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Las células de nuestros cuerpos figuran entre las nanomáquinas más complejas de todo el universo. Están formadas por miles de piezas que, si fallan, pueden hacer que la célula caiga enferma. En ocasiones, como sucede en el cáncer, basta con que una sola célula enferme de modo que su sistema de control de la reproducción falle para que surja un tumor mate a todo el organismo. Ahora grupo internacional de más de 150 investigadores ha identificado pacientes con cáncer generado por mutaciones en genes que codifican proteínas que permiten que el ADN se enrolle de manera que quepa en el núcleo celular.
La medicina no es una ciencia exacta porque no lo sabemos todo. Sin embargo, a medida que vamos aprendiendo más y más cosas gracias a la investigación, la exactitud de la ciencia de la medicina se va incrementando. Una muestra de ello es el descubrimiento del mecanismo que permite entender porqué un mismo fármaco antitumoral es relativamente eficaz para tratar muchos casos de cáncer de pulmón, pero no es eficaz para tratar el cáncer de mama. El descubrimiento va a hacer ahora posible que el fármaco pueda ser empleado con eficacia para tratar este último tipo de cáncer, el más frecuente entre las mujeres.
Numerosos estudios han mostrado que la emisión de partículas en suspensión, que luego respiramos, es la responsable de varios millones de muertes al año. No hay vacuna ni tratamiento para esta epidemia, que año tras año sigue aumentando su negativa incidencia sobre la salud de la humanidad. Las partículas en suspensión constituyen el quinto mayor riesgo de muerte temprana, tras la hipertensión, el tabaquismo, la diabetes y la obesidad. Estudios anteriores ya habían suscitado la sospecha de que el poder oxidativo de las partículas en suspensión podría ser un factor importante para explicar sus efectos perniciosos. Un nuevo estudio se centra en identificar qué fuentes en Europa son las mayores emisoras de partículas en suspensión y en tratar de identificar si el daño causado por las partículas en suspensión era debido a su poder oxidativo o a otras causas.
Ya en el siglo XVIII, los economistas Daniel Bernoulli, Adam Smith y Jeremy Bentham postularon que las decisiones económicas dependen de la computación por parte del cerebro de los valores subjetivos que atribuimos a las cosas. Estudios anteriores indican que las neuronas involucradas en las decisiones económicas deben localizarse en la región del cerebro que se sitúa justo encima de los ojos. Para intentar dar con esas neuronas, un grupo de investigadores franceses y estadounidenses ha llevado a cabo varios experimentos con una especie de mono macaco a los que se implantaron electrodos que permitían registrar la actividad de neuronas particulares. Estos experimentos han revelado dónde están situadas las neuronas implicadas en la toma de decisiones.
La comparación de genomas completos, que constan de miles de millones de “letras”, es una tarea tan ingente que hasta ahora era imposible. Esto ha cambiado gracias al desarrollo de un método de comparación de genomas por un grupo de investigadores de la Universidad de California. El nuevo método es capaz de alinear las secuencias similares sin necesitar una secuencia de referencia, que hasta el momento era la del genoma humano. La necesidad de esta secuencia de referencia implicaba que podíamos determinar con precisión la relación genética entre el gato y el ser humano, o entre el ratón y el ser humano, pero no podíamos sacar conclusiones fiables sobre la similitud o diferencias entre los genomas de gato y ratón. El nuevo método soslaya esta dificultad y permite encontrar relaciones fiables entre los genomas de cientos de especies distintas al mismo tiempo.
El mundo ha reaccionado con euforia a la noticia de que una vacuna contra la COVID-19 está a las puertas. ¿Será tan eficaz como afirman? ¿Nos protegerá por mucho tiempo? Todo esto dependerá de la cantidad y calidad de los linfocitos memoria que la vacuna logre generar. Cuando un linfocito B detecta una molécula desconocida, por ejemplo un antígeno presente en un virus, puede responder de dos maneras. Bien el linfocito activado se convierte en un linfocito B memoria, útil para afrontar futuras infecciones, o bien se convierte en una célula productora de anticuerpos que bloquearán al virus para evitar su infección. Una nueva investigación revela el mecanismo que gobierna esa elección, con importantes implicaciones para el diseño de vacunas.
El pulpo posee un amplio sistema nervioso, gran parte del cual está distribuido por sus ocho tentáculos. Cada tentáculo posee un nervio central que se ramifica hacia las ventosas, cada una de las cuales posee un ganglio nervioso dedicado a su control. Es conocido que las ventosas, además del sentido del tacto, poseen también la capacidad de “saborear” lo que el pulpo palpa. Investigadores de la Universidad de Harvard, en EE. UU., decidieron estudiar con detalle las células detectoras situadas en los bordes de las ventosas del pulpo de California de las dos manchas (Octopus bimaculoides). Este animal reacciona de manera diferente según la superficie que se le presenta para explorar. Los investigadores encontraron que las células receptoras de las ventosas poseen moléculas en su superficie capaces de detectar terpenoides, unas sustancias segregadas por ciertas especies para defenderse, lo que sugiere que Octopus bimaculoides puede evitar capturar presas que resulten tóxicas.
Una reciente aportación debida a los esfuerzos por investigar la enfermedad COVID-19 ha permitido establecer una nueva medida que permite conseguir un cierto grado de predicción sobre la evolución clínica de cada paciente de COVID-19. Este parámetro se ha denominado la puntuación de Dublín-Boston. Esta puntuación se consigue determinando los niveles de dos interleucinas (también llamadas citocinas) en la sangre, la IL-6 y la IL-10, y calculando su relación. Cuanto más elevada sea esta, peor es el pronóstico de evolución de la enfermedad y más probable es que el paciente tenga que ser ingresado en cuidados intensivos y necesite ventilación mecánica. Conocer esto con suficiente antelación es importante para tomar las medidas necesarias encaminadas a atender adecuadamente a todos los pacientes.
Uno de los misterios de la pandemia de COVID-19 es por qué causa escasos o ningún síntoma en algunas personas, mientras que otras, normalmente de edad más avanzada, pueden sucumbir a ella. Este pequeño porcentaje de pacientes desarrolla una serie de síntomas severos que pueden causarles la muerte. Entre ellos se encuentra la formación de trombos y daño a la pared de los vasos sanguíneos, lo que puede causar infartos de miocardio, ictus cerebrales o fallo renal, entre otros serios problemas. Lo que se ha ido aprendiendo sobre la enfermedad indica que estos síntomas no son causados por la acción directa del virus, sino por la activación desmesurada de un componente particular del sistema inmunitario. Este componente se denomina el sistema del complemento.
Un numeroso grupo de investigadores españoles de varias universidades catalanas y valencianas evalúan tanto las capacidades intelectuales como el perfil de las especies bacterianas de la flora intestinal en 143 personas voluntarias obesas y no obesas, y comparan los resultados. Comprueban que la presencia en la flora intestinal de varias especies bacterianas del genero Firmicutes se vio asociada con una mejor capacidad memorística. Las especies bacterianas Bacteroidea y Proteobacteria, por el contrario, mostraron asociaciones negativas con las puntuaciones de memoria obtenidas por los participantes. Estas especies bacterianas no se encontraron en la misma proporción en personas obesas que en las no obesas.
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