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En estos momentos, se han cumplido algo más de 40 años desde el inicio “oficial” de la pandemia de SIDA, causada por el virus VIH, de la que comenzó a conocerse su existencia allá por el mes de mayo de 1981. Algo más de veinte años más tarde, Jorge Laborda escribía un artículo en el que relataba el efecto beneficioso sobre el progreso del SIDA de la infección simultánea del virus del VIH con otro virus. Se trataba de un descubrimiento bastante sorprendente que revelaba que un virus “benévolo”, denominado Pegivirus humano o GBV-C, puede interferir con la infección del VIH y mitigar la enfermedad que este causa. Varios trabajos de investigación publicados recientemente confirman la interferencia que el virus C ejerce sobre el virus VIH. Estos estudios pueden ser de gran utilidad no solo para la lucha anti-SIDA, sino para la lucha contra los virus, en general.
¿Qué podemos decir hoy sobre la influencia de los genes en el comportamiento, en particular en el comportamiento agresivo? Los estudios que se han producido en las últimas dos décadas han dejado claro que existen numerosas variantes de genes que afectan al comportamiento agresivo, y también al comportamiento suicida, que no deja de ser una agresión contra uno mismo. Sin embargo, no existe un único gen de la agresión ¿Cuáles son los genes más importantes? Aquellos que fabrican proteínas relacionadas con la comunicación a las neuronas entre sí. Los estudios también han demostrado que los genes no actúan solos, además intervienen otros genes y el ambiente. Un ambiente cruel y estresante puede exacerbar un comportamiento agresivo y determinadas mutaciones podrán afectar al comportamiento dependiendo de qué otras variantes de genes las acompañen.
Los efectos sobre la salud de la radiación utilizada en telefonía móvil es un tema que no solo no nos ha abandonado desde que surgió, hacia finales del pasado siglo, sino que ha ido tal vez aumentando en importancia. A principios de 2002, una noticia relativa a alarmantes casos de cáncer infantil en el colegio García Quintana de Valladolid, algunos lo atribuyeron a la presencia de antenas de telefonía móvil en los alrededores del colegio, lo que desató las alarmas. Ya entonces Jorge Laborda escribía un artículo sobre el tema y ahora se pregunta: ¿Qué hemos averiguado hoy sobre los efectos de la radiación electromagnética usada en telefonía móvil? Una reciente revisión, publicada en marzo de 2021, de los 107 últimos estudios realizados sobre este asunto indica que no se ha podido encontrar evidencia rigurosa que muestre efectos perniciosos de este tipo de radiación.
Al principio del siglo XXI, el tema de la terapia de enfermedades degenerativas con células madre levantaba apasionados debates, no solo sobre la ciencia que la sustentaba, sino también sobre la ética de su uso. Durante estas dos décadas no se han producido avances rompedores. La única terapia aprobada para su uso por las autoridades sanitarias, en 2016, es el trasplante de células madre hematopoyéticas, que pueden provenir de la sangre, de la médula ósea o del cordón umbilical. El uso de células madre se ha estudiado también para reparar el daño producido en el corazón tras un infarto de miocardio, o para acelerar la cicatrización de fístulas resistentes a otros tratamientos. Sin embargo, no hay todavía una terapia basada en células madre que permita curar o paliar otras enfermedades como la diabetes de tipo 1, la enfermedad de Parkinson o la de Alzheimer. Hoy, la terapia con células madre aún no ha cumplido lo que prometía hace dos décadas.
¿A quién no le gustaría seguir siendo joven, no envejecer jamás, no morir nunca? La ciencia también desea prometer la vida, si no eterna, sí lo más larga y feliz posible. Hace veinte años el tema de la investigación sobre el envejecimiento estaba de moda, y continúa estándolo en buena medida hoy. Es un tema que, curiosamente, parece envejecer muy poco. En particular, se sigue investigando sobre la relación entre la ingesta de calorías y la longevidad de animales y humanos. Un reciente artículo publicado en abril de 2021 revela un gen que permite la fabricación de un enzima, llamado ADN metiltransferasa 3.1, que controla el funcionamiento de genes que regulan la relación entre la ingesta de calorías, la longevidad y la fertilidad.
Mientras las mujeres disponen de un número considerable de estrategias físicas o químicas para evitar la concepción, hoy por hoy, los hombres que no quieran pasar por el quirófano para una vasectomía tienen que conformarse con una simple estrategia física: el uso de preservativos, o condones. Esto lo decía hace casi 20 años y entonces hablaba de la contracepción masculina albergando esperanzas que no se han convertido, por el momento, en realidad. Seguimos esperando una píldora anticonceptiva masculina eficaz. La investigación en la actualidad se centra en dos estrategias: la hormonal y la no hormonal. La hormonal sigue intentando modificar la acción de la testosterona. Respecto a la investigación no hormonal, se están investigando dos técnicas prometedoras: la inhibición guiada reversible del esperma y el taponado físico del vaso deferente. Siendo optimistas, como ya es habitual afirmar, habrá que esperar aún varios años para poder adquirir una píldora contraceptiva masculina en las farmacias.
Esta semana vamos a adentrarnos por el mundo de la marihuana, probablemente la droga más antigua utilizada por la Humanidad, y una de las más utilizadas en la actualidad, ya que, según la ONU, alrededor del 3% de la población mundial adulta consume esta droga. Al margen de su uso recreativo, hace alrededor de dos décadas, ya se debatía sobre el asunto de si era o no conveniente legalizar el empleo de la marihuana con fines terapéuticos. El debate, por increíble que pueda parecer, tenía en cuenta un aspecto aún novedoso por aquellos tiempos: la evidencia científica. Durante los últimos 20 años la investigación sobre los cannabinoides y los receptores de estos ha sido importante y se han descubierto multitud de cosas sobre ellos. Esos avances del conocimiento han permitido conseguir evidencia que ha ayudado a la progresiva legalización del empleo de marihuana y cannabinoides con fines terapéuticos. No obstante, nada parece estar aún suficientemente claro con respecto a este uso terapéutico de los cannabinoides. La investigación debe continuar.
La investigación sobre los antibióticos formados por unos pocos aminoácidos, los llamados péptidos antibacterianos, ha conseguido aislar de la naturaleza, de plantas, insectos, crustáceos, animales e incluso el ser humano varios miles de péptidos con actividad antibiótica. Esta clase de moléculas despertó grandes esperanzas hace dos décadas porque se pensó que podrían impedir para siempre que las bacterias desarrollaran resistencia a los antibióticos. Sin embargo, solo unos pocos han podido llegar a las farmacias y hospitales. Estos péptidos antimicrobianos han sido incluidos en bases de datos accesibles a la comunidad científica y a cualquiera que esté interesado. Por ejemplo, el banco de datos de péptidos antimicrobianos de la Universidad de Nebraska, USA, contiene 3.273 péptidos, aislados de los seis reinos diferentes en los que se agrupan los seres vivos, que te recuerdo son: bacterias, arqueas, protistas, hongos, plantas y animales.
Hace dos décadas, investigadores de la Universidad de Wisconsin Madison, en los Estados Unidos, desarrollaron un sistema que traducía las imágenes captadas por una cámara a una serie de pulsos eléctricos que estimulan los receptores del tacto en la lengua. Los individuos ciegos que probaron este mecanismo dijeron que pronto perdían la sensación en la lengua y comenzaban a percibir las estimulaciones eléctricas como formas en el espacio. La lengua se convertía así en un ojo de recambio. Actualmente, aquella investigación se ha hecho realidad en un dispositivo, denominado Brainport, que consiste en una cámara miniatura que se lleva sobre la parte frontal de una especie de diadema que se coloca sobre la frente que contiene 400 electrodos y transforma las imágenes en 400 píxeles en escala de grises.
El problema del origen de la Luna y de la influencia de ésta en la evolución de la vida, y sobre todo de la inteligencia, sobre la Tierra ha sido uno de los temas más interesantes para Jorge Laborda, de hecho escribió un libro titulado “Una Luna Una Civilización, porqué la luna nos dice que estamos solos en el universo”. El libro fue publicado en 2010, pero la idea principal ya se reflejaba en un artículo publicado en 2001. El origen de la Luna no estaba ni mucho menos completamente esclarecido en aquellas fechas y quedaban importantes flecos que resolver para finalmente aceptar con confianza la idea del gran impacto como originen del sistema Tierra-Luna. ¿Qué se ha aportado al tema durante los 20 años transcurridos desde entonces? Jorge Laborda lo explica en este capítulo de Quilo de Ciencia.
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