Conferencias Magistrales Fundación Rafael del Pino

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  • El arte de los negocios en un mundo 2.0, english version
    El éxito puede ser cosa de suerte, pero a la suerte hay que ayudarla, sobre todo si se pretende crear una ‘start up’ de éxito. Según explico Guy Kawasaki, Haas Executive Fellow de la Haas School of Business de la Universidad de California- Berkeley y uno de los grandes referentes mundiales en el campo del marketing y las nuevas tecnologías, el éxito es el resultado de un proceso de diez pasos, que explicó el pasado 1 de febrero en una conferencia organizada por la Fundación Rafael del Pino. Todo empieza con hacerse tres preguntas básicas: qué necesita la gente, si la forma de satisfacer esa necesidad es interesante para las personas y si no hay una forma mejor de hacerlo. El proyecto empresarial, por tanto, no comienza con un gran plan, sino con estas tres simples cuestiones. Conseguidas las respuestas, lo que viene a continuación es la creación del producto, que debe ser viable y tener valor para alguien. En este punto hay que comprobar la validez de la idea. Entonces llega el momento de dar el tercer paso, que consiste en construir un prototipo. En este momento hay que empezar a buscar almas gemelas que complementen al emprendedor, así como crear un mantra que, en dos o tres palabras nada más, explique por qué la empresa debe existir. Una vez hecho esto es la hora de definir el modelo de negocio, especificando los mercados en los que se quiere entrar. El modelo debe ser simple y para testarlo hay que preguntar a las mujeres, que tienden a enfocar las cosas en el sentido de como poder ser más creativas, más productivas, etc., frente a la visión masculina, más proclive a pensar en términos de destruir al competidor. Así se llega hasta un punto en el que surgen muchas cosas que hacer, como poner nombre al producto, diseñar el logo, etc. Todo ello puede distraer la atención de lo que debería ser el objetivo principal en este momento, que no es otro que concluir el diseño del producto. En esta fase hay que fijar el número de llamadas a realizar por día, testar el funcionamiento de la página de internet y contratar a un ingeniero para acabar el prototipo. Una vez hecho esto hay que empezar a salir al exterior y contar la historia de la empresa, haciéndola personal y aplicando la regla del 10-20-30: diez diapositivas por presentación, 20 minutos de duración de la misma y 30 puntos en el conjunto de la presentación. Ahora toca ampliar la plantilla, pero con gente que ame lo que hace el emprendedor, para lo cual hay que ignorar a quien no sienta de esta forma, por muy buenas credenciales académicas y profesionales que presente. Hay que contratar a gente que sea mejor que uno mismo. Y también es el momento de socializar, esto es, de utilizar las redes sociales como plataforma de marketing. El siguiente paso es empezar a sembrar para conseguir una buena cosecha en forma de ventas, porque un buen nivel de facturación eleva la moral del equipo en general y del emprendedor en particular. En este punto es importante localizar a los ‘influencers’, es decir, a las personas que influyen a través de las redes sociales. Y, por último, no hay que dejar que nadie le diga que esto o lo otro no se puede hacer. No hay que escuchar a los derrotistas porque, entonces, la idea empresarial nunca saldrá adelante. Este documento resume lo tratado durante el encuentro realizado al efecto en la Fundación. La Fundación Rafael del Pino no se hace responsable de los comentarios, opiniones o manifestaciones realizados por las personas que participan en sus actividades y que son expresadas como resultado de su derecho inalienable a la libertad de expresión y bajo su entera responsabilidad.
    1 hr 7 min
  • El periodismo de investigación como servicio público, versión en español
    “El periodismo de investigación es un servicio público”. Así se manifestó Paul Steiger, ex Director de The Wall Street Journal y Presidente Ejecutivo de Propublica, durante su intervención en la IV Edición de ‘Conversaciones con…’, organizada por la Fundación Rafael del Pino y la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra. Según indicó Steiger, el periodismo de investigación se encuentra en peligro en estos momentos, debido a los cambios económicos y tecnológicos que han tenido lugar en los últimos años y que afectan a los medios de comunicación. Las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones, el aumento de los costes y el incremento de la competencia que opera con costes muy bajos gracias a esas nuevas tecnologías, han llevado a muchos medios de comunicación a considerar que el periodismo de investigación es un lujo. En este contexto, explicó Steiger, los periodistas de investigación se ven faltos de recursos con los que llevar a cabo su labor. En concreto, la falta de tiempo para desarrollar un trabajo que no siempre fructifica en un artículo y las restricciones presupuestarias están provocando que profesionales que no están dedicados específicamente a las labores de investigación tengan que hacerlo, además de sus tareas habituales. El periodismo de investigación, sin embargo, es necesario. Es un servicio público a través del cual se busca estimular el cambio positivo, indicó Steiger, sacando a la luz todas aquellas prácticas inadecuadas (escándalos, corrupción, etc.) de los grandes centros de poder. Para poder mantener el periodismo de investigación es necesario desarrollar nuevos modelos de negocio para los medios de comunicación. Los periódicos tradicionales están en declive porque aunque la aplicación de las nuevas tecnologías permitió reducir el coste por ejemplar, las cifras de venta en kiosco y de suscripciones también se están reduciendo, mientras que los ingresos por publicidad son cada vez más bajos. El futuro de los medios pasaría, por tanto, por fórmulas que les permitieran cobrar por la información online.
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  • El periodismo de investigación como servicio público, english version
    “El periodismo de investigación es un servicio público”. Así se manifestó Paul Steiger, ex Director de The Wall Street Journal y Presidente Ejecutivo de Propublica, durante su intervención en la IV Edición de ‘Conversaciones con…’, organizada por la Fundación Rafael del Pino y la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra. Según indicó Steiger, el periodismo de investigación se encuentra en peligro en estos momentos, debido a los cambios económicos y tecnológicos que han tenido lugar en los últimos años y que afectan a los medios de comunicación. Las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones, el aumento de los costes y el incremento de la competencia que opera con costes muy bajos gracias a esas nuevas tecnologías, han llevado a muchos medios de comunicación a considerar que el periodismo de investigación es un lujo. En este contexto, explicó Steiger, los periodistas de investigación se ven faltos de recursos con los que llevar a cabo su labor. En concreto, la falta de tiempo para desarrollar un trabajo que no siempre fructifica en un artículo y las restricciones presupuestarias están provocando que profesionales que no están dedicados específicamente a las labores de investigación tengan que hacerlo, además de sus tareas habituales. El periodismo de investigación, sin embargo, es necesario. Es un servicio público a través del cual se busca estimular el cambio positivo, indicó Steiger, sacando a la luz todas aquellas prácticas inadecuadas (escándalos, corrupción, etc.) de los grandes centros de poder. Para poder mantener el periodismo de investigación es necesario desarrollar nuevos modelos de negocio para los medios de comunicación. Los periódicos tradicionales están en declive porque aunque la aplicación de las nuevas tecnologías permitió reducir el coste por ejemplar, las cifras de venta en kiosco y de suscripciones también se están reduciendo, mientras que los ingresos por publicidad son cada vez más bajos. El futuro de los medios pasaría, por tanto, por fórmulas que les permitieran cobrar por la información online.
    1 hr 7 min
  • No hay apocalipsis. Por qué el alarmismo medioambiental nos perjudica a todos, versión en español
    El 11 de marzo de 2020, la Fundación Rafael del Pino organizó la conferencia magistral “No hay apocalipsis: por qué el alarmismo medioambiental nos perjudica a todos”, impartida por Michael Shellenberger, activista medioambiental y fundador y presidente de Environmental Progress con motivo de la publicación de su obra de igual título.
    Shellemberger empezó enumerando las malas noticias. El mundo se calienta, se ha calentado más desde tiempos preindustriales y esto se debe a la influencia humana, a través de los gases de efecto invernadero, de los incendios forestales. Los niveles del mar están subiendo porque los casquetes polares se derriten. El número de especies animales se ha reducido a la mitad desde 1970 y esto se ha producido en las zonas tropicales. Lo que impulsa la pérdida de la fauna es el declive del hábitat natural y el consumo directo de animales salvajes. Los humanos empleamos aproximadamente la mitad de la superficie útil del mundo, de la cual la mitad se emplea en la ganadería.
    Comemos demasiado pescado; la tercera parte de las pesquerías de todo el mundo está sobre explotada y esto se ha triplicado desde la década de los 70. Ahora está duplicándose la cantidad de pescado que comemos, así es que imaginemos qué va a pasar cuando China y el resto de Asia tengan más dinero y, por tanto, consuman más pescado. Solo el 15% de la superficie de la Tierra y el 8% de los océanos están protegidos. Los desechos plásticos tienen un gran impacto sobre la fauna.
    Hemos visto un elemento tremendo, la pandemia. Que el Covid-19 sea el resultado de un experimento de laboratorio va a ser otra cosa, pero si todo ha sucedido como parece que ha sido, el coronavirus pasa del murciélago al pangolín y la transmisión a los humanos se produce en una granja o en un mercado de animales vivos en China.
    Ahora sabemos que el límite resulta peligroso. Necesitamos estar separados de la naturaleza. Los niños temen el cambio climático. En Gran Bretaña, uno de cada cinco niños tiene pesadillas. La mitad de la población mundial piensa que la raza humana se va a extinguir a causa del cambio climático.
    También hay buenas noticias. Podemos aprovechar la energía eólica, la energía solar. En Naciones Unidas, la directora de silvicultura de la FAO dice que podemos utilizar la madera como fuente de energía alternativa. Sabemos que la eficiencia energética va a reducir nuestro consumo de energía. Si nos hacemos vegetarianos habrá menos emisiones de dióxido de carbono. Y no necesitamos energía nuclear.
    Todo lo anterior es cierto, pero no es la historia completa. Hay más. Por ejemplo, Estados Unidos es ahora el líder climático del mundo, un gran defensor del clima. Muy pocas personas lo saben. Hace diez años, era considerado el villano del clima. Sin embargo, ha reducido sus emisiones más que ningún otro país del mundo y ahora está haciendo las cosas mejor de lo que se suponía que lo haría según el Acuerdo de París.
    Estamos en el pico de las emisiones de dióxido de carbono y esto no lo habíamos previsto. Las emisiones van a seguir creciendo durante un decenio, pero a mediados de siglo veremos que se ha superado el pico. Esto hace poco probable que la temperatura global aumente tres grados más.
    Todo el mundo quiere prohibir las pajitas de plástico, pero representan solo el 0,03% de los residuos de los océanos. El gran problema, era que estos residuos llegaban a los océanos mayoritariamente desde Asia. Esto ha cambiado y ahora gran parte de ellos proceden de países ricos. Esto se debe a que no reciclamos el 90% de los desechos plásticos. Tampoco deberíamos intentar hacerlo porque el plástico no está diseñado para reciclarse. Debería incinerarse o almacenarse en basureros.
    Si fuéramos vegetarianos, las emisiones de dióxido de carbono se reducirían, pero solo en un 2% o 3%, porque el dinero que se ahorra al no comprar carne se invierte en producir otras opciones que también generan emisiones.
    Los incendios forestales se han reducido el 25% desde 2003. Solo se ha deforestado el 20% de la Amazonia. La mitad de ella ya está protegida y los indios yanomamos ya controlan una gran parte de ella. La extensión de superficie que controlan tiene el tamaño de Hungría, pero en Hungría hay diez millones de personas, mientras que hay menos de 20.000 yanomamos. Es decir, les va muy bien gracias al gobierno de Brasil y a los defensores de los derechos de los pueblos indígenas.
    En estos momentos, tampoco estamos en la gran extinción. Desaparecen especies, pero tres cuartas partes de ellas no están en peligro de extinción. Solo un 6% corre gran peligro. Hemos cazado más osos polares de los que existen en la actualidad, así es que, si queremos salvarlos, lo que hay que hacer es dejar de cazarlos. Esa es la amenaza para ellos, no que se derrita el hielo. Las ballenas jorobadas vuelven, gracias al éxito enorme en su protección. Lo mismo sucede con las tortugas marinas. Sería un error dar a entender que no es así. En cuanto al plástico, de hecho, ayudó a salvar a las tortugas carey, porque sustituye al carey en productos como las gafas. Hemos salvado la vida de las tortugas porque hemos sabido sustituir estos bioplásticos naturales por alternativas derivadas de combustibles fósiles.
    Shellenberger explicó que empezó en el activismo medioambiental en 1990. Le preocupaban la gente y el medio ambiente. Desde entonces se ha dedicado a ayudar a la gente a superar la pobreza y a proteger el medio ambiente. Vivió en Brasil, en zonas muy pobres, en las que le llamó la atención lo difícil que es la vida en ellas. Los niños en estas áreas no están en la escuela, sino yendo a por agua o a por madera. En Hispanoamérica han conseguido muchísimo en las tres últimas décadas, pero sigue habiendo muchísima pobreza.
    La pobreza en el mundo se ha reducido del 44% al 10% desde 1980. La mortalidad infantil se ha reducido del 43% al 4%. La esperanza de vida ahora es casi de 80 años. Tenemos menos niños, porque ya no hacen falta tantos porque ya no vivimos en el campo. Producimos muchísima comida, demasiada. Desperdiciamos la comida. No hay hambrunas. Si la gente pasa hambre es porque es pobre, no porque falten alimentos. Desde el punto de vista de la eficiencia energética, la relación que existe entre consumo de energía y PIB es constante. Se han reducido en un 90% las muertes relacionadas con desastres naturales en los últimos años. En cuanto a la subida del nivel del mar, va muy despacio y sabemos adaptarnos bien. En Holanda hay granjas que están siete metros por debajo del nivel del mar. Y los mayores riesgos de catástrofes se concentran en la guerra, las enfermedades, los volcanes, los tsunamis y los asteroides, no en el cambio climático. Todos hemos entendido con el coronavirus que la enfermedad sigue siendo una de las mayores amenazas. Una amenaza a la vida, a la civilización.
    Los incendios resultan por exceso de madera para quemar en los bosques. Cuando surge un fuego de alta intensidad y llega a un bosque bien gestionado baja desde las copas de los árboles hasta la parte inferior y se convierte en un buen fuego, en un fuego que se puede controlar. Europa es hipercrítica con la Amazonia, cuando Europa acabó con sus bosques porque quería crecer y ser moderna. Su masa forestal se redujo hasta una superficie equivalente a la de Portugal. Pero, luego, sus bosques volvieron a crecer. Desde 1900 han crecido y ahora más del 40% de Europa está cubierta de bosques porque ahora no hace falta tanta tierra para fines agrícolas y ya no utilizamos la madera como combustible. Esto es lo que sucede cuando los países son prósperos, que reverdecen gracias a la reforestación porque antiguos terrenos de pasto ahora se convierten en bosques.
    Respecto a los desechos plásticos, la pobreza es el problema. También, que enviamos los plásticos a lugares donde no se puede reciclar.
    También tenemos buenas noticias con la ganadería. El uso de la tierra es el asunto medioambiental más importante del mundo. Siempre ha sido así. La cantidad de tierra que utilizamos para la ganadería es enorme. Es del tamaño de Alaska. Pero se está reduciendo, lo que es una buena noticia porque habrá más terreno para la fauna. Estamos viendo como reverdece todo. Lo vemos en las zonas templadas del mundo, aunque todavía no en el trópico, pero, seguramente, pronto lo veremos.
    Producimos más peces gracias a la acuicultura y podemos hacerlo aún más reduciendo la presión sobre los peces salvajes y dejarlos para las ballenas. Un 15% puede que no parezca. Ahora tenemos en el mundo 25 veces más áreas protegidas que en 1962. Hemos perdido lugares preciosos, pero también hemos protegido otros. Vemos incrementos en la biodiversidad.
    Vamos a ver algo de cómo los humanos salvamos a la naturaleza, con el caso de las ballenas. Antes las cazábamos para utilizar su aceite para la iluminación. En Europa también se empleaba para hacer margarina y jabones. Pero dejamos de hacerlo gracias, por ejemplo, al descubrimiento de los pozos de petróleo en Pensilvania. En 1861 sabían que el petróleo salvaría a las ballenas, y así fue. Esos pozos iban a producir en un día todo el aceite que se pudiera extraer de las ballenas durante cuatro años. Necesitamos fuentes energéticas abundantes para salvar la naturaleza. Europa necesitó carbón para dejar de utilizar madera. Es el mismo tipo de sustitución. Hemos progresado incluso con el carbón, reduciendo la contaminación del aire.
    Hemos reducido la cantidad de tierra que necesitamos para la agricultura, de forma tan notable que el total se ha reducido un 8%, pero la población de alimentos se ha disparado un 300%. Estamos produciendo más carne y más leche utilizando la misma cantidad de tierra. Ahora los pollos son más grandes y no necesitamos tanta tierra para alimentarlos. De hecho, hemos reducido las emisiones de gases de efecto invernadero en la ganadería, a pesar de que la producción se ha incrementado un 50%.
    El fenómeno más importante es la desmaterialización. Pensemos en el teléfono móvil. Antes necesitabas un fax, un tocadiscos, unos altavoces, un DVD, cámaras, calculadora, periódicos. Antes deforestábamos y ahora podemos utilizar nuestros teléfonos. Este proceso aparece en todas las partes de la economía, la desmaterialización. Las ciudades, por ejemplo, son más pequeñas, llenas de gente, más densas, con la densidad de población que va a más.
    Por supuesto, todavía hay especies en peligro de extinción, que necesitan más terreno, un hábitat mayor. Para que esas especies no desaparezcan tendremos que ver cómo concentrar la actividad agrícola. En este sentido, hay buenas noticias. Los agricultores subsaharianos pueden aumentar sus cosechas casi un cien por cien con agua, abonos y maquinaria. Si todos los países lo hicieran, los resultados se notarían y la producción crecería un 50%. Aumentaría la productividad de la tierra, con lo que la presión sobre los bosques sería menor en todo el mundo.
    Parece que hemos llegado al pico de consumo de la madera. También parece que estamos llegando al pico de utilización de la tierra para la agricultura. Así es que, si estamos en el pico de emisiones de carbono, del uso de la tierra, de uso de madera como fuente de energía, esto son tendencias importantísimas. Vamos bien encaminados. Incluso, estamos utilizando el abono mucho mejor. Holanda ha podido duplicar sus cosechas utilizando la misma cantidad de abono. En cuanto a las tierras degradadas, están en países pobres porque carecen de abonos modernos, ni métodos modernos de agricultura. Ahí es donde están las crisis.
    Muchas de las soluciones verdes no funcionan. La mayoría de las personas no son, ni van a ser, vegetarianas. Eso esta bien y podemos adaptarnos a ello. Hay que reciclar cristal o aluminio, pero no hay que reciclar plásticos. Intentamos reciclarlo y el 90% de esos plásticos van a países pobres y a los océanos. La ganadería de pastos es mucho menos eficiente frente a la agricultura de concentración, que nos permite reducir emisiones y el uso de tierra.
    Los expertos en medio ambiente a veces se oponen a las buenas tecnologías. Se oponen, por ejemplo, a comer salmón modificado genéticamente. Pero esto es una técnica de reproducción y si se consigue la producción, es fantástico. El santo grial es el atún. Todo el mundo lo quiere. Si consigues peces criados en tierra, todos podremos comer más sano, estar mejor, salvar estos animales. ¿Quiénes se oponen? Muchas veces ecologistas porque no les gusta la idea, aunque es buena para la naturaleza.
    El gas natural es bueno. Cuando sustituye al carbón reduce las emisiones de carbono. Por eso hay menos emisiones en Estados Unidos. La huella de carbono del gas es muy baja, por lo que la transición de carbón a gas es buena. Así es que llevamos ciento cincuenta años reduciendo la intensidad de uso de carbono para la energía.
    Para prosperar, hay que utilizar la energía, porque no queremos ser pobres. La calidad de la energía también importa. ¿De dónde viene nuestra energía limpia? Suecia, Francia, Suiza utilizan básicamente energía nuclear e hidroeléctrica. Lo mismo pasa en Illinois, en Bélgica. Hemos invertido casi dos billones en nuclear y 2,3 billones para generar solar y eólico, la misma cantidad de dinero, pero mucho menos eficaz. ¿Qué pasa con Francia y Alemania? Francia es muy nuclear y Alemania se aparta, tiende hacia renovables. En consecuencia, la electricidad en Alemania es casi el doble de cara que en Francia. Alemania produce diez veces más carbono por unidad de energía que Francia. Las baterías son muy caras y nadie cree que vayan a salvar a la eólica ni a las solares. En California la energía cuesta siete veces más que en Estados Unidos por eólico y solar. Si Alemania hubiera invertido en nuclear lo que ha invertido en renovables, ya estaría en el cien por cien.
    ¿Por qué lo hemos hecho tan mal? Porque pensamos que lo natural es mejor. ¿Tiene sentido? ¿Por qué un panel solar va a ser más natural que una central nuclear? Lo que tenemos que plantearnos es la intensidad y la concentración, porque esto es lo que protege verdaderamente. Cuando dicen lo natural, lo que quieren decir es más antiguo. Los plásticos más nuevos son los que salvaron los colmillos de marfil de los elefantes. Lo mismo pasa con el carey. Los desechos de los paneles solares son trescientas veces más peligrosos que los residuos nucleares porque contienen plomo y otros minerales pesados. Las instalaciones solares necesitan cuatrocientas veces más terreno. Si queremos proteger las especies, no podemos quedarnos con su hábitat, como pasó en California. En Alemania hay manifestaciones en contra de la energía eólica por su impacto medioambiental.
    La crítica al crecimiento económico por parte de los más ricos del mundo desde los 70 es una idea malthusiana. Son los ricos diciéndole a los pobres que no pueden aspirar a la prosperidad. La verdad es que el crecimiento de la población mundial llegó a su máximo en los 60 y, desde entonces, va a menos. Probablemente llegaremos a nueve o diez mil millones, pero el temor abunda. El pánico, sin embargo, implica un comportamiento insensato.
    El rumbo que nos va a permitir salvar a la naturaleza es llegar a la energía nuclear. Tenemos que colaborar los unos con los otros porque así es como se salva la selva tropical. Tenemos que distanciarnos de la idea romántica de productos naturales para salvar la naturaleza.
    43 min
  • El 19 de marzo y el 2 de mayo. Ciclo de conferencias. Galdós, escritor de Historia. Episodios Nacionales
    La Real Academia de la Historia con el apoyo de la Fundación Rafael del Pino han organizado la primera parte del ciclo de conferencias online «Galdós, escritor de Historia. Episodios Nacionales» que transmitirá a través de www.frdelpino.es de acuerdo con el siguiente programa:
    Lunes, 1 de marzo
    Trafalgar
    Hugo O’Donnell
    Martes, 2 de marzo
    El 19 de marzo y el 2 de mayo
    Feliciano Barrios Pintado
    Miércoles, 3 de marzo
    Zumalacárregui
    Juan Pablo Fusi
    43 min

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La Fundación Rafael del Pino, con el objetivo de contribuir a la mejora de los conocimientos de los dirigentes españoles, organiza Conferencias Magistrales en las que participan destacadas…

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