a pensar que confeccionamos reglas porque tenemos miedo a que los hombre pequen. Pero Jesús nos vuelve a aclarar que el temor no salva. Que nunca tu motivación sea el miedo, sino la fe. Céntrate en la fe y en la gracia, céntrate en Jesús. En este Evangelio comprendí que yo no puedo ser tu juez ni vos mi juez. Con estos años de cura que llevo voy comprendiendo que cada vez menos tengo que decirle a las personas lo que tienen que hacer y soy más propenso a escuchar y rezar con estas personas para que Dios calme las angustias y hasta me toca llorar muchas veces junto a ellos.
3) María: Ella está al pie y es por eso que hoy te invito a que le pidas a Ella que te recuerde que no estás solo. A pesar de los que te condenan y de los que te dejan solo, siempre hay una María que estará a tu lado para mirarte y recordarte que solo no estás. Algo bueno está por venir.
La cruz en la vida
1) Descendió del cielo: En esta vida somos los que pasamos cruces y dolores los que podemos entender a aquel que está caído y sucio. Es por eso que lo que te llevó a caídas y dolores te llevará a ayudar a aquel que está caído y golpeado. Hace unos días me tocó ayudar a un sacerdote y, para ver cómo más podía ayudarlo, llamé a otro sacerdote que sabía que era más amigo de él, para ver cómo podía seguir dándole una mano. Él me dijo “mira Luis, no te escandalices, pero estaba metido en temas de alcohol y algo de polleras” y le dije “mira, Padre, yo lo quiero a mi hermano cura con sus miserias y dolores, así que sigamos para adelante”. Solo puede entender esto quien ha caído y se ha golpeado con la vida y en la vida. Solo podrás ofrecer tu compañía sincera y sin condiciones cuando has vivido la soledad y el estar solo en la vida. Por eso amigo o amiga mía, la cruz de tu vida marca un antes y un después y genera en otros un vivir desde lo que fue aquello que marcó tu muerte. Porque tus cruces son las que te cambian y cuando hay personas que se creen superadas y como que todo lo saben, es entonces que no han asumido cruces y no han aprendido de las cruces. Cuando pasas una cruz o resucitas con humildad o sobrevivís con vanidad, una de dos. Pero después de una cruz hay un antes y un después.
2) Levantado en alto: Yo no sé a cuántos traumas has sobrevivido, pero todos tenemos dificultades que hemos pasado y es la clave seguir, porque todo pasa. No dejes de mirar a lo alto, porque la clave es que mires el objetivo y no de dónde saliste. Es mirar que tu vida tiene un todo y un sentido, incluso con los momentos de vacío. Porque es aprender a convivir con el vacío que todos tenemos. Una cosa es tener momentos de vacío en tu vida y otra cosa es que toda tu vida sea un vacío. No es lo mismo. Mira a lo alto, porque estarás en lo alto, pero sobre una cruz. Por eso, si querés gloria, debes pasar la cruz. Si querés vivir eternamente, deberás antes morir, si querés ganar debes saber perder. Hoy repensá si querés lo alto y si estás dispuesto a la paga de llegar a eso alto.
3) Amó tanto al mundo: Algo irónico que tenemos los cristianos en nuestra paranoia de “no pecar”es que no solo nos sirve que seamos conscientes de nuestra pecaminosidad, sino que nos hace estar más atentos al pecado. Me animo a decirte que algunos se ponen como obsesivos con el pecado… todo es pecado. Ahora que empecé la dieta me viene un buen ejemplo: es como estar mirando una jugosa porción de pizza y espero que me motive el mirarla a poder perder peso. Es como que al verla tan deliciosa me digo “tengo que adelgazar”. Mirando la comida no se evita la comida… Lo mismo pasa aquí, mirando el pecado no se evita el pecado, hablando de pecado todo el tiempo no se lo evita. Hoy se te habla de la gracia de Dios que viene a salvarnos. Salí de esa visión de todo el tiempo pecado y empezá a mirar la gracia. Hoy nos dice que Dios nos ama de una manera incondicional, pero hay personas que también están todo el tiempo “tengo que ser santo”. Es que en vez de aceptar lo que Jesús hizo, nos terminamos aferrando a nuestra santidad, nuestros intentos y nuestro voluntarismo. Es luchar por la perfección como si todo dependiera de nosotros, como si ser buen o mal cristiano depende de cómo nos portamos. El tema es que alguno de nosotros nos sentimos tan abrumados por nuestros fracasos y errores que nos caemos en que no creemos que Jesús pueda perdonarnos. El esfuerzo de no pensar en algo es la forma más segura de terminar haciéndolo. En psicología se dice que si quieres evitar algo debes evitar pensar y hablar de ese algo. Abandona todo pensamiento sobre vos mismo y empezá a pensar cada vez más en Jesús. Volvete más consciente de Jesús y no de vos mismo. Si luchas contra tu pecado no necesitas más fuerza de voluntad, sino más bien más Jesús en tu vida. Algo bueno está por venir.
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