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“Desayuna mucho, come más, cena poco y vivirás”, dice un viejo refrán. Haciendo caso de este refrán, algunas personas obesas limitan o se saltan por completo el desayuno, en un intento de adelgazar, aunque compensan luego las escasas calorías ingeridas en el desayuno en el almuerzo, la comida o la cena ¿Ayuda esta estrategia a gastar más calorías que, por ejemplo, desayunando más y cenando menos? Un estudio realizado con voluntarios en la Universidad de Lubeck, en Alemania, revela que es preferible comer un buen desayuno que una buena cena si queremos protegernos del riesgo de desarrollar obesidad y diabetes.
La cavitación es un curioso fenómeno físico por el que se forman cavidades en los líquidos. Estas cavidades tienen una vida breve, puesto que la presión del agua que las rodea tiende a hacerlas desaparecer por implosión. Este rápido colapso produce una onda de choque que genera un intenso ruido, similar al de una pequeña explosión. Dos géneros de crustáceos, similares a grandes gambas o a pequeñas langostas, utilizan el fenómeno de la cavitación para generar sonidos con sus pinzas para cazar y comunicarse con sus congéneres. Ahora, una investigación revela que el aumento de temperatura debido al calentamiento global convierte a estos crustáceos en más ruidosos.
Uno de los mecanismos genéticos más curiosos y que reflejan el eterno conflicto entre los dos sexos es la impronta génica. La impronta es el fenómeno por el cual, aunque heredamos una copia de todos nuestros genes de la madre y otra copia del padre, algunos de esos genes van a funcionar exclusiva o principalmente desde el cromosoma heredado de uno solo de los progenitores, y no del otro. Los genes que sufren el fenómeno de la impronta génica no han sido “elegidos” al azar durante la evolución sino que surgen del conflicto entre los sexos. Un equipo de investigadores del Instituto de Tecnología de Massachussets ha descubierto más de treinta genes relacionados con impronta materna, es decir, que funcionan a partir del cromosoma heredado de la madre.
Uno de los fenómenos más interesantes y asombrosos de la Naturaleza es la diferenciación celular. Es este el proceso por el cual, de una célula original, como es el óvulo fecundado, surgen células diversas que, a medida que se reproducen, se hacen diferentes de la célula original y de sus células hermanas, y adquieren las funciones propias de los distintos órganos que ellas originan. ¿Cómo saben las células hijas que se van reproduciendo a partir de la célula madre original qué genes deben poner en marcha y qué genes deben apagar? Para intentar responder a esta pregunta, se han propuesto dos ideas generales. La primera idea propone que la célula original, el óvulo fecundado, es el inicio de un programa perfectamente determinado que van a seguir de manera fiel todas las células hijas. La segunda idea invoca fenómenos aleatorios en la expresión de los genes que sucederían en el inicio del proceso de la diferenciación y que conducirían finalmente a que las células decidan convertirse en uno u otro tipo de célula madura según la suerte que hayan corrido. Investigadores del laboratorio de modelización celular de la Universidad de Lyon han conseguido realizar experimentos que muestran que durante el desarrollo de los embriones el azar juega un papel más importante que el supuesto hasta ahora.
El interior de nuestro intestino, que paradójicamente se encuentra en realidad fuera del organismo y es una importantísima frontera por donde deben entrar los alimentos a este, se encuentra en un continuo estado de guerra para mantener a raya a los microrganismos que habitan en él. Estos constituyen la microbiota intestinal que, en principio, supone un conjunto de bacterias y otros microrganismos muy beneficiosos para la salud, pero que si logran penetrar la barrera intestinal seguirán a ciegas su programa reproductor y procederán a invadir todo el organismo si el sistema inmunitario no se lo impide. El sistema inmunitario tiene una difícil tarea, debe consentir la presencia de microorganismos en un el intestino pero debe combatirlos si atraviesan la pared epitelial y penetran en el interior del cuerpo. Ahora, un grupo de investigadores de varios países ha logrado averiguar que las células epiteliales ponen una cara amable a los microorganismos que se encuentran en el lado del intestino pero disparan una señal de alarma si los tienen a su espalda.
El techo del Salón de los Espejos del Palacio Real de Bruselas está decorado con los caparazones de color verde iridiscente de un millón cuatrocientos mil escarabajos tailandeses. En la Naturaleza, los colores suelen ser utilizados para distintos cometidos: como camuflaje, para avisar a sus potenciales predadores de que no son comestibles o peligrosos y como una forma de atracción sexual. Hasta ahora se desconocía qué ventaja evolutiva proporciona la iridiscencia a estos insectos. Para averiguarlo, investigadores de la Facultad de Biología de la Universidad de Bristol, en el Reino Unido, han realizado estudios de campo utilizando fotografías calibradas e impresas en papel de los caparazones del escarabajo iridiscente “Sternocera aequisignata”. La investigación ha revelado que, a pesar de las apariencias, la iridiscencia proporciona a los escarabajos una clase particular de camuflaje.
El impacto de la actividad humana sobre el planeta es hoy de tal magnitud que algunos científicos han propuesto definir el nacimiento de una nueva era geológica, que han denominado el Antropoceno.
Los genes implicados en el altruismo y en el egoísmo no se han identificado todavía. Para lograrlo, investigadores de la Universidad de Basilea, en Suiza, han decidido estudiar el comportamiento del insecto conocido como la tijereta europea (Forficula auricularia), conocido porque las madres pueden aportar cuidados a sus hijos o no, lo que sugiere que el comportamiento altruista o egoísta que está regulado posiblemente por circunstancias externas. Los investigadores analizan el funcionamiento de los genes y descubren 1.600 involucrados. Entre ellos, dos son particularmente importantes. El hallazgo puede ayudar a investigar qué genes afectan a estos comportamientos en humanos.
Las causas del cambio climático parecen estar muy claras: ha sido la actividad humana, causante de ingentes emisiones de CO2 a la atmósfera, la responsable. Algunos expertos han realizado cálculos que intentan estimar qué sería necesario hacer para conseguir una economía de emisiones cero de CO2 de aquí a 2050. Uno de esos calculos comienza con el dato de que, actualmente, el mundo quema cada día 12.000 millones de toneladas de combustibles fósiles. De aquí al 2050 solo quedan unos 11.000 días, por lo que cada día deberíamos reducir el consumo de combustibles fósiles en más un millón de toneladas, incluso frente a una demanda creciente debido al incremento de la población. Es evidente que para, primero, detener y, si fuera posible, revertir este estado de cosas, en primer lugar, debemos detener las emisiones de CO2 a la atmósfera y, en segundo lugar, tendremos que capturar y retirar de la atmósfera el exceso de CO2 emitido si deseamos volver a la temperatura media que el planeta poseía antes de la revolución industrial.
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