Hoy vemos (a través de una anécdota de mi padre) que a veces hay clientes que "no son para nosotros". Cómo detectarlos, evitarlos, y qué hacer en estos casos.
Pero antes, recordemos que en Boluda.com tenéis cursos para emprendedores, marketing online, desarrollo web, y todo lo que necesitáis para vuestro negocio online. Ayer empezamos el curso de fichaje digital con 7dias, para cumplir con la nueva ley que entra en vigor en 2026. ¡A por él!
Y ahora sí, vamos al lío. Hoy os quiero contar una anécdota que me explicó mi padre hace años y que, desde entonces, me ha acompañado como una de esas historias que se te quedan clavadas por la moraleja que esconden.
Mi padre, ahora jubilado, se dedicaba a vender maquinaria industrial. No hablo de grapadoras o taladradoras de sobremesa, no. Me refiero a tornos, fresadoras, centros de mecanizado... máquinas grandes, potentes, precio alto. Cientos de miles de euros. Nada que puedas meter en un carrito de Amazon.
En una ocasión, fue a una reunión muy importante para captar un cliente. No iba solo. Lo acompañaba un socio comercial francés con el que habían montado una colaboración específica para esta propuesta. Juntos ofrecían tanto la máquina como el servicio técnico.
En fin, que llega el día de la reunión. Se presentan ante el cliente con sus dosieres bien preparados, se sientan todos alrededor de una gran mesa, saludos de cortesía... Y entonces pasa lo inesperado. El cliente agarra el dosier y, sin mirar nada más, se va directo a la última página para ver el precio.
Y ahí es donde entra en escena el amigo francés de mi padre. Se levanta, recoge uno a uno todos los dosieres de la mesa, se dirige a la puerta, se gira y suelta: «Vous n’êtes pas client pour moi». Es decir: “Usted no es cliente para mí”. Y se marcha, dejándolo todo allí. Mi padre, helado. Como queriendo que la tierra se lo tragara.
Cuando me lo contó, aún me entraba vergüenza ajena. Pero a la vez, había una lección muy potente ahí: no todos los clientes son nuestros clientes. Y no pasa nada.
Durante años, especialmente cuando empezamos, sentimos que tenemos que decir que sí a todo. A cada cliente, a cada encargo, a cada oportunidad. Aunque veamos señales de alarma. Aunque no encajen con nuestra forma de trabajar. Aunque nos quiten energía. Aunque no valoren lo que hacemos. Porque claro, necesitamos facturar, queremos empezar, crecer, pagar las facturas. Y es comprensible. Yo mismo lo he hecho.
Pero llega un momento, y ojalá os llegue cuanto antes, en el que entendemos que elegir también es nuestro derecho. Que igual que el cliente nos elige a nosotros, nosotros también deberíamos elegir con quién trabajamos. Porque cada vez que decimos que sí a un cliente que no encaja, le estamos diciendo que no a alguien que sí lo haría.
Si habéis tenido clientes, seguro que podéis hacer un ranking mental de con quién trabajáis a gusto y con quién no. Y estoy convencido de que, en cuanto pensáis en esa persona que os escribe y os saca una sonrisa, sabéis perfectamente quién es. Igual que también sabéis quién os revuelve el estómago cada vez que manda un mensaje.
Y os digo algo. Cuando empezamos a decir que no a esos clientes que nos agotan, empiezan a aparecer otros con los que todo fluye. Y lo más bonito es que esos clientes buenos... traen más clientes buenos. Porque su círculo se parece al suyo. Y poco a poco, acabamos rodeados de personas con las que da gusto trabajar.
No es fácil. Lo sé. Y menos cuando no hay mucha demanda, cuando estamos arrancando, cuando la necesidad aprieta. Pero a largo plazo, es un cambio que transforma por completo la forma en la que vivimos nuestro trabajo.
Esto no solo aplica a clientes. También vale para oyentes, usuarios, suscriptores. No intentemos gustar a todo el mundo. Si hacemos contenido, productos o servicios intentando agradar a todos, acabamos no gustando a nadie. Café para todos es café para ninguno.
Seamos auténticos. De verdad. No intentemos disfrazarnos con lo que creemos que funciona. Porque la gente lo nota. Vosotros lo notáis. Cuando alguien habla con sinceridad, se ve. Cuando alguien actúa, también. Y si conseguimos conectar desde la autenticidad, entonces sí. Ahí nace una comunidad real, sólida, fiel.
No somos tan raros. Lo que nos gusta, la forma en la que trabajamos, lo que valoramos… hay miles de personas ahí fuera que lo comparten. Solo tenemos que atrevernos a mostrarnos como somos, aunque al principio eso implique dejar pasar a los que no encajan.
Y eso fue lo que me enseñó aquella historia de mi padre. Que vale la pena plantarse. Que vale la pena decir: “Tú no eres mi cliente”. Porque cuando lo hacemos, nos abrimos la puerta a todos los que sí lo son. :)
Muchas gracias a todos por vuestras valoraciones de cinco estrellas en iTunes y Spotify, suscribiros a los cursos para emprendedores y por estar ahí, al otro lado. Como siempre digo, sin vosotros, esto no sería lo que es. Sin vosotros esto simplemente, no sería.
Nos escuchamos mañana con más marketing online. Como siempre, a las 07:07. Hasta entonces… ¡Muy buenos días!