En 1999, una analista de Morgan Stanley llamada Mary Meeker publicó un informe de cuatrocientas páginas sobre Internet. Wall Street lo devoró como si fuera el evangelio. Las valoraciones de las puntocom se dispararon hasta niveles que desafiaban cualquier métrica conocida. Meeker fue coronada como la "Reina de la Red". Dos años después, el Nasdaq había perdido el setenta y ocho por ciento de su valor y aquellas cuatrocientas páginas servían principalmente para calzar mesas tambaleantes.
Pero aquí viene lo interesante: Meeker no estaba equivocada. Simplemente acertó demasido pronto.
Todo lo que predijo sobre Internet acabó cumpliéndose. El comercio electrónico transformó el retail. La publicidad digital pulverizó a los medios tradicionales. Las redes sociales reorganizaron la comunicación humana. Amazon, que cotizaba a seis dólares en el punto más bajo del colapso, hoy supera los doscientos. El problema nunca fue la tesis. El problema fue el timing y, sobre todo, los vehículos elegidos para apostar por ella.
Esta semana, mientras preparaba el nuevo episodio de Actualidad Semanal +D, no podía dejar de pensar en Mary Meeker. Porque estamos viviendo un momento extrañamente similar, con una diferencia crucial que cambia todo el tablero de juego.
Hay un sector que está siendo masacrado en bolsa mientras el mercado general sube. Es una divergencia que solo ha ocurrido veintiocho veces desde 2001, y tres de esas veintiocho han sido en los últimos tres días. Hay un metal precioso que los minoristas de Reddit adoran pero del que los profesionales están huyendo como de un edificio en llamas. Hay una racha en un índice que no veíamos desde 2008. Y hay una investigación criminal sin precedentes que podría redefinir cómo funciona la política monetaria en la mayor economía del mundo.
No voy a contarte aquí quiénes son los ganadores y quiénes los perdedores. No voy a revelarte qué sectores están siendo devorados ni cuáles están festejando sobre sus tumbas. Eso sería hacerte un flaco favor, porque los detalles importan y los matices son los que separan las buenas decisiones de inversión de las catastróficas.
Lo que sí te diré es esto: Mary Meeker cometió un error que muchos están repitiendo ahora mismo. No fue creer en la transformación tecnológica. Fue no distinguir entre los que construyen los cimientos y los que simplemente alquilan espacio en ellos.
En el episodio de esta semana desentraño exactamente eso. Con nombres. Con números. Con las citas textuales de los analistas que están moviendo miles de millones basándose en una tesis que, si resulta correcta, dejará el crash de las puntocom como un mero ensayo general.
El futuro no es lo que era. Y algunos ya lo saben.