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¿Por qué la corteza terrestre posee menos cloro que otros cuerpos del sistema solar? Los análisis químicos realizados con los meteoritos caídos en la Tierra, que poseen una composición química similar a la de la nebulosa que dio origen al Sistema Solar y a nuestro planeta, indican que la corteza terrestre muestra una severa carencia de cloro, aunque otros elementos químicos se encuentran en proporciones similares en la Tierra y en los meteoritos primitivos. Dos investigadores, uno de la universidad de Nuevo México y el otro, de la NASA, han abordado este problema y publican sus interesantes resultados en la revista Earth and Planetary Science Letters.
La glucosa es la principal fuente de energía de nuestro cuerpo. Las neuronas, por ejemplo, obtienen su energía casi exclusivamente de la glucosa y, por ello, podemos decir que el trasporte de glucosa desde la sangre al cerebro es fundamental para el mantenimiento de la civilización. Ahora bien, las moléculas de glucosa se unen entre sí de dos maneras distintas y dan lugar dos materiales muy diferentes: el almidón o glucógeno, que podemos digerir, y la celulosa, que no es digerible por nuestro sistema digestivo. La cantidad de glucosa que las plantas generan cada año en forma de celulosa se estima en unas ciento ochenta mil millones de toneladas. Evidentemente, toda esa glucosa no puede ser aprovechada para la alimentación a menos que se pueda convertir en almidón. Una nueva investigación ha encontrado la forma de hacerlo.
Investigadores de la universidad de Stanford han desarrollado una nueva técnica que convierte al cerebro –por el momento el de un ratón– en transparente mediante el tratamiento con un detergente particular usado en el laboratorio: el llamado SDS. El detergente elimina los lípidos responsables de la opacidad del tejido cerebral. Con el empleo de esta nueva técnica y de diversas técnicas de imagen, los investigadores son capaces de analizar la localización de las conexiones neuronales a lo largo del cerebro completo, y determinar también dónde se encuentran las sinapsis, los complejos de proteínas que las hacen funcionar y las mantienen, así como algunos neurotransmisores.
Numerosos estudios han analizado sus efectos del consumo de alcohol para la salud a largo plazo. Uno de los hechos desvelados por estos estudios es el ya bien conocido efecto beneficioso para la salud cardiovascular que el consumo moderado de alcohol conlleva. Sin embargo, estos beneficios pueden ser anulados por los riesgos asociados con el consumo de alcohol, que incluyen aumento de la probabilidad de sufrir traumatismos, enfermedad hepática y daño cerebral. En este sentido, durante las pasadas décadas algunos trabajos de investigación han demostrado que el consumo de alcohol está asociado a una mayor incidencia de determinados tipos de cáncer.
Desde hace varios años, la comunidad médica y científica debate sobre si el llamado bisfenol A (BFA) es tóxico para el ser humano. En la década de los años 50, se descubrió que el bisfenol A podía ser usado para fabricar policarbonato –el plástico de muchas botellas de agua mineral y vasos transparentes, equipamiento deportivo, instrumental médico y dental, CDs y DVDs. En la actualidad se utilizan 3,6 millones de toneladas de BFA cada año para manufacturar estos y otros productos. Todos estamos expuestos a un mayor o menor nivel de BFA, sin que seamos conscientes de ello. Ahora se ha descubierto que el bisfenol A modifica químicamente algunos genes importantes.
Los datos recogidos por el satélite europeo Planck han permitido obtener una fotografía en alta resolución del universo solo 380.000 años tras la Gran Explosión. La nueva fotografía, publicada el pasado día 21 de marzo, confirma la mayoría de las ideas de la teoría del Big Bang. Confirma, entre otras cosas, que el universo está compuesto de un 4,8 % de materia ordinaria, un 25,8% de materia oscura (que no interacciona con la radiación electromagnética) y un 69,4% de energía oscura, necesaria para su expansión.
Numerosos estudios indican que no dormir bien y la desorganización de los ritmos circadianos (los ritmos de día y noche) que conlleva están asociados a numerosos problemas de salud. La forma en que la falta de sueño ejerce estos efectos en el ser humano no es bien conocida. Estudios con animales sugieren que la privación de sueño va acompañada de cambios en el funcionamiento de numerosos genes cerebrales.
Una cuestión aún no bien conocida es por qué las mujeres sufren de mayor incidencia de enfermedades autoinmunes, como la diabetes de tipo I, que los hombres. Para estudiar el desarrollo de la diabetes, los investigadores utilizan ratones de laboratorio de razas particulares. Una de ellas es la raza NOD (No Obeso Diabético). Como sucede en el caso humano, las hembras de estos ratones doblan en incidencia de diabetes autoinmune a los machos. Sin embargo, si se les administra hormonas sexuales masculinas, como la testosterona, las hembras muestran una incidencia de diabetes autoinmune similar a la de los machos. Además de estos intrigantes hechos, algunas otras cosas también permanecen envueltas en misterio. Entre ellas, de qué manera la flora intestinal afecta al desarrollo de la diabetes autoinmune
Un día de la década de 1930, un barco proveniente de América del Sur atracó en el puerto de Mobile, Alabama, USA. Además de la tripulación, el buque transportaba polizones: una colonia de hormigas rojas de la especie Solenopsis invicta, las cuales, por supuesto, también se alegraron al tocar tierra firme. Desde ese día, esta especie de hormiga se ha convertido en una peste en el sur de los Estados Unidos. Sin embargo, el estudio de estos interesantísimos insectos se está revelando de lo más fructífero para comprender muchos misterios de la evolución, entre ellos, la evolución de la interacción social y la evolución de los cromosomas sexuales.
Con objeto de averiguar el efecto de los diversos comentarios que se vierten en las redes sociales sobre los riesgos de la nanotecnología, un grupo de científicos de la comunicación social realizó un experimento consistente en hacer leer a 2.338 voluntarios un texto sobre nanotecnología publicado en un blog de Internet. El texto era en sí bastante neutro en sus opiniones sobre los beneficios y perjuicios de esta tecnología. No así los comentarios que lo acompañaban. La mitad de los participantes fueron expuestos a comentarios duros, irrespetuosos con la ciencia y cargados de palabras agresivas y descalificativas. La otra mitad fue expuesta a comentarios equilibrados y respetuosos, más prudentes y de acuerdo con las normas de la etiqueta social. Los resultados obtenidos suscitan cierta intranquilidad acerca de los efectos de las redes sociales sobre la radicalización de las posturas ideológicas, y no ya sobre asuntos científicos, sino sobre cualquier otro.
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