Reflexión diaria del Evangelio por el P. Luis Zazano

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Reflexión diaria del Evangelio por el P. Luis Zazano episodes

  • Juan 11, 45-56: Creyeron

    1) Contaron: Hay mucha gente que pone frases y vídeos motivadores, pero, para ser el capitán de tu vida, tenés que trabajar tu interior. Busca ese espacio para meterte en vos y ver cosas de vos que hasta duelen. Muchos, más que capitán, parecen marineros de barco, pero de barco pirata, porque buscan siempre una persona que los tenga sometido o sometida. En cambio, si quieres domar tu vida, es necesario darte tu espacio, salir a caminar, meditar en tu interior, buscar ese espacio de oración y de intimidad y, por sobre todo, el poder mirar tus heridas y toda tu vida. A trabajar en tu mente y corazón, para actuar con claridad en vos y también desde vos.


    2) Qué hacemos: La desesperación es parte de la experiencia humana. La desesperación es algo de lo que no solamente puedes salir, sino que puedes salir reforzado o reforzada. Pero la cuestión es cómo puedes rodearte de algo o de alguien que te acompañe en ese momento de desesperación. Por lo tanto, es saber compartir en la desesperación y no obviarla. Nadie vive sin sufrimiento y todos experimentamos dolor y hasta traición. Es clave incorporar el sufrimiento en la experiencia humana, porque se necesita legitimar y comprender que se debe acompañar en el sufrimiento.


    3) Muera: Muchas veces creemos que nuestra vida espiritual pasa por las reuniones a las que asistimos. Hasta incluso nos consideramos católicos o no según si vamos a un grupo o no. Jesús nunca dijo: “Nos vemos el domingo que viene en la montaña tal”, menos dijo: “Haremos un templo entre Jerusalén, Grecia y de allí formamos las franquicias”. Mucho menos decía: “Yo atiendo martes y jueves”. Jesús vivía un estilo de vida y eso implicaba las 24 horas. Nosotros en un templo no vamos a encontrar a Dios, sino que vamos a compartir con Dios lo que hemos encontrado de Dios en nosotros, y como nos dijo: “Donde dos o más estén reunidos en mi nombre yo estoy en medio de ustedes”. Por eso, el sagrario es lo más preciado para los católicos. Hay veces que nos detenemos a formar grupos, pero Dios no está en los grupos, sino en las personas de esos grupos. Si Jesús está en una reunión es porque lo llevamos, no porque esté allí y hay que buscarlo. Por eso, los católicos nos hemos detenido en armar demasiadas reuniones más que uniones y también confundimos emoción con presencia de Dios, como así también pecado con sentimientos. Muchos piensan que presencia de Dios es sentir algo y hasta piensan que cuando ya no sienten es porque Dios los abandonó. En el cielo no se tomará lista de cuántas reuniones asististe, de la pastoral o del grupo tal o del movimiento cuál, lo que nos dirá Jesús ese día es: “¿Cuánto amaste?”. Algo bueno está por venir.

    4 min
  • Juan 10, 31-42: Apedrear

    1) Hice ver: Jesús nos muestra que está cerca del quebrantado y del golpeado, del que está destruido. Hay veces que creemos que Jesús está con los exitosos, con quienes les va bien, pero hasta el salmo nos recuerda que Dios está con los que tienen un corazón quebrantado y golpeado. Acordate de Elías, cuando se metió en la cueva. Dios está cerca de aquellos que están en el piso. Siempre me hicieron creer que Dios está en el cielo y que hay que elevarse para tocarlo. A Elías le dijo: “¿Qué haces aquí en la cueva?”. No le dijo: “¿Qué haces allí?”, porque no es un Dios que está afuera de la cueva y nos invita a salir. Dios se mete en la cueva y te pregunta ¿Qué haces aquí?. Por eso, te vuelve a mostrar que encerrarte en vos no es alejarte de todos, es solo alejarte de vos, porque Dios está a tu lado siempre.


    2) Judíos: Séneca decía que debes eliminar dos cosas “El miedo a un futuro malo y los recuerdos de un mal pasado”. Porque sufrimos más en nuestra imaginación que en nuestra realidad. El pasado está fijo y no podemos cambiarlo y, si te quedas atrapado en el arrepentimiento o la culpabilidad, terminas sacrificando el presente.


    3) Apedrear: Siempre habrá gente que nos quiere apedrear y está atenta a que nos descuidemos para liquidarnos. Por eso, sé prudente en lo que muestras y en lo que haces, porque no todos se alegran de tus logros. Como diría un amigo: “No le enseñes a tirar piedras al necio, porque te terminará matando a cascotes o a pedradas”. Algo bueno está por venir.

    3 min
  • Juan 8, 51-59: Eres profeta

    1) Murió: Creo que a muchos nos educaron con el término de “Evita los conflictos”. Entonces, cuando iba a decirle a mi mamá: “Mira, mamá, me pusieron una mala nota”, ella me decía: “Bueno, cállate, no pasa nada, ya va a pasar”. Y yo, para evitar los conflictos, era exacerbadamente agradable, cordial, cuidándome de no decir nada que pudiera ofender a alguien o causar controversias. Eso me enseñó mi mamá, pero no con maldad. Era esa visión de “mejor quedarse callado que confrontar”. Así, con el transcurso de los años, me terminé transformando en un “minimizador natural”. Eso me llevó a optar por la paz a cualquier precio: aguantarme gente tóxica, que me saquen dinero, incluso que me robaran porque era “A ver si lo echo y habla mal de mí”, mejor me lo aguanto. Trataba de mantenerme alejado de cualquier relación que pudiera generar polémica, conflictos. Me importaba mucho el qué dirán. Por ese acto de no combate, al sentirme herido, golpeado o hasta humillado, no lo podía expresar. En mi mente estaba que tenía que mostrarme siempre bien. Como soy bueno en el aparentar, y muy poca gente se da cuenta de la cruz que llevo dentro, muchos creen que es fácil llevarse bien conmigo. “Con Luis siempre te llevas bien”. Admiro mucho a la gente que sabe decir, con respeto: “Esto no lo puedo permitir”. Expresar mis pensamientos y defender mis opiniones siempre fue un trabajo bastante duro para mí, muchos años de terapia y de guía espiritual. Pero me di cuenta hace pocos años que eso me iba matando y que me iba muriendo en mi persona y en mi personalidad. Pero, cuando supe que quería ser un líder, que debía llevar adelante una comunidad, debía cambiar mi forma de pensar. Jesús nunca dijo: “Bienaventurados los que mantienen la paz”, sino más bien “los pacificadores”, que es distinto. El que mantiene la paz es el que hace concesiones para mantener la paz o poner el problema debajo de la alfombra. En cambio, el pacificador es el que confronta para mantener verdadera paz. La paz te da vida.


    2) Glorifica: Nadie ha conseguido el éxito criticando y quejándose, mucho menos buscando excusas. Estas actitudes no te llevan donde quieres y menos a la gloria. Aprende a trabajar en tus acciones y pon energía en tus actitudes, más que en tus quejas.


    3) Abraham: Tu vida espiritual debe crecer en ese día a día y contemplar que hay algo nuevo y algo distinto cada día. Nunca olvides las promesas de Dios, porque Dios está más cerca de lo que te imaginas. Algo bueno está por venir.

    5 min
  • Lucas 1, 26-38: La Anunciación

    1) Enviado: Te cuento una historia real: Marcelo, un muchacho del grupo de jóvenes de la parroquia, iba a la visita que hacían los viernes en el asilo de ancianos. El tema es que a él no le gustaba ir, porque decía que a ver a los ancianos lo deprimía, lo bajoneaba, que ver a los ancianos no lo motivaba. La cuestión es que todos los viernes a la tarde iban y, a Marcelo, le llamó la atención que un abuelo le tomaba de la mano y no le soltaba. Marcelo, para sacárselo de encima, le decía: “Abuelo, te veo el viernes que viene…”, para sutilmente sacárselo de encima. Así fueron pasando las semanas hasta que un día el abuelo ya no estaba allí. Y, cuando Marcelo preguntó dónde estaba, le dijeron que estaba en terapia intensiva, pero que lo llevarían hacia donde estaba. En eso se acercó una muchacha y le preguntó si era Marcelo, sorprendido, él le dijo que sí. Ella le dijo que era la nieta de ese abuelo y que quería agradecerle por todo lo había hecho por su abuelo. Sorprendido, le dijo: “Yo no hice nada”. Ella contestó: “Mi abuelo, en un momento de lucidez, me dijo que todos los viernes iba Jesús a verlo, que lo tenía de la mano y eso le daba fuerzas y calma. Fui a preguntarle a las enfermeras y me dijeron que eras tú quien venía a verlo”. Hay veces que esos son nuestros ángeles Gabriel, que con solo tomarnos de la mano nos ayudan a seguir y a caminar. No hay que hacer muchas cosas ni decir muchas palabras para ayudar en la vida de alguien.


    2) El ángel Gabriel: No dejé de pensar que, si un voluntario mal dispuesto que, como Marcelo manifestó que no le gustaba ir a ver a los ancianos, si alguien como él puede ser confundido con Jesús, quizá nosotros tengamos la oportunidad de ser confundidos con Él. Si prestamos atención, Jesús va a aparecer delante de nuestros ojos bajo el disfraz de gente que no nos puede devolver ni el más pequeño favor. Jesús se va a disfrazar de gente tatuada, de gente con aros, con piercings, incluso con gente que nos puede parecer rara. Jesús nos pide que amemos al que tenemos delante. Mira, nosotros no estuvimos en el Edén y, sin embargo, heredamos la culpa, pero tampoco estuvimos en el calvario y heredamos la gracia. Por eso tenemos que estar atentos para ver a Jesús de incógnito y dar esa gracia.


    3) María: Tu hacer es hacer la voluntad de Dios, como María. Es aprender a saber soltar y poner todo en manos de Dios, porque la vida es un seguir lo que se te pide. Porque cuando Dios te pide algo te da las fuerzas necesarias para que lo hagas. Como dice el dicho de san Agustín: “Mándame lo que me pides y haré lo que me mandas”. Algo bueno está por venir.

    5 min
  • Juan 8, 21-30: Crean en mí

    1) Donde voy: Es importante saber que todos estamos un poco rotos y eso nos hace vulnerables. Hay momentos y heridas de la vida que vamos sanando solos; otros momentos que los podemos sanar con una relación, y no me reduzco a hablarte de una relación afectiva, sino también de amistad o hasta incluso una vivencia espiritual marcada. Hay heridas que te llevan a volver a mirarte a vos y saber quién sos vos en esta realidad, en el aquí y ahora, pero también hay otras heridas que nos llevan a sanar con el tiempo abriéndonos a una relación madura con otros. Jesús en este evangelio nos muestra que su relación y presencia con el Padre le va a ayudar a resolver y saber llevar esta relación hiriente con los fariseos. Lo mismo te puede pasar a vos y a mí. Una relación sana puede sostenerte ante relaciones, personas o situaciones enfermizas.


    2) Morirán: La vida no viene con un periodo de prueba, es avanzar sin garantías. Es saber que hay cosas que logras y cosas que no. Podés pasar años planificando y preparándote, pero tenés que dar el primer paso. Si no aprendes a dar el paso es muy difícil no salir adelante. Si vas a vivir a pura especulación la vida se te va y estás casi muerto en vida. Siempre se dice que se aprende a nadar desde la orilla. Uno no puede esperar estar preparado para empezar. El pato aprende a nadar nadando. Aprende a llevar tu vida jugándotela, si no te juegas por lo que quieres se terminan muriendo hasta tus sueños.


    3) Enseñó: Cuando Jesús dijo en la cruz: “Perdónalos”, incluía a todos: soldados romanos, líderes religiosos, sus discípulos que habían huido agazapándose en la oscuridad, vos, yo y todos nosotros; porque lo que Jesús nos enseña es eso: perdonar, saber tener el don de perder para ganar. Y cuando una persona suelta, el soltar implica no vivir de rencor, porque el rencor es ese veneno que uno tiene creyendo que afecta al otro, pero solo te afecta a ti. Mirar la cruz en este tiempo es recordar el sentido del perdón. Algo bueno está por venir.

    4 min
  • Juan 8, 1-11: Sorprendida

    1) Acudían: ¡Mira!, no confíes que la persona con quien estás o quienes están a tu lado “nunca te van a traicionar”, porque esa pareja, esa persona o esas personas que están con vos sí pueden llegar a traicionarte. No confíes en que no te van a traicionar, más bien confía en que, si te llegan a traicionar, vas a poder manejarlo. Jesús sabe que esta gente que lo sigue, luego va a gritar: “Crucifíquenlo”. Entonces, Él confía en su padre Dios. Vos confiá en que si te traicionan vas a poder seguir caminando, seguir tu vida y seguir encontrando el camino para ser feliz. Obvio que habrá duelo y lágrimas, pero no obsesión por ese dolor. Confía en que podés salir adelante, sea lo que sea, te pase lo que te pase, tenés que seguir, tenés que salir adelante, con las personas que están a tu alrededor incluso. Viví la vida y busca tu paz, incluso cuando te traicionen o no. Te va a ser mucho bien recordar que todos podemos llegar a traicionarte.


    2) Adulterio: Es como que siempre aparecen los controladores de tu vida y van observando más tu vida que la de ellos. Cuántas veces nos pasa que nos convertimos en señaladores de la vida de los demás y nos olvidamos de la misericordia que Dios y los demás tuvieron con nosotros. Cuán difícil es en esta sociedad que controla y pasa a ser juzgadora, y cuánto más cuando dentro de la misma Iglesia vemos cómo nuestros pecados van en la mano y nos aprisionan más que nos consuelan. Esta mujer fue sorprendida en pecado, pero aún seguimos sorprendiéndonos que los que somos religiosos seguimos juzgando. Jesús nos vuelve a recordar que todos tenemos pecados, la única diferencia es que la mujer se reconoce pecadora, mientras que los religiosos se creen limpios y mejores que esta pecadora. La única diferencia es que ella tiene un pecado público y los religiosos un pecado oculto.


    3) Escribió: Según san Agustín dirá, Jesús escribía en el suelo los pecados de los ancianos que estaban para apedrearla, por eso tiran la piedra y se van. Comprenden que Jesús conocía sus debilidades. Aquí hay otra diferencia: los que somos religiosos ocultamos los pecados, nos mostramos como inmaculados, para juzgar al otro, mientras que Jesús sabe tus pecados y se acerca para ayudar. Vos y yo tenemos dos actitudes: o juzgamos, creyéndonos limpios, o ayudamos para que el otro quede limpio, pero todos tenemos un poco de suciedad en el alma y en el corazón. Dejémonos sanar por Dios y dejemos de apedrear en nombre de Dios. Algo bueno está por venir.

    5 min
  • Juan 7, 40-53

    Este modo


    1) Opinaban: La soledad está detrás del éxito, del fracaso, de la fama, del dinero y de la ruina. También está la soledad buena, la que nos permite conocernos a nosotros mismos y buscarle sentido a lo que hacemos. También está la soledad de no tener con quién ir de diversión, de compinches, de cuates, (como dicen los mexicanos), pero todos libramos batallas contra una cierta soledad. No tengas miedo de estar solo. El problema es “sentirse” solo. Cuando estás solo, pero teniendo convicción de quién eres, podés vivir la vida disfrutándola. “Sintiéndote” solo tu vida se reduce a buscar a alguien o algo que siempre te dé un alivio, porque ya no disfrutas del vivir, sino que necesitas y te generas necesidad de algo o alguien que te haga vivir.


    2) División: Muchas veces lo que nos une en la Iglesia no es el amor a Cristo, sino lo que no nos gusta o no aceptamos. Cuando nos reunimos alrededor de principios o de doctrinas, no es una Iglesia, es un grupo o institución. Solo es Iglesia cuando nos unimos en Cristo vivo. Muchas veces no nos une el amor a Cristo, sino lo que se odia. Hay veces que nos une lo que no queremos más que a Cristo. Alguna vez alguien me dijo “Yo voy a la parroquia tal porque allí solo se celebra en latín” o “Voy a la misa cual porque es carismática y me gusta solamente ese”. Por años nos unió todo aquello en lo que nos oponemos y poco de aquello que proponemos. Todas las divisiones en la Iglesia actual existen porque más nos centramos en la doctrina o ideologías de cosas de Cristo que en Cristo.


    3) Casa: Lamento decirte que allá arriba, en el Cielo, nos mezclamos todos. No es que hay un sistema de software de ingreso al Cielo para menonitas, otro para católicos y otro para otras denominaciones. Allí todos somos llamados por nuestro nombre. No es que llamarán “Vengan los católicos” y van todos juntos ahí. El perfecto amor, no tiene temor. Lo que Jesús nos muestra es que nos amó y no amó las doctrinas o conceptos, sino a cada uno de nosotros, incluso con nuestros pecados. Algo bueno está por venir.

    4 min
  • Mateo 1, 16. 18-21. 24

    A san José


    1) Jacob: Hay veces que pienso si hacemos altares o monumentos. Pues en san José podemos ver que hay altares porque actuó en su vida dando servicio desde lo que ama y no sirviendo para amar. Porque, cuando uno actúa sin esperar nada a cambio y sin buscar que le rindan honores, es porque no busca monumentos sino altares. Es por ello que te pregunto si vos estás buscando altares o monumentos. Si quieres que te recuerden o quieres ser eterno. Porque en esta vida todo pasa, solo Dios queda y, cuando Dios pasa por tu vida, quiere que te quedes en Él eternamente.


    2) Resolvió: Para purificar el oro hay que meterlo en el fuego. No para destruirlo, sino para sacarle lo que no es oro. El fuego no daña lo que es auténtico, sino que elimina lo que sobra, las impurezas, lo falso y lo que ya no debe estar ahí. Por eso, cuando la vida sientas que te quema y te hace sentir su peso, incluso cuando el dolor sea intenso, recuerda que saca lo que no es tuyo. San José enfrentó el miedo y lo tomó como el medio para recibir a Cristo. El fuego duele, claro que sí, y quema, pero lo que queda luego es más puro y más fuerte. Lo mismo pasa en la vida. Hay decisiones que son duras y difíciles, pero lo que queda es lo más puro y fuerte. El fuego no destruye el oro, lo revela. Tus dificultades no te destruyen, sino que te revelan. Una persona pura en esta vida es la que logra atravesar las llamas, por eso a San José lo conocemos como el “hombre puro”.


    3) No temas: La vida es la que nos toca. Basta de quejarte, porque todo se logra con las decisiones del hoy. San José no se queja del pasado y mucho menos hace análisis del futuro. Decide en el hoy y desde el hoy. Por eso, aprendamos de San José y déjate moldear por Dios. Los miedos siempre nos detienen, pero es la fe la que nos empuja. Hoy podés descubrir en vos la capacidad de enfrentar tus miedos. Por eso, no te ates a los recuerdos y a las nostalgias, aférrate a la fe y a tus capacidades. Feliz día de San José. Algo bueno está por venir.

    3 min
  • Juan 5, 17-30:

    Lo ve al Padre


    1) Trabaja: Hace una semana atrás alguien me preguntó “Cómo quieres que te recuerden cuando te mueras” y solo respondí “Que me recuerden como una buena persona”. Sí. Voy comprendiendo que uno debe trabajar en la vida asumiendo que tiene que dar lo mejor de sí. Por eso, si te mueres mañana, “¿Cómo te gustaría que te recuerden?” Trabaja por ello, porque no es haciendo grandes cosas que te recordarán. Conocí grandes personalidades en mi niñez, de quienes hoy nadie se acuerda. En esta etapa de mi adultez nadie los tiene presente. Los grandes faraones egipcios buscaron ser recordados para siempre, pero hoy se los recuerda como momias sobrevivientes. Por eso, detente en trabajar para ser una buena persona. Todo lo demás va y viene.


    2) Aseguró: Lo que voy viendo es que no puedes destruir a alguien que se construyó desde cero. Claro, no podés amenazar a alguien que ya lo perdió todo y siguió caminando. No puedes meter miedo a quien aprendió a respirar en lo profundo. No podés apagar a quien encontró su propia luz cuando todo alrededor estaba oscuro, porque quien comenzó desde cero no le tiene miedo a caer. Te lo digo yo que empecé desde cero y aquí estoy. Aprendamos de Jesús, de tu vida y de la mía, que lo que te sostiene no es lo que tienes sino lo que eres, y que pasaste cosas difíciles y que saliste. Por eso a levantarse y a comenzar que, quien supo pelear contra un dragón, puede pelear contra un lobo.


    3) Autoridad: Hay una frase muy linda de Einstein que dice “La vida es como andar en bicicleta, para mantener el equilibrio hay que seguir moviéndose”. Por eso, no dejes de hacer cosas y actuar desde Dios por los demás y ante los demás. La verdadera autoridad no la tiene quien tiene un cargo o un puesto o una posición, sino más bien quien sabe enfrentar batallas en la vida y sigue para adelante. Llora todo lo que tengas que llorar, pero ponete límites. No puede ser que toda tu vida estés llorando. Hacé todo lo que tengas que hacer para soltar, pero ponele una fecha de caducidad, porque debes mirar quién eres y recordar de quién eres; porque, como hijos de Dios, siempre se puede. Algo bueno está por venir.

    3 min
  • Juan 5, 1-16

    El pórtico


    1) Paralizado: Hay siete cosas que pueden paralizarte la vida y me gustaría presentártelas:

    A) compararte: mirar la vida del otro te puede robar la tuya. Más bien, si quieres competir, compite con quien eras ayer;

    B) querer caerle bien a todos: porque, si tu paz depende de la aprobación externa, ya no es paz;

    C) apegarte a cosas temporales: recuerda que todo cambia y lo material hoy está y mañana no;

    D) vivir con rencor: el rencor no castiga al otro sino más bien te envenena a ti:

    E) rodearse de ruido: es soltar y saber buscar el espacio de cada uno. El silencio es claridad. Busca tu espacio y tu momento;

    F) querer controlarlo todo: cuando buscas controlar perdés el control, tu control. Solo controla lo que depende de vos;

    G) (lo que más te paraliza) la procrastinación: dejar para mañana las cosas. “Domina tu mente o tu mente te dominará a ti”.


    2) Agitado: La otra vez leía un libro que enseñaba la palabra “yutori” que en japonés significa “contemplar en silencio”. Vivimos agitados, estando de aquí para allá. Por vivir solo, en mi caso me di cuenta de que hasta no disfrutaba del almuerzo o cena, me sentaba a comer rápido y hasta comía con el celular en la mano, para contestar los mensajes. No ponía el mantel y casi que comía en la cocina misma, hasta me di cuenta de que ni siquiera disfrutaba de un sentarme a cenar o a almorzar. Por eso hoy, si compartías con tu familia, si almorzás con otros, trata de darte esa oportunidad de contemplar un buen almuerzo o una buena cena. Deja el celular de lado, poné la mesa, salí a caminar, contempla la naturaleza, implemente mira un rato en silencio a tus hijos dormidos. Sácate unos cambios de tu vida, para que tu vida tenga un cambio.


    3) Levántate: Cuenta la historia que un hombre encontró a Picasso en una calle de Francia y le pidió que le hiciera un dibujo. Picasso tomó un papel y le hizo el dibujo y se lo entregó. El hombre le preguntó cuánto le debía y Picasso le dijo “10.000 dólares”. El hombre, asombrado, le dijo “Pero si tardó 10 minutos” y Picasso le dijo “No, tarde 40 años para dibujar así”. Es por ello que la gente siempre te medirá por los resultados de hoy, pero no ve tu sacrificio y tus luchas del ayer. Así que hoy levántate y seguí adelante luchando por tu vida y por tu historia. No dejes de seguir haciendo cosas por vos y por la vida. Perfecciónate en lo que hagas y seguí aprendiendo, seguí descubriendo, porque si no te esfuerzas por vos nadie lo va a hacer por ti. Este hombre del Evangelio estaba postrado y nadie lo ayudaba, solo Jesús. No esperes que otros te hagan caminar, más bien busca caminar con Jesús. Algo bueno está por venir.

    5 min

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La Meditación Diaria es preparada día a día por el Pbro. Luis A. Zazano, quien nos anima con sus meditaciones y amenos audios a adentrarnos más en el Evangelio, conocer más de la vida de nuestro señor…

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