Reflexión diaria del Evangelio por el P. Luis Zazano

Reflexión diaria del Evangelio por el P. Luis Zazano

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Reflexión diaria del Evangelio por el P. Luis Zazano episodes

  • Juan 12, 44-50: Creer en Él

    1) Envío: Cuando recordamos el envío es que somos llamados a ir a compartir la vida también con aquellos que no concuerdan con el mensaje de Jesús. La vida espiritual nuestra está marcada por salir, anunciar el evangelio y compartir con aquellos que no son tan cristianos. Hasta me animo a decirte que están más cerca los ateos y agnósticos de un encuentro con Cristo que aquellos que se manifiestan fundamentalistas de Cristo. Pero creo que nos cuesta entender porque hasta en nuestros conceptos tratamos de evitar ese tipo de gente. Jesús no nos manda a evitarlos, sino más bien a ayudarlos y acompañarlos. Es fácil para nosotros juntarnos con gente de nuestro gremio y que piensan igual a nosotros, pero el envío es hacia otros, hacia quien no lo conoce. Como decía san Francisco “Vayan y anuncien el evangelio, y, si es necesario, hablen”.


    2) Luz: Ser luz no es tan solo iluminar sino también clarificar vidas y aliviar vidas. La luz también da calma. Esto me recuerda también al buen samaritano quien, a diferencia de los profesionales de la religión, le pone la luz del consuelo a la vida del otro. Porque los profesionales de la religión evitaban mancharse las manos para entrar limpios al templo, pero el samaritano prefiere mancharse las manos, pero entrar con el corazón limpio al templo. Ser luz es tener el corazón limpio, aunque uno esté manchado por la vida. Mientras seas luz, vas a iluminar.


    3) Palabras: Me gustaría presentarte 5 tipos de personas que pueden quitarte luz si no tienes una buena espiritualidad y una unión con Jesús:

    A) el “solo era broma”: es la persona que te tira cosas con crueldad, pero luego dice “es una broma”. Como dice el dicho “Toda broma tiene algo de verdad”. Entonces se sujeta en el jajaja o siempre te ataca y luego quiere sanarlo con “no te enojes, era una broma”

    B) el que siempre culpa a otros: nunca se hace cargo de lo que hizo o dijo, siempre hay un otro que tiene la culpa, nunca asume responsabilidad, pero son rápidos para culparte de todo.

    C) el saboteador: es la persona que dice que le importas y hasta te dice que te quiere mucho, pero, cuando te puede liquidar, te liquida. Le molesta que progreses.

    D) el contradictorio: es la persona que dice una cosa y hace otra, como dijo Ralph Waldo: “Lo que haces, habla tan fuerte que no puedo oír lo que me dices”.

    E) el oportunista: son esas personas que te son leales mientras les das esa oportunidad y les sos oportuno. Cuando los beneficios y tu dinero desaparecen, ellos también.

    Por eso, prende a ser prudente porque pueden lastimarte tan fuerte que, si no tenés una unión espiritual con Jesús, te pueden hacer perder el hacia dónde va tu accionar desde corazón. Algo bueno está por venir.

    4 min
  • Juan 10, 22-30: El pórtico

    1) Rodearon: Compartir nuestras cargas, dolores y heridas secretas es muy arriesgado y también complejo, pero más arriesgado es cargar solo o sola los dolores. Las cargas, cuando se comparten, por lo menos se dividen por la mitad, hasta san Pablo vemos que compartió sus traumas con sus seguidores. En esto me encanta Pablo porque escribe sus traumas y nos los muestra, mientras que por muchos años los que trabajamos en la Iglesia nos maquillamos y fingimos. Incluso podemos ver a David, que se reconoce como pecador, y Pablo, un traumado. Hasta el que te rodee la gente te puede hacer ver vulnerable y expuesto. Recordá que la vulnerabilidad es atractiva, pero también nos hace vulnerables y caídos, y no hay nada más duro que generar lástima. Por eso no dejes que los que te rodean apaguen tu luz.


    2) Abiertamente: Uno de los elementos clave de la sabiduría es saber qué batallas vamos a pelear. No podés pelear todas las batallas, porque no podés pelear en todas. Algo que voy aprendiendo es que la gente que nos drena está por todos lados y de manera estratégica. Es importante que sepas distinguir las cosas y las personas. Si hay algo que tenemos que saber evitar es sentir que tenemos deudas eternas. A mí me molesta cuando me dicen “Vos tenés que hacer el casamiento de mi hija porque yo te ayudé cuando eras un simple adolescente”. Uno agradece, pero no puede ser eternamente. No dejes que el endeudamiento moral te lleve a tener largas ataduras.


    3) Todos: Hay una frase que en estos días me quedo resonando que dice “Hay mucha gente enferma que está sana y mucha gente sana que está enferma”. Logré conocer gente que está en una cama llevando su lucha física, pero que ves que tiene un corazón sano y lleno de Dios y de bondad. También vi mucha gente sana, pero que está enferma por la avaricia o la envidia y hasta incluso por esa soberbia que lo hace creer que puede opinar y destruir con comentarios destructivos, sin medir cuánto puede afectar. Hoy vivimos tiempos de mucha violencia verbal y psíquica y debemos ver a Jesús para sanar. Algo bueno está por venir.

    4 min
  • Juan 10, 11-18: El asalariado

    1) Vida: En estos días me tocó visitar a un muchacho y a una muchacha cuadripléjicos y aprendí muchísimo de esta conversación, lo cual me llevó a cuestionarme muchas cosas. Me cuestioné sobre los límites humanos. Conocer personas me lleva a ver que hay gente capaz de derrotar dos frases demoledoras que tanto escuchamos: “Tú no eres” y “Tú no puedes”. Cuando veo a Carlos con ELA o a Marcela cuadripléjica digo “Sí eres” y “Sí puedes”. Pese a haber sido consideradas como personas con discapacidad (para mí es mejor decir “con capacidades diferentes”), me demuestran que de lo ordinario tratan de hacer lo extraordinario. Sus vidas son una prueba viviente de que la falta de validación externa no tiene nada que hacer, cuando la validación interna, el amor propio y la voluntad son de hierro. Lo cual deja ver que la discapacidad y la limitación muchas veces no están en el cuerpo y en la mente sino en aquellos que miran sin comprender, pero juzgando duramente. Esas personas sí que no tienen vida.


    2) Lobo: Hay gente que solo busca herir y lastimar, por eso, la mejor venganza es no ser como la persona que te hirió. Porque la gente débil espiritualmente busca venganza intentando herir sin controlarse y atacando despiadadamente, porque no controla sus emociones. Es lo que hace a esa persona como un lobo, ya que solo busca presas, más que compañía. Séneca dijo “No se le puede devolver la mordida a un perro”. Uno debe comprender la naturaleza de quien te ataca y elegir un camino que preserve tu virtud y tu integridad.


    3) Recobrarla: Lo normal es una ilusión. Lo que es normal para una araña, es anormal para un mosquito, decía la famosa Morticia de los Locos Adams. Lo que es normal para uno, puede que no sea normal para otros. El problema es cuando se cree que si se es diferente es malo. Entonces tendríamos que reformular la normalidad. Jorge Luis Borges decía “Pensar, analizar e inventar, no son actos anómalos, son la normal respiración de la inteligencia”. La variación y el cambio es lo común en los seres humanos. Entonces no estés mirando todo el tiempo lo que te molesta del otro. Hasta medimos normalidad por si es o no adaptado a lo social, y de ahí viene el término de adaptado o inadaptado. Acordate que la sociedad estigmatiza lo que se sale de la norma, a veces la Iglesia también. Por eso, recobrar tu vida es saberte aceptar como sos y ser normal como crees que sos, porque hay un Padre Dios que te ama como eres. Algo bueno está por venir.

    4 min
  • Juan 10, 1-10

    El Buen Pastor


    1) Fariseos: Hay una frase interesante que escuché: “Un gato que sueña ser león debe perder el apetito por los ratones”. Cuando uno quiere cambiar no puede seguir con las reglas antiguas. Es por eso que uno tiene que salir de su zona de confort y cambiar sus hábitos y la actitud ante la realidad. Si uno no cambia la actitud en su persona nunca se convertirá en otra persona. Eso puede llevarte a ser un fariseo en acción.


    2) Puerta: En esta vida se cierran y se abren puertas. Cuántas veces se te cierran puertas porque esperas de otro algo. Cuentan la historia de una mujer que era bailarina clásica. Ella tenía un tremendo don para el baile. Al enterarse de que llegaba de Francia un gran profesor se preparó y fue a su encuentro. Hizo un baile increíble y le preguntó qué le parecía. Él le dijo que no era lo suyo, que lo deje. Tan frustrada dejó el baile y se fue a vivir a otro país para armar su vida. Pasaron 30 años y se volvió a encontrar con este profesor en ese país que ella se fue a vivir y le dijo: “Usted me tomó hace 30 años un examen, pero me dijo que el baile no era lo mío”. Él la miró y le dijo: “A todos les digo lo mismo”. Ella atónita le dijo: “Pero mi vida se terminó allí, he dejado todo, he pasado años llorando por esto”; y él le dijo: “Lo hago para que, si realmente es tu don y es lo tuyo, luches incluso cuando todo el mundo te diga que no”. Por eso, abrí la puerta de tu vida y cree en el don que Dios te da, no dejes de mirar para adelante porque, si estás convencido del don que tenés y del bien que podés hacer, aunque toda la gente te denigre u opine y te destruya con sus comentarios o te diga que no podés, vas a poder. La clave es tener convicción y claridad de quién eres y del don que tienes. Ahí te aseguro que se te abrirán muchas puertas.


    3) Ladrones: Decirles a las personas siempre lo que quieren oír no es amarlas. Si yo te digo siempre lo que quieres oír no te amo, soy un ladrón y un ladrón pastor. Porque cuando alguien tiene una conducta destructiva que amenaza a su alma, necesita con urgencia un espejo. Porque necesita alguien que le diga la verdad. Como pastor que me toca ser te diré unas palabras: “Deja de mirar al de al lado. Aprende a vivir con lo que tienes y con lo que eres. Sos un afortunado de vivir. La vida es un regalo que debes exprimir hasta el máximo. Tenés que dar todo de ti. Deja de sentarte en el sofá y preguntarte “por qué a mí”. Vos sos un regalo de Dios y estás aquí para algo. Busca lo que tú quieres y te hace feliz. Aprende a amar un buen equipo de vida y deja de escuchar siempre negatividad. Ser buen pastor es caminar hacia el cielo. Porque hasta el cielo no paramos. Algo bueno está por venir.

    4 min
  • Marcos 16, 15-20

    Bauticen


    1) Vayan: La clave es salir y ser personas que salgan de su eje, mirar al otro para ayudar. Pero también tenemos que tener cuidado con los “traficantes de culpa” que siempre usan el “Algo habrás hecho” o te acusan “No vas a misa”, por eso te pasan estas cosas, o “No rezas bien” o “Te faltará fe”. Ese “vayan” no es el que Jesús anuncia. No somos un ICE que sale a controlar quién cree en Cristo y quién no. Somos personas que tenemos que salir a acompañar o a escuchar o simplemente estar para que Dios obre en el otro.


    2) Crea: Tengo que decirte que durante muchos años me mentí a mí mismo y hasta me escondí de mi verdadera identidad, y todo lo implicaba en el desempeño de mi sacerdocio. En mi sacerdocio escondía todo mi error y mi identidad. Entonces construí una identidad a través de lo que hacía como cura. ¡Claro! Asumía tantas cosas porque creía que si hacía muchas cosas evangelizadoras y buenas la gente me iba a querer y no iba a pensar mal de mí, que no había nada malo en mí. ¡Claro! Es como que en la comunidad cristiana me querían y no como capaz que en mi barrio. Ese “falso yo” me hizo vivir en un mundo de engaño en donde, en vez de creer en Dios, busqué creer en mí. Hoy comprendo que más allá de viajes que haga para evangelizar, más allá de tareas que haga para llevar a Jesús, siempre debo creer en Dios, que también está en mí, y no en lo que la gente hable de mí, o preocuparme de lo que la gente hable de mí. Creer es también confiar y hacer con confianza las cosas es comprender que uno hace por convicción y no por conveniencia para su vivir.


    3) Acompañaban: La vida te presenta todos los días algo nuevo y distinto. Todos los días se ven milagros para los que somos creyentes. Date esa oportunidad de ver la vida cada día como algo distinto y deja que Dios toque en vos lo que está sangrando en tu interior. No dejes de mirar para adelante y recordá que de todo se aprende en esta vida y en este vivir. No bajes los brazos porque siempre hay un ángel custodio detrás de ti. Algo bueno está por venir.

    3 min
  • Juan 6, 52-59

    Vivirá eternamente


    1) Discutían: En lo que refiere a la vida cristiana creo que tenemos tres tipos de cristianos: los “visitadores eternos”, que van a las celebraciones, pero solo es un cumplir a la celebración y me vuelvo, ya está; voy, cumplo y ya está. Luego están “los simpatizantes”, que van a la celebración cuando es una fecha importante como Pascua o Domingo de Ramos y durante el año “vemos”. Tercero están “los miembros”, que son aquellos que reconocen que sus vidas no son suyas y que encontrar a Jesús es lo que les cambia la vida, saben que el servicio es una causa justa y que también es de gratitud, son voluntarios incluso en las comunidades y tratan de hacer un servicio concreto a los demás como Iglesia, aportando con su servicio a la Iglesia. Son personas que no vienen a la iglesia, sino más bien “son” Iglesia. Entendiendo esto es importante saber que no se debe discutir con cualquier persona que te encuentres, porque si no sabe qué es el término de Iglesia es muy difícil que comprenda tu servicio en la vida como Iglesia que sos.


    2) Enviado: Hay que tocar las puertas si queremos que se abran. Muchas veces esperamos que se abran solas. No. Nunca vamos a encontrar a alguien que nos haga la vida fácil. Preferimos que otros nos marquen el camino y hasta que nos digan qué tenemos que hacer. Eso no va. Así nunca tomamos el control de nuestras vidas. Sos un enviado en esta vida y las puertas se abren para quien las toca. En el transcurso de la vida te vas dando cuenta de que no hay una sola puerta, sino que más bien hay muchas en el transcurso de tu historia. Pero también debo decirte que no todas las puertas son para nosotros. Tenés que saber elegir la puerta adecuada. Allí es donde tenés que ver tu capacidad de discernir, tu intuición, pidiendo a Dios la sabiduría. También debo decirte que, si hay una puerta que te motiva y entusiasma, tenés que golpear bastantes veces y bastante fuerte. Hasta diría que hay que tirarla abajo, porque es ir abriendo caminos y sabiendo hacer caminos al andar.


    3) Cielo: Una vez me hicieron esta pregunta: “¿Querrías vivir 150 años?”. Unos pueden decir: “sí”, otros “no”, y otros pueden llegar a decir “depende”. Claro que hay factores, pero uno es el tema de tu vida y ver morir a gente que amas, también el ver que vas quedando solo o sola. Pero también es entender que hay longevidad hoy en día. Hoy tenemos que saber que la ciencia ha permitido tener adultos mayores y personas que duran muchísimos años. El tema es que te plantees qué quieres para tu vida y qué calidad de vida estás haciendo para tu vida. También recordá que hay un cielo y que buscamos la eternidad en cada acto que hacemos, incluso en nuestra longevidad. Ánimo que Dios está. Algo bueno está por venir.

    4 min
  • Juan 6, 44-51

    El Padre que envió


    1) Venir: Cuando trabajaba en una empresa escuché esta frase que me hizo mucho ruido: “Siempre contratamos a la gente por lo que sabe y la despedimos por quienes son”. Capaz que contratas a la persona por ser súper eficaz en el trabajo, pero lo terminas despidiendo por una mala actitud, por chismosa, etc. Hasta una vez me tocó despedir a una secretaria porque era súper eficaz en su trabajo, pero lamentablemente trataba mal a la gente. La clave es tomar a la persona por lo que es y no por lo que dice saber hacer. Con esto del despido aprendí que hay que contratar lentamente y despedir rápidamente. Esto lo aprendí bastante con la experiencia, porque si uno se rodea de gente que va lastimando, estás alimentando una bomba de tiempo. Yo era al revés, contrataba gente rápidamente y despedía lentamente, llevándome a tener grandes dolores estomacales y demasiadas presiones. Porque, quieras o no, una parroquia se maneja como una empresa que tiene empleados y servicios a pagar. Aprendí que es mejor tener una vacante que tener una mala ayuda, hasta aprendí que contratar es por su capacidad y personalidad más que por necesidad. Esto me lleva a plantearte por qué toleramos gente incompetente en nuestras vidas (ya no te lo digo en el ámbito de negocio, trabajo, sino también de tu vida en sí). Separo lo que es de relaciones de la vida espiritual, porque también podemos confundir, una cosa es lo profesional laboral y otra lo espiritual. Si no sería como mis alumnos que me dicen: “¿Por qué me desaprobó si usted es sacerdote?”. No dejes que nadie infecte por meses tu paz interior y tu trabajo, por eso la parte laboral yo la delego, porque como cura no somos buenos administradores porque mezclamos lo terrenal con lo celestial: “No padre, no me cobre este mes”. Hay veces que decimos a Dios: “Sácame esta persona de encima”, y Dios te dice: “Sácatelo vos”. Dios nos regala el discernimiento para ver a qué personas somos enviadas y a qué personas dejamos entrar. El problema es que muchas veces ignoramos las alarmas que Dios nos pone: “Fíjate en esto, mira aquello otro”. Jesús es el enviado y no el bombero de nuestras vidas. Por lo tanto, ser enviados es ser decididos y discernidos.


    2) Instruidos: Siempre tenemos que ser honestos con Dios. Dicen que Benedicto XVI oraba muy simple y natural sin tantas flores en el habla. Decile al Señor: “Este soy yo”, y luego dile “Aquí estoy”. Porque esto es lo que me pasa, Dios sabe dónde buscarte, pero también déjate encontrar. Gracia es el perdón inmerecido y eso es lo que te lleva a ser una persona agradecida. Por tanto, instrúyete en el mundo espiritual y busca esa intimidad con Dios desde tu honestidad y desde la simplicidad, capaz que con un momento de silencio o un simple decir “aquí estoy”, basta.


    3) Comieron: Cuando leo la bíblia profesionalmente y no devocionalmente puedo caer en la tentación de ser un erudito más que un testigo de Jesús vivo. Pasa mucho con biblistas. El mayor peligro de la gente es cuando no lee la palabra de Dios o cuando no va a vivir la eucaristía por sí mismo, sino que lo hace por cumplir o aparentar. Hasta incluso muchos de nosotros leemos la palabra de Dios para ver qué es lo que Dios dice a los demás, y comprendí con el tiempo que es Dios quien me habla a mí y ante mi situación, para que luego enriquezca a los demás. Muchos de los curas y monjas sufrimos de anemia espiritual, porque damos de comer a los demás, pero nosotros no nos alimentamos de Dios. Por eso, mientras vivas aliméntate de Dios, busca la eucaristía y su palabra, que es el pan de los ángeles. Algo bueno está por venir.

    6 min
  • Juan 6, 35-40

    Pan de vida


    1) Dicho: La vida se nos va pasando y no se reduce a tener hijos o estar casados. No se reduce la vida a títulos que tengas en la pared o vehículos en la cochera. Pueden ser cosas importantes, pero no elementales. La vida es levantarte todas las mañanas y tratar de disfrutar lo que te toque, ser agradecido o agradecida, sin ver tantos detalles. La vida implica saber los límites que uno tiene en la misma vida. Aceptar que hay cosas que podés y cosas que no podés. También es fundamental fortalecer las relaciones sanas, de gente que te aporte y ayude a ser mejor persona. La vida también implica el grado de responsabilidad. Es clave que seas responsable con tus cosas, es eso de “santificarse en lo cotidiano y ordinario de cada día”, como decía San José María Escrivá, y que la gente te extrañe cuando no estés, porque dejes una huella en la vida de los otros con tu responsabilidad de hacer bien lo que te toque hacer. La vida es Jesús y cuando uno vive en Jesús la vida es bien vivida.


    2) Voluntad: Cuenta la historia de que en un pueblo había un niño que lo llamaban “El Tonto del Pueblo”, porque cada vez que le daban a elegir entre una moneda de 50 centavos y otra de 2 pesos, siempre elegía la de 50 centavos. Pasado un buen tiempo se le acercó un señor y le dijo: “No te das cuenta de que la de 2 pesos vale más que la de 50 centavos”. El niño dijo: “Sí, pero prefiero seguirles el circo que se armaron”. Hay veces que es mejor parecer tonto y ser inteligente, que ser el tonto que se cree inteligente. Que Dios ilumine tu vida y te ayude a ser una persona prudente en este camino.


    3) Vida: Jesús nos muestra que el camino es confiar en Él. Creo que hay dos elementos a tener en cuenta para tu vida: sentido común y sabiduría. Hay veces que creemos que Jesús es un tipo “Aladino”, que lo froto y me da lo que quiero. Hay veces que la crisis que tenemos en la nación, en nuestra patria y en la Iglesia es la falta de sentido común. Por ello, hoy te propongo que en Jesús Eucaristía le pidas la gracia de tener siempre sentido común para decidir. Algo bueno está por venir.

    6 min
  • Juan 6, 30-35

    Pan del cielo


    1) Signos: Vos sos signo de Dios en la vida de muchos, por eso cuídate, porque, aunque te duela, te diré que tu familia sigue con vida sin vos, tus amigos siguen sin vos, incluso tu trabajo sigue sin vos. Porque el mundo no se detiene y la vida sigue con o sin tu presencia. Pero alguien no puede seguir si vos te rendís y esa persona sos vos misma. No hay nadie más que vos que sepa el peso que cargas y solo vos sabes las batallas que enfrentas día a día. Por eso, cuídate y recordá que tenés la función de ser ese signo de Dios para muchos. Permitite descansar, fallar, decir a esto no voy, a esto no puedo y hasta aceptar que te equivocas, porque es parte de esta vida única que te dio Dios. Valórate un poco más, asumí que tenés un propósito para esta vida, respeta tus tiempos y tus límites: cuando se puede, se puede, y cuando no se puede, no se puede. Porque los que te rodean no lo van respetar. Eso lo vemos con Jesús y la gente, porque la gente siempre quiere un poco más.


    2) Hambre: En esta vida recuerda que lo material es momentáneo, pero voy un poco más. Creer que revisar el celular de tu pareja es una medida de seguridad como la medida de comer, ¿es válido? Para nada. Mira, si sentís la necesidad de convertirte en un detective privado para poder dormir tranquilo, el problema no es el teléfono de tu pareja o de quien sea, sino más bien el caos que tienes en tu propio corazón. Recuerda que muchos usan la frase “El que nada debe nada teme” de manera manipuladora para invadir al otro y romper su privacidad. Vuelvo a serte claro, la confianza no se logra controlando o vigilando, sino más bien la confianza se construye soltando. Por eso, querido amigo o amiga, el dar de comer no te hace generoso y el tener para comer no te hace una persona segura. Por eso fíjate cómo es tu confianza y tu capacidad de ser una persona aferrada a tus principios más que a la sospecha.


    3) Vida: Cuando me ordené sacerdote una persona me dijo: “Haz feliz a la gente”. Yo me puse esa camiseta y casi me morí. El único que hace feliz es Jesús. Yo puedo dar la felicidad en cada misa cuando doy la eucaristía, pero yo soy el foco no la luz, y el foco en cualquier momento puede romperse. Volviendo a este eje, yo no soy papá Noel para hacer felices a todos, mucho menos el hacer feliz a otro bajo mi infelicidad. Recordá que estamos llamados a dar de comer desde el milagro de Jesús, pero nosotros no somos los que tenemos que dar de comer desde nosotros, sino desde quien tenemos. Una vez mi guía espiritual me dijo: “Luis, sos muy sensible a la crítica”, y era verdad. Todo lo tomaba de manera personal, me esforzaba para que la gente hablara bien de mí y de mi trabajo pastoral y buscaba no quedar nunca mal con nadie, llevándome a un tremendo desgaste. Aprendí que si no soy capaz de aceptar la verdad y lidiar con ella no podré durar mucho tiempo como cura. Hay que acostumbrarse a las conversaciones difíciles, porque es parte de ir superándose y es parte de los que manejan familias o comunidades. Con este evangelio aprendemos que la vida cristiana es aprender a lidiar, gestionar y procesar los conflictos y no dar soluciones a todo conflicto, porque si no la multitud te lleva puesto. Como diría mi amigo Cristian: “En toda negociación no se gana cuando lograste tu cometido, se gana cuando se sientan a negociar”, y capaz que el saber decir: “Estamos de acuerdo de que no estamos de acuerdo” puede ser muy sano para ambos y para uno mismo. Algo bueno está por venir.

    6 min
  • Lucas 24, 13-35

    Emaús


    1) Ocurrido: Para Jesús las categorías no se dividen en “nosotros y ellos”, “evangélicos y católicos”, “perfecto e imperfecto”, “santo o pecador”. Eso lo hacemos nosotros. Incluso muchos amigos me dicen “Ese es de otra religió, no lo invitemos” o “Ese es pecador”. Pero en este evangelio de Emaús descubrimos a Jesús con otros ojos, una mirada distinta de la vida y a la espiritualidad. Hasta incomoda a toda creencia heredada, porque esto nos hace romper prejuicios heredados. Jesús sale a caminar con estos dos que se estaban escapando. La cruz fue el fin de la religión y la cruz nos muestra que lo nuevo y distinto viene en Jesús. Yo no soy el camino ni ningún cura ni ningún pastor evangélico, lo que fuera, el que único que es el camino para llegar al cielo es Jesús y debes reconocerlo en vos.


    2) Cleofás: Para todo narcisista el deseo de ser admirado es más fuerte que el deseo de ser amado, nos enseñan eso siempre los psicólogos. Por eso Jesús nos vuelve a mostrar que nos ama y desea que lo amemos, más que lo admiremos. Pero también es decirte que hay gente que prefiere la admiración más que el amor simple y sencillo. Esto lleva a vivir simulando y estar encerrado en nuestro mundo, sin mirar lo que pasa en la realidad, porque nos ponemos nosotros como el centro de toda realidad. Hay gente que busca la admiración y por ello es capaz de endeudarse para viajar y sacarse “la” foto y publicarlo en redes. Es tanto el narcisismo que no tienen dinero nunca para ayudar a pagar la fisio de su mamá o para aportar en las necesidades de la familiar, pero pondrán en el grupo de WhatsApp familiar la foto del nuevo 0km que acaban de sacar. Es subir la foto para que lo vean o la vean. Hay veces que creamos el mundo de las apariencias, olvidando la realidad o no queriendo ver la realidad.


    3) Reconocerlo: Jesús nos invita a ser transparentes y mostrarnos como somos, saber reconocerlo y reconocernos. Claro que es difícil, especialmente los que venimos de una familia que nos llevó a reprimir todo. Nos educaron en el “no digas nada”, para cuidar el orden, pero en nuestro interior nos generó un gran desorden. Es por ello que en el Emaús de tu vida tenés que resucitar a la autenticidad. Hay gente a quien le gusta decir la verdad, pero que se irrita cuando le dicen la verdad. Jesús nos muestra que el reconocerlo es vivir en la verdad y aprender a escucharlo, como lo escucharon en el camino, para que la vida misma, tuya y mía, se nos vaya aclarando; pero hay que aprender a escuchar. Algo bueno está por venir.

    4 min

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La Meditación Diaria es preparada día a día por el Pbro. Luis A. Zazano, quien nos anima con sus meditaciones y amenos audios a adentrarnos más en el Evangelio, conocer más de la vida de nuestro señor…

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