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Hola, ¿qué tal estás? Soy Mar Herrero, instructora de Mindfulness, y hoy quiero hablarte sobre la importancia de aprender a descansar.
El cuerpo físico necesita descansar para restaurarse, y la mente también. Descansar es una práctica esencial; debemos aprender el arte de descansar. De hecho, en la meditación budista, el descanso es el primer paso. Podemos permitirnos que tanto el cuerpo como la mente descansen, aunque el problema es que muchos de nosotros no sabemos realmente cómo hacerlo.
Estamos acostumbrados a vivir en “modo lucha,” siempre buscando lograr algo. Esto se ha convertido en un hábito tan fuerte que incluso luchamos mientras dormimos. Reconocer que tenemos esta energía de lucha constante es el primer paso para liberarnos de ella. Cuando somos conscientes de este hábito, poco a poco pierde fuerza y deja de impulsarnos de manera automática.
La meditación es fundamental para este proceso de conciencia y transformación. La lucha debe dejar de dominar nuestras acciones y reacciones para que podamos vivir con mayor tranquilidad. Observa, por ejemplo, a un animal en la selva: cuando está herido, sabe encontrar un lugar tranquilo, se acuesta y simplemente descansa. Sabe que esa es la única forma de curarse.
Te invito a esta meditación en quietud, en la que haremos una práctica de escáner corporal con una pequeña visualización en la playa, junto al océano. Espero que puedas descansar al menos un ratito. Gracias.
Mar Herrero
Instructora de Mindfulness
Un espacio seguro.
Gestión y regulación de estrés
Hay días en los que necesitamos alejarnos un momento del ruido y encontrar un lugar donde poder descansar.
En esta meditación comenzaremos llevando la atención al cuerpo, aflojando poco a poco y dejando que la respiración nos ayude a llegar. Después te invitaré a imaginar tu propio refugio: puede estar junto al mar, en un claro del bosque, en una habitación o en algún lugar que aparezca mientras hacemos la práctica.
Nos quedaremos allí unos minutos, observando qué ocurre en el cuerpo cuando sentimos que podemos descansar y estar a salvo.
Y antes de terminar, guardaremos algo de esa experiencia para poder volver a ella en otros momentos del día.
Cuando termines, si te apetece, cuéntame qué ha surgido durante la práctica. ¿Cómo era tu refugio? ¿Qué notaste en el cuerpo al llegar allí?
Me encantará leerte en los comentarios. Muchísimas gracias.
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Si este espacio te acompaña de vez en cuando, puedes seguir el podcast. Así Spotify te avisará cuando publique una nueva práctica o una nueva pausa.
Hola, ¿qué tal estás? Soy Mar Herrero, instructora de Mindfulness MBSR, y quiero darte la bienvenida a esta práctica. Hoy, vamos a detenernos un instante para simplemente sentir. Sentirnos a nosotros mismos. Recordar que tenemos un cuerpo, que experimentamos sensaciones, y que también, muchas veces, nos identificamos con nuestros pensamientos.
Aquí, con una mente en calma, te invito a observar esos apegos y a soltarlos suavemente, con cariño. Esta práctica nos lleva hacia una comprensión más profunda y a liberarnos de los prejuicios condicionados. Podemos notar cómo los pensamientos surgen y también cómo se desvanecen.
Esta reflexión interna, hecha con atención plena, nos permite acercarnos a la realidad de una manera más directa y honesta. Así que vamos a cultivar juntos esta capacidad de observación tranquila, desarrollando una mirada clara y abierta para ver cada momento tal como es.
Hola, soy Mar Herrero.
Y antes de contarte nada más, quiero decirte algo sencillo: este espacio existe para darte un respiro.
Bienvenida, bienvenido a Instantes de Calma, dentro de Un Espacio Seguro.
Un lugar pequeño, íntimo, al que puedes venir cuando el día te pesa un poco más de la cuenta.
El estrés a veces aparece así, sin avisar. Todo parece ir bien y, de repente, algo se mueve por dentro y te descoloca. Y no siempre tenemos tiempo para meditaciones largas o momentos de silencio ideales. Por eso creé estas prácticas: cortas, accesibles, como abrir una ventana y dejar que entre un poco de aire fresco.
De un minuto, si eso es lo que hoy te encaja. Cinco, si tienes un poco más de margen.
Y en ese pequeño espacio, tan sencillo, suele ocurrir algo: el ruido baja, la mente se asienta, y empiezas a escucharte de verdad.
La idea es simple: regalarnos presencia.
Aunque haya prisa y la vida pida más de lo que damos.
Siempre queda un lugar (aunque sea muy pequeño) para volver a ti.
Mucha gente ya usa estas pausas para aflojar tensiones, y es normal:
— La calma que aparece cuando cierras los ojos.
— La claridad que llega cuando la mente deja de pelear.
— Ese pequeño alivio en el cuerpo, aunque sea mínimo.
— Las relaciones que respiran mejor cuando tú respiras mejor.
— Un autoconocimiento suave, sin exigencias.
— Dormir mejor. Estar más presente. Sentirte un poco más tú.
Y no hay una manera correcta. Solo estar, notar y dejar que el cuerpo y la mente se reencuentren.
Gracias por estar aquí.
Si hoy te vendría bien un momento de claridad en medio de tanta prisa, dale al play. Yo te acompaño.
Es una pausa breve (casi secreta), pero suficiente para recordarte que siempre puedes volver a ti.
¿Hacemos esta pausa juntas?
Mindfulness y el Sistema Endocrino: Restaurando el Equilibrio Hormonal
Hola, ¿qué tal estás? Soy Mar Herrero, instructora de Mindfulness, y hoy vamos a explorar cómo la práctica de mindfulness puede beneficiar a nuestro sistema endocrino.
La práctica de mindfulness tiene un impacto directo en el sistema endocrino, ayudando a restaurar el equilibrio de los niveles hormonales en nuestro torrente sanguíneo. Esto es especialmente importante porque, en estados de estrés crónico o distress, nuestras glándulas suprarrenales y el sistema endocrino en general pueden fatigarse considerablemente. Cuando estamos en un estado de activación constante, las hormonas del estrés, como el cortisol, se disparan, sobrecargando nuestro cuerpo.
Es aquí donde el mindfulness se convierte en una herramienta fundamental. A través de esta práctica, aprendemos a observar cuándo nuestro cuerpo comienza a acumular estrés. Desarrollamos la habilidad de decirnos “basta” y de regularnos antes de que el estrés nos afecte en exceso. Incluso el “buen” estrés necesita ser gestionado, y para ello son necesarios descansos conscientes, como los que proporciona el mindfulness.
En esta sesión, realizaremos una meditación profundamente relajante que, además de ofrecernos descanso, nos entrenará para observar cómo está nuestro cuerpo y cómo reaccionamos ante las tensiones. Al incorporar esta práctica regularmente, fomentamos la reducción de la tensión acumulada y comenzamos a transformar nuestros patrones habituales de retroalimentación frente al estrés.
Cuando nos permitimos una pausa y un descanso del estado de sobreactivación, le enviamos un mensaje claro al cuerpo: es seguro relajarse. Esto, a su vez, envía señales a nuestras glándulas endocrinas, como las suprarrenales, para que moderen su respuesta y reduzcan la activación excesiva.
Con mindfulness, comenzamos a enviar mensajes diferentes a nuestro cuerpo, notando que es posible cambiar los patrones de estrés profundamente arraigados. También observamos cómo se activa el sistema parasimpático, el conocido sistema de “descanso y digestión”, que promueve la relajación, reduce el estrés y favorece el equilibrio en nuestro sistema endocrino.
Si te apetece, da el play y comienza esta práctica de mindfulness que te ayudará a restaurar el equilibrio, reducir la tensión acumulada y cuidar tu salud hormonal.
"Bienvenida, bienvenido a Un Espacio Seguro. Soy Mar Herrero, instructora de mindfulness y MBSR, y hoy quiero invitarte a reflexionar sobre una pregunta que probablemente todos nos hemos hecho en algún momento: ¿podemos ser capaces de sanarnos a nosotros mismos?
Bessel van der Kolk, en su libro "El cuerpo lleva la cuenta", nos recuerda que la sanación comienza por aprender a escuchar. No solo a las palabras o a las emociones que sentimos, sino también a las sensaciones más sutiles de nuestro cuerpo. Según él, 'la capacidad de actuar comienza con nuestra conciencia de las sensaciones corporales sutiles. Saber qué sentimos es el primer paso para entender por qué nos sentimos así'.
Pero, ¿cuántas veces nos hemos desconectado de esa capacidad natural? Vivimos en un mundo tan rápido y exigente que muchas veces olvidamos que nuestro cuerpo tiene una sabiduría innata, una sabiduría que puede ser nuestra guía para sanar, si aprendemos a escucharla con atención y amabilidad.
Hoy quiero invitarte a descubrir esa conexión contigo mismo. A través de una práctica de respiración consciente, daremos el primer paso hacia esa pregunta: ¿podemos sanarnos a nosotros mismos? Quizás, al escuchar las señales de tu cuerpo, encuentres una respuesta que resuene contigo.
Este es tu momento. Busca un lugar cómodo, cierra los ojos si te sientes seguro, y acompáñame en esta práctica de veinte respiraciones conscientes. Es solo un comienzo, pero a veces, un pequeño paso puede abrir puertas a grandes transformaciones.
Y si esta práctica te inspira, te invito a seguir explorando con más episodios de Un Espacio Seguro, un lugar donde puedes regresar a ti, una y otra vez. Gracias por estar aquí."
Hoy no vamos a aprender nada nuevo. Vamos a hacer algo más simple, que suele ser lo más difícil: escuchar el cuerpo.
El cuerpo avisa todo el tiempo con señales pequeñas. Una presión en el pecho. Un nudo en el estómago. Una incomodidad que aparece sin que sepamos muy bien por qué. A veces lo notamos y seguimos adelante. Otras veces ni siquiera llegamos a notarlo. Vivimos tan ocupadas en lo urgente, en lo que toca, en lo que hay que resolver, que el cuerpo queda en segundo plano. Como si fuera algo que va con nosotras, pero al que no hace falta prestar demasiada atención. Hasta que un día aprieta un poco más.
Casi nadie nos enseñó a quedarnos ahí. A sentir sin arreglar. A notar sin interpretar enseguida. Al principio puede resultar extraño. Incluso incómodo. Pero poco a poco el cuerpo empieza a convertirse en un aliado muy claro. Dice mucho, aunque no use palabras.
La ansiedad, por ejemplo, suele empezar ahí. Primero como una sensación. Algo se mueve dentro antes de que la cabeza empiece a contar historias. Y cuando no lo vemos a tiempo, el ruido mental toma el mando. Cuando empezamos a notar esas primeras señales —a veces muy sutiles— aparece un pequeño margen. Un espacio antes de que todo se complique.
Sentir y comprender van juntas. El cuerpo señala. La mente observa. A veces, con eso basta. Esta meditación es para quedarte un momento con lo que hay y escuchar cómo se manifiesta en el cuerpo. Sin prisas. Sin hacerlo bien.
A veces, eso ya es suficiente.
Si has tenido un día tremendo y llevas horas haciendo cosas, pensando, resolviendo y pasando de una cosa a otra casi sin darte cuenta de cómo estás, esta práctica puede ser un buen momento para parar.
En esta meditación breve te invito a volver al cuerpo y notar cómo llegas, qué nivel de energía tienes, si hay tensión y qué está pasando por la mente. Y todo ello sin intentar cambiar nada. Simplemente estando con lo que hay. Y poco a poco te iré guiando para que la atención vuelva a lo que está sucediendo ahora: la respiración, el peso del cuerpo, la temperatura, las sensaciones.
Unos minutos para salir del piloto automático y volver a estar aquí.
Y, si este espacio te acompaña de vez en cuando, puedes seguir el podcast. Así Spotify te avisará cuando publique una nueva práctica o una nueva pausa.
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Música: Ambient Somber Dream · Adobe Stock · Asset ID 583221274.
Utilizada bajo licencia de Adobe Stock.
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Foto de Ladyfern Photos en Unsplash.
Hola. Soy Mar.
A veces me gusta pensar que la meditación se parece más a un gesto pequeño que a algo grandioso. Como apartarte el flequillo para ver un poco mejor. No es místico ni especial. Simplemente te deja respirar.
Porque meditar, al final, no va de hacer nada heroico. No vamos a cambiar los pensamientos ni a ordenar las emociones como si fueran camisetas bien dobladas. Más bien lo contrario. Se trata de dejar que todo esté como está, aunque esté torcido, cansado o un poco desordenado. De no empujar nada. De no convencernos de que deberíamos sentir otra cosa distinta a la que sentimos.
Cuando dejamos de intentar encajar en ese “cómo se supone que debería estar hoy”, a veces se abre un espacio pequeño. Nada espectacular. Un poco de aire. Un lugar donde no hace falta demostrar nada. Donde simplemente estamos.
Hay días en los que yo me siento como un vaso de agua removido. Lo mueves un poco y ya está todo turbio. Con la mente pasa algo parecido. Cuanto más la agitamos, peor se ve todo. No hace falta saber taoísmo ni budismo para entenderlo: el agua se aclara sola cuando la dejas en paz. Y la mente también.
Por eso hoy quiero proponerte algo muy sencillo. Parar. Solo eso. Parar y respirar. Mirar cómo está todo sin intentar corregirlo. Quedarte contigo un momento, aunque no sea un momento perfecto. Aunque no haya calma todavía.
Y si aparece un poco de dureza contigo —que suele aparecer—, podemos acompañarla con algo de amabilidad. No para cambiarte, sino para no hacerte daño mientras estás aquí. La bondad amorosa no arregla nada, pero suaviza mucho el camino.
Bienvenida, bienvenido a este episodio de Un espacio seguro.
Un lugar para parar un momento, soltar un poco y volver a ti.
Sin prisa. Sin hacerlo bien.
Hola, ¿qué tal estás? Bienvenido a una nueva práctica de mindfulness. Soy Mar Herrero, instructora mindfulness y hoy quiero hablarte sobre la respiración consciente.
Respiramos de forma automática, sin pensar mucho en ello. Pero, ¿por qué sería importante prestar atención a la respiración? La respiración consciente tiene múltiples beneficios comprobados científicamente.
Primero, el propósito fundamental de la respiración consciente es anclarnos en el momento presente, lo cual es clave para reducir el estrés y dejar de preocuparnos por el pasado o el futuro.
Además, se ha demostrado que la respiración consciente reduce la ansiedad, alivia el agotamiento, aporta ciertos tipos de alivio del dolor y disminuye los pensamientos negativos que aumentan el estrés.
La atención plena consiste en enfocar la mente en el aquí y ahora: en ser conscientes de las sensaciones en el cuerpo y en la mente, y en observar los pensamientos sin juzgarlos, especialmente aquellos que alimentan el estrés.
El doctor Judson Brewer, director de investigación e innovación del Centro de Atención Plena de la Universidad de Brown, explica que “la atención plena a la respiración nos da un ancla para el momento presente, porque nuestra mente suele estar distraída, preocupada por el futuro o lamentando algo del pasado. Cuando tenemos este ancla, somos más capaces de manejar lo que la vida nos depare,” incluyendo situaciones que nos generan estrés.
Guía para esta práctica de respiración consciente para reducir el estrés:
Ponte en una posición cómoda, sentado o tumbado. Escoge una postura en la que puedas relajarte y en la que tu respiración fluya libremente, sin restricciones.
Comienza a notar tu respiración. Inhala y exhala de manera natural y observa cómo se siente cada respiración. ¿Es corta o larga? ¿Profunda o superficial? Nota también las pausas que suceden al final de la inhalación y antes de la exhalación, y viceversa.
Observa el cuerpo. Fíjate en las sensaciones físicas asociadas a la respiración. Pregúntate: ¿Dónde sientes más claramente la respiración? ¿Es en la nariz, el pecho o el vientre? Este enfoque ayuda a liberar las tensiones que acumulan el estrés.
Sin juzgar. Es normal que la mente se distraiga. Cuando te des cuenta de que tu mente ha divagado, simplemente vuelve a centrarte en la respiración y en las sensaciones que la acompañan, con amabilidad y sin juzgar, para reducir el impacto del estrés en tu experiencia.
Evalúa al finalizar. Al terminar, toma un momento para notar cómo te sientes. ¿Percibes alguna diferencia en tu cuerpo? ¿Estás más relajado? Observa sin juzgar; no hay nada bueno o malo.
Si te cuesta mantenerte presente y concentrado en la respiración, no estás solo. El doctor Brewer comenta que él mismo tuvo dificultades para sentirse cómodo con la respiración consciente durante años. Su consejo es mantener una actitud curiosa hacia la respiración, sin obsesionarse con “respirar perfectamente.”
Recuerda que no necesitamos más estrés preocupándonos por si lo hacemos “bien” o “mal.” Simplemente observa tu respiración y con eso es suficiente.
¿Te animas a intentarlo? Comencemos.
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