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Ayer hablamos de la cuenta que nadie quiere pagar. Bueno, este miércoles la cuenta no solo siguió sobre la mesa: Hacienda confirmó que ya está preparando el menú, aunque todavía no quiere enseñar los precios. Además, si la parte fiscal (más espontánea que planeada) de la conferencia tuvo neblina y brumas, la parte diplomática tuvo humo... de cocina.
Este martes recibimos varios recordatorios incómodos al mismo tiempo. No fue una jornada tensa, nada de fuegos artificiales, nada de “comunistas” y “vagabundos”, nada de conferencias con voltaje nuclear. Solo datos duros. Y a veces los datos cansan más que los gritos porque diay, no traen opción de “mute”.
Hasta que al fin: un reporte breve. El arranque de la semana estuvo tan frío que hoy no tengo mucho que contarles. Diay, tras las encíclicas papales de la semana pasada estoy seguro de que nuestro querido locutor lo agradece.
Ayer bajó un poquito el volumen de la semana, lo cual agradecemos porque uno también tiene derecho constitucional a no vivir permanentemente en modo licuadora. Pero que bajara el ruido no significa que faltara la pirotecnia: el show en Costa Rica nunca falta.
Bue. Todo apunta a que serán cuatro años más de lo mismo. Empiezo desde ya a prender velitas a ver si a partir del 2030 podemos pensar en una democracia de debate intenso centrado en ideas y no en descalificaciones. Por lo pronto la luna de miel con el enojo y los extremos parece que seguirá siendo el patrón ineludible de la realidad política costarricense.
Martes de jornada movida y pintoresca: armonización desarmonizada, nombramientos a la carta, resbalones en turismo, control de daños con Panamá, El Niño asomándose feo y el Colegio de Abogados diciendo “suave un toque”. Un delicioso molomix institucional, como para recordarnos que gobernar no consiste únicamente en apretar el acelerador y esperar que todo mundo se quite.
Si usted leyó el Repaso Dominical del domingo, ayer pudo ver la película con subtítulos. En esa extensa previa procuramos explicar todo el rollo detrás del proyecto que unos llaman “armonización eléctrica", otros "Combo ICE 2" y otros, más creativos en tiempos de TikTok “Ley apagón”. Dado que en ese ensayo abordamos el tema técnico detrás del documento así como la polémica previa a su “reactivación” podemos hoy dedicarnos de lleno a comentar la jornada de este lunes. En frío podemos resumirla diciendo que el expediente 23.414, Ley de Armonización del Sistema Eléctrico Nacional, arrancó la mañana como un proyecto técnico y salió por la tarde como un campo político minado.
Ayer decíamos que el relojito suizo de Laura Fernández ya estaba andando. Bueno, ayer mismo alguien del otro lado de la frontera le metió un destornillador al engranaje... Diay, es que una cosa es usar la conferencia de prensa para bombardear al Poder Judicial, a la oposición o a la prensa local. Otra, bastante distinta, es usar ese mismo tono cuando el destinatario es un país vecino que, además, participa en un mercado regional del que Costa Rica puede depender cuando la lluvia no acompaña.
La presidenta Laura Fernández estrenó ayer su conferencia semanal de prensa y, para sorpresa de nadie, en términos generales fue una buena dosis de más de lo mismo. Hubo cambios, sí. Más preguntas, menos duración, secciones nuevas, ritmo más ágil y una presidenta claramente más concisa que su antecesor. Pero el ADN político-comunicacional sigue siendo el mismo: cambió la administradora del show, no el manual de producción.
Se dio gusto ayer el diputado Villalta. Llamó “mini Chaves” al expresidente previo a la reunión de su bancada con la presidenta Fernández y, después del encuentro, con marcada fisga, comentó que en plena charla a don Rodrigo se le cruzaron los cables y llamó “ministra” a doña Laura. ¿Desliz freudiano? Puede ser. O de pronto todavía tenía atravesado el “ministro ¿cómo le va?” que le clavó el lunes el fiscal general Carlo Díaz, a sangre fría y mirándolo a los ojos. Está claro, color y humor no le ha faltado al arranque de esta semana. Por otro lado, en Zapote la presidenta Laura Fernández recibe bancadas, habla de diálogo, cordialidad y trabajo en equipo. En Cuesta de Moras, mientras tanto, su mayoría legislativa distribuye comisiones, bloquea pausas, rechaza revisiones y empuja proyectos cuestionados sin gastar demasiado oxígeno explicando el porqué.
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