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Hace casi cincuenta años, en 1965, la paleontóloga polaca Zofia Kielan-Jaworowska descubrió en el “valle de los dragones” del desierto del Gobi los restos de un dinosurio sorprendente. Sus brazos medían casi dos metros y medio de largo y terminaban en garras de 30 cm de longitud. Los brazos eran lo único que quedaba de él, el resto había que imaginarlo. Así nació para la ciencia nueva especie, Deinocheirus mirificus, que significa “mano terrible peculiar”. Sin cabeza ni pies, el aspecto del dinosaurio fue un misterio hasta que, el 16 de agosto de 2009, un equipo de paleontólogos de Corea, Mongolia, Canadá y Japón descubrió en el yacimiento de Bugiin Tsav, también en el valle de los dragones, nuevos restos. Hoy les invitamos a escuchar la historia.
By cienciaes.com5
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Hace casi cincuenta años, en 1965, la paleontóloga polaca Zofia Kielan-Jaworowska descubrió en el “valle de los dragones” del desierto del Gobi los restos de un dinosurio sorprendente. Sus brazos medían casi dos metros y medio de largo y terminaban en garras de 30 cm de longitud. Los brazos eran lo único que quedaba de él, el resto había que imaginarlo. Así nació para la ciencia nueva especie, Deinocheirus mirificus, que significa “mano terrible peculiar”. Sin cabeza ni pies, el aspecto del dinosaurio fue un misterio hasta que, el 16 de agosto de 2009, un equipo de paleontólogos de Corea, Mongolia, Canadá y Japón descubrió en el yacimiento de Bugiin Tsav, también en el valle de los dragones, nuevos restos. Hoy les invitamos a escuchar la historia.

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