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Un amplio estudio auspiciado por el Centro Europeo para el Control de Enfermedades analiza la incidencia de infecciones causadas por dieciséis tipos de bacterias resistentes a varios antibióticos en Europa durante 2015. Los autores estiman que solo durante el año 2015 se produjeron en Europa 671.689 infecciones por bacterias resistentes a los antibióticos, de las cuales el 63,5% se produjeron en hospitales o centros de salud. Estas infecciones causaron un número de muertes estimado en 33.110. Los autores estiman también los años de vida perdidos no solo por muerte prematura, sino por enfermedad o por discapacidad. Los resultados indican que las bacterias resistentes causaron en 2015 en Europa una pérdida de 874.541 años de vida y años de vida en buena salud combinados. Esta pérdida de años de vida y años de vida en buena salud es similar a los perdidos en Europa por la tuberculosis, el SIDA y la gripe juntas.
La era del análisis genético habita ya entre nosotros. Millones de personas han analizado al menos parcialmente sus genomas y, en algunos casos, esto les ha ayudado, pero los análisis genéticos por encargo personal no siempre son beneficiosos, ya que la complejidad de la interacción entre diferentes genes hace muy difícil la correcta interpretación de los datos obtenidos con estos análisis. Tenemos, por ejemplo, el caso de los numerosos falsos positivos, que algunos expertos estiman en un 40%. Esto quiere decir que los resultados nos dirán en un 40% de los casos que tenemos un gen que causa cáncer cuando en realidad es falso que lo tengamos.
La actividad y expansión de nuestra especie se ha convertido en una de las mayores presiones evolutivas del momento. Los rápidos cambios generados por la actividad humana han proporcionado, en algunos casos, nuevas oportunidades a viejas especies y han forzado a otras a tener que realizar una rápida adaptación. Entre los casos más llamativos está el de la evolución de ida y vuelta de la polilla moteada, sucedida en Inglaterra debido, primero, a la contaminación causada por la Revolución Industrial y, segundo, a la descontaminación. Otro caso muy ilustrativo es el del mosquito del metro de Londres, adaptado a las regiones subterráneas gracias a la utilización de las mismas durante los bombardeos de la II guerra mundial. De estos y otros casos de evolución forzada por las actividades humanas habla hoy Jorge Laborda en el podcast “Quilo de Ciencia”.
Que puedan existir neuronas de la valentía no deja de ser curioso. Ciertas regiones cerebrales, como el hipocampo, cuando son examinadas con técnicas de encefalografía, poseen dos tipos de oscilaciones características. Estas oscilaciones generan efectos opuestos, razón por la que un grupo de investigadores de la Universidad de Upsala, en Suecia, en colaboración con investigadores de la Universidad Federal del Rio Grande do Norte, en Brasil, abordan esta cuestión utilizando técnicas de optogenética. La optogenética permite activar las neuronas que deseemos iluminándolas con una luz láser de un color determinado. Los investigadores han creado ratones transgénicos que, cuando su cerebro es iluminado con luz láser, modifican su comportamiento frente al olor de un gato y muestran un comportamiento más arriesgado o más valeroso que los ratones normales.
Un grupo de investigadores franceses en psicología social proponen la idea de que estar de acuerdo o no con la opinión social mayoritaria está bajo la influencia, en parte, del riesgo que cada cual estima de contraer una enfermedad. Los científicos estudian a 261 participantes a los que someten por Internet al bien conocido cuestionario de vulnerabilidad percibida a la enfermedad. En segundo lugar, someten a los participantes a una conocida prueba de evaluación de la confianza. Los investigadores concluyen que la hipóteses es correcta. Siendo los humanos animales estrictamente sociales, nuestra supervivencia no solo depende de nuestras defensas, sino también de la ayuda y protección que recibimos de los demás. Una forma de maximizar esa ayuda es plegarnos a las ideas de quienes deseamos que nos ayuden o protejan.
Los premios Nobel de Medicina y de Química 2018 tienen algo en común: los dos están relacionados con la Inmunología. El Nobel de Química ha sido concedido a los inventores de la tecnología llamada, en inglés, phage display, que me gusta traducir como “pantallazo de bacteriófagos”. Los ganadores son el estadounidense George P. Smith y el británico Sir Gregory P. Winter. La ganadora de la otra mitad es una estadounidense, la Dra. Frances P Arnold, pionera en el desarrollo de la evolución dirigida de enzimas, que ha permitido la generación de enzimas nuevos capaces de catalizar reacciones químicas interesantes para la medicina y la industria.
Las moléculas quirales están compuestas por los mismos átomos, pero son imágenes especulares la una de la otra, a una se le denomina D (dextro, derecha) y, la otra, L (levo, izquierda). Los seres vivos utilizan solo una de las dos clases de moléculas quirales. Los azúcares suelen ser, con muy escasas excepciones, todos de la serie D, mientras que los aminoácidos que forman las proteínas son, también con muy escasas excepciones, de la clase L. ¿Por qué? Los remolinos en el agua también pueden girar a derecha o a izquierda y una de las ideas que justifica la preferencia por una de las moléculas quirales propone que éstas se agregaron al estar inmersas en flujos arremolinados de origen natural, como los que tienen lugar en los geiseres o fumarolas en el fondo oceánico. Ahora, un grupo de investigadores de la Academia de Ciencias China ha ideado un experimento que parece apoyar esa hipótesis.
Hace poco, hablaba de nuevos datos que apuntaban firmemente a la existencia de un ancestro universal, denominado LUCA, por sus siglas en inglés. LUCA podría ser la última población de organismos idénticos de la que derivaron los tres dominios de la vida: las bacterias y las arqueas, que son procariotas (células sin núcleo), y los eucariotas (células con núcleo). La separación de LUCA en dos dominios independientes de la vida dista mucho de ser explicada y algunos misterios de los que está rodeada plantean preguntas fundamentales sobre la evolución y el origen de la vida. Uno de estos misterios es la llamada división lipídica entre bacterias y arqueas. Un grupo de investigadores de la Universidad de Groningen, en Holanda han introducido los genes de las arqueas para la generación de lípidos en la bacteria Escherichia coli y han analizado la composición de sus membranas y la capacidad de crecer de este nuevo organismo híbrido.
Desde que Darwin publicó su famosa obra El origen de las especies, la inmensa mayoría de la comunidad científica aceptó que, tal y como él postulo, todos los seres vivos hoy presentes en el planeta derivan de un ancestro común. Este ancestro común no es necesariamente un solo organismo, sino una población de organismos de la misma especie. Igualmente, el ancestro común tampoco es el primer organismo vivo que surgió sobre la Tierra, sino simplemente el único que sobrevivió de todos los que pudieron surgir, y del cual derivan, derivamos, los demás. Este ancestro común universal ha recibido el nombre de LUCA, por sus siglas en inglés (Last Universal Common Ancestor). Ahora, un grupo de investigadores de la Universidad de Bristol, en el Reino Unido, indica que LUCA apareció hace casi 4.500 millones de años.
Las enfermedades neurodegenerativas están caracterizadas por la muerte de determinadas neuronas. La enfermedad de Alzheimer y la enfermedad de Parkinson son dos conocidos ejemplos, aunque no los únicos. Estas dos enfermedades pertenecen a una clase particularmente importante de neuropatologías: las llamadas tauopatías, las cuales no son otra cosa que enfermedades causadas, al menos en parte, por la acumulación anormal de la proteína que recibe el nombre de tau. Un grupo de investigadores de las universidades de Cambridge, en el Reino Unido, y de Indiana, en EE.UU., han descubierto que no es la acumulación de la proteína tau la que causa la neurodegeneración de manera directa, sino que es el propio proceso de defensa del cerebro frente a neuronas dañadas, pero que aún funcionan, el que puede acelerar la muerte neuronal.
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