Roma, Historia Eterna

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Roma, Historia Eterna episodes

  • A009 Roma, Historia Eterna - Monarquía III (los siete reyes - Tulio Hostilio)
    ROMA
    Período 750 al 510 antes de Cristo
    ó 3 al 243 ab urbe condita.
    De la monarquía o de los siete reyes.
    Tulio Hostilio
    Conocido como Tulo Hostilio o Tulio Hostilio (Tullus Hostilius o Tullius Hostilius).
    Tulio Hostilio, un príncipe latino y belicoso, sucedió (672 antes de Cristo o 81 ab urbe condita, hasta 641 antes de Cristo o 112 ab urbe condita ) a Numa Pompilio, después del interregno, que, como norma habitual, duraba un año.
    Este periodo anual de interregno, durante la monarquía, lo protagonizó el Senado, que congregaba y designaba un interrex para poder mantener los auspicia sagrados (augurios) mientras el trono estuviera vacante.
    Cada cierto tiempo esta citada asamblea nombraba un solo interrex, hasta que se elegía a un nuevo rey.
    Cuando el interrex designaba a un candidato que iba a ostentar la diadema real, lo presentaba al Senado, quien examinaba al candidato.
    Si se aprobaba la candidatura del elegido, el interrex, como presidente, congregaba a la Asamblea curiada (comitia curiata) para entronizarlo.
    Llegados aquí, el pueblo romano tenía la potestad de aceptar o rechazar al candidato, mediante dos procesos: el primero, si el veredicto del pueblo era aprobar al propuesto, entonces el nuevo rey electo debía obtener el beneplácito divino, una vez convocados los dioses por medio de los auspicios, ya que él mismo iba a ocupar el cargo de pontífice máximo.
    El ritual consistía en que el electo ocupara un sitial de piedra, conducido por el augur, mientras el pueblo esperaba situado en un lugar inferior. Si era dignificado para el reinado, el augur clamaba la aceptación del elegido por haber sido favorecido por los dioses, confirmándose de este modo su carácter sagrado.
    El segundo y último paso que debía llevarse a cabo era la concesión del imperium al nuevo rey. El anterior voto de la Asamblea curiada solo había determinado quién podía ser rey, y no era válido para otorgar los poderes precisos del rey sobre el candidato electo.
    Por tanto, el mismo rey proponía a la Asamblea curiada una ley (lex curiata de imperio) por la cual obtenía el imperium, que era concedido al monarca mediante el voto favorable de la misma.
    La razón para este doble voto de la Asamblea curiada no está muy clara.
    El imperium solo podía ser conferido a la persona que los dioses habían hallado favorable, siendo por tanto necesario determinar primero quién había de ser la persona que era capaz de obtener el imperium, y cuando los dioses se mostrasen favorables al candidato, habría de concedérsele el imperium mediante un voto especial.
    Esta institución se mantuvo durante la monarquía y la república. En la república se ejercía cuando los cónsules morían durante el ejercicio de su cargo antes de poder celebrar las elecciones consulares.
    Para entender las funciones del Senado (en latín senatus), cabe reseñar que este órgano nació como una institución consultiva de la monarquía romana, compuesto por 30 patricios (miembros representantes de cada gens) que con el paso del tiempo ascendieron a 300 compromisarios. Durante la República acaparó más prerrogativas, pasando a refrendar a través de su auctoritas los actos de los cónsules, y extendiendo su competencia también a los actos de otros magistrados y Comicios, temas religiosos, conflictos entre magistrados, policía, crímenes con pena capital cuando esta era conmutada, cuestiones militares y financieras, y tratados internacionales.
    Por su belicosidad honró a su abuelo Hosto Hostilio, tan guerrero como el fundador de Roma con el que participó en la guerra contra los sabinos.
    La leyenda, además, mantiene que Tulio Hostilio volvió a adoptar una guardia personal, los antiguos celeres o veloces, que Romulo creó y Numa Pomilio abolió. Le estableció un sueldo y, además, ejerció como cuerpo especial de caballería y fuerza principal y destacada del ejército del rey. Nombró a un tribuno celero (tribunus celerum) como jefe de esa guardia. Este cargo ocupó en la jerarquía militar el segundo lugar despues del rey y gozó de la potestad de convocar la asamblea de la Curia (Asamblea curiata).
    Le correspondió la organización militar en Roma. Luchó contra Veyes, ciudad etrusca situada al norte, y conquistó, derrotando al rey albano Cayo Cluilio, Alba Longa, ciudad situada al sur, antigua capital del Lacio, ampliando la ciudad de Roma hasta el monte Celio.
    La guerra tuvo ocasión porque campesinos romanos saquearon las tierras de Alba Longa y los albanos también se dieron a la rapiña.
    Legados tanto de una ciudad como de la otra partieron para reclamar los robos, pero Tulio Hostilio se adelantó para expulsar a los de Alba Longa, declarando la guerra.
    Fallecido en el campamento albano, el rey Cayo Cluilio, Mecio Fufecio fue nombrado dictador, quien declaró, para evitar un enfrentamiento sangriento, que la guerra exterminaría a ambos pueblo y, como consecuencia, solo se beneficiarían de ello los etruscos. Entonces urdió un plan que consistíó en entablar un combate entre tres hermanos gemelos romanos y otro tanto de hermanos gemelos albanos.
    La gens Horacia (según la histórica leyenda de los Horacios y los Curiacios) debió tomar parte decisiva en la conquista de Alba Longa, ciudad del Lacio, fundada, por Ascanio, hijo de Eneas. Ejerció la hegemonía sobre la Confederación de las Treinta Ciudades del Lacio, que ofrecían colectivamente sacrificios en el monte Albano, y fue rival de la Roma naciente. Parece que se hallaba cerca de la actual Castelgandolfo.
    Surgió, pues, una de las clásicas leyendas romanas, datada hacia el año 667 antes de Cristo o 86 ab urbe condita, que a continuación se describe.
    Por el bando romano fueron presentados los hermanos Hocacios (Horatii) y por los albanos, los hermanos Curiacios (Curiatii).
    Este combate fue relatado por Tito Livio y Dionisio de Halicarnaso, donde ocurrió en un primer embite la muerte de dos de los Horacios, mientras los tres Curiacios resultaron heridos.
    El ileso Horacio echó a correr, perseguido por los tres Curiacios. Por el grado de sus heridas los tres Curiacios iban quedándose separados cada uno de ellos a cierta distancia. El Horacio, observando esta circunstacia, retrocedió súbitamente y resolvió atacarlos por separado, logrando dar muerte a sus tres enemigos.
    Este triunfo proporcionó a los romanos el sometimiento de los albanos a Roma.
    Esta débil alianza se rompió en el año 665 antes de Cristo o 88 ab urbe condita, cuando Tulio Hostilio dispuso que Mecio Fufecio le apoyara con su ejército en caso de guerra contra la ciudad etrusca de Veyes.
    Poco después, la ciudad de Fidenas, que estaba sometida a Roma como colonia, planeó rebelarse con apoyo de Veyes. Mecio Fufecio, como aliado secreto a la rebelión, prometió traicionar a los romanos al momento de combatir.
    Tulio Hostilio llamó a los albanos para que le apoyasen como se estipulaba entre dos pueblos sabiéndose aliados. Para la batalla, Tulio Hostilio formó a los romanos frente a las tropas de Veyes, y a los albanos frente las de Fidenas. Pero Mecio Fufecio, alejó a los albanos subiendo a unos montes contiguos, abandonando a los romanos y esperando intervenir en favor de quien tomara ventaja en la batalla.
    Entonces Tulio Hostilio anunció a gritos a su ejército (para que lo escuchara también el enemigo) que Mecio Fufecio no estaba abandonando el campo, sino siguiendo órdenes suyas para atacar por retaguardia a los de Fidenas. Con esto dio confianza a los romanos y los lanzó contra los fidenitas, que temiendo verse rodeados se replegaban.
    Luego de vencer a los fidenitas atacó el ala de Veyes y la venció. La batalla fue la más cruenta que Roma había librado hasta el momento.
    Mecio Fufecio reincorporó su ejército al de Roma y Tulio Hostilio fingió recibirlo de buen ánimo. Pero al día siguiente convocó asamblea de ambos ejércitos. Los albanos acudieron desarmados pero fueron rodeados por los romanos.
    Tulio Hostilio acusó al jefe albano de traición y mandó que le descuartizasen atándolo a dos cuadrigas. A continuación dispuso que Roma y Alba Longa volvieran a reunirse como un solo pueblo y ciudad, trayendo a Roma a los albanos, doblando la población de la ciudad y dándoles la ciudadanía romana y otorgando a los jefes albanos el cargo de senadores.
    A continuación Alba Longa fue destruida en su estructura urbana, y sus habitantes reubicados en Roma.
    Además del enfrentamiento con Alba Longa, Tulio Hostilio luchó contra los etruscos y los sabinos.
    Roma, protegida por una larga muralla y apoyada en una ciudad bien fortificada, el Capitolio, logra la hegemonía política del Lacio, desplazando a Alba Longa.
    La masa de la población estaba constituida por pastores y caminantes, en un principio, luego, aparecieron, además, los comerciantes y los agricultores. El medio utilizado para el intercambio es el ganado (pecus, de donde deriva pecunia = dinero).
    Tulio (o Tulo) edificó la Curia (Curia Hostilia). Al originario sacerdocio de los Salii Palatini, le añadió el reciente colegio de los Salii Collini.
    Se promulgó la 1ª lex Papiria de consecratione (entre 663 antes de Cristo o 90 ab urbe condicta y 626 antes de Cristo o 127 ab urbe condita) que era tribunicia y venet in iussu plebis aedes ternam aram consecrati, es decir, que las cosas que se hicieran sagradas por la sola voluntad de los particulares, exigiéndose para ello una consagración formal y, en cuanto a los inmuebles, una autorización concedida por una ley.
    Sobre la muerte acontecida a Tulio Hostilio existen dos versiones diferentes:
    Una, habiendo caído enfermo, dicha enfermedad le procuró una superstición excesiva, que le llevó a recuperar rituales, celebrados en el reinado de Numa Pompilio, para honrar a los dioses. Errando en el modo de ofrecerlos a los dioses, según Tito Livio, Júpiter, haciendo eco de una cólera divina, acabó con su vida provocando por medio de un rayo un incendio en un palacio.
    Otra, según Dionisio de Halicarnaso, siendo ésta la historia más extendida, recelando de la abundante descendencia del rey, Anco Marcio, sobrino o nieto de Numa Pompilio, tramó, junto con un grupo de romanos, acudir al palacio real para quitar la vida tanto al monarca como a su familia. Luego prendió fuego al palacio y, para ocultar el incidente, se basó en una tormenta que se prodigaba en numerosos rayos, propagando que el causante de la tragedia había sido uno de aquellos rayos.
    Así pues Tulio Hostilio fue sucedido, al parecer dos años después, por Anco Marcio, como cuarto rey de Roma.
    13 min
  • A008 Roma, Historia Eterna - Monarquía II (los siete reyes - Numa Pompilio)o
    ROMA
    Período 750 al 510 antes de Cristo
    ó 3 al 243 ab urbe condita.
    De la monarquía o de los siete reyes.
    Numa Pompilio.
    Numa Pompilio, continuando con la tradición que narra la leyenda, fue el segundo rey de Roma, aunque se piensa que tal vez, en realidad, fue el primero. [Numa Pompilio era de origen sabino y la gens Claudia también].
    Se especula que nació en Cures de Sabinia hacia el 715 antes de Cristo o 38 ab urbe condita y murió hacia el 672 antes de Cristo o 81 ab urbe condita. Sucedió a Rómulo.
    Según Plutarco, el siete del quinto mes, día de las Nonas Capratinas, Romulo celebró fuera de la ciudad un sacrificio público junto al lago llamado de la Cabra.
    Le asistieron el Senado y la mayor parte del pueblo, congregados en los alrededores.
    De repente el cielo descargó una estruendosa tormenta, cayó mucha lluvia y el viento sopló con una fuerza intimidatoria.
    Entonces la muchedumbre aterrorizada se dio a la fuga y se dispersó.
    Cuando se reparó en la ausencia del rey, se trató de buscarle, pero no hubo hallazgo de su persona.
    El hecho originó una velada sospecha sobre los patricios y se difundió por la voz del pueblo que ellos habían acabado con la vida del rey, pues nunca desearon ser súbditos del desaparecido, porque últimamente los había tratado con cierto despotismo, pero sí ansiaron apoderarse de su autoridad.
    Para conjurar esta sospecha, recurrieron a un tal Julio Próculo, uno de los ciudadanos más ilustres, que declaró al gentío que había tenido una visión de Romulo, en la que lo vio, ataviado con sus armas, elevado al cielo para unirse a los dioses y que una voz proclamaba que se le diese el nombre de Quirino, para ser adorado como un dios más.
    No habiendo aún superado la ciudadanía la tragedia de la desaparición de su rey, la ciudad volvió a agitarse con motivo de la elección del futuro rey.
    Los primeros ciudadanos no estaban aún bien avenidos con los incorporados forasteros y se percibía cierto desasosiego, acrecentado por los recelos que se prodigaban los patricios, unos a otros.
    Todos pensaban que convenía elegir a un rey, pero no concordaban en la persona a designar y el pueblo de procedencia del elegido.
    En el fondo, los primeros fundadores de la ciudad junto con Romulo no toleraban, que a los venidos de Sabinia, beneficiarios de participar de la ciudad y del territorio, dominaran a los que habían concedido estos beneficios.
    Por otra parte, a los sabinos se les agradecía que, muerto su rey Tito Tacio, no se habían rebelado contra Romulo, dejándole reinar, pero éstos no ocultaban los deseos de que el nuevo rey fuera un sabino, porque no se sentían un pueblo subyugado por el romano, sino que libremente se fusionaron con ellos, consiguiéndose de ese modo un crecimiento de la población y, por consiguiente, un aumento de la grandeza de la ciudad.
    Para relativizar el alboroto, ya que permanecía suspenso el gobierno, dispusieron los patricios que, siendo ellos ciento y cincuenta, tomando cada uno separadamente las insignias reales harían a los Dioses los sacrificios establecidos, y despacharían seis horas de la noche por Tacio y seis del día por Quirino.
    Esta resolución se creyó que ostentaba una completa igualdad para los que mandaban, y que el cambio de la autoridad alejaba pueblo de todo motivo de envidia, al ver que una misma persona en el mismo día y en la misma noche pasaba de rey a ser particular.
    Este nuevo modo de gobernarse le llamaron los romanos interregno.
    Aparentemente daba la sensación de que nuevos disturbios no se prodigarían con un creado gobierno civil y benigno, que ciertamente no deseaba el reinado de un rey que les mandase.
    Transigieron los dos partidos que los sabinos elegiesen rey de entre los romanos y viceversa, porque éste sería el mejor modo de apaciguar la contienda, siendo preciso que el elegido los tratase con igualdad a ambos, agradecido con los unos porque le habían elegido y benévolo con los otros por el deudo y el origen.
    Eventualmente, decidieron que los romanos y sabinos deberán elegir un rey del otro grupo, es decir, los romanos elegirían un sabino y los sabinos un romano.
    Los romanos eligieron en primer lugar, y su elección fue el sabino Numa Pompilio.
    Los sabinos acordaron aceptar a Numa Pompilio como el rey sin molestarse en elegir a cualquier otra persona, y una delegación de ambos, romanos y sabinos, marchó para comunicarle su elección.
    Fue elegido por el Senado Numa Pompilio por su sentido de justicia y por su competencia religiosa, entrado ya en años, un hombre piadoso y sabio.
    Numa Pompilio ni siquiera vivía en Roma; residía en un pueblo cercano llamado Cures.
    Se había casado con Tacia, hija del rey sabino Tito Tacio, por lo que fue concuñado de Rómulo.
    Tras la muerte de la esposa, se convertió en un solitario y se cree que fue tomado por un espíritu de una ninfa.
    Posteriormente desposó a Lucrecia, de la cual nacerían Pomponio, Pino, Capo, Mamerco, Pompilio y según algunos estudiosos Pompilia.
    Estos dieron a su vez origen a las Gens: Pomponia, Pinaria, Calpurnia, Emilia, Pompilio y Pompilia.
    Sirva como inciso decir que Numa Pompilio fue tradicionalmente reverenciado por los romanos por su sabiduría y piedad.
    Además del respaldo de Júpiter, se cree que tuvo una relación directa y personal con un número de deidades, la más célebre la ninfa Egeria, quien acorde a la leyenda le enseñó a ser un legislador sabio.
    Según Tito Livio, Numa Pompilio aseguró que había mantenido reuniones de noche con Egeria sobre la manera correcta de establecer ritos sagrados para la ciudad.
    Plutarco sugiere que se aprovechó de la superstición para darse a sí mismo un halo de temor reverencial y fascinación divina, para así poder cultivar comportamientos más amables entre los belicosos romanos primigenios, tales como honrar a los dioses, respetar la ley, comportarse humanamente ante los enemigos, y vivir apropiadas vidas respetables.
    Volviendo al hilo de la cronología histórica, cuando llegó la delegación de Roma, Numa Pompilio rechazó la posición del rey al principio.
    Antes de que finalmente aceptara, sin embargo, insistió en mirar al cielo para ver una señal en el vuelo de las aves que auguraba que su reino sería aceptable para los dioses.
    También, más tarde, se convenció de aceptarla por su padre y Marcio, un pariente, y algunas de las personas locales de Cures.
    Ellos argumentaron que abandonados a sí mismos los romanos que seguían siendo tan guerreros como habían estado bajo Romulo, sería mejor para ellos tener un amante de la paz como rey, que, aunque no moderase su belicosidad por resultar ser imposible, al menos los dirigiera lejos de las curaciones y de las otras comunidades Sabinas.
    El primer acto de Numa Pompilio como rey fue despedir a los trescientos guardias de Romulo que siempre había mantenido a su alrededor.
    Con este rey termina el período llamado juvenilista propio de la cofradía de los lupercos, aquella cuya iniciación de sus jóvenes fue interrumpida por el secuestro de Remo.
    Aquellos muchachos fueron unos adolescentes eternos y siempre fieles que rodearon a Romulo hasta su muerte y eran los que componían su guardia personal.
    Eran los trescientos céleres o veloces.
    También a los sacerdotes de Júpiter y de Marte añadió otro tercero de Romulo, al que llamó Flamen Quirinal.
    Encontró placer en gozar del campo y andando ordinariamente solo por los bosques de los Dioses y por los prados sagrados, en lugares solitarios hacía su residencia.
    Sobre estos paseos fundamentó la voz acerca de la ninfa Egeria y el casamiento divino que le unió a ella, a la que amaba profundamente y por la que se sintió un hombre venturoso e instruido en las cosas de los dioses.
    En ocasiones denunció terrores de parte de los dioses, y fantasmas monstruosas de genios, y voces infaustas, cautivando y anonadando los ánimos del pueblo a causa de la superstición.
    Se le atribuye la organización religiosa de Roma, que era la de los sabinos y etruscos, con la creación de colegios religiosos del calendario sagrado y la introducción de los dioses sabinos.
    Su largo gobierno estuvo dedicado exclusivamente al establecimiento y a la consolidación de la religión pública y a la protección del orden interior.
    Se le atribuían poderes mágicos y se comentaba que recibía en una gruta los consejos de la ninfa Egeria de los que instituyó nuevos colegios sacerdotales y nuevos cultos.
    Por ejemplo, Quirino era el dios sabino de la guerra, equivalente al dios latino Marte.
    Posteriormente los romanos identificaron sus dioses con los dioses griegos, con lo que trasvasaron directamente a su mitología todas las leyendas griegas.
    Así, Zeus se identificó con el principal dios romano, Júpiter, sus hermanos Poseidón y Efesto se identificaron con Neptuno y Plutón.
    El dios de la guerra Ares se identificó con Marte, la diosa de la belleza Afrodita con Venus, etc.
    Durante un tiempo, los mitos sobre los dioses griegos fueron más conocidos a través de sus equivalentes romanos.
    No obstante, algunos dioses romanos no hallaron un equivalente entre los griegos.
    Aparte de que cada familia tenía sus propios dioses menores como protectores, estaba, por ejemplo, Jano, dios de las puertas y, por extensión, de las entradas y salidas, de los cambios.
    Había un templo en Roma dedicado a Jano cuyas puertas del templo se cerraban en señal de paz, y se abrían cuando Roma estaba en guerra.
    Durante el reinado de Numa Pompilio, las puertas permanecieron siempre cerradas, pero una muestra de la trayectoria posterior de Roma fue que en los siete siglos siguientes las puertas del templo de Jano sólo estuvieron cerradas cuatro veces, y ello por cortos periodos de tiempo.
    Se dice que tenía el poder de desencadenar el fuego de Júpiter.
    Es decir, que sabía producir descargas eléctricas que causaban pavor entre sus enemigos.
    Se le reconoce a Numa Pompilio la edificación del templo redondo de Vesta, para que en él se guardase el fuego sagrado, tratando de imitar, no la forma de la tierra como si fuese Vesta, sino la del universo mundo, ya que la religión veía en el fuego el comienzo de la vida.
    Originalmente fueron dos vestales, pero más tarde aumentó el número a cuatro.
    La tradición contempla que primero fueron consagradas por Numa Pompilio las vestales Gegania y Berenia, y después Canuleya y Tarpeya.
    La función principal de las vestales fue mantener encendida la llama sagrada y para preparar la mezcla de grano y de sal utilizada en sacrificios públicos.
    En general todo lo relativo al cuidado y veneración del fuego inmortal de que son guardas; o porque se llevase la idea de confiar la esencia pura e incorruptible del fuego a unos cuerpos limpios e incontaminados, o porque se quisiese poner al lado de la virginidad un ser infructífero e improductivo.
    El término prefijado por el rey a la continencia de estas sagradas vírgenes es el de treinta años: de él, en la primera década aprenden lo que tienen que hacer; en la segunda ejecutan lo que aprendieron, y en la tercera enseñan ellas a otras.
    Después de pasado este tiempo, a la que quiere se le permite casarse y abrazar otro género de vida, retirándose del sacerdocio; aunque se dice que no han sido muchas las que se han valido de esta concesión, y que a las que se han valido de ella no les han sucedido las cosas prósperamente, sino que entregadas al arrepentimiento y al disgusto por el resto de sus días, ha sido causa de superstición para las demás, tanto que hasta la vejez y la muerte han aguantado permaneciendo vírgenes.
    Concédenseles grandes prerrogativas, entre ellas la de testar viviendo todavía el padre, y hacer sin necesidad de tutores sus negocios, como las que son madres de tres hijos: llevan lictores cuando salen a la calle; y si por caso se encuentra con ellas uno que es llevado al suplicio, no se le quita la vida; pero es necesario que jure la virgen que el encuentro ha sido involuntario y fortuito, no preparado de intento; el que pasa por debajo de la litera cuando van en ella paga con la vida.
    Castígaselas también, y la pena suele ser golpes dados por el Pontífice Máximo, para lo que algunas veces desnudan a la culpada en un lugar oscuro, corriendo una cortina.
    La que ha violado la virginidad es enterrada viva junto a la puerta llamada Colina, donde a la parte de adentro de la ciudad hay una eminencia que se extiende bastante, llamada en latín el montón.
    Hácese allí una casita subterránea muy reducida, con una bajada desde lo alto; tiénese dispuesta en ella una cama con su ropa, una lámpara encendida, y muy ligero acopio de las cosas más necesarias para la vida, como pan, agua, leche en una jarra, aceite, como si tuvieran por abominable destruir por el hambre un cuerpo consagrado a grandes misterios.
    Ponen a la que va a ser castigada en una litera, y asegurándola por afuera, y comprimiéndola con cordeles para que no pueda formar voz que se oiga, la llevan así por la plaza.
    Quedan todos pasmados y en silencio, y la acompañan sin proferir una palabra, con indecible tristeza: de manera que no hay espectáculo más terrible, ni la ciudad tiene día más lamentable que aquel.
    Cuando la litera ha llegado al sitio, desátanle los ministros los cordeles, y el Pontífice Máximo, pronunciando ciertas preces arcanas y tendiendo las manos a los dioses por aquel paso, la conduce encubierta, y la pone sobre la escalera que va hacia abajo a la casita; vuélvese desde allí con los demás sacerdotes, y luego que la infeliz baja, se quita la escalera, y se cubre la casita, echándole encima mucha tierra desde arriba, hasta que el sitio queda igual con todo aquel terreno; y ésta es la pena que se impone a las que abandonan la virginidad que habían consagrado.
    Si bien Romulo instituyó el cuerpo de augures, siendo él mismo reconocido como el más destacado de entre todos ellos, de la misma forma que Numa Pompilio instituyó los pontífices, atribuyéndosele la creación del dogma religioso de Roma.
    Los pontífices fueron responsables de sacrificios públicos y funerales.
    El Pontífice Máximo ostentó un cargo de intérprete y de profeta, o más bien de hierofante, cuidando, no solamente de los sacrificios públicos, sino velando también sobre los que cada particular hacía, e impidiendo que se faltase a nada de lo prescrito, y enseñando además qué culto y qué expiación correspondía a cada uno de los dioses.
    Era también superintendente de las vírgenes sagradas que se llaman vestales.
    Se dice que Numa Pompilio fue autor de diversos "libros sagrados" en donde había plasmado las enseñanzas divinas, la mayoría provenientes de Egeria y las Musas.
    A petición suya fue enterrado junto a estos "libros sagrados", prefiriendo que las normas y rituales que prescribían fueran preservados en la viva memoria de los sacerdotes del estado, en vez de conservarse como reliquias sujetas al olvido y al desuso.
    Se creía que alrededor de la mitad de estos libros abarcaban los sacerdocios que había establecido o creado, incluyendo los flamines, pontifices, Salii, y fetiales y sus ritos. Los otros libros trataban sobre filosofía (disciplina sapientiae).
    Los Salii fueron los responsables de la seguridad de un escudo que supuestamente había caído del cielo y fue paseado por la ciudad cada año acompañado por el Salii bailando en la armadura.
    Los fetiales eran pacificadores.
    Hasta que estuvieron de acuerdo en que era una guerra justa, ninguna guerra podría ser declarado.
    Luego que hubo arreglado los sacerdocios, edificó junto al templo de Vesta la que se llamó Regia, esto es, Casa o Palacio Real, y allí pasaba la mayor parte del tiempo ocupado en las cosas sagradas o instruyendo a los sacerdotes, o entreteniéndose con ellos en la investigación de las cosas tocantes a la divinidad.
    Tenía otra casa en el collado Quirinal, cuyo sitio se muestra todavía.
    En las grandes fiestas, y generalmente en todas las procesiones sacerdotales, iban ciertos ministros por la ciudad previniendo el reposo, y que se cesase en todo trabajo.
    A Numa Pompilio se le atribuye haber obligado a los dos panes Pico y Fauno a revelar algunas profecías sobre cosas que ocurrirían.
    Se ocupó también de reformar el calendario dividiéndolo en doce meses lunares, añadiendo los meses de enero y febrero, a los diez meses del calendario romuleano.
    El mes de enero se convirtió en el primero del año y, seguramente, febrero se colocó en la última posición, que mantuvo tal vez hasta el siglo IV antes de Cristo, cuando pasó a ser el segundo mes del año.
    El calendario fue fijado en 360 días al año, pero el número de días en un mes enormemente variado.
    Numa Pompilio estimó el año solar en 365 días y el año lunar en 354 días.
    Se dobló la diferencia de once días y se instituyó un mes bisiesto de 22 días para venir entre febrero y marzo (que originalmente era el primer mes del año).
    Hizo de enero, el primer mes, y que puede haber añadido los meses de enero y febrero en el calendario también. El mes de enero se asocia con el dios Jano.
    Además, repartió entre los ciudadanos los terrenos conquistados por su predecesor y consagró en el Capitolio un altar al dios de las fronteras "Terminus".
    Distribuyó la tierra conquistada por Romulo a los ciudadanos pobres, con la esperanza de que un modo de vida agrícola haría que los romanos fuesen más pacíficos.
    Él inspeccionar las granjas a sí mismo, promoviendo aquellos cuyas granjas mirado bien cuidado y amonestando a aquellos cuyas granjas mostraron signos de pereza.
    La gente todavía pensaban de sí mismos por primera vez como romanos originales o sabinos, en lugar de ciudadanos de Roma.
    Para superar esta división, Numa Pompilio fue el primer rey que organizó una corporación de artesanos en gremios basado en las ocupaciones de sus miembros.
    Instituyó ocho clases: flautistas, orífices, carpinteros, tintoreros, zapateros, curtidores, broncistas y alfareros.
    Atribuyó o concedió a cada clase formar comunidad y tener sus juntas y su modo particular de dar culto a los dioses, entonces por la primera vez se quitó de la ciudad el decirse y reputarse Sabinos o Romanos, unos ciudadanos de Tacio, y otros de Romulo; de manera que la nueva división vino a ser armonía y unión de todos para con todos.
    Elógiase también, entre sus disposiciones políticas, la corrección que hizo de la ley que concede a los padres el derecho de vender los hijos, exceptuando a los casados, si el matrimonio se había hecho con aprobación o mandato del padre: porque le pareció cosa muy dura que cohabitara con un esclavo la mujer que se había casado con un hombre libre, en el concepto de serlo.
    La cultura romana era precaria.
    Los pueblos etruscos superaban en saber y conocimientos a los romanos, que solo eran pastores, agricultores, etc.
    Trabajaban de sol a sol y dormían cuando oscurecía.
    Usaban la misma ropa para el trabajo y para el ocio.
    Comían harina de farro, aceite y queso.
    El rey era uno más de los ciudadanos.
    Vestía y se alimentaba como ellos y no poseía aquella guardia de corps que crearían los emperadores Julio-Claudios.
    Tampoco ostentaba un cortejo, ni lucía trono, hasta que los Tarquinios ocuparon el poder.
    Cuando Numa Pompilio murió a los ochenta años, dejó una hija, Pompilia, que estaba casada con Marcio, el hijo del Marcio que lo había persuadido a aceptar el trono.
    Su hijo, Anco Marcio, tenía cinco años de edad, y ​​más tarde se convirtió en el cuarto rey de Roma.
    Hicieron también ilustre su vida con las mismas exequias los pueblos aliados y amigos, concurriendo a ellas con públicas ofrendas y coronas; llevaban el féretro los patricios, y le acompañaban y seguían los sacerdotes de los dioses; y luego después venía una inmensa muchedumbre, mezclados mujeres y niños, y no como en el entierro de un rey anciano, sino que, como si cada uno hubiese perdido la persona más cara en la flor de la edad, así era el llanto y el clamor de todos.
    No pusieron el cadáver en hoguera por haberlo prohibido él mismo, según se dice, sino que se hicieron dos cajas de piedra, que se colocaron en el Janículo, de las cuales la una contenía el cuerpo, y la otra los libros sagrados que él mismo había escrito, al modo que los legisladores griegos sus tablas, enseñando en vida a los sacerdotes lo que contenían, e inspirándoles el hábito y la sentencia de todo; pero a su muerte mandó que se sepultasen con su cuerpo, porque no estaba bien que a unas letras muertas se confiaran tales misterios.
    Ancias dice que de los libros puestos en la caja, doce fueron hierofánticos, y otros doce de filosofía griega.
    Pasados unos cuatrocientos años, siendo cónsules Publio Cornelio y Marco Bebio, sobrevinieron grandes lluvias, y, abriéndose una sima, la corriente levantó las cajas; y quitadas las losas que las cubrían, la una se halló enteramente vacía, sin que tuviese parte ni resto alguno del cuerpo; pero, habiéndose hallado escritos en la otra, se dice que los leyó Petilio, entonces pretor, y que habiendo hecho entender al Senado con juramento que sería ilícito y sacrílego el que lo escrito se divulgase, se llevaron los libros al Comicio, y allí se quemaron.
    Comúnmente sucede a todos los hombres justos y virtuosos que gozan de mayor alabanza a la postre después de su muerte, porque la envidia no sobrevive mucho tiempo, y aun a veces se extingue durante su vida; pero la gloria de Numa Pompilio aún tuvo otra cosa que la hizo más brillante, y fue la suerte que cupo a los reyes sus sucesores; porque de cinco que fueron los que hubo después de él, el último, arrojado del imperio, acabó sus días en un destierro; de los otros tres, ninguno murió de muerte natural, sino que todos tres acabaron muertos a traición; y Tulo Hostilio, que reinó inmediatamente después de Numa Pompilio, habiendo escarnecido y desacreditado sus más loables instituciones, y más especialmente las relativas a la piedad, como propias de holgazanes y de mujeres, inclinó a sus ciudadanos a la guerra; y con todo no pudo perseverar en esta su osadía, sino que, habiéndosele trastornado el juicio de resulta de una grave y complicada enfermedad, se entregó a una superstición muy poco conforme con la religión de Numa Pompilio; contagio que en mayor grado todavía hizo contraer a los demás, con haber muerto, según se dice, abrasado de un rayo.
    En 181 antes de Cristo o 572 ab urbe condita, su tumba fue descubierta en una inundación, pero se encontró su ataúd a estar vacío.
    Sólo los libros que habían sido enterrados en un segundo ataúd, se mantuvo.
    24 min
  • A007 Roma, Historia Eterna - Monarquía I (los siete reyes - Romulo)
    ROMA
    Período 750 al 510 antes de Cristo
    ó 3 al 243 ab urbe condita.
    De la monarquía o de los siete reyes.
    Rómulo.
    Según cuenta la leyenda, tras la caída de Troya (Ilión), el heleno Eneas, hijo de Anquises y de la diosa Venus, acosado por la diosa Juno, que lo odiaba, arribó a las costas de Italia frente a la desembocadura del Tíber, tras un fatigoso y peligroso viaje.
    Yerno de Príamo, rey de Troya, estaba casado con una de sus hijas de nombre Creúsa.
    El hijo de ambos Iulo o Ascanio le acompañó en su fuga.
    El rey Latino unió a Lavinia con Eneas y, aliado con el corintio Evandro, derrotaron al rey de los rútulos, Turno.
    Acto seguido, Eneas fundó la ciudad de Lavinium, cerca de la desembocadura del Tíber.
    Al morir su hijo Ascanio, fundó otra ciudad a la que llamó Alba Longa, que, convertida en la capital del Lacio, sería gobernada por sus descendientes.
    El último rey de Alba Longa fue Amulio, que, tras destronar a su hermano Numitor, obligó a su sobrina Rea Silvia a convertirse en Vestal, para prevenir una descendencia que pusiese en peligro su usurpación.
    A este destino se opuso el dios de la guerra, Marte, que se enamoró y sedujo a la sobrina de Amulio. A causa de la unión carnal habida, quedó embarazada de dos gemelos: Rómulo y Remo.
    Amulio, anticipándose en el tiempo a una posible pérdida del trono, resolvió hacer desaparecer de la faz de la tierra a estos infantes, que podrían albergar deseos de destiruirle en el futuro.
    Los críos fueron abandonados a sus suerte en una cesta arrojada al río Tíber.
    La canasta encalló en la zona de las siete colinas situada cerca de la desembocadura del Tíber, en un pantano llamado Velabrum, sito entre las colinas Palatino y Capitolio, nombrado Cermalus.
    Una loba de nombre Luperca llegó al lugar donde dormitaban los niños para beber, bajo la higuera Rumial.
    Al encontrarlos les salvo de una muerte segura y los condujo a su guarida del monte Palatino, donde los amamantó.
    Pasado un tiempo, el pastor Faústulo, que era porqueriza de Amulio, los halló y llevó a su casa para que los criara su mujer, Acca Larentia
    Se interpreta que la loba que amamantó a Rómulo y Remo fue, en realidad, una mujer, cuyo oficio era la prostitución y, como tal, llamada despectivamente "lupa" o loba, que no es más que el apodo con el que se designaba a toda ramera romana.
    Rómulo, ayudado por su hermano, desempeñó el papel de hombre prudente y justo en política exterior.
    Hechos que corroboran estos preceptos fueron que, siendo adultos, supieron su verdadera identidad, conjuraron contra el rey Amulio, para entronizar nuevamente a su abuelo Numitor como rey de Alba Longa como legítimo heredero.
    Sin embargo, otra versión acerca de este acontecimiento manifiesta que, enterado de su origen real, Rómulo mató a Amulio y dio el poder a su abuelo Numitor.
    También se cree que Rómulo y Remo pertenecieron a una gens etrusca.
    Rómulo y Remo abandonaron Alba Longa, para crear una ciudad, que fuera colonia de aquella.
    Acudieron al lugar donde el pastor los encontró y dispusieron fundar su ciudad.
    Para Rómulo el monte Palatino era el más adecuado, pero para Remo los era el monte Aventino.
    Como la ley de la primogenitura no podía aplicarse en este caso, resolvieron, junto con los nuevos habitantes, elegir de otra forma al futuro rey.
    Se pactó que el jefe de la ciudad debía de ser aquél que fuera coronado por doce pájaros de buen agüero.
    Mientras Remo observó seis buitres, Romulo dobló el cómputo, ganando así el derecho a establecer los límites de la nueva ciudad y a prohibir que se traspasasen durante las ceremonias.
    Romulo trazó sobre el Palatino un surco, futuro embrión de la ciudad.
    La Roma Quadrata, delimitada por el arado de Rómulo, nació sobre la escarpada colina del Palatino, dominando el río, (753 antes de Cristo o 1 ab urbe condita).
    Rómulo fue el afortunado y ocupó el cargo que le correspondía.
    Rómulo fomentó una ley, que hacía referencia a los muros, y contenía la siguiente frase: quien osara violar los muros sería matado por sus propias manos.
    Remo, odioso de la posición de su hermano, desacató la ley dictada por el rey, traspasando los muros.
    Rómulo, enterado del suceso, peleó contra su hermano, al que hirió, muriendo poco después a causa de las heridas. Rómulo enterró a su hermano en el lugar donde quería fundar Remoria.
    En el 753 antes Cristo ó 1 ab urbe condita se produce la fundación de Roma, que surgió de la reunión (sinecismo) de varios establecimientos prearios (sabinos) [Viminal y Quirinal], indoeuropeos (latinos) [Roma Quadrata sobre el Germal] y etruscos, situados sobre unas colinas (según los antiguos, eran siete en la orilla izquierda, a las que se añadieron después el Janículo, el monte Mario, etc., en la orilla derecha), dominando el cruce de las dos grandes rutas que unían Etruria y Campania (puente Sublicio sobre el Tíber, entonces difícilmente navegable) y el Apenino central a la costa (ruta de la sal).
    Los latinos y los sabinos formaron la Liga Septimoncial (comunidad urbana de influencia etrusca: el nombre de Roma deriva de la gens etrusca: Ruma).
    Los sabinos eran de costumbres rudas y estaban emparentados con los samnitas, umbros y oscos.
    Los latinos ocupaban el Lacio, hablaban lengua indoeuropea y se originaron al parecer por la fusión étnico-cultural con las tribus establecidas originalmente en los montes albanos.
    Tras cierto florecimiento en la cultura de Vilanova, correspondiente a grupos de carácter pastoral unidos en la liga religiosa, el influjo de etruscos y griegos (desde 700 antes de Cristo) produjo una modificación profunda.
    Posteriormente se considera el 21 de abril de 753 antes de Cristo, como fecha de la fundación y comienzo de la cronología ("Ab urbe condita"), y se popularizaron leyendas en torno a sus orígenes.
    Rómulo pobló su ciudad con fugitivos y proscritos de ciudades vecinas y tierras aún más lejanas, tanto hombres libres como esclavos, probablemente también campesinos y pastores de las cercanías.
    Debido a la diversidad de su gente, decidió organizarlos en un solo cuerpo político, promulgar leyes y crear costumbres comunes y eligió a los primeros cien patres, que el rey nombró senadores y cuyos descendientes serán los patricios.
    La recién fundada Roma fue creciendo rápidamente, llegándole inmigrantes de todos los lugares, pero el número de mujeres era escaso. Tras el fracaso de las enviadas embajadas, todas rechazadas, a pueblos vecinos para conseguir mujeres, decidió usar la astucia.
    Así ideó el célebre rapto de las sabinas ofreciendo unos juegos en honor a Neptuno que llamaron Consualia.
    Se invitó a vecinos de algunas ciudades latinas y a los sabinos cerca del Quirinal.
    En el transcurso de los juegos se secuestró a las mujeres sabinas, invitadas a la fiesta de Roma.
    Raptadas las hijas, los padres de las doncellas huyeron y los romanos se escudaron acusándolos de violar su hospitalidad.
    La guerra estalló entre ambos pueblos.
    A los sabinos se les unieron como aliados pueblos latinos, entre ellos; Caecina, Antemnas y Crustumerium.
    Como Rómulo no adoptaba medidas para volver al "status quo" anterior al rapto, estos aliados latinos marcharon sobre Roma.
    Ralentizada esta marcha, el rey de los ceninetes, Agron, decidió ir solo con su ejército a la nueva ciudad.
    Encontrados un ejército frente al otro, Romulo y Agron se enfrentaron cuerpo a cuerpo, mientras les observaban intrigadas las tropas.
    Romulo venció y, posteriormente, entablándose una batalla, acabó con el enemigo ( año 753 antes de cristo o año 1 ab urbe condita) y conquistó Caecina en el primer intento, donde dejó una guarnición y estableció colonos.
    La población de la recién conquistada ciudad fue traladada a Roma y se le concedió la ciudadanía con los mismos derechos que los nativos.
    Habían pasado apenas tres meses desde la fundación de la ciudad.
    Rómulo al parecer logró calmar a las jóvenes y con el paso del tiempo, los secuestradores lograron ganarse su afecto al demostrar que eran buenos esposos.
    Rómulo tomó como esposa a Hersilia, noble sabina, con la que tendría dos hijos: una niña llamada Prima y un varón llamado primero Aolio, pero posteriormente Abilio.
    Sin embargo, Plutarco admite que esa versión es negada por otros, pues muchos dicen que fue dada como esposa a un tal Hostilio en Medulia, con el que tuvo un hijo, Hosto Hostilio, que sería abuelo del tercer rey romano Tulo Hostilio.
    Después de celebrar un triunfo exponiendo las spolia opima (trofeos obtenidos en la guerra) y el cadáver de Agron, transportado en un carro confeccionado explicitamente para ello, Romulo dedicó la victoria al dios Jupìter (el Zeus griego).
    La guerra continuó, obteniendo los romanos las ciudades de Antemnas, Crustumerium y Fidenas.
    El sabino Tito Tacio (Titus Tatius), conociendo que sus aliados fueron vencidos, marchó sobre Roma.
    Y los hechos a continuación relatados, que no dejan de ser más que leyenda, disimulan, sin duda, una derrota de los romanos y su absorción parcial por los sabinos.
    Así Tarpeya, vestal romana, hija de Spurio Tarpeyo, que tenía el mando de la fortaleza del Capitolio en tiempos de Rómulo y durante el sitio que los sabinos pusieron a esta ciudadela, ella se prendó de los brazaletes de oro que ellos llevaban en la muñeca izquierda, y prometió entregársela si le daban "lo que llevaban en el brazo izquierdo".
    Ellos se lo prometieron, pero, una vez llevada a cabo la traición, los sabinos atraparon a Tarpeya con sus pesados escudos, que llevaban también en el brazo izquierdo.
    Se ha supuesto que la referida fuera una divinidad local, primitiva, a la que se consagraban los escudos, pero, según otra leyenda, Tarpeya traicionó a su patria por estar enamorada de Tito Tacio, jefe de los enemigos, y su padre, en cambio, fue ejecutado acusado de traición.
    Tras la caída de la fortaleza del Capitolio, que ocuparon los sabinos, éstos se enfrentaron a los romanos, situados en el Palatino, y lucharon en el llano que separaba ambos montes, el futuro lugar del Foro romano, que debido a las fuertes lluvias estaba algo inundado.
    El campo de la batalla estaba entonces rodeado de numerosas colinas, bastante estrecho y con pocas vías de escape.
    Al día siguiente se enfrentaron los campeones de ambos pueblos: Mercio o Marco Curcio de los sabinos y Hosto Hostilio de los romanos.
    Curcio se adelantó tanto a sus tropas que llegó a quedar atrapado con su caballo en la zona inundada, salvándose casi de milagro de morir ahogado, motivo por el cual el lugar fue nombrado lago Curcio mientras que Hostilio murió al inicio del combate, lo que motivó al ejército romano a huir refugiándose en el Palatino.
    Cuando Rómulo trató de imponer orden, fue herido por una piedra y arrastrado por la muchedumbre atemorizada en que se había convertido su ejército.
    Cuando recuperó el conocimiento, invocó a Júpiter y prometió construirle un templo en su nombre si le daba la victoria.
    Luego ordenó a sus hombres y defendió los lugares donde estaban refugiados, donde estarían los cimientos de Regia y el Templo de Vesta, conteniendo a las mejores tropas sabinas.
    Fue en esos momentos que las sabinas intervinieron en medio de la lluvia de proyectiles para evitar que sus padres (sabinos) y sus esposos (romanos) se siguieran matando entre sí.
    Más tarde, aceptaron conjuntamente un tratado de alianza por el que podían habitar en Roma junto con los romanos, aunque los sabinos conservaron su propio rey, Tito Tacio [rey de Cures (Sabina) que había tomado, según la leyenda, las armas para vengarse del citado rapto; luego, al parecer, reinó con Rómulo en Roma] y su senado, y se fusionaron.
    El rapto de las sabinas y el episodio en que Hersila separa a Rómulo y a Tito Tacio han inspirado a escultores.
    Una vez firmada la paz, muchos sabinos se trasladaron a Roma así como otras gentes de diversos pueblos vencidos.
    Se inició un gobierno conjunto entre ambos monarcas, una diarquía.
    Cada rey se reunía con su cuerpo de senadores, 100 en total, y acordaban qué hacer. Luego se volvían a reunir ambos y definitivamente adoptaban una decisión final.
    Según las fuentes, ambos reyes se llevaron bastante bien y no tuvieron mayores problemas.
    El ejército romano pasó de los 3000 infantes y 300 jinetes originales al momento de su fundación al doble: 6000 de a pie y 600 a caballo.
    Se organizaron en tres tribus: los ramnes o ramneses (ramnes), ticios o titienses (tities) y lúceres o lupercos (luceres).
    Los primeros eran leales primariamente a Rómulo, los segundos a Tacio y los terceros de orígenes inciertos -aunque muchas veces se les da a los ramnes un origen sabino, los ticios latinos y los lúceres etruscos-.
    Además el pueblo fue nombrado quiritas (quirites) a petición de Tacio en recuerdo a su antiguo país, la ciudad de Cures o Cures de los Sabinos (Curi o Cures Sabini), ya que la gente de esa región se hacía llamar curites.
    Este sería el etnónimo del pueblo romano para referirse a ellos mismos.
    Además, Rómulo dividió al pueblo en dos clases: los patricios (patres), que gozaban de plenos derechos y estaban capacitados para ser consejeros y funcionarios y los plebeyos (plebs) que solo poseían derechos reducidos.
    Al quinto año de diarquía (lo que hubiera sido aproximadamente entre 748 antes de Cristo o 5 ab urbe condita y 746 antes de Cristo o 7 ab urbe condita), parientes de Tito Tacio asaltaron a una comitiva de mensajeros que venían de Laurento (Laurentum) a Roma, pero cuando estos se resistieron los asesinaron. Los deudos exigieron justicia a Rómulo pero este se vio impedido, pues Tito Tacio se negaba a castigar a los involucrados.
    Los parientes de las víctimas finalmente asesinaron al rey sabino en Lavinio (Lavinium). Rómulo enterró con honores a Tito Tacio en el Armilustro en el Aventino.
    Los laurentanos, temerosos de que hubiera por estos hechos una guerra, entregaron a los culpables pero Rómulo no los castigó y decidió que la muerte de su colega era el precio pagado por la muerte de los mensajeros.
    Sin embargo, algunos asumieron que estaba feliz de tener el poder para él solo.
    Al parecer poco tiempo después una peste afectó a Laurento y Roma, lo que fue visto como un castigo por no hacer justicia por la muerte de Tito Tacio.
    Antes de que terminara esta pestilencia, los habitantes de Cameria (Camerium) invadieron territorio romano esperando que estos no pudieran detenerlos.
    Estaban equivocados. Rómulo marchó contra ellos y los derrotó en batalla, matando a 6000 de ellos.
    La ciudad fue tomada y la mitad de sus habitantes fueron llevados a Roma, mientras que el rey romano instaló tantos colonos que doblaron en población a los camerios que quedaban en la ciudad.
    Al volver a Roma, el monarca celebró un triunfo y consagró un templo a Vulcano.
    Habían pasado solo dieciséis años desde la fundación de la ciudad (aproximadamente en 737 antes de Cristo o 16 ab urbe condita.)
    Rómulo reinó treinta y seis años y a la edad de cincuenta y cuatro años desapareció misteriosamente durante una tempestad, alrededor del año 716 antes de Cristo o 37 ab urbe condita.
    Las diversas reliquias que conservaron los romanos (higuera Rumial, cabaña de Rómulo), existían y una tumba de Rómulo en el Foro.
    Según la tradición Rómulo fue elevado a los cielos por una tormenta o eclipse justo cuando pasaba revista al ejército en la ciénaga Capra (Caprae Palus), el futuro Campo de Marte.
    Luego, los romanos le nombrarían deidad con el nombre de Quirino y le construyeron un templo en la colina llamada Quirinale.
    Sin embargo, lo más probable es la sospecha que venía aún de tiempos antiguos: fue asesinado por los patres (incluidos senadores) y su cuerpo fue desmembrado y hecho desaparecer.
    Después de todo a su estilo despótico de gobierno al final de su vida se sumaban las acusaciones de estar involucrado en la muerte de Tito Tacio.
    Según Livio los senadores no se pusieron de acuerdo en quién debía ser el nuevo monarca, temerosos de terminar en un conflicto abierto entre las distintas facciones.
    Pasaron un año turnándose en el gobierno por un lapso de una semana al mando cada uno, pero este sistema llamado interregno (interrex) no funcionó y la gente empezó a protestar, además de que se veían débiles ante sus vecinos al no haber una autoridad central.
    Los senadores, sabiendo que no podrían contener esa indignación, prefirieron encauzarla para evitar perder completamente el poder.
    El sistema que originaron era que el rey seria alabado por el pueblo pero luego debía ser aceptado por el Senado para ser legitimado.
    Como sucesor de Quirino fue electo Numa Pompilio un hombre de fama como sabio y piadoso de unas cuatro décadas de edad (nacido aproximadamente en el mismo año que lo hizo Roma).
    19 min
  • A006 Roma, Historia Eterna - Monarquía (religión)
    Dioses mitológicos, dioses domésticos y dioses públicos.
    La religión romana tiene grandes implicaciones políticas; está supervisada por los magistrados y los celebrantes dependen del estado. Se distingue entre el culto público estatal (Sacra publica pro populo romano) y el privado (Sacra privata) o familiar (gentes), cuyo celebrante es el pater familias. La religión romana, cuyos dioses eran de origen latino y etrusco, que, posteriormente, fueron aumentando con la incorporación al culto de otras deidades griegas, egipcias y frigias, adaptando nombres y atributos, fue animista configurada por una trinidad suprema constituida por: Júpiter (Optimus maximus), en un principio, padre resplandeciente del cielo, y posteriormente, dios de la lluvia, el viento y las tempestades; Marte, primitiva divinidad de la agricultura, transformado años adelante en dios de la guerra y señor de la vida y de la muerte; Quirino, con los mismos atributos de Marte y protector del Quirinal.
    Pasan a formar la trinidad mencionada, por mediación de la influencia etrusca (506 antes de Cristo o 247 ab urbe condita)), Júpiter, Juno y Minerva, y bajo ella se inicia la era republicana.
    Otras deidades importantes: Jano, dios del umbral (jauna o puerta, de donde deriva el nombre el primer mes del año: januarius o enero), invocada antes de dar comienzo a una actividad; Liber (Dionyso), dios de los viticultores, con culto orgiástico. Vulcano (Hefaistos), dios del fuego; Mercurio (Hermes), dios del comercio.
    Las divinidades femeninas más veneradas son: Vesta, dios de los rebaños y del hogar (culto de las vestales), y de Ceres (Deméter), diosa de la agricultura.
    Con el paso del tiempo, se fueron adoptaron casi todas las deidades griegas, adaptando sus nombres y, en algunos casos, sus atributos. Así, Afrodita era Venus, Febo era Apolo, Ares era Marte o Poseidón era Neptuno.
    Algunos de los cultos helenísticos que más ganaron popularidad fueron: el culto de la Magna Mater/Cibeles, originario de Frigia, en Asia Menor, los cultos de Isis y Osiris, procedentes de Egipto y el culto de Mitra, originario de Persia e India.
    El Pontífice Maximo (Pontifex Maximus) era el jefe supremo de los sacerdotes (mayores y menores). Los sacerdotes formaban colegios sacerdotales. A los dioses se les ofrendaba en santuarios (aedicula) y en templos (templum).
    27 min
  • A005 Roma, Historia Eterna - Monarquía (familia)
    Hubo cuatro etapas distintas en la historia de la familia romana; a saber, la regia (desde la fundación de la ciudad hasta la caída de los reyes o fin de la monarquía), la arcaica (desde la primera República hasta el final de las guerras púnicass), la preclásica (desde el siglo II antes de Cristo hasta el ascenso de Cayo Julio Cesar Octaviano Augusto, Gaius Julius Caesar Octavianus Augustus) y la clásica (que abarca el Principado).
    La familia romana, como institución, se fundamenta en el origen del pater familias. En toda familia romana a su cabeza está el pater familias, con poder ilimitado e indivisible (patria potestas) sobre el cónyuge (mater familias), sus hijos (filii), sus esclavos (servi) y su ganado (pecus), así como toda propiedad mueble o inmueble.
    El pater familias generalmente será el miembro más anciano de la familia, cuya posición se sostiene sobre la base de la patria potestas, la dominica potestas y la manus.
    La patria potestas es el poder que el derecho le reconoce sobre sus hijos, la dominica potestas se aplica sobre los esclavos, mientras que la manus se ejerce específicamente en la mujer.
    Con la muerte del pater familias la patria potestad se extingue y los hijos pasan a ser libres, dueños de sus vidas y de los bienes correspondientes. La preservación del orden doméstico (disciplina potestas) la realiza el padre mediante la autoridad (sapientia), madurez de juicio (consilium) e integridad (probitas). La circunspección (diligentia), el rigor (severitas) y el autodominio (continentia, temperantia) definen el carácter solemne (gravitas) de sus actos, que se adquieren por la laboriosidad (industria) y la tenacidad (constancia).
    A la descendencia se la educa en el ejemplo de los mayores (mos maiorum). La humildad (modestia) y la veneración (reverentia) la son las virtudes que deben presidir la relación de las generaciones jóvenes con los mayores.
    A las primeras se les exige, además, obediencia (obsequium), respeto (verecundia) y pureza (pudictia, integritas morum). Tales normas de comportamiento constituyen a su vez la base de la disciplina militar y, en su conjunto, conformarán la estructura familiar del occidente europeo hasta tiempos muy posteriores.
    El valor (virtus), la independencia de juicio y acción (libertas), la gloria, la devoción (pietas), la fidelidad o fiabilidad (fides) y la situación en la vida pública (dignitas) constituyen las virtudes ideales del ciudadano romano. Éste debe poner al servicio de la comunidad (res publica) con el fin de contribuir al mayor poderío y grandeza de su pueblo (maiestas populi romani).
    El bien común es la ley máxima (salus populi suprema lex). La vida del ciudadano, en cuyo pensamiento y en cuyos actos el interés del estado debe ocupar una posición principal, se desarrolla en dos esferas bien delimitadas: res publica (asuntos colectivos) y res privata (cuestiones privadas), supeditándose siempre la segunda a la primera.
    El estado romano es un estado de fundamento jurídico en cuanto que la ley (lex) ha pasado a ocupar paulatinamente la primitiva función del rey (rex); pero no se apoya en una constitución escrita: la base de la acción y el pensamiento político son la experiencia de las generaciones anteriores (mos maiorum), que incide sobre la formación del individuo como principal factor educativo.
    Junto a estos valores admitidos, que constituyen el esquema ideal de la vida ciudadana en sus dimensiones pública y privada, destacan dos factores que influyen en la orientación y características de la política de Roma: un radical pragmatismo y la eficacia organizadora.
    La mayor aportación del pueblo romano a la civilización fue el derecho. Junto al ius civile (derecho procedente de las fuentes tradicionales: ley y costumbre) se desarrolla, como consecuencia de la expansión romana en la península itálica, el ius gentium (derecho de gentes; tras posterior evolución, fundamento del derecho internacional), aplicable a cualquier individuo no romano.
    El ius civile y el ius gentium corresponden al ámbito del ius publicum (ius populi), que abarca las normas reguladoras de las relaciones con el estado, en contraposición al ius privatum (ius singulorum), solo aplicable a las relaciones interfamiliares.
    A finales de la época imperial el ius publicum, puesto al servicio del Estado, recoge y codifica medidas de carácter coercitivo. Con base en la autoridad que le ha sido conferida, el pretor, al tomar posesión de su cargo, publica un edicto donde expone su criterio jurídico (ius praetorianum) y dicta instrucciones concretas a los jueces (ius dictio).
    Este edicto está en vigor durante la permanencia del pretor en el cargo, pero su antecesor puede rechazarlo; sólo hacia el final de la República surge el edictum perpetuum, de carácter irrevocable.
    Junto a la norma jurídica (lex) aprobada en asamblea y codificada por escrito (ius scriptum) subsisten los mores o derecho consuetudinario (ius non scriptum). Durante la República las leyes se aprueban a propuesta del magistrado y por acuerdo de la asamblea popular.
    La actividad de los juristas se basa al principio en la praxis, posteriormente crean una auténtica ciencia del derecho (época imperial) y forman escuelas (sectae sabinianos, proculianos).
    Los juristas más destacados, basándose en un privilegio otorgado por el emperador, emiten ciertos dictámenes (responsa prudentium) vinculantes para los jueces.
    Es importante la legislación imperial, pues viene a contemplar el desarrollo del derecho. La recopilación de leyes se realiza en el Corpus Iuris. La adopción del derecho romano por parte de los pueblos romanizados de Europa, mantenida hasta tiempos muy posteriores, prueba su gran importancia.
    Regresando a las etapas que se mencionan en el primer párrafo de este capítulo de Roma, Historia Eterna, se van a desglosar del modo cpomo sigue:
    a) La etapa de la época regia muestra la primitiva ciudad, la llegada de los
    primeros clanes, la formación de la plebe y una economía basada en el cultivo y pastoreo que se transforma en la pequeña propiedad y la producción de trigo.
    Las gentes que constituían la sociedad poseían territorios comunes y su población estaba compuesta por una clase dominante y otra sometida.
    La producción era de carácter comunitario y la autoridad central de la ciudad era más bien débil frente al poder de los gentiles. Con la absorción de la civilización etrusca, la ciudad es invadida por la cultura etrusca, que la moderniza rápidamente.
    De igual modo, se realizan grandes obras públicas, muchos de los clientes pasan a formar parte de la plebe y se produce un aumento demográfico. Con ello, la fisonomía de la ciudad cambia, así como la economía de ámbito familiar se sustenta en la pequeña propiedad explotada por padre e hijos.
    b) La etapa de la época arcaica comienza con una revolución que destrona
    al último rey y da paso a la primera República y a las luchas de la plebe para igualarse en derechos al patriciado.
    El poder de las gentes sucumbe al de la gens, como figura familiar, que se cimenta con la Ley de la XII Tablas. El padre campesino, soldado y ciudadano nace como ideal colectivo que dominará la tradición posterior.
    Los patricios declaran guerras privadas y conservan su dominio, pero la plebe inicia la conquista del reconocimiento político, rompiendo lentamente sus cadenas. Sin embargo, los galos destruyen Roma y obligan a sus habitantes a gestionar una ciudad más segura.
    Esta etapa acaba con la penetración de Aníbal en Italia, que empobrece a los pequeños propietarios a causa del largo periodo de ocupación de las tierras, que generaban su sustento.
    A pesar de las derrotas, Roma supo imponerse en Zama y consiguió un cambio extraordinario en su estrutura militar y económica. Las intervenciones militares en diversos territorios que rodean al Mediterráneo (al que llamaron finalmente Mare Nostrum), acabaron con el primigenio ideal del padre romano agricultor y legionario.
    Atada a estos cambios, la pequeña propiedad, que se nutría del cereal, pasó a transformarse en un gran latifundio, dedicado a los productos industriales y al pastoreo, que trabajaban los siervos y no ya los hijos.
    c) La etapa de la época preclásica, a pesar del auge cultural, enfluenciado
    por la conquista de las tierras helénicas, inicia la progresiva decadencia de la República por el empobrecimiento de los antiguos propietarios quienes se proletarizan. Este cambio económico acarreará el nacimiento y el establecimiento del Imperio.
    d) La etapa de la época clásica, último período, está marcada por el
    Principado, en referencia al plano político, por el florecimiento de las artes, respecto a lo culural, y por la creciente esclavitud, en lo que afecta a la economía.
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  • A004 Roma, Historia Eterna - Monarquía (magistraturas)
    Las magistraturas conformaron el llamado cursus honorum o carrera administrativa. Estaban integradas por:
    a) cónsules (consules, consejeros),
    b) pretores (praetores),
    c) censores (censores),
    d) ediles (aediles).
    e) cuestores (quaestores).
    Todos los magistrados mencionados eran elegidos por los comicios y sus cargos eran desempeñados gratuitamente.
    No obstante, los tribunos de la plebe (tribuni plebis) se crearon para defender a los plebeyos de los abusos de los patricios.
    Por otro lado, el dictador (dictator), era una magistratura suprema y extraordinaria, que se ejercitaba cuando existía un peligro especial.
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  • A003 Roma, Historia Eterna - Monarquía (rey y senado)
    La fundación de Roma fue un acto político consciente y sus ciudadanos fueron conocidos como Quirites. Conocida en un principio como Roma Quadrata (Roma Cuadrada), fue creada en el Monte Palatino, cercana a un vado del río Tíber. Probablemente no fuera más que una fosa que circundaba el citado monte.
    Al principio, en Roma, las tribus que configuraron la ciudad fueron dos: ticios (tribu de los latinos o romanos) y ramnes (tribu de los sabinos). Los luceres (tribu de los etruscos) se agruparon después hacia el año 800 antes de Cristo. Cada tribu conformó diez (10) curias y las tres tribus treinta (30) curias.
    La leyenda fijó como fecha de su fundación el 21 de abril del 753 antes de Cristo o año 1 ab urbe condita.
    Regresando al término Populus Romanus Quirites [o Quiritium], éste define al ciudadano con respecto a la comunidad. También conlleva el debilitamiento de los vínculos tribales y la paulatina autonomía de las familias, pues al concepto de tribu (gentes) sucedió, posteriormente, el de Populus [comunidad considerada fuerza armada (grupo de guerreros)].
    En referencia a este grupo de guerreros, su comandante ejercía la figura del magister populi (jefe del ejército o jefe del pueblo al que se le compara con dictador). Sólo, más adelante, populus significará la totalidad de los ciudadanos (en latín cives).
    Durante el período monárquico el rey (rex), entronizado con el consentimiento de los dioses, fue caudillo del ejército, sumo sacerdote y supremo juez. Atributos fundamentales de la realeza fueron el mando supremo (imperium) y la capacidad para interpretar la voluntad de los dioses (auspicium).
    Al rey le asistía: el Senado (Senatus), órgano esencial en la política que emitía resoluciones formales, los llamados senadoconsultos (senatus consulta), que no eran vinculantes para el rey, y las Asambleas populares. Estas resoluciones, sin embargo, ejercían una fuerza moral, gracias a la sabiduría que la ciudadanía le reconocía, o lo que es lo mismo la auctoritas, en este caso concreto auctoritas patrium.
    En un principio el Senado (Senatus, de senex, anciano) constituyó la reunión de los representantes de las familias patricias: los patres, que, posteriormente, al inscribirse otros, pasaron a ser nombrados patres conscripti. Eran trescientos: cien por tribu. Las tribus estaban conformadas por treinta y cinco. Funcionó como una institución colsultiva de la monarquía romana. Como órgano de gobierno permanente y estable, intervino prestando su auctoritas a las leyes comiciales y ejerciendo el poder legislativo por medio de decisiones senatoriales, los senatusconsulta.
    En caso de quedar vacante el poder (interregno) a causa del fallecimiento del rey, el Senado lo reemplazaba eligiendo a un interrex o a varios, que se iban sucediendo en el tiempo hasta que designaran a otro rey. Después de la desaparición de la realeza saltó al primer plano. Pasaron a ser seiscientos (300) en tiempos de Lucio Cornelio Sila Felix (Lucius Cornelius Sila Felix) y a novecientos (900) con Cayo Julio Cesar (Gaius Julius Caesar), pero pronto empezaron a disminuir.
    Más tarde, bajo la república, sus funciones contemplaban declarar la guerra y la paz, vigilar las ceremoniaas religiosas, ratificar las leyes votadas por los comicios, aconsejar a los magistrados, dirigir la política exterior, administrar las finanzas públicas y nombrar los mandos militares.
    Las curias, conocidas como comicios calados (comitia calata), atestiguaban actos religiosos, adopciones y testamentos. Por otra parte, los comicios curiados (comitia curiata) sancionaban las decisiones del rey, así como aprobar la elección del mismo mediante la lex curiata cum imperio.
    Los comicios centuriados (comitia centuriata), debían su nombre a las centurias que surgían como unidades militares generadas por el reclutamiento de ciudadanos para formar el ejército. Ejercieron el derecho al voto y reemplazaron a los comicios calados, que se dedicaron, entonces, a cuestiones sagradas.
    Durante la República, los senadores fueron reclutados, en un principio, por los cónsules y, a partir de la la ley Ovinia propuesta por el tribuno de la plebe Ovinio (lex Ovinia, 318-312 antes de Cristo o 435-441 ab urbe condita), la prerrogativa de la elección de aquellos recayó en los censores; éstos, cada cinco años, actualizaban y completaban la lista senatorial (album senatorum), eliminaban generalmente a algunos senadores, proveían los asientos vacantes, los elegían entre los antiguos magistrados. La referida ley igualó a los senadores de origen plebeyo con los senadores patricios y, el pleno derecho de voto, que antes sólo detentaban los patricios (patres), sobrecayó en los agregados (conscripti), senadores pebleyos. Se requerían, como condiciones, el derecho de ciudadanía romana, la ingenuidad y una edad mínima para ocupar un puesto en el Senado. Los plebeyos fueron admitidos en el Senado a partir de una fecha desconocida.
    Durante la censura de Apio Claudio Ceco “el ciego” (Appius Claudius Caecus) (312 antes de Cristo o 441 ab urbe condita), la admisión de plebeyos ricos en el Senado, muchos de ellos hijos de libertos, dio un vuelco a la tradición que preservaba el derecho de ser miembro del Senado a todo aquel que pertencecía a una nobleza privilegiada y exclusivista, por nacimiento y propiedad de la tierra.
    La lista de los senadores (album senatorum) clasificaba a éstos en función de las magistraturas asumidas anteriormente y colocaba en cabeza al senador con mayor dignidad dentro de la cámara senatorial, el príncipe del Senado (en latín princeps senatus cuyo significado era el primero entre los senadores). Este título honorífico lo ostentaba el censor patricio más antiguo.
    En la época imperial quien representaba este cargo era el emperador pero con más competencias que en la República. Los magistrados y los ex magistrados curules, no inscritos en la lista, tenían derecho a asistir a las sesiones y a tomar parte en la votación. Los senadores, además de su influencia como tales, se beneficiaban de diversos privilegios: uso de la tunica laticlava y del calceus patricius o del calceus senatorius, y plazas especiales en los espectáculos. Pero debían residir en Roma, no abandonar Italia sin autorización y abstenerse de todas las actividades comerciales importantes, lo que favoreció a los caballeros (equites).
    Los senadores y sus familias constituyeron una aristocracia muy cerrada, a pesar de la presencia de muchos plebeyos: la nobilitas, clase que tendía a preservarse las actividades políticas. Los nobiles, descendientes de casas consulares, de origen patricio o plebeyo, consideraban el consulado como la prerrogativa del nacimiento y la recompensa a la ambición.
    Los patricios ejercían más influencia en el Senado, a pesar de ser inferiores en número a los nobiles. Eran descendientes de padres que habían desempeñado magistraturas inferiores o hijos de caballeros. El nuevo hombre (novus homo) era el primer miembro de una familia en alcanzar el consulado. Era evidente la oposición entre optimates (hombres que debían su preeminencia a su nacimiento y a su riqueza. Carecían de base para lograr coherencia interna y valor para realizar las reformas que pudieran justificar el gobierno de clase y el privilegio) y populares, nobiles et novi homines. Los nobiles pertenecían al “ordo equester” y al “ordo senatorial” o “boni”. Y dentro del “ordo equester”, los publicani (recaudadores o banqueros de finanzas, industrias o comercios).
    El Senado era convocado por iniciativa de los cónsules, de los pretores o de los tribunos de la plebe. Sus sesiones no debían coincidir con las reuniones de los comicios y no se celebraron siempre en el mismo sitio: el más frecuente era la curia, prevista especialmente para ello, pero también podía ser un templo.
    La deliberación no era pública, pero se dejaban las puertas abiertas. Después de la consulta de los auspicios, un sacrificio y algunas fórmulas rituales, las cuestiones eran examinadas, siguiendo el orden del día: los senadores daban su opinión en el orden indicado por el album (lista), tan largamente como desearan, y votaban reuniéndose en dos grupos: los de "a favor" y los de "en contra".
    De esta forma el Senado daba su conformidad y apoyaba con su autoridad, las decisiones populares, en virtud de la auctoritas patrum que se ejercía para mantener el equilibrio entre las reglas dictadas por y para la sociedad, convertidas en ley con lo impuesto por la moral y las buenas costumbres. Por ello la auctoritas era un control, un valor legal de una resolución decidida, una decisión obtenida por el poder de dictar, cuyo poder era recibido de la iluminación divina.
    En cambio, en razón de sus funciones consultivas, el Senado influía en los magistrados, que debían exponerle los problemas de gobierno. Existían, entre otras, estas decisiones senatoriales: el senatus consultum [texto que formulaba los derechos del Senado romano (transcrito durante la época republicana en los registros del aerarium)], que era válido en caso de no existir intercessio (opinión) por parte de ciertos magistrados y, especialmente de los tribunos y el senatus consultum ultimum (decreto último del Senado, por el que, en caso de peligro inmmediato, se tomaba todas las medidas necesarias y extrordinarias para que los cónsules u otros magistrados autorizados hicieran lo que tuvieran que hacer en defensa de la República, cuando así lo exigían las circunstancias).
    Finalmente se reservó en exclusividad dos actividades esenciales: el control absoluto de las finanzas y los asuntos extranjeros; negociaciones diplomáticas, embajadas y alianzas, que dependían únicamente del Senado, quien, por otra parte, organizaba el país conquistado y controlaba las provincias, cuyo gobierno atribuyó anualmente a magistrados, prorrogados a su conveniencia. La estabilidad relativa del Senado, que contrastaba con la anualidad de las magistraturas, acrecentó aún más su poder. Con la caída de la realeza, se hizo dueño de Roma y constituyó durante varios siglos, la esencia de un régimen oligárquico.
    Al final de la República vio disminuido su poder ante los ataques de Cayo Julio Cesar (Gaius Jukius Caesar), al que se habituó a la sumisión y durante el Imperio marcó la decadencia completa de la institución.
    El primero de los emperadores, aunque fue proclamado príncipe y augusto por el Senado, le hizo notar que él era el dueño: los nuevos senadores eran inscritos en el "album" por recomendación del príncipe.
    Por otra parte, un orden senatorial oficiaba y reglamentaba la antigua nobilitas. A esta nobleza le impuso un censo de un millón de sestercius, pero le mantuvo todos sus privilegios honoríficos, a los que pronto se añadió el título de clarissime (excelentisimo). Le permitió ocupar las magistraturas tradicionales (cuyo papel pronto desapareció en provecho de los funcionarios imperiales, reclutados más frecuentemente entre los caballeros que entre los senadores).
    También se atribuyeron al orden senatorial, la administración y gobierno de las provincias senatoriales a senadores italianos, pero, en virtud de la adlectio (elección) imperial, se añadieron los hispanos, galos y africanos. El Senado se repartió las provincias con el emperador, e igualmente se repartieron las finanzas, oponiéndose el fiscus imperial al tradicional aerarium.
    De hecho el orden senatorial conservó bastantes atributos: derecho de discernir la deificación, de asignar a los magistrados y de juzgar los grandes procesos, para poder entrar en conflicto con el emperador y manifestar de cuando en cuando su insumisión: de aquí provienen algunas raras oscilaciones en la historia imperial, pues, a veces el emperador dirigía el Senado, fingía respetarlo, tenía en cuenta sus opiniones y otras se enfadaba ante el espíritu vagamente republicano que allí surgía en ocasiones y vejaba a una clase senatorial de la que el mismo emperador raramente procedía. A veces el Senado se mostraba humilde, pero, frecuentemente, bajo esa humildad se ocultó el odio, y fue así cómo los historiadores antiguos, al interpretar la opinión senatorial, trataron a ciertos emperadores de bandidos, mientras que atribuyeron muchas cualidades a otros.
    El Senado, envilecido, no supo aprovechar las crisis provocadas por la ausencia de normas dinásticas e imponer sus condiciones, como hubiese podido hacer, pues fue la única institución que permanecía estable y que había conservado una apariencia honorable. Con Cayo Aurelio Valerio Dioces Diocleciano (Gaius Aurelius Valerius Diocletianus Augustus), emperador (284, 305 antes de Crisyo o 1037, 1058 ab urbe condita), la partida estaba definitivamente perdida: la transformación de las instituciones y de la geografía del Imperio redujo el Senado a un papel insignificante, que se convirtió prácticamente en sancionar las proposiciones del emperador, al tiempo que adquirió importancia, como fuente de derecho.
    La Asamblea Popular (Comitia curiata), articulada en treinta (30) curias [coviria (comunidad de varones)], agrupadas en las tres (3) circunscripciones tribales de los ticios (latinos), ramnes (sabinos) y luceres (etruscos), con diez (10) curias cada una. Cada tribu proporcionaba diez (10) caballeros (celeres, los rápidos) y diez (10) centurias de infantes al ejército.
    Esta Asamblea Popular apareció, en parte, durante la monarquía [los comicios curiados votaban la lex curiata de imperio, que era la norma legal que justificaba los derechos de los altos magistrados a ejercer el poder público (imperium).
    En la República, treinta (30) lictores asumieron pronto la representación de las treinta (30) curias (curiae). Presididos por el gran pontífice votaban dicha ley en beneficio de magistraturas que poseían imperio (cónsules, pretores). También ostentaban el poder legislativo y hacían las veces del tribunal supremo.
    Estas asambleas, basadas en la división de la sociedad en cuadros militares y fiscales, alcanzaron su máxima importancia durante el período republicano. Además estaban los comicios centuriados y los comicios tributos: su composición y el sabio encuadramiento de ciudadanos en centurias y en tribus les dieron una apariencia democrática, que se fue precisando progresivamente. Los comicios centuriados nombraban a los magistrados mayores: cónsules, censores y pretores. Los comicios tributos a los magistrados menores: ediles y cuestores. Los concilios plebeyos ejercían la elección de los tribunos de la plebe.
    Durante el Imperio, los comicios curiados votaron la lex del Imperio hasta el siglo III. En cuanto a los comicios tributos y centuriados, Cayo Julio Cesar Octaviano Augusto (Gaius Julius Caesar Octavianus Augustus) fingió conservar sus prerrogativas y su importancia. Se limitó a desposeerlos de las atribuciones judiciales, pero continuaron eligiendo los magistrados y votando las leyes. Tiberio Julio Cesar Augusto (en latín Tiberius Julius Caesar Augustus) transfirió las atribuciones electorales de los comicios al Senado, y todo siguió así, salvo en la interrupción pasajera en tiempos de Cayo Julio Cesar Augusto Germanico (en latín Gaius Julius Caesar Augustus Germanicus) conocido como Calígula.
    Sin embargo, los poderes legislativos de los comicios subsistieron en teoría, y algunas leyes fueron votadas en el siglo I, pero ese procedimiento acabó por desaparecer en favor de los senatus consultum; los comicios desaparecieron entonces de hecho. La celebración de los comicios seguía un ritual fijo. Eran convocados con veinticuatro (24) días de antelación (o al menos diecisiete (17) días) por el magistrado que iba a presidirlos (cónsul, o gran pontífice). El día señalado se reunían en el Foro (comicios tributos y curiados) o en el campo de Marte (comicios centuriados). La reunión tenía lugar previamente inaugurado y podía ser suspendida por el augur, si los auspicios eran desfavorables. Después de una plegaria, seguían la discusión y luego la lectura del proyecto de ley (que podía ser vetado por los tribunos de la plebe). Entonces ya se podía proceder a la votación.
    El voto se efectuaba a dos niveles: cada individuo votaba dentro de su sección (curia, centuria y tribu) y cada sección tenía un voto. Los ciudadanos eran encerrados en lugares especiales (saepta). Existían tantos saepta como secciones votaban. Se votaba saliendo por una especie de puente (pons suffragiorum), lo que impedía el doble voto. El voto hasta el siglo III era oral, pero pasó rápidamente a ser escrito y secreto. Entonces, en una urna se depositaba una tablilla en la que, si se trataba de una elección, estaba escrito el nombre del candidato, o, si se trataba de una votación, se había tachado la mención VR (uti rogas que era sí), o la mención A (antiquo que era no); o si se trataba de un juicio, se tachaba la letra D (damno, condeno) o la letra L (liberto, absuelvo).
    La votación se suspendía, cuando se había alcanzado la mayoría absoluta, votando las secciones una tras de otra. De esta manera, en los comicios centuriados, en los que se votaba siguiendo el orden de las clases, las últimas clases y las centurias no clasificadas, no votaban nunca. Cayo Julio Cesar Octaviano Augusto (Gaius Julius Caesar Octavianus Augustus) instituyó el voto por correspondencia para las centurias de sus colonias militares de Italia. El presidente hacía públicos los resultados (renuntiato) y disolvía los comicios antes de ponerse el sol.
    Los comicios centuriados surgieron de las diferencias entre quienes podían equiparse militarmente (classis) y quienes no podían hacerlo (infra classem). Éstos quedaron estructurados estrictamente a partir del siglo V antes de Cristo.
    Elegían a los magistrados superiores (cónsules, pretores, censores) bajo la presidencia de los magistrados provistos del imperium. Su función legislativa fue restringida (a partir del año 218 antes de Cristo o 535 ab urbe condita). Salvo para la declaración de guerra, las decisiones de paz y para confirmar el derecho de los censores en los juicios, legislaban, decidiían sobre apelaciones e intervenían en las acusaciones capitales, pronto limitadas a la alta traición. El auge de los comicios tribunados les restó poder, quedando reducida su actividad a la elección de magistrados.
    Sus reuniones siempre tuvieron lugar fuera del pomerium o pomoerium en el campo de Marte (en latín postmoerium, pasado el muro) que delimitaba la frontera sagrada de la ciudad donde Roma solo existía dentro de ella. La tribu agrupaba unidades sociales más elementales (gens y curia entre los romanos). Se considera esta división como consecuencia de la reunión de grupos de orígenes distintos: latinos o romanos, sabinos y etruscos. Estos constituyeron un marco político y militar. Desde Servio Tulio (Servius Tulius), las tribus urbanas dejaron paso a otras tribus de base territorial, las tribus rústicas, y quedaron en inferioridad con respecto a las diecisiete (17) rurales que aumentaron a veintidós (22) a mediados del siglo I antes de Cristo, y a treinta y una (31) (241 antes de Cristo o 512 ab urbe condita), sobre un total de treinta y cinco (35); otras cuatro (4) correspondían a los distritos de la ciudad. Su número quedó en treinta y cinco (35) posteriormente.
    Esta situación pudo ser modificada por Apio Claudio Caego el ciego (Appius Claudius Caegus (312 antes de Cristo o 441 ab urbe condita) al asimilar los bienes mobiliarios a los inmobiliarios y al inscribir prácticamente a todos los ciudadanos. Pero la contra medida fue pronto aplicada con la inscripción de todos los humilis, capite censi y manumissi en las cuatro tribus urbanas; de esta manera su masa fue neutralizada.
    Desde la creación de los comicios los ciudadanos votaban por tribus. La tribu que votaba primera se llamaba prerrogativa, y su voto arrastraba a las demás, en general. Las levas de soldados se iniciaban por tribus, luego por centurias. El nombre de la tribu constituyó el índice del derecho a la ciudadanía, aquel al que un individuo pertenecía por tradición, emancipación, adopción o designación de los censores).
    El número total de centurias era de ciento noventa y tres (193), divididas en cinco (5) clases. Las primeras comprendían dieciocho (18) centurias ecuestres (los ciudadanos más ricos de Roma), y ochenta (80) centurias pedestres (cuarenta (40) iunores, es decir, de menos de cuarenta y cinco (45) años y cuarenta (40) seniores, de más de cuarenta y cinco (45) años). Las otras cuatro (4) clases se repartían las noventa (90) centurias siguientes, y quedaban dos (2) centurias de obreros y dos (2) de músicos. Los miembros de las centurias eran los assidui, obligados al servicio y a los impuestos. Fuera de ellos quedaban los proletarii o capite censi (que eran los censados o contados por cabezas porque no tenían ninguna propiedad por lo que su censo sólo podía establecerse por su propia persona) y que, por ser demasiado pobres, no eran movilizables.
    A causa de que sólo las primeras dieciocho (18) centurias (reservadas a la clase patricia) junto con las 80 siguientes (reservadas a los que contaban con una riqueza superior a los 100.000 ases) alcanzaban la mayoría absoluta; las restantes centurias, por mucho que representaran a la mayoría de la población, no llegaban a tener ninguna trascendencia en el resultado final de las votaciones. Ya se ha mencionado que, durante la censura de Apio Claudio Ceco “el ciego” (Appius Claudius Caecus) (312 antes de Cristo o 441 ab urbe condita), la admisión de plebeyos ricos en el Senado, también abrió la posibilidad de que personas sin tierras, que se hubieran enriquecido por el comercio, como podían ser ciertos plebeyos, accedieran a las centurias más elevadas, incrementando su importancia social y legislativa. Entonces sucedía que tan sólo la primera clase de treinta y ocho (38) centurias ostentaba la mayoría en las votaciones.
    Este hecho dio lugar a que se efectuase una reforma (241 y 179 antes de Cristo o 512 y 574 ab urbe condita) promovida por los censores Marco Fabio Buteon (Marcus Fabius Buteo) y Cayo Aurelio Cotta (Gaius Aurelius Cotta). La estructura y el número de centurias se modificó y se fijó en treinta y cinco (35) las tribus, en las que se consideró dos (2) grupos de edad: una de iunores (cuya edad iba de los 17 a los 46 años) y otra de seniores (para mayores de 46 años).
    Se mantuvieron las cinco (5) clases sociales, por las que había diez centurias (10) por tribu, representado a trescientas cincuenta (350) centurias, a las que se había que sumar las dieciocho (18) centurias de los equites (los caballeros), con seis (6) centurias reservadas sólo a los patricios y cinco (5) centurias de los ciudadanos más pobres (capiti censi o proletarii), por lo que el total ascendía a trescientas setenta y tres (373) centurias. La votación se ganaba cuando se alcanzaba el número de ciento ochenta y siete (187) votos a favor, para lo que bastaba habitualmente con las centurias de las tres (3) primeras clases, y en ese momento se dejaba de votar, por lo que las últimas centurias (que de hecho representaban a la mayoría de la población y, tras las reformas hechas por Cayo Mario (Gaius Marius) (107 antes de Cristo o 646 ab urbe condita), incluso la mayoría del ejército) en la práctica ni siquiera llegaban a contar para el resultado final.
    Poco más tarde, durante la dictadura de Publio Cornelio Sila Felix (Publius Cornelius Sila Felix) (82 a 80 antes de Cristo o 671 a 673 ab urbe condita), se revisó esta nueva estructura del sufragio, volviéndose a la organización serviana de la época de los reyes. Para dejar zanjado este asunto, Cneo Pompeyo Magno (Gneus Pompeius Magnus) y Marco Licinio Craso Dives (Marcus Licinius Crassus Dives)(cónsules del año 70 antes de Cristo o 683 ab urbe condita) deshicieron las reformas constitucionales del dictador y volvieron a la organización de las centurias de la reforma mencianada en el año 241 antes de Cristo o 512 ab urbe condita. Ya no se volvió a alterar la organización centurial; aunque, en todo caso, la organización política de época imperial vació de poder y funciones a los comitia.
    El censo tuvo que ser transformado en función del as devaluado, llamado sestercio (válido hasta, 214 antes de Cristo o 539 ab urbe condita).
    Los comicios tributos (fines siglo V antes de Cristo) nacieron de la concilia plebis, asambleas de la plebe. Sus competencias: elección de los tribunos, voto de plebiscitos y juicio de asuntos que únicamente interesaban a la plebe. Su organización era geográfica: cada plebeyo estaba inscrito en la tribu en que residía; pero sólo podían inscribirse los que pagaban impuestos y estaban obligados a realizar el servicio militar.
    A partir del año 449 antes de Cristo o 304 ab urbe condita, los plebiscitos tomaron fuerza de ley y fueron ratificados por el Senado. Esta intervención del Senado (339 antes de Cristo o 414 ab urbe condita) pasó a ser previa y, luego, suprimida (287 antes de cristo o 466 ab urbe condita), y los comicios tributos pasaron a ser soberanos, ocupando el primer lugar, pues votaban las leyes. Entonces los patricios participaron en ellos, pero el carácter democrático quedó reducido.
    El número de magistrados sometidos a la elección aumentó hasta el siglo III antes de Cristo: tribunos de la plebe y ediles plebeyos (476 antes de Cristo o 277 ab urbe condita), cuestores (447 antes de Cristo o 306 ab urbe condita), ediles curules (367 antes de Cristo o 386 ab urbe condita) y tribunos militares fueron en principio seis (6), luego diesiseis (16) y, poteriormente, veinticuatro (24). Finalmente tuvieron competencia judicial en los asuntos que podían comportar una crecida multa.
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  • A002 Roma, Historia Eterna - Monarquía (esclavos, libertos y plebeyos)
    Roma, política y socialmente, crecía llegando a ser la ciudad del Lacio que más inmigración atraía.
    A los nuevos ciudadanos se les llamó plebe (plebeyos) para diferenciarlos de los descendientes del patriciado (patricios).
    En el antiguo derecho romano, el patronato era todo una institución de protección y dependencia: patria potestad, protección del patricio al plebeyo, pero no adquiría importancia hasta el momento en que se generalizaron las manumisiones de esclavos.
    El esclavo era una cosa y por ello, era objeto posible de cualquier transacción.
    Desprovisto de personalidad jurídica, no podía contraer matrimonio legal, ni emprender acción judicial (su testimonio, generalmente no era aceptado por la justicia) estaba privado de derecho a la propiedad y todo lo que adquiría con su trabajo pasaba a su dueño (incluso el peculio personal que podía servirle para comprar su libertad).
    Constituía una fuerza de trabajo susceptible de ser empleada en todas las tareas.
    La proporción de esclavos absorbida por la economía doméstica (nodriza, cocineros, pedagogos) fue siempre considerable.
    El esclavo carecía de libertad y estaba bajo el dominio del patrono.
    En el plano agrícola, la importancia del trabajo servil varió según las épocas.
    Los señores poseían plenos derechos sobre los esclavos, incluso el de darle muerte, reconocido en la ley, de lo que derivan múltiples abusos (esclavos maltratados, marcados como ganado, dedicados a la prostitución o a la escuela de gladiadores).
    A veces el esclavo se revolvía contra el amo: asesinándolo y raramente organizándose en lucha.
    Las sublevaciones de los esclavos corroboran esta cita.
    Estas sediciones se produjeron: dos en Sicilia, siendo la primera (entre los años 135 y 132 antes de Cristo o entre los años 619 y 622 ab urbe condita) dirigida por el esclavo apameo Eunoo y el esclavo cilicio Cleón.
    Habiendo tomado la ciudad de Enna, el desembarco en la isla de un contingente de legionarios romanos acabó con la rebelión; la segunda (entre los años 104 y 100 antes de Cristo o entre los años 650 y 654 ab urbe condita) ocasionada por el decreto consular que establecía liberar esclavos sicilianos para trasladarlos a Bitinia como mano de obra. El cabecilla de los esclavos, Salvio, se autonombró Diodoto Trifón, un déspota seléucida, que acabó derrotado; y, la más importante y más temida, la tercera y última fue en Italia (entre los años 73 y 71 antes de Cristo o entre los años 681 y 683 ab urbe condita). El caudillo de la revuelta fue un esclavo tracio conocido como Espartaco. No se sabe con seguridad si en la batalla final celebrada contra las legiones romanas, este esclavo escapó con vida.
    Ciertos historiadores refieren que cayó muerto en combate junto con el resto de esclavos, de los que se cuenta que unos 6.000 fueron crucificados a lo largo del itinerario que unía Roma con Capua.
    El esclavo podía esperar escapar a su condición por la manumisión, que era muchas veces resultado de la voluntad del dueño, pero no permitía esta condición el acceso a la totalidad de los derechos de ciudadano romano (y únicamente en el caso de que el dueño también fuera ciudadano romano) hasta después de dos generaciones.
    Los esclavos manumitidos, no obstante, seguían dependiendo del último dueño o patrono, ciudadano, inicialmente patricio, quien podía exigirles la prestación gratuita de ciertos trabajos.
    Además, tenía derecho a heredarles, a falta de sucesores. Igualmente se encontraban vinculados a éste personas libres (clientes).
    Estos esclavos manumitidos se convertían en libertos (esclavos liberados).
    Lograban su libertad o emancipación legal por la manumisión mencionada en el párrafo anterior.
    El estatus que obtenía dependía del de su amo, y se podía convertir en peregrinos (personas que no eran ciudadanos romanos que se encontraban en Roma temporalmente), ciudadanos latinos o ciudadanos romanos.
    Se les consideraba inferiores y legalmente no se podían comparar con los demás ciudadanos nacidos libres y que nunca habían sido esclavos, llamados comúnmente ingenui.
    Las clases de manumisiones difieren en el devenir de Roma. Hubo unas solemnes (manumissio uindicta, manumissio censu, manumissio testamento, manumissio in ecclesia, in sacrosanctis ecclesiis) y otras no solemnes (manumissio inter amicos, manumissio per epistulam, manumissio per mensam, manumissio sacrorum causa y manumissio apud Ilviros).
    No obstante, la propia Roma, a partir del siglo IV antes de Cristo, recurrió suficientemente al trabajo servil.
    La violencia en forma de guerra (con los derechos que recoge el vencedor sobre el vencido) o del rapto, pillaje o piratería, era la gran proveedora de esclavos.
    También había otras fuentes, aunque menos abundantes: nacimiento (de madre esclava), recién nacidos abandonados, algunas condenas penales y el comercio, que se proveía en las fronteras de los estados bárbaros y cuyos grandes centros eran, además de Roma, Quíos y Delos.
    Igualmente en el terreno cultural los esclavos ilustrados africanos, asiáticos y griegos ejercieron una influencia considerable.
    Con el paso del tiempo gozaron de gran relevancia social.
    La esclavitud por deudas permaneció en Roma desde el siglo IV antes de Cristo hasta fines del siglo II en las provincias imperiales.
    En los últimos tiempos de la República, la manumisión de los numerosos cautivos de guerra llevados a Roma amenazó en convertirse en un serio peligro.
    La expansión romana de fines de la República originó una mayor afluencia de esclavos en el mercado.
    Pero este negocio, bajo el Imperio, con el cese progresivo de las conquistas y la desaparición de la piratería, la obtención de mano de obra servil se hizo cada vez más difícil y costosa.
    La legislación de Augusto, completada por Tiberio, puso dificultades a la liberación de esclavos.
    La primera de las leyes que delimitaban la manumisión de un esclavo fue la ley Fufia Caninia [lex Fufia Caninia, año 2 antes de Cristo o 752 ab urbe condita, cuya fecha concreta de su creación ha sido dudosa, pero, consultadas otras fuentes, se estableció que ésta era la más correcta].
    Hacía referencia a prohibir a los propietarios que realizasen manumisiones generales a su muerte dispuestas por testamento, ya que eran las más numerosas, y por tanto, consideradas peligrosas.
    Esta ley fue propuesta por los cónsules sufectos (en latín consules suffecti) Cayo Fufio Gemino y Lucio Caninio Gallo, bajo el imperio de Cayo Julio Cesar Octaviano Augusto.
    La disposición principal de la ley proponía fijar una media entre el número de esclavos poseídos y el de los que podía manumitir por testamento el amo.
    Sirva como ejemplo esta conclusión: si tenía uno o dos esclavos, podía manumitirlos libremente; si tenía más de dos y menos de diez podía manumitir la mitad; si poseía más de diez y llegaba a albergar hasta treinta, la manumisión máxima alcanzaría la tercera parte; poseyendo más de treinta y hasta cien, manumitiría la cuarta parte; y si tenía más de cien, se le autorizaba a manumitir la quinta parte. Se establecía que en ningún caso las manumisiones pasasen de cien.
    Con esta declaración se obvia que el amo que contara con uno o dos esclavos quedaba impedido para manumitir a alguno de ellos.
    Convertirse en liberto un esclavo conllevaba adquirir el praenomen (nombre de pila) y el nomen del amo (nombre de la gens o familia, hoy apellido) y como cognomen (hoy el alias o apodo) su propio nombre.
    Ejemplo: Si el amo se llamase Lucio Marcio Filipo y el liberado Apolodoro, su nombre a partir de ahora sería Lucio Marcio Apolodoro.
    Realizar la nominatim (asignar a cada esclavo manumitido un nombre) era obligatorio.
    Si se liberaba a un número de esclavos mayor que el permitido por ley, sólo se consideraba liberto hasta el último que completase el máximo legal.
    También la ley Elia Sencia [lex Aelia Sentia año 4 o año 758 ab urbe condita] prohibía emancipar siervos menores de treinta años y anulaba todas las manumisiones que se realizaran sin las formalidades públicas pertinentes.
    Esta ley completó la mencionada anteriormente. Fue creada por los cónsules Sexto Elio Caton y Cayo Sencio Saturnino.
    La finalidad esta ley era restringir el estado de los liberados que adquirían la condición de ciudadanos romanos, matizando entre los que no tenían antecedentes delictivos, que alcanzaban más fácilmente la manumisión, llamados latinos,
    y aquellos que habían sido penados por delitos, por haber luchado en la arena o haberse rendido y convertido en esclavo, que pasaban a ocupar una clase más baja de libertos, conocidos como peregrinos dediticios (en latín peregrini dediticii) o, lo que es lo mismo, extranjeros vencidos y rendidos.
    La legislación romana se humanizó más a partir del siglo I por la influencia del estoicismo (defensor de la dignidad del esclavo en nombre del derecho natural) y del cristianismo.
    Consecuencia de ello, fue que los dueños no pudieran ejercer libremente su poder (límites al derecho de torturar o matar al esclavo).
    Los plebeyos (en latín plebeii, terrae filii, hijos de la tierra, sin linaje o el que no forma parte de la gente, amparados únicamente por divinidades terrenales) carecen de todo derecho político, pero son personas, en cierto modo, libres (ingenuus).
    Carecían de gens, porque en su origen faltaba la nobleza de las primeras familias, los llamados patricios (patres, patricii) que míticamente fundaron la ciudad de Roma junto con Rómulo.
    No se sabe a ciencia cierta si la plebe procedía de un grupo étnico al margen de la sociedad o de la clase de los agricultores explotados por los ganaderos, o de un conglomerado inorgánico de marginados y extranjeros.
    Constituía el tercero de los estamentos sociales y se diferenciaba de los patricios y de los caballeros (en latín equites).
    Al ser expulsados de Roma los reyes etruscos (siglo VI antes de Cristo), que se apoyaban en los plebeyos, éstos cayeron bajo la dominación patricia, cuyos miembros monopolizaron el sacerdocio y las magistraturas.
    En el aspecto social eran pequeños propietarios, jornaleros, artesanos, comerciantes, que habitaban, sobre todo, el Aventino.
    Cuando una nueva táctica militar hizo imprescindible el empleo de grandes batallones de infantería, los plebeyos obtuvieron una progresiva mejora de su situación.
    Sus jefes, los tribunos de la plebe (en latín tribuni plebis), fueron investidos con el poder de la intercessio, lo que permitió a la plebe escapar de la esclavitud por deudas y evitar los alistamientos excesivamente frecuentes (siglo V antes de Cristo).
    Mantuvieron luchas con los patricios y, ante la amenaza de abandonar la ciudad y crear una nueva en sus cercanías, y un reino en el Monte Sacro (494 antes de Cristo o 260 ab urbe condita), los patricios cedieron y les concedieron el derecho de votar dos tribunos de la plebe con derecho a veto de cualquier decisión del Senado o de otros magistrados, que pudiera perjudicarlos, así como darle fuerza legal a la asamblea plebeya (en latín concilium plebis).
    Los magistrados de la plebe: tribunos y ediles, adquirieron una competencia universal, definitivamente reconocida tras la 2ª guerra púnica; sus reuniones: los concilia plebis, atrajeron a los patricios, desde el momento en que los textos legislativos, que en ellos se votaban, los plebiscitos [decreto de la plebe o ley votada por el pueblo, a propuesta de un tribuno de la plebe (en un principio obligaba sólo a plebeyos, y, a fines de la República, fue obligatorio para todos los ciudadanos)]. Estos plebiscitos vieron extender su vigencia y se aplicaban a la totalidad del pueblo (en latín populus), igualándolos a las leyes, gracias a la ley Hortensia (lex Hortensia 286 antes de Cristo o 468 ab urbe condita).
    Los plebiscitos se nombraban con el apelativo del tribuno de la plebe proponente, mientras que las leyes rogadas (leges rogatae) se denominaban por el nombre de ambos cónsules.
    De la plebe urbana que habitaba en el Esquilino y en el Aventino surgió una élite enriquecida por el comercio; pronto arrancó a los patricios el derecho de reparto del ager publicus, la publicación de las leyes (451 y 450 antes de Cristo o 303 y 304 ab urbe condita), el derecho de apelar al pueblo (en latín provocatio ad populum) ante el abuso del poder de un magistrado, la validez del matrimonio (en latín connubium) entre patricios y plebeyos ley propuesta por el tribuno de la plebe Cayo Canuleyo (lex Canuleia) (455 antes de Cristo o 299 ab urbe condita), que definitivamente dejaba sentado el acceso de los hijos habidos en el matrimonio a heredar la condición de social del padre (en latín status) y, paulatinamente el acceso (entre los años 409 y 314 antes de Cristo o entre los años 345 y 440 ab urbe condita) a las principales magistraturas, y a ciertos colegios sacerdotales la ley Oculnia (lex Ogulnia, 300 antes de Cristo o 454 ab urbe condita), promovida por el tribuno de la plebe Quinto Oculnio Galo (Quintus Ogulnius Gallus), que, además aumentó el número de pontífices, pasando de cinco a nueve, incluyendo en ellos al pontífice máximo (en latín pontifex maximus) y que cinco de los cargos de augures debían recaer en plebeyos.
    En los últimos siglos de la República los plebeyos, que habían adquirido ciertos derechos tras los conflictos sociales con los patricios, se encuadraban en un pequeño pero muy influyente grupo de hombres nuevos (homines novi), muy enriquecidos, que destacaron en una carrera militar y política (cursus honorum); los caballeros (equites), suficientemente ricos para pagarse el servicio militar en la caballería; los adsidui, pequeños propietarios, que estaban obligados al servicio militar en infantería, y que debido a continuas movilizaciones ocasionadas por las guerras, quedaban endeudados con riesgo de perder sus propiedades, abocándose a la condición de cliente (cliens) de un rico; y los proletarios (proletarii) abonados a la absoluta miseria.
    Los plebeyos perdieron el control exclusivo que ejercían sobre el edilato, al crear los patricios la institución del edil curul (337 antes de Cristo o 417 ab urbe condita), pero conservaron el tribunado, lo que les garantizaba mayores ventajas políticas.
    En el curso del siglo III antes de Cristo, los patricios y los plebeyos se agruparon en una aristocracia dirigente: la nobilitas.
    La plebe rural, que constituía una numerosa clase media, tendía a desaparecer, víctima de las prolongadas guerras o de las crisis agrarias; los campesinos romanos, al quedar arruinados, pasaron a engrosar la plebe urbana, cuyas antiguas familias fueron absorbidas.
    A partir del siglo II antes de Cristo, los plebeyos de Roma, desmoralizados por la corrupción electoral organizada por la nobilitas, vivían exclusivamente de los congiarios y de las espórtulas, con las que se pagaba su voto.
    A comienzos del Imperio, Cayo Julio Cesar Octaviano Augusto añadió a las dos categorías tradicionales de la plebe (ingenuos y libertos) la de latinos junios y la de dediticios.
    Sus sucesores continuaron manteniendo esta plebe hambrienta que exigía pan y juegos (panem et circenses).
    Durante el Bajo Imperio, se distinguía, además, una plebe urbana (artesanado y profesiones liberales) y otra plebe rural, obligada a pagar la capitatio, para la que el estado creó el cargo de defensor plebis.
    La plebe de Roma desapareció junto con su Imperio.
    20 min
  • A001 Roma, Historia Eterna - Monarquía (patricios y clientes)
    El orden social compuesto por patricios, plebeyos, clientes, libertos y esclavos se desglosará en una breve ilustración de cada clase.
    Los patricios (en latín patricii, o lo que es lo mismo: hijos de padres, hombres de linaje, que estaban amparados por el dios Júpiter), descendientes de los padres (fundadores) de Roma, los primigenios de las treinta curias primitivas, más conocidos como las antiguas gentes (gens), que solamente tenían la facultad de ser patres (padres de familia en sentido noble), detentaban el poder económico (propiedad). Gozaban de privilegios políticos y religiosos. Poseían servidumbre. Eran los senadores que conformaban el Senado y miembros de la nobleza, la nobleza de sangre (en latín ilustrii o nobiles patricii).
    Eran por su condición preeminente opuestos a los plebeyos (en latín plebeii). Pertenecían a la más rancia aristocracia, clase reducida y selecta. Sin embargo, en el Bajo Imperio este título quedaba relegado a cónsules, generales o reyes.
    Hasta la aprobación de las leyes Licinio-Sextias (leges Liciniae-Sextiae) habían ocupado la magistratura suprema: el consulado.
    El cliente (cliens), cuyo origen es dudoso, puesto que no coincidía con el origen del plebeyo, era un hombre libre (status libertatis), que se hallaba en relación de dependencia con el patrono (patronus), quien le aseguraba, a cambio, su protección.
    Las Leyes de las XII Tablas reconocían ya las relaciones de dependencia del cliente con el patrono. El fundamento de esta clientela fue la garantía (fides) que una persona o entidad en condiciones de inferioridad hacía de sí misma a un ciudadano en pleno derecho y más frecuentemente a una gens [primer paso para la manumitio de esclavos que es el nombre que recibía el proceso de liberarlo como esclavo, tras el cual se convertía en un liberto].
    Los clientes estaban asociados al culto gentilicio y protegidos por el derecho religioso. El patrón (patronus) que violaba algunas de sus obligaciones con algún cliente quedaba maldito; pero los clientes no tenían derecho político y se encontraban en una situación de dependencia respecto de la gens y de sus gentiles. Debía a su patrón respeto y fidelidad, ciertas prestaciones y asistencia militar (los clientes constituían el grueso de las tropas patricias antes de que la plebe tuviera que cumplir el servicio militar). A cambio de esto, el patrón protegía a sus clientes, los defendía y les podía atribuir a precario cierta extensión de tierras que casi nunca volvía a reclamar. Esta clientela aumentó gracias a elementos nuevos constituidos por los esclavos libertos; a pesar de que éstos continuaban ligados a sus antiguos amos por un obsequio (en latín obsequium [un homenaje]) especial, ambas categorías tendieron a fusionarse rápidamente.
    Fuente importante de relaciones individuales de clientela fue la rendición incondicional (en latín deditio), que conducía con frecuencia al anterior ocupante de un terreno (en latín predio). Si quería permanecer en él, debía someterse al patronazgo de la gens que se instala en el territorio. Así obtenía la concesión del terreno en precarium y se reducía a la condición de cliente.
    Desde los orígenes de Roma y antes de la formación de la plebe, las gens (gentes) patricias comprendían, además de las diversas familias gentilicias (domus gentiles) reconocidas como descendientes de un antepasado común, las familias clientes, ligadas a ellas por un vínculo jurídico, el ius patronatus.
    El cliente podía recibir el sustento diario (sportula) (cestito de comida), que recibía cada mañana, ayudándole a vivir, que se convirtió enseguida en una cantidad de dinero; o la asistencia ante los tribunales. A cambio, debía manifestar respeto a su patrono y ayudarle en su vida política y privada. Mientras existiera este vínculo, el patrón protegía a sus clientes; especialmente frente a los poderes públicos.
    Cliente y patrono no podían ser obligados a testimoniar el uno contra el otro.
    En la época republicana, la noción de cliente cambió su carácter; aparecieron gentes plebeyas que también tenían sus clientes. La proliferación de familias o individuos poderosos y ambiciosos, que buscaban "tropas", así como la de integrantes menores en busca de apoyo y la de necesitados que trataban de procurarse alguna manera de subsistir, propuso el crecimiento de una nueva clientela. A partir de entonces se trataba de individuos que se "ligaban por una promesa a un patrón" (commendere in fidem) el cual los aceptaba (suspicere in fidem), laxo mucho más laxo que antaño y que podía ser disuelto. Por su parte, estos clientes siempre constituían una corte dispuesta a la adulación, presta a velar por la seguridad del patrono y a ejecutar sus órdenes, encargándose sobre todo de sus intereses políticos y electorales.
    La devotio era un acto religioso que por medio de una forma extrema de voto (en latín votum) (o sea, una ofrenda en cumplimiento de una promesa hecha anteriormente) un general romano hacía votos de sacrificar su propia vida y la de sus enemigos en la batalla, para salvar a su ejército y consagrarlas a los dioses ctonicos, a cambio de la victoria.
    Al parecer esta clientela militar se establecía con cierto ceremonial en que las partes se ligaban por medio del juramento y el cliente proclamaba al patrono por rey.
    A fines de la República y a principios del Imperio la clientela fue esencialmente una condición social de carácter hereditario aceptada por la costumbre y reflejada en las disposiciones legales.
    En las provincias, la clientela romana se sobrepuso a formas de vinculaciones sociales prerromanas.
    Para que sirva de inciso, en la España primitiva existió una clientela personal de carácter militar, adoptando frecuentemente la forma de devotio ibérica.
    En la época imperial, los clientes fueron confundidos con mandaderos o parásitos; se les denominó salutatores, a causa de su obligación de saludar a su patrono por las mañanas, y togati, porque la costumbre les obligaba a llevar toga, en este tiempo en desuso.
    Ya en el Bajo Imperio, ante la ruina de los possessores, ocasionada por el aumento de los latifundistas, se desarrollaba una nueva forma de clientela del tipo de encomendación (commendatio).
    Una verdadera jerarquía de clientes se estableció progresivamente y alcanzó su mayor amplitud también en el Imperio: cada uno de ellos tendía ser a la vez patrón de una clientela inferior y cliente de personaje superior. Así, el emperador se encontraba en esa pirámide de vínculos personales que descendían hasta los límites más extremos e inferiores del Imperio. Por otra parte, los clientes se hicieron tan numerosos que los patronos se vieron obligados a distinguir entre ellos diversos grados de intimidad: amici (los clientes más próximos), seguían los comites, convivae, familiares, salutares, etc.
    De esta manera, el emperador tuvo como clientes directos, en la base de la jerarquía, a los 150.000 proletarios que se beneficiaban de la distribución del trigo (su sportula, en cierto modo), mientras que el otro extremo, sus amici y sus comites (amigos y compañeros) eran los altos personajes del Imperio.
    La esclerosis del Bajo Imperio fijó fórmulas y títulos que se transmitieron hasta la Edad Media con un contenido muy distinto. Gran parte del vocabulario feudal (conde, encomienda, etc.) ha surgido de las formas lejanas de la clientela romana.
    11 min
  • A000 Roma, Historia Eterna - Introducción
    Roma, Historia Eterna. Introducción del periodo comprendido entre el tercio final del Paleolítico hasta la fundación de la ciudad de Roma en el año 753 antes de Cristo. La presencia humana en Italia está datada hace alrededor de 850.000 años antes de Cristo. E.n el paleolítico hay constancia del Homo Neanderthalensis desde aproximadamente hace unos 50.000 años antes de Cristo.La especie humana es identificada como Hombre de Grimaldi, que observa diferencias tipológicas con el Hombre de Cromagnon.cultura nurágica que nace hace 1.700 años antes de Cristo en Cerdeña y, posteriormente, en Córcega. Comienzan las grandes migraciones hace 1.200 años antes de Cristo. La cultura de Villanova. Los pueblos itálicos. Los pueblos del mar. La colonización fenicia y griega. Los etruscos manifestaron su existencia en forma efectiva (hace 900 años antes de Cristo) en la constitución de la primera gran civilización de la antigua Italia, que radicó en Etruria.
    16 min

About Roma, Historia Eterna

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La historia de la monarquía, de la república y del imperio de Roma.