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Nuestro rostro es nuestro, pero no completamente. Si tenemos un hermano o hermana gemela, su rostro y el nuestro serán muy similares, prácticamente idénticos. Estos hechos, conocidos desde los albores de la humanidad, confirman que el aspecto de nuestros rostros debe estar necesariamente condicionado por nuestros genes. Identificar genes asociados con características discretas, como el color del pelo o de los ojos, es hoy relativamente sencillo, pero identificar qué genes son los que condicionan la apariencia de nuestros rostros es bastante más complicado. Ahora, un grupo de investigadores ha identificado cinco genes que nos ponen cara.
La causa más común de sordera es la degeneración y muerte de unas células ciliadas situadas en el órgano de Corti, en el oído interno. Dicha degeneración puede estar causada por sonidos intensos, por sustancias tóxicas, o simplemente por edad avanzada. A diferencia de lo que sucede en peces, reptiles, anfibios y aves, los cuales pueden regenerar las células ciliadas si las han perdido, los mamíferos, incluido el ser humano, son incapaces de la misma proeza. Una vez muertas, las células ciliadas humanas no se pueden volver a generar. Ahora, una nueva investigación ha permitido regenerar las células ciliadas en ratones y abre una puerta a la esperanza para las personas con ciertos tipos de sordera.
El perro es un animal aparentemente carnívoro, como el lobo, del que proviene. Sin embargo, cualquiera puede comprobar que los perros pueden comer verduras y cereales variados, en particular arroz, todos ellos alimentos vegetales. Los lobos criados en cautividad, sin embargo, no son capaces de digerir adecuadamente semejante dieta. Igualmente interesantes son las evidentes diferencias de comportamiento que manifiestan lobos y perros. El lobo fue domesticado y adquirió las habilidades digestivas y de comportamiento en su trasformación a perro. La ciencia no duda hoy que dichas habilidades son solo posibles por cambios genéticos.
La cultura popular atribuye la causa más frecuente de diarrea a la ingesta de alimentos en mal estado, tal vez contaminados con bacterias. Sin embargo, una causa frecuente de diarrea puede ser el tratamiento de infecciones con antibióticos. El tratamiento con antibióticos puede acabar con miles de millones de bacterias de la flora intestinal que tapizan las paredes de los intestinos. Al desaparecer las bacterias de la pared intestinal, éstas dejan espacio libre que puede ser colonizado por bacterias menos amigables. Un tratamiento eficaz contra la diarrea consiste en el trasplante de heces.
A pesar de todos los avances realizados, el sistema inmune todavía guarda importantes secretos que, poco a poco, son desvelados por la investigación científica. En 2010, se descubrió que los linfocitos MAIT, muy numerosos en el intestino, el pulmón y el hígado, detectan a células infectadas por bacterias y provocan su destrucción. Ahora se ha publicado en la revista Nature un descubrimiento sorprendente. Lo que los linfocitos MAIT detectan en la superficie de las células infectadas no son ni proteínas, ni lípidos, ni azúcares. Se trata, nada menos, que de vitaminas bacterianas.
El efecto placebo sigue siendo un misterio. Como sabemos, este efecto se manifiesta al proporcionar un tratamiento sin principio activo, pero haciendo creer al paciente que el tratamiento resultará eficaz. Esta creencia ejerce un efecto beneficioso y, en muchos casos, el paciente mejora. Sin embargo, ciertos estudios han demostrado que un buen porcentaje de la población no puede experimentar el efecto placebo, por lo que no es un efecto universal ¿Podrían los genes estar implicados en que unos experimenten un intenso efecto placebo y otros no experimenten ninguno?
Una célula infectada por un virus supone una bomba de relojería contra las demás, ya que se ha convertido en una fábrica de partículas víricas que, cuando sean liberadas, infectarán a cientos de células vecinas, aumentando el riesgo de infección generalizada del organismo. Para detener la producción de virus, la célula infectada, en un acto de supremo altruismo, despliega en su superficie señales moleculares que indican la infección. Estas señales atraen a células del sistema inmune que inducen el suicidio en las células infectadas, lo que detiene la producción de virus. No obstante, los virus no son tontos y han aprendido a defenderse elaborando estrategias muy sofisticadas.
La doctora Jo Handeslman y sus colaboradores del departamento de Biología Molecular de la Universidad de Yale, en USA, diseñaron un experimento para investigar si existe discriminación de género en la actividad científica. El estudio se basaba en la elaboración de un curriculum imaginario adecuado para solicitar con éxito un puesto como joven responsable de laboratorio. Se envió dicho curriculum, firmado la mitad de las veces por un tal John, y la otra mitad por una tal Jennifer, a 127 investigadores e investigadoras que ocupaban puestos de responsabilidad en varias universidades ¿Afectaría el sexo del supuesto solicitante a la probabilidad de que le ofrecieran un contrato?
El queso, además de sabroso, aporta una gran cantidad de nutrientes muy importantes para el crecimiento, en particular el calcio. La capacidad de fabricar queso permite alargar enormemente la vida útil de la leche, lo cual pudo conferir una ventaja nutritiva importante a las tribus y culturas que inicialmente fueron capaces de fabricarlo. Pero, ¿quiénes fueron los que nos trajeron el queso?
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