ROMA
Período republicano (509 antes de Cristo o 244 ab urbe condita,
Al 27 antes de Cristo o 726 ab urbe condita).
Etapa de 395 antes de Cristo o 358 ab urbe condita,
al 390 antes de Cristo o 363 ab urbe condita.
La República oligárquica
De las luchas sociales y la política exterior.
395 antes de Cristo o 358 ab urbe condita.
Son nombrados tribunos militares con poder consular Publio Cornelio Coso, Publio Cornelio Escipión, Cesón Fabio Ambusto, por 3ª vez, Lucio Furio Medulino Fuso, por 5ª vez, Marco Valerio Lactucino Máximo, por 2ª vez y Quinto Servilio Fidenas, por 3ª vez.
Hechos destacados del año:
Después de la toma de Veyes, la ciudad más fuerte de Etruria, la guerra contra los faliscos fue dirigida por los tribunos consulares, Publio Cornelio Coso y Publio Cornelio Escipión, y la de los capenates por otros tribunos consulares, Marco Valerio Lactucino Máximo y Quinto Servilio Fidenas.
Ambos ejércitos realizaron destrozos en los campos enemigos, cuyos efectos llevaron a los capenates a pedir la paz, que se les otorgó, mientras que los faliscos persistieron en perseverar en la guerra.
En Roma se planteó la fundación de una colonia en los límites volscos, que 3.000 ciudadanos colonizarían.
El plan fue desechado, pues el pueblo prefería que la concesión de tierras fuese en la ciudad de Veyes, cuyo territorio era más fértil y más amplio.
Incluso circuló el deseo de habitar la ciudad recién conquistada de Veyes por una parte de la plebe y otra parte del Senado.
La nobleza, patricios y plebeyos ricos, replicó que el proyecto era atroz y que se resistió a que la propuesta se votase.
Los tribunos de la plebe agitaron las pasiones de la plebe, que maldijo el momento en que el botín obtenido de Veyes se entregó al Estado y a los dioses, porque esta decisión la había hundido aún más en la pobreza.
Como el tema presente carecía de una solución satisfactoria para todos, los plebeyos reeligieron como tribunos a los que defendían la proposición, mientras que los patricios optaron por asegurarse el mismo apoyo de los que la desprestigiaron.
Los patricios, cuyo objetivo era captar a un defensor de su política vilipendiada por los tribunos plebeyos, garantizaron el cargo de tribuno consular a Marco Furio Camilo.
Cronología de otros hechos históricos:
Sicilia.
Magón fue el general cartaginés nombrado comandante en jefe de las operaciones en Sicilia.
Intentó atraerse hacia su bando a las ciudades griegas de la isla, concluyendo ciertas alianzas.
394 antes de Cristo o 359 ab urbe condita.
Son nombrados tribunos militares con poder consular Marco Furio Camilo, por 3ª vez, Lucio Furio Medulino Fuso, por 6ª vez, Cayo Emilio Mamercino, Lucio Valerio Publícola, Espurio Postumio Albino Regilense y Publio Cornelio Coso, por 2ª vez.
Hechos destacados del año:
Faleria, tras la conquista romana de Veyes, estuvo en la primera línea contra Roma.
La ciudad fue asediada por el tribuno consular, Marco Furio Camilo, que forzó a sus moradores a entablar batalla fuera de las murallas, pero no logró acabar con la resistencia falisca.
A pesar de que la ciudad falisca estuvo cercada y rodeada de artilugios de asalto, permaneció inexpugnable a causa de una concienzuda defensa y a la existencia de almacenes repletos de suministros de grano, recolectados anteriormente.
La resistencia de los faliscos fue poco a poco menguando, hasta tal punto que se acordó enviar embajadores al campamento romano para establecer la rendición y concertar la paz.
Los faliscos y los propios romanos agradecieron a Marco Furio Camilo el pacto.
Para tal fin, los faliscos aportaron el pago de la soldada romana de este año, liberando de ese modo a los ciudadanos romanos del impuesto de guerra.
Después que la paz les fue concedida, el ejército marchó de regreso a Roma.
Según Tito Livio, la cuestión parece terminar en un tratado de dedición (en latín, deditio), o bien, como ciudad sometida, conservando su estructura política.
Las ciudades enfrentadas a la República romana, sometidas por la fuerza y rendidas incondicionalmente, adquirían el status de ciudad dediticia siempre y cuando la ciudad vencida no hubiera sido destruida.
Como una posible opción, una ciudad que capitulara podía ser arrasada (deditio in dictionem) y sus dirigentes ejecutados y el resto de habitantes vendidos como esclavos; también adoptando otra opción podía suceder que se convirtiera en una ciudad dediticia (deditio in fidem), donde Roma incautaba sus bienes y personas y pasaba a autogobernarse siempres que pagara un tributo fijo (stipendium) estipulado por el gobernador romano y obligada a entregar tropas auxiliares a los ejércitos romanos y de proveer de víveres previo precio fijado y servicios.
Aceptar la última opción, conllevaba permitir establecer en dicha ciudad una guarnición romana.
Roma, generalmente, reconocía las instituciones y la forma de gobernarse la ciudad dominada, porque la política exterior estaba sujeta al poder de la República.
Volviendo al hilo del año en curso, el victorioso tribuno consular, Marco Furio Camilo, celebró su otorgado triunfo por las calles de Roma paseado por caballos blancos.
La guerra contra los ecuos continuó.
Dos tribunos consulares, Cayo Emilio Mamercino y Espurio Postumio Albino Regilense, derrotaron al enemigo en batalla y posteriormente dividieron el ejército, dirigíendose el primero a capturar la ciudad de Verrugo y el segundo a asolar el territorio ecuo.
Espurio Postumio Albino Regilense, marchando en desorden, fue sorprendido por los ecuos.
Entre los romanos cundió el pánico y tuvieron que refugiarse en las colinas cercanas.
El tribuno consular, Espurio Postumio Albino Regilense, reprochó la cobardía de sus hombres, que juraron vengar el atropello ecuo.
Los gritos del combate entre romanos y ecuos se oyeron en la ciudad de Verrugo, cuya guarnición romana pensó que su campamento estaba siendo atacado.
El confuso pensamiento creó tanto pavor en los guardianes destinados en Verrugo, que huyeron precipitadamente a Túsculo.
El tribuno consular, Cayo Emilio Mamercino, intentó detenerlos, pero sus esfuerzos fueron infructuosos.
El otro tribuno consular, Espurio Postumio Albino Regilense, bajó de las colinas al frente de su ejército enardecido y, atacando decidida y furiosamente, venció a los ecuos, a los que aniquiló.
En Roma, el anuncio de la victoria del tribuno consular, Espurio Postumio Albino Regilense, esfumó todos los malos presagios acontecidos últimamente.
En las consiguientes elecciones, los plebeyos consiguieron mantener en el cargo a los tribunos proponentes de la ley agraria, mientras que los patricios intentaron colocar a los detractores de la misma.
Como el resultado de las elecciones fue el exacto deseo de la plebe, el Senado dictaminó el nombramiento de cónsules, que todos los plebeyos odiaban.
393 antes de Cristo o 360 ab urbe condita.
Son nombrados cónsules Lucio Valerio Potito, que le sustituyó como cónsul sufecto Lucio Lucrecio Tricipitino Flavo, y Publio Cornelio Maluginense, que le sustituyó como cónsul sufecto Servio Sulpicio Camerino.
Son nombrados censores Lucio Papirio Cursor y Cayo Julio Julo.
Hechos destacados del año:
Habían pasado 15 años desde el último nombramiento de cónsules.
Los tribunos de la plebe no vetaron la resolución senatorial que determinó nombrar cónsules, sino que se preocuparon de esforzarse en llevar a buen término la propuesta de la ley agraria.
Por otro lado, los cónsules otorgaron el beneplácito a los acontecimientos, aparentando oponerse a la aspiración tribunicia plebeya.
Los ecuos resurgieron de sus cenizas y atacaron la colonia romana de Vitelia, ubicada en su territorio.
El cónsul, Lucio Lucrecio Tricipitino Flavo, se enfrentó al enemigo, venciéndole en la batalla.
Dos ex tribunos de la plebe, que ejercieron su cargo dos años antes, Aulo Verginio y Quinto Pomponio, fueron acusados por gratificar al Senado en el uso del veto.
Condenados a una multa de diez mil ases o mil denarios cada uno, el Senado, derrotado por la presión de la plebe, quedó anulado.
Los cónsules propusieron el reparto del territorio veyentino a cada plebeyo, que el Senado aprobó.
La plebe aplaudió la distribución de tierras y cayó ante la elección de los nuevos cónsules.
Cronología de otros hechos históricos:
Sicilia.
El general cartaginés Magón se propuso atacar la zona occidental de Sicilia a fin de unir sus fuerzas con las de la ciudad de Regio, enfrentada con el tirano siracusano, y concertó a tal fin alianzas con la mayoría de los sículos, siciliotas y reginos, que les dotaron de tropas, y emprendió una expedición contra el territorio de Mesina, ciudad que saqueó.
En Mesina fue atacado y huyó hasta la ciudad aliada de Abaceno, refugiándose en ella, donde fue derrotado por Dionisio el Viejo.
392 antes de Cristo o 361 ab urbe condita.
Son nombrados cónsules Lucio Valerio Potito, por 2ª vez, y Marco Manlio Capitolino.
El censor Cayo Julio Julo murió este año, sucediéndole en el cargo Marco Cornelio Maluginense.
Hechos destacados del año:
Los cónsules, Lucio Valerio Potito y Marco Manlio Capitolino, realizaron una campaña militar contra los ecuos en Álgido.
La victoria dio la concesión de un triunfo a Lucio Valerio Potito y una ovación a Marco Manlio Capitolino.
Cerca del final del año apareció la sombra de una nueva guerra contra los estados de Velsinia (actual, Bolsena), llamados volsinios, y los sapinatos.
Los cónsules cayeron enfermos.
Los auspicios, por tanto, debían ejercitarse por un interrex.
Los cónsules dimitieron, acatando una disposición del Senado, que nombró interrex a Marco Furio Camilo, a quien sucedió Publio Cornelio Escipión, y posteriormente Lucio Valerio Potito.
Para contrarrestar los efectos de cualquier enfermedad que incapacitara a los miembros de la República, este último interrex invistió a seis tribunos militares con poder consular, con la finalidad de que el número de magistrados elegidos fuese suficiente para hacer frente al reto epidemiológico.
Cronología de otros hechos históricos:
Sicilia.
El general cartaginés, Magón, tras recibir refuerzos de Cerdeña y África, reunió un ejército de ochenta mil hombres con el cual avanzó por el corazón de Sicilia hasta el río Dittaino.
Allí se encontró con Dionisio el Viejo, quien se había asegurado la alianza de Agiris, tirano de Agira, cortando así la vía de suministros a los púnicos.
De este modo, Magón se vio forzado a firmar un tratado de paz por el cual abandonaba a sus aliados sicilianos, los sículos, en manos de Dionisio el Viejo, que afianzó el dominio sobre Siracusa, a la que rodeó con un recinto amurallado.
Hecho esto, Magón regresó a Cartago, donde fue ascendido poco después a sufeta.
La guerra emprendida contra Cartago terminó este año.
Dionisio el Viejo intentó expulsar a los púnicos de Sicilia, pero falló.
391 antes de Cristo o 362 ab urbe condita.
Son nombrados tribunos militares con poder consular Lucio Lucrecio Tricipitino Flavo, Servio Sulpicio Camerino, Lucio Emilio Mamercino, Lucio Furio Medulino Fuso, por 7ª vez, Cayo Emilio Mamercino, por 2ª vez, y Agripa Furio Fuso.
Hechos destacados del año:
Los tribunos consulares, Lucio Lucrecio Tricipitino Flavo y Cayo Emilio Mamercino, marcharon contra los volsinios, mientras que Servio Sulpicio Camerino y Agripa Furio Fuso fueron contra los sapinatos.
Los sapinatos no se enfrentarona los romanos y se refugiaron dentro de las murallas de su ciudad y los volsinios, derrotados, concertaron una tregua de veinte años que costó el pago del salario del ejército por un año y una indemnización por los destrozos de las anteriores incursiones en territorio romano.
La poderosa ciudad de Velsinia (Bolsena), que había permanecido en la inacción federal y no se alió con Veyes, cuando ésta luchó contra Roma, tomó las armas demasiado tarde, y este mismo año pidió a su vez la paz.
La tradición, refiere que los dos puestos avanzados de Etruria sucumbieron en el mismo día: Melpum en el norte, a los ataques de los galos, y Veyes en el sur, bajo los golpes de los romanos.
Considerada concluyente o no la referencia, esta simultaneidad expresa una verdad profunda de sentido histórico.
El doble ataque por el norte y por el sur y la caída de las dos fortalezas que guardaban sus fronteras, marcaron para los etruscos el comienzo de su ruina como nación independiente.
Un plebeyo, de nombre Marco Cecidio, advirtió del peligro que el destino tenía reservado a los romanos: los galos, pero, debido a la lejanía de los aludidos, no se le prestó atención.
Marco Furio Camilo posteriormente fue acusado por Lucio Apuleyo, tribuno de la plebe, de haberse apropiado de una parte del botín de Veyes y de haberse hecho representar en el triunfo subido en caballos blancos.
El tribuno consular, Lucio Furio Medulino Fuso, hermano del encausado, los miembros de su tribu y su clientela, una considerable parte de la plebe, prometieron contribuir en el coste de cualquier multa que le se aplicara, pero sobre su absolución no pudieron comprometerse a nada por la dificultad del caso.
Fue condenado a una multa de 15.000 ases o 1.500 denarios.
Marchó voluntariamente al destierro a la colonia de Ardea, pidiendo a los dioses que castigaran a sus conciudadanos por la deshonra padecida y que pronto llegase una terrible desgracia que les obligara a reclamar sus servicios.
Cabe añadir que tiempo atrás, seis tribus galas: biturigos, avernos, senones, eduos, ambarros, carnutos y aulercios, llegaron hasta las sorprendentes montañas de los Alpes.
Posteriormente cruzaron los Alpes y edificaron la ciudad de Mediolanum (actual Milán).
Siguieron hacia los Apeninos, construyeron barcas para navegar el Po y, adentrándose en el territorio de Etruria, expulsaron a los etruscos y umbros de la zona.
La tribu gala de los senones fue la sitiadora de Clusium, posiblemente apoyada por otros pueblos cisalpinos.
El terror se apoderó de los clusinos al comprobar el grandioso número de enemigos, el raro aspecto y las desconocidas armas que portaban.
Como los residentes clusinos no habían declarado la guerra ni se habían unido a los veyentinos contra Roma, creyeron sentirse merecedores del auxilio romano, a pesar de no tener ningún tratado de alianza o amistad con la República romana.
Embajadores venidos de Clusium (actual Chiusi) suplicaron ayuda a la República romana, la destructora de la ciudad de Veyes, porque su ciudad estaba sitiada por los galos, concretamente por un ejército de la tribu de los senones.
El socorro romano no se produjo.
Ahora un grupo de romanos y clusinos parlamentaron con los galos, que habían pedido tierras etruscas para cultivar a los habitantes de Clusium, a cambio de tratar una paz entre los pueblos reunidos.
Los romanos descartaron la petición gala, argumentando que ningún derecho les amparaba para apoderarse de las propiedades ajenas ni incluso bajo amenaza de guerra, a lo que los galos replicaron, como justificación de su determinación, que el derecho en el que basaban sus legítimas intenciones radicaba en las armas y en la valentía de los hombres que ellos poseían para apropiarse de las cosas.
El estresante cónclave encendió los ánimos de los delegados participantes que convirtió la escena en un combate, en el que intervinieron los enviados patricios Fabios: Quinto, Cesón y Numerio, acabando con la muerte del líder galo, concretamente, por Quinto Fabio Ambusto.
Poco después, emisarios galos exigieron la entrega de los Fabios.
El Senado reprobó la conducta de los Fabios y admitió la justa demanda gala, pero no tomó una decisión concreta por el rancio abolengo de los Fabios sino que remitió el parecer al pueblo.
La designación como tribunos consulares con poder consular, entre ellos los Fabios reclamados por los galos, terminó con una declaración de guerra por parte de los senones.
390 antes de Cristo o 363 ab urbe condita.
Son nombrados tribunos militares con poder consular Quinto Fabio Ambusto, Quinto Sulpicio Longo, Cesón Fabio Ambusto, por 4ª vez, Quinto Servilio Fidenas, por 4ª vez, Numerio Fabio Ambusto, por 2ª vez, y Publio Cornelio Maluginense, por 2ª vez.
Es nombrado dictador Marco Furio Camilo, por 2ª vez.
En nombrado jefe de la caballería, magister equitum, Lucio valerio Publícola.
Es elegido pontífice máximo Quinto Fabio Ambusto.
Es nombrado cuestor Cesón Fabio Ambusto, hijo del anterior, y, posteriormente, tribuno consular.
Hechos destacados del año:
Después de varios intentos por asaltar la ciudad fortificada de Clusium, Brenno (en latín, Brennus), el general de los galos, levantó el sitio y todas sus hordas, que sumaban unos setenta mil combatientes, junto con sus estandartes, se precipitaron sobre el camino hacia Roma.
Ante la inminente invasión, no se tomaron los adecuados preceptos especiales ni se abordó la necesidad de nombrar un dictador.
Tan solo se reclutó masivamente a toda prisa conformando un ejército, que se enfrentó al enemigo en un lugar denominado Alia, situado a unos 16.500 metros de Roma.
Los legionarios marcharon sin precaución, con tranquilidad y mucha presunción para enfrentarse a unos enemigos a los que tildaban de ladrones, en vez de soldados.
Sus jefes no tenían ninguna experiencia militar, ni habían asegurado la posición con un campamento, ni cavaron trincheras por las que, en caso de derrota, poder retirarse, y ni libaron a los dioses para obtener auspicios favorables.
Una vez formado el orden de batalla, los comandantes romanos ordenaron extender las alas lo máximo posible para evitar ser flanqueados por los numerosos galos, pero con esta táctica debilitaron el centro.
Cuando en el ardor del combate estos bárbaros demostraron que eran soldados que sabían despreciar la muerte, que arremetían furisoso con sus espadas desnudas y de punta y que arrollaban las filas adversarias con un método nuevo y terrible a la hora de batirse, sufrieron el error de menospreciar y subestimar al enemigo.
La mayoría de los galos atacaron frontalmente a los romanos, mientras que un grupo de guerreros de élite senones desbandó a los reservas romanos apostados en una colina, impidiendo así que emplearan la táctica de atenazar los flancos galos, como habían planeado los tribunos militares.
La acción produjo pánico entre los soldados romanos, que huyeron hacia Veyes una vez destruidos el centro y el ala izquierda del frente de combate, dejando tras de sí un campo cubierto de muertos.
La suerte del ala derecha romana no fue mejor, pues sus componentes, con un cierto orden, se refugiaron en una cercana colina durante algún tiempo y, poco después, pudieron regresar a Roma, concentrándose en la ciudadela de Capitolio, pero olvidando cerrar las puertas de la ciudad.
La derrota romana sufrida en Alia fue descomunal.
Sorprendidos los galos por la facilidad de la victoria y, temiendo una trampa, acamparon entre Roma y el Anio.
Cuatro días después entraron en Roma por la puerta Colina en dirección al monte Capitolino, haciendo requisas en el Foro.
Allí mataron al pontífice máximo, Marco Fabio Ambusto junto a otra gente que no se refugió.
Saquearon e incendiaron todo lo que encontraron a su paso.
Tras varias intentonas por asaltar la acrópolis, el jefe galo, Brenno, decidió asediarlos.
La mayor parte de los senones recorrieron los alrededores de Roma para obtener botín.
En Ardea, el exiliado Marco Furio Camilo reclutó cierto número de voluntarios y los destinó a vigilar los muros de la ciudad, porque ya merodeaban por allí grupos de senones y, cuando comprobó que los galos acampados estaban ebrios, ordenó atacarlos y darles muerte.
La victoria de Ardea fue conocida en Veyes, cuyo refugiados enviaron un mensajero a Marco Furio Camilo solicitándole que aceptara el mando del ejército, pero el exiliado contestó que aceptaría siempre que el Senado consintiera en su nombramiento.
Un joven, de nombre Cominio Poncio, se presentó voluntario para arribar el Capitolio e informar de la petición de los ciudadanos de Veyes.
Los senadores deliberaron y nombraron dictador a Marco Furio Camilo.
El mensajero regresó de vuelta a Veyes con la noticia del nombramiento de Marco Furio Camilo como dictador.
Una vez que tuvo 20.000 romanos en armas, designó jefe de la caballería a Lucio Valerio Potito.
Durante el prolongado sitio de Roma, los galos descubrieron las huellas del mensajero de Veyes y escalaron el acantilado que conducía a la ciudadela, pero fueron delatados por los gansos sagrados del templo de Juno.
El ex cónsul, Marco Manlio Capitolino, detuvo a los primeros asaltantes y el resto de defensores arrojaron jabalinas contra los osados galos.
El ex cónsul, Marco Manlio Capitolino, fue premiado y el vigía que no cumplió con su cometido fue castigado por el tribuno consular Quinto Sulpicio Longo y acabó arrojado por el barranco.
La hambruna y la peste hicieron que tanto galos como romanos negociaran.
Por tal circunstancia tuvo lugar una conferencia entre Quinto Sulpicio Longo, tribuno consular, y Brenno, el jefe galo, pactándose el pago de 1.000 libras de oro a los senones para que dejaran la ciudad inmediatamente.
La balanza usada por los galos estaba alterada, entonces los senadores protestaron la ruindad senona, pero el líder Brenno rió y colocó su espada y cinturón en la báscula, añadiendo: "¡ay de los vencidos!", frase intolerable para los oídos romanos.
En el preciso momento en que se efectuaba la transacción, apareció el dictador y ordenó cancelar el pago.
Sin embargo, sirva como inciso, la tradición griega menciona este hecho, fechándolo dos años después de la romana y afirmando que los galos se retiraron de Roma una vez que recibieron el pago pactado.
Volviendo al hilo del acontecimiento, Brenno se opuso a la ruptura del acuerdo, pero Marco Furio Camilo aseveró que el pacto carecía de validez, porque él era la única autoridad capaz de acordar tratados de paz.
Los galos y romanos se enfrentaron, pero el choque favoreció a los legionarios del dictador.
En un segundo combate cerca de la ciudad de Gabios (Gabii), la nueva batalla cayó otra vez del lado de los romanos, se capturó el campamento galo y no quedó enemigo vivo para comunicar la catástrofe sufrida.
El dictador celebró el triunfo, mientras oía alabanzas como: "Rómulo", "Padre de la Patria" y "Segundo Fundador de la Ciudad", e impidió la migración a Veyes, que los tribunos de la plebe reclamaban con más insistencia, induciendo a la plebe a pronunciarse sobre la cuestión.
El Senado, incomodado por la obstinación del tribunado plebeyo, requirió por más tiempo los servicios del dictador, que decidió entonces no cesar en el cargo de su magistratura.
El discurso pronunciado por el dictador para zanjar la discusión sobre abandonar Roma o mudarse a Veyes, quedó solucionada por el Senado que tomó como un buen presagio el episodio protagonizado por el centurión de una cohorte, cuando dijo al portaestandarte que en el espacio público de reunión a cielo abierto (o comitium) era el mejor lugar donde permanecer para arreglar la insignia.
Llegado a oídos de los senadores el comentario prodigioso del militar, el Senado acordó definitivamente rechazar el proyecto de ley tan discutido.
En conmemoración de la humillación infligida por los galos senones, los romanos crearon la procesión, conocida como la supplicia canum en la que los perros del Capitolino eran suspendidos en tendederos, cruces o estacas como un castigo simbólico por no haber alertado del ataque galo, mientras que los gansos de Juno eran adornados con telas púrpuras y oro, cuando asistían al evento.
El modo de combatir también cambió, pues Marco Furio Camilo dio prioridad a la tradicional lanza del sistema hoplítico, sabedor que era mejores para enfrentar a los galos armados con lanzas y espadas largas y protegidos solo por un escudo en la mayoría de los casos, que al uso de jabalinas y espadas de doble filo.
Los romanos se cercioraron de que las largas y cortantes espadas, manejadas con habilidad y fuerza, fueron una causa fundamental de la victoria gala.
Equiparon a sus legionarios con lanzas más largas para prevenir el uso efectivo de dichas espadas y yelmos de latón reforzados con placas de hierro.
Sirva como reflexión para concluir la narración de este nefasto año para Roma, que, quizás, hubiera sido prudente por parte de los romanos haber accedido a la petición de los embajadores de Chiusum, haberse batido a los galos y haber aprovechado la ocasión que se ofrecía para imponer el yugo romano a toda la Etruria.
Pero evidentemente semejante intervención habría indicado miras demasiado elevadas y hubiera sido necesario llevar las armas de la República hasta las fronteras del norte de la confederación etrusca.