Operación Cloacas. De entre todos los casos de corrupción que hemos venido conociendo en el último año a uno de carácter especial. En el que no se habla de supuesto blanqueo de capitales, ni de mordidas por obra pública, se habla, se investiga, se ha comenzado a destapar algo que puede ser más preocupante: Un presunta operación encubierta, diseñada desde la sede socialista de Ferraz y con el beneplácito y consentimiento de la cúpula, para impedir, por distintos medios, el normal funcionamiento del Estado de Derecho e impedir que las cusas judiciales que afectaban y afectan al PSOE y al propio Pedro Sánchez pudieran prosperar. Campañas diseñadas a personas y organismos concretos con datos inventados, y dirigidas a jueces, fiscales, guardias civiles, y medios de comunicación. Esto es el caso Leire, el caso cloaca. Que se destapó con unas grabaciones y que desde entonces mantiene en vilo al PSOE y a Moncloa. Un país donde el poder político actúa con intimidación y prácticas irregulares contra determinados personas, sectores e instituciones con la intención de silenciarlos, es algo que contraviene los principios propios de la democracia. Nos situamos en un plano diferente. Las cloacas como la corrupción del resto de corrupciones