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El ADN de cada una de nuestras células mide cerca de dos metros de longitud, aunque la anchura de esta molécula es de solo dos milmillonésimas de metro ¿Cómo consiguen las células guardar en su interior una cadena tan larga y hacer accesible la información que lleva? El ADN puede guardarse dentro de una célula enrollado en ovillos formados por ocho proteínas centrales, denominadas histonas. Alrededor de ellas se enrollan algo menos de dos vueltas de hebra de ADN. Millones de estos pequeños ovillos, denominados nucleosomas, se empaquetan con otras proteínas en una estructura más densa, llamada cromatina, que forma los cromosomas. La lectura de la información tiene lugar en el espacio entre dos ovillos, un espacio que va variando porque el ADN enrollado en los nucleosomas se va deslizando y dejando expuestas distintas letras del código genético. Una reciente investigación aporta luz a este proceso de lectura.
Aún queda mucho por averiguar de los virus, tanto del nuevo virus SARS-CoV-2, como de otros virus de la misma familia que han saltado del murciélago al ser humano antes que este y que todavía causan brotes epidémicos de vez en cuando. Uno de los más peligrosos es el virus causante de la enfermedad MERS, que mata a cerca del 35% de los que son contagiados por él. Una de las cuestiones más importantes es cómo se produce la evolución de estos virus para que desde alguna especie de murciélago salten a la especie humana. No resulta fácil estudiar los coronavirus de murciélago en tiempo real para analizar cómo mutan y evolucionan e intentar identificar qué mutantes son los que más probablemente puedan afectar al ser humano. Una estrategia alternativa para intentar averiguar las características del coronavirus original del murciélago que ha podido originar los virus del MERS es la “retroevolución”.
La enfermedad de Parkinson afecta a alrededor de siete millones de personas en el mundo y causa unas 120.000 muertes cada año. El Parkinson es una enfermedad neurodegenerativa que, en las etapas más avanzadas, afecta a las neuronas motoras, la mayoría de las cuales mueren. Se conoce desde hace décadas que los problemas motores se producen por una pérdida de las neuronas de la substancia nigra, localizadas en el mesencéfalo, una región del cerebro situada en la parte inferior del mismo. Estas neuronas producen el neurotransmisor dopamina, y se denominan dopaminérgicas. Una posible causa de la enfermedad de Parkinson es que sea debida a un ataque del sistema inmunitario a ese tipo de células. Un grupo de investigadores ha analizado a pacientes de esta enfermedad y concluyen que poseen linfocitos T capaces de identificar y matar a las células productoras de la proteína llamada alfa-sinucleína, producida por las neuronas dopaminérgicas, por lo que estas pueden ser eliminadas por dichos linfocitos.
Sabemos de la posibilidad de que un asteroide colisione con la tierra y pueda, si no destruirla por completo, sí causar un cataclismo lo suficientemente importante como para retrotraernos al siglo XXI AC. El objeto más preocupante de los detectados hasta ahora es el asteroide Apophis, de unos 370 metros de diámetro. En 2004, se estimó que este asteroide tenía una probabilidad del 2,7% de colisionar con la tierra el 13 de abril de 2029. Estimaciones más precisas, afortunadamente, eliminaron esa posibilidad, pero, desgraciadamente, descubrieron otra. Durante su paso cerca de la tierra el 13 de abril de 2029, es probable que el asteroide atraviese lo que se denomina una “cerradura gravitacional”. Es esta una pequeña región en el campo gravitatorio del planeta que, al ser atravesada por un asteroide con las características orbitales de Apophis, causa que su trayectoria se modifique de manera que este colisione inevitablemente con el planeta.
un equipo de investigadores británicos y alemanes ha identificado los restos fósiles de un gran bosque húmedo que hace unos 90 millones de años se encontraba situado en el continente antártico, cerca de lo que hoy es el polo sur. Se cree que el nivel de los océanos era entonces unos 170 metros más elevado que el actual, y la temperatura media en los trópicos alcanzaba los 35ºC, cuando hoy solo supera por poco los 18ºC. Mientras estudios anteriores habían determinado que el contenido de CO2 en aquella época era de unas 1.000 partes por millón (ppm), que hay que comparar a las 415 ppm actuales, los autores de este trabajo indican que era aún mas elevada, de unas 1.120 a 1.680 ppm. Estos estudios muestran la enorme potencia del CO2 para calentar el planeta.
Las diferencias entre las personas respecto de la gravedad de esta infección por el coronavirus SARS-CoV-2 son sorprendentes. Mientras algunos, normalmente jóvenes, han podido contagiarse sin sufrir ningún síntoma, otros han perecido. Investigadores de la Universidad de Shanghai, en China, estudiaron a 175 pacientes de COVID-19, que solo sufrieron síntomas leves y se recuperaron sin problemas, y analizaron si su sangre contenía anticuerpos contra la proteína del virus (proteína S) necesaria para que este se una a las células y las infecte. Los resultados de este estudio indicaron que, en esos pacientes, los anticuerpos contra la proteína S aparecían en la sangre de 10 a 15 días tras el inicio de la infección. Sin embargo, los pacientes de más edad generaron niveles de anticuerpos significativamente más altos que los pacientes más jóvenes. De hecho, 10 de los pacientes de menor edad carecieron de anticuerpos detectables, a pesar de haber superado sin problemas la enfermedad.
La información que comunicamos a Facebook, bien analizada, es capaz de predecir si acabaremos en urgencias en el hospital o no con meses de antelación. Esto es lo que han descubierto un grupo de ingenieros informáticos y científicos de datos, que han utilizado la inteligencia artificial para analizar la variación a lo largo del tiempo del estilo del lenguaje y del vocabulario utilizado por 2.915 personas voluntarias en Facebook y han cotejado estas variaciones con su historia clínica. De esos pacientes, 419 necesitaron acudir a urgencias por diversos problemas. El análisis realizado reveló que, pocos días antes de tener el problema de salud, el lenguaje utilizado por esos pacientes había cambiado de manera significativa.
Un grupo de científicos de la Universidad de Stanford, en California analizan tres conjuntos de datos recolectados en Estados Unidos en tres momentos de su historia. El primero de ellos consiste en 83.900 medidas de temperatura corporal recolectadas entre 1862 y 1930 a soldados veteranos de la Guerra Civil estadounidense, que eran solo hombres por aquella época. El segundo conjunto de datos consiste en 15.301 determinaciones de temperatura recogidas en un estudio clínico sobre salud y nutrición entre 1971 y 1975. Por último, el tercer conjunto de datos consiste en 578.222 medidas recogidas entre 2007 y 2017 e incorporadas en una base de datos de la Universidad de Stanford. El análisis de esos tres grupos de datos revela el sorprendente hecho de que la temperatura media del cuerpo humano ha disminuido progresivamente desde 1851 a 2017.
Desde el inicio de la epidemia de COVID-19, en Wuhan, China, se levantó el supuesto bulo de que el virus podría ser resultado de una manipulación genética, en lugar de ser resultado de un proceso de evolución natural. El pasado 17 de marzo, un grupo de investigadores publicaba en la prestigiosa revista Nature Medicine los resultados de su análisis comparativo de los genomas de los siete coronavirus capaces de infectar a la especie humana, incluido el nuevo virus denominado SARS-CoV-2. Los autores concluían que, probablemente, el origen del virus era completamente natural. En opinión de Jorge Laborda, carecemos de pruebas genéticas para poder afirmar taxativamente que el virus fue generado mediante intervención humana, pero también carecemos de pruebas para afirmar taxativamente que no lo fue.
Un ser humano medio es capaz de predecir con un 95% de precisión si un rostro pertenece a un hombre o a una mujer. En otras palabras, las diferencias medias entre los rostros de hombres y mujeres son tan importantes que simplemente contemplando un rostro desnudo los humanos podemos determinar con ese nivel de precisión el sexo del propietario o propietaria de ese rostro. La cuestión es si los científicos expertos en psicología pueden encontrar diferencias claras de personalidad entre hombres y mujeres apoyándose en rasgos que definen la personalidad humana, como la asertividad, la meticulosidad, la simpatía, la emotividad, el neuroticismo, etc. Cuatro estudios científicos han investigado la combinación de varios rasgos físicos y psicológicos de diferentes personas para obtener un índice, denominado D, con el que han llegado a la conclusión de que, conociendo el valor de D de una persona, se puede predecir con el 85% de precisión si es un hombre o es una mujer.
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