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Seguramente, no nos sorprenderemos si alguien nos dice que las condiciones de educación y alimentación que hemos vivido en la infancia pueden afectar a nuestra salud en la edad adulta. De hecho, numerosos estudios indican que esta afirmación es cierta. Lo que no creeremos con tanta facilidad es que la alimentación de nuestro padre antes de conocer a nuestra madre pueda también afectar a nuestra salud cuando adultos. Sin embargo, esto también es cierto. Sí, como lo lee, la vida de soltero de nuestro padre podría condicionar nuestra salud antes de nuestra propia concepción.
La reciente disciplina de la Biología Sintética intenta desarrollar nuevos mecanismos biomoleculares que ejerzan funciones aún no presentes en la Naturaleza. Dos investigadores del Instituto de Tecnología de Massachusetts, EE.UU. han ideado un mecanismo molecular que permite la detección de un fragmento de ADN dado (por ejemplo el de un virus o el de un cambio cromosómico) y pone en marcha una nueva función molecular. La ingeniosidad de este mecanismo reside en que la detección se produce por dos moléculas diferentes, inofensivas por separado, que al reunirse, gracias al ADN detectado, hacen posible la generación de una molécula que ejerce una nueva función, como puede ser la de producir una toxina que mate a la célula.
Al hablar es imposible ocultar toda la información que no deseamos comunicar. Además de la verbal, transmitimos información no verbal que es difícil de controlar para la mayoría de nosotros, puede traicionarnos y comunicarle al otro algo que no queremos que sepa. Los investigadores en psicología del lenguaje defienden que éste comunica información implícita según el grado en que es concreto o abstracto. Ahora, investigadores del Departamento de Psicología de la Universidad de Chicago han estudiado si el empleo de lenguaje abstracto o concreto es tomado en consideración por los interlocutores para inferir información sobre la pertenencia social de aquel a quien estos se refieren.
En los últimos años, los investigadores han ido ideando diversas maneras de garantizar la seguridad de los organismos sintéticos. A principios de este año, dos equipos de investigación mostraron que era posible modificar genéticamente a la bacteria Escherichia coli de manera que, para vivir, esta necesitara de un aminoácido sintético no presente en la Naturaleza. La bacteria así modificada no puede producir el aminoácido, que debe ser incorporado a su medio nutritivo por los investigadores para permitirle crecer. En ausencia de este aminoácido, la bacteria muere. Ahora, investigadores del Instituto de Tecnología de Massachusetts han desarrollado una estrategia diferente para generar lo que ellos llaman “interruptores de muerte” seguros. Los llaman Deadman y Passcode y se los explicamos en este capítulo de “Quilo de Ciencia”
Nuestros intestinos albergan diez bacterias por cada célula de nuestro cuerpo. Al igual que acondicionamos nuestra casa para hacer frente a cambios estacionales o económicos, cabría esperar que, al ser nuestros cuerpos realmente la morada de las bacterias intestinales, estas, lejos de ser meros agentes pasivos, deberían también actuar para acondicionar su “casa”, de modo que esta haga frente mejor a las contingencias del entorno. Puesto que la flora intestinal participa en el desarrollo de la obesidad, investigadores de varios centros de investigación suizos estudian si la flora intestinal no tendría también algún efecto en la generación de tejido adiposo en respuesta al frío.
La evolución humana más reciente se ha estudiado comparando los genomas de personas de diferentes razas o poblaciones, todas las cuales también derivan de un ancestro común. De este modo, se puede intentar deducir qué cambios genéticos han conducido hasta lo que somos hoy. Sin embargo, este modo de proceder tiene sus limitaciones ya que, por mucho que nos empeñemos, nunca podremos llegar a conocer a ciencia cierta si el genoma que hemos deducido para nuestro ancestro es realmente como creemos. Para conocerlo, sería necesario acceder a su ADN, perdido para siempre en la noche de los tiempos. ¿Para siempre? ¡No! Resulta que el ADN de los restos fósiles más recientes de miembros de nuestra especie ha resistido, al menos en parte, a las inclemencias del tiempo.
La capacidad de discernir lo justo de lo injusto desempeña una función fundamental para mantener la cooperación en las sociedades humanas. Para avanzar en la comprensión de cómo los humanos desarrollamos el sentido de la justicia, investigadores de varias universidades estadounidenses y canadienses, estudian cómo se desarrolla el sentido de la justicia en 1.732 niños de 4 a 15 años de edad de siete países diferentes. Los resultados, publicados en la revista Nature, indican que la aversión por la injusticia que nos causa una desventaja parece ser una característica humana más universal que el rechazo de una situación injusta que nos proporciona una ventaja.
La importancia que posee el mantenimiento de unas buenas relaciones con otros miembros de la misma especie y con la pareja en aquellas especies que establecen relaciones estables entre machos y hembras, no es bien conocida. ¿Qué precio están dispuestos a pagar los miembros de una pareja por mantener su relación? ¿Estarían dispuestos incluso a pasar hambre, si fuera necesario? Para intentar aumentar el conocimiento sobre esta cuestión, investigadores de la Universidad de Oxford, en el Reino Unido, y del Instituto Max Plank de Ornitología, en Alemania, llevan a cabo unos interesantes experimentos con una especie de pajarillo llamado carbonero común (Parus major).
Uno de los factores que ha demostrado retrasar el deterioro motor e intelectual con la edad es el ejercicio físico frecuente. Se ha comprobado que el ejercicio físico mejora el flujo sanguíneo cerebral y favorece la generación de nuevas neuronas y vasos sanguíneos en el área cerebral denominada giro dentado del hipocampo. En las personas que realizan regularmente ejercicio físico, el volumen de esta zona cerebral disminuye más lentamente a medida que envejecen, lo que se asocia a una menor pérdida de memoria. Además, la actividad física mejora la función cardiovascular y disminuye el nivel general de inflamación, es decir, regula también la actividad del sistema inmune. Ahora, una investigación realizada en el Instituto Jackson, en los EE.UU., estudia qué sucede en el cerebro cuando se realiza ejercicio físico.
Una de las amenazas más prevalentes para cualquier ser vivo la constituyen los parásitos. Defenderse de su ataque es prioritario para la supervivencia, y tanto el sistema inmune como el sistema nervioso han generado mecanismos de defensa contra ellos. Uno de estos mecanismos lo constituye la sensación de picor. Esta sensación, y el comportamiento de rascarse allá donde pica que induce, es un importante elemento de defensa frente a los parásitos. Sin embargo, cuando algo falla en el mecanismo de control de la sensación de picor, suele desarrollarse el llamado picor crónico, o prurito, una sensación de picazón continua que no desaparece al rascarse. Ahora, un equipo de científicos han generado un ratón transgénico que está ayudando a comprender las bases genéticas del picor.
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