Hoy hablo con Nelson Salcedo sobre el brandbook: qué es, para qué sirve, por qué no es solo un manual de logotipo y cuándo tiene sentido invertir en uno.
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En este episodio vuelve Nelson para ayudarme a entender mejor el mundo de la identidad corporativa. Y lo hago hablando del brandbook, una herramienta que muchas empresas asocian únicamente a colores, tipografías y logotipos, pero que en realidad puede tener mucho más recorrido.
Lo primero que aclaro es que un brandbook no debería empezar por el diseño visual. Antes de decidir colores, versiones de logo o aplicaciones gráficas, hace falta saber qué quiero transmitir, cómo me quiero posicionar y qué valores debe representar la marca.
Por eso Nelson insiste en la parte estratégica: análisis interno, objetivos de comunicación, cultura corporativa, valores, público, fortalezas, debilidades, amenazas y oportunidades. Es decir, marketing puro antes de entrar en lo visual.
A partir de ahí, el brandbook ayuda a poner orden. Define cómo debe aplicarse la marca en distintos contextos, qué usos son correctos, qué usos deben evitarse y cómo mantener una imagen coherente en web, tarjetas, documentos, anuncios, redes sociales, rotulación, presentaciones o cualquier otro punto de contacto.
Esto es especialmente importante cuando una empresa crece. Si cada departamento, proveedor o colaborador interpreta la marca a su manera, la comunicación se fragmenta. El brandbook funciona como un punto de referencia común para que todo el mundo hable el mismo idioma visual y comunicativo.
Pero también comento que no es algo exclusivo de grandes empresas. Una pyme, una startup o incluso un profesional independiente pueden beneficiarse de tener unas directrices claras. De hecho, cuanto antes se ordena la identidad, menos incoherencias se acumulan después.
En la conversación veo ejemplos muy habituales: un logo hecho por un amigo, una web con unos colores, anuncios en revistas con otra tipografía, documentos comerciales sin criterio común y materiales que no parecen pertenecer a la misma marca. El brandbook evita precisamente ese caos.
También os hablo de soportes y formatos. No basta con tener un logo en baja resolución. Hay que pensar en versiones para web, impresión, retina, documentos, rotulación, presentaciones y nuevos canales que van apareciendo. La marca debe poder adaptarse sin perder coherencia.
Finalmente toco el tema del presupuesto. Un brandbook puede variar muchísimo según el tamaño y complejidad de la empresa. Para grandes organizaciones puede ser un proyecto de muchos meses y decenas de miles de euros. Para empresas pequeñas puede plantearse de forma más sencilla, empezando por una base estratégica y visual suficiente para ordenar la comunicación.
En definitiva, un episodio muy interesante para entender que la identidad corporativa no va solo de hacer un logo bonito. Va de definir cómo quiero que perciban la marca, qué mensaje quiero transmitir y cómo mantener esa coherencia en todos los puntos de contacto con mi audiencia.
Como siempre, muchas gracias a todos por vuestras valoraciones de cinco estrellas en Apple Podcasts y Spotify, suscribiros a los cursos para emprendedores y por estar ahí, al otro lado.
Nos escuchamos mañana con más marketing online. Hasta entonces... ¡Muy buenos días!