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Los recientes huracanes que han azotado los países caribeños y el sur de los Estados Unidos han traído mucha ruina y desolación, pero también han puesto de manifiesto algunos hechos interesantes relacionados con la ciencia. Uno de los más curiosos ha sido el comportamiento de una especie de hormiga para defenderse de las enormes inundaciones, comportamiento que le permite sobrevivir los huracanes más poderosos. La hormiga, conocida vulgarmente como “hormiga de fuego”, posee un aguijón, con el que pueden inyectar veneno a sus víctimas. Ahora, investigadores de la Universidad de Emory, en Atlanta, EE.UU., estudian el veneno y descubren en él propiedades que podrían utilizarse para el tratamiento de la psoriasis.
Se cree que una de las causas de la violencia a lo largo de la historia es el acto de dejar de reconocer al otro, sobre el que se va a ejercer la violencia, como ser humano. Este proceso es llamado “deshumanización”. La hipótesis de la deshumanización es una idea que pretende ayudar a explicar la violencia denominada instrumental, es decir, la que persigue una ganancia personal o es resultado de acciones impulsivas. En contraposición se sitúan los “violentos morales”, cuyos autores creen que sus víctimas lo merecen y que, de hecho, su crimen es un acto justo y necesario. Una investigación indica que mientras la deshumanización espolea la violencia instrumental, la humanización estimula la violencia moral.
Estudios realizados en Alemania, Corea del Sur y los Estados Unidos indican que cuanto mayores son los ingresos económicos de las personas, de menos tiempo parecen disponer. El estrés ligado a la falta de tiempo se ha visto asociado a una peor salud, tanto física como mental, a una menor sensación de bienestar, a ansiedad y a insomnio. En conclusión, a la resolución del problema del hambre y la miseria, la modernidad ha respondido con una hambruna de tiempo. Ahora, investigadores de las universidades de Harvard, de Maastrich y de British Columbia aborda este interesante asunto y sugieren una solución: Todas las personas, en cualquier país y sea cual sea su nivel de ingresos, ve mejorado su nivel de satisfacción con la vida y su estado de ánimo si invierte dinero en comprar tiempo, es decir, contratar y pagar a alguien para que haga las tareas más aburridas y que más tiempo demandan.
En 2015, alrededor de 600 millones de adultos y 100 millones de niños eran obesos, y otros tantos millones o más estaban afectados de sobrepeso. La obesidad conduce a un aumento de tejido adiposo blanco, un tejido formado en su mayor parte por un tipo particular de adipocito, la célula almacenadora de grasa por excelencia. Existen también los adipocitos marrones, especializados en quemar las grasas para generar calor, y adipocitos beis (o beige), que se originan en el mismo a partir de los blancos en respuesta a diversas circunstancias del entorno, como por ejemplo el frio. Si pudiéramos inducir por algún medio la transformación de adipocitos blancos en beis sería una manera de luchar contra la obesidad. Investigadores de la Universidad de Purdue, en Indiana, USA, consiguen este objetivo mediante el empleo de nanopartículas.
Los chimpancés y los bonobos comparten muchos rasgos comunes con nosotros. Por ejemplo, las tres especies somos sociales y contamos con una elevada dinámica de fusión y de escisión de grupos. Las tres especies muestran igualmente filopatria paterna. La filopatria es la tendencia a permanecer en el lugar donde se ha nacido. Las hembras de las tres especies poseen menor tendencia a este comportamiento, y suelen abandonar el grupo en el que se han criado cuando alcanzan la madurez sexual. A pesar de los parecidos, los comportamientos de los machos dominantes de chimpancés y bonobos son muy distintos. El macho chimpancé es más agresivo y ello llevaría a pensar que el macho dominante conseguiría una mayor descendencia, que el dominante bonobo. Sin embargo, un reciente estudio demuestra que no es así.
La adaptación a las condiciones del entorno conlleva un cambio en el funcionamiento de los genes localizados en el núcleo de las células. Los ritmos diarios, el ciclo interminable de días y de noches, han obligado a los seres vivos a adaptarse a ellos mediante la generación de ritmos circadianos controlados por ciertos genes. Todos estos cambios están controlados por un “reloj genético” cuyo componente central es un gen que produce una proteína llamada CLOCK. Otro mecanismo universal que afecta al funcionamiento de las proteínas producidas por los genes es el llamado procesamiento alternativo del ARN. Hasta ahora se pensaba que los ritmos circadianos en el procesamiento alternativo del ARN mensajero solo afectaba a los organismos de “sangre fría”, pero una nueva investigación indica que también sucede en los organismos de “sangre caliente”.
Suele decirse que comenzamos a comer por los ojos o por el olfato. Sin embargo, probablemente nadie piensa que se pueda engordar comiendo por los ojos o tan solo percibiendo los deliciosos aromas de un plato bien preparado. El olor de una buena comida, por supuesto, no nos va a engordar. ¿O sí? Un grupo de investigadores estadounidenses y alemanes ha descubierto que el sentido del olfato, al menos en los ratones, ejerce por sí mismo un papel muy importante en la regulación del peso corporal y en el desarrollo de la obesidad.
Existen enfermedades que generan sufrimiento no a quien las padece, sino a los demás. Entre estas enfermedades se encuentran, sobre todo, enfermedades que afectan al comportamiento; en particular, las desviaciones del comportamiento sexual, algunas de las cuales conducen a extraer placer de las violaciones, conocida como biastofilia, o sentir atracción sexual por los niños, conocida como pederastia. Un grupo de científicos de la Universidad de Gottingen, en Alemania proponen utilizar ahora la resonancia magnética funcional (RMNf) para determinar el grado de excitación sexual sin que los sujetos puedan hacer nada por controlarlo. Estos estudios abren una nueva posibilidad para diagnosticar la pedofilia y otras desviaciones del comportamiento sexual que no conducen a una relación equilibrada y consentida entre adultos.
Desde hace décadas, los ordenadores han superado a los humanos en muchos tipos de razonamientos y capacidades. Sin embargo, la inteligencia artificial (IA) no ha podido superar, ni siquiera acercarse, a la inteligencia humana en un tipo de razonamiento, llamado razonamiento relacional. Predecir quien será el siguiente en morir en Juego de Tronos, o decidir qué vino sacar a la mesa para acompañar un plato de carne son ejemplos de razonamientos relacionales. Ahora, un grupo de investigadores de Deepmind, ha diseñado un conjunto de redes neuronales por ordenador capaz de aprender de la experiencia y responder correctamente a preguntas relativas a relaciones entre objetos, incluso mejor que los humanos. Estos avances nos acercan al día en que la AI superará en todos los aspectos a la inteligencia humana.
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