Conferencias Magistrales Fundación Rafael del Pino

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Conferencias Magistrales Fundación Rafael del Pino episodes

  • Innovación e inversión en inteligencia artificial. Luis Perez-Breva, español
    El 24 de mayo de 2018 tuvo lugar, en la Fundación Rafael del Pino, la conferencia magistral de Luis Pérez-Breva, director del MIT Innovation Team, sobre “Innovación e inversión en inteligencia artificial”, con motivo de la presentación de la edición en español de su libro “Innovar: un manifiesto de acción”.
    Pérez-Breva indicó que, a la hora de innovar, nos gusta pensar que se empieza con una idea disruptiva. La realidad, sin embargo, es muy distinta. No se empieza de esta forma porque nadie puede saber, a priori, si una idea es disruptiva. En realidad, el principio de todo es una idea peregrina, una combinación absurda.
    Lo que viene a continuación es una fijación por solucionar todos los problemas que surgen a la hora de desarrollar esa idea peregrina, porque son problemas que, hasta ahora, no ha resuelto nadie. En este sentido, Pérez-Breva puso como ejemplo la experiencia de Space X, la empresa espacial de Elon Musk. Musk quiso enviar a marte un pequeño invernadero para empezar a preparar al Planeta Rojo para su colonización y, ante las dificultades para llevar a cabo su idea, acabo por crear Space-X, que hoy realiza transportes a la estación espacial.
    Para avanzar, el primer paso es demostrarse a uno mismo, con los hechos y con los recursos de que se dispone, qué hace que esa idea inicial parezca peregrina. Es el caso del coche eléctrico, que consiste en acoplar una batería al vehículo. Este principio es más realizable de lo que parece. Después, todo es cuestión de ir resolviendo problemas hasta que se tiene un prototipo, algo que ya se pueda escalar.
    Innovar y emprender son dos cosas distintas. A veces se hacen las dos a la vez, a veces no hace falta crear una nueva compañía, a veces lo que se crea es una organización nueva con nuevas ideas.
    Innovar requiere una mentalidad distinta. Fracasar no es una opción ni hay un producto mínimamente viable con el que empezar. Lo que hay son personas, piezas y un problema escurridizo que promete explicar algún día como encajan piezas y personas. Todo lo demás -tecnología, modelos de negocio, arte, producto, …) llega por el camino. Y el final está por descubrir, mientras que por el camino te vuelves un experto. En este sentido, Pérez-Breva afirma que predecir el futuro es difícil; construirlo no.
    Eso lleva al problema de la miopía del producto, esto es, reconocemos las innovaciones después de triunfar como productos, pero cuesta ir más allá para ver la organización y sus orígenes. Entonces es cuanto intentamos predecir productos y no alcanzamos a materializar las visiones.
    Innovar consiste en resolver los problemas con las piezas de que se dispone. En este punto, Pérez-Breva puso el ejemplo del nacimiento de Greenpeace. Se trataba de un grupo de gente preocupada por el medio ambiente que quería detener una prueba nuclear estadounidense. Las piezas a combinar eran un anuncio, un concierto, un barco pesquero, las páginas de opinión y varios grupos sociales. Lo que hicieron fue anunciar su propósito, organizar un concierto para recaudar fondos y alquilar un barco pesquero para tratar de impedir la detonación de la bomba. Mientras el barco hacía su ruta, iba transmitiendo por radio todo cuanto acontecía. El barco fracasó en impedir la explosión, pero los medios se hicieron eco de su travesía, y de toda la historia, y publicaron textos al respecto, lo que despertó las conciencias de mucha gente. Los organizadores, a continuación, decidieron fundar Greenpeace.
    Se puede establecer una analogía entre la innovación y las tres leyes de la predicción que enunció el científico británico Arthur C. Clarke. Según estas leyes, cuando un científico eminente pero anciano afirma que algo es posible, con toda seguridad está en lo cierto; cuando afirma que algo es imposible, es muy probable que esté equivocado. Además, la única manera de descubrir los límites de lo posible es aventurarse un poco más allá, en terreno de lo imposible. Por último, cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia.
    Pues bien, lo que hace el innovador es traspasar los límites de lo posible, pero lo que fascina a los demás es la tecnología avanzada. La tarea del innovador, por tanto, es aventurarse un poco en el terreno de lo imposible. Sus herramientas son piezas, personas y problemas. El resultado es la innovación.
    La siguiente cuestión es: ¿se puede invertir directamente en innovación? Hoy por hoy las opciones son invertir en empresas nuevas. Sin embargo, las start-ups representan cada vez más un porcentaje menor de la economía. Hay más start-ups que nunca, pero crecen menos y mueren antes. Mientras tanto, en Estados Unidos, las grandes compañías aportan más empleo que las pequeñas, por primera vez desde 2003. A pesar de ello, apostamos por las start-ups porque los emprendedores que innovan son la causa del progreso económico.
    La inversión en innovación tiene que alinear los intereses de los inversores a largo plazo y de las fundaciones o los benefactores. Hay que abrirles la puerta a invertir activamente en hacer que la economía se sostenga con la tecnología como instrumento de innovación. También hay que contar con herramientas de inversión y trabajo competitivas con el capital riesgo que atraigan al talento que tiene el deseo de innovar. En este sentido, hay que tener en cuenta que hay talento que quiere innovar, pero que no tiene interés en emprender. Por último, hay que tener en cuenta que hay inversores que lo que persiguen es tener impacto a largo plazo.
    Por lo que se refiere a la inteligencia artificial, Pérez-Breva explicó que se trata de una aspiración por alcanzar otro tipo de inteligencia, de un campo de investigación a caballo entre muchos otros y de un motivo de pánico a causa de un malentendido fastidioso.
    Lo que se anuncia como inteligencia artificial son tecnologías como el reconocimiento de pautas, el machine learning, instrumentos de estadística y análisis de datos, el procesado del lenguaje natural, la robótica y la automatización, que ya existían, y cualquier otra cosa que se pueda hacer con un ordenador. Al mismo tiempo, los productos que se imaginan son la segmentación para hacer marketing online, la predicción de valores futuros, los sistemas de recomendaciones, el ajedrez y el go, los chatbots y los sistemas de voz, los robots y los vehículos autónomos, todo tipo de datos, etc. La evidencia, sin embargo, apunta a que todo esto ni son grandes ideas, ni son inteligencia artificial.
    Lo que falla es la imaginación, a causa de los modelos mentales a los que nos hemos limitado, según los cuales la inteligencia artificial sirve para reducir los recursos humanos, se restringe a la realización de tareas que los humanos hacemos mejor, suponen que los datos son valiosos y que necesitamos pautas complejas para predecir reglas de comportamiento de sistemas complejos.
    Lo que tenemos que hacer es vislumbrar oportunidades, como reunir piezas de información de distintas fuentes sin un modelo preconcebido, encontrar información usando ejemplos, construir narrativas que explican datos complejos y atajar problemas reales que no podemos resolver de ningún otro modo. Con la inteligencia artificial se puede lograr que la ciencia sea más accesible a la hora de valerse de ella.
    56 min
  • Dinámica económica: es el momento para políticas racionales. Juergen Donges, español
    El 8 de mayo de 2018 tuvo lugar en la Fundación Rafael del Pino la conferencia de Juergen B. Donges, catedrático emérito de la Universidad de Colonia, titulada “Dinámica económica: es el momento para políticas racionales”. Según Donges, estamos en un año crucial para el destino de la Unión Europea. Nos enfrentamos a unos cambios a nivel institucional de gran envergadura. Por ello, en 2018 hay que tomar las decisiones para todo lo que vaya a pasar en 2019. El año que viene hay que elegir un nuevo Parlamento Europeo, hay que nombrar una nueva Comisión Europea, un nuevo presidente, un nuevo economista jefe y un nuevo consejero del Banco Central Europeo. También hay que elegir un nuevo presidente de la UE.
    Al mismo tiempo está la necesidad de aprobar este año el próximo marco financiero plurianual 2012-2027, y hay que aprobarlo por unanimidad. El problema empieza con el Brexit, porque se va de la UE su segundo mayor financiador después de Alemania. Esto significa que hay un país menos y lo lógico sería que también hubiera menos gasto, pero lo que se pide, por el contrario, es más gasto y, por tanto, más contribuciones de los países miembros. Aquí hay dos posturas encontradas. Alemania y Francia, por un lado, dicen que están dispuestos a aumentar su contribución desde el 1% del PIB. España también. Por otro, está el grupo de pequeños países liderados por Holanda y Austria que tienen ideas totalmente distintas y piden bajar las contribuciones. Por ello, nos vamos a enfrentar a negociaciones muy duras y, mientras tanto, los comisarios europeos y los eurodiputados ni siquiera se preguntan si en un mundo de nuevas tecnologías es razonable que la política agrícola común siga siendo la partida más importante del presupuesto europeo.
    2018 también es el año de la ventana de oportunidad para que la UE aborde todos los temas que tiene sobre la mesa. Los gobiernos también deberían utilizar esta ventana de oportunidad. ¿Por qué? Porque se está convirtiendo en algo normal entre los gobiernos que sea Bruselas donde se resuelvan todos los problemas, pero eso es una falacia porque los problemas son nacionales y tienen que ser abordados con políticas nacionales, por ejemplo, en el caso del paro. La tentación de cargar con todo a Bruselas es grande, pero el peligro también porque la Comisión Europea no puede hacer todo lo que se le pide, por falta de recursos o de competencias, o porque no puede resolverlo. La consecuencia es que el desencanto se abra paso en la sociedad y termine con el auge del populismo.
    Esta ventana de oportunidad viene en un buen momento porque estamos en un año de recuperación económica más fuerte de lo previsto, con unas políticas monetarias muy laxas y unas políticas fiscales relajadas. También tenemos riesgos, pero en 2018 todavía no se van a materializar.
    El ritmo de crecimiento económico es muy sólido y está bastante bien sincronizado entre los países, a excepción del Reino Unido, que va para abajo a causa del Brexit. Por otro lado, los países con crisis de deuda soberana, entre ellos España, se han recuperado con firmeza, con esfuerzos propios de ajuste y reformas estructurales. Aun así, la izquierda se resiste a reconocer que las reformas estructurales y el saneamiento de las cuentas públicas son necesarias para que una economía se recupere. Lo malo que tiene su mensaje de que todo va mal, el trabajo es precario, etc. es que la gente se lo cree.
    Las cuatro economías grandes de la Eurozona tienen un crecimiento importante, con España a la cabeza. En Alemania hay un boom coyuntural como no se ha visto desde la reunificación, con una utilización de la capacidad productiva del 88%, con una escasez de mano de obra cualificada, lo que terminará desacelerando el ritmo de actividad. Las otras tres grandes economías también están creciendo por encima de su potencial de producción. El gran reto es tener políticas que incrementen el potencial de crecimiento, en vez de estimular la demanda, mediante una inversión empresarial dinámica, un progreso tecnológico que abarque toda la economía, personas cualificadas y una inmigración guiada y selectiva que complemente la oferta de trabajo nacional. Necesitamos también una tasa de actividad más alta y que se prolongue la vida laboral más allá de los 65 años.
    Esas políticas se orientan hacia la oferta, la parte de la economía en la que se toman las decisiones de producción. Incluyen impuestos moderados, no crear nuevos impuestos; regulaciones eficientes; inversiones públicas que hagan falta de verdad; un gasto público limitado y la reducción de la deuda pública acumulada. Si hiciéramos esto tendríamos presupuestos saneados, sostenibles y sin necesidad de un presupuesto europeo para contrarrestar perturbaciones cíclicas. Además, hay que tener en cuenta que la efectividad de las políticas fiscales es muy limitada.
    El mercado de trabajo es una de las historias más agradables porque la creación de empleo es significativa y el paro se va reduciendo. Seguimos teniendo diferencias notables entre países, pero en todos ellos se ve una tendencia al alza en la creación de empleo. Esto es reflejo, en parte, de la recuperación económica, pero también es fruto de unas reformas estructurales que han introducido más flexibilidad en los mercados, hasta el punto que la elasticidad del empleo con relación al crecimiento económico ha aumentado. Por desgracia, lo que se está discutiendo en países como España es derogar las reformas. En Alemania, incluso, ya volvemos a regularlo, lo cual es un error porque en la era de la digitalización necesitamos más flexibilidad, no menos. El modelo de contratación del futuro ya no será el contrato indefinido y les irá mejor a los que tengan una buena cualificación profesional. Quien sepa aprovechar las nuevas tecnologías conseguirá buenos contratos con buenos sueldos. En este sentido, no es conveniente hablar del salario digno porque supone despertar la expectativa de que una persona podrá tener un salario mayor que lo que aporte a la empresa, lo que favorece la sustitución de trabajo por capital. Macron lo ha entendido y está tratando de desregular el mercado de trabajo francés, a lo que se oponen unos sindicatos que están muy politizados.
    La prioridad para esto son las políticas de educación. El criterio es tener políticas educativas que establezcan la base para que se cree empleo. Para ello necesitamos personas que manejen matemáticas, ciencias naturales e ingeniería. También necesitamos un entendimiento adecuado de la economía y eso hay que proporcionarlo en el colegio. El dominio de idiomas es esencial. Lo que no tiene ningún sentido es reprimir regionalmente la lengua nacional. También se necesita formación profesional continuada, porque con el cambio tecnológico puede quedar obsoleta. Los gobiernos tienen que asumir el liderazgo para que todo lo relacionado con la digitalización pueda aprovecharse, por ejemplo, con un ancho de banda suficiente.
    En materia de inflación, 2018 nos ha traído una buena noticia y es la desaparición del riesgo de deflación. En el futuro, la inflación será baja por la competencia que trae la globalización por las consecuencias del cambio tecnológico, por la competencia de trabajadores con sueldos bajos. Por eso, el BCE tendría que cambiar su política monetaria, porque la actual genera incentivos perversos en los mercados financieros e inmobiliarios, tiene un impacto adverso en los balances bancarios y estimula el endeudamiento público. El BCE cumplió su papel en la recesión y lo hizo bien. Dio tiempo a los países con sus programas de compra de deuda y unos, como España, lo han aprovechado y otros como Italia, no. Pero la política monetaria no puede sustituir a las reformas estructurales.
    Para cambiar la política monetaria, lo primero es preanunciar la ruta de lo que se va a hacer, para despejar incertidumbres. Lo siguiente es comenzar con la salida de la política monetaria extraordinaria, de forma gradual, empezando este año cuando en octubre venza el programa de compra de activos. El tercer paso es iniciar una subida gradual de tipos de interés a partir de 2019. El último sería descargar el balance del BCE de estos activos.
    Lo que no necesitamos un ministro de Finanzas europeo. Ningún estado miembro renunciará a su competencia reina, que es la aprobación de los presupuestos. Si se hacen bien las reformas estructurales, la economía funcionará.
    Esas reformas deberían hacerlas los gobiernos porque conocen mejor que cualquier institución europea los problemas de su propio país, su idiosincrasia. Si cada uno hace sus deberes, redundaría en beneficio de la Unión Europea en su conjunto.
    59 min
  • El origen de la Unión Europea como área de libertad. Ramón Pérez Maura
    La Fundación Rafael del Pino, Free Market Road Show y el Instituto Juan de Mariana organizaron, el 19 de abril de 2018, el evento “Free Market Road Show Madrid 2018: Occidente y el valor de la libertad.”
    En la mesa redonda participaron:
    Eduardo Fernandez Luiña, Analista de Relaciones Internacionales, Fundación FAES
    Almudena Negro, Periodista especializada en comunicación digital y asociacionismo
    Víctor Santana, Asesor del eurodiputado británico Daniel Hannan
    Manuel Llamas, Redactor jefe de economía, Libertad Digital (moderador)
    16 min
  • El cuerpo y el alma del liberalismo. Juan Ramón Rallo, español.
    La Fundación Rafael del Pino, Free Market Road Show y el Instituto Juan de Mariana organizan, el 19 de abril de 2018 a las 16.30, el evento “Free Market Road Show Madrid 2018: Occidente y el valor de la libertad.”
    Para que funcione el capitalismo, es necesario que florezca una serie de valores basados en la justicia, la prudencia, la fortaleza y la templanza, así como en las versiones secularizadas de la fe, la esperanza y la caridad. Juan Ramón Rallo lo explica.
    ¿Qué valores son necesarios para que florezca el capitalismo, para que proporcione un progreso generalizado para el conjunto de la población? Según Juan Ramón Rallo, director del Instituto Juan de Mariana, la respuesta más común es que necesitamos de instituciones, entendidas éstas como un marco jurídico común que respete la propiedad privada, los contratos, la libertad individual, dentro de un contexto de estabilidad macroeconómica y de un Estado limitado. Son las ideas que brotan del consenso de Washington y son condición necesaria para el desarrollo económico, para que florezca el capitalismo.
    Además, son necesarios otros valores, como un comportamiento virtuoso a la hora de comerciar. En Occidente se ha hablado de siete virtudes, cuatro de ellas cardinales -justicia, prudencia, fortaleza y templanza- y tres teologales -caridad, fe y esperanza-. Estas siete virtudes son esenciales para que el capitalismo funcione.
    Justicia es dar a cada uno lo suyo, esto es, respetar la libertad y la propiedad ajena, cumplir con la palabra dada, reparar el daño causado, combatir los privilegios, reconocer la igualdad de derechos. El capitalismo requiere de justicia para todo esto.
    También necesita de prudencia, esto es, actuar de manera adecuada y con moderación, pensar con madurez, decidir con sabiduría y ejecutar con rectitud. En el capitalismo, la prudencia es necesaria para perseguir el interés propio comerciando, en vez de parasitando; para buscar el beneficio sin asumir riesgos alocados, para reflexionar críticamente sobre nuestras decisiones, para ejecutar diligentemente nuestros planes, para buscar el perfeccionamiento continuado de nuestra actividad empresarial y para calcular las consecuencias de nuestras decisiones en el mercado.
    La fortaleza es vencer al miedo sin caer en la temeridad para perseguir aquello que nos resulta difícil de alcanzar. Es atacar para conquistar metas más altas en nuestra vida y es resistir al desaliento y la desesperanza. El capitalismo necesita de ello para innovar, penetrar en nuevos mercados, competir con otras empresas, desafiar las regulaciones injustas, resistir el pesimismo ante una crisis, etc.
    Templanza es controlar nuestras pasiones para no caer en comportamientos socialmente disfuncionales. El capitalismo la necesita para ahorrar y acumular capital, evitando el consumismo desenfrenado; para escuchar al cliente con humildad, para no caer en la autocomplacencia empresarial y reconocer que la vida es un proceso de aprendizaje continuo para emular los logros ajenos.
    Las virtudes teologales, que deben estar secularizadas para aplicarse al capitalismo, vienen encabezadas por la fe, entendida como confiar en aquello que no entendemos plenamente. En este caso, la tradición, las normas y los usos que han conformado la cooperación social antes de nosotros y aceptar nuestras limitaciones cognitivas. El capitalismo lo requiere en los usos comerciales para no caer en la trampa del planificador.
    Esperanza es confianza en un futuro al que no conocemos, el no vernos paralizados por el miedo al cambio. El capitalismo requiere esperanza no solo en nuestro propio éxito, sino también en el éxito ajeno, el progreso, la tecnología, el crecimiento económico y las nuevas empresas.
    Caridad es la preocupación por el bien del prójimo y la confianza de que los demás también se preocupen por el nuestro. Es una forma de estructurar las relaciones humanas de cooperación buscando el bien común, rechazar la visión de la sociedad como una lucha fratricida. Es armonía de intereses. El capitalismo requiere de caridad hacia los trabajadores, los consumidores, los proveedores, los socios y el resto de la comunidad, para evitar la envidia hacia los éxitos del prójimo.
    Las virtudes cardinales aplicadas al comercio aportan el andamiaje básico para que la cooperación capitalista sea posible. Ahora bien, hace falta también respeto hacia el empresario y el capitalista. Solo con instituciones formales no tenemos capitalismo. También necesitamos las virtudes teologales secularizadas, es decir, necesitamos también instituciones informales. Tratar de trasplantar unas instituciones meramente formales en unos países donde no hay ese poso subyacente, no ha dado buenos resultados.
    15 min
  • El futuro de los medios de comunicación tradicionales. Martin Baron, english
    La Fundación Rafael del Pino y la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra organizaron el 25 de enero de 2017, la V edición de “Conversaciones con…”, que contó con la participación de Martin Baron, director del Washington Post.
    La intervención de Baron tuvo dos ejes centrales: por un lado, las relaciones entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y los medios de comunicación, con las implicaciones que ello tiene para el futuro de la democracia, y, por otro, en el futuro de los medios de comunicación ante el cambio disruptivo que están provocando las nuevas tecnologías.
    Baron, recordó las descalificaciones que ha dirigido Trump a los medios de comunicación, de los que ha dicho, según Baron, que son el enemigo, que son asquerosos, que son deshonestos y que difunden noticias falsas. Por ello, el director del Washington Post, el diario que destapó el escándalo Watergate que le costó la presidencia a Richard Nixon, sospecha que Trump tratará de ponerles todo tipo de obstáculos y trabas legales con el fin de limitar la libertad de expresión y de prensa. Por ello considera que está en juego la libertad de expresión.
    Para Baron, un posible endurecimiento de las relaciones entre Trump y la prensa resulta un asunto muy preocupante porque los medios juegan un papel central en la democracia, puesto que la democracia no existe si no hay libertad de expresión y libertad de prensa.
    Con independencia de las relaciones entre la Casa Blanca y los medios de comunicación, estos ya están sufriendo las consecuencias de un cambio tecnológico disruptivo que, en su opinión, irá todavía más rápido en el futuro. Ahora, los medios ya no compiten solo entre ellos; tienen que hacerlo también con las redes sociales, con YouTube, etc. El escenario, por tanto, ahora es completamente nuevo y distinto y los medios tienen que adaptarse con rapidez a él.
    Hoy las cosas han cambiado tanto que internet y las redes sociales están socavando la capacidad de influencia de los medios de comunicación. Y, lo que es peor para los medios tradicionales, las nuevas tecnologías permiten a cualquiera conseguir la información que quiera, en cualquier momento y lugar, y a través de cualquier dispositivo. Esto plantea un problema, porque hay mucha gente que solo quiere leer informaciones que estén en línea con sus opiniones, algo muy fácil de hacer hoy en día precisamente gracias a las nuevas tecnologías, pero que tiene el gran inconveniente de que impide que lleguen a esas personas noticias y opiniones alternativas que puedan cuestionar los puntos de vista o la visión del mundo de las personas. Este es un problema fundamental para la democracia.
    Y es que las redes sociales determinan la información que recibimos, difunden historias entre millones de personas y se han convertido en competidores fundamentales para los medios tradicionales. En este sentido, será clave para la supervivencia de los medios que estos sean capaces de crear rápidamente nuevos productos para los lectores y para los anunciantes.
    40 min
  • El futuro de los medios de comunicación tradicionales. Martin Baron, español
    La Fundación Rafael del Pino y la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra organizaron el 25 de enero de 2017, la V edición de “Conversaciones con…”, que contó con la participación de Martin Baron, director del Washington Post.
    La intervención de Baron tuvo dos ejes centrales: por un lado, las relaciones entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y los medios de comunicación, con las implicaciones que ello tiene para el futuro de la democracia, y, por otro, en el futuro de los medios de comunicación ante el cambio disruptivo que están provocando las nuevas tecnologías.
    Baron, recordó las descalificaciones que ha dirigido Trump a los medios de comunicación, de los que ha dicho, según Baron, que son el enemigo, que son asquerosos, que son deshonestos y que difunden noticias falsas. Por ello, el director del Washington Post, el diario que destapó el escándalo Watergate que le costó la presidencia a Richard Nixon, sospecha que Trump tratará de ponerles todo tipo de obstáculos y trabas legales con el fin de limitar la libertad de expresión y de prensa. Por ello considera que está en juego la libertad de expresión.
    Para Baron, un posible endurecimiento de las relaciones entre Trump y la prensa resulta un asunto muy preocupante porque los medios juegan un papel central en la democracia, puesto que la democracia no existe si no hay libertad de expresión y libertad de prensa.
    Con independencia de las relaciones entre la Casa Blanca y los medios de comunicación, estos ya están sufriendo las consecuencias de un cambio tecnológico disruptivo que, en su opinión, irá todavía más rápido en el futuro. Ahora, los medios ya no compiten solo entre ellos; tienen que hacerlo también con las redes sociales, con YouTube, etc. El escenario, por tanto, ahora es completamente nuevo y distinto y los medios tienen que adaptarse con rapidez a él.
    Hoy las cosas han cambiado tanto que internet y las redes sociales están socavando la capacidad de influencia de los medios de comunicación. Y, lo que es peor para los medios tradicionales, las nuevas tecnologías permiten a cualquiera conseguir la información que quiera, en cualquier momento y lugar, y a través de cualquier dispositivo. Esto plantea un problema, porque hay mucha gente que solo quiere leer informaciones que estén en línea con sus opiniones, algo muy fácil de hacer hoy en día precisamente gracias a las nuevas tecnologías, pero que tiene el gran inconveniente de que impide que lleguen a esas personas noticias y opiniones alternativas que puedan cuestionar los puntos de vista o la visión del mundo de las personas. Este es un problema fundamental para la democracia.
    Y es que las redes sociales determinan la información que recibimos, difunden historias entre millones de personas y se han convertido en competidores fundamentales para los medios tradicionales. En este sentido, será clave para la supervivencia de los medios que estos sean capaces de crear rápidamente nuevos productos para los lectores y para los anunciantes.
    43 min
  • Diplomacy and American Foreign Policy in the Trump Era. Nicholas Burns, español
    El pasado 16 de febrero de 2017 tuvo lugar la conferencia de Nicholas Burns, organizada por la Fundación Rafael del Pino, bajo el título “A new power competition in the international system”.
    Burns, que es Roy and Barbara Goodman Family Professor of the Practice of Diplomacy and International Relations en la Harvard Kennedy School, inició su intervención advirtiendo de que 2017 se presenta con una de las agendas externas más complejas, tanto para Estados Unidos como para Europa. Por un lado, Occidente se encuentra en crisis debido al auge del populismo que ha producido la pérdida de empleo como consecuencia de la crisis económica. Por otro se encuentra el cambio climático, que afecta a millones de personas en el mundo, un ámbito donde estamos avanzando a pasos pequeños. La lucha contra el tráfico de drogas y de personas, o contra el ciberespionaje y los ciberdelitos son otros ámbitos que requieren cooperación internacional. Ya no se trata de colaboración a escala regional, sino global. Y a todo ello se añade el problema de Corea del Norte y su poder nuclear, puesto que puede tener un misil balístico en diez años e intentar una guerra nuclear o un chantaje.
    Europa y Estados Unidos son los poderes tradicionales, a los que ahora se unen los BRICS y los MINT, y a los que les piden que se organicen para afrontar el cambio climático.
    Europa, sin embargo, ahora se encuentra en crisis. Esa Europa que surgió tras la Segunda Guerra Mundial, convertida en un conjunto de naciones democráticas con valores sociales y generadoras de riqueza y bienestar, ahora se ven amenazadas por el populismo. Además, tiene que afrontar el desafío de Rusia, que atacó Georgia y ahora ataca Ucrania y a quien habría que hacer pagar la invasión de Ucrania.
    El propio proyecto de la Unión Europea también se encuentra en tela de juicio estos días. El problema de los inmigrantes divide Europa y, con ello, la UE se debilita. La gente, además, quiere que se renacionalicen una serie de políticas traspasadas a la UE. Y está, además, el problema del Brexit. Pero salir de la UE puede ser un desastre en términos políticos, económicos y sociales.
    Estados Unidos siempre apoyó a la Unión Europea y Burns espera que Trump siga haciéndolo. De hecho, América necesita a Europa. Es la base de su poder, como también lo son Canadá y el Tratado de Libre Comercio.
    Conviene recordar que no estamos en 1987, sino que vivimos en una economía global y, por tanto, no podemos rechazar el comercio global. Si lo hacemos, China se aprovechará de ello.
    También se cuestiona la inmigración. En este sentido, Burns recordó que Estados Unidos es un país de libertad, donde todos los estadounidenses tienen una historia de inmigración detrás, aunque sea la de sus abuelos. La gente va a Estados Unidos porque quieren ser ciudadanos, no criminales, dijo.
    Burns concluyó indicando que necesitamos volver al orden mundial construido en 1945, porque es la mejor invención de la historia.
    37 min
  • Diplomacy and American Foreign Policy in the Trump Era. Nicholas Burns, english
    El 21 de febrero de 2017, la Fundación Rafael del Pino organizó el encuentro titulado “Brexit, Trump y el futuro del orden liberal”, en el que participaron Kevin Budd, ex primer ministro y ex ministro de Asuntos Exteriores de Australia, y Roger Cohen, columnista del ‘New York Times’.
    El primero en intervenir fue Kevin Budd, quien advirtió de la necesidad de reconocer los grandes retos, profundos y sistémicos, a los que se enfrentan hoy los países occidentales y que han puedo en cuestión los valores liberales. La revolución tecnológica, la fragmentación de las sociedades, la trivialización de la opinión pública son fenómenos que están dándose de forma simultánea. Para afrontarlos, es importante tener una visión de la historia amplia y de largo plazo.
    La difusión de noticias falsas a través de las redes sociales, por ejemplo, se aprovecha de la libertad y de los valores liberales. Con ello se limita la libertad de prensa, cuando perseguir la verdad es una tradición de Occidente.
    El desafío tecnológico viene ejemplificado perfectamente por la ley de Moore, según la cual la capacidad de procesamiento de un microchip se duplica cada dos años, con lo que su crecimiento es exponencial. Todo ello tiene consecuencias. Por ejemplo, el desarrollo de la inteligencia artificial tiene su impacto sobre el empleo y puede convertir al ser humano en redundante. El reto, por tanto, es cómo gestionar el cambio tecnológico para que beneficie a la mayoría.
    El tercer desafío es la destrucción del contrato económico y social. Desde la crisis financiera, y en parte a causa de ella, está aumentando la desigualdad, tanto de rentas como de oportunidades, lo que empieza a fracturar ese contrato de forma profunda.
    El crecimiento de la desigualdad lleva al cuarto desafío: el fracaso de la política. La incapacidad de gestionar de forma adecuada el impacto de la globalización está implicando la aparición de los populismos.
    Todo ello representa una seria amenaza a los valores liberales. Y la pregunta es cómo vamos a afrontar esos desafíos.
    Por su parte, Roger Cohen inició su intervención calificando al Brexit de decisión alocada y exponiendo que hay mucha gente que quiere un cambio disruptivo, lo que explica la victoria de Trump.
    Cohen recordó que, en 1989, con la caída del comunismo, parecía que había llegado el fin de la historia de la mano del triunfo del consenso liberal. Las cosas, sin embargo, no son así. Ahora tenemos que afrontar lo que el diccionario de Oxford denomina la post verdad, así como la consideración de que la única verdad es la que emana de líder, todo lo cual supone un peligro para los valores liberales.
    Lo que está pasando en Estados Unidos es preocupante. Por ejemplo, la dualidad de posiciones sobre la OTAN de Trump y Pence es algo peligroso porque afecta a la seguridad y a la estabilidad mundiales.
    Por otra parte, América es una idea; una idea de libertad, democracia y apertura. Ahora se está desprendiendo de ella por culpa de Trump y su amenazante “America First”.
    Trump también ataca a la UE y espera que haya más países que abandonen el proyecto europeo, lo cual es algo completamente nuevo. Antes, Estados Unidos veía a la UE como una pieza clave para la estabilidad en el continente. Pero ahora las cosas están cambiando porque Trump no conoce la historia europea.
    “America First” también significa atacar a la OTAN y retirarse de los acuerdos comerciales internacionales, como el TTIP, cuando el multilateralismo ha sido un pilar fundamental de la estabilidad.
    También va contra la prensa y contra la verdad. Banon dijo que la prensa tenía que callarse, cuando la prensa es fundamental para la libertad.
    Trump se comporta más como un líder de un movimiento que como el presidente de Estados Unidos. En este sentido, sus ataques al Congreso son preocupantes. En estos casos, las instituciones del orden liberal se ven socavadas de manera sistemática.
    Algo pasa en nuestras sociedades y debemos reconocerlo porque de ello se alimenta el populismo.
    37 min
  • Nuevas demandas, nuevas propuestas en el sector educativo. Karen Sibley, español
    El futuro del mercado de trabajo no va a ser como el pasado. Muchas de las profesiones de toda la vida están llamadas a desaparecer, mientras surgen otras nuevas que, hoy por hoy, apenas pueden vislumbrarse. Este cambio siempre ha existido, pero nunca tan acelerado como en la actualidad, cuando ha alcanzado velocidades de vértigo de la mano de un cambio tecnológico de naturaleza exponencial y cuando lo que puede hacer la tecnología por el hombre ha alcanzado cotas inimaginables hace no mucho tiempo. Este nuevo mundo demanda nuevas cualificaciones profesionales y los educadores tendrán que formar a las personas para poder incorporarse al mercado de trabajo, teniendo en cuenta esta realidad.
    Para poder afrontar este importante desafío, los profesores tendrán que abandonar el sistema tradicional de clases y desarrollar un espíritu empresarial para transmitir a los jóvenes la necesidad de que se inventen a sí mismos y los medios para poder hacerlo. Este es el principal mensaje que dejó Karen Sibley, vicepresidenta de Iniciativas Estratégicas y decana de la School of Professional Studies de la Brown University.
    La profesora Sibley estuvo en la Fundación Rafael del Pino el 7 de marzo de 2018 para pronunciar la conferencia titulada “Nuevas demandas en la educación ante un nuevo escenario. Conectando los distintos tramos del proceso educativo a partir de tácticas emprendedoras”. En su intervención se mostró claramente a favor del uso de la tecnología con fines pedagógicos. Desde su punto de vista, el sistema educativo necesita crear conectividad para que la tecnología pueda actuar y permitir que cada vez más gente pueda aprender de los grandes educadores del mundo, lo que implica que el aula, entendida como espacio físico, debe cambiar.
    El espíritu educativo también debe adaptarse a los nuevos tiempos porque la realidad del mercado de trabajo impone que las personas continúen aprendiendo a lo largo de su vida, se reinventen y realicen contribuciones en su trabajo, para la sociedad y para el mundo.
    Hoy hay ya gente que acude al sistema educativo porque sienten la necesidad de disrumpirse a sí mismos, esto es para cambiar de forma brusca y radical sus cualificaciones profesionales y sustituir a las que hasta ahora tenía o venía utilizando. Disrumpirse resulta excitante y hace que las personas que se embarcan en ello sean felices, se sientan bien. Se trata tanto de cambiar uno mismo como de cambiar la forma de hacer las cosas. Esto es lo que deben hacer los estudiantes a lo largo de su vida.
    Esta perspectiva cobra especial importancia en el mundo educativo porque los conocimientos que ahora creemos que se precisan para el trabajo, pueden no resultar necesarios en el futuro, con lo que la persona podría verse obligada a reinventarse a sí misma en términos profesionales.
    Para que el sistema educativo pueda adaptarse a estas exigencias resulta importante que las personas puedan experimentar con distintos tipos de estudios y que, a través de ellos, puedan descubrir dónde ir y qué hacer. En este sentido, es preciso tener en cuenta que las personas, por lo general, no pueden elegir los momentos de disrupción, sino que estos les vienen cuando les vienen.
    El cambio de sistema educativo no es sencillo. La profesora Sibley explicó que tratar de implantar esta nueva concepción docente en la Universidad de Brown fue todo un desafío, porque se trataba de crear algo que no existía en una institución que cuenta con dos siglos y medio de historia. Para conseguirlo, diseñó un producto que fuera comercializable para, después, poder convencer a otros de que la propuesta tenía valor.
    Para llevarlo a cabo, la cuestión que se planteó fue cómo conseguir más estudiantes, teniendo en cuenta que muchas personas no se lo pueden permitir. Con este fin, se diseñaron nuevos programas que permitieran a los estudiantes sentirse cómodos, a gusto, pero también que su experiencia fuera una experiencia del mundo real. También exploraron las posibilidades docentes que ofrece la tecnología para esos estudiantes que carecen de medios o a los que les falta tiempo.
    Mediante la tecnología trataron de que los estudiantes pudieran trabajar en grupo y se crease una comunidad de aprendices con pasión por el aprendizaje y la colaboración. Con ello se pretendía capacitar a los estudiantes para que emprendiese sus propios proyectos vitales.
    Todo ello se hizo pensando en que las empresas buscan nuevos tipos de talento, como capacidad de aprendizaje durante toda la vida, compromiso y capacidad de trabajo en equipo, capacidad de crear y de comunicar, inventiva, curiosidad, … Y es que, dentro de cinco años, los estudiantes actuales tendrán que volver a aprender, a afrontar desafíos como la inteligencia artificial y a desenvolverse en un entorno volátil, incierto, complejo y ambiguo.
    Los docentes deben estar preparados para este nuevo mundo. Deben tener una mentalidad emprendedora para buscar soluciones a los problemas. Necesitan plantear desafíos a los alumnos para que estos busquen las soluciones a problemas complejos. Necesitan inventar y reinventarse a sí mismos. Necesitan desarrollar métodos y sistemas para que el estudiante pueda aprender a su propio ritmo, proporcionarle formación cuándo y dónde la necesite, inspirarle para asumir retos y ofrecerle la oportunidad de trabajar en grupo. Todo ello incluye también un concepto de aprendizaje abierto, entendiendo por tal que el estudiante pueda elegir libremente los cursos que quiera hacer, probando cosas diferentes, descartando lo que no le interese, para que pueda convertirse en el arquitecto de sí mismo.
    48 min
  • Nuevas demandas en la educación ante un nuevo escenario. Karen Sibley, english
    El futuro del mercado de trabajo no va a ser como el pasado. Muchas de las profesiones de toda la vida están llamadas a desaparecer, mientras surgen otras nuevas que, hoy por hoy, apenas pueden vislumbrarse. Este cambio siempre ha existido, pero nunca tan acelerado como en la actualidad, cuando ha alcanzado velocidades de vértigo de la mano de un cambio tecnológico de naturaleza exponencial y cuando lo que puede hacer la tecnología por el hombre ha alcanzado cotas inimaginables hace no mucho tiempo. Este nuevo mundo demanda nuevas cualificaciones profesionales y los educadores tendrán que formar a las personas para poder incorporarse al mercado de trabajo, teniendo en cuenta esta realidad.
    Para poder afrontar este importante desafío, los profesores tendrán que abandonar el sistema tradicional de clases y desarrollar un espíritu empresarial para transmitir a los jóvenes la necesidad de que se inventen a sí mismos y los medios para poder hacerlo. Este es el principal mensaje que dejó Karen Sibley, vicepresidenta de Iniciativas Estratégicas y decana de la School of Professional Studies de la Brown University.
    La profesora Sibley estuvo en la Fundación Rafael del Pino el 7 de marzo de 2018 para pronunciar la conferencia titulada “Nuevas demandas en la educación ante un nuevo escenario. Conectando los distintos tramos del proceso educativo a partir de tácticas emprendedoras”. En su intervención se mostró claramente a favor del uso de la tecnología con fines pedagógicos. Desde su punto de vista, el sistema educativo necesita crear conectividad para que la tecnología pueda actuar y permitir que cada vez más gente pueda aprender de los grandes educadores del mundo, lo que implica que el aula, entendida como espacio físico, debe cambiar.
    El espíritu educativo también debe adaptarse a los nuevos tiempos porque la realidad del mercado de trabajo impone que las personas continúen aprendiendo a lo largo de su vida, se reinventen y realicen contribuciones en su trabajo, para la sociedad y para el mundo.
    Hoy hay ya gente que acude al sistema educativo porque sienten la necesidad de disrumpirse a sí mismos, esto es para cambiar de forma brusca y radical sus cualificaciones profesionales y sustituir a las que hasta ahora tenía o venía utilizando. Disrumpirse resulta excitante y hace que las personas que se embarcan en ello sean felices, se sientan bien. Se trata tanto de cambiar uno mismo como de cambiar la forma de hacer las cosas. Esto es lo que deben hacer los estudiantes a lo largo de su vida.
    Esta perspectiva cobra especial importancia en el mundo educativo porque los conocimientos que ahora creemos que se precisan para el trabajo, pueden no resultar necesarios en el futuro, con lo que la persona podría verse obligada a reinventarse a sí misma en términos profesionales.
    Para que el sistema educativo pueda adaptarse a estas exigencias resulta importante que las personas puedan experimentar con distintos tipos de estudios y que, a través de ellos, puedan descubrir dónde ir y qué hacer. En este sentido, es preciso tener en cuenta que las personas, por lo general, no pueden elegir los momentos de disrupción, sino que estos les vienen cuando les vienen.
    El cambio de sistema educativo no es sencillo. La profesora Sibley explicó que tratar de implantar esta nueva concepción docente en la Universidad de Brown fue todo un desafío, porque se trataba de crear algo que no existía en una institución que cuenta con dos siglos y medio de historia. Para conseguirlo, diseñó un producto que fuera comercializable para, después, poder convencer a otros de que la propuesta tenía valor.
    Para llevarlo a cabo, la cuestión que se planteó fue cómo conseguir más estudiantes, teniendo en cuenta que muchas personas no se lo pueden permitir. Con este fin, se diseñaron nuevos programas que permitieran a los estudiantes sentirse cómodos, a gusto, pero también que su experiencia fuera una experiencia del mundo real. También exploraron las posibilidades docentes que ofrece la tecnología para esos estudiantes que carecen de medios o a los que les falta tiempo.
    Mediante la tecnología trataron de que los estudiantes pudieran trabajar en grupo y se crease una comunidad de aprendices con pasión por el aprendizaje y la colaboración. Con ello se pretendía capacitar a los estudiantes para que emprendiese sus propios proyectos vitales.
    Todo ello se hizo pensando en que las empresas buscan nuevos tipos de talento, como capacidad de aprendizaje durante toda la vida, compromiso y capacidad de trabajo en equipo, capacidad de crear y de comunicar, inventiva, curiosidad, … Y es que, dentro de cinco años, los estudiantes actuales tendrán que volver a aprender, a afrontar desafíos como la inteligencia artificial y a desenvolverse en un entorno volátil, incierto, complejo y ambiguo.
    Los docentes deben estar preparados para este nuevo mundo. Deben tener una mentalidad emprendedora para buscar soluciones a los problemas. Necesitan plantear desafíos a los alumnos para que estos busquen las soluciones a problemas complejos. Necesitan inventar y reinventarse a sí mismos. Necesitan desarrollar métodos y sistemas para que el estudiante pueda aprender a su propio ritmo, proporcionarle formación cuándo y dónde la necesite, inspirarle para asumir retos y ofrecerle la oportunidad de trabajar en grupo. Todo ello incluye también un concepto de aprendizaje abierto, entendiendo por tal que el estudiante pueda elegir libremente los cursos que quiera hacer, probando cosas diferentes, descartando lo que no le interese, para que pueda convertirse en el arquitecto de sí mismo.
    48 min

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La Fundación Rafael del Pino, con el objetivo de contribuir a la mejora de los conocimientos de los dirigentes españoles, organiza Conferencias Magistrales en las que participan destacadas…

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