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En febrero de 2001, abordaba el espinoso tema de la biología de la creatividad, una cualidad que consideramos exclusivamente humana, ¿de dónde procede esta cualidad tan nuestra? ¿Depende solamente de nuestro genoma y de nuestras células cerebrales? En la actualidad seguimos sin conocer a ciencia cierta qué genes son los que pueden conferir capacidades extraordinarias a ciertos seres humanos, pero lo que la ciencia ha ido descubriendo es que la inteligencia, la creatividad, y otras capacidades cognitivas humanas no dependen de uno o ni siquiera de unos pocos genes, sino de una combinación de cientos de ellos. Esto explica por qué hay tan pocas personas geniales, ya que su aparición depende de la combinación de genes que se produce en el óvulo fecundado a partir de los genes de sus progenitores. Por eso, la genialidad es probablemente de naturaleza genética, pero no es por ello hereditaria.
Hoy tratamos un tema que era polémico hace un par de décadas, sigue siendo polémico hoy, y es posible que lo siga todavía siendo dentro de otras dos décadas. Se trata de los alimentos transgénicos. En febrero de 2001 escribía un artículo sobre el primer animal transgénico que podría tal vez ser aprobado por las agencias internacionales para el consumo humano. Se trataba de un salmón que crecía a gran velocidad. Además de contar cómo se logró desarrollar dicho salmón transgénico, una información de la que no se disponía en aquellos momentos, ahora, dos décadas más tarde, nos preguntamos: ¿Qué ha sido de él? ¿Ha llegado ya a nuestras cocinas? Aunque en algunos países, como Canadá, se ha aprobado su consumo, en muchos otros, su comercialización aún no se ha producido.
Hoy vamos a hablar de historia de la historia, porque el artículo que Jorge Laborda escribía en enero del año 2001 hablaba de lo que consideraba el descubrimiento científico más importante del siglo XX. Aún limitándonos a las ciencias biológicas, las dudas son numerosas. ¿Debemos otorgar el título a Thomas Morgan, el americano que comenzó a estudiar la genética de la mosca del vinagre y que tantos secretos ha permitido descubrir? ¿Será el título compartido por James Watson y Francis Crick, descubridores de la estructura en doble hélice del ADN? ¿Será para Alexander Fleming, descubridor de la penicilina? ¿Será para Frederick Sanger, inventor de métodos de secuenciación de proteínas y ADN, cuyo invento ha permitido secuenciar el genoma de varias especies? En su opinión, el premio al descubrimiento del siglo XX no debe ser otorgado a ninguno de los descubrimientos mencionados antes, sino a Ostwall Avery por el descubrimiento de que es el ADN el portador de la información genética.
La enfermedad de las vacas locas saltó a los medios de comunicación a finales de los años 90 como una amenaza para la humanidad. Esta enfermedad infecciosa es producida por una sola molécula de proteína que animales y humanos poseemos en nuestro cuerpo. La proteína, mal plegada, podía ser ingerida al consumir carne de vaca infectada “de ahí el nombre de vacas locas” y producía daños irreparables en el cerebro. En diciembre del año 2000 Jorge Laborda escribía un pequeño artículo sobre la enfermedad de las vacas locas. Ahora sabemos que, como resultado de la ingesta de carne derivada de las vacas enfermas, hasta el año 2018 se produjeron solo 231 casos de la enfermedad en humanos. Sin duda, para tan pocos casos, la alarma fue considerable en la época, nada que ver con los varios millones de muertos que llevamos ya por la infección con el SARS-Cov-2, el famoso coronavirus.
Hoy no os voy a hablar divulgación sino de un alegato en favor de la investigación y la ciencia que publique como ya es habitual en este “Quilo vintage” hace más de 20 años. Creo que lo hubiera podido escribir hoy, solo cambiando el nombre del futbolista que aparece mencionado, nada más que eso. Comenzaba así: “Como investigador, debo decir que soy pesimista sobre que algún día las personas de este país lleguen a comprender la importancia de la investigación científica y la influencia que la ciencia tiene en la vida cotidiana de cada uno de nosotros. Sin embargo, y quizás motivado por ese pesimismo, me gustaría levantar mi voz en defensa de la ciencia, en defensa, en realidad, de todos.” Os invitamos a escuchar el artículo y las reflexiones, dos décadas después, sobre su contenido, .
Hace alrededor de 20 años estaba de actualidad la modificación genética de los virus como herramienta terapéutica para tratar el cáncer. Entonces escribí un artículo cuyo contenido podéis leer aquí Lo que explicaba entonces se ha hecho realidad hace más de un lustro. Esta terapia se denomina “tratamiento antitumoral con virus oncolíticos” porque utiliza virus que causan la lisis o la disolución a de los tumores. La primera terapia con virus oncolíticos aprobada por la agencia del medicamento estadounidense, la FDA, en 2015, utiliza un virus herpes simple modificado. Está indicado para la infección y destrucción de células de melanoma. Por el momento esta parece ser la única terapia con virus oncolíticos aprobada. Una reciente revisión, publicada el pasado año 2020, revisa la situación actual de este tema y su proyección futura.
Hace dos décadas, una serie de estudios revelaron aspectos muy interesantes sobre el sexo y la homosexualidad. En la revista Nature se decía que los hombres tienen el dedo anular significativamente más largo que el índice, es decir, la relación I/A (índice/anular) es relativamente pequeña comparada con las mujeres, y también, y ahí residía el interés de la noticia, comparada con los hombres homosexuales. En otro estudio, realizado con 23.410 hombres y mujeres, homo y heterosexuales, reveló que ciertos ecos que la cóclea del oído emite en respuesta a sonidos de duración muy corta difieren entre hombres y mujeres, y las mujeres homo y bisexuales tienen un patrón de emisión de esos ecos intermedio. Hace un año, un estudio publicado en la revista Science, realizado sobre medio millón de personas, reveló que no es un solo gen el que determina si una persona será homosexual, sino cientos de variantes génicas. Estos estudios revelan que la sexualidad humana es un continuo, todos tenemos algo de viril, algo de femenino y algo de homosexual en nuestros genes.
¿Por qué dormimos? ¿Por qué dormir es necesario? Desde hace mucho tiempo se sabe que impedir dormir a animales o a personas acaba por causarles la muerte. Hace dos décadas la investigación sobre el sueño y sus patologías. Resultados más recientes parecen indicar que la función principal del sueño es la eliminación de sustancias tóxicas producidas por el metabolismo cerebral durante el período de vigilia, para ello utiliza un sistema de circulatorio cerebral denominado el sistema “glinfático”. El sueño marca la hora de sacar la basura y meterla en el contenedor adecuado. Esta es, probablemente, la principal razón por la que dormir mal afecta tanto a nuestras capacidades intelectuales al día siguiente. El cerebro no se ha podido desembarazar de todos los detritus del día anterior y, además, sigue acumulándolos debido a las actividades de vigilia del día siguiente. Esto hace que estemos hechos unos zorros durante todo el día.
Hace dos décadas, en la revista Science se publicaron tres artículos al descubrimiento de la estructura básica del ribosoma. El ribosoma es la fábrica celular de proteínas. El ribosoma está formado por ARN y proteínas que se organizan en dos subunidades, una algo más grande que la otra. Fue la estructura de esta subunidad mayor, más implicada en la química de la síntesis proteica, la que había sido descubierta. Esto tenía implicaciones en la comprensión del origen de la vida y, dado que los ribosomas bacterianos son diferentes de los ribosomas de las células de nuestro cuerpo, se abría la posibilidad de encontrar antibióticos. Hoy nos podemos a preguntar si estas investigaciones han conducido realmente al descubrimiento de nuevos antibióticos. Y bien, a lo largo de las dos últimas décadas sí ha habido avances en la comprensión de la estructura de distintos tipos de ribosomas en distintos tipos de células, sin embargo, estos avances no se han plasmado en descubrimiento de nuevos antibióticos.
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