Vosotros eráis muy jóvenes, pero hubo un dían en que Cisco Systems valía más que cualquier otra empresa del planeta. Sus routers conectaban internet, y Wall Street estaba convencida de que la demanda de infraestructura de red sería infinita. El CEO, John Chambers, firmó contratos de suministro por miles de millones anticipando un crecimiento del 50% anual. Los analistas aplaudían. Los inversores se peleaban por entrar.
Dieciocho meses después, Cisco tuvo que provisionar 2.200 millones de dólares en inventario que nadie quería. La acción cayó un 86%. No porque la tecnología fuera mala (plot twist Internet acabó cambiando el mundo), sino porque la velocidad a la que se comprometió el capital no coincidió con la velocidad a la que llegó la demanda.
Aquí está lo que nadie cuenta de esa historia: el problema nunca fue la visión. Fue el timing del compromiso.
Chambers no estaba equivocado sobre el futuro. Estaba equivocado sobre el calendario. Y la diferencia entre tener razón sobre el qué y equivocarse sobre el cuándo ha destruido más fortunas que cualquier crisis financiera.
Lo fascinante es que esta distinción se repite cíclicamente, casi con precisión matemática. Cada generación tecnológica produce su propia versión del mismo error: confundir la inevitabilidad de una revolución con la inmediatez de sus retornos. Ocurrió con los ferrocarriles en 1840, con la radio en 1920, con los semiconductores en los 70, con internet en 2000.
Y está ocurriendo ahora mismo.
Esta semana hemos visto algo que no se veía desde aquellos días de Cisco: una empresa que bate récords históricos de ingresos y beneficios y aun así cae en bolsa. Otra que despide al 40% de su plantilla y sube un 22%. Un presidente que declara la guerra a una startup de IA. Un mercado de crédito que no quiere financiar ni a los que la inteligencia artificial amenaza ni a los que la construyen.
Y un inversor legendario que acaba de trazar, en público, exactamente la misma comparación con Cisco que os acabo de contar.
¿Tiene razón esta vez? ¿O es la versión de 2026 del que gritó "burbuja" en 1997, tres años antes de que realmente estallara, tiempo suficiente para que los que le hicieron caso se arruinaran por llegar demasiado pronto?
Todo eso lo diseccionamos en el nuevo episodio de Actualidad Semanal +D. Media hora. Sin rodeos. Con nombres y cifras.