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Aunque parezca sorprendente, todavía en esta época desconocíamos el origen de gran parte de la luz que baña el universo. Se trata de la llamada luz de fondo extragaláctico que, como su nombre indica, no proviene de las galaxias que pueblan el universo, sino de regiones exteriores a las mismas. Tal vez hayamos visto fotografías de lejanísimas galaxias tomadas por el telescopio espacial Hubble. Entre ellas no parece haber nada, solo zonas oscuras. No obstante, estas zonas oscuras también emiten luz que puede detectarse con los modernos instrumentos de los que hoy disponen astrónomos y astrofísicos: es la luz del fondo extragaláctico. ¿De dónde proviene?
La ciencia se ocupa de todos los aspectos de la vida, incluso de aquellos que antaño parecían bien al abrigo de sus inexorables, por razonables, garras. Uno de estos temas, de interés universal y casi tan viejo como la propia Humanidad, es el de la ideología política. ¿Cuál es su origen? ¿Por qué unas personas son de izquierdas y otras de derechas? En años recientes, numerosos estudios científicos han demostrado que las tendencias políticas poseen una fuerte base biológica. Aunque resulte chocante, estos estudios indican que son en gran parte heredables, es decir, debidas, una vez más, a los inevitables genes. A esto hay que añadir ahora un nuevo estudio en el que se han identificado varias regiones cerebrales que se activan de forma distinta en personas de diferente tendencia política.
Cualquier órgano o estructura presente hoy en los seres vivos, cualquier función que estos desarrollan, tiene su base en la evolución a partir de estructuras o funciones anteriores. No obstante, en numerosas ocasiones, sigue siendo difícil comprender cómo tal o cual órgano o característica pudo surgir por evolución, es decir, por el mero juego de mutaciones al azar y selección. Una de esas maravillosas estructuras es la pluma. Todas las aves están cubiertas de ellas, lo que permite a la inmensa mayoría, salvo a las más grandes, volar. Sin embargo, los ancestros de las aves no perseguían el objetivo de volar: se encontraron por azar con dicho logro. ¿Cómo pudo suceder esto, sin invocar otras causas que las meramente genéticas y ambientales; sin hacer uso, como a muchos tanto les gusta, de un Diseñador Inteligente?
Al cáncer es la enfermedad o, más precisamente, el conjunto de enfermedades, cuya curación se ha abordado de más formas diferentes. Se han desarrollado numerosas terapias para los distintos tipos de cánceres, cuyo objetivo final es, obviamente, impedir el crecimiento incontrolado de las células cancerosas en el organismo. Estas terapias incluyen la cirugía, cuando es posible, la quimioterapia, la radioterapia y el empleo de anticuerpos contra diversas moléculas de las células cancerosas. Sin embargo, numerosos científicos creen que la terapia más eficaz contra el cáncer todavía no ha sido desarrollada, o incluso comprendida, adecuadamente. Se trata de la inmunoterapia.
Ahora que incluso los analfabetos, y hasta los políticos y las políticas aguerridas, se han enterado, por fin, de lo que es un virus gracias al brote de Ébola, ha quedado claro que los virus son unos bichos muy malos. Tan solo unos pocos de ellos son capaces de generar el caos más absoluto a nivel mundial, y si a esto unimos la estupidez y la incompetencia humanas, el pánico está asegurado. No obstante, si acaso creemos que con el virus del Ébola ya lo hemos visto todo en relación a virus peligrosos, estaremos equivocados, porque el virus más peligroso no es ni el de la gripe aviar o porcina, ni el de la hepatitis C, ni el del Ébola, ni siquiera el del SIDA. El virus más peligroso es el virus homeopático.
La mayoría opina que el éxito académico depende, sobre todo, de un buen entorno educativo y del esfuerzo personal. Al fin y al cabo, uno no aprende matemáticas si nadie se las enseña y si no se esfuerza en aprenderlas. Aunque cualidades como la inteligencia son importantes, no lo son todo, y ni mucho menos fijan hasta donde podemos llegar. Incluso la inteligencia puede mejorarse con esfuerzo y dedicación y, por ello, poco tiene aquí que decir la genética: las calificaciones escolares no se heredan. Al menos eso se pensaba hasta ahora porque un reciente estudio demuestra que la genética tiene mucho que decir sobre el éxito académico de una persona.
Uno de los misterios que, misteriosamente, aún perdura en la actualidad es el del abominable hombre de las nieves, también conocido como Yeti. Se le llamó así por primera vez en 1921, cuando ni siquiera se sabía si era un hombre, y cuando tantos abominables hombres existen fuera de las nieves, parapetados y calentitos en bancos e instituciones varias, incluso ya por aquellos años. El caso es que con el tiempo se convirtió en misterio y aún hoy tiene muchos defensores que están convencidos de su existencia. Ahora, el profesor de Genética Humana de la Universidad de Oxford, Bryan Sykes, ha decidido aplicar las modernas técnicas de Biología Molecular para elucidar el misterio del Yeti.
Uno de los tumores más resistentes al tratamiento anticanceroso es el cáncer de páncreas. Investigaciones recientes han comenzado a desvelar por qué, y han confirmado que el crecimiento de muchos tumores, y en particular el de páncreas, necesita de una labor de equipo en la que participan tanto las células tumorales como algunas células normales que rodean al tumor. En algunos casos, las células normales, “engañadas” por el tumor, lo estimulan y lo protegen de ataques tanto internos, del sistema inmune, como externos, de los agentes quimioterapéuticos. ¿Por qué sucede esto?
Según los datos de la Organización Mundial de la Salud, la principal causa particular de muerte en el mundo es la enfermedad cardiovascular. Se sabe que el tabaquismo, la falta de ejercicio y una alimentación demasiado rica en grasas saturadas son factores de riesgo importantes para esta enfermedad, pero estos riesgos son modificables, es decir, pueden aumentar o disminuir en su importancia de acuerdo a nuestro grado de información y al compromiso que adquiramos con nuestra propia salud. No obstante, la ciencia ha descubierto igualmente que existen riesgos no modificables, es decir, que hagamos lo que hagamos nacemos y vivimos con ellos. Los riesgos no modificables más importantes son los genéticos.
El parásito de la malaria debe usar estrategias que aseguren su transmisión de un individuo a otro. Existen al menos dos posibilidades para ello. En la modalidad pasiva, el parásito se reproduciría a la misma velocidad hubiera o no mosquitos en el exterior que permitieran su transmisión; el parásito sería “ciego” a los mosquitos, y “confiaría” en su presencia tarde o temprano. En la modalidad activa, en cambio, el parásito detectaría la presencia en el entorno de mosquitos transmisores, probablemente tras una picadura, y se reproduciría con más rapidez en ese momento, para aumentar así la cantidad de microorganismos en la sangre del hospedador, a la espera de otra inevitable picadura que infectaría a un mosquito y posibilitaría la trasmisión a otro sujeto. Un reciente estudio analiza ambas posibilidades.
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