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Yo no me pongo metas ni objetivos. Lo que me guía en la vida, y que nunca pierdo, es una dirección que me permite disfrutar mi presente.
Percibo al amor como una energía que me ha permitido profundizar en mí y ese crecimiento que he buscado.
Este podcast es una expresión de mi ego. Es un audio de mí para mí, y te invito a escucharlo por si te sirve de algo.
Yo pienso que la vida es como la respiración: un inhalar y exhalar constante.
Lo más caro que he comprado no es una casa ni un coche: es una pendejada que no necesitaba.
Creo que el dinero es solo un comodín que nos da accesos a experiencias y también es una forma superficial de amar a otros.
Lo caro es no invertir en ti, en no poner a trabajar el dinero que ganas y todavía, gastarlo en cosas que no necesitas, dejando de lado experiencias que te acerquen con los demás.
En este podcast te invito a reflexionar sobre el enfoque que le das al dinero y en cómo lo usas.
Según yo, ni lo que observamos ni tampoco quien lo hace es relevante, porque lo importante es la observación misma.
La vida es aquí y ahora y al universo no le importas, pero a través de la observación que hagas en ti, podrás disfrutarte y cuestionarte como se te pegue la gana. Porque la vida es eso que nos está sucediendo detrás y a veces nos enfocamos más en solo mirar la meta alcanzada, pero nos olvidamos de apreciar y observar el proceso mismo.
A pesar de que todos los humanos somos distintos, nos encanta generalizar.
Tanto, que cuando alguien decide salirse del guión de lo “normal”, es criticado de forma severa. Por el simple hecho de romper con lo establecido o lo que se supone debería ser.
Pero ¿no será que el prejuicio es una declaración de “yo también quiero hacer lo mismo, pero lo ‘normal’ no me deja”?
Yo decidí no ser normal. Decidí buscar la rareza que hay en mí y en este episodio te comparto por qué considero que encontrar lo “distinto” que hay en ti puede resultar en una vida maravillosa que te estás perdiendo de vivir.
No me interesa ser un ejemplo a seguir ni llenar las expectativas de nadie.
Sinceramente, hago lo que hago porque a mi ego no le queda de otra que expresarse completamente. Y tal vez en ese proceso, alguien se inspira con mi propio camino, pero solo lo hago por mí.
Si dentro de eso, valoras lo que te entrego, te sirve mi vulnerabilidad, exposición y total transparencia, qué chingón. Pero lo último que busco es que alguien me ponga en un pedestal del que luego me tenga que tirar.
Esto que pasó hace unos días en Estados Unidos con George Floyd solo dejó en evidencia lo divididos que estamos como sociedad.
Las redes sociales se llenaron de manifestaciones “contra el racismo” y de una separación generalizada contra aquellos que no piensan como algunos quisieran. Todo se tornó en un “nosotros” contra “ustedes" sin la menor búsqueda de resolver la situación a través de la unión.
Creo que cuando inconscientemente nos separamos del resto y juzgamos al de enfrente, nos volvemos también parte del mismo problema. Un problema llamado racismo sistémico que te explico más a fondo en este episodio.
Mi único tema en esta vida es crecer en y desde el amor. Y es por eso que me atrevo a opinar de lo que sea y a mostrar toda mi sombra allá afuera sin que me importe que mi opinión sea percibida como “humilde”.
Porque hoy tengo los huevos de voltear a ver mi ego de frente y aceptarlo como lo que es; además de entenderlo como un aliado que al identificarlo me permite seguir creciendo. Porque, de hecho, a eso me dedico: a expresar, explicar y entender las maneras de usarlo a mi favor.
Si eso les funciona a otros para usarme como su espejo y detectarlo para crecer también, qué bueno. Pero sinceramente, no lo hago por nadie más. Es solo por mí; por amor.
Según yo, la mitad de la vida es destino, caos y programación que tú no puedes controlar.
Así que deja de decir que la vida no es justa, porque así es. Ni modo. Deja de pelearte con ello y empodérate de tu propia realidad, esa que sí puedes transformar a tu gusto.
Vivo mi vida como si fuera el preámbulo de un primer beso que tengo la certeza que algún día daré. Un beso que nadie me asegura que ocurrirá, pero internamente sé que va a pasar.
Así, al ser consciente de lo que pasará me dedico únicamente a saborear mis procesos.
¿Entonces si doy el beso y no está delicioso? Tengo el proceso. ¿Y si lo doy y sí lo está? Disfruté los dos
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