Roma, Historia Eterna

Roma, Historia Eterna

By franzogarHistory
Download on the App Store

Roma, Historia Eterna episodes

  • A018 Roma, Historia Eterna - República IV (280-283 a.u.c.)
    ROMA
    Período republicano (año 509 antes de Cristo o 244 ab urbe condita,
    Al año 27 antes de Cristo o 726 ab urbe condita).
    Etapa del año 473 antes de Cristo o 280 ab urbe condita,
    Al año 470 antes de Cristo o 283 ab urbe condita.
    La República oligárquica
    De las luchas sociales y la política exterior.
    473 antes de Cristo o 280 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Lucio Emilio Mamerco, por 3ª vez, y, en ciertas anales figura Vopisco Julio Julo y en otros Opiter Verginio Tricosto.
    Los cónsules del año anterior, Lucio Furio Medulino y Aulo Manlio Vulsón, cesados en sus magistraturas, iban a ser juzgados, encausados por el tribuno de la plebe Cneo Genucio, por no haber cumplido la ley agraria.
    Este tribuno de la plebe fomentó con gran energía el reparto de los territorios del Estado mediante la ley agraria entre los plebeyos.
    Se comentaba por la ciudad de Roma que la magistratura consular había sido dominada y quebrada por el poder tribunicio, de tal modo que el cónsul debía actuar en todo a la entera disposición del tribuno, simplemente como su mero ayudante.
    Si el cónsul relegaba a la plebe a la sumisión del patriciado, debía atenerse a una expulsión o a una condena o a la muerte.
    El Senado, reunido secretamente, fuera de la Curia, acordó como único punto irrenunciable la liberación de los ex cónsules por métodos tanto legales como ilegales.
    El día del juicio el tribuno de la plebe no se presentó en el Foro, donde la plebe estaba expectante.
    El retraso sembró entre la plebe la duda de que el tribuno se había plegado a la causa del Senado y la había abandonado y traicionado.
    Se corrió la voz de que Cneo Genucio había sido hallado muerto en su casa, hecho que se sostuvo como un asesinato, materializado por patricios.
    Hubo una temerosa desbandada de gente en todas direcciones.
    El desconcierto, que causó la muerte del tribuno, alarmó al resto de los tribunos, que percibieron la banalidad de las leyes que podían salvaguardar la legalidad de su entidad.
    Los patricios, por otra parte, publicaban que el poder tribunicio debía ser castigado.
    Para ocultar el terrible crimen impune, los cónsules gestionaron un alistamiento, al que los tribunos, muy intimidados, no se opusieron.
    Los plebeyos maldijeron a los tribunos porque vieron peligrar su libertad y propagaron que el poder tribunicio estaba muerto y enterrado y pensaron que, para resistir al patriciado, debían aprobar otro sistema: el de defenderse a sí mismo.
    Un plebeyo, de nombre Publilio Volerón, durante el alistamiento, se negó a ser tratado como un soldado raso, porque había servido como centurión.
    Los cónsules enviaron a un lictor, que le maniató y le castigó.
    El suplicio no fue suficiente para que cesara en su reivindicación. Apeló a los tribunos, a los que reclamó ayuda y defensa, pero, contrariamente, consiguió, sin embargo, que la multitud le amparase.
    Los cónsules trataron de detener la furia de los exaltados, que ya no respetaban derechos públicos o privados, y pronto comprobaron la poca seguridad que infundía su autoridad sin el apoyo de la fuerza.
    Los cónsules y sus lictores abandonaron el Foro, acosados, y, cuando la revuelta apaciguó su ímpetu, convocaron al Senado, quejándose del ultraje recibido, de la violencia de la plebe y de la audaz insolencia de Publilio Volerón.
    Los senadores de más edad consiguieron que sus opiniones prevalecieran sobre el resto de la Curia, desaprobando que a la intransigencia de la plebe se enfrentase el rencor exacerbado de los patricios.
    472 antes de Cristo o 281 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Lucio Pinario Mamercino Rufo y Publio Furio Medulino Fuso.
    El viejo centurión, Publilio Volerón, se resistió a ser incorporado a filas como simple soldado por los cónsules, habiendo sido anteriormente centurión.
    Levantó al pueblo en rebeldía contra los cónsules y éstos hubieron de desistir en su empeño.
    Publilio Volerón, en recompensa por la resistencia del suplicio al que fue sometido, se le eligió tribuno de la plebe por el pueblo.
    Usó el poder de su magistratura no para molestar a los cónsules del año anterior, como la opinión general daba por hecho, sino para subordinarse a los intereses del Estado y para no criticar a los cónsules.
    Proyecto la ley que otorgaba a las asambleas de las tribus (comitia tributa) la elección de los tribunos.
    La disposición restó a los patricios la capacidad de establecer en la magistratura a los tribunos deseados, que sus clientes votaban.
    El contraataque contra la norma se materializó induciendo a uno de los restantes tribunos, influenciado bien por los cónsules o bien por los líderes de los patricios, a interponer su veto.
    La polémica decisión crispó los ánimos de la plebe, que, durante todo el año, manifestó su decepción.
    471 antes de Cristo o 282 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Tito Quincio Capitolino Barbato, y Apio Claudio Craso.
    Publilio Volerón fue obsequiado por el favor del pueblo y, en los comicios habidos, fue reeligió como su representante, un tribuno de la plebe.
    Los debates acerca de la ley pretendida se prodigaron.
    Publilio Volerón fue el primero en presentarla, pero su colega Cayo Letorio, posteriormente, fue, al mismo tiempo, el partidario y el defensor más enérgico de la misma.
    Publilio Volerón se ciñó estrictamente a discutir la Ley y se abstuvo de promover cualquier injusticia contra los cónsules.
    Cayo Letorio acusó a Apio Claudio Craso y a su familia de haberse servido de la tiranía y la crueldad, desde tiempos inmemoriales, para subyugar a la plebe, y calificó al aludido cónsul de verdugo con el propósito de acosar y torturar a los plebeyos.
    Comprometido el día anterior a perecer o a sacar adelante la ley ante la asamblea de las tribus, Cayo Letorio, al día siguiente, observando que los cónsules y la nobleza rodeaba el templo, que ocupaban los tribunos, ordenó que se retirasen todos los ciudadanos, excepto los votantes efectivos.
    Como los patricios hicieron caso omiso de las órdenes de Cayo Letorio, mandó que arrestasen a algunos.
    El cónsul, Apio Claudio Craso, se opuso a partir del Foro, y comentó que la jurisdicción del los tribunos alcanzaba solo a la plebe y no al resto.
    El tono despectivo de tal aclaración sobre la mencionada jurisdicción tribunicia, desconcertó a Cayo Letorio.
    Tanto el magistrado tribunicio como el magistrado consular intentaron resolver la situación surgida, enviando, cada uno, uno de sus lictores perteneciente a cada cargo para dirimir la disputa dialéctica.
    La confrontación atrajo a multitud de gente, de todas partes de la ciudad, en dirección al Foro.
    Cayo Letorio recibió la defensa por parte de la airada plebe, mientras que Apio Claudio Craso desafió inflexiblemente la amenaza.
    El cónsul, Tito Quincio Capitolino Barbato, intervino, rogando a los furiosos plebeyos que se serenasen, y suplicó a los tribunos que deshicieran la asamblea, hasta que se apagasen los excitados ímpetus, prometiendo que el Senado se sometería a la autoridad del pueblo y los cónsules a la del Senado.
    Apaciguados los plebeyos por la mediación del cónsul, Tito Quincio Capitolino Barbato, y, también, sosegado por la intercesión de los senadores sobre el otro cónsul, Apio Claudio Craso, la asamblea fue disuelta.
    Reunido el Senado, los senadores agradecieron al cónsul, Tito Quincio Capitolino Barbato, la posición disuasoria mostrada ante los disturbios y aconsejaron al cónsul, Apio Claudio Craso, que consintiera en limitar la autoridad consular para establecer una armonía común.
    Ni tribunos ni cónsules controlaron sus bases para emprender la concordia.
    El cónsul, Apio Claudio Craso, y los patricios intentaron de nuevo oponerse a tales ventajas para el pueblo, pero tampoco lograron su objetivo.
    Tito Quincio Capitolino Barbato siempre obró con suma moderación y justicia, oponiéndose a la política violenta y poco imparcial de su colega el cónsul, Apio Claudio Craso.
    Partido el Estado en dos bandos, el cónsul, Apio Claudio Craso, responsabilizó al Senado de fallarles a los cónsules y de obviar la situación política, que ahora dictaba normas mucho peores que las acontecidas cuando la plebe se retiró al Monte Sacro (Mons Sacer).
    El sentimiento unánime del Senado no se hizo partícipe de las conjeturas del cónsul referido y, éste optó por callar.
    Una vez aprobada la ley, a pesar de los esfuerzo de los patricios para hacerla fracasar, los tribunos adquirieron una extraordinaria importancia.
    Sin duda, toda la legislación de las leyes Publilias (leges Publiliae) no fue más que la consecuencia del ascendiente que iban tomando en los negocios del Estado los elementos plebeyos.
    Publilio Volerón y Cayo Letorio reivindicaron para los comicios por tribus no sólo la elección de los tribunos de la plebe, sino también el derecho de deliberar respecto a aquéllos que fueran de interés para los plebeyos (lex Publilia), según los distritos urbanos.
    Por una parte, pudieron provocar todas las medidas que le pareciesen útiles y, por otra, pudieron oponerse a toda acción que estimaran inoportuna, y, así, aunque su poder se reducía tan solo al mero ámbito de la ciudad, fueron los ciudadanos más poderosos de la máquina estatal romana.
    La elección de los tribunos se hacía bajo la presidencia de un tribuno elegido por suerte.
    Entonces, por primera vez, los tribunos fueron elegidos por la Asamblea de las Tribus (comitia tributa).
    El número de tribunos de la plebe (tribuni plebis), que hasta ahora era de dos, alcanzó la cifra de cinco, siendo nombrados para el próximo año: Cneo Siccio, Lucio Numitorio, Marco Duelio, Espurio Icilio y Lucio Mecilio.
    Estando Roma en plenos disturbios sociales y políticos, estalló la guerra con los volscos y los ecuos, que esperaron una nueva secesión plebeya, que se le decantase a favor para ganar la contienda militar.
    Tito Quincio Capitolino Barbato se encargó de los ecuos.
    Apio Claudio Craso fue enviado contra los volscos. En campaña, libre de las ataduras tribunicias, mostró el odio hacia la plebe, más intenso que el de su padre, Apio Claudio Sabino Inregilense. Aplicó a su ejército una disciplina implacable.
    La tropa le manifestaba su espíritu de oposición y hacía todo de manera superficial, ociosa, descuidada y desafiante, sin sentimiento de vergüenza o miedo.
    Cuando obligaba a la columna moverse más rápidamente, machaba más lentamente; si quería acelerar la tarea, holgazaneaba; en su presencia bajaba la mirada y, cuando pasaba ante ella, le maldecía. La valentía que no cedió ante el odio de la plebe fue a veces agitada.
    Después de fracasar en la aplicación de sus medidas, cesó de relacionarse con los soldados, a los que tildó de corrompidos por los centuriones y a los que titulaba con sarcasmo tribunos de la plebe y Publilios Volerones.
    Nada de esto escapó a la atención de los enemigos, que anhelaban la desafección de los legionarios con su comandante, el cónsul.
    Los legionarios se debatían entre vencer y ser vencidos.
    Cuando llegó el combate, rompieron filas en una vergonzosa fuga y se dirigieron al campamento, sin ofrecer resistencia alguna, hasta que vieron a los volscos atacar sus trincheras y que en su retaguardia se producía una masacre.
    Entonces se vieron obligados a luchar, para poder desalojar al enemigo victorioso del cercado de su campamento.
    La postura defensiva evidenciaba que sólo les importaba impedir la captura de su campamento, pero no una ignominiosa derrota.
    Apio Claudio Craso, muy furioso, convocó al ejército a una asamblea.
    Sus legados y tribunos militares le comunicaron que los legionarios, que pretendían retirarse del territorio volsco, no iban a acudir a la reunión y le advirtieron que no se inmiscuyera en su autoridad, porque ella dependía enteramente de aquellos que libremente quisieran obedecerles
    Apio cedió finalmente a sus protestas y renunció a la asamblea.
    Cuando el ejército abandonaba el campamento y estaba formando en orden de marcha, los volscos cayeron sobre la retaguardia.
    La confusión tanto en la vanguardia como en la retaguardia impidió formar una línea de batalla.
    Tras la huida, las tropas dispersas montaron un campamento en territorio no asolado.
    El cónsul recriminó a los legionarios la falta de disciplina y el abandono de sus estandartes (la pérdida del estandarte, y más si era por deserción, resultaba la mayor ignominia imaginable para un soldado o ciudadano romano. Le seguía en gravedad el extravío de las armas), y les preguntó por separado, dónde estaban sus estandartes, y dónde estaban sus armas.
    Ordenó que azotasen y decapitasen a los soldados que habían arrojado sus armas, a los portaestandartes que habían perdido sus insignias, y, además de éstos, a los centuriones y duplicarios (oficiales que recibían doble paga, solían ser los tenientes de los centuriones) que habían desertado de sus filas.
    De cada diez hombres (decimatio), se eligió uno por sorteo para recibir el castigo.
    En la campaña contra los ecuos, el cónsul, Tito Quincio Capitolino Barbato, de naturaleza más suave, y conocedor de que, a causa la desafortunada severidad empleada, su colega padecía desasosiegos, esto le hizo más proclive a seguir su inclinación afable.
    Los ecuos no se enfrentaron a un ejército en el que reinaba la armonía entre el general y sus hombres. Así permitieron que su enemigo devastase su territorio en todas direcciones.
    En ninguna guerra anterior se habían saqueado más territorios que en aquella.
    La totalidad de la conquista de los mismos se entregó a los soldados, que recibieron palabras de elogio y estas recompensas materiales, que alegraron su ánimo.
    Los soldados de Tito Quincio Capitolino Barbato regresaron a Roma, enorgullecidos, pero informando que mientras el Senado les había dado un padre a ellos, a los otros les había dado un tirano.
    El año, que había trascurrido con los distintos azares de la guerra y con las furiosas disensiones, tanto en casa como en el extranjero, fue memorable sobre todo por la Asamblea de las Tribus, que fue más importante por la victoria en sí que por cualesquiera ventaja adquirida.
    Porque con la retirada de los patricios de su Consejo, la Asamblea de las Tribus perdió más en dignidad que los privilegios que la plebe hubiese ganado o perdido los patricios.
    470 antes de Cristo o 283 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Lucio Valerio Potito Voluso Publícola, por 2ª vez, y Tiberio Emilio Mamerco.
    La ley Agraria separaba aún a los plebeyos y a los patricios.
    El ex cónsul, Apio Claudio Craso, fue enjuiciado por la acusación de los tribunos Marco Duelio y Cneo Siccio, que se basaban tanto en la oposición a la mencionada ley como en la desaprobación a ocupar la tierras públicas los soldados vencedores de la última guerra, actuando como si ejerciera el consulado, siendo un tercer cónsul.
    Los propios patricios aunaron esfuerzos para librar de la condena al que estimaban su campeón por su autoridad y su bastión contra los desórdenes de los tribunos o de la propia plebe, presentado al pueblo como nunca antes había sido nadie tan profundamente odiado.
    El mismo Apio Claudio Craso, marcado por la ira de los plebeyos, retó con la mirada a acusadores y a defensores, banalizando el trance al que estaba expuesto.
    Cuando le concedieron la palabra para defenderse ante el pueblo no simuló dulcificar ni subyugar la dureza de sus opiniones, a pesar de las intimidaciones de la plebe y de los ruegos de los miembros del Senado.
    Sus manifestaciones provocadoras y su carácter infranqueable, de los que hacía siempre gala, desconcertaron a los tribunos y a la plebe, que aplazaron el caso por su propia voluntad y lo dejaron dilatarse, posiblemente, porque quedaron más atemorizados que cuando fue cónsul.
    Al poco tiempo, antes de que se reanudase el juicio, murió de enfermedad.
    Los tribunos maquinaron obstaculizar la celebración de la oración fúnebre, pero los plebeyos no se opusieron a que rindieran los honores acostumbrados a un hombre tan ilustre.
    Hay que resaltar que escucharon el panegírico del muerto con tanta atención como habían oído las acusaciones contra el vivo, y una gran multitud le acompañó hasta la tumba.
    En el mismo año, el cónsul, Lucio Valerio Potito Voluso Publícola, marchó con un ejército contra los ecuos, que rehuyeron el combate, refugiándose en su campamento.
    El ataque fue abortado por una tormenta, que se consideró un acto de intervención divina, dando lugar a usar el ejército para la devastación del país.
    El otro cónsul, Tiberio Emilio Mamerco, guerreó contra los sabinos, que imitaron el comportamiento de los ecuos, y, por ello, también fueron devastados sus campos.
    Al ser dispersadas poblaciones numerosas de su país, los sabinos emprendieron la acción, dejando la batalla indecisa.
    El cónsul aludido consideró al enemigo derrotado y regresó a Roma, abandonando la guerra.
    20 min
  • A017 Roma, Historia Eterna - República III (271-279 a.u.c)
    ROMA
    Período republicano (509 antes de Cristo o 244 ab urbe condita,
    27 antes de Cristo o 726 ab urbe condita).
    Etapa de 482 antes de Cristo o 271 ab urbe condita,
    Al 474 antes de Cristo o 279 ab urbe condita.
    La República aristocrática y
    La República oligárquica
    De las luchas sociales y la política exterior.
    482 antes de Cristo o 271 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Cayo Julio Julo y Quinto Fabio Vibulano, por 2ª vez.
    Durante este año, las contiendas sociales continuaron tan vivas como siempre, y la guerra se recrudeció.
    Los ecuos tomaron las armas, y los veyentinos invadieron el territorio romano.
    Cabe reseñar que la ciudad de Veyes, una ciudad etrusca poderosa, situada estratégicamente a orillas del Tíber, dominaba la famosa Vía Salaria y por tanto el comercio de la sal.
    Los veyentinos representaban ser adversarios económicos y territoriales respecto a Roma, que ansiaba conquistar el enclave de Fidenas, a orillas del Tíber, en posesión de Veyes, para hacerse con el mencionado negocio de la sal.
    Cartago y Etruria.
    Con Cartago, una vez abatida y humillada, el imperio marítimo de los etruscos, sus aliados, se derrumbó. Ya Anaxilas, tirano de Rhegiun y de Zancle (después Mesina), limpió de corsarios el estrecho de Sicilia y colocado allí una armada permanente hacia este año: 482 antes de Cristo o 271 ab urbe condita.
    481 antes de Cristo o 272 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Espurio Furio Medulino Fuso y Cesón Fabio Vibulano, por 2ª vez.
    La guerra sembró una creciente incertidumbre.
    Los ecuos atacaron Ortona, una ciudad latina mientras que los veyentinos, dueños del botín, amenazaron ahora con asaltar la propia Roma.
    La noticia de un ataque a Roma no calmó los ánimos de la plebe sino que propició la vuelta del rechazo a prestar el servicio militar, a pesar de la inminente llegada del ejército enemigo.
    El autor de este plante plebeyo fue auspiciado por Espurio Licinio, uno de sus tribunos, creyendo así que obligaría al Senado a cumplir los preceptos de la Ley Agraria Casiana.
    La torpe idea del tribuno le atrajo la animadversión de la plebe, por el mal uso de su magistratura, y provocó el efecto contrario, induciendo a sus otros colegas en el cargo a aliarse con los cónsules para proceder al alistamiento.
    El ejército fue dividido en dos frentes uno mandó el cónsul Cesón Fabio Vibulano para combatir a los veyentinos y otro el otro cónsul Espurio Furio Medulino Fuso para hacer frente a los ecuos.
    Cesón Fabio Vibulano usó solo la caballería para embestir al enemigo, derrotándolo.
    El enconado odio del ejército romano hacia su comandante rozó la traición.
    La infantería hizo caso omiso a las órdenes del cónsul y no persiguió a las huestes veyentinas. El azar favoreció a los romanos, porque, los veyentinos, que pudieron reorganizarse, se habían puesto en fuga, y no se habían percatado de que la infantería romana no les acosaba.
    Una vez en el campamento, los infantes del ejército romano maldijeron a su jefe por haberles privado del protagonismo que siempre hacían gala en una batalla: romper las filas del adversario.
    Durante el desarrollo de una batalla, la infantería ponía en desbandada al enemigo y la caballería le perseguía, pero el cónsul invirtió la forma de obrar (modus operandi).
    La humillación del cónsul referido dañó su reputación militar, que el resentimiento declarado por sus soldados había menguado.
    480 antes de Cristo o 273 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Cneo Manlio Cincinato y Marco Fabio Vibulano, por 2ª vez, que luchó contra la ciudad de Veyes.
    El Senado favoreció nuevamente a la gens de los Fabios, elevando a uno de sus miembros al consulado.
    Uno de los dos cónsules fue libremente designado por el pueblo.
    El reivindicativo proceder de la plebe por ver hecha realidad la ejecución de la Ley Agraria Casiana otorgó al tribuno de la plebe Tiberio Pontificio dirigir las protestas. Actuó, pretendiendo que fuese efectivo este procedimiento, como hizo Espurio Licinio, obstaculizando y retrasando el reclutamiento de ciudadanos.
    Apio Claudio tranquilizó a los miembros senatoriales, confirmando que siempre habría algún tribuno de la plebe que, para triunfar sobre su colega, se aseguraría la protección del mejor benefactor: en este caso la República y el Senado.
    Los senadores optaron por estimar a los tribunos de la plebe y los de rango consular por atender cada demanda para que éstos ejercieran en beneficio del Estado.
    Gracias a la oposición de cuatro tribunos de la plebe sobre el que obstaculizaba el bien público, lograron llevar a cabo el alistamiento con el apoyo de los cónsules.
    Conocido por los jefes enemigos que el Estado romano estaba dividido en dos sectores, cada uno sostenido con sus propios magistrados y con sus propias leyes, las asambleas de las ciudades de Etruria difundieron estas noticias, puesto que se tenía constancia de que este desgobierno ya había llevado a la tumba a grandes imperios.
    Las actitudes de desobediencia de los soldados romanos, hacia sus mandos militares en la última guerra, dieron nuevas fuerzas a tropas etruscas.
    Los veyentinos y los etruscos trataron, por todos los medios, de forzar la batalla, que los propios cónsules rehuyeron, porque, entre la tropa, estaban aún exaltados los fanatismos, las pasiones y los ánimos. Se burlaron e insultaron al ejército romano y propagaron, con el fin de incitar a disputas internas, que los comandantes romanos desconfiaban y dudaban de la lealtad de sus soldados.
    El silencio y la inactividad entre los hombres romanos alistados dibujaron un panorama de un nuevo modo de sedición.
    Una vez que el odio hacia el enemigo superó al de sus compatriotas, y, después de solicitar el juramento de cada uno de los soldados romanos, los cónsules, Cneo Manlio Cincinato y Marco Fabio Vibulano, dieron la señal para tomar las armas y entrar en acción.
    Las legiones de los veyentinos y de los etruscos no rechazaron el combate, pero los etruscos apenas habían tenido tiempo para formar sus filas, y recibieron una lluvia de jabalinas y entraron en batalla cuerpo a cuerpo con las espadas. Masacrados y dispersados en todas direcciones, la batalla resultó ser una victoria gloriosa, aunque a la vez amarga por la muerte del cónsul Cneo Manlio Cincinato y el hermano del otro cónsul, llamado Quinto Fabio Vibulano, que había sido también anteriormente cónsul.
    El cónsul superviviente rechazó la celebración del triunfo y se ciñó a reconciliarse con la plebe, distribuyendo entre los acomodados patricios el ciudad de los heridos y haciéndose cargo del mayor número de afectados su propia familia.
    La popularidad le volvió a sonreír al cónsul, ganada por métodos que no eran incompatibles con el bienestar del Estado.
    Grecia.
    Mediante la batalla de Salamina (480 antes de Cristo o 273 ab urbe condita), Grecia fue salvada y vengada.
    Sicilia.
    La ciudad de Himera, situada en Sicilia, gobernada por el tirano Terilos, sostuvo una enconada resistencia para no ser anexionada.
    Therón de Agrigento ocupó militarmente la ciudad de Himera, luego, expulsó al mencionado tirano, que solicitó el auxilio de los púnicos que, a partir de entonces, intervinieron en la política interna de los griegos de Sicilia.
    Los soberanos de Siracusa y de Agrigento (Akragas), Gelón y Therón, destruyeron a la inmensa armada de Amílcar, hijo de Magón, cerca de la ciudad de Himera, finalizando la guerra.
    Sin embargo, la victoria de los griegos siracusanos no consiguió expulsar a los púnicos de Sicilia, cuyo fin fue mantener en la isla bases militares para que el estado africano jugara un papel importante en la política mediterránea.
    Los púnicos, tras el revés, no obstante, practicaron entonces una política puramente defensiva.
    479 antes de Cristo o 274 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Tito Verginio Tricosto Rutilo y Cesón Fabio Vibulano, por 3ª vez.
    La elección de los cónsules fue bien recibida tanto por la plebe como por los patricios.
    Cesón Fabio Vibulano subordinó todos los proyectos militares a la tarea unir a patricios y plebeyos. Aconsejó a los miembros del Senado, que se anticiparan a cualquier propuesta proveniente de algún tribuno de la plebe acerca de la Ley Agraria Casiana, para tomarla bajo control, y que distribuyeran las tierras conquistadas en la guerra entre los plebeyos, tan justamente como fuese posible.
    Entendió por justo que los plebeyos fuesen premiados con el reparto, que sin duda habían ganado con sudor y sangre.
    El consejo fue desechado por parte de los patricios.
    Cesón Fabio Vibulano paró las incursiones de los ecuos en territorios latinos y los alejó hasta sus ciudades.
    El otro cónsul sufrió una derrota a manos de los veyentinos, y sólo la llegada de Cesón Fabio Vibulano, con refuerzos, salvó al ejército de la destrucción.
    A partir de ese momento no hubo ni paz ni guerra con los veyentinos, que, sabiendo que los romanos volvían a Roma, iniciaban correrías por los campos, denegando la posible paz.
    Como los veyentinos ocasionaban más molestias que alarmas, el propio cónsul, Cesón Fabio Vibulano, manifestó al Senado que su familia, para someter a esos enemigos, cargaría bajo sus espaldas con el coste de la formación de un ejército, liberando de tal gasto al Estado. Marchó con los reclutados hasta las orillas del Crémera. Este lugar le pareció adecuado para construir una fortaleza que le sirviera de reducto.
    478 antes de Cristo o 275 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Cayo Servilio Estructo Ahala, que fue sustituido por Cayo Cornelio Léntulo como cónsul sufecto y, éste, a su vez, por Opiter Verginio Tricosto Esquilino también como cónsul sufecto, y Lucio Emilio Mamerco, por 2ª vez.
    Los veyentinos, después de reunir un ejército de Etruria, asaltaron el puesto fortificado en el Crémera, defendido por el ex cónsul Cesón Fabio Vibulano.
    El cónsul, Lucio Emilio Mamerco, comandó las legiones que desmantelaron las fuerzas etruscas de los veyentinos, que pidieron la paz.
    Una vez que la guarnición de los romanos perdió y abandonó el fuerte en el Crémera, rechazó la paz.
    Los conflictos entre los Fabios y Veyes se reanudaron.
    477 antes de Cristo o 276 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Cayo Horacio Pulvilo y Tito Menenio Lanato.
    Fue en vano el sacrificio de los 306 Fabios, aniquilados a orillas del río Crémera, en su intento por mantener el fuerte, construido con la intención de aislar a la ciudad de Fidenas, enclave estratégico ubicado en la orilla del Tíber, de la ciudad de Veyes.
    Un solo joven inmaduro de los Fabios sobrevivió al desastre, pero, con los años, se convirtió en el mayor auxilio de Roma en sus momentos de peligro, tanto exterior como interior.
    El modus operandi de estos antiguos ejércitos nos muestra los primeros tiempos de la República y las reminiscencias patricias de estas formaciones, atadas fuertemente a un gentilicio.
    Roma fracasó en su intento de romper la cabeza de puente de Veyes en la orilla del río Crémera.
    Por otra parte, el cónsul, Tito Menenio Lanato, fue inmediatamente enviado contra los etruscos y el otro, Cayo Horacio Pulvilo, contra los volscos.
    El enemigo se apoderó del Janículo.
    El cónsul, Cayo Horacio Pulvilo, regresó de la Toscana e impidió la invasión de la ciudad de Roma, enfrentándose, primeramente, a los incursores cerca del templo de Spes, diosa de la esperanza, y, luego, en la puerta Colina.
    Tras este leve triunfo los legionarios recobraron la confianza tanto en la valentía como en la destreza militar.
    476 antes de Cristo o 277 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Espurio Servilio Prisco Estructo y Aulo Verginio Tricosto Rutilo.
    Desde el Janículo y desde la ciudadela, los veyentinos, en vez de combatir, se dedicaron a hacer correrías por el territorio romano.
    Atacaron el campamento del cónsul Espurio Servilio Prisco Estructo, cruzando el Tíber, aprovechando la oscuridad de la noche, pero debieron regresar dificultosamente al Janículo.
    El mismo cónsul les persiguió, pero falló su estrategia, y, gracias al auxilio del otro cónsul, Aulo Verginio Tricosto Rutilo, salvó al ejército.
    Los etruscos quedaron atrapados entre los dos ejércitos, y, a pesar de que procedieron a una retirada controlada, fueron aniquilados.
    Así la Guerra Veyentina acabó repentinamente.
    La paz propició que llegara grano de Campania.
    Los problemas sociales internos resurgieron, cuando los tribunos de la plebe, valiéndose de la Ley Agraria Casiana, lanzaron a los plebeyos contra los senadores, que continuaban oponiéndose a implantarla.
    Los tribunos de la plebe, Quinto Considio y Tito Genucio, que respaldaban la ley frumentaria, acusaron al ex cónsul Tito Menenio Lanato, hijo de Agripa Menenio Latano, el antiguo conciliador, aceptado tanto por la plebe como por el patriciado, para acordar soluciones al enfrentamiento habido entre ambas partes, como el culpable de la pérdida de la fortaleza del río Crémera, porque no la auxilió como cónsul, a pesar de que su campamento militar estaba situado muy cerca de ella.
    La multa impuesta fue tan elevada que la valoró como una sentencia a muerte e, incapaz de soportar la vergüenza, enfermó y falleció.
    475 antes de Cristo o 278 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Cayo Naucio Rutilo y Publio Valerio Publícola.
    El ex cónsul, Espurio Servilio Prisco Estructo, inmediatamente después de cesar en su cargo, fue acusado por los tribunos de la plebe, Lucio Cecidio y Tito Estacio, y, por consiguiente, además, procesado.
    La acusación se fundamentó en el comportamiento que manifestó en la antigua batalla del Janículo, contra los veyentinos de Etruria.
    En el juicio antepuso su inocencia e influencia personal al peligro que corría su vida.
    Valiéndose del cambio del sentimiento popular, desconforme ahora con la sentencia dictada a Tito Menenio Lanato, reprobó a los tribunos de la plebe y a la plebe, a quienes tachó de crueles y vengativos. Argumentó que no habían agradecido al padre de éste, el ilustre Agripa Menenio Lanato, las magistraturas y las leyes otorgadas, que tantos privilegios les confirieron, tras encauzar el conflicto social entre plebeyos y patricios, (recuérdese la huida de la plebe al Mons Sacer), sino que lo habían ignorado, tras permitir la pena de una multa, que no pudo pagar y que fue consumiéndole hasta arrastrarlo a la muerte.
    Su colega en el cargo, el ex cónsul, Aulo Verginio Tricosto Rutilo, le ayudó en el juicio, presentándose como testigo, y alabó todos los servicios que prestó al Estado.
    El tribunal finalmente lo absolvió.
    Nuevamente la guerra contra los veyentinos, aliados con los sabinos, dio lugar a la creación de un ejército, conformado, además, por auxiliares latinos y hérnicos, y puesto al mando del cónsul Publio Valerio Publícola.
    Atacó inmediatamente a los sabinos, a quienes masacró.
    Los veyentinos dividieron su ejército: una parte auxilió a los sabinos y otra combatió a los romanos.
    El cónsul maniobró con la caballería y puso en fuga al enemigo.
    Por otra parte, los volscos y los ecuos invadieron el territorio latino, pero fueron detenidos por los propios latinos y hérnicos.
    La actuación de estos aliados, atacando un ejército enemigo sin ningún general romano al mando, no fue aceptada, porque no era la costumbre.
    En Roma esto no fue tolerado y el Senado envió al cónsul Cayo Naucio Rutilo.
    Acto seguido, los volscos no se atrevieron a dar batalla
    474 antes de Cristo o 279 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Lucio Furio Medulino y Aulo Manlio Vulsón.
    Se concedió la ciudad y el territorio circundante de Veyes al cónsul Aulo Manlio Vulsón.
    Previa petición veyentina, se acordó una tregua de cuarenta años, acompañada de las siguientes condiciones: pagar un tributo y abastecer de grano a la ciudad de Roma.
    Terminó la primera guerra de Veyes (485 antes de Cristo o 268 ab urbe condita / 474 antes de Cristo o 279 ab urbe condita), que, increíblemente, favoreció a Veyes, porque mantuvo en su esfera de poder la ciudad de Fidenas, que obstaculizaba el comercio romano con Etruria.
    Los tribunos de la plebe excitaron con exceso a la plebe, utilizando nuevamente la ley Agraria Casiana.
    Los cónsules emplearon la violencia para preservar el orden.
    Magna Grecia.
    Cumas, situada al sur de Roma, en la costa del mar Tirreno, atacada por los etruscos y sus aliados cartagineses, protagonizó la nueva derrota etrusca-cartaginesa, inflingida por la flota del sucesor del tirano de Siracusa, Hierón.
    El poderío naval etrusco sufrió un gran revés en la zona por parte de los griegos, sus adversarios comunes.
    20 min
  • A016 Roma, Historia Eterna - República II (260-270 a.u.c)
    ROMA
    Período republicano (509 antes de Cristo o 244 ab urbe condita
    27 antes de Cristo o 726 ab urbe condita).
    Etapa de 493 antes de Cristo o 260 ab urbe condita
    a 483 antes de Cristo o 270 ab urbe condita.
    La República aristocrática
    De las luchas sociales y la política exterior.
    493 antes de Cristo o 260 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Postumo Cominio Aurunco, por 2ª vez, y Espurio Casio Viscelino, también por 2ª vez.
    Espurio Casio Viscelino concertó un tratado de alianza de Roma con los latinos (foedus Cassianum), en virtud del cual se integró también la Urbs en la mencionada Liga, en calidad de un miembro más y no en cabeza hegemónica de la misma.
    Se formó la Confederación latina a la que pocos años después se adhirieron también los hérnicos, pueblo que lindaba por el sudoeste con los habitantes del Lacio.
    La integración de Roma en la referida confederación como un miembro más, tenía dos metas fundamentales: la liberación de los territorios del Lacio que habían caído en manos de los atacantes y la extensión de las fronteras hasta donde fuese posible.
    El otro cónsul, Postumo Cominio Aurunco, fue enviado a la guerra contra los volscos en Ancio, a quienes derrotó y persiguió hasta Longula, ciudad de la que se apoderó.
    Continuó la campaña militar hacia Polusca, la que capturó y después atacó la ciudad de Corioli.
    Un apuesto soldado, de nombre Cayo Marcio, hizo una incursión audaz por una puerta abierta de la ciudad de Corioli, y con un grupo de romanos incendió los edificios cercanos a la muralla.
    Por esta hazaña se le denominó Coriolano.
    Los volscos venidos de Ancio fueron derrotados y Corioli capturada.
    Este año murió Menenio Agripa Lanato, el hombre que concilió a patricios y plebeyos y que se hizo aún más querido por los plebeyos después de su secesión.
    Al no disponer de dinero para sufragar su funeral, fue enterrado por los plebeyos a su costa, aportando cada uno una sextante, moneda romana de cobre de dos onzas (sexta parte de un as).
    En ciertos casos, las familias dirigentes del patriciado buscaban afanosamente un apoyo plebeyo, sobre todo en aquella fracción que interesaba, la del ejército centuriado.
    Obviamente no todos los plebeyos eran pobres.
    Algunos tenían una clientela respetable, que gozaba de gran poder económico.
    Como los patricios se habían reservado astutamente el disfrute del dominio público de manera que poseían grandes propiedades sin los gravámenes de las contribuciones que, por otra parte, recargaban atrozmente sobre las tierras de dominio privado pertenecientes al pueblo, para la mayoría, no obstante, era primordial el reparto de las tierras y, sobre todo, de la cuestión de las deudas -algunos de cuyos acreedores podían ser plebeyos-, la parte más acomodada estaba, ante todo, interesada en la obtención de la paridad política, que le abriera las puertas del ager publicus y de las magistraturas y, en algunos casos, estos plebeyos acaudalados tenían intereses coincidentes con el patriciado, como, por ejemplo, en la cuestión de las deudas.
    Sin embargo, cualquier tentativa, que se hiciera para lograr la reparación de las tierras, era ahogada por la crueldad de los padres de la patria, que condenaban como sospechosos a los dictadores del movimiento o, simplemente, hacían asesinarlos.
    De tal manera se hizo que trascendieren estos crímenes, que la aristocracia romana adquirió de nuevo gran preponderancia, de modo que se pensaba ya en abolir el tribunado.
    En el Lacio, concluyó la guerra latina con el reconocimiento de la autonomía de las ciudades del Lacio por parte de Roma, si bien la urbe se reserva el mando militar supremo en caso de guerra.
    Se acordó el establecimiento de relaciones comerciales permanentes y la autorización de matrimonios mixtos.
    492 antes de Cristo o 261 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Tito Geganio Macerino y Publio Minucio Augurino.
    Aunque la tranquilidad volvió a la ciudad y a los territorios extranjeros, la República fue atacada por varias calamidades: en primer lugar la carestía de alimentos, debido a que los campos permanecieron sin cultivar durante la secesión, y luego una hambruna como la que sufriría una ciudad sitiada.
    Los cónsules enviaron comisionados a varios lugares para comprar grano. Bordearon la costa a la derecha de Ostia, en Etruria, y a la izquierda, rebasado el país de los volscos, hasta Cumas.
    Se llegó incluso hasta Sicilia, debido a la hostilidad de sus vecinos, obligándoles a buscar ayuda tan lejos.
    Comprado el grano en Cumas, el tirano Aristodemo, a modo de embargo en compensación sobre las propiedades romanas de Lucio Tarquinio Superbo, de quien era heredero, retuvo la mercancía.
    Entre los volscos y en el distrito de Pontino la compra de grano se abortó, porque los vendedores fueron extorsionados por la población.
    Solo de Etruria llegó un poco de grano por el Tiber.
    Los volscos nuevamente iniciaron la guerra, pero azotados por una enfermedad contagiosa, desistieron.
    Gracias a ello, los romanos repoblaron Velitras con nuevos colonos y establecieron una nueva colonia en Norba, en las montañas, para servir como bastión en el territorio de Pomptina.
    491 antes de Cristo o 262 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Marco Minucio Augurino, por 2ª vez, y Aulo Sempronio Atratino, también por 2ª vez.
    Una gran cantidad de grano llegó desde Sicilia.
    El Senado debatió a qué precio se le debía dar el grano a la plebe.
    Se acentuó la lucha entre la aristocracia y el pueblo. Parte del patriciado vio la oportunidad de recuperar derechos arrebatados mediante la secesión y la violencia utilizada.
    La plebe organizada por los tribunos de la plebe persiguió las insolencias de Cayo Marcio Coriolano, a la que acusaba de provocar la hambruna en la ciudad porque no trabajaba las tierras.
    Recibiendo tanto amenazas como súplicas de los patricios, por su ostentoso modo de vida se le culpó de malversación de fondos públicos y sedición y fue encarcelado y tuvo que someterse al fallo tribunicio y salir desterrado de la ciudad.
    Esta condena y otras probaron el poder del pueblo.
    Pero la gran aspiración de la plebe romana no era la de pequeñas venganzas, por otra parte casi siempre justas contra el poder opresor de los patricios.
    Cayo Marcio Coriolano marchó al exilio, recibiéndole los volscos.
    Disfrutó de la hospitalidad de Atio Tulio, que era el hombre más importante en ese momento entre los volscos y enemigo de Roma durante toda su vida.
    Por voto unánime de todos los generales, se confió la dirección de la guerra a Atio Tulio y a Cayo Marcio Coriolano, el exiliado romano, en quien pusieron todas sus esperanzas.
    La ofensiva fue dirigida a Roma junto con la Liga Latina.
    Marchó en primer lugar contra Circeio, expulsó a los colonos romanos y se la entregó a los volscos como ciudad libre.
    Luego tomó Satrico, Longula, Polusca y Corioli, pueblos que los romanos habían capturado recientemente.
    También recuperó Lavinio y después, sucesivamente, Corbión, Vetelia, Trebio, Labico y Pedum. Por último, avanzó desde Pedum hacia Roma.
    490 antes de Cristo o 263 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Quinto Sulpicio Camerino Cornuto y Espurio Larcio Rufo, por 2ª vez.
    489 antes de Cristo o 264 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Publio Pinario Mamercino Rufo y Cayo Julio Julo.
    488 antes de Cristo o 265 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Espurio Naucio Rutilo y Sexto Furio Medulino Fuso.
    Llegado a Roma, Cayo Marcio Coriolano asoló las tierras cuya propiedad era de plebeyos, respetando las de los patricios, con la finalidad de crear disturbios entre una clase social y otra.
    Cayo Marcio Coriolano permitió a una delegación del Senado negociar una rendición sin derramamiento de sangre. La negociación fracasó.
    Después unas matronas de la ciudad encabezadas por la madre, de nombre Veturia, y la esposa de Coriolano, llamada Volumnia, lo increparon por su injusticia y le imploraron de rodillas.
    Entonces cedió, se compadeció y, levantando el campamento, partió hacia Ancio.
    Acabó sus días repudiado por la Liga Latina y, tras la celebración de un juicio contra su persona, fue lapidado antes de conocer la sentencia.
    Para premiar y recordar el acto de las matronas se construyó y consagró un templo a la Fortuna de las Mujeres.
    Los ecuos pusieron en duda el generalato de Atio Tulio.
    Ante la falta de acuerdo sobre qué nación debía proporcionar el comandante del ejército unido, todo acabó en una sangrienta batalla.
    Roma destruyó los dos ejércitos enemigos, finalizando aquel largo conflicto tan ruinoso como obstinado.
    487 antes de Cristo o 266 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Tito Sicinio Sabino y Cayo Aquilio Tusco.
    Tito Sicinio Sabino se le asignó la campaña contra los volscos, a Cayo Aquilio Tusco contra los hérnicos, pues también estaban en armas.
    En ese año fueron sometidos los hérnicos y la campaña contra los volscos terminó indecisa.
    486 antes de Cristo o 267 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Próculo Virginio Tricosto Rutilo y Espurio Casio Viscelino, por 3ª vez, que sometió a los volscos y a los hérnicos.
    Se firmó un tratado con los hérnicos, a los que se les conquistó dos tercios de su territorio.
    De esta conquista, Espurio Casio Viscelino destinó la mitad a los latinos y la otra mitad a la plebe romana.
    Espurio Casio Viscelino contempló añadir a las tierras conquistadas otras que, a pesar de pertenecer al Estado, fundamentó que se las habían apropiado particulares.
    Los patricios que se valían de estas tierras vieron que los bienes proporcionados peligraban. Espurio Casio Viscelino propuso la primera lex Casia agraria (lex frumentaria), pero no logró éxito.
    El otro cónsul, Próculo Virginio Tricosto Rutilo, que manifestaba que el regalo de su colega estaba lleno de malicia, que las tierras en cuestión traerían la esclavitud para quien las tomase y que estaba preparándose el camino para alcanzar el trono, se opuso a la propuesta, así como Apio Claudio Sabino Regilense.
    En esto Próculo Virginio Tricosto Rutilo fue apoyado por el Senado, mientras que la plebe estaba lejos de mostrarse unánime en favor de la ley.
    Estaban empezando a mirar con recelo que un don tan barato fuese compartido entre ciudadanos y aliados.
    A partir de entonces, ambos cónsules trataron de granjearse el favor de la plebe.
    Próculo Virginio Tricosto Rutilo dijo que consentiría la cesión de las tierras siempre que fueran repartidas solo a ciudadanos romanos.
    Espurio Casio Viscelino, defensor de que en el reparto de las tierras se contemplasen también a los aliados, terminó odiado por sus conciudadanos, a los que para atraerse ordenó devolver al pueblo el dinero recibido por la venta del grano sicialiano.
    La estrategia fue juzgada con desprecio por la plebe, que no confiaba en sus fines, con los que ambicionaba obtener la monarquía.
    Apio Claudio Sabino Regilense venció a los volscos. Declaró la guerra a Veyes.
    El monopolio en la explotación de las salinas de la desembocadura del Tíber y el control de la ruta de tráfico de este importante producto a través de la vía Salaria, intereses encontrados, propiciaron la larga guerra contra Veyes que tuvo periodos de treguas.
    En la tradición, sin embargo, esta guerra aparece como un conflicto centenario por la posesión de Fidenas (Fidenae) y el control del valle del Crémera.
    En el Lacio, los vencidos hérnicos (hernici) se unieron a la alianza con Roma.
    485 antes de Cristo o 268 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Servio Cornelio Cosso Maluginense y Quinto Fabio Vibulano.
    Expirado el plazo del cargo del ex cónsul Espurio Casio Viscelino fue acusado de aspirar a la tiranía y fue procesado por los cuestores (quaestores parricidii) Cesón Fabio y Lucio Valerio ante el pueblo y condenado por traición a la patria, dando orden de que su casa fuese demolida.
    Espurio Casio Viscelino acabó sus días siendo la víctima de la venganza de los irritados patricios, a cuya clase pertenecía.
    Hay una reacción del patriciado para clausurar el número de gens; así los nobles pasan a constituir castas.
    La ley Agraria Casiana no fue al olvido a pesar de que su creador fuera condenado a muerte, sino que produjo cierta seducción en la plebe avivando deseos y aumentado rencores por las maquinaciones del Senado, que se burló de los legionarios en la cuantía del botín que les correspondía sobre la conquista de tierras a los volscos y ecuos, hacía ya un año.
    El odio de la plebe se desbordó cuando el cónsul Quinto Fabio Vibulano vendió las tierras anexionadas y el dinero obtenido lo depositó en el Tesoro Público.
    484 antes de Cristo o 269 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Lucio Emilio Mamerco y Cesón Fabio Vibulano.
    A pesar de que la plebe no perdonó la venta de los territorios conseguidos a los ecuos y volscos por un Fabio, los patricios lograron que otro Fabio, Cesón Fabio Vibulano, fuera elegido cónsul.
    La magnitud de esta afrenta a la plebe produjo disturbios que arrastraron a Roma a una guerra, que aunó a patricios y plebeyos para rechazar a los ecuos y a los volscos.
    Por la victoria se construyó un templo en honor a Cástor.
    La lucha entre ambos, patricios y plebeyos, prosiguió.
    Los patricios movilizaron a sus clientes del agro y los plebeyos, a sus tribunos de la plebe que amenazaron a determinados patricios con procesos ante la Asamblea popular.
    La Ley Agraria Casiana contemplaba partidas que beneficiaban a la plebe y sus tribunos consiguieron que la valoraran, insistiendo constantemente en la aplicación de tan popular medida.
    Los patricios, horrorizados por las crecientes peticiones plebeyas, pidieron a los cónsules que actuaran con decisión para acabar con la manifiesta confrontación.
    483 antes de Cristo o 270 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Lucio Valerio Potito Voluso Publícola, y Marco Fabio Vibulano.
    El Senado temporalmente ganó la partida a la plebe y colocó en el consulado a Marco Furio Vibulano, hermano de Cesón Marco Vibulano.
    El otro cónsul Lucio Valerio Potito Voluso Publícola fue especialmente odiado por la plebe por la persecución que ejerció sobre Espurio Casio Viscelino, el autor de la ley Agraria que tanta discordia sembraba aún.
    La ley Agraria quedó en papel mojado en el momento en que los tribunos de la plebe no cumplieron con sus promesas y los cónsules, habidos de la gens Fabia, resintieron con éxito los planteamientos enfrentados de aquéllos.
    Se Inició una guerra con la ciudad de Veyes y se reavivó la de los volscos.
    La ausencia de una solución a la situación social romana, perjudicada por signos sobrenaturales, dio lugar, por parte de los augures, a generar la creencia de que lo que acontecía se debía la ira divina que había sido profanada en sus funciones sagradas.
    Para tratar de aplacar y contrarrestar el enojo de los dioses, se castigó a Oppia, una virgen vestal declarada culpable de fornicación.
    19 min
  • A015 Roma, Historia Eterna - República I (243-259 a.u.c)
    ROMA
    Período republicano (509 antes de Cristo o 244 ab urbe condita,
    27 antes de Cristo o 726 ab urbe condita)
    Etapa del 509 antes de Cristo o 244 ab urbe condita,
    al 494 antes de Cristo o 259 ab urbe condita.
    La República aristocrática
    De las luchas sociales y la política exterior.
    La República (Res publica o Senatus Populusque Romanus) abarcó los años 509 antes de Cristo o 244 ab urbe condita con la caída del último rey de origen etrusco Lucio Tarquinio Superbo, el Soberbio, a 27 antes de Cristo o 726 ab urbe condita con el nombramiento de Cayo Julio César Octaviano Augusto como primer ciudadano de Roma (princeps).
    Durante la República sucedieron principalmente tres etapas, a saber;
    a) La etapa denominada de la República aristocrática, encuadrada en el período comprendido entre el 509 antes de Cristo o 244 ab urbe condita y el 275 antes de Cristo o 478 ab urbe condita, en la que sucedieron las tensas luchas y el final acuerdo entre patricios (patricii) y plebeyos (plebeii) y el afianzamiento de los territorios del sur de Italia, tras la derrota del rey del Épiro, Pirro, en Benevento (Magna Grecia).
    b) La etapa denominada de la República oligárquica, insertada en el período comprendido entre el 275 antes de Cristo o 478 ab urbe condita y el 133 antes de Cristo o 620 ab urbe condita, en la que ocurrieron las conquistas de la totalidad del suelo de Italia y una considerable parte del mundo periférico en torno al mar Mediterráneo, tras las guerras púnicas y las conquistas de parte de Hispania y del Oriente.
    c) La etapa denominada de la República reformista, enmarcada el 133 antes de Cristo o 620 ab urbe condita y el 27 antes de Cristo o 726 ab urbe condita, en la que acontecieron las fracasadas reformas agrarias de los hermanos Graco (Tiberio y Cayo Sempronio Graco) y las guerras civiles que acabaron con la República e instauraron el Principado (Imperio).
    510 antes de Cristo o 243 ab urbe condita.
    Poco antes de extirpar la Monarquía en Roma, se llevó a cabo el primer tratado entre Cartago y esta ciudad.
    En él se contempla un temprano ejemplo de garantía para negocios de exportación, amplia libertad de establecimiento de centros comerciales y consolidación de las posesiones cartaginesas, aunque Roma se adjudica territorios que en parte no serán definitivamente romanos hasta 200 años después.
    Escribió Polibio acerca del tratado lo que sigue: "Deberá haber amistad entre los romanos y los aliados de los romanos y los cartagineses, bajo las siguientes condiciones: Los romanos y los aliados de los romanos no deberán navegar hasta más allá del Cabo Hermoso (Cabo Farina), a no ser que se vean obligados por tempestad o por enemigos.
    Pero si alguno es llevado a la costa por la fuerza y tiene necesidad de atracar, no le estará permitido comprar ni adquirir nada salvo lo necesario para reparar el navío o para hacer sacrificios.
    Deberá volver al mar en los siguientes cinco días, en los que quienes hayan llegado a causa del comercio no podrán cerrar ningún negocio con fuerza de ley, a no ser ante un heraldo o escriba.
    Pero cuando se venda en presencia de éstos, la deuda contraída con el vendedor deberá ser ratificada por el Estado, en todo lo que se venda en Libia o Cerdeña.
    Cuando un romano llegue a Sicilia, mientras esta se encuentre bajo la soberanía de Cartago, el romano disfrutará de plena igualdad de derechos.
    Pero los cartagineses no deberán hacerse culpables de intrusión contra los pueblos de los ardeatos, antiatos, laurentinos, cricaítas, tarraquinitas, ni tampoco contra ninguno de los latinos mientras éstos se encuentren subordinados a los romanos.
    Pero si algún pueblo no está sometido, deben mantenerse alejados de sus ciudades. Si, a pesar de esto, lo conquistan, deberán entregarlo intacto a los romanos.
    No podrán construir una plaza firme en latium. Y si llegan al país como enemigos, no podrán pasar la noche en el país."
    509 antes de Cristo o 244 ab urbe condita.
    A pesar de obtener la diplomacia real, el primer pacto político de Roma entre la República romana y Cartago, la caída de la Monarquía fue acelerada por Sexto Tarquinio, uno de los tres hijos varones del rey mencionado, cuando violó a la patricia Lucrecia, hija de Espurio Lucrecio.
    En el citado tratado se reconoce el monopolio comercial cartaginés en el Mediterráneo occidental y, además, el firme compromiso de Cartago de no hostigar a los aliados de los romanos, a cambio de que Roma y sus aliados no traspasen el sur de la línea del cabo de Palos en Hispania.
    La Monarquía romana electiva finalizó con el séptimo y último rey originario de Etruria, Lucio Tarquinio Superbo, el Soberbio, quien se valió de la violencia, el asesinato y el terror para mantener el poder en Roma, y, al mismo tiempo, quien se permitió derogar muchas reformas constitucionales, que habían establecido sus predecesores, dando paso a una emergente República.
    Lucio Junio Bruto, hijo de una hermana del rey llamada Tarquinia, rebeló al pueblo, convocó al Senado que decidió abolir la Monarquía, dictando la expulsión del rey e instaurando un nuevo sistema de gobierno conocido como la República.
    El poder del que gozó el rey pasó a la recién creada magistratura del consulado, compuesta por dos miembros elegidos por el Senado de entre los senadores.
    Con esta magistratura de vigencia anual cada cónsul tomaba iniciativas o decisiones que podían ser vetadas por el otro colega.
    Posteriormente los poderes de los cónsules fueron divididos, añadiendo nuevas magistraturas que acapararon distintos poderes, menores a los que originariamente detentó el monarca.
    Las primeras de estas nuevas magistraturas fueron las de pretor, que concentró las potestades judiciales de los cónsules, y la de censor, que ostentó el poder de controlar el censo.
    Los primeros cónsules de la nueva República fueron Lucio Junio Bruto y Lucio Tarquinio Colatino, sobrino del rey expulsado Lucio Tarquinio Superbo y viudo de Lucrecia.
    Uno de los primeros actos gubernamentales de Lucio Junio Bruto fue obligar a su colega en el cargo, Lucio Tarquinio Colatino, a renunciar al consulado porque era un pariente de los Tarquinios a los que se decretó el exilio de Roma.
    La vacante consular la ocupó Publio Valerio Publícola, un amigo de Lucio Junio Bruto. Cabe reseñar que nadie tomó medidas contra Lucio Junio Bruto a pesar de que este era también un pariente cercano a los Tarquinios, por parte de madre que era hermana del rey, llamada Tarquinia, como el exiliado Lucio Tarquinio Colatino.
    La dualidad y colegialidad de la magistratura suprema, el consulado, en sus inicios no contempló estas dos magnitudes sostenidas por la tradición.
    Hay tres posturas que determinan cómo se produjo el consulado: una primera como el paso de la Monarquía a la República mediante una dictadura anual; una segunda a través de una magistratura doble de poderes desiguales, es decir, con uno de sus miembros subordinado al otro, o bien, una tercera como magistratura colegial de tres praetores, que corresponderían a los jefes de ejército de las tres tribus.
    En el nacimiento de la República y como expresión de la soberanía de la oligarquía, un único magistrado, el cónsul primero, heredó los poderes del rey pero quedó sometido al control del Senado y uno por turno poseyó las fasces de los lictores que conformaban 30 varas unidas, tantas como las curias romanas, atadas de manera ritual con una cinta de cuero rojo formando un cilindro y que sujetaba en un lado un hacha común.
    Los lictores que portaban las fasces iban a la cabeza de los magistrados como símbolo de la autoridad de su imperium y su capacidad para ejercer la justicia.
    Por concesión de su colega, Lucio Junio Bruto las ostentó primero.
    Su primer acto fue garantizar que el pueblo, inflamado por la recuperada libertad, no fuese a predisponerse a alguna influencia maquinada por parte del rey mediante ruegos o sobornos.
    Hizo jurar al pueblo que jamás algún hombre reinaría en Roma.
    La reciente libertad estaba amparada por la limitación de la autoridad consular a un año, más que por el debilitamiento de la que había detentado el rey.
    Lucio Junio Bruto protegió el poder adquirido, seleccionando a los más importantes ciudadanos del orden ecuestre para ocupar las vacantes habidas en el Senado.
    Al ser Lucio Tarquinio Colatino pariente del depuesto rey, el pueblo pensó que por medio de éste los Tarquinios seguían ejerciendo el poder y que, por tanto, la libertad pública podía estar de nuevo en peligro, porque esa libertad no estaba aún plenamente ganada y la estirpe real estaba todavía en Roma.
    Como aquello representaba un obstáculo para la plena libertad, Lucio Junio Bruto convocó una asamblea y logró que su colega abdicara del consulado y que se retirara a Lanuvio.
    Por otra parte, la comitia centuriata designó nuevo cónsul sufecto a Publio Valerio Publícola.
    El Senado volvió a tener trescientos miembros de los cuales unos conservaron el nombre honorífico de patres y otros nuevos el de conscripti.
    El año del nacimiento de la República se produjo la consagración del templo de la Tríada Capitolina.
    Después de la batalla del bosque de Arsia, donde los romanos vencieron a los ejércitos de veyentinos y tarquinios, que apoyaron al depuesto rey, Publio Valerio Publícola, el cónsul, recogió el botín y regresó en triunfo a Roma, celebrando posteriormente los funerales del otro cónsul muerto en campaña: Lucio Junio Bruto.
    Habiéndose producido la expulsión del último rey y la fundación de la República, se creó la Lex Valeria de provocatione cuyo contenido sostenía para cualquier romano el derecho de apelar a la asamblea del pueblo contra la sentencia de los magistrados.
    También otro extracto de esta ley contenía la prohibición de la creación de funcionarios exentos del derecho de apelación del pueblo.
    Atribuida según la tradición a Publio Valerio Publícola, segundo cónsul de la República el año 509 antes de Cristo o 244 ab urbe condita.
    Convocadas elecciones para designar un nuevo cónsul sufecto, alcanzó este puesto Espurio Lucrecio Tricipitino, pero falleció pocos días después, siendo sustituido por Marco Horacio Pulvilo, también cónsul sufecto.
    Publio Valerio Publícola fue reelegido cónsul por 2ª vez.
    508 antes de Cristo o 245 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Publio Valerio Publícola por 2ª vez y Tito Lucrecio Tricipitino.
    El Senado aprovisionó la ciudad de grano, enviando comisionados entre los volscos y los de Cumas para adquirirlo.
    Esta acción generosa del Senado mantuvo absolutamente la armonía de la República.
    Los Tarquinios se habían refugiado con Lars Porsena, rey de Clusium.
    Este rey dirigió su ejército procedente de Clusium desde Campania a Cumas, ciudad griega a la que iba a combatir, y convirtió a Roma en plaza fuerte para vigilar a los latinos y proteger el Lacio de los inquietos pueblos circundantes de la montaña, a saber; ecuos, volscos y sabinos, como paso previo antes de comenzar las operaciones bélicas en Campania.
    Los ecuos y volscos eran poblaciones con una economía pastoril y organización política primitiva: pequeños cantones o agrupaciones tribales siempre crecientes.
    Eran atraídas, lógicamente, por las llanuras ricas y amplias del Lacio y Campania. De ahí sus constantes invasiones y las ansias de guerrear.
    Su ejército no encontró ya delante de sí la resistencia acostumbrada. Roma capituló.
    Cuenta la tradición que Horacio Cocles, apostado en el puente Sublicio, impidió el paso del enemigo, que había tomado el Janículo y se dirigía hacia allí.
    Ayudado por Espurio Larcio Rufo y Tito Herminio Aquilio, mantuvo un salvaje combate, mientras el resto de soldados destruían el puente para frenar el acceso de los atacantes.
    El rey Lars Porsena planeó asediar la ciudad, desbaratada su pretendida incursión e interceptar cualquier intento de introducir grano en Roma.
    El cónsul Publio Valerio Publícola ordenó a Tito Herminio Aquilio ocultarse con un reducido grupo de soldados a cierta distancia de la vía Gabina y a Espurio Larcio Rufo con otros infantes en la puerta Colina para estorbar la retirada del enemigo.
    El otro cónsul, Tito Lucrecio Tricipitino, se situó en la puerta Nevia, mientras que Publio Valerio Publícola desde la colina Caelia llamó la atención del invasor.
    De este modo obstruidas todas las salidas, los enemigos fueron destrozados.
    No obstante el asedio se mantuvo y hubo una hambruna.
    Un tal Cayo Mucio ideó matar al rey, introduciéndose en el campamento de los asaltantes, pero erró en su propósito.
    Capturado, el rey le quiso quemar vivo y él mismo, demostrando valentía, extendió el brazo derecho hacia el fuego que desprendía un altar, incinerándoselo.
    Por este acto recibió el sobrenombre de Escévola (scaevus: zurdo) y fue liberado por Lars Porsena, que propuso la paz.
    Probablemente Lars Porsena, sabiendo que la ciudad carecía de alimentos a causa del asedio, regaló provisiones procedentes de los campos de Etruria.
    507 antes de Cristo o 246 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Publio Valerio Publícola por 3ª vez y Marco Horacio Pulvilo por 2ª vez.
    506 antes de Cristo o 247 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Espurio Larcio Rufo y Tito Herminio Aquilio.
    El ejército etrusco al mando del hijo de Lars Porsena, Arruns, después de la caída de Roma sitió la ciudad de Aricia, cabeza de la liga latina.
    La marcha victoriosa de las tropas etruscas de Clusium sufrió un revés a las puertas de la ciudad por los habitantes de Cimea (Cumnas), comandados por el tirano Aristodemo. Aricia quedó liberada.
    Tras el desastre y para mantener su influencia Lars Porsena en Roma manifestó estar dispuesto a conceder ciertas concesiones políticas a la aristocracia romana. Se desconocen las cláusulas de los acuerdos, si hubo.
    Lo cierto fue el hecho de que los etruscos tuvieron que retirarse también de la orilla izquierda del Tíber.
    Lars Porsena hizo el último intento para restaurar a los Tarquinios, enviando embajadores a Roma, pero el pueblo romano le pidió que si deseaba que Roma estuviese segura, que le permitiese ser libre.
    Cedió a la súplica y abandonó toda esperanza de restaurar la monarquía de los Tarquinios en esta ciudad.
    Lucio Tarquinio Superbo marchó con su yerno, Mamilio Octavio, a Túsculo.
    505 antes de Cristo o 248 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Marco Valerio Voluso y Publio Postumio Tuberto.
    La victoria en la guerra contra los sabinos propició que los cónsules celebraran un triunfo.
    Entonces, los sabinos se prepararon para la guerra a mayor escala.
    504 antes de Cristo o 249 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Publio Valerio Publícola, por 4ª vez, y Tito Lucrecio Tricipitino, por 2ª vez.
    Mientras Túsculo estaba preparando la guerra, que no estaba aún formalmente declarada, los enemigos sabinos dirimían una parte de ellos atacar a Roma y otra entablar la paz.
    Atta Claudio o Clauso (latinizado Apio Claudio), rey sabino, incapaz de dominar a la facción contraria a Roma, dirigió un movimiento de emigración hacia ella, y fue admitido como miembro del patriciado.
    La leyenda cuenta que libró a la ciudad de la dominación etrusca. (Según Publio Virgilio Marón dio origen a la familia de los Claudios.).
    Los cónsules invadieron el territorio sabino, asolando el país y derrotando a sus habitantes.
    La violenta acción debilitó a los sabinos y alejó la posibilidad de una reanudación de la guerra.
    Los romanos regresaron triunfantes.
    503 antes de Cristo o 250 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Agripa Menenio Lanato y Publio Postumio Tuberto, por 2ª vez.
    A éste se le atribuye la introducción del triunfo o ceremonia con que eran recibidos en Roma los vencedores.
    Muere Publio Valerio Publícola.
    Las colonias latinas: Pomecia y Cora, se aliaron con los auruncios y se alzaron contra Roma.
    Empezó la guerra, y los cónsules derrotaron a un ejército que concentró sus hostilidades cerca de la ciudad de Pomecia. Tanto en el combate como en el armisticio hubo una masacre, pues muchos prisioneros y rehenes fueron ajusticiados sanguinariamente.
    502 antes de Cristo o 251 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Opiter Virginio Tricosta y Espurio Casio Viscelino, que venció a los sabinos y auruncios.
    Pomecia fue asediada, pero los auruncios, armados con antorchas, salieron de la ciudad y prendieron todo lo que encontraron a su paso.
    Los romanos, ante este desastre, volvieron a casa. Tras cierto tiempo reanudaron el asedio y asaltaron la ciudad, decapitando a sus jefes más notorios y esclavizando a la población.
    Los cónsules celebraron el triunfo.
    501 antes de Cristo o 252 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Postumo Cominio Aurunco y Tito Larcio Flavo Rufo. Es nombrado dictador Tito Larcio Flavo Rufo.
    Cuando se conoció la noticia de que treinta ciudades latinas a propuesta de Octavio Mamilio, yerno de Lucio Tarquinio Superbo, habían formado una liga, el gobierno ungió un dictador.
    La tradición sostiene que fueron designados Tito Larcio Flavo Rufo, dictador, en lugar preferente a Manio Valerio, hijo de Marco Valerio y nieto de Voleso, y Espurio Casio, jefe de la caballería (magister equitum).
    Al centrar toda la autoridad en una única magistratura, la dictatorial, donde no cabía el derecho de apelación sino la estricta obediencia, los sabinos comprendieron el alcance de la toma de esa decisión y pidieron perdón al dictador y al Senado, proponiendo la paz.
    Los romanos negociaron que los sabinos debían afrontar los gastos de la guerra para sellarse la paz. Entonces la guerra se declaró y hubo un año de tregua.
    500 antes de Cristo o 253 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Servio Sulpicio Camerino Cornuto y Manio Tulio Longo.
    499 antes de Cristo o 254 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Publio Veturio Geminio Cicurino y Tito Ebucio Helva Flavo.
    Durante este consulado la ciudad de Fidenas fue sitiada; luego la ciudad de Crustumeria capturada; y, por último, la ciudad de Palestrina (Praeneste) se rebeló contra los latinos, aliándose con Roma.
    La incierta tregua pactada con la liga latina dio paso al estallido de la guerra, conocida como la Guerra Latina.
    498 antes de Cristo o 255 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Quinto Clelio Siculo y Tito Larcio Flavo Rufo, por 2ª vez.
    Los romanos nombraron a Aulo Postumio Albo Regilense dictador y a Tito Ebucio Elva jefe de la caballería (magister equitum).
    Contra los etruscos comenzó la prologada guerra latina (del 498 antes de Cristo o 255 ab urbe condita al 493 antes de Cristo o 260 ab urbe condita), la guerra de las treinta ciudades latinas.
    Ambos ejércitos se hallaron en el lago Regilo, en la comarca de Tusculo.
    Los etruscos iban dirigidos por Octavio Mamilio y su suegro Lucio Tarquinio Superbo, a pesar de su avanzada edad.
    La lucha fue encarnizada.
    Los latinos dieron la vuelta, vacilaron y rompieron filas y los romanos enardecidos desbandaron al enemigo y tomaron su campamento.
    El dictador y el jefe de caballería volvieron triunfantes a Roma.
    El ex cónsul Tito Ebucio Helva Flavo participó, junto con el dictador Aulo Postumio Albo Regilense, en la victoria del lago Regilo, durante la guerra latina, poniendo fin a las pretensiones del derrocado rey Lucio Tarquinio Superbo.
    497 antes de Cristo o 256 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Aulo Sempronio Atratino y Marco Minucio Augurino.
    Fueron instituidas las Saturnales (Saturnalia), fiestas en honor de Saturno, dedicándole un templo.
    Durante estas celebraciones festivas los esclavos recibían raciones extras, se canjeaban obsequios y se libaba al Sol Invictus.
    496 antes de Cristo o 257 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Tito Virginio Tricosta Celiomontano y Aulo Postumio Albo Regilense, el ex dictador.
    Aulo Postumio Albo Regilense, que sostuvo una batalla cerca del Janículo contra los etruscos, alcanzó la victoria gracias a la ayuda de Tito Virginio Tricosta Celiomontano.
    495 antes de Cristo o 258 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Publio Servilio Prisco Estructo y Apio Claudio Sabino Inregilense.
    Murió Lucio Tarquinio Superbo en la ciudad de Cumas, acogido por el tirano Aristodemo, tras la derrota de las fuerzas de la Liga Latina.
    El número de tribus en Roma se elevó a veintiuna.
    El templo de Mercurio fue consagrado.
    Los volscos habían enviado un ejército en auxilio de los latinos, pero los cónsules marcharon rápidamente contra ellos.
    La eficaz medida paralizó las intenciones de los volscos, que ofrecieron trescientos rehenes pertenecientes a la más exquisita nobleza de las ciudades de Cora y Pomecia.
    Pasado un tiempo los volscos entablaron una alianza con los hérnicos y planearon ampliarla con otras ciudades del Lacio.
    Los latinos, recordando la reciente derrota en el lago Regilo, hicieron caso omiso a sus propuestas y denunciaron ante los romanos la unión entre volscos y hérnicos.
    A cambio de esta información, los romanos liberaron a seis mil prisioneros de guerra latinos.
    Sin embargo, la guerra contra los volscos fue imparable.
    Los enemigos de Roma llegaron a sus puertas.
    Los patricios y los plebeyos romanos estaban más divididos que nunca a causa de las deudas impuestas por los primeros a los segundos, deudas que no podían pagar.
    La plebe consideró que ningún plebeyo se alistaría al ejército romano si no se alcanzaba una solución para paliar los pagos. Un decreto senatorial apaciguó las tensiones sociales, estableciéndose un acuerdo.
    La unidad romana consiguió formar un ejército que rodeó, capturó y saqueó el campamento volsco.
    Posteriormente marchó a la ciudad de Pomecia, a donde huyó el enemigo, y la tomó, padeciendo un evidente saqueo, que alivió la pobreza de los soldados.
    No obstante, los sabinos habían llegado hasta el Anio en una expedición de pillaje y las granjas de las cercanías habían sido expoliadas y quemadas.
    Distraídos por la rapiña y dispersos por los campos, los sabinos fueron vencidos en pocas horas.
    La Guerra Sabina fue declarada y concluida en una noche, pero, ante las esperanzas de lograr la paz en todos los territorios cercanos, los auruncios se rebelaron en Aricia, donde se entabló una batalla que los romanos, una vez más, ganaron y acabaron con las hostilidades.
    Incumplidas las promesas para exonerar al deudor de la deuda contraída, el cónsul más afín a los patricios, Apio Claudio Sabino Inregilense, dictó penas aún más duras a los insolventes.
    Publio Servilio Prisco Estructo, el otro cónsul, que simpatizaba con la causa de eliminar la imposición de deudas, resolvió contemporalizar la situación para no oponerse a su colega ni a la nobleza.
    Esta actitud le granjeó a Publio Servilio Prisco Estructo el odio tanto de la plebe como del patriciado, mientras que a Apio Claudio Sabino Inregilense le favoreció ante los padres de la patria.
    Como ambos eran aborrecidos por la plebe, renunciaron a sus magistraturas.
    494 antes de Cristo o 259 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Aulo Virginio Tricosto Celiomontano y Tito Veturio Gemino Cicurino.
    Es nombrado dictador Manio Valerio Máximo, que fue hermano de Publio Valerio Publícola y Marco Valerio Voluso e hijo de Voleso.
    Es nombrado Quinto Servilio Prisco Estructo jefe de la caballería (magister equitum).
    Roma se ve amenazada por las poblaciones montañosas de la Italia central circundantes y por las ciudades etruscas.
    Los volscos, los ecuos y los sabinos se aliaron bajo las armas, dando lugar a la designación de un nuevo dictador en Roma Manio Valerio Máximo, que emitió un decreto para aliviar la oposición enardecida de la plebe, cargada aún de muchas deudas, y aplacarle los ánimos.
    Los ecuos invadieron el territorio latino, pero el cónsul Tito Veturio Gemino Cicurino acabó con sus correrías, obligándolos a retirarse a sus tierras.
    Aulo Virginio Tricosta Celiomontano, el otro cónsul, atacó el campamento de los volscos y les devolvió a sus casas.
    La constitución aristocrática romana aceleró la vía revolucionaria por la que la plebe o la parte activa de ésta consiguieran sus reivindicaciones, mediante la organización de una comunidad, impuesta por la fuerza, que defendiera a sus miembros del estado patricio.
    El Senado temió que los plebeyos, una vez licenciados, volvieran a las conspiraciones y las reuniones secretas. Ordenó a las legiones marchar fuera de la ciudad con la excusa de reprimir un ataque de los ecuos.
    La maliciosa artimaña desencadenó la sedición.
    Parte de la plebe decidió ignorar a los cónsules y establecerse en el Monte Sacro, que está al otro lado del Anio sin nada más que lo básico para vivir.
    Esta secesión (secessio) no está protagonizada en su conjunto por toda la plebe en sí, sino sólo por la fracción de los propietarios plebeyos que servía en el ejército y que aprovechó la desfavorable coyuntura de la política exterior para plantear la rebelión y el "golpe de estado", al negarse a formar en las filas de la infantería legionaria y amenazar con constituir una nueva ciudad, eventualmente aliada a los propios enemigos de Roma.
    Basó su estrategia en el reconocimiento por el estado patricio de su reciente comunidad y la creación de interlocutores válidos como sus representantes revolucionarios, naturalmente investidos de una serie de derechos que los tornara inviolables.
    El Senado apostó por la concordia entre los ciudadanos para preservar la paz social a la que debían restaurar a cualquier precio.
    Las negociaciones en busca de la reconciliación las dirigió Menenio Agripa Lanato, un plebeyo respetable, que apeló a la concordia, mediante el epílogo titulado: "Los miembros y el estómago".
    El acuerdo adoptado fue la creación de magistraturas propias de la plebe, cuyos miembros fuesen investidos de inviolabilidad, y les socorrieran contra los cónsules.
    De la magistratura estaba excluido el patriciado.
    Se eligieron dos tribunos de la plebe, Cayo Licinio y Lucio Albino, en el Monte Sacro (Mons Sacer) y aquí se aprobó la Lex Sacrata.
    La fuerza armada plebeya fue constituir una comunidad conjurada.
    La lex sacrata tuvo su efectividad: se instauró la figura del tribuno de la plebe (tribunus plebis), una magistratura plebeya creada como defensa contra el estado patricio, cuyos poderes casi ilimitados sólo tenían vigencia dentro de los sagrados muros de la ciudad, el entorno del pomerium.
    Este representante del pueblo era inviolable y, el que atentare contra él, sería procesado y sufriría el linchamiento popular.
    Tenía como funciones prioritarias el auxilium (el derecho y la obligación de proteger al plebeyo condenado por la justicia patricia) y la intercessio (veto contra la magistratura patricia que sancionaba o condenaba a un plebeyo).
    En un principio la nueva magistratura fue ocupada por dos tribunos de la plebe.
    32 min
  • A014 Roma, Historia Eterna - Monarquía (Resumen)
    ROMA
    Período 750 al 510 antes de Cristo
    ó 3 al 243 ab urbe condita.
    La Monarquía dio paso a la República, pero la transición de un estamento a otro se produjo paulatinamente. Algunas estructuras sociales ora desaparecieron, ora se transformaron ora resurgieron... Cambiaron o perduraron con diversos matices.
    El rey fue el órgano máximo del poder caracterizado con elementos religiosos y militares. El rey también fue el guardián de la ley. La justicia fue administrada de dos formas: a la gens (famillia) en cuanto a las relaciones internas familiares, donde el pater familias actuaba como juez y a la urbs (ciudad) en cuanto a los actos delictivos y crímenes religiosos que estaban fueran del ámbito de las gentes (familias).
    El rey fue por tanto reconocido por el pueblo como la cabeza de la religión nacional, el jefe ejecutivo religioso y el mediador ante los dioses, y como tal reverenciado con temor religioso.
    Las insignias y honores del rey fueron representados por doce lictores que portaban las fasces que contenían hachas, el derecho a sentarse sobre la silla curul, la toga picta púrpura, el calzado rojo, y la diadema plateada sobre la cabeza. De todos estos distintivos, el más destacado fue la toga púrpura.
    La realeza no fue hereditaria aunque el parentesco influyó en ciertas elecciones, téngase en cuenta los Tarquinios. En la asamblea curiada (comitia curiata) el pueblo, a petición de los patricios (patres), elegía al rey, ratificándolo después el Senado (Senatus), aunque los tres últimos reyes de origen etrusco accedieron al trono basándose en la violencia.
    El ritual para arrogarse el poder real fueron la consulta de signos divinos propicios (auspicatio) y la investidura (inauguratio). El rey, entonces, adquiría poderes políticos, militares y religiosos, cimentados en el mando supremo (imperium) y la capacidad de interpretar la voluntad de los dioses (auspicium).
    Al ser investido como autoridad religiosa, militar y judicial mediante el imperium, de carácter vitalicio, éste le protegíó de ser enjuiciado por sus acciones, le otorgó poderes militares y le capacitó para emitir juicios legales. En algunos casos designó a pontífices para que ejercieran como jueces, pero solo él gozaba de la autoridad suprema en todos los casos expuestos ante él, tanto civiles como criminales, tanto en tiempo de guerra como de paz.
    También el rey nombraba al prefecto urbano cuya finalidad era velar por la ciudad. Ante la ausencia del rey acaparaba todos los poderes reales, mientras se hallase dentro de la ciudad.
    Un consejo asistíó al rey durante todos los juicios, aunque sin poder efectivo para controlar las decisiones del monarca.
    La muerte del rey provocaba una vacante que devolvía los poderes a los patres y cerraba un periodo de interregnum, terminando con la designación de un nuevo monarca.
    El pueblo ('populus romanus Quirites') fue dividido por Rómulo en tres tribus (Ramnes, Tities y Luceres') a cada una de las cuales le fueron adscritas diez curias, totalizando 30.
    Se cree que fueron instituidas con propósitos administrativos y políticos. Con las reformas de Servio Tulio, las tribus, por razones demográficas, territoriales y económicas, quedaron estructuradas en cuatro de carácter urbano y 16 de carácter rústico, adscritas al ager romanus.
    La existencia de las tres tribus perduró hasta los inicios del Imperio, después de un primitivo período en el que funcionaron como asambleas de carácter económico, tuvieron muy pronto como finalidad debatir problemas comunitarios, básicamente de carácter militar, y asuntos judiciales, además de celebrar cultos religiosos. Formaban la asamblea popular de los patricios ('comitia curiata') y entendían en asuntos legales y religiosos, pero sin competencias, a los que daban o no su aprobación por votaciones individuales, tales como la presentación del rex, que se votaba por aclamación, la asistencia a las declaraciones de guerra, elección de senadores, testamentos, admisión de nuevas gentes en la ciudad, arrogación o entrada de una familia en el seno de otra, renuncia o expulsión del arrogado de su culto familiar, etc.
    Anteriores a los comitia curiata fueron los comitia calata (de calare, llamar), sin duda, el tipo de asamblea más antigua que se conoció en Roma. Celebraban una reunión mensual los agricultores y ganaderos para oír los edictos del rey sobre el calendario, que especificaba los días fastos y nefastos para la administración de justicia.
    Con la Constitución de Servio Tulio, la población romana quedó dividida en clases económicas y centurias militares, donde ya no importaba el origen de sangre (gentilicio) ni la clientela, sino la fortuna. Los comicios, cuando eran por centurias ('comitia centuriata'), tenían lugar fuera del pomoerium de la ciudad. En esta asamblea se trataba sobre la paz o sobre la guerra, sobre las elecciones de magistrados, sobre la ratificación de algunas leyes, y sobre la administración de la justicia. Esta asamblea, timocrática y conservadora, y que venía a ser el pueblo en armas, llegó a alcanzar la forma más significativa de asamblea popular.
    Con Romulo el ejército se obtenía con las levas extraídas de las curias entre los varones de edades comprendidas entre 17 y 45 años.
    Cada curia proporcionaba cien soldados de infantería (hastati quirites) mandados por los tribuni militum y cada tribu cien caballeros (equites) conducidos por los tribuni celerum, que mandaba a los Ramnes (romanos), como tribuno y a la guardia personal del rey. Este cargo era el segundo al mando tras el propio monarca, y poseía la potestad de convocar la Asamblea de la Curia y dictar leyes sobre ella. El tribunus celerum debía abandonar su mandato a la muerte del monarca.
    En total, el ejército de la monarquía, que no fue profesional, ascendía en un primer momento a 3.000 infantes y 300 jinetes.
    El rey fue comandante en jefe de todas las legiones romanas.
    Las reformas servianas significaron en primer lugar una nueva distribución de los derechos políticos, basados en la fortuna personal de los romanos, y en segundo una nueva reorganización militar.
    Con la finalidad de cobrar tributos, Servio Tulio dividió la ciudad y el ager romanus en un total de 20 tribus: 4 urbanas y 16 rústicas. Estas tribus fueron divididas en cinco clases (según la fortuna personal de cada ciudadano) y 193 centurias (para formar el ejército). La primera clase la configuraron los ciudadanos con un capital no inferior a 100.000 ases; la segunda los que poseían 75.000; la tercera, 50.000; la cuarta, 25.000 y en la quinta, 11.000.
    La infra classem, que estaba un peldaños por debajo de la classis, acogió a los que no llegaban a los 11.000 ases, denominándoseles proletarios (proletarii), esto es, personas que sólo tenían hijos y a las que se clasificaba no sólo por su fortuna sino por su número de miembros (capite censi). Por encima de todas estaba la supra classem, que la conformaban los caballeros (equites), que podían costearse un caballo y pertenecer, por tanto, a la caballería.
    Todas las clases sociales debían prestar servicio militar y se distribuían entre las distintas centurias según el censo económico. La primera clase constaba de 18 centurias de caballeros (supra classem) y 80 de infantes (en total 98); la segunda, tercera y cuarta clase tenían 20 centurias cada una (en total 60) y la quinta, únicamente 30. Los no propietarios de tierras estaban agrupados en cuatro centurias auxiliares (especialistas y músicos) y los proletarios se agrupaban en una centuria infra classem. En cada una de estas clases las centurias estaban estructuradas por mitades en fuerzas de choque (iuniores) y en fuerzas de refuerzo y retaguardia, fuerzas para la defensa de la ciudad (seniores).
    Ahora el ejército, cuya táctica y disposición en la batalla era la hoplítica, pudo constar de 4.000 y 6.000 hoplitas, complementados por 18 centurias de caballería (supra classem) y una reserva extraida de los infra classem. Los equites de la época de Servio Tulio y de Tarquinio Superbo, el Soberbio, fueron alistados únicamente como la guardia real de los monarcas. Estos equites, en cambio, eran remunerados por el Estado.
    Cada centuria contaba con un voto en los comicios o asambleas (comitia centuriata). Primero votaba la primera clase (caballeros y terratenientes). Esta clase siempre lograba la mayoría de votos (98 centurias) copando así todas las votaciones y teniendo a su merced este tipo de comicios.
    El senado fue una de las instituciones romanas más significativas de la época arcaica que se perpetuó hasta avanzado el Imperio. Surgido en un principio de la reunión o asambleas de los patres familiarum, representantes más notables de las principales aldeas, cuya finalidad era tratar los asuntos importantes de la comunidad.
    Rómulo estableció tal institución nombrando a cien ciudadanos de las gens en calidad de patres. El número de miembros fue creciendo durante la monarquía.
    Con la conferida auctoritas (reconocimiento social legítimo), el Senado participaba en el nombramiento del rey (rex), ejercía eligiendo a un interrex el plazo del interregno (interregnum) o vacante del trono y supervisaba los acuerdos emitidos en las asmbleas dotándolos de vigencia.
    El curatim (por curias) fue el medio para elegir a los senadores, que exclusivamente fueron patricios (patres) en un principio y, posteriormente, en la República fueron adscritos plebeyos, llamados conscripti. El rey se apoyó en el referido medio para que los patricios procedieran como senadores dentro del Senado.
    El Senado y la Asamblea curiada no eran instituciones independientes, y solo podían reunirse de forma conjunta por orden del rey, y discutir los asuntos de estado que el rey exponía. La Asamblea curiada aprobaba leyes cuando el rey lo autorizaba, pero el Senado, consejo de honor del rey, aconsejaba al rey sin imponer sus argumentos. Sin embargo, el Senado, si el rey declaraba la guerra a una nación extranjera, gozaba de la potestad de aprobarla.
    La ganadería y luego una rudimentaria agricultura de simple subsistencia fueron los ejes de la economía monárquica, que, valiéndose de pobladores etruscos, los latinos aprendieron nuevas técnicas agrícolas, hasta el punto de que estas desplazaron a la primigenia ganadería.
    La propiedad de la tierra, a causa de la influencia etrusca, pasó de ser de ámbito comunal a propiedad privada. Hacia el final de la monarquía coexistían los pastos y bosques de propiedad colectiva (saltus), las explotaciones agrícolas que caminaban ya hacia la conversión en propiedad privada (fundus), la pequeña propiedad que se transmitía por herencia (heredium) y las grandes extensiones de tierra (latifundia), que iban adquiriendo las más importantes familias (gentes).
    Prosperaron la industria (cerámicas, armas, tejidos y cueros), desarrollada por agrupaciones de trabajadores bajo la protección de una divinidad y el comercio, tanto de exportación (sal, cereales, ganado, armas) como de importación (cerámicas, perfumes, objetos suntuarios). El comercio fue regulado en mercados de celebración periódica (nundinae), pero careció de vital importancia.
    Se usó primero como moneda el ganado (pecus) y luego ocupó su lugar el cobre bruto (aes rude), que fue desbancado, posteriormente por la moneda oficial (aes signatum)
    La religión romana de raíces indoeuropeas siempre ha ocupado un lugar preeminente en la cultura latina. Al recibir el contacto de otras religiones como la etrusca y la griega fue perfilando de espíritu ritual y ceremonial.
    De venerar a dioses comunes en todo el Lacio: Júpiter Latiar del monte Cavo, Diana de Nemi, Juno Sospitas, Fortuna, Mater Matuta, etc., la ciudadanía romana adoptó la primera tríada divina: Júpiter, Marte y Quirino, que sustituyó por otra formada por Júpiter, Juno y Minerva.
    El sumario de dioses fue ampliándose con Jano, numen de las puertas; Consus, dios protector de los graneros; Flora, vigilante de las flores; Pomona, protectora de los frutos; Liber Pater, diosa de la viticultura; Terminus, dios de las fronteras y lindes; Vesta, diosa protectora del hogar del Estado; Saturno, dios de la Tierra, y otros de menor significación.
    También nuevos dioses de origen extranjero tuvieron cabida en el panteón romano como Hércules, Esculapio, Vulcano o Minerva.
    Los rituales empleados (augurios, aruspicina) y culturales (tipología de templos) también fueron calcados de los etruscos y de los griegos.
    Numa Pompilio organizó el culto necesario para mantener la paz (pax deorum), abandonando las prácticas totémicas y fetichistas usadas antiguamente.
    El culto se manifestó en dos versiones: el privado y el público u oficial. En el privado el pater familias era el sacerdote que honraba al genius familiar, a los lares y a los penates. Otras divinidades de rango inferior (numina), presentes en el ámbito familiar, eran libadas.
    La religión oficial, basada en estrictos reglamentos y dispensada en los templos, se dedicaba a los grandes dioses. El Rex sacrorum era el responsable de aquel tipo de religiosidad. El estamento religioso contó con diferentes colegios sacerdotales: Pontífices, al frente de los cuales se hallaba el denominado pontifex maximus; Flamines, divididos en tres mayores (flamen dialis para Júpiter; flamen quirinalis para Rómulo; flamen martialis para Marte) y doce menores (para divinidades de segunda importancia); Augures, que examinaban los diferentes signos para adivinar la voluntad de los dioses; y Vestales, sacerdocio femenino encargado del fuego sagrado. Otros colegios y cofradías religiosas se ceñían a otros ritos y ceremonias de interés público como los lupercos, los salios, los arvales y los feciales (Luperci, Saliaris, Arvales y Fetiales).
    Debido a la influencia etrusca nació un nuevo colegio, al principio de dos miembros, después de diez y finalmente de quince (quindecimviri sacris faciundis), encargados de consultar los Libros Sibilinos.
    17 min
  • A013 Roma, Historia Eterna - Monarquía VII (los siete reyes - Lucio Tarquinio Superbo)
    ROMA
    Período 750 al 510 antes de Cristo
    ó 3 al 243 ab urbe condita.
    De la monarquía o de los siete reyes.
    Lucio Tarquinio Superbo
    Lucio Tarquinio Superbo, (Lucius Tarquinius Superbus), conocido por el sobrenombre de "el soberbio", sucedió desde el año 534 antes de Cristo o 219 ab urbe condita hasta el año 509 antes de Cristo o 244 ab urbe condita a Servio Tulio, como el séptimo y último de sus tres reyes etruscos en Roma.
    Parece ser que fue nieto de Lucio Tarquinio Prisco y, al casarse con Tulia, la hija de Servio Tulio, pasó a ser su yerno.
    Ejerció un gobierno despótico.
    Durante su reinado, conquistó Pomecia y Tusculum y controló la ciudad de Gabios, expandiendo la hegemonía romana sobre el Lacio.
    Un coaligado de la liga latina, llamado Turno Herdonio, originario de Aricia, se opuso a Lucio Tarquinio Superbo, que no le infundía confianza y al que acusaba de manipular la asamblea latina en la guerra contra los sabinos.
    Como no cejó en el empeño de dirigir la liga latina, se valió del soborno para atraerse a algunos seguidores de Turno Herdonio. Los sobornados ocultaron armas en el bagaje de éste y, a continuación, Lucio Tarquinio Superbo, lo acusó falsamente de maquinar su muerte y la de los principales dirigentes latinos. El de Aricia fue encontrado culpable y, por los propios representantes latinos, condenado a muerte, descrita en dos versiones: una, según Dionisio de Halicarnaso, que se llevó a acabo enterrándolo vivo y otra, según Tito Livio, que finalizó ahogándolo en la fuente Ferentina.
    También estableció colonias en Signia y Circeo.
    Al considerarse Roma potencia regional, las conquistas en la zona resultaron fáciles, tales como la de Sátrico que sirvió para financiar la construcción del templo de Júpiter Capitolino, tras adueñarse de todas las riquezas halladas en esta ciudad, obra en la que participaron artesanos y artistas etruscos, entre ellos, el famoso Vulca, quien modeló en barro la estatua del dios. En este templo Lucio Tarquinio Superbo depositó los tres libros proféticos que compró a la sibila de Cumas.
    Organizó una guardia personal e hizo realizar grandes obras públicas, por medio del servicio personal obligatorio, a la vez que repartió trigo a los pobres.
    Finalizó la Cloaca Máxima, o alcantarilla colectora de la ciudad.
    Basó su poder en la fuerza, diezmó al senado para disminuir su influencia política, renovó el tratado con los latinos, guerreó contra los volscos y creó manípulos mixtos de romanos y latinos.
    A consecuencia de la peste del año 510 antes de Cristo o 243 ab urbe condita que se propagó por Roma, los hijos de Lucio Tarquinio Superbo: Arrunte Tarquinio y Tito Tarquinio hicieron un viaje a Delfos para consultar el oráculo.
    En su compañía llevaron a uno de sus primos de nombre Lucio Junio Bruto para divertirse con él durante el viaje.
    Lucio Junio Bruto era hijo de Tarquinia, hermana del rey Lucio Tarquinio Superbo.
    Cuando Lucio Junio Bruto era un niño, el rey asesinó a su padre y a sus hermanos con el fin de apoderarse de las grandes riquezas familiares, pero se salvó de la muerte por haberse fingido idiota.
    Lucio Junio Bruto, sabedor de una profecía de la pitonisa del oráculo, en la que se decía que el imperio del mundo pertenecería al primero que al llegar al templo besara a su madre, en el mismo Delfos fingió caerse y besó la tierra. Con este acto se hizó partícipe de la profecía ya que la tierra estaba considerada como la madre común de todos los hombres.
    Un hijo de Lucio Tarquinio Superbo, Sexto Tarquinio violó a Lucrecia, una joven patricia, que estaba desposada con Lucio Tarquinio Colatino, al mismo tiempo sobrino del mencionado rey y primo de aquél. Según la tradición, Lucrecia despertó una fuerte pasión en este Sexto Tarquinio.
    La ultrajada Lucrecia, tomó por testigos a su padre y a su marido, y se mató con un puñal, víctima de la concupiscencia de Sexto Tarquinio, hijo del rey.
    En el año 509 antes de Cristo o 244 ab urbe condita, Lucio Junio Bruto, de vuelta a Roma, fue testigo de la muerte de la referida Lucrecia y ante su cadáver, aún caliente, arrojó la máscara de idiotez con la que hasta entonces se había ocultado. Blandiendo el puñal ensangrentado, llamó al pueblo a la revuelta e hizo jurar a todos los presentes, que combatirían a Lucio Tarquinio Superbo, a su mujer y a todos los suyos por el hierro y por el fuego hasta arrojarlos de Roma.
    Acto seguido, desencadenada la revuelta fue capitaneada por el mismo Lucio Junio Bruto, por el esposo de Lucrecia, Lucio Tarquinio Colatino, por el padre de la joven, Espurio Lucrecio y por un poderoso amigo de este último, llamado Publio Valerio Publicola.
    Aprovechando la ausencia del rey, que se encontraba en el sitio de Ardea, Lucio Junio Bruto, al frente del surgido movimiento, convocó en el Foro al pueblo, que decretó la abolición de la monarquía y el exilio de la familia real a la que tanto se odiaba.
    En Roma el cambio de régimen fue una realidad, puesto que los comicios centuriados (comitia centuriata) procedieron a la elección de los dos primeros cónsules (más bien denominados pretores) del nuevo régimen republicano.
    El consulado fue instituido y ocupado por los recien nombrados cónsules Lucio Junio Bruto y el esposo de Lucrecia, Lucio Tarquinio Colatino.
    Lucio Tarquinio Superbo dejó de combatir en Ardea y regresó inmediatamente a Roma.
    Entonces, sin perder tiempo, Lucio Junio Bruto marchó a Ardea, sublevó al ejército real y así consolidó el triunfo de la revolución.
    Como Lucio Tarquinio Colatino no tardó mucho en hacerse sospechoso por su parentesco con los Tarquinios, tuvo que exiliarse por ser acusado de mantener relaciones con la monarquía expulsada de Roma, y, a propuesta de Lucio Junio Bruto, le reemplazó por Publio Valerio Publicola.
    Derrocada la monarquía, los partidarios de los Tarquinios y el depuesto rey, que tuvo que refugiarse en Etruria desde donde ideó volver a Roma, tramaron varios complots para instaurar la monarquía, en uno de los cuales tomaron parte numerosos jóvenes de familias patricias, entre ellos los dos hijos de Lucio Junio Bruto: Tiberio y Tito. Traicionados por el esclavo Vindex, fueron presos con los demás conjurados.
    Lucio Junio Bruto, impasible, al lado de su colega, asistió a su tribunal, dictó la sentencia de muerte y presenció el suplicio de los culpables con las varas. Junto al resto de ajusticiados, Tiberio y Tito son decapitados ante los ojos de su propio padre.
    Lucio Tarquinio Superbo, exiliado en Caere (Etruria) junto con sus hijos Arrunte Tarquinio y Tito Tarquinio, mientras tanto, convenció a las ciudades de Caere, Veyes y Tarquinia para que lo apoyaran y reunió un poderoso ejército para atacar Roma.
    Los cónsules, al frente de las tropas romanas, se adelantaron a su encuentro, entablándose la sangrienta batalla de la Selva Arsia, durante la cual se vieron frente a frente Lucio Junio Bruto y Arrunte Tarquinio, un hijo del depuesto rey.
    Arrunte Tarquinio, estando al frente de la caballería etrusca y viendo a lo lejos a los lictores romanos, reconoció la presencia de un cónsul. Arrunte Tarquinio se cercioró de que el cónsul avistado era su primo Lucio Junio Bruto, que mandaba la caballería romana. Empeñados en combatir entre ellos, ambos se lanzaron el uno contra el otro y cayeron de sus respectivos caballos, matándose mutuamente en el 509 antes de Cristo o 244 ab urbe condita. La batalla concluyó con la victoria de los republicanos y los Tarquinios continuaron en el exilio.
    Los romanos les tributaron singulares honores en sus funerales celebrados en el Foro.
    Su colega Publio Valerio Publicola pronunció la oración fúnebre, y las matronas romanas vistieron de luto durante un año.
    Lucio Tarquinio Superbo recurrió entonces al rey de Clusio, Lars Porsena, que atacó Roma en el año 508 antes de Cristo o 245 ab urbe condita, y, parece ser, que la capturó, pero finalmente se vio obligado a retirarse.
    El cónsul Publio Valerio Publicola suprimió las hachas de los lictores y delante del pueblo hizo inclinar sus haces. Su "lex Valeria" permitió al pueblo apelar contra las sentencias de muerte dictadas por los cónsules. En el año 503 antes de Cristo o 250 ab urbe condita murió tan pobre que el estado tuvo que pagar su entierro. Su popularidad le designó el cognomen de Publicola (amigo del Pueblo).
    Por último Lucio Tarquinio Superbo se dirigió a Tusculum, ciudad gobernada por su yerno Octavio Mamilio, que movilizó a la Liga latina en contra de Roma, rebelión que acabó siendo sofocada después de la batalla del Lago Regilo en el año 499 antes de Cristo o 254 ab urbe condita o, tal vez, en el año 496 antes de Cristo o 253 ab urbe condita. Derrotado, Lucio Tarquinio Superbo consiguió el asilo del tirano Aristodemo de Cumas donde murió en el año 495 antes de Cristo o 258 ab urbe condita.
    Durante este período, Sexto o Publio Papirio recopiló las leyes escritas en un tratado, al que llamó; Ius Papiriarum.
    En los albores de la República Romana, algunas "gens" patricias, dentro del mismo patriciado eran llamadas "gentes maiores": Valerios, Fabios, Cornelios, Claudios, Emilios y Manlios. Cuando acabó el régimen de los Tarquinios etruscos, los Valerios y los Fabios fueron los primeros herederos del poder. Ambas familias portaron a los Fasti Consulares cuarenta y cinco cónsules, superados tan sólo luego por las dos ramas de los Cornelios. No hubo ningún cónsul Fabio entre los años 116 antes de Cristo o 637 ab urbe condita y 45 antes de Cristo o 708 ab urbe condita.
    Sexto Tarquinio murió en el año 496 antes de Cristo o 257 ab urbe condita.
    Aquí finalizó el período de los siete reyes romanos o de la monarquía.
    El pueblo jamás quiso el regreso del último rey, tal vez por su altanería, despilfarro y su origen etrusco... Los senadores y sacerdotes eran demasiado avaros y tacaños.
    A partir de entonces, todos los poderes conferidos al rey los designaron y ostentaron los miembros del Senado mediante el desempeño de magistraturas, a excepción de la elección de los tribunos de la plebe aclamados y votados por los plebeyos, cuya asamblea por tribus fue la encargada de elegir a todos los magistrados no curules en los primeros años de la instauración de la República.
    13 min
  • A012 Roma, Historia Eterna - Monarquía VI (los siete reyes - Servio Tulio)
    ROMA
    Período 750 al 510 antes de Cristo
    ó 3 al 243 ab urbe condita.
    De la monarquía o de los siete reyes.
    Servio Tulio
    Servio Tulio, apodado el Constituyente, reinó durante cuarenta y cuatro años como sexto rey de Roma, según la tradición, desde el año 578 antes de Cristo o 175 ab urbe condita hasta el año 534 antes de Cristo o 219 ab urbe condita.
    No obstante, la fecha de su nacimiento carece de dato fehaciente y su origen contempla dos versiones diferentes: una que le hace latino y otra etrusco.
    También la tradición mantiene que fue hijo de una sierva, (de ahí el nombre de Servius), llamada Ocrisia y de un princeps latino, natural de la ciudad de Cornículo (Corniculum), aunque se desconoce la fecha de sus nacimiento. El futuro emperador Tiberio Claudio Druso, conocido como Claudio, en sus escritos le registra como un jefe etrusco nombrado Mastarna, que se adueñó de Roma.
    Según la tradición, cuando la ciudad de Corniculum fue conquistada por los romanos, su padre murió, y su madre, embarazada de él, llegó como esclava a Roma y fue entregada a Tanaquil, la esposa de Lucio Tarquinio Prisco.
    Fue criado y educado en la corte romana. Según Dionisio de Halicarnaso, cierto día sus cabellos se prendieron en llamas pero su cabeza se mantuvo inmaculada, suceso que fue considerado como un signo divino y de buen augurio, que le ayudó a conseguir la protección del rey y de su esposa Tanaquil.
    A partir de entonces inició el ejercicio de responsabilidades de gobierno que, posteriormente, le transportaron al poder.
    Alcanzando la edad suficiente para casarse, el rey Lucio Tarquino Prisco desposó a Servio Tulio con una de sus hijas, conocida como Tarquinia.
    Según Tito Livio, una vez muerto Lucio Tarquinio Prisco por dos sicarios contratados por los hijos de Anco Marcio, que siempre creyeron que el trono de su padre le correspondía por herencia, Tanaquil, la esposa del rey asesinado tramó ocultar el anuncio del fallecimiento del rey, retrasándolo, y, luego, decidió comunicar al pueblo, asomada a una ventana, que el rey malherido, agonizante tras el atentado, designó como su elegido a Servio Tulio con la finalidad de que tomara las riendas de su gobierno en su propio nombre.
    Cuando los Marcios fueron echados de Roma y las aguas volvieron a su cauce, unos días después, se anunció oficialmente el fallecimiento del rey, cuyos funerales presidió Servio Tulio como primer acto de su reciente reinado.
    Su durarero reinado pacífico propició la realización de grandes reformas políticas, sociales y militares, como la organización del ejército romano.
    La construcción de las conocidas murallas servianas han sido siempre atribuidas a Servio Tulio. Fueron antiguas fortificaciones de la ciudad de unos 11 kilómetros de longitud, que perimetraban las siete colinas históricas.
    Nuevos estudios arqueológicos datan a las murallas que fueron construidas en el siglo IV antes de Cristo con materiales extraídos de canteras cercanas a la ciudad de Veyes.
    Otra atribución asignada a Servio Tulio corresponde al itinerario de la periferia sagrada de la ciudad, el pomerium, cuyo origen se remonta a los etruscos, que, mediante la unción de un buey a un arado, se surcaba la tierra, delimitando el perímetro de la ciudad.
    Unos mojones de tierra (cippi) marcaron el límite de Roma que quedó divida en cuatro circunscripciones, a saber; Suburana, Esquilina, Colina y Palatina, conservándose esta distribución hasta los tiempos de Lucio Cornelio Sila Felix.
    Abarcó una extensión cercana a las doscientas cuarenta y cinco hectáreas, que convirtió a Roma en la ciudad más grande del Lacio, albergando una población de unas treinta y cinco mil almas, equiparable sólo a las grandes urbes etruscas y griegas.
    Organizó la población romana, sentando las bases del ejército.
    Las antiguas tribus, mencionadas en títulos anteriores, las célebres de los ramnes, ticies y luceres, asociadas respectivamente a latinos, sabinos y etruscos, fueron sustituidas por las recientes regiones creadas: las tribus Suburana, Esquilina, Colina y Palatina, sin descartar la fundación de otras veintiuna tribus rústicas más las treinta y cinco que definitivamente conformaron el total en tiempos republicanos.
    Las nuevas tribus rústicas adoptaron nombres de algunas gens patricias y de ciertos topónimos como Cornelia, Emilia, Claudia, Lemonia, Fabia, Coltinia, Camilia, Galeria, Pupinia, Romilia, etc.
    En las primeras quedaron integrados los no propietarios de tierras (que también fueron inscritos en registros públicos de acuerdo con sus profesiones) y en las segundas los que tuviesen (los llamados adsidui).
    Las circunscripciones instituidas de la población propició la creación de un impuesto o tributum e incluyó a los plebeyos en el ejército.
    Esta reforma, la Constitución serviana, cambió las tribus romúleas y curias, que estaban representadas por las familias patricias debido a su nacimiento, por otras donde solo importaba el lugar de residencia.
    Esta estructura social facilitó la participación de los plebeyos en la vida política romana (por medio de los comicios), ya que desde entonces, como refiere el párrafo anterior, el único requisito para ascender socialmente dejó de ser el derecho de nacimiento y se tuvo en cuenta la fortuna personal.
    Dividió el ager romanus y a la población, basándose en la riqueza de cada uno de sus miembros, en cinco clases para regular el armamento que cada ciudadano debía sufragar.
    Distinguió, según podían o no armarse para la guerra, dos grupos: Los classis y los infra classem incluidos en la categoría de adsidui; sin embargo a los pertenecientes a la última clase los excluyó del servicio armado y por su menor renta, quedaron exentos del pago de impuestos.
    Esta parte del pueblo se llamó después proletarii (proletarios), denominación que irónicamente se aplicaba a individuos que tenían numerosa prole, pero en realidad se refería a la parte de la población que buscaba el sustento sirviendo a personas pudientes, en contraposición a los privilegiados herederos de las tierras.
    Cada clase estuvo subdividida en centurias, posiblemente compuesta por cien hombres. Hubo el mismo número de centurias iunores (hombres de entre 17 a 45 años) y de seniores (hombres de entre 46 a 60 años, destinados a la defensa de la ciudad).
    Las tres primeras clases aportaban 60 centurias de iunores y 25 las dos últimas, que formaban la infatería, más un complemento de 18 centurias de caballería, los equites (caballeros).
    El ejército reformado por Servio Tulio seguió adoptando el modelo hoplítico griego de la falange, cuyo armamento típico y táctica estaban arraigados en la península itálica.
    Los miembros de la clase (classis) con capacidad económica estaban equipados como hoplitas: la armadura pesada y el escudo redondo (clipeus), la versión romana del hoplon, adecuados a la táctica clásica de las filas de soldados que integraban la falange.
    El pueblo romano, populus romanus, obligado entonces al servicio militar, mantuvo reuniones en los comicios centuriados donde se votaba por centurias.
    La asamblea centuriada (comitia centuriata) que no se basaba en ningun territorio limitó el poder de las familias patricias con respecto al dominio que ostentaban en los comicios curiados (comitia curiata) y, por ende, fortaleció la autoridad del rey.
    Los comicios centuriados otorgaron voto a todos los habitantes de Roma, patricios y plebeyos (incluso los de la infra classem, quienes participaban agrupados en una gran centuria), pero cabe puntualizar que, como el voto no era individual, sino ejercido por cada centuria, y como las primeras clases, integradas básicamente por patricios adinerados, aportaban un mayor número de centurias a la asamblea, en la práctica decidieron, sin contrapesos, cualquier votación.
    Cabe reseñar que la institución del censo y la organización centuriada, supuso la redefinición, o quizá el auténtico establecimiento, del concepto de la ciudadanía romana.
    Creó una liga entre los latinos y los romanos, con el objeto de acabar con las guerras entre ambos y defenderse de enemigos comunes, edificando sobre el monte Aventino un templo en honor a Diana, en donde centró el culto de la referida liga.
    Dio un gran impulso al culto de la diosa Fortuna, que asoció a su persona y no tuvo inconvenientes en introducir y organizar muchos cultos, creando incluso dos nuevas fiestas religiosas, los Paganalia y los Compitalia.
    Según la tradición, Servio Tulio acabó asesinado por sus propios parientes (su hija Tulia y su yerno Lucio Tarquinio Superbo, al parecer, nieto de su antecesor Lucio Tarquinio Prisco.
    Cuenta Tito Livio que Lucio Tarquinio Superbo se personó en el foro acompañado de hombres armados y convocó a los senadores para denunciar a Servio Tulio como un rey ilegítimo.
    Comenzó a injuriarlo y terminó diciendo que, después de la afrentosa muerte de su antecesor, sin establecer el interregno acostumbrado, sin reunir los comicios, sin el sufragio del pueblo, sin la ratificación del Senado, había ocupado el trono como regalo de una mujer.
    Avisado Servio Tulio, abandonó el Senado y acudió a defenderse y, en la confusión resultante entre los respectivos partidarios, que le tendieron una emboscada, el propio Lucio Tarquinio Superbo, bajando las escaleras que conducían al foro, se avalanzó contra el rey, dejándolo medio muerto. Según continúa la versión de Tito Livio, Servio Tulio fue ejecutado por sus perseguidores, y después su propia hija Tulia, esposa de Lucio Tarquinio Superbo, arrolló el cadáver con el carro que conducía.
    La clase patricia estuvo detrás del asesinato del rey, pues siempre repudió las reformas censitarias, basadas en la riqueza, que dieron derechos políticos a la plebe.
    Partiendo de que la monarquía romana no fue hereditaria, Lucio Tarquinio Superbo, que reivindicaba su ascendencia real frente al origen servil de Servio Tulio, carecía del más minimo derecho al trono al igual que los hijos de Anco Marcio, cuando asesinaron también a Lucio Tarquinio Prisco.
    A pesar de que actuó ilegitimamente, Lucio Tarquinio Superbo heredó el título, pero fue recordado como un auténtico tirano, cruel y caprichoso que pasó a la historia como el soberbio, mientras que Servio Tulio fue recordado como el rey más amado y benefactor de Roma.
    13 min
  • A011 Roma, Historia Eterna - Monarquía V (los siete reyes - Lucio Tarquinio Prisco)
    ROMA
    Período 750 al 510 antes de Cristo
    ó 3 al 243 ab urbe condita.
    De la monarquía o de los siete reyes.
    Lucio Tarquinio Prisco
    Lucio Tarquinio Prisco, apodado el Viejo, (Lucius Tarquinius Priscus) sucedió (en el 616 antes de Cristo o 137 ab urbe condita, al 579 antes de Cristo o 174 ab urb condita) a Anco Marcio.
    La tradición cree que fue hijo del griego Demarato, que había huido de Corinto, al advenimiento de Cipselo (cerca del año 657 antes de Cristo o 96 ab urbe condita), que se estableció en Tarquinia y casó con una etrusca, al parecer de Caere (Cerveteri), pero esto parece que no ocurrió así.
    Conocido como Lucumo, originario de la ciudad etrusca Tarquinia, emigró a Roma, adoptando el nombre de Lucio Tarquinio Prisco, hacia el 627 antes de Cristo o 126 ab urbe condita y pronto se convirtió en un personaje notable, por sus buenas dotes militares, por sus riquezas, por su don de gentes y por su encomiable labor como consejero.
    Morando en la corte aumentó de tal modo su prestigio que Lucio Tarquinio Prisco obtuvo la custodia y educación de los hijos de Anco Marcio.
    La sobrevenida relación con el rey le hizo partícipe en la regencia del reino.
    A la muerte de Anco Marcio (en el 616 antes de Cristo o 137 ab urbe condita) se produjo una disputa entre los hijos del difunto y el regente, de la que salió victorioso éste último.
    Estos acontecimientos están muy discutidos, porque tanto la pretensión de los hijos de Anco Marcio de convertirse en reyes como el triunfo de Lucio Tarquino Prisco resultan difíciles de creer.
    Del mismo modo se deduce que, al no ser hereditaria la monarquía romana, sino electiva, los hijos de Anco Marcio, carentes del derecho sucesorio, no podían retener la corona.
    Por otro lado, es también dudoso el rápido ascenso de Lucio Tarquino Prisco, para obtener la regencia del reino y, mucho menos, que el pueblo romano lo eligiera como soberano, dada su condición de extranjero.
    A pesar de la tradición romana, es más probable que en estos momentos la ciudad de Roma se encontrara bajo la influencia etrusca y que realmente fueran estos los que impusieran a Tarquino como nuevo rey.
    Su gobierno supuso un cambio en la historia de la realeza romana y fue descrito como sumamente glorioso.
    Este hecho sorprendente no puede aclararse sino admitiendo que, a pesar de las tradiciones patrióticas, las guerras que los romanos emprendieron contra sus poderosos vecinos septentrionales no siempre les fueron favorables y que incluso cayeron en su dependencia algunas veces. [Entiéndase que esta sumisión, aunque pasajera, fue probable puesto que los etruscos (hacia el 600 antes de Cristo o 153 ab urbe condita) conquistaron la Campania].
    Fue Lucio Tarquinio Prisco el que introdujo en Roma la costumbre etrusca del triunfo, esto es, el desfile triunfal del general victorioso y sus tropas por la ciudad.
    Después de alcanzar varias victorias decisivas sobre pueblos limítrofes, a los que incorpora a la comunidad romana, emprendió una obra grandiosa para la mejora de las condiciones urbanas de la ciudad.
    Roma, protegida por una larga muralla y apoyada en una ciudad bien fortificada, el Capitolio, logró la hegemonía política del Lacio, desplazando a Alba Longa.
    Considerado un tirano por la tradición, que paseaba por Roma con su guardia, con su cetro y su corona y las reverencias a los que estabn obligados los demás, invistió cien nuevos senadores con los que el Senado alcanzó el número trescientos miembros y a patricios con la intención, al parecer, para debilitar el poder de las antiguas familias o gens.
    Implantó los primeros juegos romanos (ludi romani), puso los cimientos del circo Máximo y del templo del Capitolio y parte de la muralla Serviana, pero la obra que le acreditó como uno de los mejores constructores romanos fue la Cloaca Maxima, que canalizó un riachuelo que acababa en el Tíber, drenando, de ese modo, la llanura cenagosa ubicada entre el Palatino, Capitolio y Quirinal, que, posteriormente, se convirtió en el Foro romano.
    Todos estos logros urbanísticos emularon la pomposidad de las construcciones de elegancia etrusca.
    También, plagió ciertas costumbres religiosas etruscas y, al amparo de ellas, construyó un gran templo a Júpiter en el Capitolino, una de las colinas más elevada colonizadas durante su reinado.
    La tradición le ha reconocido que implantó la hegemonía romana sobre los latinos, a los que anexiona Apiolae y Collatia y vencido a los sabinos y etruscos, gracias a una posible reorganización del ejército, robustecido por todos los ciudadanos útiles para la defensa.
    Estudiosos de la época corroboran que, hacia el 650 antes de Cristo o 103 ab urbe condita, los etruscos se habían adueñado de zonas del Lacio, implantado una floreciente civilización de ámbito comercial, que permitió al nuevo rey embellecer la ciudad y realizar las obras públicas mencionadas.
    Roma prosperó debido a esta influencia etrusca, que se plasmó en la religión y la forma de gobierno. Pasó de ser un conglomerado de cabañas a una ciudad con edificios destacados similares a los de las ciudades etruscas, gracias, evidentemente, al origen estrusco de sus tres último reyes.
    La masa de la población estaba constituida por pastores y caminantes, en un principio, luego, aparecieron, además, los comerciantes y los agricultores. El medio utilizado para el intercambio es el ganado (pecus, de donde deriva pecunia = dinero).
    También adoptó la escritura de los griegos de la Magna Grecia: el alfabeto calcidio se convierte en el alfabeto latino.
    A pesar de la transformación urbanística y comercial de la ciudad a la que elevó Lucio Tarquinio Prisco a Roma y a sus habitantes, los enemigos, comandados por los hijos del anterior rey, planearon, según la tradición, un complot que acabó con su vida en el año 578 antes de Cristo o 175 ab urbe condita.
    Sirva como reseña informativa para entender estos hechos que todos los reyes, excepto Rómulo, fueron elegidos por la gente de Roma para gobernar de forma vitalicia, y que ninguno de ellos usó la fuerza militar para acceder al trono.
    Ciertos investigadores matizan que, a partir del quinto rey, Lucio Tarquinio Prisco, la línea de sucesión fluyó a través de las mujeres de la realeza. En consecuencia, también los historiadores antiguos afirmaron que el rey era elegido por sus virtudes y no por su ascendencia.
    Dicho lo expuesto, la tradición señaló que fue asesinado por uno de los hijos de Anco Marcio, despechado por no haber sido elegido rey. Sin embargo, antes de que el conjurado pudiera hacerse con el poder, apoyado por el resto de sus cómplices, la esposa viuda de Lucio Tarquinio Prisco, de nombre Tanaquil, elevó al trono a Servio Tulio, que maniobró con celeridad para obtenerlo, a pesar de que era madre de dos hijos varones, posibles herederos del rey asesinado.
    Aquella decisión fue ratificada por el senado romano.
    9 min
  • A010 Roma, Historia Eterna - Monarquía IV (los siete reyes - Anco Marcio)
    ROMA
    Período 750 al 510 antes de Cristo
    ó 3 al 243 ab urbe condita.
    De la monarquía o de los siete reyes.
    Anco Marcio
    Anco Marcio (Ancus Martius), cuya madre fue Pompilia y su padre Numa Marcio, sucedió (640 antes de Cristo o 113 ab urbe condita, 616 antes de Cristo o 137 ab urbe condita) a Tulio Hostilio, como cuarto rey de Roma, apodado el constructor.
    Según fuente históricas, fue descendiente de una gens etrusca, cuyo abuelo fue Numa Marcio, el primer pontífice máximo, y el hijo de éste, de igual nombre, el referido padre, y, por parte materna, nieto de Numa Pompilio.
    Decidió nombrar a Lucio Tarquinio Prisco como tutor o instructor de sus hijos.
    Su gobierno pacífico, consagrado principalmente al fortalecimiento del Estado, propició la realización de obras públicas, y amplió los límites de la ciudad de Roma.
    Su obra, no falta de leyenda, fue interrumpida por una sublevación de los latinos, que sofocó con fortuna.
    También luchó contra pueblos establecidos en el centro de Italia como los veyos, los sabinos o los volscos, venciéndoles a todos, según la tradición.
    Como consecuencia de este triunfo, con los apresados y los sometidos en combate repobló la colonia del Monte Aventino.
    Estos nuevos pobladores carecieron de los mismos derechos que amparaban a los demás ciudadanos de Roma.
    No les estuvo permitido ocupar una magistratura o acceder al Senado. Formaron la nueva clase social: la plebe (plebs).
    Debido a ciertos investigadores, la conquista mencionada de pueblos cercanos a Roma no se sostiene.
    Etruria fue un pueblo que social y militarmente estuvo por encima de los romanos.
    Sin embargo, no se descarta que Roma estableciese alianzas defensivas frente a la amenaza etrusca, que, a causa del desgaste provocado por sus propias luchas internas, facilitó la supervivencia de aquella y su properidad.
    Fortificó en la orilla derecha del Tíber el monte Janículo, ocupado durante la guerra contra los etruscos, y comunicó ambas orillas por medio de un puente (pons sublicius: puente construido con estacas) que conducía probablemente hacia el mercado de los bueyes (Forum boarium), situado entre las pendientes del Aventino, del Palatino y del Capitolio.
    Durante su gobierno se ensanchó la ciudad hasta la costa.
    En ella el puerto de Ostia llegó a ser el centro del comercio de la sal, ya que desde tiempos antiguos penetraba en el país remontando el curso del río (via salaria) para proveer a los ganaderos sabinos, extendeiendo el comercio y la precoz industria romanos, siguiendo los adelantos obtenidos por sus anteriores compatriotas.
    A pesar de la austeridad de la que siempre hizo gala la ciudad de Roma, los ambientes de riqueza y ostentación, de índole etrusca, fueron calando en cierta parte de la población.
    Redactó las fórmulas de las ceremonias religiosas, impulsando la liturgia de los dioses romanos y conservando los recintos sagrados y los monumentos civiles.
    Edificó un templo en honor a Júpiter y construyó el acueducto Aqua Marcia y, bajo el Capitolio, la primera cárcel.
    Cumplidos los veinticuatro años de su reinado, falleció en Roma Anco Marcio.
    A partir de entonces, ocupó el trono el primer rey de origen etrusco conocido como Lucio Tarquinio Prisco.
    5 min

About Roma, Historia Eterna

From the publisher's feed

La historia de la monarquía, de la república y del imperio de Roma.