Roma, Historia Eterna

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Roma, Historia Eterna episodes

  • A039 Roma, Historia Eterna - República XXV (445-449 a.u.c.)
    ROMA
    Son nombrados cónsules Quinto Fabio Máximo Ruliano, por 3 vez, y Publio Decio Mus, por 2 vez. En recompensa por la victoria de los etruscos, en Etruria, Quinto Fabio Máximo Ruliano fue prorrogado su consulado un año más. Marco Valerio Máximo Corvino fue elegido pretor por 4 vez. El cónsul Publio Decio Mus recibió en el sorteo Etruria y su colega Quinto Fabio Máximo Ruliano, el Samnio.
    Una vez en Nuceria Alfaterna, en el Samnio, cuyos habitantes rehusaron con anterioridad la petición de paz, el cónsul, Quinto Fabio Máximo Ruliano, atacó la ciudad. Libró un combate con los samnitas que sufrieron un revés como sus aliados marsios y pelignos. El otro cónsul, Publio Decio Mus, consiguió que los tarquinios aprovisionaran su ejército con grano y pidieran una tregua por cuarenta años, pero se les concedió una tregua por un año. Plantearon esquivar al cónsul romano y dirigirse directamente a Roma.
    Alertado el cónsul, Publio Decio Mus, tomó posiciones en el territorio de Pupinia, al sur del río Anio. El Senado romano, en prevención de un ataque inminente por parte de los umbros, ordenó al otro cónsul, Quinto Fabio Máximo Ruliano, que abandonase el Samnio y marchase a Umbría. La inesperada presencia de las legiones del cónsul, Quinto Fabio Máximo Ruliano, hizo pensar a los umbros o retirarse a sus ciudades fortificadas o abandonar la guerra. Tan solo los nativos de la comarca llamada Materina mantuvieron el espíritu combativo y atacaron al cónsul recién venido a la zona, que fortificaba el campamento.
    El cónsul, Quinto Fabio Máximo Ruliano, regresó al Samnio. Son nombrados censores Marco Valerio Máximo Corvino y Cayo Junio Bubulco Bruto. Quinto Fabio Máximo Ruliano fue gratificado por el Senado con la concesión de un proconsulado por sus éxitos en la Umbría y en el Samnio, a pesar de la oposición del nuevo cónsul Apio Claudio Caego, el ciego. Un nuevo enemigo belicoso surgió, los salentinos, que habían entrado en la liga contra los romanos, a instigación de los samnitas.
    Apio Claudio Caego, el ciego, no buscó la gloria militar, porque ésta ya sonreía a otras personas, y permaneció en Roma para dedicar sus esfuerzos en conseguir influencia mediante obras públicas. Su colega en el consulado, Lucio Volumnio Flama Violens, fue enviado con un ejército consular contra los salentinos, un pueblo de Apulia que habitaba en sur de Italia, y que, durante la guerra samnita, fue un enemigo de Roma. El procónsul, Quinto Fabio Máximo Ruliano, cerca de la ciudad de Alife , entabló batalla campal contra los samnitas, que, un día después, se rindieron sin condiciones y tuvieron que pasar todos bajo el yugo. Son nombrados cónsules Quinto Marcio Trémulo y Publio Cornelio Arvina.
    Es nombrado dictador Publio Cornelio Escipión Barbato. Es designado jefe de la caballería, magister equitum, Publio Decio Mus. La confederación de los hérnicos, indispuesta con el Senado de Roma a causa de los voluntarios que esta había capturado en los campos de batalla de la ciudad de Alife el año anterior, le declaró la guerra, más por desesperación que por prudente cálculo. Nuevamente cundió la alarma en Roma ante la situación actual que sufrían los campamentos abandonados a su suerte.
    Gracias a que los hérnicos no fueron tan belicosos como los samnitas, éstos no intentaron nada especial para hacerse temer y, a los pocos días, perdieron tres campamentos sucesivamente y pidieron una tregua de treinta días. Acordaron con los romanos pagar el sueldo de seis meses de los legionarios y entregar una túnica a cada uno, si consentían en dejar paso a una embajada para parlamentar en Roma. Los delegados hérnicos, oídos por el Senado romano, fueron remitidos al cónsul, Quinto Marcio Trémulo, que fue dotado de plenos poderes para tratar la negociación, que finalizó con una rendición formal de los citados enemigos. Por otra parte, en el Samnio, el otro cónsul, Publio Cornelio Arvina, a pesar de que contaba con un número mayor de efectivos militares, pero carecía de ciertos suministros, buscó un encuentro cuerpo a cuerpo con los enemigos que lo rehusaron, porque así prolongaron más la campaña.
    La llegada del ejército de Quinto Marcio Trémulo al Samnio, después de corroborar la rendición de los hérnicos, obligó a los samnitas a acelerar las cosas. Ante esta realidad, los samnitas decidieron atacar al ejército del cónsul Quinto Marcio Trémulo mientras marchaba, antes de que tuviese tiempo de desplegar a sus hombres. Oídos los gritos de guerra, provenientes de la lejanía, y avistada una nube polvorienta en el horizonte, el cónsul, Publio Cornelio Arvina, ordenó a sus hombres partir prestos del campamento en auxilio de los soldados de su colega. Cuando las tropas samnitas en lucha contra los legionarios de Quinto Marcio Trémulo observaron las llamas de su campamento asolado, apabullados huyeron en todas las direcciones sin hallar un lugar seguro donde refugiarse.
    Las bajas samnitas ascendieron a unas treinta mil muertes. Estando festejando la victoria los romanos, fueron divisadas unas nuevas cohortes samnitas, compuestas por reclutas enviados como refuerzos, pero, cuando comprobaron los recién llegados que sus propios soldados veteranos se daban a la fuga, se abstuvieron de entrar en combate y corrieron para esconderse en las montañas como ya hicieron los demás. Antes de que los embajadores samnitas concertasen con el Senado romano las condiciones de la paz, se les obligó suministrar grano para tres meses, la paga de un año y una túnica para cada legionario. El cónsul, Publio Cornelio Arvina, quedó en el Samnio.
    Su colega, Quinto Marcio Trémulo, entró en procesión triunfal en Roma por la victoria obtenida contra los hérnicos. Publio Cornelio Escipión Barbato fue nombrado dictador y éste designó como jefe de la caballería, magister equitum, a Publio Decio Mus, pues ninguno de los cónsules pudo dejar su puesto en campaña. El censor, Cayo Junio Bubulco Bruto, firmó un contrato para la construcción del templo de Salus que había ofrendado, cuando participó como cónsul en la guerra samnita. Es considerado un presunto tratado entre Roma y Cartago por el que se repartirían sus zonas de influencia.
    El texto del tratado no ha sido conservado, pero sus condiciones generales si se conocen, siendo básicamente, que Roma no intervendría en Córcega y Sicilia, mientras que Cartago tampoco intervendría en Italia. Ello implicaría una cierta debilidad de Roma, por cuanto perdía el acceso comercial previo, según el segundo tratado romano-cartaginés, mientras que Cartago mantenía la misma posición. Son nombrados cónsules Tiberio Minucio Augurino, sustituido por Marco Fulvio Curvo Petino como cónsul sufecto, y Lucio Postumio Megelo. Los samnitas se enfrentaron al cónsul, Lucio Postumio Megelo, en Tiferno, cuya batalla tuvo un resultado indeciso y este cónsul, con el fin de dar la impresión de que tenía miedo del enemigo, se retiró por la noche hacia las montañas.
    Tiberio Minucio Augurino, aconsejado por su colega Lucio Postumio Megelo, presentó batalla a los samnitas y el combate se prolongó hasta avanzado el día sin que el resultado del enfrentamiento diera ventaja a alguno de los contendientes. Los samnitas pronto se dieron a la fuga, y se volvieron a capturar veintiséis estandartes, y el mismo jefe samnita, Estacio Gelio, fue hecho prisionero junto a muchos de sus hombres y ambos campamentos. En este punto, otros autores confirmaron que el cónsul, Tiberio Minucio Augurino, fue regresado al campamento romano, herido de gravedad hasta tal punto que le sobrevino la muerte, y fue relevado, por el cónsul sufecto, Marco Fulvio Curvo Petino, que tras hacerse cargo del mando del ejército, junto con Lucio Postumio Megelo, efectuó la captura de dicha ciudad. Con la conquista de Boiano , la capital de los enemigos samnitas, en pleno corazón del país, se fue resolviendo la eternización de la guerra.
    Durante este año, Sora, Arpino y Cesennia, que estaban en manos samnitas, fueron recuperadas por los romanos. Son nombrados cónsules Publio Sempronio Sofo y Publio Sulpicio Saverrión. Son nombrados censores Publio Decio Mus y Quinto Fabio Máximo Ruliano. Si bien ansiosos por terminar o bien por suspender las hostilidades, los samnitas enviaron embajadores con una actitud sumisa al Senado romano para concertar la paz.
    Se les informó que el cónsul Publio Sempronio Sofo, se trasladaría en breve al Samnio con su ejército, y éste sería el que juzgara con exactitud si ciertamente los suplicantes estaban más dispuestos a hacer la paz o a hacer la guerra. Pero la pérdida de la ciudad más importante del Samnio, Boiano , capital del país, pesó en el ánimo de los samnitas y los abocó a solicitar la paz. Cuando los samnitas firmaron la paz, los ecuos, sus antiguos aliados, tomaron las armas contra Roma. Los nativos de estos pueblos consiguieron un tratado con Roma.
    Roma emprendió una gran campaña de colonización en Campania y el valle del río Liris fundando trece colonias. Los marsios, pelignos, marrucinos y sabelinos fueron obligados a aliarse con Roma y el territorio de los ecuos fue incorporado al de la República romana, fundándose otras seis tribus rústicas en esta región conquistada. Roma afianzó su soberanía en Etruria y Umbría y quedó como la mayor potencia de Italia, sin ningún enemigo capaz de disputarle su supremacía. Cabe reseñar que los nuevos censores, Publio Decio Mus y Quinto Fabio Máximo Ruliano, más que colegas fueron adversarios, pues el primero comprobó cómo sus planes políticos recibieron un golpe mortal y el conflicto iniciado por los patricios intransigentes y los plebeyos proletarios acabó en victoria definitiva de la nobleza patricio-plebeya .
    Ante el fracaso de su colega, Quinto Fabio Máximo Ruliano, fue el artífice de la restauración de las viejas tradiciones sociales de la antigua Roma. También, Cneo Flavio, hijo de un liberto y secretario del cónsul Apio Claudio el Censor, un trabajo de la administración pública con cargo al erario público, fue un buen jurista y escritor, partidario de las reformas de Publio Decio Mus, y ascendido por éste al censo consular. Su elección a la edilidad sorprendió a la élite gobernante tradicional, promulgando un registro de votantes, «reformas» destinadas a reducir el creciente poder de voto de los libertos en Roma. Se rodeó de una guardia personal compuesta por mercenarios itálicos, principalmente samnitas y los célebres mamertinos.
    30 min
  • A038 Roma, Historia Eterna - República XXIV (442-444 a.u.c.)
    ROMA
    Son nombrados cónsules Cayo Junio Bibulco Bruto, por 3 vez, y Quinto Emilio Bárbula, por 2 vez. Comunicaron que ignorarían a los seleccionados y procedieron a convocar a los senadores por sus nombres tal y como aparecían en las listas confeccionadas antes de la censura de Apio Claudio Caego y Cayo Plaucio Deciano. Lucio Atilio y Cayo Marcio, tribunos de la plebe, fueron los responsables de esa medida. El cargo de los duunviros navales , se creó para supervisar la incipiente flota que Roma empezaba a formar tras asegurar su posición a lo largo de la costa.
    La guerra con los samnitas, que estaba casi finalizada, tomó otro rumbo con la intervención de los etruscos, que vino a terminar los anteriores cuarenta años de paz. Las hostilidades las iniciaron los samnitas atacando y masacrando a la guarnición romana de Cluvias en el Samnio, crucial para el control del corredor central hacia el Adriático. El cónsul, Cayo Junio Bibulco Bruto, la recuperó en un solo día y emprendió una operación punitiva para saquear la comarca de Boiano , capital de los pentros , en el corazón mismo del territorio samnita, ocupando probablemente todo el distrito accidentado y montañoso que se extiende desde las fronteras del Lacio, en el valle del Liris , a los del Frentani, hacia el Mar Adriático. Fue la ciudad principal de los samnitas y, con mucha diferencia respecto de otras, la más rica y la más surtida de armas.
    El cónsul, Quinto Emilio Bárbula, marchó hacia Sutri para levantar el sitio, y escogió un lugar delante de la ciudad para establecer su campamento fortificado. Los etruscos discutieron qué hacer y acordaron atacar el día siguiente. Los etruscos impacientes decidieron atacar a los romanos, dado que sus fuerzas eran muy superiores en número. La batalla estuvo igualada durante un buen rato hasta que los romanos ordenadamente relevaron las fuerzas de primera línea, mientras que los etruscos no.
    El enemigo perdió toda su primera línea en una sola batalla y sólo le quedó sus reservas, que apenas resultaban suficientes para proteger su campamento. Entre los romanos hubo tantos heridos que quienes abandonaron el campo de batalla heridos fueron más numerosos que los que habían caído. Son nombrados cónsules Quinto Fabio Máximo Ruliano, por 2 vez, y Cayo Marcio Rútilo Censorino. Sutri continuaba asediado por los etruscos.
    El cónsul, Quinto Fabio Máximo Ruliano, tomó el mando del ejército que auxilió a Sutri, acompañado por refuerzos alistados en Roma. Poco después el cónsul recibió otro contingente reclutado en Etruria, destinado también a ayudar a los sitiados de Sutri amigos de Roma. En Roma, el tribuno de la plebe, Publio Sempronio Sofo, inició un pleito para se cumplieran las disposiciones que la Ley Emilia del ex dictador Mamerco Emilio Mamercino contemplaba sobre la duración de la censura. Mientras se discutió en Roma la obsesiva permanencia del censor en su puesto, los etruscos mantuvieron el asedio de Sutri.
    El cónsul, Quinto Fabio Máximo Ruliano, definitivamente marchó hacia Sutri con la intención de bloquear las líneas enemigas. Avistadas las tropas enemigas, el cónsul, Quinto Fabio Máximo Ruliano, comenzó tanteando la línea de fortificaciones de los asediadores hasta que los etruscos, impacientes, reunieron su ejército y le atacaron. En esta ocasión, contrariamente a lo que realizó el año anterior Quinto Emilio Bárbula, el cónsul rehuyó el combate en la llanura, porque comprobó que estaba superado en número por los etruscos. Los etruscos, cegados por su abrumador número en cuanto a soldados, arrojaron sus jabalinas para desprenderse de peso e impetuosamente buscaron el cuerpo a cuerpo con sus espadas desenvainadas.
    Los proyectiles enviados por los romanos causaron heridas a los etruscos y crearon desconcierto y confusión entre sus filas. Los etruscos se dieron a la fuga, unos hacia su campamento y otros hacia las montañas, a quienes la caballería romana diezmó. El cónsul, recordando los horrores de Caudio, no osó entrar en la espesura de la montaña hasta que ciertos lugareños le informaron y le ayudaron a cruzar el monte Címino junto con sus legiones. Los umbros, aterrados por las incursiones romanas, decidieron enfrentarse a las legiones de Roma y se aliaron con los etruscos, .
    Un enfrentamiento con los umbros decantó la batalla a favor de los romanos, que sin grandes pérdidas subyugaron al enemigo, que no pudo mantener la lucha con el mismo ánimo con el que había empezado. Como resultado de esta victoria Perusia, Cortona, y Arezzo, que eran por entonces los pueblos principales de la Etruria, enviaron embajadores para pedir la paz a Roma. Mientras sucedieron estas cosas en Etruria, el otro cónsul, Cayo Marcio Rútilo Censorino, capturó Alife a los samnitas. Los samnitas concentraron sus fuerzas para vengarse de los romanos y celebraron un combate del que nadie salió ganador, aunque se propagó el rumor, que llegó a Roma, de que murieron ciertos caballeros y algunos tribunos militares y el propio cónsul fue herido.
    Esta noticia creó alarma entre los senadores que concertaron el nombramiento de un dictador en la persona de Lucio Papirio Cursor, considerado como el mejor general en la actualidad. A causa de la inseguridad del país del Samnio y la incertidumbre de que estuviese aún vivo, el Senado abortó la idea de enviar un mensajero al cónsul, Cayo Marcio Rútilo Censorino, para comunicarle que nombrase dictador a Lucio Papirio Cursor y mandó una delegación al cónsul, Quinto Fabio Máximo Ruliano, que mantenía asperezas con el propuesto dictador, para evitar que esta rencilla particular acabase en un peligro público. En la batalla de Túnez Hannón dirigió el batallón sagrado, un cuerpo escogido de infantería de nativos cartagineses, mientras que Bomílcar comandaba el mando del ala derecha. Durante una parte de la batalla fue victorioso, pero finalmente los soldados de Agatocles resistieron y Hannón murió en la batalla.
    Es nombrado dictador Lucio Papirio Cursor, por 2 vez. Es designado jefe de la caballería, magister equitum, Cayo Junio Bubulco Bruto. La delegación enviada por el Senado a Quinto Fabio Máximo Ruliano, compuesta por legados públicos de rango consular, tuvo la misión no solo de aprovechar su autoridad para usar su influencia personal, sino también de convencer al cónsul para que dejase de lado cualquier sentimiento de enemistad que perjudicara el bien de su patria. La respuesta del cónsul se retrasó, pero finalmente resolvió según la costumbre tradicional nombrar a Lucio Papirio Cursor dictador, quien designó como jefe de la caballería, magister equitum, a Cayo Junio Bubulco Bruto.
    La delegación agradeció el gesto que lo honraba, pero el cónsul despidió a los miembros consulares abruptamente, mostrando su enojo frustrado por tener que haber cedido a su petición. El dictador, Lucio Papirio Cursor, se apresuró con las legiones de reserva, alistadas con motivo de la alarma creada por la travesía de la selva Ciminia, y las condujo a Longula para salvar al ejército del cónsul, Cayo Marcio Rútilo Censorino, apurado en Apulia por lo samnitas. Aquí se hizo cargo de las tropas del cónsul, y con ambas fuerzas unidas marchó hacia el campo de batalla.
    Cuando vio a los etruscos en masa tomar las armas, reunió a su vez nuevas legiones
    Poco después, sin embargo, se libró una batalla, en la que los samnitas fueron derrotados completamente. En la Etruria, el cónsul, Quinto Fabio Máximo Ruliano, consiguió derrotar a los etruscos junto al lago Vatimon , logrando una victoria decisiva y oportuna. Así, al terminar la aventura temeraria de la travesía de la selva Ciminia con una hazaña famosa, venció de un solo golpe la resistencia de los etruscos. Ese día se rompió por primera vez el poder de los etruscos después de su larga, abundante y continua prosperidad.
    La fuerza principal de su ejército quedó en el campo de batalla y su campamento fue capturado y saqueado. Lucio Papirio Cursor condujo a sus hombres a la batalla. Tomó su lugar en el ala derecha y le dio el mando de la izquierda al jefe de la caballería, Cayo Junio Bubulco Bruto, que resultó ser el primero en desalojar al enemigo. El cónsul, Quinto Fabio Máximo Ruliano, se enfrentaron este año en una batalla con los restos de los etruscos, en Perusia, pues esta ciudad había roto la tregua.
    Obtuvo una victoria fácil y decisiva, y después de la batalla se acercó hasta las murallas y habría tomado la plaza si esta no hubiese enviado legados para rendirla. El cónsul, Quinto Fabio Máximo Ruliano, entró después en Roma, en procesión triunfal, tras alcanzar un éxito más sólido que el del dictador, especialmente porque la derrota de los samnitas fue achacada principalmente a los legados, Publio Decio Mus y Marco Valerio Máximo Corvino. Estos hombres fueron elegidos por el voto casi unánime, en las siguientes elecciones, uno como cónsul y el otro como pretor.
    24 min
  • A037 Roma, Historia Eterna - República XXIII (435-441 a.u.c.)
    La República oligárquica
    Son nombrados censores Lucio Papirio Craso y Cayo Menio. El Senado romano rechazó una nueva propuesta de tratado con los samnitas, pero, tras varios días de apelación de la delegación del Samnio a la ciudadanía romana, este órgano accedió a firmar una tregua de dos años. En Apulia, también, los pueblos de Teano y Canosa , preocupados por la presión samnita, que ya había desgajado de su territorio la plaza fuerte de Luceria y cansados de los estragos constantes que habían sufrido, así como la ciudad de Arpi, entregaron rehenes y se rindieron al cónsul Lucio Plaucio Venón. Lucio Papirio Craso y Cayo Menio, los nuevos censores, permitieron añadir balcones a los diferentes edificios que rodeaban el foro, para que los espectadores pudieran obtener más espacio al contemplar los juegos que se expusieron allí.
    Son nombrados cónsules Cayo Junio Bibulco Bruto y Quinto Emilio Bárbula. El pueblo de Teate en la Apulia acordó un tratado con los cónsules Cayo Junio Bibulco Bruto y Quinto Emilio Bárbula. El cónsul, Cayo Junio Bibulco Bruto, capturó la fortaleza de Forento en Apulia y el cónsul Quinto Emilio Bárbula tomó la ciudad de Nérulo en Lucania. Cabe reseñar que Roma estaba extendiendo su orden legislativo, sus leyes, por todas las partes conquistadas o anexionadas.
    Las ambiciones de Agatocles, sucesor de Timoleón el corintio, vieron la luz al dar un golpe de Estado en Siracusa, apoderándose de la ciudad. Es nombrado dictador Lucio Emilio Mamercino Privernas, por 2 vez. Los samnitas, que habían aprovechado la tregua de casi dos años para atraerse a las ciudades etruscas, a espaldas de Roma, para fortalecer sus puntos de apoyo en Campania central y meridional, hostigaron a Roma. Los romanos recuperaron Satícula, cedida a los samnitas tras la derrota de las Horcas Caudinas.
    El dictador Lucio Emilio Mamercino Privernas primero repelió el ataque saticulano, obligándoles a recluirse tras las murallas de su ciudad y, luego, volvió todas sus fuerzas contra los samnitas de Cayo Poncio, a los que expulsó en desorden hacia su campamento, que, posteriormente, abandonaron por la noche y se alejaron de Satícula. En venganza por el fracaso en Satícula, los samnitas asediaron la ciudad de Plística, aliada de Roma. Es nombrado dictador Quinto Fabio Máximo Ruliano. Es designado jefe de la caballería, magister equitum, Quinto Aulio Cerretano, que fue sustituido, tras su muerte, por Cayo Fabio Ambusto.
    El dictador, Quinto Fabio Máximo Ruliano, junto con su jefe de la caballería, Quinto Aulio Cerretano, marchó con refuerzos a Satícula para hacerse cargo del ejército del anterior dictador, Lucio Emilio Mamercino Privernas. Los samnitas volvieron a incordiar el campamento romano de Satícula, pero, después de varios enfrentamientos, retomaron el camino hacia la ciudad sitiada de Plística. Unos días más tarde Satícula se rindió a los romanos y Plística fue tomada al asalto por los samnitas. El dictador Quinto Fabio Máximo Ruliano cambió de escenario bélico y trasladó sus destacadas tropas del Samnio y Apulia a la ciudad de Sora.
    Esta última ciudad citada se rebeló contra Roma, pasándose al bando samnita, después de dar muerte a los colonos romanos. Con la finalidad de vengar la muerte de los colonos y restaurar el dominio romano sobre la colonia, el dictador se dirigió hasta allí a toda velocidad. Roma tuvo que enviar refuerzos al mando del nuevo magister equitum, Cayo Fabio Ambusto. Cayo Fabio Ambusto, el reciente jefe de la caballería, al acercarse a Sora envió mensajeros para consultar al dictador sobre dónde debía asentar su posición y sobre el momento y manera de atacar al enemigo.
    Después de ponerse al tanto de los planes del dictador, detuvo su ejército en un lugar donde quedó bien oculto. El dictador, Quinto Fabio Máximo Ruliano, ordenó que los refuerzos no entrasen en la zona y que permanecieran ocultos, para que de este modo no se arriesgasen a un enfrentamiento precipitado. La segunda fase determinó al dictador mantener a sus hombres durante varios días confinados en su campamento y les ocultó la venida del nuevo magister equitum con un ejército de refresco. Cuando todas las fuerzas estaban empeñadas en el combate, el jefe de caballería, Cayo Fabio Ambusto, condujo a sus caballeros hasta la retaguardia enemiga.
    Así acorralados, los samnitas huyeron en todas direcciones, cada uno por donde mejor pudo. Un gran número de samnitas, agrupados por el miedo y tan cerca unos de otros, hasta tal punto de no poder utilizar sus armas, fueron muertos por los romanos. El campamento del enemigo fue capturado y saqueado, y los soldados, cargados con el botín, se marcharon de vuelta a su propio campamento sito en Sora para seguir con el asedio de la ciudad. Lejos de allí, otra fuerza samnita asaltó la ciudad de Terracina sin éxito.
    Son nombrados cónsules Cayo Sulpicio Longo, por 3 vez, y Marco Petelio Libón. Es nombrado dictador Cayo Menio, por 2 vez. Los cónsules Marco Petelio Libón y Cayo Sulpicio Longo recibieron el ejército de manos del dictador Quinto Fabio Máximo Ruliano, después de que gran parte de los veteranos fuesen enviados a casa y de que llegaran nuevas tropas para completar los efectivos. Cayó la ciudad de Sora y, tras castigar a los responsables de la muerte de los colonos, azotados y decapitados con gran satisfacción de la plebe de Roma, se dejó una guarnición romana en la ciudad.
    La batalla de Láutulas tuvo como consecuencia las defecciones de las ciudades y campos ausones, pues muchos hombres, entre ellos más jóvenes, consideraron vencidos a los romanos y se ofrecieron a los samnitas para servirlos. Por otra parte, la guarnición romana en Lucera fue entregada a los samnitas que se apoderaron del lugar. Un ejército romano, que no estaba lejos de la ciudad, la reconquistó tan solo en un único asalto. Lucerinos y samnitas fueron muertos sin darles cuartel, y tan grande fue la indignación en Roma que, cuando se discutió en el Senado el asunto de enviar nuevos colonos a Lucera , muchos votaron por la completa destrucción de la ciudad.
    A pesar de la distancia de esta ciudad con Roma, que, en un principio, se dudó de enviar tan lejos a ciudadanos romanos, se aprobó finalmente destinar a dos mil quinientos colonos. Desde entonces la ciudad fue fiel aliada de Roma. Entre algunos de los principales hombres de Capua también se intrigó con la traición a Roma. Tras suicidarse los cabecillas de la deserción de Capua, el dictador, Cayo Menio, investido como juez penal mediante un decreto, cuya jurisdicción comprendió Capua y cualquier territorio sospechoso de traición, investigó a hombres de familias elevadas de la propia Roma acusados de conspirar contra la República romana, suscritos a alianzas secretas con el fin de ofrecerse como candidatos para obtener magistraturas.
    La nobleza también reclamó que en este caso el dictador y el jefe de la caballería deberían figurar entre los acusados más que entre los acusadores, y que así serían tan pronto como renunciasen a sus cargos. El dictador y el jefe de la caballería cesaron en sus cargos y fueron los primeros en ser juzgados ante los cónsules, pues así lo ordenó el Senado, y como los motivos alegados por los nobles contra ellos fueron completamente desestimados, resultaron triunfalmente absueltos. Incluso el ex cónsul, Quinto Publilio Filón, un hombre que desempeñó en varias ocasiones los más altos cargos en recompensa a sus servicios en Roma y en campaña, pero al que la nobleza siempre rechazó, fue llevado a juicio y fue también absuelto. Estos acontecimientos en Roma y una posible revuelta en toda la Campania, motivó a los samnitas, vueltos de la Apulia, a marchar hacia Caudio, por su proximidad a Capua, con la remota intención de arrebatar esta ciudad a los romanos.
    El fracasado asalto de la ciudad de Terracina por lo samnitas el año anterior fue castigado por los romanos, que fueron al encuentro del enemigo que iba dirección a Capua. Finalmente se celebró una batalla de Terracina , en la que los samnitas situaron la caballería en las alas y la infantería en el centro, mientras que los cónsules romanos, Cayo Sulpicio Longo, se situó en el ala derecha y, Marco Petelio Libón, en la izquierda. El cónsul, Cayo Sulpicio Longo, al ver el frente samnita extendido, alargó sus líneas para evitar ser envuelto, mientras que el otro cónsul, Marco Petelio Libón, con una formación más cerrada, envió a primera línea a las cohortes de reserva, las cuales tenían el cometido de intervenir sólo si la lucha se prolongaba. En ese preciso momento fue entonces cuando Marco Petelio Libón ordenó a la caballería romana que cargase contra infantes y jinetes samnitas, poniendo en fuga a toda su ala derecha.
    El cónsul, Cayo Sulpicio Longo, comprobando que en su zona no se entabló combate alguno, se dirigió nuevamente hacia allí con 1.200 hombres. El ala derecha romana logró mantener sus filas ante el ataque samnita hasta que Cayo Sulpicio Longo regresó una vez hundido el flanco derecho samnita. Los samnitas que pudieron escapar huyeron a Malavento, ahora conocido como Benevento . Los citados cónsules avanzaron hacia Boiano , ciudad principal del Samnio que sitiaron, permaneciendo en los cuarteles de invierno en espera de la llegada de los próximos cónsules.
    Son nombrados cónsules Lucio Papirio Cursor, por 5 vez, y Cayo Junio Bibulco Bruto, por 2 vez. Es nombrado dictador Cayo Petelio Libón Visolo. El dictador Cayo Petelio Libón Visolo y el magister equitum Marco Folio Flacinátor se hicieron cargo del ejército establecido en Boiano . Enterados de que la ciudadela de Fregellas había sido capturada por los samnitas, levantaron el asedio y marcharon hacia allí.
    Reconquistada Fregellas , que fue abandonada por los samnitas, dejaron una fuerte guarnición para custodiar la ciudad. Cabe citar que ciertos analistas concedieron al dictador, Cayo Petelio Libón Visolo, ventajas sobre los samnitas, pero atribuyeron el mérito de esta victoria al cónsul Cayo Junio Bubulco Bruto, que le acreditaron, además, la captura de las ciudades de Atina y Calacia. Por otro lado, los citados analistas explicaron que el dictador, Cayo Petelio Libón Visolo, fue nombrado como tal con el propósito de hincar el clavo por el brote de una epidemia. Es nombrado dictador Cayo Sulpicio Longo.
    Es designado jefe de la caballería, magister equitum, Cayo Junio Bubulco Bruto. Son nombrados censores Cayo Plaucio Deciano y Apio Claudio Caego . Cierto fue que, con la única excepción de los galos, ninguna nación se temió en aquellos tiempos tanto como la etrusca, debido a su proximidad a Roma y a su vasta población. Por ello, uno de los cónsules, Marco Valerio Máximo Corvino, permaneció destinado en el Samnio, mientras que el otro, Publio Decio Mus, aquejado de una enfermedad grave, quedó en Roma, y, por orden expresa del Senado, se nombró dictador a Cayo Sulpicio Longo, que, a su vez, designó como jefe de la caballería, magister equitum, a Cayo Junio Bubulco Bruto.
    La emergente situación conllevó al dictador a obligar a cuantos hombres estaban disponibles para el servicio y a prestar el juramento militar. No obstante el dictador esperó que los etruscos dieran el primer paso, pero, a pesar de prepararse para la guerra, éstos fueron igualmente reacios a comenzar las hostilidades. La Vía Apia ligó Roma con Capua, cuya ciudad creció en importancia, comenzando a expandirse por la llanura, junto con la explotación agrícola del territorio. Continuando con el devenir del censor, llevó a cabo estas empresas en solitario, pues, debido al odio que produjo por el modo de revisar las listas senatoriales y cubrir las vacantes, su colega, el otro censor, Cayo Plaucio Deciano, completamente avergonzado de su conducta, dimitió.
    Como el territorio romano estaba dividido en treinta y una tribus territoriales, cuatro urbanas y veintisiete rústicas, que daban una absoluta mayoría en las votaciones al campo sobre la ciudad, Apio Claudio Caego autorizó a los humildes de la plebe urbana a inscribirse en cualquiera de las treinta y una tribus territoriales, sin la antigua limitación exclusiva a las cuatro urbanas. Como consecuencia la fortuna mobiliaria en Roma llegó a competir con la fortuna territorial.
    También hay que destacar que este año fue el principio de las siguientes normativas legislativas
    Por la ley Ovinia , los plebeyos accederán al cargo de Senador de la República de Roma. Para promocionar en el orden senatorial como senador, la magistratura quedó abierta a todos los ciudadanos que hubieran sido antes cónsul, pretor o edil curul. También el Senado arrebató al consulado la potestad de nombrar dictadores, controló las reelecciones o prórrogas de magistrados y fue, a partir de entonces, la principal institución de gobierno. Volviendo al hilo de las conquistas y asentamientos romanos, la Apulia y la Campania fueron por completo para Roma.
    Igualmente las islas Poncias, que dominaban el golfo, fueron ocupadas por los romanos. La ciudad de Satícula, ubicada en la frontera de los dos países, entre la Campania y el Samnio, fue un puesto de avanzada contra los samnitas, y, por último, Interamna Sucasina y Suesa Aurunca aseguraron las comunicaciones entre Capua y Roma. La Campania quedó perfectamente asegurada para Roma, cuyos vastos proyectos quieren la sumisión de toda la Italia, encerrándola en una red inmensa de fortalezas y vías militares. En otro tiempo las ciudadelas de Norva y de Cora separaron a los volscos de los ecuos, cuando Roma recibió el apoyo de los hérnicos y, luego, de Arpi.
    En resumen, la liga samnita dejó a Roma realizar y consolidar sus conquistas en la Campania antes de resolverse a hacer una oposición seria. Las luchas continuas contra los helenos de la Gran Grecia desconcentraron a los samnitas para llevar a cabo una política previsora. El helenismo abrió una profunda brecha en el organismo de la raza samnita. La confederación de los samnitas conservó intactas en el Samnio las costumbres y la bravura de sus antepasados, pero se debilitó y pulverizó por la división y dispersión de todos los pueblos y ciudades.
    Fue necesario que los italianos abriesen lo ojos, porque si sucumbía la libertad de los samnitas, arrastraría a la de las demás a quedar también subyugada. Después de acceder al poder como strategos autócrator, Agatocles, las ciudades de Acragante, Gela y Mesana, temerosas de que aquél extendiera su poder por toda Sicilia, se plegaron al socorro de los oligarcas emigrados, dirigidos por Sosístrato, a la ayuda espartana de Acrótato y a los tarentinos de la Magna Grecia, que enviaron a las costas de la isla una flota.
    37 min
  • A036 Roma, Historia Eterna - República XXII (432-434 a.u.c.)
    La República oligárquica
    Este año fue memorable por el desastre que aconteció en Caudio . Cabe recordar que los términos de la rendición samnita tratados el año anterior no consiguieron establecer un acuerdo de paz duradero entre ambos Estados. Los samnitas suplicaron, pero sus humillaciones no fueron oídas por Roma, lo que finalizó en un nuevo levantamiento armado del Samnio contra la República romana. Los samnitas tuvieron un comandante, muy hábil estadista, de nombre Herenio Poncio, que supo inculcar en su hijo actitudes militares.
    En su desesperación, los samnitas confiaron su salvación, en el hijo de Herenio Poncio, llamado Cayo Poncio. Cayo Poncio, además de un buen soldado, fue el jefe samnita, que ostentó un rango parecido a la magistratura consular romana, pero con menor poder en la estructura social del Samnio, y fue el guía de las tropas contra Roma. El jefe samnita inició la campaña en absoluto secreto y acampó en Caudio . Esta ciudad antigua samnita estuvo situada sobre la futura Vía Appia, a once millas de Benevento , y veintiuna de Capua.
    Los samnitas difundieron a propósito por la región que sus tropas sitiaban una ciudad de Apulia, para conocimiento de los romanos. Cayo Poncio tramó disfrazar a una decena de soldados como pastores y los destinó a Calacia , donde situaron los romanos su campamento. Estos supuestos pastores, conduciendo su ganado, tuvieron la misión de repetir los rumores mencionados por los puestos avanzados o tras el encuentro con alguna partida de forrajeo romanos, confirmando que todas las legiones samnitas estaban destacadas en Apulia, enfrascadas en el asedio de la ciudad de Lucera , presta a ser capturada. El ejército romano, asentado en el Samnio y mandado por los dos cónsules, Espurio Postumio Albino Caudino y Tito Veturio Calvino, se adentró en el territorio enemigo y acampó no lejos de la citada Calacia, bien para colocarse a espaldas de los samnitas, ocupando el territorio apulio, o bien dispuesto a asestar un duro golpe en el propio terreno del adversario.
    El ejército samnita de Cayo Poncio, cercó y atrapó al ejército romano en un profundo desfiladero de la ruta Arpaia y Montesarchio, que pone en comunicación Capua y Benevento en las célebres Horcas Caudinas , cerca de Caudio , lugar atravesado por praderas y marismas dominadas por alturas escarpadas y cubiertas de bosques. Los samnitas, apostados en las alturas, emboscaron a los romanos, sin que éstos pudiesen verlos. Los romanos, entonces, entraron en el valle sin obstáculo, pero encontraron cerrada la salida con una gran empalizada de rocas apiladas y árboles talados. Descubierta la estratagema, los soldados samnitas se hicieron ver en las alturas, por encima del paso.
    Los romanos emprendieron la retirada, volviendo sobre sus pasos, pero se tropezaron con otra barricada y las cohortes samnitas que coronaban todas las montañas. Atrapados los romanos y con un ejército que no pudo desplegarse para maniobrar, todo estuvo perdido antes de pelear. Por otra parte, los samnitas no supieron qué hacer con los doblegados enemigos, todos a su merced. Acordaron enviar un mensaje a Herenio Poncio para que los asesorara en la toma de alguna decisión.
    El anciano samnita aconsejó primeramente que dejaran salir a los romanos de la trampa, pero, como la recomendación fue rechazada, recibió una nueva sugerencia en la que indicó dar muerte a todos. Toda una deshonrosa capitulación del ejército consular de Espurio Postumio Albino Caudino y Tito Veturio Calvino ante el jefe samnita Cayo Poncio. También se determinó que el ejército, desarmado, pasaría bajo el yugo. Así desfilaron los romanos bajo el yugo, rodeados por sus enemigos, bien armados, que los insultaron y se burlaron de ellos.
    Los samnitas, luego, les permitieron su retirada al concluir el tratado de las Horcas Caudinas. Cuando regresaron a Roma, llegaron tarde por la noche cubiertos de un aspecto miserable y una apariencia y una expresión propias más de prisioneros que de hombres libres. Cabe como reflexión añadir que, hacer prisionero al ejército con sus dos jefes, que en aquel momento reunía todas las fuerzas activas de la República, hubiera desarticulado a Roma. Después de esto, a los samnitas les hubieran quedado abiertos el Lacio y la Campania y les hubieran tendido los brazos los volscos, los hérnicos y la mayor parte de los latinos, y Roma se hubiera visto amenazada hasta en su propia existencia.
    Sin embargo, en lugar de imponer a los romanos una capitulación militar, Cayo Poncio creyó que pondría fin a las hostilidades concediendo una paz muy ventajosa para el enemigo. Si bien porque experimentó por la paz el ardiente deseo al que los confederados habían sacrificado el año anterior a Brútulo Papio, o porque no se sintió bastante fuerte como para luchar contra la facción, que no deseaba el fin de la guerra, Cayo Poncio esterilizó en sus manos la más grandiosa de las victorias. Por cualquier razón desconocida, las condiciones que concedió a los romanos fueron muy moderadas. En conclusión los errores de los samnitas fueron liberar al ejército enemigo y humillarlo con la vergüenza de un acto deshonroso.
    Antes de ceñirse a las consecuencias de la derrota de Caudio, cabe mencionar que el dictador Cayo Menio, que nombró jefe de la caballería, magister equitum, a Marco Folio Flacinátor y, de acuerdo con su colega, llevó a cabo la investigación de tramas y conspiraciones de nobles romanos de buenas familias, acusados de sostener tratos con los notables de Capua. Volviendo al hilo histórico, procede decir que definitivamente la elección de los cónsules se dio por acertada, pues no gozaba Roma en estos momentos de generales más capaces. Asumido el cargo, el cónsul, Quinto Publilio Filón, que ejercía el mando , presentó el asunto de la capitulación de Caudio en la Curia senatorial. Llamado a declarar el ex cónsul, Espurio Postumio Albino Caudino, arguyó que, a los responsables del desastre de Caudio, se los entregasen a los samnitas, como deudores y muy capaces de pagar la deuda con sus personas y vidas, desnudos y atados y conducidos por los feciales, para liberar al pueblo romano de sus obligaciones religiosas y, así, reanudar una guerra, amparada por el derecho de gentes y sancionada por los dioses.
    Argumentaron que los ex cónsules, que salvaron al ejército, no merecían ningún castigo, e instaron que, como ellos mismos, los tribunos, los ex cónsules eran sacrosantos y sus personas inviolables y no podían ser entregados al enemigo ni expuestos a la violencia. Sin embargo, Espurio Postumio Albino Caudino expuso nuevamente su culpabilidad y reconoció que, lo ocurrido en Caudio, no fue sensato y que sólo las muertes de los causantes del desastre podrían liberar las armas de Roma para actuar decididamente. También aconsejó que los nuevos cónsules alistasen y equipasen un ejército que llevara la guerra a los samnitas del mismo modo honorable como se hizo siempre. Los tribunos de la plebe, impresionados por la entereza del ex cónsul, se pusieron a disposición del Senado, renunciando a sus cargos y entregándose a los feciales para ser llevados con el resto a Caudio.
    La tradición cuenta que el Senado romano anuló aquel tratado y entregó a los ex cónsules a los samnitas. Se contentó con entregar a los samnitas a todos aquellos que habían aceptado el tratado, como personalmente responsables. Este ejército marchó hacia Caudio. Los feciales se adelantaron y, al llegar a las puertas de la ciudad de Caudio, ordenaron que se quitaran las prendas a quienes habían capitulado y que se atasen sus brazos a la espalda.
    Un fecial habló a Cayo Poncio, el jefe samnita, exponiéndole que aquellos hombres, sin tener órdenes expresas para ello del pueblo romano de los quirites, dieron su promesa y juramento de que se firmaría un tratado y por ello han sido declarados culpables de incurrir en falta, y, por lo tanto, le hacía entrega de los mismos, a fin de que el pueblo romano pudiera ser absuelto de la culpa de un acto impío y detestable. Finalmente ordenó quitar las ataduras a los romanos y les facilitó abandonar el territorio del Samnio. Los samnitas, quienes mostraron ser más generosos que los propios romanos, dieron la libertad a los vencidos. Ciertos oficiales romanos, que estaban como rehenes, fueron entregados por los samnitas, demasiado generosos para vengarse en estos desgraciados.
    Con ello quisieron demostrar a los romanos que el tratado no obligaba solo a aquellos que lo habían hecho sino a toda la República. El convenio de las Horcas caudinas no trajo la calma y el reposo con los que habían soñado locamente los amigos de la paz entre los samnitas. Los samnitas vieron claramente que se habían quedado entre dos aguas al no saber qué decisión tomar de las dos expuestas por el anciano Herencio Poncio, al ser solicitado su sabio consejo, y que habían cambiado la posesión de una victoria segura por una insegura y dudosa paz, y que tendrían que luchar contra aquellos, de los que se podrían haber librado para siempre como enemigos, o de los que se podían haber asegurado su amistad. Sin embargo, los romanos consideraron ya la posibilidad de una guerra como una victoria cierta, mientras que los samnitas contemplaron la renovación de las hostilidades por los romanos como el equivalente a su propia derrota.
    Los samnitas volvieron a empuñar las armas y marcharon de nuevo al combate. Tomaron por la noche Fregellas , ayudados por los satricanos, que se unieron a los samnitas. Reunió todos los recursos de los que podía disponer y puso a la cabeza de su ejército renovado al militar más experimentado, a su mejor general, al cónsul, Lucio Papirio Cursor. La otra mitad de Quinto Publilio Filón marchó por el Samnio, rechazando a los samnitas en muchos combates favorables.
    Las dos divisiones del ejército romano se reunieron delante de los muros de Lucera , cuyo sitio emprendieron con ardor, porque allí estaban encerrados los rehenes de Caudio cautivos. Cabe añadir que los tarentinos se ofrecieron como mediadores entre romanos y samnitas y amenazaron con la guerra al bando que no detuviera las hostilidades, amenaza que no se materializó. Capturaron el campamento samnita, matando por igual a los que lucharon y a los que huyeron, armados y desarmados, esclavos y hombres libres, jóvenes y viejos, hombres y bestias. La carnicería detestable determinó al cónsul Lucio Papirio Cursor, mediante órdenes y amenazas, detener en su venganza a los legionarios sedientos de sangre.
    Les recordó que esa masacre sólo podía conseguir que los rehenes romanos de Lucera la pagaran con sus vidas. Los legionarios entraron en razón y admitieron obedecer al cónsul para no poner en peligro la vida de tantos jóvenes pertenecientes a las más nobles familias romanas. El cónsul, Quinto Publilio Filón, fue el encargado de realizar la segunda opción consiguiendo reducir un número considerable de ciudades apulias, algunas de las cuales se admitieron como aliadas. El recién elegido cónsul, por tercera vez, Lucio Papirio Cursor, continuó con el sitio de Lucera , manteniendo bloqueadas las rutas por las que podían suministrarse los sitiados samnitas.
    La asfixiante situación samnita conllevó a aceptar estos términos. De Lucera se obtuvo una enorme cantidad de botín, y se recuperaron todas las armas y los estandartes que habían sido capturados en Caudio y, lo que produjo más alegría de todo, salvaron a los caballeros, los rehenes que los samnitas habían recluido allí para mayor seguridad. La venganza de Caudio estaba cumplida. El otro cónsul Quinto Aulio Cerretano terminó la campaña contra los ferentinos en una sola batalla, que huyeron a su ciudad y, tras entregar rehenes, ofrecieron su rendición.
    El cónsul, Lucio Papirio Cursor, campañeó contra los satricanos, que se habían unido a los samnitas después del desastre de Caudio. Cuando el ejército romano avistó sus murallas, solicitaron la paz. El cónsul exigió que entregaran la guarnición samnita antes de concertar algún otro acuerdo. La guarnición samnita, consciente de los inútiles esfuerzos que conllevaba permanecer bajo el asedio romano, resolvió salir de Sátrico por la noche.
    La facción prosamnita perfiló hacer saber al cónsul romano a qué hora y por qué puerta partiría, pero la otra facción, que siempre estuvo opuesta a la intrusión samnita, abrió esa misma noche las puertas. Los romanos mataron a sus enemigos samnitas y capturaron la ciudad. Después de una investigación para hallar los responsables satricanos de la rebelión contra Roma, los descubiertos culpables fueron azotados y decapitados. Tras la captura de Sátrico, el cónsul, Lucio Papirio Cursor, regresó a Roma para celebrar su triunfo, concedido por el Senado.
    31 min
  • A035 Roma, Historia Eterna - República XXI (426-431 a.u.c.)
    ROMA
    Es nombrado dictador Marco Claudio Marcelo. Es designado jefe de la caballería, magister equitum, Espurio Postumio Albino Caudino. Sirva como información que los feciales fueron sacerdotes encargados de organizar las relaciones diplomáticas de Roma con los demás pueblos extranjeros dentro del credo religioso, en especial en asuntos relacionados con las declaraciones de guerra y la firma de tratados. El Senado ordenó al cónsul, Quinto Publilio Filón, hacer la guerra a Paleópolis, a la que sitió y comunicó al Senado que dos mil soldados de Nola y cuatro mil samnitas entraron en esta ciudad.
    Los samnitas desmintieron las acusaciones vertidas por el gobierno romano de que preparaban la guerra, pero se quejaron a Roma por haber establecido una colonia en Fregellas en su propio territorio, cuyas murallas fortificaron. La irrupción de los romanos en Campania debió colmar la inquietud de los samnitas. Las elecciones consulares iban a comenzar, pero, como sería imprudente llamar a los cónsules a Roma, bien porque Quinto Publilio Filón interceptó la comunicación entre las ciudades de Neápolis y Paleópolis o bien porque Lucio Cornelio Léntulo entró ya en el mismo Samnio, el Senado acordó con los tribunos de la plebe prorrogar el mandato de los cónsules con ambos proconsulados. A Lucio Cornelio Léntulo le preceptuaron nombrar a un dictador que acometiera las elecciones.
    Fue nombrado dictador Marco Claudio Marcelo, que designó como jefe de la caballería, magister equitum, a Espurio Postumio Albino Caudino. Irregularidades en el nombramiento del dictador aplazaron la celebración de las elecciones. Heraldos romanos entregaron a los samnitas la declaración de guerra. Hubo una alianza de amistad con los apulios y lucanos, cuando éstos ofrecieron a Roma un apoyo armado en esta nueva guerra contra el Samnio.
    Sin embargo, los habitantes de Paleópolis sopesaron rendirse a Roma. El procónsul romano apoyó el plan previsto con tres mil soldados, para apoderarse de Paleópolis, ocupada por samnitas y nolanos. Como los samnitas habían sido engañados, para que acudieran a la costa, y los nolanos eran poco numerosos, la ciudad fue tomada. Los samnitas, que estaban ya fuera de la ciudad, tuvieron una huida más penosa.
    La rendición de Paleópolis a los romanos supuso a los tarentinos replantearse la lucha contra Roma o la alianza con la misma, pues el tratado de amistad firmado por los lucanos, vecinos de Tarento, los dejaba en franca inferioridad si se producía un conflicto armado. Pero, antes de concluir por qué camino optar, los tarentinos intentaron inducir a los lucanos a romper las relaciones de amistad con Roma. Algunos jóvenes lucanos fueron sobornados por los tarentinos para arrastrar al pueblo a entablar una alianza con los samnitas y con ellos mismos. Los samnitas, a pesar de estar poco convencidos por el cambio de parecer de los lucanos, aceptaron el ofrecimiento siempre que les entregasen rehenes y permitieran apostar guarniciones en ciudades lucanas.
    Conocidas en Roma la repentina deserción de los lucanos, inducidos por los tarentinos, y la causa común establecida entre vestinos y samnitas, provocaron inquietud entre los senadores romanos. Es nombrado dictador Lucio Papirio Cursor. Es designado jefe de la caballería, magister equitum, Quinto Fabio Máximo Ruliano. Fue nombrado dictador Lucio Papirio Cursor, ya cinco veces cónsul, que eligió como jefe de la caballería, magister equitum, a Quinto Fabio Máximo Ruliano, para dirigir la guerra contra los samnitas.
    Obligado el dictador a volver a Roma, dejó el mando de su ejército en manos de su jefe de la caballería, magister equitum, con la orden de no entablar ningún combate. Continuaron en el poder, Lucio Papirio Cursor, siendo dictador, y Quinto Fabio Máximo Ruliano como jefe de la caballería, magister equitum. Siguiendo los hechos de la victoria romana en Imbrinio, el jefe de la caballería, Quinto Fabio Máximo Ruliano, juntó todas las armaduras y las armas de los vestinos y las prendió fuego, para privar al dictador de la gloria de la victoria y de enseñorear el botín en un posible triunfo. También informó al Senado, y no al dictador, de su victoria.
    Estos actos desencadenaron un conflicto entre el dictador y el propio jefe de la caballería, que condujeron a desavenencias entre ellos. El dictador, Lucio Papirio Cursor, iracundo, abandonó Roma para dirigirse al campamento romano del Samnio, con la intención de castigar al jefe de la caballería, Quinto Fabio Máximo Ruliano, pero las amenazas del ejército, amotinándose, las súplicas del pueblo, que intercedió por él, y las peticiones de su padre, el anciano Marco Fabio Ambusto, impidieron que diese muerte al magister equitum. Los avatares mencionados hicieron cambiar de actitud al dictador que, entonces, perdonó al jefe de la caballería, al pueblo y al viejo Marco Fabio Ambusto, para obtener el favor de las tropas. Acto seguido, lideró las legiones a las que prometió entregarle el botín, si obtenían una victoria contra los samnitas, cosa que ocurrió.
    Se acordó una tregua por un año entre Roma y el Samnio. El dictador regresó de nuevo a Roma para celebrar el triunfo, y, como ansiaba abandonar el cargo, el Senado le encargó celebrar las elecciones consulares. Los samnitas supieron que el ex dictador, Lucio Papirio Cursor, había renunciado a su cargo y, como no cerraron el tratado de paz abierto con los romanos, en el que por ahora seguían estableciéndose las cláusulas, determinaron renunciar a la tregua. Las tierras apulias y samnitas fueron devastadas, pero no sucedió ningún combate digno de mención entre los ejércitos romano y apulio-samnita.
    En Roma, el tribuno de la plebe, Marco Flavio, propuso al pueblo una decisión sobre los ciudadanos de Túsculo por haber aconsejado y ayudado a los habitantes de Velletri y Priverno en la guerra. Es nombrado dictador Aulo Cornelio Coso Arvina. Es designado jefe de la caballería, magister equitum, Marco Fabio Ambusto. Cundió el rumor de que pueblos vecinos a Roma habían contratado mercenarios.
    Ante el temor del recrudecimiento de la guerra, hubo un nombramiento de dictador que recayó en la persona de Aulo Cornelio Coso Arvina, que designó como jefe de la caballería, magister equitum, a Marco Fabio Ambusto. Cabe añadir que los tarentinos se ofrecieron como mediadores entre romanos y samnitas y amenazaron con la guerra al bando que no detuviera las hostilidades, amenaza que no se materializó. El alistamiento de las legiones fue riguroso por parte del dictador y de su jefe de la caballería. Los romanos acamparon en territorio samnita, y trataron de engañar a los enemigos, saliendo del campamento para encontrar un terreno favorable en caso de iniciar un combate, pero pronto fueron avistados por la caballería enemiga, que hostigó inmediatamente a la retaguardia romana, retrasando su avance.
    El dictador, Aulo Cornelio Coso Arvina, ordenó separar los bagajes e impedimenta de la columna del ejército en marcha y prepararse para el combate, que empezó. Parte de la caballería samnita atacó los bagajes romanos, escasos de soldados que los vigilaran. Los jinetes samnitas se dedicaron al pillaje de la impedimenta romana y se olvidaron de mantener un orden de batalla, lo que dio lugar a que la caballería del magister equitum, Marco Fabio Ambusto, les sorprendiera y los masacrara. El jefe de la caballería romana, Marco Fabio Ambusto, destrozada una considerable parte de la caballería samnita, se dirigió al frente de la batalla y atacó a la infantería samnita por detrás.
    El dictador pidió un último esfuerzo a sus legionarios para terminar la batalla y conseguir una victoria. Los samnitas, con la caballería detrás de sus filas y la embestida de la infantería romanas por delante, empezaron a sufrir pérdidas considerables de soldados. La infantería romana continuó matando enemigos y la caballería romana acabó con la vida de los que trataron huir. Un Consejo romano pidió la entrega a Roma de Brútulo Papio, de los prisioneros y del botín capturado.
    Los samnitas perdieron el valor, devolvieron sus prisioneros y enviaron a los romanos el cadáver de Brútulo Papio, el hombre que había sido en su país el jefe del partido de la guerra, y que se había suicidado ahora para escapar del hacha de los verdugos de la República, pero su cuerpo y todos sus bienes fueron llevados a Roma. El Senado romano otorgó el triunfo al dictador, Aulo Cornelio Coso Arvina.
    22 min
  • A034 Roma, Historia Eterna - República XX (416-425 a.u.c.)
    La República oligárquica
    Son nombrados cónsules Cayo Sulpicio Longo y Publio Elio Peto. Es nombrado dictador Cayo Claudio Craso Inregilense, por 2 vez. El Senado romano no pudo prestar ayuda a los auruncos, porque los cónsules retrasaron excesivamente la partida, y ordenó nombrar a un dictador, que Cayo Claudio Craso Inregilense, por 2 vez, que designó como jefe de la caballería, magister equitum, a Cayo Claudio Hortator. Como los augures descubrieron ciertas irregularidades en la elección tanto del dictador como del jefe de la caballería, ambos renunciaron a su cargo.
    Son nombrados cónsules Lucio Papirio Craso y Cesón Duilio. Son nombrados cónsules Marco Atilio Régulo Caleno y Marco Valerio Corvo, por 4 vez. Es nombrado dictador Lucio Emilio Mamercino Privernas. Los cónsules Marco Atilio Régulo Caleno y Marco Valerio Corvo se dirigieron al territorio de los sidicinos.
    Después de la marcha y ausencia de los cónsules citados, el Senado nombró a Lucio Emilio Mamercino Privernas dictador, que designó como jefe de la caballería, magister equitum, a Publio Publilio Filón, para celebrar las elecciones al consulado. Son nombrados cónsules Espurio Postumio Albino Caudino y Tito Veturio Calvino. Aunque la guerra contra los sidicinos continuaba, los cónsules Espurio Postumio Albino Caudino y Tito Veturio Calvino presentaron una propuesta para establecer una colonia en Cales para adelantarse a la plebe y atraerse el beneplácito de ella. Devuelto el mando de las legiones por sus predecesores, los nuevos cónsules entraron en territorio de los sidicinos, que fue ocupado, pero Teano, su capital, resistió.
    Son nombrados cónsules Cayo Petelio Libón y Lucio Papirio Cursor, según ciertas fuentes, pero, al parecer, no hubo elección de cónsules este año. Es nombrado dictador Publio Cornelio Rufino. Informados de que en el Samnio comenzaban otra vez las hostilidades, los cónsules anteriores nombraron dictador a Publio Cornelio Rufino, que designó como jefe de la caballería, magister equitum, a Marco Antonio. Sin embargo, por causa de motivos religiosos los nombramientos del dictador y del jefe de la caballería fueron invalidados y tuvieron que renunciar a sus cargos.
    Son nombrados cónsules Aulo Cornelio Coso Arvina, por 2 vez, y Cneo Domicio Calvino. Es nombrado dictador Marco Papirio Craso.
    El interregno acabó nombrando cónsules a Aulo Cornelio Coso Arvina, por 2 vez, y a Cneo Domicio Calvino. Un rumor sobre una guerra gala alarmó al pueblo romano, que pidió que el Senado nombrase a un dictador. Fue nombrado dictador Marco Papirio Craso, que designó como jefe de la caballería, magister equitum, a Publio Valerio Publícola.
    Los nuevos ciudadanos fueron evaluados y organizados en dos tribus adicionales, la Mecia y la Escapcia
    Lucio Papirio, el pretor, obtuvo la aprobación de una ley por la que se concedía la ciudadanía sin derecho de sufragio a los habitantes de Acerra . Alejandro Moloso del Épiro, hermano de Olimpia, madre de Alejandro Magno reunió soldados de los contingentes de las ciudades griegas, los de Tarento y Metaponte, los de los pedículos, que al igual que los griegos, se veían amenazados por la invasión sabélica, y, por último, reunió a los mismos lucanos, cuya muchedumbre, acogida bajo banderas de Moloso, sacaba a la luz las luchas intestinas que agitaban la confederación de las ciudades lucanas. Muy pronto Alejandro Moloso formó un ejército con más fuerzas que el enemigo. El desembarco de Alejandro Moloso del Épiro, cerca de Capaccio-Paestum , llevó a los samnitas a socorrer en vano y a hacer causa común con los lucanos, pero este ejército coaligado fue derrotado delante de Paestum en una batalla campal.
    Alejandro Moloso estableció luego relaciones de amistad con Roma, pero resulta bastante dudoso cuánto tiempo las hubiera mantenido si sus otras empresas hubiesen tenido el mismo éxito. Son nombrados cónsules Cayo Valerio Potito y Marco Claudio Marcelo. Es nombrado dictador Cneo Quincio Capitolino. Es designado jefe de la caballería, magister equitum, Lucio Valerio Potito.
    Para minimizar el escándalo social surgido, se consultaron los anales y se concluyó que un dictador por medio de la clavada de un clavo, como detallaban registros escrutados, apaciguó los ánimos secesionistas de la plebe devolviéndola a la normalidad. Se nombró dictador a Cneo Quincio Capitolino, que designó como jefe de la caballería, magister equitum, a Lucio Valerio Potito. Finalizada la ceremonia de la clavada del clavo, ambos, dictador y jefe de la caballería, renunciaron a su cargo. Alejandro Moloso destrozó a los daunos bajo Sipontum , a los mesapianos en el sudeste de Italia, y, al verse dueño del país de un mar al otro, se dispuso ir a buscar a los samnitas en sus propias montañas, acompañado por sus aliados.
    Los tarentinos no creyeron en un éxito inmediato de Alejandro Moloso. Alejandro Moloso aspiró a conquistar en el oeste un imperio helénico semejante al que su sobrino, Alejandro Magno está en camino de fundar en Oriente. Finalmente triunfó Alejandro Moloso. Las condiciones adversas militares en las que se vio envuelto Alejandro Moloso, al encontrarse con una rebelión militar de quienes años atrás habían recurrido a su ayuda contra el peligro que representaban los samnitas, lo hallaron militarmente en desventaja con un ejército más pequeño y menos poderoso, siendo derrotado en la batalla de Pandosia en las inmediatas cercanías de Consentia , y muriendo a manos de un lucano.
    Son nombrados cónsules Lucio Papirio Craso, por 2 vez, y Lucio Plaucio Venox. El cónsul, Lucio Papirio Craso, con poco esfuerzo lo derrotó. El otro cónsul, Lucio Plaucio Venox, arrasó los campos de Fondi, tomó un botín y condujo su ejército hasta allí. El Senado aceptó el ofrecimiento fondano y envió al cónsul, Lucio Plaucio Venox, a Priverno.
    Son nombrados cónsules Lucio Emilio Mamercino Privernas, por 2 vez, y Cayo Plaucio Deciano. Los cónsules asumieron sus cargos y Lucio Emilio Mamercino Privernas fue designado para hacer la guerra a los galos, no permitiendo ninguna clase de exención para los convocados a prestar servicio al Estado. El cónsul, Cayo Plaucio Deciano, fue encargado de ir a Priverno y continuó la guerra allí. Su colega, Lucio Emilio Mamerco Privernas, partió hacia Veyes con un inmenso ejército, para atajar la llegada de los galos, que marchaban hacia el sur, dirección a Roma.
    Entonces los ejércitos de ambos cónsules se unieron en Priverno, que fue tomada por asalto. Lucio Emilio Mamercino Privernas de la lucha contra los volscos de Priverno, que debió de haber sido considerada como un logro muy glorioso recibió el sobrenombre de Privernas, después de la conquista de la ciudad. Cayo Plaucio Deciano influyó en el Senado romano, cuyos miembros quisieron infringir severos castigos a los vencidos volscos, aminorando aquéllos y consiguiendo que los habitantes de Priverno fueran admitidos como ciudadanos sin derecho al voto . Son nombrados cónsules Publio Cornelio Escápula y Publio Plaucio Próculo.
    Este año es confuso respecto al nombramiento de los cónsules.
    21 min
  • A033 Roma, Historia Eterna - República XIX (413-415 a.u.c.)
    ROMA
    Período republicano (509 antes de Cristo o 244 ab urbe condita,
    Al 27 antes de Cristo o 726 ab urbe condita).
    Etapa de 340 antes de Cristo o 413 ab urbe condita,
    al 338 antes de Cristo o 415 ab urbe condita.
    La República oligárquica.
    De las luchas sociales y la política exterior.
    340 antes de Cristo o 413 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Tito Manlio Imperioso Torcuato, por 3ª vez, y Publio Decio Mus.
    Es nombrado dictador Lucio Papirio Craso.
    Es designado jefe de la caballería, magister equitum, Lucio Papirio Cursor.
    Son nombrados censores los hermanos Lucio Cornelio Escipión y Publio Cornelio Escipión.
    Hechos destacados del año:
    Sirva como introducción recordar que el acuerdo con Roma el año anterior dejó libre a los samnitas a hacer la guerra a los sidicinos.
    Entonces las tropas samnitas avanzaron contra los sidicinos, que decidieron entregarse a Roma, que los dejó a su suerte.
    Rechazados por los romanos, los sidicinos se echaron a los brazos de los latinos de la liga Latina y de los campanos, que pactaron enfrentarse a los samnitas.
    Un inmenso ejército, compuesto de estas naciones y bajo el mando de los latinos, invadió el país samnita y produjo, de hecho, más daños mediante los saqueos que por los combates sostenidos.
    Aunque los latinos demostraron ser superiores en diferentes encuentros, no estaban dispuestos a retirarse del territorio de un enemigo con el que no luchaban muy a menudo.
    Los samnitas enviaron embajadores a Roma reclamando su apoyo para solucionar este conflicto, basándose en el reciente tratado de paz acordado.
    Además, los delegados samnitas propusieron al Senado que, debido a la influencia romana sobre latinos y campanos, les ordenara desocupar sus tierras del Samnio, y si desobedecían su autoridad, forzarles a ello.
    El Senado explicó indeterminadamente que los latinos no se subordinaban ya a su supremacía y si los castigaba, temía que rompieran cualquier lazo que en un tiempo los unió a Roma.
    De todos modos, el Senado concluyó que nada había escrito en el tratado mantenido con los latinos que prohibiera hacer la guerra a quien quisieran.
    Los latinos se dieron cuenta de la política romana, que perseguía la anexión de todo el Lacio.
    Por primera vez, aunque demasiado tarde, la mayoría de la confederación latina, apoyada por los volscos de Antium con su flota, y también por campanos y sidicinos, los grandes traicionados en el tratado romano-samnita, estuvo de acuerdo en luchar contra Roma.
    Los latinos, amparándose en el pretexto de preparar la guerra contra el Samnio, planearon luchar contra Roma, pero deshaciéndose primero de los samnitas que estaban en su retaguardia.
    Los secretos planes mencionados fueron delatados por amigos y familiares de los latinos que vivían en Roma y el Senado ordenó que los cónsules dimitieran de su cargo antes de su expiración para elegir nuevos cónsules prestos para la inminente guerra.
    Obstáculos religiosos impidieron realizar las elecciones al consulado, de modo que comenzó un interregno.
    Hubo dos interreyes: Marco Valerio Corvo y Marco Fabio Ambusto.
    Este último nombró cónsules a Tito Manlio Imperioso Torcuato, por 3ª vez, y a Publio Decio Mus.
    Los romanos, disimulando desconocer los proyectos de los latinos, invitaron a diez notables de la Liga Latina para darles instrucciones sobre las peticiones de los samnitas.
    El cónsul, Tito Manlio Imperioso Torcuato, les aconsejó no hacer la guerra a los samnitas, ya que los romanos compartían un tratado con ellos.
    Un notable latino, al mismo tiempo, pretor de los colonos de Sezze, no se anduvo con tapujos y declaró que los latinos se sentían iguales a los romanos y, si querían seguir siendo sus aliados, deberían elegir a un cónsul del Lacio y a otro de Roma y el Senado también debería estar conformado por un número igual de miembros de ambas naciones y haber solo una nación, una república y, considerando la preferencia de esta ciudad sobre el resto, aceptarían llamarse todos romanos.
    El cónsul y el Senado se opusieron a las exigencias de los latinos y se ordenó acompañar a los notables fuera de la ciudad y custodiarlos para que la plebe enfurecida no acabase con alguno de ellos.
    La segunda guerra latina (del 340 antes de Cristo o 413 ab urbe condita, al 338 antes de Cristo o 415 ab urbe condita) comenzó.
    Combatir contra los latinos supuso una adversidad porque iban a enfrentarse y luchar contra un pueblo similar en lengua, costumbres, armas y organización militar, ya que habían sido colegas y camaradas, como soldados, centuriones y tribunos en las mismas posiciones y en los mismos manípulos.
    Se dieron órdenes estrictas para impedir alguna confusión en los puestos de combate a la hora de batallar, pues nada había distinto en el ejército latino del romano, excepto posiblemente el valor.
    Según Tito Livio en una detallada descripción refirió que el ejército de la época estuvo compuesto por manípulos, cuya parte posterior se dividió en unidades más pequeñas y cada una constaba de sesenta hombres, con dos centuriones y un portaestandarte.
    La línea más importante estaba compuesta por los hastados, dispuestos en quince manípulos y formados a corta distancia unos de otros.
    Uno de estos estaba formado por veinte soldados armados a la ligera y los demás portando el escudo (scutum); los llamados ligeros llevaban una lanza larga (hasta) y varias jabalinas cortas de hierro (pilum).
    Esta línea de vanguardia la formaban los jóvenes en la flor de la juventud, justo al cumplir la edad suficiente para el servicio.
    Tras ellos forma un número igual de manípulos, llamados príncipes, compuestos por hombres en su pleno vigor vital, todos portando scutum y equipados con panoplia completa.
    Esta formación de treinta manípulos era llamada los antepilanos.
    Detrás de ellos estaban los estandartes bajo los que formaban quince manípulos, divididos en tres filas, cada una con su vexillum; a las primeras se las llamaba pilum; cada bandera (vexillum) estaba dividido en tres unidades, donde el tipo de estandarte empleado daba nombre al tipo de unidad, con sesenta hombres, dos centuriones y un portaestandarte con su vexillum, en total ciento ochenta y siete hombres contando el portaestandarte.
    El primer estandarte era seguido por los triarios, veteranos de probado valor; el segundo por los rorarios, hombres de menor habilidad por su edad y disposición; al tercero lo seguían los accensi, de los que menos se esperaba y que, por tanto, se situaban en la línea más retrasada.
    Cuando quedaba dispuesta la formación de batalla del ejército, los hastados eran los primeros en combatir.
    Si no lograban rechazar al enemigo, se iban retirando lentamente a través de los intervalos entre las unidades de los príncipes, que se hacían cargo entonces del combate con los hastados siguiéndoles por detrás.
    Los triarios, entre tanto, descansaban con una rodilla en tierra, bajo sus estandartes, con sus escudos (scuta) sobre sus hombros y sus lanzas clavadas en el suelo con las puntas hacia arriba, haciéndoles parecer una valla erizada.
    Si los príncipes tampoco tenían éxito, se retiraban lentamente hasta donde estaban apostados los triarios, lo que ha dado lugar al dicho proverbial, cuando la gente está en grandes dificultades, decir entonces: "han llegado las cosas hasta los triarios".
    Una vez que los triarios habían dejado pasar por los intervalos que separaban sus unidades a los hastados y príncipes, se alzaban de su postura de rodilla en tierra y cerraban inmediatamente la formación, bloqueando el paso a través de ellos y, formando una masa compacta, caían sobre el enemigo como última esperanza del ejército.
    El enemigo, que había seguido a los otros, hastados y príncipes, como si los hubiera derrotado, veía con espanto surgir un nuevo y mayor ejército que parecía que se elevaba de la tierra.
    Se alistaban, por lo general, cuatro legiones, cada una de cinco mil hombres, asignándose a cada legión trescientos de caballería. Una fuerza de igual tamaño solía ser suministrada por los latinos que ahora, sin embargo, eran hostiles a Roma.
    Una vez conocida la estructura de la legión romana y, al mismo tiempo, la latina, urge mencionar, que habiendo adoptado idéntica formación, iban a chocar bandera (vexillum) contra bandera (vexillum), hastados contra hastados y príncipes contra príncipes, y centurión contra centurión.
    Hubo una pequeña diferencia en la composición de la centuria romana y fue la adopción por parte del centurión de un subalterno o lugarteniente, al que se le llamó optio, el segundo mando de la centuria.
    Roma, en vez de enfrentarse frontalmente a los latinos, planteó rodear Campania y tomar el camino que llevaba al Vesubio.
    Ambos cónsules marcharon hacia Capua al encuentro del enemigo latino y, cuando acamparon frente al adversario, tuvieron un sueño, que los arúspices interpretaron como el desenlace de la batalla, anunciando que el ejército cuyo general muriera en combate junto a sus hombres, alcanzaría la victoria.
    Se determinó que el cónsul que comandara el ala que comenzara a flaquear en pleno combate debía consagrarse a sí mismo y al ejército rival en ofrenda a los dioses Novensiles; a saber, nueve dioses llevados a Roma por los sabinos: Pales, Vesta, Minerva, Feronia, Concordia, Fides, Fortuna, Salus e Indigetes, a Manes y a la Madre Tierra, para obtener la ansiada victoria.
    Una vez que se unieron las tropas samnitas, la batalla decisiva tuvo lugar a los pies del Vesubio.
    Allí las legiones del cónsul Publio Decio Mus, situadas en el ala izquierda del frente del combate, empezaron a ceder, y éste decidió cumplir su promesa.
    Llamó al pontífice máximo, de nombre Marco Valerio, y repitió, después de él, las palabras por las que se ofrecía él mismo para entregarse junto al enemigo a los dioses de la muerte, con su toga envuelta alrededor de su cabeza.
    Saltó sobre su caballo, y llevando el vestido de sacrificio, se precipitó sobre las filas más compactas del enemigo, donde fue muerto.
    Tal es la historia más común sobre su muerte, pero otros relatos la cuentan de un modo diferente.
    Según Zonaras, fue muerto como una víctima de sacrificio por un soldado romano.
    Finalmente el ala derecha romana, mandada por el cónsul Tito Manlio Imperioso Torcuato, contuvo a la reserva latina, y el ala izquierda, ya recuperada, junto con los samnitas federados (foederati); o sea, contingente de soldados proporcionados a Roma ante una imperiosa necesidad, estipulado en el tratado romano-samnita, destrozaron a las huestes enemigas, infringiendo la primera derrota a los latinos y campanos de la que tan sólo una cuarta parte de éstos pudo escapar.
    Sin embargo, a pesar de la victoria, los romanos sufrieron muchas bajas y quedaron muy debilitados.
    Los jefes de las también mermadas tropas latinas acordaron enviar cartas por todo el Lacio para atraerse a los pueblos indecisos y, particularmente, a los volscos.
    Pronto reclutaron y juntaron un destacado cuerpo de milicias reunido de todas partes.
    El nuevo ejército confederado latino se enfrentó al cónsul, Tito Manlio Imperioso Torcuato, en Trifano, un lugar entre Sinuessa y Menturnas, que fue la decisiva batalla que sofocó la rebelión de los latinos.
    A partir de entonces, los romanos fueron acorralando desde Campania a los latinos en su propio territorio.
    Los romanos anexionaron el territorio del Lacio y de la ciudad de Capua, al que se añadió el de Priverno y Falerno, ciudades pertenecientes a los campanos, que fue distribuido entre la plebe romana.
    Los habitantes de Laurento (Laurentum), latinos de origen, y los caballeros campanos fueron excluidos de aplicárseles algún castigo, porque no se habían rebelado.
    Los laurentes obtuvieron como recompensa la renovación de un tratado y a los caballeros campanos se les concedió la ciudadanía romana.
    El único cónsul, Tito Manlio Imperioso Torcuato, regresó a Roma, pero el breve descanso no dio lugar a que su maltrecha salud le fortaleciera y le impidió hacerse cargo de la guerra, que los anciates acababan de iniciar con la invasión de los territorios de Ostia, Ardea y Solonia.
    Se nombró dictador a Lucio Papirio Craso y éste designó como jefe de la caballería, magíster equitum, a Lucio Papirio Cursor, un pariente cercano, hijo de Espurio Papirio Cursor.
    El dictador determinó establecer un campamento en el país de los anciates durante unos meses, pero no realizó ninguna acción destacada contra ellos.
    Cronología de otros hechos históricos:
    África.
    Cartago.
    El general cartaginés, Giscón, padre de Amílcar Barca, se encontraba en el exilio cuando sus compatriotas sufrieron la derrota de Crimiso en Sicilia.
    Sicilia.
    Hicetas de Leontinos, aspirante a la tiranía de Siracusa, volvió a convencer a Cartago para que enviara un gran ejército que llegó a la isla bajo el mando de los generales Asdrúbal y Amílcar contra Siracusa, donde Timoleón, el corintio, era el dueño absoluto.
    Según Plutarco, la fuerza cartaginesa constaba de 70.000 hombres (unas cifras muy abultadas) e incluía muchos carros de guerra, mientras que las de Timoleón constaban entre 12.000 a 5.000 hombres de infantería y 1.000 de caballería.
    Los cartagineses desembarcaron en Lilibea, (actual Marsala), mientras que Timoleón marchó hacia el oeste, atravesando la isla hasta llegar cerca de Selinunte.
    Timoleón sorprendió a los cartagineses cuando cruzaban el río Crimiso, primero enviando a su caballería contra ellos para desordenar sus filas e incapacitarlos para formar un frente de batalla.
    Timoleón en persona lideró a su infantería y tomó ventaja en el desenlace de la lid, aprovechando el desconcierto del enemigo que se acrecentó debido a una enorme tormenta de lluvia y granizo, acompañada de viento que sopló de cara a los cartagineses, dificultando así su visibilidad.
    Mientras los ejércitos estaban trabados en la lucha, la caballería griega cargó otra vez contra el flanco púnico.
    El ejército cartaginés rompió filas, siendo la Legión sagrada la última en caer, luchando, según las fuentes, "con bravura hasta el último hombre".
    Los cartagineses fueron derrotados y Timoleón capturó su campo de provisiones, apropiándose de un importantísimo botín. Las bajas griegas no debieron de ser muchas, pero las púnicas según las cifras de Plutarco (bastante fiables), 10.000 fueron muertos, de ellos 3000 cartagineses y 5000 prisioneros.
    Fue una victoria aplastante y decisiva que dio muchos años de paz para los griegos en Sicilia y una severa derrota para los invasores cartagineses que los arrinconó en la esquina sudoeste de la citada isla.
    339 antes de Cristo o 414 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Tiberio Emilio Mamercino y Quinto Publilio Filón.
    Es nombrado dictador Quinto Publilio Filón.
    Es designado jefe de la caballería, magister equitum, Décimo Junio Bruto Esceva.
    Hechos destacados del año:
    Los latinos reanudaron las hostilidades contra Roma para reconquistar los territorios perdidos, pero el cónsul Quinto Publilio Filón los derrotó en las llanuras de Fenectanas y les echó de su campamento, consiguiendo la victoria y, al mismo tiempo, la rendición de la confederación latina.
    El cónsul Tiberio Emilio Mamercino dirigió su ejército a Pedum, donde una fuerza combinada de Tívoli, Palestrina y Velletri y de las ciudades volscas de Lanuvio y Anzio le presentó combate.
    Los romanos aventajaron a los sublevados, pero no terminaron con la guerra, pues el cónsul Tiberio Emilio Mamercino abandonó el campo de batalla para dirigirse a Roma, porque había oído que a su colega el Senado le ofreció un triunfo y él pidió también que lo gratificaran con ese honor, a pesar de no haber vencido a los enemigos mencionados.
    El Senado negó el triunfo al cónsul exigente, que, a partir de entonces, gobernó su consulado más con el espíritu de un tribuno de la plebe sedicioso que como un buen general.
    La acusación emitida contra el Senado de haber distribuido deshonestamente los territorios latinos y falernos a la plebe, le atrajo el odio de los senadores que publicaron una orden para nombrar un dictador, que el mismo Tiberio Emilio Mamercino, por tener el turno de ostentar las fasces, cumplimentó, eligiendo dictador a su colega, Quinto Publilio Filón, el cual designó como jefe de la caballería, magister equitum, a Décimo Junio Bruto Esceva.
    Además, hizo aprobar las leyes Publilias (leges Publiliae), medidas que concedieron importantes ventajas a la plebe y desfavorecieron a la nobleza, por lo que la dictadura fue muy popular.
    En ellas se decretó primero, que los plebiscitos de la plebe obligaban a su cumplimiento a todos los ciudadanos; segundo, que las leyes llevadas a los comicios por centurias, debían, antes de obtenerse los sufragios, ser rectificadas por el Senado; o sea, el Senado perdió el derecho de veto sobre los comicios centuriados; y tercero, que uno de los dos censores debía de ser elegido entre los plebeyos, lo propio que los cónsules en determinados casos (uno patricio y otro plebeyo).
    Con estas tres leyes la distinción política entre los dos órdenes patricios y plebeyos desapareció en la práctica y la nueva nobleza (nobilitas) pudo acceder a todas las magistraturas republicanas, incluida la de los sacerdocios públicos.
    La Ley de las Doce Tablas permitió inconsecuentemente que los comicios por curias, a causa de la gran influencia religiosa, continuasen refrendando las decisiones de los comicios por centurias.
    El dictador, Quinto Publilio Filón, rebajó la jerarquía a dicha sanción haciendo que los comicios por curias tuviesen que dar su opinión antes de las deliberaciones de las centurias.
    Lo mismo acaeció con los plebiscitos que se convirtieron también en un órgano constitucional, ya que desde entonces los decretos de las tribus tuvieron el valor de la ley general para toda la nación.
    338 antes de Cristo o 415 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Lucio Furio Camilo y Cayo Menio.
    Hechos destacados del año:
    Los recursos para afrontar una guerra comenzaron a escasear para los confederados latinos y, entonces, sus jefes se ciñeron a defender sus ciudades; si bien tuvieron en cuenta que si alguna ciudad era atacada, se le enviaría inmediatamente socorro.
    El cónsul Cayo Menio atacó por sorpresa las tropas de Ariccia, Lanuvio, Velletri y las volscas de Anzio y las derrotó en el río Astura.
    La batalla contra la flota de los volscos en el puerto de Antium fue una gran y definitiva victoria.
    El cónsul mandó arrancar los espolones (rostra) de los barcos enemigos para trasladarlos a Roma y colocarlos en el muro de la tribuna de oradores del Foro Romano, ante la que se reunían los comitia o asambleas romanas.
    Desde entonces esta tribuna fue conocida como rostra y, por extensión, se acabó por dar el nombre a dichas tribunas.
    La primigenia tribuna se debía encontrar entre el foro de época republicana y el comitium, que entonces se encontraban diferenciados, por lo que los oradores podían ser escuchados de una y otra parte.
    Como consecuencia de esta victoria, el cónsul Cayo Menio parece ser que obtuvo el sobrenombre de Antiaco.
    Las tropas de Tibur (actual Tívoli) y de Palestrina (actual Preneste) llegaron hasta Pedum.
    Lucio Furio Camilo derrotó con gran dificultad a las fuerzas de Tibur, las más poderosas, y capturó la ciudad.
    Luego conquistó todas las ciudades rebeldes del Lacio y dejó en cada una de ellas una guarnición romana, regresando después a Roma.
    Cada cónsul fue honrado con un triunfo y, como gratificación especial, fue también cada uno galardonado con la erección de sus estatuas ecuestres en el Foro.
    Fin de la segunda guerra latina.
    El cónsul, Lucio Furio Camilo, además se distinguió por aconsejar a sus compatriotas tratar a los latinos vencidos con suavidad y buen tacto.
    Ahora había que trabajar para establecer y afianzar la paz.
    Ariccia, Nomento y Pedum obtuvieron los mismos derechos políticos que Lanuvio: obligadas a aceptar la plena ciudadanía romana.
    Roma no solo salió así de la guerra robustecida y engrandecida en su territorio, sino en su poder, al añadir las fuerzas de las ciudades anexionadas de Ariccia y Lanuvio a su propio aparato bélico.
    Túsculo también mantuvo la ciudadanía que había tenido antes.
    Velletri (Velitrae) perdió el derecho a la ciudadanía romana, derruidas sus murallas y deportado a los miembros de su Senado al otro lado del Tíber para no volver nunca más, aunque se permitió que colonos poblasen dicha ciudad.
    Tibur (actual Tívoli) y Palestrina (actual Preneste), dos ciudades latinas muy importantes fueron las peor tratadas, y, aunque conservaron su independencia y firmaron una alianza particular con Roma, vieron confiscados sus dominios, no tanto por la participación en la guerra, junto con el resto del Lacio, sino porque, celosos del poder romano, unieron tiempos atrás sus armas con la bárbara nación de los galos, circunstancia que hizo pesar aún más duramente sobre ellas las leyes aplicadas a las ciudades derrotadas que sobre otras localidades latinas o volscas.
    Fundí, Formio, Cimea y otra porción de ciudades menores se hicieron romanas y se les permitieron disfrutar de los derechos privativos de los ciudadanos, y Capua gozó de los mismos porque sus caballeros no se alzaron en armas.
    Para impedir que Capua pudiese jamás sublevarse, Roma favoreció en ella, con un arte pérfido, la división entre los nobles y el pueblo al revisar y pesar todos los actos de la administración local, eso sí, desde el punto de vista de sus propios intereses.
    Se decidió que Cumas y Suessula debían disfrutar de los mismos derechos que Capua.
    Una consecuencia trascendental de esta victoria romana fue la adquisición pacífica de Campania.
    Las ciudades más importantes del país: Capua, Cumas (Cumae) y Acerra (Acerrae) entraron en la condición de confederadas de Roma.
    Las ciudades de esta clase se llamaron civitates foederatae.
    Sus habitantes gozaron del Derecho romano y fueron autorizados a contraer matrimonio con los romanos.
    Desde entonces se acuñó el nombre romano en las monedas de Campania.
    Por consiguiente, se instauró la igualdad de derechos civiles entre Capua y Roma.
    La primera mantuvo su autonomía administrativa, el derecho de acuñar moneda y la organización de sus tropas.
    Los romanos entraron en Antium (Anzio) y se otorgó esta ciudad a un nuevo grupo de colonos, estableciéndose una colonia romana donde los ciudadanos locales fueron autorizados enrolarse como colonos si lo deseaban y fueron admitidos en la ciudadanía romana, al mismo tiempo que las ciudades supuestamente volscas de Fundi y Formiae.
    Sin embargo, sus naves de guerra les fueron confiscadas y se les prohibió tener más.
    Ante esto fue necesario a toda costa crear en estos territorios una población romana.
    Las tierras conquistadas, particularmente del territorio de Priverno y de Falerno, fueron distribuidas entre los colonos que acudieron en gran número.
    Los sidicinos, que auxiliaron a los confederados, como dato curioso, mantuvieron al final su independencia de Roma.
    El resto de las ciudades latinas se vieron privadas del derecho de comercio (commercium), de matrimonios mixtos (connubium) y de mantener reuniones entre sí, entre los habitantes de las distintas ciudades y sólo se conservó la unión religiosa con Roma y la Fiesta Latina (feriae latinae) celebrada en los Montes Albanos (Monte Cavo) en honor de "Júpiter Latiaris".
    La condición que los romanos otorgaron a las ciudades vencidas fue distinta conforme al lema divide y vencerás (divide et impera), principio que fue caracterizando desde entonces los procedimientos de la política romana.
    Esta limitación se reflejó primeramente en una parte de las ciudades mencionadas, que no pudieron gozar del derecho de sufragio (municipi o civitates sine suffragio) ni de las demás inherentes a los ciudadanos romanos, pero siguieron obligadas a prestar los servicios que correspondían a éstos, y vivir sometidos a un juez romano supremo, llamado praefectus iure dicundo; y finalmente en otra parte las ciudades aludidas perdieron su organización comunal o fueron obligadas a aceptar en su seno una colonia romana, a la que tenían que entregar la mejor parte de sus propiedades rústicas (coloniae).
    El Lacio quedó así anexionado a Roma.
    La Confederación latina fue disuelta.
    La victoria de los romanos consiguió la disolución de la Liga Latina, una confederación política independiente que se transformó en una simple asociación religiosa.
    Las antiguas constituciones de los confederados, la especificación del máximo de contingente de guerra, su parte proporcional en el botín, nada de todo esto quedó vigente.
    En lugar de un único pacto federal entre Roma por un lado y la Liga Latina por el otro, se concluyeron numerosos pactos eternos entre Roma y las diversas ciudades antiguamente confederadas.
    Unos cuarenta y seis años atrás Roma ensayó un sistema de aislamiento con las ciudades que se fundaron a partir de entonces, pero ahora lo perfecciona, aplicándolo a toda la nación latina.
    Esta aparente generosidad por parte romana disimuló la férrea dominación sobre cada ciudad latina a pesar de que cada una conservase sus antiguos derechos locales y su autonomía.
    Roma confirmó así su superioridad, aglutinando, a continuación y en su favor, el poderío de las ciudades de la extinta Liga Latina, a cuyos habitantes se les concedió, a través de una gran variedad de estatutos, un derecho restringido de ciudadanía (ius latii).
    La guerra latina surgió por los pactos de Roma con los cartagineses y los samnitas, desembocando en un conflicto armado entre Roma y las ciudades latinas apoyados por los volscos y algunas ciudades de Campania.
    El antiguo tratado del foedus Cassianum del año 493 antes de Cristo o 260 ab urbe condita, fue renovado el año 358 antes de Cristo o 395 ab urbe condita y fortaleció el dominio de Roma sobre la Liga Latina, iniciándose el estallido de la guerra latina (343 antes de Cristo o 410 ab urbe condita, al 338 antes de Cristo o 415 ab urbe condita).
    Tras la victoria romana la Liga Latina fue disuelta, denominándose a partir de ahora a las ciudades latinas conquistadas como municipiae y poblándolas con ciudadanos romanos, como colonos, coloniae.
    Esto significó que las ciudades latinas fueron desde ese momento dirigidas por Roma.
    Ya en el primer tratado firmado con Cartago se concretó que la campiña circundante a la ciudad de Roma era territorio propio, cosa que la Liga Latina impugnó, declarando que ese territorio pertenecía a ella.
    Estalló una guerra que dio vencedora a Roma y vencida a la confederación, si bien con condiciones (el foedus Cassianum, año 493 antes de Cristo o 260 ab urbe condita), que sellaron la capitulación de treinta ciudades latinas como dos poderes independientes.
    El nombre del tratado se debió al cónsul Espurio Casio en el momento de firmar el tratado y, quien se presume negoció los términos.
    Las cláusulas dispusieron la paz entre ambas partes y la unidad militar de sus ejércitos para defender las tribus itálicas; además, el reparto de los botines obtenidos en tiempos de guerra; también fundar colonias conjuntas en las tierras conquistadas para su propia prosperidad; y finalmente, la creación de una comunidad de derechos privados entre los ciudadanos de Roma y los de cualquier ciudad latina.
    El tratado fortaleció a Roma porque los latinos apoyarían militarmente a los romanos, cuya República aún era débil.
    Esta coyuntura permitió a Roma expandirse más allá, conquistando la mayor parte de la península itálica.
    El tratado fue renovado en año 358 antes de Cristo o 395 ab urbe condita, pero Roma lo incumplió poco después y empezó otra guerra latina.
    Finalmente, Roma derrotó a los miembros no-romanos de la Liga y el foedus Cassianum siguió invalidado.
    Cronología de otros hechos históricos:
    África.
    Cartago.
    El Senado de Cartago requirió al exiliado general Giscón, probablemente padre de Amílcar Barca y abuelo de Aníbal, que volviera a la ciudad para proveerse de un ejército que solicitaron los aliados sicilianos.
    Sicilia.
    Giscón fue llamado de su destierro y enviado con un ejército de mercenarios a luchar en Sicilia.
    Derrotó a dos cuerpos de fuerzas mercenarias al servicio de Siracusa, pero no pudo evitar la derrota de Mamerco de Catania e Hicetas de Leontinos, los dos jefes de los aliados de los cartagineses en la isla, y poco después un embajador especial, enviado desde Cartago, firmó un acuerdo de paz ventajoso para Timoleón, el corintio, de Siracusa por el que se fijó el río Halycos como frontera.
    Este tratado definió el dominio de Cartago sobre Sicilia que fue confinado al oeste del Halycos.
    Hicetas de Leontinos fue hecho prisionero en uno de los enfrentamientos con Timoleón y fue condenado a muerte.
    Magna Grecia.
    Tarento.
    Arquidamo 3º, rey de Esparta, murió en una batalla cerca de Tarento en la ciudad de Manduria.
    La victoria conjunta de los lucanos y de los mesapios abrió el camino para acordar posteriormente una alianza entre ambos pueblos.
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  • A032 Roma, Historia Eterna - República XVIII (410-412 a.u.c.)
    ROMA
    Período republicano (509 antes de Cristo o 244 ab urbe condita,
    Al 27 antes de Cristo o 726 ab urbe condita).
    Etapa de 343 antes de Cristo o 410 ab urbe condita,
    al 341 antes de Cristo o 412 ab urbe condita.
    La República oligárquica
    De las luchas sociales y la política exterior.
    343 antes de Cristo o 410 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Aulo Cornelio Coso Arvina y Marco Valerio Corvo, por 3ª vez.
    Hechos destacados del año:
    Cabe reseñar que los samnitas se instalaron en la región del Samnio aproximadamente unos cuarenta y siete años antes de la fundación de Roma.
    Este pueblo permaneció en esta zona y durante un breve periodo de tiempo controló las dos costas de la península: adriática y tirrena.
    Tras las guerras latinas, que otorgaron a la República de Roma el dominio de todo el territorio del Lacio, los samnitas se opusieron al creciente poder de esta peligrosa potencia emergente y se enfrentaron a ella en un conflicto conocido como las guerras samnitas, que fueron tres.
    Estas guerras fueron célebres por las fuerzas enfrentadas, la duración de la contienda y el extenso territorio sobre el que discurrieron.
    Los samnitas fueron un pueblo fuerte en recursos materiales y en poder militar.
    La confederación samnita del Apenino pretendió extenderse por la fértil llanura campana.
    Después de controlar Etruria, un adversario poderoso, la confederación samnita, quedó a los romanos..
    Quince años atrás Roma formó un tratado con los samnitas que estableció el liderazgo romano sobre la Liga Latina, abortado ahora por unos intereses marítimos, de tipo económico que dieron al traste con el reciente acuerdo samnita-romano, que indirectamente condujo a la 1ª guerra samnita (del 343 antes de Cristo o 410 ab urbe condita al 341 antes de Cristo o 412 ab urbe condita).
    La guerra fue causada por un ataque sorpresa de los samnitas sobre los sidicinos de Cales, que pidieron ayuda a la ciudad más importante de la zona, Capua.
    Los samnitas dejaron de atosigar a los sidicinos y se lanzaron contra los campanos de Capua, enemigos más fuertes y poderosos, a los que derrotaron y confinaron en esta ciudad.
    Destrozado el ejército campano, los habitantes de Capua solicitaron el auxilio de Roma que les otorgó como consecuencia del tratado de alianza (foedus aequum) convenido, que establecía una relación de igualdad entre vencedor y vencido o una confederación, en la que desaparecen vencedores y vencidos, para hermanarse, tener una misma identidad unida y engrandecida por la alianza.
    Así estalló la 1ª guerra samnita (del 343 antes de Cristo o 410 ab urbe condita al 341 antes de Cristo o 412 ab urbe condita), descrita de un modo muy poco preciso.
    Roma empuñó las armas contra los samnitas, porque ambos pueblos compartieron el mismo interés por el dominio campano, desatándose inevitablemente las hostilidades entre ellos al prestar amparo a Capua por parte de los romanos.
    La decisión del Senado romano de proteger a Capua conllevó el deseo de dominar Campania y de acceder a la Magna Grecia para extender sus réditos comerciales a esta zona alejada del Lacio.
    Roma trató de superar su exclusiva economía agraria creando nuevas rutas que la aproximaran a fuentes de riqueza, sitas en las regiones del sur, basadas en el intercambio de mercancías.
    La nación del Samnio, por estar situada más próxima a sus fronteras fue la más directamente expuesta a los golpes romanos.
    Esta nación soportó las cargas más pesadas de la guerra en los largos combates que deberá librar por la libertad y la nacionalidad de los pueblos itálicos.
    Los demás pueblos sabélicos, vestinos, frentanos, marrucinos y todas las pequeñas tribus rústicas, que moraban en sus ásperas montañas, no se mostraron sordos al llamamiento patriótico del pueblo hermano reclamando su ayuda y excitándolos a tomar las armas en defensa de unos intereses comunes.
    El futuro control de Campania proporcionará a los romanos el acceso a la región, que abrirá el paso al valle medio del Liris, lugar ambicionado tanto por intereses romanos como samnitas.
    Ratificada por el pueblo la declaración de guerra contra los samnitas, el Senado decretó que los cónsules iniciaran las maniobras militares, uno, Marco Valerio Corvo, destinado a Campania que acampó en el monte Gauro y otro, Aulo Cornelio Coso Arvina, enviado al propio Samnio, donde acampó en Satícula.
    Viendo los samnitas los estandartes romanos clavados en el suelo blandir al son del viento en el campamento recientemente construido, demandaron a sus jefes entablar batalla para castigar la osadía romana al igual que los campanos la sufrieron por auxiliar a los sidicinos.
    El cónsul Marco Valerio Corvo arengó a sus legionarios insuflándoles valor y recordándoles los logros militares del pueblo romano desde su fundación conseguidos contra las naciones sabina, etrusca, latina, hérnica, ecua, volsca y aurunca, sin olvidar a la aguerrida nación gala y sin subestimar el efecto de las dos victorias obtenidas por los samnitas a sidicinos y a campanos.
    Logró que los hombres tuvieran presente confiar en su valor y reputación de guerreros y en él mismo, su general, que sabía manejar las armas, que ocuparía su lugar en la vanguardia y que cumpliría con su deber en el desorden del combate.
    Los soldados idolatraron a su comandante en jefe no sólo por sus virtudes en el cumplimiento de sus obligaciones en el cargo sino por el digno trato dado incluso al más humilde de sus hombres.
    Hasta ahora en ninguna batalla se luchó con fuerzas más igualadas, o esperanzas de victoria tan semejantes para ambas partes.
    Cada bando no tuvo desprecio hacia su oponente, aunque se notó cierta inquietud ante el enfrentamiento con un enemigo nuevo y nunca antes combatido.
    Ninguna línea de combate dio signo de ceder ni retroceder, a pesar de que la caballería romana cargó contra los enemigos sin penetrar parte alguna del frente de la lid.
    Fracasada la carga de la caballería romana, el cónsul dirigió al centro de la pelea a la mayor parte de sus legionarios.
    Después de provocar muchas pérdidas enemigas, la osadía del cónsul logró que los samnitas cedieran terreno y prepararan una rápida huida.
    Tras caer la noche se vislumbró la victoria romana que dejó en el campo de batalla muchos muertos y bastantes prisioneros.
    Los romanos nunca tuvieron que enfrentarse a tan obstinado ejército enemigo, cuyos miembros apresados dijeron que los ojos que parecían echar fuego y las caras y expresiones que evidenciaban locura de sus vencedores les produjo el terror que les llevó a la derrota y a la huida.
    Al día siguiente, los romanos capturaron el campamento vacío de los samnitas y toda la población de Capua llegó hasta allí para honrarlos.
    En cambio en el Samnio, el cónsul, Aulo Cornelio Coso Arvina, abandonó el campamento de Satícula y avanzó por un paso de montañas que conducía a un valle.
    Los samnitas, apostados y ocultos en las laderas de las montañas, esperaron que la totalidad de la columna romana bajara al valle.
    El desenlace para los romanos pudo ser fatal, pero un tribuno militar, de nombre Publio Decio Mus, que se dio cuenta de la estrategia enemiga, pidió al cónsul los hastados (hastati) y los príncipes (principes) de una legión, unos mil seiscientos hombres, para apoderarse de una altura que dominaba el camino por donde los samnitas pretendían atacarlos.
    En dicha colina se mantuvo con los legionarios bajo su mando, a pesar de los esfuerzos de los samnitas para desalojarlos, mientras que el grueso del ejército romano pudo llegar a la cima de la montaña.
    En la noche siguiente Publio Decio Mus y sus hombres se escabulleron a través de los samnitas que estaban acampados bastante cerca de éstos y lograron unirse a las tropas del cónsul romano.
    Ahora Publio Decio Mus convenció al cónsul para hacer de inmediato un ataque sorpresa sobre el enemigo.
    Los samnitas fueron dispersados por todas partes, la mayoría sin armas, sin poder tomarlas, formar unidades compactas o retirarse tras su empalizada.
    El resultado fue una victoria brillante y la captura del campamento enemigo.
    Luego el cónsul, Aulo Cornelio Coso Arvina, recompensó a Publio Decio Mus con una corona de oro, un centenar de bueyes, y un magnífico toro blanco de cuernos dorados; y los hombres que lo acompañaron en su heroicidad fueron premiados con doble ración permanente, y, además con un buey y dos túnicas para cada uno de ellos.
    Después de los obsequios que el cónsul donó a Publio Decio Mus, los legionarios colocaron sobre la cabeza del tribuno militar una corona de hierba, símbolo de la más alta condecoración otorgada a un soldado por salvar a una legión completa y recibió otra corona similar entregada por los hombres que lideró.
    Los samnitas no renunciaron a una tercera batalla que se dio en Suessula, situada entre Capua y Nola.
    Avisado el cónsul del nuevo conflicto, dejó una pequeña fuerza que custodiara bagajes y el campamento, y se dirigió a marchas forzadas al encuentro del enemigo, construyendo un reducido campamento no lejos de los samnitas.
    Hubo un intento por parte de los samnitas de asaltar el campamento romano, porque creyeron que las fuerzas contenidas en él serían muy escasas y fáciles de vencer, pero fueron detenidos por sus jefes que sospecharon de alguna estrategia por parte de los romanos.
    Como los samnitas sumaban en demasía, y debido a la falta de acción en Suessula y a la demora en combatir, habían agotado prácticamente todos sus víveres.
    Resueltos a remediar la escasez de alimentos y convencidos de que los romanos se mantendrían dentro de la empalizada de su campamento porque también carecían de grano, se decidieron a buscar forraje y comida.
    Cuando el cónsul vio al enemigo esparcido por los campos y comprobó que en el campamento enemigo quedaban unos pocos hombres de servicio, embistió con su ejército el cuartel samnita, matando a la mayoría de los presentes, y ordenó tomar todos los estandartes del adversario.
    La caballería romana se encargó de empujar a los dispersados enemigos por los campos hacia el lugar donde estaban apostadas las legiones romanas.
    Hubo una atroz matanza.
    Unos cuarenta mil escudos (muchos más que el número de muertos) y bastantes estandartes militares, incluyendo aquellos primeros capturados al asaltar el campamento samnita, hasta ciento setenta, fueron llevados ante el cónsul, Aulo Cornelio Coso Arvina.
    El botín obtenido en la toma del campamento samnita fue entregado a los soldados.
    El éxito romano en Campania y en el Samnio se divulgó por las ciudades amigas y enemigas de Roma.
    Los faliscos permutaron la tregua de cuarenta años, concedida años atrás, por un tratado de paz permanente con Roma.
    Los latinos cambiaron de planes y dirigieron sus fuerzas contra los pelignos.
    Incluso los cartagineses enviaron una delegación para felicitar al Senado y hacerle entrega de una corona de oro cuyo peso sobrepasaba los ocho kilos.
    Los cónsules, Aulo Cornelio Coso Arvina y Marco Valerio Corvo, celebraron un triunfo sobre los samnitas.
    Los soldados aclamaron durante el recorrido de la procesión tanto a los cónsules como a la figura destacada de Publio Decio Mus, que portó y lució sus condecoraciones.
    Posteriormente se acordó enviar y mantener una fuerza para invernar en las ciudades de Capua y de Suessula para actuar como barrera contra la nación samnita.
    El acceso a toda clase de placeres en Capua a disposición de los soldados romanos enviados socavó la disciplina militar.
    Cansados de guerrear, los legionarios de la guarnición empezaron a planear apoderarse de Capua porque prefirieron disfrutar de las tierras fértiles y de la mejor fortificación del territorio campano, antes que volver a bregar con el suelo árido y pestilente de Roma.
    Esta conspiración, a pesar de que se estaba llevando a cabo en secreto, no tardó en ser descubierta.
    Cabe reseñar que las victorias de Roma en la Campania y en el Samnio fueron insuficientes debido a los abundantes recursos de la nación samnita.
    Si a ello se añade la impopularidad de la confrontación en ciertas capas de la sociedad romana, como, por ejemplo, la referida guarnición romana en Capua, no fue extraño que tres años después ambos: romanos y samnitas, llegarán a un acuerdo.
    342 antes de Cristo o 411 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Quinto Servilio Ahala, por 3ª vez, y Cayo Marcio Rútilo, por 4ª vez.
    Es nombrado dictador Marco Valerio Corvo.
    Es designado jefe de la caballería, magister equitum, Lucio Emilio Mamercino.
    Hechos destacados del año:
    La conspiración de Capua fue descubierta por el cónsul Cayo Marcio Rútilo, que le correspondió en el sorteo Campania, mientras que al cónsul Quinto Servilio Ahala quedó en Roma.
    Cayo Marcio Rútilo, cuatro veces cónsul y también dictador y censor, se puso manos a la obra para frustrar los anhelos de los soldados de las guarniciones en Campania, propagados desde Capua.
    Difundió el rumor de mantener en los mismos cuarteles de invierno el año próximo a los actuales soldados, que dio como resultado aplacar la agitación.
    Cuando sobrevino el estío, el cónsul trasladó el ejército a los cuarteles de verano y fue depurando los supuestos cabecillas o bien licenciándolos por cumplir su servicio militar o bien declarándolos no aptos para el servicio por enfermedad o edad o bien dándoles permiso para que lo disfrutasen en sus propias casas.
    La mayoría de los agitadores fueron desplazados a Roma, justificando el cambio por motivos de necesidad del servicio.
    La artimaña no fue descubierta al principio y todos estuvieron muy contentos por volver a sus casas.
    Cuando supieron que nadie de ellos regresó a unirse a sus estandartes y casi ninguno fue destinado a otro lugar, excepto los que habían servido en Campania, percibieron que sus planes habían sido revelados y temieron que hubiera represalias.
    Una cohorte estacionada cerca de Anzio detuvo a todos los que el cónsul mandaba a Roma por las razones anteriores y pronto conformó un numeroso cuerpo a quien faltaba un general y se dirigió al territorio de Alba Longa, donde construyó un campamento bien fortificado.
    Los legionarios de la cohorte dilucidaron traer por la fuerza a Tito Quincio, un honorable patricio que vivía en una granja en territorio tusculano, apartado de la vida militar a causa de un herida en un pie que le produjo una cojera.
    Trasladado al campamento, le vistieron con las insignias propias de un general y lo saludaron como tal.
    Apremiados por los acontecimientos, tomaron sus estandartes y marcharon en son de guerra hacia Roma, sin ninguna orden concreta de su designado jefe.
    El Senado nombró dictador a Marco Valerio Corvo, que designó como jefe de la caballería, magister equitum, a Lucio Emilio Mamercino.
    Puesto en marcha el dictador divisó los estandartes de la fuerza rebelde y entabló una entrevista con Tito Quincio para negociar una salida aceptable para todos.
    Acordaron ambos pedir al Senado el perdón de los rebeldes secesionistas y que no hubiera represalias contra ellos, cosa que se concedió.
    La tradición atribuyó al tribuno de la plebe, Lucio Genucio, aprovechando la secesión abortada, tres leyes conocidas como (Plebiscito Genucio): la primera fue una medida que prohibió dar préstamos a interés; o sea, declarar ilegal la usura; la segunda fue también otra medida que prohibió aceptar la reelección al mismo cargo hasta que hubiesen pasado diez años, o desempeñar dos cargos el mismo año, y la tercera fue una nueva medida que obligó a elegir siempre un cónsul plebeyo.
    Durante mucho tiempo, los latinos no respetaron el tratado con Roma y, además de esto, los privernenses efectuaron una incursión repentina y devastaron las colonias romanas vecinas de Norba y Sezze (antigua Setia).
    341 antes de Cristo o 412 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Lucio Emilio Mamercino Privernas y Cayo Plaucio Venón, por 2ª vez.
    Hechos destacados del año:
    Los privernenses vencieron a los habitantes de Norba y de Sezze y los volscos, dirigidos por el pueblo de Anzio, se concentraron en Sátrico.
    Los dos frentes bélicos fueron asignados al cónsul Cayo Plaucio Venón, que primero venció a los privernenses, dejando una guarnición en la ciudad de Priverno (Privernum), confiscándoseles dos terceras partes del territorio y, luego, atacó a los anciates en Sátrico, pero el resultado del combate fue incierto a pesar de que hubo grandes pérdidas humanas por parte de ambos.
    Al día siguiente de la batalla sostenida contra los anciates y sus aliados volscos, éstos últimos, cuando supieron la cantidad de hombres muertos en el combate, se sintieron derrotados y marcharon hacia Anzio.
    El cónsul Lucio Emilio Mamercino Privernas entró en territorio samnita sin encontrar oposición a esta incursión y comenzó a incendiar los campos.
    Los samnitas pidieron la paz y el Senado romano se la concedió en cuyo acuerdo Roma cedió en el "casus belli" y dejó a los primeros libres para hacer la guerra a los sidicinos, a condición de que reconociesen de hecho la anexión de Capua y de otras ciudades de Campania por los romanos.
    Después de sellarse el tratado, se procedió a la retirada del ejército romano de tierras samnitas, recibiendo los soldados una paga de un año y raciones para tres meses, como había dispuesto el cónsul, Lucio Emilio Mamercino Privernas para dar un tiempo de armisticio hasta que volvieran los embajadores con la firma del tratado.
    Así terminó la 1ª guerra samnita.
    22 min
  • A031 Roma, Historia Eterna - República XVII (401-409 a.u.c.)
    ROMA
    Período republicano (509 antes de Cristo o 244 ab urbe condita,
    Al 27 antes de Cristo o 726 ab urbe condita).
    Etapa de 352 antes de Cristo o 401 ab urbe condita,
    al 344 antes de Cristo o 409 ab urbe condita.
    La República oligárquica
    De las luchas sociales y la política exterior.
    352 antes de Cristo o 401 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Publio Valerio Publícola y Cayo Marcio Rútilo, por 2ª vez.
    Es nombrado dictador Cayo Julio Julo.
    Es designado jefe de la caballería, magister equitum, Lucio Emilio Mamercino
    Hechos destacados del año:
    Con el resultado de las últimas elecciones llegó a reinar la fraternidad, pero quedaba un fleco suelto que hilvanar: las deudas que se tornaron impagaderas.
    Se nombró a cinco interventores, a saber; Cayo Duilio, Publio Decio Mus, Marco Papirio, Quinto Publilio y Tito Emilio, cuya labor fue encomiable, para dirigir la liquidación de las deudas que el Estado pagó, quedando todos los acreedores satisfechos.
    Se difundió el suceso de que doce ciudades de Etruria se habían levantado en armas contra Roma.
    La irreal alarma la aprovechó el Senado para enviar a los cónsules en campaña el decreto que contenían el urgente nombramiento de un dictador.
    Cayo Julio Julo fue nombrado dictador y éste designó como jefe de la caballería, magister equitum, a Lucio Emilio Mamercino.
    Evidentemente fuera de Roma todo quedó sereno, pero dentro de sus muros las incorrectas decisiones del dictador alteraron la convivencia.
    La fallida intención del dictador de celebrar elecciones para elegir a dos patricios como cónsules, produjo un nuevo interregno, cuyos dos interreyes (interreges), Cayo Sulpicio Pético y Marco Fabio Ambusto, consiguieron llevar a la práctica las ideas del dictador, oficiando unos comicios que designaron electos a Cayo Sulpicio Pético, el propio interrex, y a Tito Quincio Penno Capitolino Crispino, porque la plebe, habiendo sido resarcidas sus deudas, estuvo más complaciente.
    351 antes de Cristo o 402 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Tito Quincio Penno Capitolino Crispino, por 2ª vez, y Cayo Sulpicio Pético, por 5ª vez.
    Es nombrado dictador Marco Fabio Ambusto.
    Es designado jefe de la caballería, magíster equitum, Quinto Servilio Ahala.
    Son nombrados censores Cneo Manlio Capitolino Imperioso y Cayo Marcio Rútilo.
    Hechos destacados del año:
    Dos ejércitos marcharon para la guerra, uno hacia Faleria, dirigido por Tito Quincio Penno Capitolino Crispino, y otro hacia Tarquinia, conducido por Cayo Sulpicio Pético.
    La guerra devastó más los campos que desgastó a los hombres.
    Los beligerantes enemigos pidieron una tregua a los cónsules que el Senado autorizó por un tiempo limitado a cuarenta años.
    La elección de censores acentuó la discordia entre los dos órdenes, el patricio y el plebeyo, cuando se conoció la candidatura del primer ex dictador plebeyo, Cayo Marcio Rútilo.
    Los cónsules patricios intentaron impedir que no se votase al candidato plebeyo, pero los tribunos de la plebe, ansiosos por reconquistar los derechos de los que representaban, apoyaron con todos sus medios para llevar a cabo el triunfo del proyecto de Cayo Marcio Rútilo.
    Las elecciones proclamaron censores a Cayo Marcio Rútilo, electo por unanimidad, y a Cneo Manlio Capitolino Imperioso.
    Por primera vez en la historia de la República romana accedió a la grandeza y dignidad de la magistratura de censor la capa superior de la plebe.
    El nombre de Cayo Marcio Rútilo quedó inscrito para la posteridad en los anales como el primer censor plebeyo.
    El Senado, no porque se anunciara alguna guerra, sino porque se boicoteara la ley licinio-sextia, nombró dictador a Marco Fabio Ambusto, que designó como jefe de la caballería, magíster equitum, a Quinto Servilio Ahala.
    Los movimientos tácticos del Senado acabaron sin surtir los efectos deseados y la ley licinio-sextia, tan odiada por el patriciado, volvió a cumplirse: el consulado fue compartido por un patricio y por un plebeyo.
    350 antes de Cristo o 403 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Marco Popilio Lenas, por 3ª vez, y Lucio Cornelio Escipión.
    Es nombrado dictador Lucio Furio Camilo.
    Es designado jefe de la caballería Publio Cornelio Escipión.
    Hechos destacados del año:
    Tras la llegada de un ejército galo al territorio del Lacio, el Senado, a causa de la enfermedad del cónsul patricio, Lucio Cornelio Escipión, concedió por un acuerdo especial la mayor distinción al cónsul plebeyo, Marco Popilio Lenas, para dirigir la guerra.
    Formó un ejército, alistando cuatro legiones completas, y cedió al pretor urbano, Publio Valerio Publícola, un resto de tropas que quedó para la defensa de la ciudad.
    Recomendó al Senado que reclutara otro segundo ejército en prevención de alguna sobrevenida emergencia.
    Encontrado el enemigo galo, ocupó una colina y construyó una empalizada que sirviera de defensa.
    Los galos contemplaron los estandartes romanos, blandiendo en la distancia, y formaron líneas de combate.
    Como los romanos no bajaron a la llanura, creyeron que estaban atenazados por el miedo y dedicados tan solo a terminar la fortificación de la empalizada.
    Después de proferir gritos ensordecedores, iniciaron el ataque, que príncipes y hastados de las cohortes legionarias defendieron, pues los triarios continuaron instalando parapetos protectores.
    Cabe reseñar que la legión estuvo formada por diez cohortes y cada cohorte compuesta por una infantería pesada: hastados, príncipes y triarios.
    Los hastados, los más jóvenes, destacados en primera línea, arrojaban jabalinas al enemigo (pilum) y empuñaban, luego, espada corta y escudo; los príncipes, adultos cuya edad rondaba los 30 años, en segunda línea, también arrojaban jabalinas y atacaban con espada corta y escudo, al igual que los hastados y, por último, los triarios, en tercera línea, veteranos que entraban en combate en situaciones extremas y manejaban una lanza larga en formación como la falange griega.
    La andanada de jabalinas romanas diezmó el ejército enemigo, mientras subía la colina, y la embestida de la línea romana empujó a los galos, obligándoles a retroceder y cayendo unos sobre otros.
    La precipitada huida produjo más muertes aún, pero la victoria no llegó.
    El cónsul, Marco Popilio Lenas, llevó a sus legiones a la llanura y, mientras daba órdenes en la vanguardia, fue herido por una jabalina gala.
    Una vez vendada su herida volvió al frente, colocó a los manípulos de las cohortes en cuña y penetró el centro enemigo.
    Los galos, divididos y sin órdenes concretas por parte de sus jefes, huyeron hacia las colinas de Alba, dejando atrás su campamento, que fue capturado por los romanos.
    El ejército victorioso regresó a Roma, donde el cónsul recibió el triunfo, que se retrasó debido a su herida.
    Enfermos ambos cónsules, el Senado consideró urgente nombrar un dictador, que realizara las elecciones consulares.
    Fue nombrado dictador, Lucio Furio Camilo, hijo de Marco Furio Camilo, el segundo fundador de Roma, que designó como jefe de la caballería a Publio Cornelio Escipión.
    El dictador ofició las elecciones consulares y fue gratificado con uno de sus cargos por restituir el consulado a los patricios.
    349 antes de Cristo o 404 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Lucio Furio Camilo y Apio Claudio Craso Inregilense.
    Es nombrado dictador Tito Manlio Imperioso Torcuato, por 2ª vez.
    Es designado jefe de la caballería, magister equitum, Aulo Cornelio Coso Arvina.
    Hechos destacados del año:
    Marco Popilio Lenas celebró el triunfo obtenido el año anterior en la guerra contra los galos, siendo el primer cónsul plebeyo en recibir tal honor.
    La plebe aplaudió el logro meritorio del ex cónsul plebeyo, pero censuró el comportamiento del dictador Lucio Furio Camilo por su candidatura al consulado adquirida mediante el desprecio a la ley licinio-sextia.
    El hecho de hacerse con el cargo de cónsul, siendo dictador al mismo tiempo, corroboró la desmedida ambición de Lucio Furio Camilo, hijo de Marco Furio Camilo, el segundo fundador de Roma, y degradó su consulado, según las críticas emanadas desde la plebe.
    Los disturbios externos crecieron.
    Ciertos piratas griegos desembarcaron cerca de Anzio y Laurento y la desembocadura del Tíber haciendo pillaje.
    Llegado el invierno, los galos, refugiados en las colinas de Alba, bajaron a la llanura y a las costas marítimas y, dedicados al saqueo por doquier, tuvieron una dura batalla contra los piratas griegos, retirándose éstos a sus barcos y aquéllos a su campamento.
    Las desgracias culminaron cuando los socios latinos no prestaron soldados a Roma y estimaron defender su propia libertad antes que ayudar a un amo extranjero.
    Abandonados por sus aliados, los romanos dependieron de ellos mismos.
    El Senado ordenó a los cónsules que reclutaran tropas, ejerciendo toda la autoridad posible.
    El alistamiento no solo se llevó a cabo en la ciudad de Roma sino también en los distritos rurales.
    La muerte del cónsul Apio Claudio Craso Inregilense paralizó los preparativos de la guerra.
    Lucio Furio Camilo acaparó todo el poder y el Senado no tomó cartas en el asunto para nombrar a un dictador bien porque algún augurio no fue favorable o bien porque no quería manchar la dignidad de un varón de tal distinción, según Tito Livio.
    Sin embargo, otras fuentes mencionan que tras la muerte de Apio Claudio Craso Inregilense, un cónsul sufecto de nombre Tito Quincio le sustituyó y, lo mismo sucedió a Lucio Furio Camilo que fue relevado por un cónsul sufecto llamado Marco Emilio.
    Siguiendo los comentarios de Tito Livio, dos legiones romanas quedaron en Roma para proteger la ciudad, mientras que las ocho restantes fueron divididas en dos ejércitos: uno, al mando del cónsul Lucio Furio Camilo, se dirigió hacia las colinas de Alba y el otro, destinado al pretor urbano, Lucio Pinario Nata, marchó hacia las costas marítimas para impedir el desembarco de los piratas griegos.
    Las instrucciones a la tropa romana por parte del único cónsul fueron realizar correrías para mermar las posibilidades de pillaje de los galos.
    Estableció un campamento en un terreno propicio.
    Como ya había sucedido con Tito Manlio Imperioso Torcuato, otro galo retó a los romanos a un combate singular, que, previa autorización del cónsul, un tribuno militar, de nombre Marco Valerio, aceptó.
    Un cuervo, posado en el casco del romano, permaneció durante el enfrentamiento en el yelmo, sujetado por sus garras, y, cada vez que el retador se acercaba al retado, el pájaro extendía sus alas y picaba la cara y los ojos del galo, hasta tal punto que desconcertado por las arremetidas del ave, fue muerto por el tribuno militar.
    Este hito el valió el sobrenombre de su nuevo cognomen: cuervo (corvus) y fue conocido como Marco Valerio Corvo.
    Los galos, ultrajados por el resultado del duelo, empezaron un combate a la desesperada, pero los romanos no sólo los contuvieron sino que les hicieron retroceder y dispersar por el territorio de los volscos y de los faliscos y, desde allí, encaminarse a Apulia y el mar occidental.
    Acto seguido, el cónsul trasladó a la costa el ejército que unió a las tropas del pretor y recibió el encargo senatorial de elegir a un dictador.
    El dictador nombrado fue Tito Manlio Imperioso Torcuato, por 2ª vez, que designó como jefe de la caballería, magister equitum, a Aulo Cornelio Coso Arvina y procedió a celebrar las elecciones consulares.
    348 antes de Cristo o 405 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Marco Popilio Lenas, por 4ª vez, y Marco Valerio Corvo.
    Hechos destacados del año:
    El cónsul Marco Valerio Corvo fue el tribuno militar que luchó en duelo singular contra un galo el año anterior.
    Conservando aún el cargo de cónsul, Lucio Furio Camilo, no se enfrentó a los piratas griegos, que no podían desembarcar y que precisamente tampoco eran unos buenos combatientes en tierra.
    Recluidos en sus barcos, decidieron abandonar Italia ante la falta de agua y víveres y la perspectiva de una guerra larga.
    Licenciados los ejércitos, hubo paz en el exterior y concordia entre los dos órdenes en la ciudad de Roma.
    Sobrevino una epidemia, la peste, que los decenviros trataron de contrarrestar realizando un lectisternio, banquete ofrecido a los dioses, cuyas estatuas se colocaban en unas mesas situadas fuera de las casas, donde cada transeúnte, ciudadano o extranjero podía hacer uso de dicho festín.
    Colonos de Anzio reconstruyeron Sátrico, destruida por los latinos, y habitaron la ciudad.
    Cronología de otros hechos históricos:
    Cartago.
    Cinco años atrás, al concluir la guerra contra los tarquinios, cuyos aliados fueron los habitantes de Cerveteri (Caere), éstos fueron obligados a una absoluta sumisión y a un tratado de paz de una duración de cien años por Roma.
    El 2º tratado romano-cartaginés contempló que el Mediterráneo occidental quedó cerrado al comercio romano-latino (reiterándose la prohibición de penetrar al sur del cabo de Palos, en Hispania), pero libre para el tráfico con Sicilia y Cartago.
    Las ciudades latinas, sometidas a Roma, recibieron garantías de protección frente a eventuales ataques cartagineses.
    Por complejas razones políticas, entre ellas la alianza con la ciudad de Cerveteri (Caere), enemiga de Siracusa, y por hallarse inmersa en varios frentes, Roma recibió embajadores cartagineses para sellar el 2º tratado entre Roma y Cartago, potencia del norte de África.
    Este tratado se produjo porque Roma, dueña de una estimable franja costera, amenazada por Siracusa, buscó en su enemigo tradicional, Cartago, un aliado.
    Polibio narró el 2º tratado romano-cartaginés como sigue: "Deberá haber amistad entre los romanos y los aliados de los romanos y los pueblos de los cartagineses, tirios, uticenses y sus aliados bajo las siguientes condiciones: Los romanos no podrán corsear ni hacer negocios ni fundar ciudades más allá del Cabo Hermoso y de Mastia Tarseños (¿posiblemente se refirió a Cartagena?). Pero si los cartagineses conquistan en Latium una ciudad que esté sometida a los romanos, podrán quedarse con los bienes y los habitantes, pero tendrán que entregar la ciudad a los romanos. Y si cartagineses tomaran prisioneros en un pueblo con el que Roma tiene declarados tratados de paz por escrito, pero no está sometido a Roma, no podrán llevar a los prisioneros a puertos romanos. Pero si alguno es llevado allí y un romano lo toca con la mano, quedará en libertad. Pero tampoco los romanos podrán actuar de tal suerte. Si en un país que se encuentra bajo soberanía Cartaginesa un romano toma agua o provisiones para el viaje, no podrá con ayuda de las provisiones hacer mal a nadie con quien los cartagineses posean paz y amistad. Pero tampoco los cartagineses podrán actuar de tal suerte. Si a pesar de esto, eso sucede, el afectado no deberá buscar satisfacción por su propia mano. Si alguno lo hace será considerado un delito contra el Estado. Ningún romano podrá comerciar ni fundar ciudades en Cerdeña y Libia ni podrá desembarcar a excepción del tiempo necesario para aprovisionarse y reparar su navío. Si una tempestad lo ha arrojado a uno de esos lugares, deberá de volver a zarpar en un plazo de cinco días. En Sicilia, mientras esta sea zona de soberanía Cartaginesa, y en Cartago, podrá hacer y comprar todo lo que también esté permitido a un ciudadano cartaginés. Lo mismo podrán hacer los cartagineses en Roma."
    Este segundo tratado fue un calco del primero, con la inclusión de algunas nuevas ciudades.
    Por parte cartaginesa, se añadieron a la lista Tiro y Útica.
    Los principales puntos fueron los siguientes:
    a) Los romanos no pudieron comerciar ni construir en la costa norteafricana, ni en Cerdeña. Solo se les permitió repostar en caso de fuerza mayor, con una estancia limitada como máximo a cinco días, en caso de tempestad.
    b) Romanos y cartagineses se obligaron a respetar a los ciudadanos aliados de la parte contraria.
    c) Los ciudadanos romanos serían tratados igual que los cartagineses en Cartago y en la parte cartaginesa de Sicilia. Los ciudadanos cartagineses serían tratados igual que los romanos en Roma.
    d) Los cartagineses pudieron atacar ciudades independientes del Lacio para ganar prisioneros y botín, pero si conquistaban la ciudad, la debían entregar a Roma.
    Los cartagineses abrieron puertos de Hispania, Cerdeña y Libia a los mercaderes romanos.
    347 antes de Cristo o 406 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Tito Manlio Imperioso Torcuato y Cayo Plaucio Venón.
    Hechos destacados del año:
    El tipo de interés se redujo a la mitad, al 4.15 % y el pago del principal se hizo en cuatro cuotas iguales, la primera al momento y las restantes en tres años consecutivos.
    También se produjo la eliminación del servicio militar y del impuesto de guerra.
    Cronología de otros hechos históricos:
    Sicilia.
    Apolócrates, hijo de Dionisio el Joven, probablemente emprendió junto a su padre la campaña para recuperar Siracusa, pero es más creíble que quedara en Locros (Locri), al cuidado y protección de su madre y hermanas.
    También se sostiene que Apolócrates fue asesinado junto con los demás miembros de su familia a raíz de un levantamiento popular, en el que los ciudadanos de Locros (Locri) se rebelaron contra un resto de las tropas del tirano allí asentadas y así se vengaron de Dionisio el Joven, ejecutando a la esposa e hijas.
    346 antes de Cristo o 407 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Cayo Petelio Libón Visolo, y Marco Valerio Corvo, por 2ªvez.
    Hechos destacados del año:
    Corrió la noticia de que mensajeros de Anzio pregonaban la guerra por distritos latinos.
    El cónsul, Marco Valerio Corvo, marchó con su ejército hacia Sátrico.
    Anciates y volscos esperaron la llegada de los romanos.
    Los volscos fueron completamente derrotados por el cónsul y huyeron a Sátrico.
    Cuando la ciudad de Sátrico estuvo siendo asaltada por los romanos, cuatro mil volscos y un número considerable de civiles rindieron la plaza.
    La ciudad fue quemada y saqueada y el botín entregado a los soldados.
    El cónsul Marco Valerio Corvo recibió el triunfo y llevó encadenados delante de su carro triunfal los cuatro mil prisioneros volscos.
    Sin embargo la cantidad de dinero que ingresó en el erario público se debió, no a la venta de estos prisioneros, sino a esclavos que había capturado en Sátrico, porque otros autores consideran que los hombres que se rendían no era probable venderlos como esclavos.
    Cronología de otros hechos históricos:
    Sicilia.
    Es poco probable que Apolócrates, que había pasado los últimos años como el futuro heredero, al lado de su padre Dionisio el Joven, en Locros (Locri), en la península italiana, la ciudad natal de su abuela Doris, en la que su padre había instaurado una tiranía autocrática, acompañara a su padre a Siracusa.
    El destino de Apolócrates en ese momento es incierto.
    Sin embargo, para recuperar el control de Siracusa, Dionisio el Joven regresó a esta ciudad, ocho años después del asesinato de Dion, el filósofo, su tío, y tras diez años de ausencia.
    Luego, Dionisio el Joven vengó el asesinato de su familia al permitir que su ejército arrasara a los rebeldes de Locros (Locri), pero fue siempre impopular entre los siracusanos.
    345 antes de Cristo o 408 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Servio Sulpicio Camerino Rufo y Marco Fabio Dorsón.
    Es nombrado dictador Lucio Furio Camilo, por 2ª vez.
    Es designado jefe de la caballería, magister equitum, Cneo Manlio Capitolino Imperioso.
    Hechos destacados del año:
    Los auruncos tomaron las armas.
    Los romanos sospecharon que los auruncos estaban respaldados por ciudades de toda la Liga Latina.
    El Senado nombró dictador a Lucio Furio Camilo, que designó como jefe de la caballería, magister equitum, a Cneo Manlio Capitolino Imperioso.
    Tras un rápido alistamiento, el ejército marchó contra los auruncos al mando del dictador, que derrotó en un solo combate al enemigo y volvió a Roma, donde renunció a la dictadura.
    Los cónsules comandaron el ejército del dictador en la guerra contra los volscos y capturaron intrépidamente la ciudad de Sora.
    344 antes de Cristo o 409 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Tito Manlio Imperioso Torcuato, por 2ª vez, y Cayo Marcio Rútilo, por 3ª vez.
    Es nombrado dictador Publio Valerio Publícola.
    Es designado jefe de la caballería, magister equitum, Quinto Fabio Ambusto.
    Hechos destacados del año:
    Como aconteció que la noche no daba paso al día, este suceso sobrenatural aterrorizó a los ciudadanos, y, consultados los libros sibilinos, el Senado nombró dictador a Publio Valerio Publícola, que designó como jefe de la caballería, magister equitum, a Quinto Fabio Ambusto, para dirigir las acciones rituales sobre el fenómeno durante ciertos días destinados.
    Hicieron partícipes en las oraciones públicas estimadas a las tribus y a las poblaciones vecinas.
    Por otra parte, los ediles procesaron a prestamistas y el pueblo aprobó fuertes penas contra ellos, por lo que todo ello derivó en la implantación de un interregno.
    La creación del interregno concluyó con la celebración de elecciones consulares que reportaron dos cónsules patricios, fin por el que se instauró aquél.
    Cronología de otros hechos históricos:
    Sicilia.
    En los años precedentes, muchas otras ciudades de Sicilia se habían separado de Siracusa formando tiranías locales.
    Varias de esas ciudades se negaron a reconocer a Dionisio el Joven, y se unieron a los siracusanos en un alzamiento contra él.
    Al ser reconocido como el campeón de Grecia en contra de Cartago y, durante la asamblea popular, Timoleón el corintio fue elegido por unanimidad para llevar a cabo una misión, navegando hacia Sicilia junto con algunos de los ciudadanos más prominentes de Corinto y una pequeña tropa de mercenarios griegos.
    Eludió a un escuadrón cartaginés y desembarcó en Tauromenium (la actual Taormina), donde encontró una cálida recepción.
    Hicetas, tirano de Leontino, era el gobernante de Siracusa, con la excepción de la isla de Ortigia, que estaba ocupada por Dionisio el Joven.
    Hicetas fue derrotado en la batalla de Adrano y debió retirarse a Siracusa.
    Hicetas por la falta de triunfos despertó sospechas en sus aliados cartagineses que lo abandonaron a su suerte, sitiado en Leontino, ciudad que rindió. Timoleón se convirtió en amo de Siracusa
    El corintio Timoleón, con su fuerza expedicionaria, asedió Ortigia.
    Dionisio el Joven fue asediado una vez más dentro de la ciudadela de Ortigia y, sabiendo que no tenía posibilidad de victoria, organizó la rendición de la ciudadela.
    El tirano Dionisio el Joven fue depuesto y, para el asombro de sus contemporáneos, como un ciudadano modesto, marchó al exilio, a Corinto, donde vivió privadamente hasta su muerte, un año después, en un estado cada vez más miserable.
    La tiranía dionisiana tuvo una inusual caída y nunca fue popular.
    Timoleón se convirtió en amo de Siracusa.
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  • A030 Roma, Historia Eterna - República XVI (392-400 a.u.c.)
    ROMA
    Período republicano (509 antes de Cristo o 244 ab urbe condita,
    Al 27 antes de Cristo o 726 ab urbe condita).
    Etapa de 361 antes de Cristo o 392 ab urbe condita,
    al 353 antes de Cristo o 400 ab urbe condita.
    La República oligárquica
    De las luchas sociales y la política exterior.
    361 antes de Cristo o 392 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Cayo Licinio Estolón y Cayo Sulpicio Pético, por 2ª vez.
    Es nombrado dictador Tito Quincio Penno Capitolino Crispino.
    Es designado jefe de la caballería, magister equitum, Servio Cornelio Maluginense.
    Hechos destacados del año:
    Uno de los dos cónsules fue Cayo Licinio Estolón, el coautor de las leyes licinio-sextias.
    Ambos cónsules marcharon contra los hérnicos, a los que no encontraron para entablar batalla.
    Cayo Licinio Estolón y Cayo Sulpicio Pético tomaron la ciudad de Ferentino (Ferentinum).
    Cerca de Tívoli (antigua Tibur), los tiburtinos cerraron las puertas de la ciudad a los romanos.
    La inminente guerra contra los galos precipitó el nombramiento de Tito Quincio Penno Capitolino Crispino como dictador, que eligió como jefe de la caballería, magister equitum, a Servio Cornelio Maluginense, y dispuso un alistamiento.
    Los galos estaban acampados a tan solo cuatro kilómetros de la ciudad cerca del puente del río Anio.
    El ejército romano también se estacionó junto al puente del río Anio.
    Después de algunas escaramuzas sin encontrarse por ambos bandos un desenlace favorable, un fornido galo retó a los romanos a un combate singular, que decidiese la victoria.
    Tito Manlio Imperioso Torcuato se ofreció como voluntario, aceptó el desafío, venció al galo, del que tomó su collar (torques), y se lo colocó en su cuello.
    Este acto le valió el sobrenombre de "Torcuato", que significa: adornado con torques, cuya familia enseñoreó generación tras generación.
    Los galos intimidados dejaron el campamento y se acercaron a Tívoli (Tibur), donde se aliaron con los tiburtinos, quienes les gratificaron con víveres para que pudiesen continuar su marcha hacia la Campania.
    360 antes de Cristo o 393 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Cayo Petelio Libón Visolo y Marco Fabio Ambusto.
    Es nombrado dictador Quinto Servilio Ahala.
    Es designado jefe de la caballería, magister equitum, Tito Quincio Penno Capitolino Crispino.
    Hechos destacados del año:
    Echada a suertes la dirección de la guerra, al cónsul, Cayo Petelio Libón Visolo, le tocó ir contra los tiburtinos y al otro cónsul, Marco Fabio Ambusto contra los hérnicos.
    La vuelta repentina de los galos, venidos de la Campania, dio prontitud al Senado para nombrar dictador a Quinto Servilio Ahala, que designó como jefe de la caballería, magister equitum, a Tito Quincio Penno Capitolino Crispino.
    El alistamiento ordenado por el dictador cayó en los reclutas más jóvenes.
    El dictador, junto con el cónsul Cayo Petelio Libón Visolo, se enfrentó a los galos no muy lejos de la puerta Colina y, después de una terrible matanza entre ambos contendientes, forzó a los enemigos a retirarse hasta Tívoli, donde se guarecieron.
    El éxito fue tanto para el dictador como para el cónsul.
    El cónsul Marco Fabio Ambusto machacó a los hérnicos después de varios enfrentamientos.
    Tras estos honorables desenlaces de la guerra, el dictador cesó en su cargo, mientras que el cónsul, Cayo Petelio Libón Visolo, celebró un doble triunfo sobre galos y tiburtinos y su colega, Marco Fabio Ambusto, recibió una ovación.
    Cronología de otros hechos históricos:
    Sicilia.
    Dionisio el Joven fue informado de las pretensiones de los filósofos, como su tío-abuelo Dion, al que mandó al exilio y vendió sus posesiones.
    Expulsado Dion, Dionisio el Joven gobernó plenamente, pero fue muy impopular entre las personas que administró y los soldados que dirigió.
    359 antes de Cristo o 394 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Cneo Manlio Capitolino Imperioso y Marco Popilio Lenas.
    Hechos destacados del año:
    Un ejército tiburtino llegó a las puertas de Roma al anochecer.
    Desde las murallas los cónsules romanos sondearon el pequeño número de sitiadores tiburtinos.
    Luego dividieron el ejército y salieron por dos lugares diferentes de la ciudad y pusieron en fuga a los enemigos.
    Posteriormente, los tarquinios efectuaron correrías en los distritos rurales romanos, cerca de la frontera con Etruria.
    Este hecho fue repudiado por el Senado y pidió una indemnización por los daños, pero los tarquinios se negaron a pagar la damnificación.
    358 antes de Cristo o 395 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Cayo Plaucio Próculo y Cayo Fabio Ambusto.
    Es nombrado dictador Cayo Sulpicio Pético.
    Es designado jefe de la caballería, magister equitum, Marco Valerio Publícola.
    Hechos destacados del año:
    Según la tradición, Roma obligó a los latinos federados, a excepción de Tibur y Praeneste, sus más poderosos enemigos, a la renovación del tratado entre romanos, latinos y hérnicos ante la amenaza gala o celta.
    La restauración de la alianza latina encaminó a Roma hacia una gradual hegemonía sobre el resto de las ciudades confederadas.
    Con esta tregua, Roma pudo dedicarse a contrarrestar el poder de las ciudades de su frontera norte.
    Entró en guerra contra Tarquinia, ciudad etrusca que fue apoyada por Faleria y la vieja aliada Cerveteri (Caere), levantándose en armas.
    Sin embargo, el resto de las ciudades etruscas se abstuvieron de declarar la guerra a Roma.
    Como a finales del año anterior los tarquinios saquearon la frontera norte del territorio romano y no pagaron una indemnización por los daños causados, que el Senado romano les impuso por sus atropellos, la Curia romana encargó al cónsul Cayo Fabio Ambusto la campaña contra estos rebeldes.
    La otra campaña contra los hérnicos fue adjudicadaa al cónsul, Cayo Plaucio Próculo.
    Cabe reseñar que el tratado referido anteriormente con los latinos conllevó entregar a las legiones romanas un cuantioso contingente de soldados que favoreció la defensa contra la latente hostilidad de los galos, que invadieron poco antes el territorio de Palestrina (Praeneste), y, desde allí, se establecieron cerca de Pedum.
    El Senado ordenó al cónsul Cayo Plaucio Próculo que regresara a Roma y nombró dictador a Cayo Sulpicio Pético, que designó como jefe de la caballería, magister equitum, a Marco Valerio Publícola.
    El dictador escogió dentro de los dos ejércitos consulares a las mejores tropas, que las condujo a un campamento que fortificó minuciosamente.
    Decidió retrasar cualquier combate o escaramuza contra los galos con la intención de prolongar la inactividad del enemigo.
    Como los galos estaban acuciados por obtener pronto una victoria, ya que necesitaban víveres para sostener en pie de guerra a su ejército, el dictador dictó causar crueles castigos a todo soldado que se lanzase al campo enemigo o que desobedeciera sus órdenes.
    La impaciencia se apoderó del valor de los legionarios, que maldecían a los senadores por haber delegado el mando de la guerra al dictador y denegado a los cónsules.
    Por el campamento romano cundieron los rumores de los soldados de desobedecer al dictador o de marchar todos a Roma.
    Una improvisada asamblea de legionarios eligió como portavoz a un centurión primipilo, o sea; un respetado centurión de la primera centuria del primer manípulo de la primera cohorte de una legión; honor que recibía un soldado por su veteranía, para que informase de sus cuitas al dictador, Cayo Sulpicio Pético.
    El dictador escuchó al centurión y, privadamente, atendió el ruego encarecido del portavoz que, no habiendo olvidado la disciplina militar ni el respeto debido a su mando superior, aconsejaba preparar a los hombres para el combate.
    Sin más dilación, al día siguiente, el dictador Cayo Sulpicio Pético colocó las líneas de su ejército en una llanura.
    Los galos se precipitaron ansiosos al combate y dirigieron sus mayores esfuerzos contra el ala derecha del ejército romano, pero el dictador consiguió reforzar el ala afectada.
    Cuando la caballería romana se dirigió hacia el campamento galo, el enemigo comprendió que la maniobra de los jinetes romanos cortaba el único camino para una posible retirada.
    Los galos abandonaron la lucha y corrieron en desorden hacia el campamento, pero Marco Valerio Publícola, el magister equitum, interceptó el paso de los asustados adversarios, masacró a muchos y les puso en fuga.
    Cayo Sulpicio Pético celebró un triunfo tan merecido como lo fue el de Marco Furio Camilo contra los mismos enemigos galos, dedicó una considerable cantidad de oro, tomada a aquellos, al templo del Capitolio y prometió unos juegos.
    Por otra parte, los hérnicos fueron derrotados por el cónsul Cayo Plaucio Próculo, mientras que el cónsul Cayo Fabio Ambusto fue humillado con su derrota por los tarquinios, que sacrificaron a trescientos prisioneros de guerra.
    Para colmo de desgracias, hubo una repentina incursión de saqueo de los priverneses, habitantes de la ciudad de Privernum, seguida de otra por parte de los veliternenses, habitantes de la ciudad de Velitrae.
    El Senado dio luz verde a la propuesta del tribuno de la plebe, Cayo Petilio Libón Visolo, sobre los sobornos en las elecciones, la primera ley contra la corrupción.
    357 antes de Cristo o 396 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Cneo Manlio Capitolino Imperioso, por 2ª vez, y Cayo Marcio Rútilo.
    Hechos destacados del año:
    Dos nuevas tribus: la Pomptina y la Publilia fueron creadas.
    Aplaudida por los patricios, la ley propuesta por los tribunos de la plebe, Marco Duilio y Cneo Manlio, estableció fijar el tipo de interés al 8,33 % y fue aprobada con entusiasmo por la plebe.
    También fue tribuno de la plebe Lucio Menenio.
    El cónsul Cayo Marcio Rútilo marchó hacia Privernum.
    Durante el trayecto, capturó un botín que repartió entre sus soldados y asaltó el campamento de los privernenses, que derrotó y persiguió hasta su ciudad, plaza que se rindió.
    También el cónsul Cayo Marcio Rútilo celebró un triunfo por su victoria.
    Los faliscos fueron acusados de participar en la guerra contra Roma, porque habían apoyado a los tarquinios, y, cuando fueron reclamados por el Senado romano a los dirigentes de la ciudad para que fuesen entregados, éstos rehusaron obedecer la petición romana y les dejaron refugiarse en Tarquinia.
    El otro cónsul, Cneo Manlio Capitolino Imperioso, fue el encargado de realizar la campaña contra los tarquinios, pero se ciñó a aprobar por tribus una ley sobre la manumisión de esclavos en el propio campamento militar, gravando dicha manumisión un cinco por ciento de su valor.
    Cabe reseñar que la manumisión de un esclavo, donde obtenía su libertad, daba paso a la relación entre amo y esclavo a otra entre patrono y cliente.
    La medida aprobada sirvió de impuesto que redundaba en un beneficio para el Erario público, norma que el Senado legalizó.
    Evidentemente los tribunos de la plebe denunciaron que la convocatoria de la asamblea fue improcedente, porque fue efectuada fuera de su lugar habitual de reunión y porque la aprobación de la rogativa fue realizada por hombres atados a un juramento de obediencia militar.
    Probablemente Marco Popilio Lenas, ejerciendo funciones de edil, juzgó por transgredir la ley agraria a Cayo Licinio Estolón, ley propuesta por el mismo juzgado.
    Cayo Licinio Estolón y su hijo ocuparon mil yugadas de tierra, el doble de lo permitido, y lo emancipó para poder eludir el peso de la ley, pero fue condenado a pagar una multa de 10.000 ases o 1.000 denarios.
    Cronología de otros hechos históricos:
    Sicilia.
    El filósofo Dion, tío de Dionisio el Joven, apoyado por Esparta y otras ciudades griegas, reconstruyó una flota pequeña en Zante y regresó a Sicilia.
    356 antes de Cristo o 397 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Marco Popilio Lenas, por 2ª vez, y Marco Fabio Ambusto, por 2ª vez.
    Es nombrado dictador Cayo Marcio Rútilo.
    Es designado jefe de la caballería, magister equitum, Cayo Plaucio Próculo
    Hechos destacados del año:
    El cónsul Marco Popilio Lenas encerró a los tiburtinos en su ciudad y devastó sus campos.
    El cónsul Marco Fabio Ambusto luchó contra los faliscos y los tarquinios, pero no pudo evitar que tanto faliscos como tarquinios rebelaran a toda la Etruria, y, juntos, marcharon hacia la ciudad de Salina.
    Este levantamiento etrusco, dirigido por faliscos y tarquinios provocó el nombramiento de un nuevo dictador.
    Accedió por primera vez a la magistratura de dictador la capa superior de la plebe, siendo el primer dictador plebeyo, Cayo Marcio Rútilo, que designó como jefe de la caballería, magister equitum, Cayo Plaucio Próculo.
    Los patricios mostraron el desacuerdo con la elección de un plebeyo como dictador e intentaron boicotear cualquier decreto o medida que facilitara el mando militar del dictador plebeyo, pero la plebe se prestó a apoyar toda decisión que tomase el mencionado dictador.
    El dictador plebeyo, Cayo Marcio Rútilo, obtuvo varios éxitos sobre las fuerzas aliadas etruscas, privernensas, faliscas y tarquinias en la desembocadura del Tíber, esclavizando a ocho mil prisioneros.
    Estas ciudades derrotadas obtuvieron la renovación del tratado de paz y retomaron las buenas relaciones con Roma que duraran unos sesenta años.
    El pueblo le otorgó un triunfo, pero el Senado no lo confirmó.
    Como el cónsul patricio Marco Fabio Ambusto continuaba enfrascado en la guerra, el Senado abortó la celebración de elecciones porque no quería dejarla en manos de un dictador plebeyo, Cayo Marcio Rútilo, y de un cónsul también plebeyo, Marco Popilio Lenas.
    Hubo un interregno dirigido por ocho interreyes que siguió este orden: Quinto Servilio Ahala, Marco Fabio Ambusto, Cneo Manlio Capitolino Imperioso, Cayo Fabio Ambusto, Cayo Sulpicio Pético, Lucio Emilio Mamercino, Quinto Servilio Ahala, nuevamente, y Marco Fabio Ambusto, también una vez más.
    Durante el segundo interregno, cuyo interrex fue Marco Fabio Ambusto, se produjo la elección de dos cónsules pertenecientes al orden patricio.
    La ley Licinio-Sextia sobre la elección de un cónsul plebeyo se incumplió y los tribunos de la plebe protestaron imponiendo su veto, pero el interrex aludido se acogió para validar la decisión electoral a las leyes de las Doce Tablas, que determinan que lo que el pueblo disponga siempre tendrá fuerza de ley.
    Cronología de otros hechos históricos:
    Sicilia.
    El ejército de Dion el filósofo, tío de Dionisio el Joven, aprovechando que éste se encontraba en Caulonia, consiguió bloquear la ciudadela de Ortigia y tomar fácilmente, a continuación, la ciudad.
    Dionisio el Joven intentó varios ataques desde la ciudadela de Ortigia, que resultaron infructuosos, y entabló negociaciones de paz.
    La paz no llegó y tuvo que dejar una guarnición en la ciudadela de Ortigia al mando de su hijo Apolócrates, y se vio obligando a exiliarse a la ciudad de Locros (Locri).
    355 antes de Cristo o 398 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Marco Valerio Publícola y Cayo Sulpicio Pético, por 3ª vez.
    Hechos destacados del año:
    A pesar del veto de los tribunos de la plebe contra la elección de los nuevos cónsules, fueron elegidos los dos patricios mencionados, tomando posesión de su cargo el mismo día de su nominación.
    Cabe reseñar que durante los primeros años que siguieron a la publicación de las precitadas leyes Licinio-Sextias, los Fasti consulares (que no son más que las listas que contienen los nombres de los cónsules habidos en la historia de la República y del Imperio romanos) mencionan, junto a un cónsul patricio, a otro de origen plebeyo.
    Después de haber transcurrido doce años desde la implantación de las leyes Licinio-Sextias, a partir del 355 antes de Cristo o 398 ab urbe condita y hasta el 343 antes de Cristo o 410 ab urbe condita, se dejó de cumplir la norma escrita en las citadas leyes, que especificaba que en cada consulado uno de sus miembros debía pertenecer al orden plebeyo.
    Ningún miembro de las familias plebeyas (singularmente, de los Sextios, Licinios y Genucios) quedaron recogidos en tales listas.
    La toma de la ciudad de Empolo a los tiburtinos, no desvió la preocupación de los cónsules que maquinaron entregar el consulado, por honor y lealtad hacia su orden social, a dos patricios y, si esta premisa no lograba alcanzar su propósito, renunciar al cargo consular si pasaba a manos plebeyas.
    La plebe protestó porque su orden no gobernaba alternativamente como había sido dispuesto, sino que estaba supeditado a la autoridad perpetua del otro, que mantenía la creencia de sentirse superior, como un amo respecto de un esclavo.
    Las nuevas elecciones produjeron disturbios y la plebe, derrotada por la perseverancia de los cónsules, planteó abandonar la ciudad difundiendo que había sido esclavizada por la tiranía del patriciado.
    A pesar de todo, los cónsules y un reducido número de votantes procedieron a la designación de los nuevos magistrados consulares.
    Cronología de otros hechos históricos:
    Apolócrates, hijo de Dionisio el Joven, gobernó en nombre de su padre el castillo asediado de Ortigia, una isla frente a Siracusa.
    Su tío-abuelo, Dion el filósofo, mantuvo el asedio de la fortaleza con sus fuerzas invasoras.
    Poco después la ciudadela de Ortigia, a causa del hambre, rindió la fortaleza.
    Apolócrates marchó al lado de su padre en Locros (Locri) en la península italiana, la ciudad natal de su abuela Doris, en la que su padre, Dionisio el Joven, después de su expulsión de Siracusa, instauró una tiranía autocrática.
    354 antes de Cristo o 399 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Marco Fabio Ambusto, por 3ª vez, y Tito Quincio Penno Capitolino Crispino, que fue sustituido como cónsul sufecto por Marco Popilio Lenas, por 2ª vez.
    Hechos destacados del año:
    Los dos cónsules electos fueron patricios una vez más.
    El cónsul, Marco Fabio Ambusto, a pesar de que fue derrotado por los tarquinios, venció a hérnicos, faliscos y tiburtinos, recibiendo por ello un triunfo.
    Las victorias romanas forzaron a los samnitas a solicitar una liga de amistad, que concluyó con un tratado de alianza.
    Roma, para reafirmar su poderío frente a la Liga Latina, antigua alianza de socii o socios latinos liderada por ella, firmó esta nueva alianza con los samnitas.
    Los samnitas, habitantes del sudeste del Lacio, fueron uno de los pueblos que habitaron las inhóspitas alturas del Apenino.
    Conformaron una nación tosca y muy dividida, que procedían de los latinos, del grupo de pueblos sibilinos, cuya confederación, formada por los carecinos, pentros, caudinos e hirpinos, aspiraron a controlar la totalidad de la llanura de Campania.
    Su cultura no fue muy elevada pero se distinguieron por su valor bélico.
    Mientras los romanos avanzaron en el Lacio, los samnitas fueron conquistando el sudeste de la península.
    Ocuparon Lucania, Bruttium, y principalmente la fertilicísima Campania: Capua, Cumas y Posidonia.
    La conquista de estas colonias avanzadas nunca fue lo suficientemente fuerte como para permanecer en una unidad férrea.
    Estas colonias poco a poco fueron despegándose, sobre todo las de la Campania, donde la cultura griega y etrusca habían arraigado hasta tal punto que convirtió a los salvajes hijos de las montañas que habían inmigrado a esta comarca en una nueva y distinta nación.
    Por esta causa, los samnitas de la montaña llegaron a considerarlos como enemigos y a mirar con envidia las tierras fructíferas que habitaron.
    No se sabe con certeza si la alianza entre romanos y samnitas se debió porque los romanos, apurados por las frecuentes invasiones galas se acordaron de sus belicosos vecinos, o bien porque la tendencia expansiva común a las dos naciones los decidió unirse.
    Lo que ocurrió fue que concertaron una alianza frente a los galos y a los pueblos vecinos (volscos, auruncos y campanios) que amenazaban con levantamientos.
    Los romanos sometieron entonces a los volscos y a los auruncos, que vivían al sur de los primeros, tras varias campañas relatadas en años pasados, mientras que los samnitas vencerán a los sidicinos, sus fronterizos, pocos años después.
    Los más desfavorecidos de la plebe romana, incapaces de pagar sus deudas, estaban entregando su persona a los acreedores y, ajenos a los avatares políticos, dejaron las manos libres al patriciado para que siguiera ocupando los dos cargos colegiados consulares solo por patricios.
    Cronología de otros hechos históricos:
    Sicilia.
    La incompetencia del nuevo líder de Siracusa, Dion, el filósofo, y las crueldades de Apolócrates, el hijo de Dionisio el Joven, sufridas por el pueblo de Ortigia durante su efímero mandato, condujeron pronto a la destitución del primero.
    Cuando se hizo amo de Sicilia, el pueblo empezó a expresar su descontento por su tiránica conducta y fue asesinado por Calipo, un ateniense que lo había acompañado en su expedición tres años atrás.
    353 antes de Cristo o 400 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Marco Valerio Publícola, por 2ª vez, y Cayo Sulpicio Pético, por 4ª vez.
    Es nombrado dictador Tito Manlio Imperioso Torcuato.
    Es designado jefe de la caballería, magister equitum, Aulo Cornelio Coso Arvina.
    Hechos destacados del año:
    Dos años después del consulado compartido, Marco Valerio Publícola y Cayo Sulpicio Pético coincidieron nuevamente como colegas consulares.
    Hubo un alistamiento para surtir de tropas al ejército porque dos nuevas guerras comenzaron.
    El pueblo de Cerveteri (Caere), unido a los tarquinios, se levantó en armas contra Roma.
    El cónsul Cayo Sulpicio Pético se encargó de la guerra etrusca.
    El cónsul Marco Valerio Publícola dirigió la guerra contra los volscos, estableciendo su campamento militar cerca de la ciudad de Túsculo.
    Este cónsul fue reclamado por el Senado, que le ordenó nombrar a un dictador.
    El dictador nombrado fue Tito Manlio Imperioso Torcuato, el hijo de Lucio Manlio Capitolino Imperioso, que designó como jefe de la caballería, magister equitum, a Aulo Cornelio Coso Arvina.
    Con el ejército del cónsul Marco Valerio Publícola, el dictador marchó hacia Cerveteri (Caere).
    Los habitantes de la ciudad de Cerveteri (Caere) urgieron enviar una embajada a Roma con la condición de pedir la paz y saldar su ofensa, acusando a los tarquinios como los instigadores de la revuelta contra Roma.
    Cerveteri (Caere) fue obligada a una sumisión completa y a firmar una paz de cien años, que dos años más tarde también acordarán sus aliados.
    Se convino sellar la paz y castigar a los faliscos, implicados en esta guerra, pero, al no entablarse ninguna batalla en campo abierto, su territorio fue arrasado totalmente.
    Como el dictador barajaba la posibilidad de abolir el consulado antes que compartirlo entre patricios y plebeyos y como los tribunos de la plebe defendían el acceso al consulado con arreglo a la Ley Licinio-Sextia, las elecciones se pospusieron.
    El dictador, ante tal circunstancia, renunció a la magistratura, creándose un interregno.
    Los interreyes no celebraron tampoco elecciones escudándose en la actitud hostil de la plebe, acuciada más por la carga de las deudas que por la preocupante situación política, mientras que los tribunos de la plebe reclamaban una y otra vez cumplir el mandato de la ley Licinio-Sextia.
    El Senado, intranquilo por la evolución de los acontecimientos, ordenó al undécimo interrex, Lucio Cornelio Escipión, que oficiara la consulta consular de acuerdo con la ley Licinio-Sextia.
    Finalmente el consulado estuvo formado por un cónsul patricio y otro plebeyo, cuyos miembros ejercerán su magistratura el año próximo.
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