Conferencias Magistrales Fundación Rafael del Pino

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Conferencias Magistrales Fundación Rafael del Pino episodes

  • ¿Cuáles son las consecuencias económicas del Brexit para España? Luis Garicano
    El 29 de mayo de 2017, la Fundación Rafael del Pino organizó la conferencia sobre las consecuencias económicas del Brexit para España que impartió Luis Garicano, catedrático de Economía y Estrategia de la London School of Economics.
    Garicano explicó que el contexto económico tuvo mucho que ver con el Brexit, un contexto de incertidumbre y ansiedad de las clases medias derivada de la globalización y de un cambio tecnológico que está reemplazando los empleos rutinarios por máquinas. Todo ello ha creado en las clases medias una sensación de que su futuro está en peligro y ha permitido que políticos sin escrúpulos puedan convertir esa ansiedad en votos, ofreciendo soluciones sencillas pero que no resuelven nada.
    El auge del populismo ha sido una sorpresa enorme porque ha surgido en sitios que nadie esperaba. Ese populismo pretende dinamitar algunos de los consensos básicos de nuestras sociedades y está buscando la vuelta al estado-nación, al localismo. Pero eliminar todo ese mundo de tratados económicos internacionales tiene mucho riesgo.
    Una de las manifestaciones del populismo ha sido el Brexit, que ha tenido mucho que ver con esa ansiedad de las clases medias. Y es que, al final, lo que el Brexit vendía es esa recuperación por parte de las clases medias del control de su vida.
    Básicamente, el problema clave del Brexit es el Mercado Único. En este sentido, muchos pensaban que los británicos iban a buscar una salida suave sin tocar el Mercado Único, permaneciendo en él.
    Europa lleva mucho tiempo buscando un Mercado Único. El obstáculo fundamental al mismo son las barreras no arancelarias. Para superarlas, en la década de los 80 se puso en marcha un proceso de integración a través del reconocimiento mutuo de legislaciones y de la armonización legislativa. Este proceso implica que hay un tribunal, el Tribunal Europeo de Justicia, que decide cuáles son las leyes en Inglaterra, lo cual ha resultado muy polémico allí.
    En esta búsqueda de la recuperación del control, el Brexit tiene tres elementos de desacuerdo con el Mercado Único que son muy importantes. En primer lugar, la libre circulación de personas. Los británicos quieren eliminar esto para controlar sus fronteras. También quieren dejar de contribuir al presupuesto comunitario y quieren que se acabe la jurisdicción del Tribunal Europeo de Justicia. El problema es que Europa no está dispuesta a ceder, sobre todo en lo referente al Tribunal, porque no se puede tener un Mercado Único con reglas diferentes en cada país.
    El riesgo respecto a todo ello está relacionado con el hecho de que nos esperan dos años de negociación para el divorcio y, una vez concluidas, otras para decidir cómo comerciamos. Pero si no se consigue el acuerdo de divorcio, no se puede negociar el acuerdo comercial. Y si no hay acuerdo de divorcio, a los dos años se produce una ruptura radical y los británicos dejan de tener acceso al mercado europeo. El riesgo, por tanto, no es un Brexit duro, sino una ruptura. Y en torno a todo ello se está creando en el Reino Unido un clima de opinión que no facilita un paso atrás.
    Las consecuencias para España serán peores cuanto más duro sea el Brexit. Desde la perspectiva de la libertad de circulación de personas, en España hay viviendo 306.000 británicos de forma permanente, pero si se añade a los que pasan aquí nada más que una parte del año, la cifra asciende a un millón de personas. Los españoles viviendo en el Reino Unido son cien mil. Tenemos muchos problemas potenciales en relación con estas personas, como son los visados, la vivienda, la sanidad, las pensiones, …
    En el terreno del comercio España tiene mucho que perder. Tenemos un superávit comercial con el Reino Unido superior al 1% del PIB. El mercado británico es el cuarto más importante para nuestras exportaciones. Y todos los años nos visitan 16 millones de turistas procedentes de allí. Para hacernos una idea, el Brexit supondría un coste adicional del 11% para el vino español que se vende en el Reino Unido.
    Por lo que se refiere a la libertad de movimientos de capitales, el Reino Unido ha sido el primer destino de la inversión extranjera directa española, con presencia importante en sectores como la energía, los aeropuertos o la banca.
    35 min
  • The Rise and Future of Progressive Redistribution. Peter Lindert, español
    El 4 de octubre de 2017, tuvo lugar, en la Fundación Rafael del Pino, la conferencia de Peter Lindert, presidente de la Economic History Association y Catedrático de economía de la Universidad de California, sobre el crecimiento y el futuro de la redistribución progresiva.
    Lindert explicó que, en los últimos años, ha surgido una nueva oportunidad de estudiar la desigualdad y la redistribución progresiva porque ahora se dispone de datos sobre la desigualdad antes de las actuaciones fiscales, después de las mismas y de la fiscalidad progresiva implícita. Además, también se dispone de dos nuevas series históricas sobre la desigualdad que empiezan en los años 60, así como de los trabajos del propio Lindert sobre el Reino Unido y Latinoamérica, que se remontan mucho más atrás.
    De los estudios se concluye que la progresividad redistributiva -redistribución de la riqueza entre las rentas altas y las medias y bajas a través de la imposición progresiva y las políticas de gasto público- es un fenómeno joven y casi global. Hace un siglo, en cambio, prácticamente no existía. En segundo término, la progresividad redistributiva no se ha reducido desde la década de los 70, a pesar de la llegada al poder de políticos como Ronald Reagan o Margaret Thatcher, con programas de reducción de impuestos y de recorte del gasto público. Además, si a los efectos redistributivos de la transferencia de rentas se añaden los efectos igualitarios de la educación pública de masas, esa progresividad aumentaría. En consecuencia, el aumento de la desigualdad no puede explicarse porque se haya reducido la redistribución progresiva, porque no es este el caso. De hecho, la progresividad se ha mostrado inmune a cualquier amenaza que se haya podido cernir sobre la misma.
    La redistribución progresiva ha crecido a largo plazo, pero su efecto sobre las clases medias y bajas ha sido mínimo en términos de desigualdad. En España ha sucedido lo mismo. Incluso en los países con grandes desigualdades al considerar las rentas antes de impuestos, tampoco se ha reducido la desigualdad porque las clases altas han conseguido capturar a los gobiernos para que las rentas vuelvan a ellos de alguna manera. Las desigualdades, en cambio, se han reducido, cuando los gobiernos han invertido en sanidad y en educación públicas, que constituyen otras formas de transferencia y hay aumentado su peso en porcentaje del PIB. Desde esta perspectiva, no se aprecian aumentos de la desigualdad porque también han aumentado los gastos sociales en sanidad y educación. Esta última forma de redistribución es la que ayuda cada vez más a la mitad de rentas más bajas. De hecho, a medida que aumenta más la inversión pública en educación primaria y secundaria, más se reducen las desigualdades.
    Ahora, el gran reto en términos de desigualdad es cómo afrontar las consecuencias del envejecimiento poblacional. Un reto especialmente significativo porque muchos países han fracasado a la hora de reducir la pobreza de los mayores de 65 años.
    1 hr
  • The Rise and Future of Progressive Redistribution. Peter Lindert, english
    El 4 de octubre de 2017, tuvo lugar, en la Fundación Rafael del Pino, la conferencia de Peter Lindert, presidente de la Economic History Association y Catedrático de economía de la Universidad de California, sobre el crecimiento y el futuro de la redistribución progresiva.
    Lindert explicó que, en los últimos años, ha surgido una nueva oportunidad de estudiar la desigualdad y la redistribución progresiva porque ahora se dispone de datos sobre la desigualdad antes de las actuaciones fiscales, después de las mismas y de la fiscalidad progresiva implícita. Además, también se dispone de dos nuevas series históricas sobre la desigualdad que empiezan en los años 60, así como de los trabajos del propio Lindert sobre el Reino Unido y Latinoamérica, que se remontan mucho más atrás.
    De los estudios se concluye que la progresividad redistributiva -redistribución de la riqueza entre las rentas altas y las medias y bajas a través de la imposición progresiva y las políticas de gasto público- es un fenómeno joven y casi global. Hace un siglo, en cambio, prácticamente no existía. En segundo término, la progresividad redistributiva no se ha reducido desde la década de los 70, a pesar de la llegada al poder de políticos como Ronald Reagan o Margaret Thatcher, con programas de reducción de impuestos y de recorte del gasto público. Además, si a los efectos redistributivos de la transferencia de rentas se añaden los efectos igualitarios de la educación pública de masas, esa progresividad aumentaría. En consecuencia, el aumento de la desigualdad no puede explicarse porque se haya reducido la redistribución progresiva, porque no es este el caso. De hecho, la progresividad se ha mostrado inmune a cualquier amenaza que se haya podido cernir sobre la misma.
    La redistribución progresiva ha crecido a largo plazo, pero su efecto sobre las clases medias y bajas ha sido mínimo en términos de desigualdad. En España ha sucedido lo mismo. Incluso en los países con grandes desigualdades al considerar las rentas antes de impuestos, tampoco se ha reducido la desigualdad porque las clases altas han conseguido capturar a los gobiernos para que las rentas vuelvan a ellos de alguna manera. Las desigualdades, en cambio, se han reducido, cuando los gobiernos han invertido en sanidad y en educación públicas, que constituyen otras formas de transferencia y hay aumentado su peso en porcentaje del PIB. Desde esta perspectiva, no se aprecian aumentos de la desigualdad porque también han aumentado los gastos sociales en sanidad y educación. Esta última forma de redistribución es la que ayuda cada vez más a la mitad de rentas más bajas. De hecho, a medida que aumenta más la inversión pública en educación primaria y secundaria, más se reducen las desigualdades.
    Ahora, el gran reto en términos de desigualdad es cómo afrontar las consecuencias del envejecimiento poblacional. Un reto especialmente significativo porque muchos países han fracasado a la hora de reducir la pobreza de los mayores de 65 años.
    1 hr
  • Nosotros y la prosperidad. Ricardo Hausmann
    El 7 de junio de 2017 tuvo lugar en la Fundación Rafael del Pino la conferencia de Ricardo Haussamnn, director del Center for International Development de la Universidad de Harvard, titulada “Nosotros y la prosperidad”, en la que analizó la relación entre desarrollo económico y sentimiento de identidad, de pertenencia a un grupo o comunidad, de las sociedades.
    Hausmann empezó preguntándose qué hace que los países sean ricos o pobres, una cuestión que se viene planteando desde que Adam Smith publicó “La riqueza de las naciones” en 1776. Por entonces, el país más rico del mundo era Holanda y su renta per cápita era cuatro veces superior a la de los países más pobres. Pero lo que era un problema de 4 a 1 se convirtió en un problema de 256 a 1.
    1 hr 14 min
  • El diseño de la nueva Europa tras el Brexit en un mundo bipolar China-EEUU J. Fernández Villaverde
    El 16 de octubre de 2017 tuvo lugar en la Fundación Rafael del Pino la conferencia de Jesús Fernández Villaverde, catedrático de Economía de la Universidad de Pensilvania, sobre “El diseño de la nueva Europa tras el Brexit en un mundo bipolar China-EEUU”.
    El 16 de octubre de 2017 tuvo lugar en la Fundación Rafael del Pino la conferencia de Jesús Fernández Villaverde, catedrático de Economía de la Universidad de Pensilvania, sobre “El diseño de la nueva Europa tras el Brexit en un mundo bipolar China-EEUU”.
    Para Fernández Villaverde, lo que nos tiene que preocupar ahora no son los problemas actuales, porque se superarán bien, sino cómo vamos a diseñar la Europa de 2050, cómo hacer que esa Europa se convierta en un centro de bienestar y prosperidad para todo el mundo, así como el papel de España en ella.
    El orden internacional que surgió tras la Segunda Guerra Mundial -basado en la creación de un sistema de organizaciones internacionales (ONU, FMI…), en otro de instituciones atlánticas de cooperación (OTAN, OCDE), en la hegemonía económica, política y militar de Estados Unidos; en la integración europea y en la contención del comunismo- tuvo un enorme éxito. Gracias a él se generó un crecimiento económico como no se había conocido nunca antes en el mundo, los conflictos entre los países europeos se resolvieron mediante el diálogo y se produjo la expansión de las ideas democráticas.
    Ese orden, sin embargo, ahora se ha resquebrajado, por varios motivos. En primer lugar, China reaparece en el orden internacional, lo que cambia la balanza de poder en el mundo. En segundo término, Estados Unidos está dejando de ser un país de la costa atlántica y se está moviendo hacia el Pacífico, tanto en términos demográficos como económicos. La población de origen asiático residente en Estados Unidos no para de ganar peso en el total de habitantes y en las universidades. Cuando las élites americanas sean asiáticas, EEUU empezará a pensar más en términos del Pacífico, porque esas élites no tendrán nada que ver con Europa. Vamos, por tanto, a una bipolaridad China-EEUU. Esto supone que Europa tiene que responder. España también, y debe hacerlo dentro de una Europa fuerte y unida.
    Muchas veces se habla de una Europa federal idealista. Pero hay otras fuerzas estructurales que explican por qué la idea de la unidad europea funcionó en 1957 y no en 1867. En primer lugar, Europa es la salvación del Estado nación en el siglo XX porque da respuesta a los problemas de seguridad de Francia, a la necesidad de Alemania de acceder a los mercados internacionales, al problema del reducido tamaño del Benelux y a los problemas de gobernanza de Italia y España, y todo ello dentro de un marco de relaciones basadas en la paz y la cooperación.
    El Reino Unido, por su parte, es un estado que en el siglo XX lo hace mejor porque se integró en una economía internacional extra europea, a través de la Commonwealth. En 1973 entra en Europa porque vive su peor momento, debido a la pérdida del imperio y la imposibilidad de mantener los privilegios comerciales con la Commonwealth, pero siempre estuvo incómodo en Europa.
    Por su parte, los países escandinavos crearon un Estado del Bienestar que les funciona bien, con lo que no están en Europa (Islandia, Noruega), o están dentro de la UE pero fuera del euro (Suecia, Dinamarca). El único contento con Europa es Finlandia, pero por el temor a sus vecinos los rusos.
    Ahora la cuestión es cómo se puede organizar la UE sobre unas bases sólidas. Para ello, lo primero de todo es simplificar la estructura de Europa y volver al proyecto inicial de supranacionalidad, consiguiendo que exista un control democrático de las instituciones y reformándolas, empezando por la Comisión Europea.
    Europa, además, necesita una política común de seguridad y defensa que sea efectiva. Si el gasto conjunto en defensa de los distintos países europeos dentro de esta política, le daría a Europa muchas más capacidades de actuación que Rusia y se pondría al mismo nivel que China.
    La Unión Europea, asimismo, tiene problemas muy serios de crecimiento económico a largo plazo. Necesitamos una política de inmigración común y que se base en obtener el talento y el capital humano que necesita. Es necesario también reformar el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), para que tenga capacidad de reestructurar la deuda. Junto a ello se precisa una política común fiscal, con un tramo europeo del IVA y con una mutualización parcial de riesgos. También hace falta completar la Unión Bancaria con un seguro europeo de depósitos y un mayor poder para el regulador común de los mercados financieros. Por último, se necesita un tratamiento común del fintec, una política de competencia común, una mejora y un impulso del sistema europeo de patentes y una reunificación del derecho privado.
    En este contexto, España necesita crecer porque una España próspera es una España que importa en Europa. Ahora bien, con la demografía española no se puede sostener el Estado del bienestar, ni el problema se va a arreglar trayendo millones de inmigrantes porque el sistema político y económico no lo soporta. Lo que hay que hacer es crear empleo, racionalizar los horarios de trabajo, establecer una política fiscal favorable a la natalidad, buscar medidas de conciliación de la vida laboral y familiar y crear una política de capital humano que se base en la selección de élites.
    Con el Brexit y en este entorno, Madrid tiene una ventana de oportunidad increíble. Es una de las grandes metrópolis europeas y puede consolidarse como la tercera gran área metropolitana de Europa, junto con Londres y París. Madrid tiene que convertirse en una de las locomotoras de Europa. Para ello, es preciso un gran acuerdo entre los partidos políticos y los agentes sociales. También es necesario que aumente el número de habitantes y que se dote de un sistema educativo de calidad. En este sentido, es fundamental que Madrid cuente con una universidad líder a nivel mundial, como Oxford, Cambridge o la London School of Economics. Y precisa también de un marco de negocios que sea el mejor del mundo, tanto en infraestructuras físicas como de negocios.
    47 min
  • Más allá del Brexit: los retos de futuro para Gran Bretaña y la Unión Europea. Nick Clegg, english
    El 20 de abril de 2017 tuvo lugar en la Fundación Rafael del Pino la conferencia de Nick Clegg, ex líder del Partido Liberal británico y ex vice primer ministro del Reino Unido, sobre los retos de futuro para Gran Bretaña y para la Unión Europea.
    Cleeg señaló que vivimos en un tiempo de turbulencias y de volatilidad política sin precedentes, el que el escenario ideológico simple del pasado ha desaparecido. Ya no es un mundo de debates entre conservadores y laboristas, o sobre más o menos mercado o más o menos impuestos. Este escenario ha sido reemplazado por otro mucho más complejo y con muchos más actores.
    44 min
  • Las esencias del comportamiento económico en el largo plazo. John Wallis, español
    El 16 de mayo de 2017 tuvo lugar en la Fundación Rafael del Pino la conferencia de John Wallis sobre “Las esencias del comportamiento económico en el largo plazo”.
    Wallis, catedrático de Economía de la Universidad de Maryland, explicó que lo que produce el crecimiento económico a largo plazo es, sobre todo, la reducción de la frecuencia y la intensidad de las recesiones. Esto se debe a los cambios institucionales que tienen lugar a lo largo del tiempo.
    Según los análisis históricos llevados a cabo al respecto, las tasas de crecimiento a corto plazo y la frecuencia y la intensidad de las recesiones han sido elevadas durante la mayor parte de la historia. En los países en desarrollo siguen siendo altas y muy variables. Entonces, ¿por qué se producen las mejoras en el crecimiento a largo plazo? Pues porque la frecuencia y la intensidad de las recesiones han disminuido. De hecho, la tasa de crecimiento a corto plazo ha tendido a reducirse a lo largo del tiempo, más que a aumentar, cuando ha mejorado el crecimiento a largo plazo.
    En consecuencia, la forma en la que los países se enriquecen es con crecimientos bajos pero sostenidos. Esto explica porque los países ricos son cada vez más ricos, ya que en los países pobres las crisis se producen con mayor frecuencia y son más intensas.
    Adam Smith nos enseñó que el crecimiento económico a largo plazo depende de la amplitud de los mercados, de la especialización productiva y de la división del trabajo, como explicó con su conocido ejemplo de la fábrica de alfileres. En este mundo, también pueden contribuir al crecimiento económico el desarrollo tecnológico, la transición demográfica, los cambios estructurales en las economías y las guerras. Aun así, ello no basta por sí mismo para superar la trampa maltusiana sin que se produzca una intervención que lo haga posible.
    Esto se debe a que la sociedad smithsoniana es una sociedad que se basa en las relaciones interpersonales, en el conocimiento del otro y, por tanto, en la confianza. En esta sociedad, las élites disfrutan de privilegios y detentan un poder que usan, por lo general, para defender dichos privilegios. En este sentido, las élites se encuentran menos dispuestas a respetar los contratos porque solo pueden obligarlas a hacerlo efectivamente capas superiores a ellas en la sociedad. Son relaciones de arriba hacia abajo en las que cuanto más alto se encuentra uno, más difícil es que tenga a alguien por encima que le obligue a satisfacer la palabra dada.
    Este tipo de sociedades son más propensas a que se produzcan crisis más amplias y más frecuentes, ya que el incumplimiento de los contratos puede desencadenar situaciones de ruptura dentro de las élites mismas que impidan las relaciones comerciales entre los miembros de la élite. Con los estratos inferiores de la sociedad esas relaciones no existirán puesto que carecen de capacidad de imponer la satisfacción de los contratos y, por tanto, se abstendrán de relacionarse económicamente con niveles sociales más elevados a los suyos.
    Las sociedades modernas, en cambio, se adaptan mejor a las situaciones de crisis porque las relaciones son impersonales y, por ello, tienen lugar entre todos los niveles de la sociedad, Con ello, se elimina la posibilidad de una ruptura de las élites que lleve a una crisis a todos como consecuencia de los cambios y las incertidumbres que afectan a esas élites. Aquí las élites ya no pueden usar las leyes en su favor, con lo que se ven obligadas a satisfacer los contratos suscritos. Las rupturas no se producen y, de esta forma, disminuyen la cuantía y la intensidad de las crisis.
    52 min
  • Las esencias del comportamiento económico en el largo plazo. John Wallis, english
    El 16 de mayo de 2017 tuvo lugar en la Fundación Rafael del Pino la conferencia de John Wallis sobre “Las esencias del comportamiento económico en el largo plazo”.
    Wallis, catedrático de Economía de la Universidad de Maryland, explicó que lo que produce el crecimiento económico a largo plazo es, sobre todo, la reducción de la frecuencia y la intensidad de las recesiones. Esto se debe a los cambios institucionales que tienen lugar a lo largo del tiempo.
    Según los análisis históricos llevados a cabo al respecto, las tasas de crecimiento a corto plazo y la frecuencia y la intensidad de las recesiones han sido elevadas durante la mayor parte de la historia. En los países en desarrollo siguen siendo altas y muy variables. Entonces, ¿por qué se producen las mejoras en el crecimiento a largo plazo? Pues porque la frecuencia y la intensidad de las recesiones han disminuido. De hecho, la tasa de crecimiento a corto plazo ha tendido a reducirse a lo largo del tiempo, más que a aumentar, cuando ha mejorado el crecimiento a largo plazo.
    En consecuencia, la forma en la que los países se enriquecen es con crecimientos bajos pero sostenidos. Esto explica porque los países ricos son cada vez más ricos, ya que en los países pobres las crisis se producen con mayor frecuencia y son más intensas.
    Adam Smith nos enseñó que el crecimiento económico a largo plazo depende de la amplitud de los mercados, de la especialización productiva y de la división del trabajo, como explicó con su conocido ejemplo de la fábrica de alfileres. En este mundo, también pueden contribuir al crecimiento económico el desarrollo tecnológico, la transición demográfica, los cambios estructurales en las economías y las guerras. Aun así, ello no basta por sí mismo para superar la trampa maltusiana sin que se produzca una intervención que lo haga posible.
    Esto se debe a que la sociedad smithsoniana es una sociedad que se basa en las relaciones interpersonales, en el conocimiento del otro y, por tanto, en la confianza. En esta sociedad, las élites disfrutan de privilegios y detentan un poder que usan, por lo general, para defender dichos privilegios. En este sentido, las élites se encuentran menos dispuestas a respetar los contratos porque solo pueden obligarlas a hacerlo efectivamente capas superiores a ellas en la sociedad. Son relaciones de arriba hacia abajo en las que cuanto más alto se encuentra uno, más difícil es que tenga a alguien por encima que le obligue a satisfacer la palabra dada.
    Este tipo de sociedades son más propensas a que se produzcan crisis más amplias y más frecuentes, ya que el incumplimiento de los contratos puede desencadenar situaciones de ruptura dentro de las élites mismas que impidan las relaciones comerciales entre los miembros de la élite. Con los estratos inferiores de la sociedad esas relaciones no existirán puesto que carecen de capacidad de imponer la satisfacción de los contratos y, por tanto, se abstendrán de relacionarse económicamente con niveles sociales más elevados a los suyos.
    Las sociedades modernas, en cambio, se adaptan mejor a las situaciones de crisis porque las relaciones son impersonales y, por ello, tienen lugar entre todos los niveles de la sociedad, Con ello, se elimina la posibilidad de una ruptura de las élites que lleve a una crisis a todos como consecuencia de los cambios y las incertidumbres que afectan a esas élites. Aquí las élites ya no pueden usar las leyes en su favor, con lo que se ven obligadas a satisfacer los contratos suscritos. Las rupturas no se producen y, de esta forma, disminuyen la cuantía y la intensidad de las crisis.
    52 min
  • Gobernanza global y sector privado. Sean Cleary, español
    ¿Dónde están los límites de la acción colectiva en el contexto actual de complejidad? Sean Cleary, director general del Center for Advanced Governance, presidente de Strategic Concept y vicepresidente ejecutivo de la FutureWorld Foundation, trató de responder a esta cuestión en la conferencia que pronunció el 4 de abril en la Fundación Rafael del Pino.
    Para Cleary, la sociedad humana es un sistema complejo, incapaz de someterse a un control directivo, inmerso en la biosfera plantearía y en adaptación constante. Por ello, existe una gran asimetría entre la escala y la profundidad de la economía global, la ausencia de una comunidad global inclusiva y el estado de la política mundial, lo que está provocando problemas como consecuencia de la ruptura del proceso de transición de lo local a lo global.
    Esta situación conlleva importantes desafíos que es necesario acometer a escala global, por ejemplo en todo lo relacionado con el medio ambiente y el crecimiento económico sostenible. En este sentido, el primer desafío para la gobernanza global es que casi todos los actores ven de forma diferente los costes y beneficios de sus acciones, excepto en los momentos de crisis. Por ello existe la necesidad de gestionar los desajustes globales.
    Además, el orden global se estructura sobre valores occidentales que no son, necesariamente, universales. En relación con ello, hay que empezar a admitir que vivimos en un mundo global y heterogéneo, en el que la globalización al estilo anglosajón supone un desafío para otros valores sociales y culturales que provoca reacciones de naturaleza etnocentrista. Para adaptarse a ese contexto, las sociedades tratan de modificar la estructura de sus instituciones, pero con ello se pierde el sentido de comunidad.
    El G-7, por su parte, carece de la capacidad necesaria para conformar la política mundial. Los poderes políticos han tratado de crear instituciones globales, y han fracasado y volverán a fracasar en el empeño. Además, los cambios que están teniendo lugar en el poder económico tienen consecuencias políticas.
    Lo más importante, sin embargo, es que en el núcleo del problema de la gobernanza global reside el hecho de que los políticos son responsables ante sus electores locales, mientras que la mayor parte de las amenazas no entienden de fronteras e, incluso, son globales, con lo que no siempre los líderes políticos toman las decisiones más adecuadas a largo plazo.
    Para afrontar esos desafíos, se necesita un sistema de gobernanza global basado en cinco pilares: la promoción de un sistema de crecimiento económico y desarrollo social sostenible, la reducción efectiva de la pobreza y la mejora de la igualdad, actuar sobre los orígenes de las vulnerabilidades humanas, nacionales y globales y promover la seguridad, compartir las normas y valores que faciliten la convivencia global mientras se mantiene la diversidad cultural y mejorar la calidad de la gobernanza global y de las instituciones internacionales.
    35 min
  • Gobernanza global y sector privado. Sean Cleary, english
    La Fundación Rafael del Pino organizó, 4 de abril de 2016 a las 19 horas, la Conferencia Magistral “Gobernanza global y sector privado” que impartió Sean Cleary.
    ¿Dónde están los límites de la acción colectiva en el contexto actual de complejidad? Sean Cleary, director general del Center for Advanced Governance, presidente de Strategic Concept y vicepresidente ejecutivo de la FutureWorld Foundation, trató de responder a esta cuestión en la conferencia que pronunció el 4 de abril en la Fundación Rafael del Pino.
    Para Cleary, la sociedad humana es un sistema complejo, incapaz de someterse a un control directivo, inmerso en la biosfera plantearía y en adaptación constante. Por ello, existe una gran asimetría entre la escala y la profundidad de la economía global, la ausencia de una comunidad global inclusiva y el estado de la política mundial, lo que está provocando problemas como consecuencia de la ruptura del proceso de transición de lo local a lo global.
    Esta situación conlleva importantes desafíos que es necesario acometer a escala global, por ejemplo en todo lo relacionado con el medio ambiente y el crecimiento económico sostenible. En este sentido, el primer desafío para la gobernanza global es que casi todos los actores ven de forma diferente los costes y beneficios de sus acciones, excepto en los momentos de crisis. Por ello existe la necesidad de gestionar los desajustes globales.
    Además, el orden global se estructura sobre valores occidentales que no son, necesariamente, universales. En relación con ello, hay que empezar a admitir que vivimos en un mundo global y heterogéneo, en el que la globalización al estilo anglosajón supone un desafío para otros valores sociales y culturales que provoca reacciones de naturaleza etnocentrista. Para adaptarse a ese contexto, las sociedades tratan de modificar la estructura de sus instituciones, pero con ello se pierde el sentido de comunidad.
    El G-7, por su parte, carece de la capacidad necesaria para conformar la política mundial. Los poderes políticos han tratado de crear instituciones globales, y han fracasado y volverán a fracasar en el empeño. Además, los cambios que están teniendo lugar en el poder económico tienen consecuencias políticas.
    Lo más importante, sin embargo, es que en el núcleo del problema de la gobernanza global reside el hecho de que los políticos son responsables ante sus electores locales, mientras que la mayor parte de las amenazas no entienden de fronteras e, incluso, son globales, con lo que no siempre los líderes políticos toman las decisiones más adecuadas a largo plazo.
    Para afrontar esos desafíos, se necesita un sistema de gobernanza global basado en cinco pilares: la promoción de un sistema de crecimiento económico y desarrollo social sostenible, la reducción efectiva de la pobreza y la mejora de la igualdad, actuar sobre los orígenes de las vulnerabilidades humanas, nacionales y globales y promover la seguridad, compartir las normas y valores que faciliten la convivencia global mientras se mantiene la diversidad cultural y mejorar la calidad de la gobernanza global y de las instituciones internacionales.
    35 min

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La Fundación Rafael del Pino, con el objetivo de contribuir a la mejora de los conocimientos de los dirigentes españoles, organiza Conferencias Magistrales en las que participan destacadas…

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