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El conflicto en la Universidad de Costa Rica (UCR) dejó de ser un episodio contenido en la Sede Central y entró de lleno en una nueva fase: más amplia, más política y más difícil de encauzar.
Quienes se ausentaron el lunes al plenario e impidieron a la Asamblea Legislativa discutir una eventual sanción a Fabricio Alvarado por presunto hostigamiento sexual le mintieron, sin reparo, a toda Costa Rica. Resulta triste que sea esta nuestra realidad: no les pesa en lo más mínimo vernos la cara de estúpidos y tomarnos el pelo de frente. ¡Recordemos que hasta un restaurante salió rascando a la hora de las excusas! Por supuesto, todo aquello resultó ser pura trama. Otra vez. Porque ahora sí, no queda ninguna duda: la movida de no ir a trabajar a inicios de semana no fue casualidad, fue una treta.
Lo que estaba previsto como uno de los momentos más delicados del cierre de esta Asamblea Legislativa terminó este lunes en algo mucho más incómodo y amargo: una sesión que ni siquiera empezó. El plenario debía discutir y votar (finalmente) los informes sobre la denuncia por presunto hostigamiento sexual interpuesta contra el diputado Fabricio Alvarado, pero a las 3:00 p.m., cuando se cerraron las puertas, solo había 34 congresistas presentes. Se necesitaban 38. Faltaron 23. No hubo quórum. No hubo debate. No hubo decisión.
Lo que el martes empezó como un quiebre político en Casa Presidencial ya está teniendo consecuencias más allá de los vidrios y las paredes de la Rectoría en la UCR. Además, Mieeeentras tanto, de papelón en papelón en el congreso.
Bueno, el reporte de hoy está tan complicado que me veré obligado a una pequeña referencia a cada evento noticioso para dejarles debidamente informados. Sin más, entremos en materia.
Lo que venía tensándose desde hace semanas finalmente reventó este martes en Casa Presidencial: el Poder Ejecutivo rompió las negociaciones en torno al Fondo Especial para la Educación Superior (FEES) 2027 con el Consejo Nacional de Rectores (Conare). El desenlace no sorprendió a nadie que estuviera siguiendo el pulso desde el arranque. De un lado, el Ejecutivo había llegado con una propuesta marca bofetada: 0% de aumento sobre los ₡593.484 millones actuales. Del otro, las universidades aparecieron ayer pidiendo un ajuste de 2,9%, equivalente a poco más de ₡17 mil millones adicionales.
La presidenta electa Laura Fernández cerró este lunes su ronda de reuniones con las fracciones legislativas y lo hizo con la cita que, sobre el papel, prometía ser la más incómoda: el Frente Amplio. Al final, la escena arrancó bastante más distendida de lo esperado. Hubo cordialidad, sonrisas y hasta espacio para que el diputado (y excandidato a la presidencia) Ariel Robles bromeara diciendo que le enviará su currículum a doña Laura. Más allá del trato cordial, la reunión dejó claro que hay voluntad de diálogo, sí, pero no necesariamente de acuerdo.
Lo que empezó el miércoles como un roce más en el plenario terminó este jueves convertido en un episodio completo de cómo no hacer política. Y, curiosamente, nuestro medio pasó de ser citado… a tener que intervenir para corregir el registro oficial de la Asamblea Legislativa. El origen del enredo proviene de un episodio típico de una de las figuras más infames que legó la actual Asamblea Legislativa: el diputado Leslye Bojorges.
Ayer el presidente Rodrigo Chaves dejó una de esas frases que resumen bien el momento político que atravesamos. En plena conferencia de prensa dijo que la posibilidad de que le toque firmar un proyecto para devolver el ROP es la misma que “una tormenta de nieve en Carrillo, Guanacaste, un 15 de abril”.
Este martes el excandidato presidencial del PLN, Álvaro Ramos, sorprendió con un mensaje que, en el contexto político reciente, no pasa desapercibido: ofreció respaldo explícito al próximo gobierno de Laura Fernández antes de que siquiera arranque. Su gesto no se percibe oportunista, todo lo contrario. Quien prestó atención a su tono reparó en su genuino deseo de colaborar y en su sentida preocupación ante lo que describió como una inminente “tormenta perfecta”.
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