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El sistema inmune se encarga de patrullar y vigilar todo el organismo en busca de posibles enemigos microbianos que puedan dañarlo. Estudios recientes han descubierto que existen ciertos procesos particulares del sistema inmune que aumentan su eficacia. Un aspecto muy interesante y misterioso es que los linfocitos T y B, los dos linfocitos más importantes de las defensas contra virus y bacterias, no circulan en la sangre en los mismos números de día o de noche.
Las “superbacterias” resistentes a numerosos antibióticos sigue dando muchos quebraderos de cabeza a la comunidad médica y biocientífica. Una de las bacterias más peligrosas es el estafilococo áureo (e. áureo) MRSA, resistente a todas las penicilinas y también a los antibióticos de la familia de las cefalosporinas. Existen afortunadamente antibióticos llamados de “última oportunidad”, como la daptomicina, que son efectivos pero incluso a estos las bacterias están generando resistencia. Ahora, un nuevo estudio revela cómo se hacen resistentes las bacterias y abre las puertas a nuevas formas de lucha contra ellas.
Hace alrededor de cuatro años se identificaron los primeros niños afectados por una enfermedad debida a la mutación de un gen llamado NGLY1. Los síntomas que muestran incluyen problemas de desarrollo cognitivo y motor, bajo tono muscular, mal funcionamiento del hígado y una notable falta de lágrimas. Los niños lloran, pero no derraman ni una gota. Ahora, una nueva investigación con ratones de laboratorio abre la puerta a la posibilidad de mejorar las condiciones de vida de estos enfermos mediante intervenciones en la alimentación.
El envejecimiento diferencial se basa en quel no todos nuestros órganos parecen envejecer a la misma velocidad, y algunos, por la razón que sea, envejecen antes que otros. Evidentemente, nuestra longevidad depende de la viabilidad de nuestro órgano vital más envejecido. Cuando éste es demasiado viejo para funcionar correctamente, sobreviene la muerte. Una forma de evaluar la edad de las células es medir la longitud de los telómeros, unas secuencias de letras repetidas que existen los extremos de los cromosomas para proteger su integridad. A medida que envejecemos, nuestras células van sufriendo divisiones que acortan sus telómeros. Ahora, un estudio realizado con 4.598 personas jubiladas relaciona las adversidades de la vida con una menor longitud de los telómeros, siendo más importantes los efectos de las adversidades sufridas en la infancia.
Investigadores de la Universidad de California han explorado recientemente un fenómeno que se sospecha pueda suceder durante un largo viaje espacial: el llamado “cerebro espacial”. Se trata de la posibilidad de que, lejos de la protección del campo magnético terrestre, las partículas altamente energéticas que constituyen los rayos cósmicos y el viento solar puedan dañar al cerebro y causar problemas cognitivos graves que impedirían tal vez a los astronautas realizar las complejas y sofisticadas tareas necesarias para el éxito de la misión.
Ciertas especies de moscas parecen vivir peligrosamente. El peligro que corren puede ser incluso superior al de morir aplastadas por un matamoscas, o a perecer envenenadas por un spray de insecticida. Y es que resulta que estas moscas se atreven a robar comida nada menos que a las arañas. Estas moscas pertenecen a la familia de insectos denominada cleptoparásitos. Como el prefijo “clepto”, derivado del griego, indica, estas moscas roban parte de la comida duramente obtenida por ciertas especies de arañas. No acaba ahí la historia porque en la vida de estas moscas interviene otro extraordinario personaje. Se trata de plantas del género Ceropegia, que dependen para su reproducción de la polinización efectuada por moscas de especies cleptoparásitas. Un artículo publicado en Current Biology revela los secretos de esta intrincada relación.
Nuestros intestinos están poblados por cientos de especies bacterianas que viven en simbiosis con nosotros. Estas bacterias nos ayudan a digerir determinados alimentos, producen algunas vitaminas y han aprendido a convivir sin ser atacadas por nuestro sistema inmune. No obstante, algunas especies, como Enterococcus faecium, van aún más allá, proporcionan protección contra ciertos tipos de bacterias patógenas. Ahora un equipo de investigadores de la Universidad de Rockefeller, en Nueva York, han realizado una serie de experimentos que demuestran cómo E. faecium protege de la peligrosa salmonella y contra otras bacterias patógenas.
Los pacientes de narcolepsia pueden caer dormidos repentinamente en cualquier momento del día, y pueden permanecer así desde pocos segundos hasta varios minutos. En 1998, más de un siglo después de que la narcolepsia fuera identificada, se descubrió un neuropéptido cuya misión es regular el apetito y los ciclos de sueño y vigilia. Ahora, investigadores de las universidades de Viena, Toulouse y Montpellier, han descubierto en ratones que son las células del sistema inmune las que atacan a las neuronas especializadas en la producción del neuropéptido y provocan la narcolepsia.
El cáncer no es contagioso en seres humanos, pero sí se han descubierto cánceres contagiosos en otras especies, como el demonio de Tasmania ¿Cómo puede contagiarse el cáncer? Las células de un tumor pueden emigrar a otros sitios distantes del organismo donde forman metástasis. Si estas células viajeras pudieran pasar a otro individuo y establecerse en él, el cáncer podría contagiarse. Los demonios de Tasmania suelen emprenderla a mordiscos entre ellos a la menor oportunidad y de esa forma se contagian un par de tipos de tumores faciales. El contagio está poniendo en peligro a la especie, pero también ofrece la oportunidad de descubrir si se está produciendo algún tipo de evolución que proporcione resistencia a los tumores. Eso es lo que ha estudiado un grupo de científicos y ha descubierto que así es, un descubrimiento que abre nuevas puertas a la investigación contra el cáncer.
La obesidad está relacionada con el incremento del tejido adiposo blanco. Es este el encargado de almacenar en forma de grasa las calorías ingeridas en exceso. Lo hace en células especializadas llamadas adipocitos blancos, las cuales no pueden quemar las grasas que almacenan. También contamos con el tejido adiposo marrón, el cual, a diferencia del blanco, no solo no está dedicado a almacenar grasas, sino precisamente a todo lo contrario: a quemarlas. Investigaciones recientes han demostrado que, en respuesta a determinadas condiciones, los adipocitos blancos pueden “marronearse”. Ahora, una nueva investigación señala a las responsables de ese cambio: las células del sistema inmune.
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