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Un experimento muestra cómo el cerebro humano, voluntariamente, puede aprender a filtrar la realidad y seleccionar sólo la parte de la misma que desea ver. La realidad es, tal vez, una, pero se multiplica en realidades diferentes en los cerebros de cada uno de nosotros.
Un estudio publicado en la revista Science profundiza en las consecuencias psicológicas de lavarse las manos. Los autores pretendían estudiar si lavarnos las manos, o bañarnos, logra que nos sintamos más satisfechos tras tomar una decisión. Inventaron un ingenioso experimento de psicología social en el que consiguieron que los individuos tomaran una decisión mundana, tras lo cual, la mitad se lavaron las manos y la otra mitad no, posteriormente informaron de lo satisfechos que, inconscientemente, se sentían con su decisión.
Muchas informaciones en una sola, un código dentro del código, ésa es la estrategia utilizada por las células del organismo a la hora de interpretar los genes. Un mismo fragmento puede ser utilizado para generar proteínas diferentes por el simple método de eliminar parte de su información manteniendo el sentido químico del código. Las células del cerebro, de músculo o de hueso deben poseer algún mecanismo preciso que elimine de un mismo gen la información necesaria para conseguir tres proteínas diferentes en cada caso. Es decir, las células deben utilizar algún código, unas reglas, para decidir qué información genética usar y cuál desechar, dependiendo de su naturaleza.
Los pacientes del “síndrome de la mano extraña” no pueden controlar el movimiento de una de sus manos, que parece actuar por su cuenta. Los pacientes de este síndrome relatan que han perdido el control de una de sus manos, la cual, para ellos, es ahora controlada por un ente exterior desconocido, aunque este ente se trate, en realidad, de alguna parte de sus cerebros. Un grupo internacional de investigadores han buscado la zona del cerebro que interviene en la decisión sobre la mano a utilizar en una determinada tarea.
Unos experimentos habían demostrado que el miedo, en los ratones de laboratorio, involucra la activación y el cambio en el funcionamiento de genes de las neuronas de las amígdalas. Si estas neuronas se dañaban, o se eliminaban, los ratones dejaban de comportarse como si tuvieran miedo. Las amígdalas son estructuras neuronales situadas en el interior de los lóbulos temporales de nuestros cerebros, es decir, en la zona cerebral cercana a nuestras orejas. Los humanos, al igual que los ratones y los vertebrados en general, también poseemos amígdalas ¿reside en ellas el centro del miedo? Lady “Sin Miedo” nos enseña que sí.
Cuando la fotosíntesis comenzó, hace más de tres mil millones de años, el oxígeno que se liberaba se fue acumulando rápidamente en la atmósfera y océanos. El oxígeno resultaba muy venenoso para los organismos anaeróbicos de la época y generó la que fue quizá la primera gran extinción de la historia de la vida. Los seres vivos que sobrevivieron fueron los que aprendieron a vivir en presencia de cantidades crecientes de oxígeno. Sin embargo, otros microorganismos tuvieron la suerte, o la desgracia, de continuar viviendo en un medio sin oxígeno. Y es que el oxígeno no ha invadido, ni aún hoy, todos los nichos ecológicos de la Tierra. Por ejemplo, algunas partes del fondo marino siguen encontrándose libres de oxígeno. En estos nichos, los organismos anaeróbicos continuaron viviendo y evolucionando.
La reproducción de las bacterias es tan rápida que en solo un año se han podido producir miles de generaciones, cada una ligeramente diferente de la anterior. Solo un año para las bacterias puede suponer un tiempo evolutivo similar a 250.000 años para nuestra especie. Su rápida evolución permite la generación de variantes más resistentes a la acción de un antibiótico dado. Es importante averiguar dónde se encuentra el repositorio de genes de resistencia en la comunidad bacteriana.
Se ha confirmado científicamente que niños y niñas de corta edad prefieren juguetes diferentes. Unos investigadores decidieron estudiar si el hecho de escoger distintos juguetes no se revelaría también en otros animales, en particular en otros primates. Para ello, investigaron las preferencias que mostraban monos macacos rhesus jóvenes (de 1 a 4 años de edad) por juguetes típicamente masculinos o típicamente femeninos, de acuerdo a su sexo.
Uno de los procedimientos de lucha contra el cáncer se basa en impedir que las células cancerosas reciban, desde la sangre, nutrientes y oxígeno y puedan así crecer. Esta estrategia intenta eliminar las células que forman los vasos sanguíneos, las cuales son también estimuladas a crecer junto a, y dentro de los tumores. Sin vasos sanguíneos que aporten oxígeno y nutrientes, ningún tipo de cáncer sólido puede vivir o crecer, como tampoco podría hacerlo ningún órgano ni célula normal. Dos estudios publicados en la revista Nature han confirmado la existencia de células de los vasos sanguíneos derivadas del propio tumor, y no de las células vasculares normales del paciente.
Una de las decepciones que la moderna genética molecular ha causado al ser humano es el conocimiento de qué éste no posee muchos más genes que una simple mosca de laboratorio. Este hecho, que supone un golpe de matamoscas mortal para nuestro ego es, sin embargo, algo de lo que podemos extraer una gran ventaja.
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