Conferencias Magistrales Fundación Rafael del Pino

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Conferencias Magistrales Fundación Rafael del Pino episodes

  • La tecnología y la pandemia del COVID-19. Mauro F. Guillén
    La Fundación Rafael del Pino organizó, el 11 de junio de 2020, la conferencia de Mauro F. Guillén, catedrático de Dirección Internacional de Empresas en la Wharton School, titulada “La tecnología y la pandemia del COVID-19.
    El profesor Guillén comentó que muchos expertos, así como los medios de comunicación, han empezado a crear mitos sobre esta pandemia. Hablan de que vamos al final del desplazamiento al trabajo, de la extinción del comercio minorista y del colapso de la globalización. Pero esto son mitos. ¿Qué ha pasado en esta crisis?
    Si se analiza la evolución de la confianza del consumidor durante la crisis, se observa que se produjo un descenso muy súbito de ella tanto en Estados Unidos como en China a raíz de la pandemia. En las últimas semanas, sin embargo, se ha producido un ligero repunte en Estados Unidos. En China parece que también, aunque luego ha habido una recaída. Pero lo destacable es que, incluso en su punto más bajo, no se llegó a los niveles que se alcanzaron hace doce años durante la crisis financiera global, o hace cinco años cuando China sufrió ciertos avatares. Esta vez no ha caído tanto. En la Unión Europea y Japón también se produjo una caída y una cierta recuperación en las dos últimas semanas, pero, en estos dos casos, la caída ha sido similar a la que se produjo en 2008 y, en Europa, en 2012 durante la crisis de la deuda soberana.
    ¿Cómo explicar ese comportamiento en Estados Unidos y China? Uno de los argumentos es que el Gobierno y los bancos centrales han actuado con muchísima celeridad. Pero también hay otra hipótesis y es que algo ha cambiado con anterioridad a la pandemia en la conducta del consumidor y quizá el comercio electrónico ha tenido algo que ver con ello. El consumidor ha podido seguir consumiendo y los trabajadores han podido seguir desempeñando sus funciones desde el hogar gracias a la tecnología.
    ¿Hasta qué medida la tecnología va a cambiar cómo operan las empresas tanto hacia dentro como hacia afuera? Hay cuatro grandes temas que van a suponer cuatro grandes áreas de actuación dentro de las empresas y en sus relaciones con clientes y con proveedores. Estas tendencias van a continuar más allá de la pandemia y se refieren a la cadena de suministros de la empresa, la automatización de sus actividades, el trabajo remoto y el comercio digital.
    Una encuesta a los directores financieros de las empresas estadounidenses, que son los que saben lo que sucede en la empresa, decían al inicio de la pandemia que hay que cambiar la seguridad en el trabajo, acomodar el puesto de trabajo para adaptarlo al distanciamiento social y es posible que haya que introducir turnos alternativos de trabajo. Cuando se les pregunta si después de la pandemia se va a poner más énfasis en el trabajo remoto, casi la mitad de los encuestados piensa que va a ser una opción permanente. El 40% piensa que las tendencias a la automatización y a las nuevas formas de trabajo van a seguir. Casi la tercera parte piensa que también va a haber un impacto significativo sobre la utilización de edificios.
    Respecto a las cadenas de aprovisionamiento, el 71% ha visto una disminución del volumen de producción, el 60% constata retrasos en el transporte entre distintos segmentos y el 49% indicha que se han producido demoras desde que el producto entra en el puerto hasta su llegada a los consumidores. El 42% de los encuestados asegura que las cadenas de valor van a cambiar a raíz esta crisis y el 29% estima que es posible que lo hagan.
    ¿Qué tipo de inversiones van a ser necesarias en el futuro? El 26% de los encuestados considera que serán necesarias inversiones en activos, el 33% en empleados, para reposicionar a algunos y contratar a otros, y el 67% en tecnología a lo largo de la cadena de aprovisionamiento.
    Esta pandemia ha expuesto algunos de los problemas básicos que existían con las cadenas de valor. Por ello, las empresas ven en esta situación oportunidades para hacerlas más eficientes, más resistentes ante choques externos como esta pandemia.
    ¿Qué va a ocurrir con las cadenas de valor? Va a suponer un abandono parcial del principio del just in time. Vamos a caminar hacia el principio de just in case, el principio de por si acaso. Va a haber más inventarios, las empresas van a buscar un nuevo equilibrio entre eficiencia y resistencia ante disrupciones importantes. Esta crisis va a acelerar este equilibro, pero no es algo nuevo. Hay dos precedentes históricos recientes.
    El primero fue en 2011, con el tsunami de Japón, que causó un colapso de las cadenas de aprovisionamiento en Japón. Las empresas se vieron obligadas a parar la producción. Semanas después el parón se manifestó en Estados Unidos, Europa y otros países asiáticos. Muchas empresas empezaron a replantearse sus cadenas de valor, que deberían estar más diversificadas y ser más cortas en distancia geográfica. Esta situación afectó a la industria automóvil, pero no mucho a otros sectores. En 2018-19 vino la guerra comercial entre Estados Unidos y China. En algunas categorías de bienes, China fabrica el 50% de la producción mundial. Pero la imposición de aranceles incrementa los costes. Esto invita a las empresas a replantearse sus estrategias, pero no hubo un regreso de esas actividades a Estados Unidos, sino que se produjo un desvió hacia otros lugares de manufactura industrial. El mayor beneficiario fue Taiwán, seguido de Vietnam, México y otros países de Europa del Este. En estos episodios las empresas aprendieron que cadenas de valor expuestas a todo tipo de riesgos.
    También vemos un mayor uso de la tecnología. Va a haber más inversión en automatización de almacenes. Esta pandemia crea unos incentivos muy fuertes para la automatización. Va a afectar al sector de servicios y va a seguir en el sector industrial. La nueva gran frontera de la automatización se va a manifestar en el sector servicios, que ha estado muy tocado por las medidas de confinamiento y distanciamiento, que van a tener que mantenerse durante varios meses o años. También hay que centrarse en los trabajos de cuello blanco, en donde la automatización va a seguir hacia arriba y se va a intensificar a raíz de esta crisis.
    Por lo que se refiere al trabajo remoto, antes del COVID-19 el 37% de los empleos en Estados Unidos podían ser desempeñados de forma remota. Un 3% de los trabajadores trabajaban remotamente. En los países escandinavos llegaba hasta el 23% de la población ocupada. Durante el COVID, el teletrabajo ha crecido muy rápidamente en Estados Unidos, aunque luego seguramente va a bajar, sobre todo porque no es ideal trabajar desde el hogar para conseguir los objetivos de la empresa, pero no va a caer al nivel del 3%. El techo del 37% va a destrozarse hacia arriba gradualmente. La empresa va a reestructurar puestos o eliminarlos para crear otros que puedan desempeñarse en remoto. El lugar de trabajo en el 84% de los casos es el hogar. El 8% acude a espacios de cotrabajo cerca de su domicilio y el 4% teletrabaja desde el bar. Algunos expertos creen que el cotrabajo va a crecer porque la gente va a ir a esos lugares, pero otros creen que no va a funcionar en un mundo con normas de distanciamiento social.
    Hay que diferenciar entre el trabajo remoto y el trabajo inteligente. El trabajo remoto es simplemente buscar un lugar alternativo para él, mientras que el trabajo inteligente consiste en reinventar la manera en la que se trabaja. La tendencia en las empresas es a combinar las dos localizaciones y a pensar en equipos de trabajo virtuales que puedan estar en distintos lugares del mundo. Esto sería lo ideal, siempre y cuando sea ventajoso para la empresa y el empleado. La tercera tendencia es como podemos emplear las herramientas digitales para aumentar la productividad y la creatividad. Algunos estudios apuntan a que la productividad no crece con el teletrabajo, lo que no es bueno desde el punto de vista de la competitividad.
    En las primeras semanas de confinamiento hemos visto un crecimiento muy acelerado de las plataformas que nos permiten aprender de forma remota, de las plataformas digitales para jugar, del comercio electrónico. Tecnologías como inteligencia artificial, blockchain, realidad virtual, impresión 3-D, etc. son más interesantes para las empresas que antes de la crisis. La pandemia va a acelerar su despliegue. Puede verse en los siguientes ejemplos.
    Shopify compite con Amazon, pero se concentra en ser un área en la que otras empresas pueden anunciar sus productos y servicios. Durante la crisis, la cotización de Amazon creció más que el Nasdaq, pero la de Shopify lo hizo más aún porque se dio cuenta de un nicho de mercado de distancia menor de 25 kilómetros que se podía aprovechar. En la pandemia el comercio quedó completamente bloqueado, salvo que fuera esencial. Shopify crea un escaparate de productos y servicios en su plataforma y ayuda a las empresas a realizar envíos, recibir pagos, gestionar comercio el electrónico. Este modelo va a transformarse en un modelo mixto. Las tiendas volverán a abrir, pero conservando el canal digital.
    Otro ejemplo, Spotify. Una pandemia como la actual debería generarle un aumento de la demanda. Se ha beneficiado de un aumento muy elevado en el número de usuarios, pero también ha tenido un problema. Los ingresos por publicidad han caído drásticamente en esta crisis. La empresa se ha visto forzada a tratar de aumentar la tasa de conversión de gratuitos a usuarios de pago, atrayéndolos, por ejemplo, con podcasts. La pandemia es para Spotify una oportunidad de reinventarse con contenidos propios.
    El negocio de Airbnb se ha hundido. Durante la pandemia su prioridad ha sido mantener a los anfitriones conectados a la plataforma organizando eventos en línea, en los que los anfitriones pueden hacer cosas, dar webinars, etc. Esto permite a los anfitriones tener algún tipo de ingreso y a Airbnb le permite mantener la relación con los anfitriones. Permite que se transforme de intermediario que cobra una comisión a una plataforma de estilo de vida.
    Las ventas de Inditex cayeron el 44% en la pandemia. Esto representa una oportunidad para que siga creciendo en su negocio en línea. Un 14% de venta online no es suficiente. Van a cerrar hasta 1.200 tiendas, para acelerar su estrategia omnicanal. La pandemia es una oportunidad para crecer en línea.
    El New York Times antes de pandemia tenía un descenso importante de ingresos de publicidad. La tasa de conversión de la edición impresa a la digital era del 3,5%. Con cinco millones de suscriptores, la edición impresa aún representaba la mitad de los ingresos totales por suscripción y publicidad. En la pandemia hubo más suscriptores de pago a la plataforma, pero se produjo una caída importantísima de ingresos por publicidad en impreso y en la plataforma digital. Esto es una oportunidad acelerar la transformación digital del periódico.
    Las empresas, por tanto, van a acelerar cierto tipo de inversiones, van a profundizar cierto tipo de estrategias que ya tenían que estar adoptando antes de la crisis.
    1 hr 7 min
  • La respuesta económica de la Unión Europea a la crisis del COVID-19. Luis Garicano
    El 26 de mayo de 2020, la Fundación Rafael del Pino organizó la conferencia de Luis Garicano, eurodiputado y vicepresidente de Renew Europe, titulada “La respuesta económica de la Unión Europea a la crisis del COVID-19.
    Garicano señaló que las pandemias no son algo nuevo en la historia. Las hemos tenido en el pasado. Por ejemplo, la Plaga de Justiniano, que afectó al imperio bizantino y a otras partes de Europa, Asia y África entre 541 y 543; la Peste Negra, que afectó a Europa y Asia; la Plaga Italiana, de 1629-1631, o la Gripe Española. Lo bueno que tiene, en este caso, la crisis del Coronavirus es que el capital físico no se ha destrozado y las pérdidas en capital humano son relativamente pequeñas.
    Esta pandemia también es bastante especial por otra razón. En una guerra, nunca se le pide a la gente que se quede en casa, ni se reduce voluntariamente la producción. Todo lo contrario. En Estados Unidos, por ejemplo, durante la Segunda Guerra Mundial las mujeres salieron masivamente para incorporarse a trabajar y no detener la producción.
    El virus tiene un aspecto económico interesante que es la idea de la externalidad. Una externalidad se produce cuando se toma una decisión que tiene consecuencias para los demás, pero que no se pone precio a esas consecuencias. El salir a la calle en una epidemia es un caso de externalidad que tiene un coste importante. Por ejemplo, cuando los jóvenes salen despreocupadamente a la calle, sin mascarillas, sin preocuparse de contagiar o contagiarse. Pero también, si uno quiere estar protegido, puede ir en la dirección contraria y decir prefiero contagiarme antes que después, lo que puede llevar a que la gente salga más. La cuestión es que la gente no internaliza el coste de sus acciones. Por esa razón, el confinamiento se impone desde el gobierno, dada la necesidad de congelar la expansión del virus.
    Esta situación está produciendo una contracción económica. Vemos que la oferta cae, que la gente que no produce se queda en su casa. A causa de ello, cae la demanda, y esto va de vuelta a la oferta. En España, los gastos han caído muchísimo, un 60% el gasto nacional y un 100% el extranjero. Hay actividades que caen muchísimo y otras menos, dependiendo de la composición de la demanda. También hay un impacto en forma de salida de capitales muchísimo mayor que en la crisis financiera. La inversión en los países pobres ha caído muchísimo.
    Las decisiones que han tomado los países para afrontar esta situación económica han tratado de evitar que sea permanente, porque la gente pierde sus ingresos, las empresas se endeudan y todo lleva a un fortísimo incremento de la deuda pública. En España crecerá en más de veinte puntos del PIB, ya que las fuertes caídas de la oferta y la demanda afectan a los ingresos. Si esta situación dura poco, será fácil de gestionar; si dura más, será un problema.
    La clave de la salida reside en cuenta protección contra la enfermedad se mantiene y cuanta gente está expuesta. En este sentido, hay tres escenarios. Si el confinamiento termina en verano, hay distanciamiento social, se viaja menos, hay teletrabajo y se produce un rebrote en otoño que se pueda controlar, la economía repuntará en la segunda mitad del año. El peor escenario sería que el confinamiento volviese en invierto y no se controlara el rebrote. Entonces se produciría otra caída del PIB. Pero si el virus muere, entonces la situación mejorará rápidamente porque todo volvería a la normalidad.
    Las decisiones de política económica que se están tomando tienen unos objetivos claros. Si se deja que la enfermedad siga su curso, es malo para la salud, pero la recesión es más suave. Si se ataca la enfermedad, es bueno para la salud, pero la recesión es más profunda. Teniendo esto en cuenta, el objetivo ha sido que caiga la economía para proteger la salud y que tengamos una recesión en forma de V, como ha pasado en China.
    A partir de ahí se han tomado una serie de decisiones, que vienen explicadas por tres problemas. El primero es que el flujo de renta de los hogares a los negocios se para porque el gasto cae. El segundo es que se detiene también el flujo de sueldos y salarios. Por último, se congelan los préstamos a los negocios. Por ello, lo que hay que hacer es proteger a los trabajadores y sus ingresos, incluso estando en cuarentena y quedándose en casa. Segundo, hay que garantizar la liquidez de las empresas. Tercero, hay que apoyar al sistema financiero para que no se hunda. Son las acciones que se han estado tomando estos meses.
    Los sectores en los que el empleo se ve más afectado son construcción, hostelería, arte y cultura. En los servicios, el efecto sobre el empleo es menor. Y en las industrias primarias y los sectores que pueden funcionar con teletrabajo es todavía más pequeño.
    La crisis tiene impactos muy diferentes en los países dependiendo de cuál sea la estructura económica de cada uno de ellos. En España, el 70% de los trabajos no se pueden realizar desde casa, debido al peso del comercio, el transporte, los hoteles y el turismo. Un país que tiene muchos empleos de ese tipo es un país que sufre más. España, por ello, es el tercer país más vulnerable. Los empleos que más se conservan son los de mayores ingresos. De los de más bajos no se conserva casi ninguno. Por eso, la tasa de desempleo es más alta en los tramos de salarios bajos que en los altos.
    Para proteger a las personas se han adoptado medidas relacionadas con el mercado laboral como las bajas por enfermedad, la ampliación del seguro de desempleo, los subsidios salariales, las medidas de protección del empleo, como los ERTEs y los minijobs, porque se pretende que se mantenga el vínculo entre trabajador y empresa. Así se reducen los despidos y se permite que la relación laboral continúe, pero con el trabajador cobrando de otra parte.
    Un segundo grupo de medidas está destinado a proteger a las empresas, en particular de transporte y a las tiendas. Lo que piden los empresarios es que se les ayude a pagar impuestos, alquileres, cotizaciones sociales. Las pymes se sienten frágiles financieramente; solo tienen dinero para aguantar cerradas mes o mes y medio. Las principales medidas, en este sentido, han sido préstamos, avales públicos para que las empresas puedan acceder al crédito, desgravaciones fiscales y devoluciones de impuestos, incluso más allá de lo pagado.
    La tercera respuesta a nivel global ha consistido en ayudar a los bancos, proporcionándoles liquidez para que puedan apoyar a las empresas con préstamos. Esto ha permitido que haya muchísimo más acceso al crédito.
    Por lo que se refiere a la Unión Europea, ésta tiene tres líneas de defensa. Primero, está la respuesta del BCE, que ha podido actuar con gran agilidad. Los bancos centrales han actuado de manera muy rápida, con medidas muy radicales. El Reino Unido, incluso, permitió que el Banco de Inglaterra financiase directamente a su gobierno. El BCE no puede hacer eso, pero sí está comprando la deuda que emiten los gobiernos. Aun así, esto restringe capacidad para financiar a los gobiernos, porque el banco solo puede adquirir hasta un 33% de cada emisión. Además, el BCE tiene una segunda restricción, y es que en cada programa de compra solo puede destinar a cada país un porcentaje igual al de su participación en el capital del banco.
    Para superar estas restricciones, el BCE puso en marcha un nuevo programa de compra de deuda por 870.000 millones, con validez hasta diciembre de 2020. Si no se hace esto, se puede entrar en una espiral de deuda que podría desembocar en una crisis terrorífica, porque los estados miembros tienen muchas necesidades de préstamo. Se trata de evitar el circulo vicioso en el que unos tipos de interés altos suscitan en los mercados expectativas de impago y, por tanto, de salida del euro, con lo que piden tipos aún más altos. Para evitar esos problemas, el BCE ha creado el programa de compra de la pandemia. El problema es que se va a acabar antes de lo previsto, porque está comprando más deprisa de lo que pensaba. Además, la sentencia reciente del Constitucional alemán ata bastante las manos al BCE, al pedirle justificación sobre los programas anteriores. Esto sume a la política monetaria en una gran incertidumbre.
    La segunda línea es la política fiscal. Las políticas fiscales son nacionales y se coordinan, pero por ser nacionales hay un riesgo de redenominación por subida prima de riesgo. También hay un sesgo asimétrico en política fiscal, con unos países que gastan poco y otros que gastan mucho, con lo cual la coordinación muy poco fluida. Además, la cantidad de actores que intervienen en materia de política fiscal en la UE dificulta la coordinación. El Eurogrupo, por eso, ha tardado un poco más en hacer tres cosas: un programa del Banco Europeo de Inversiones (BEI) para dotar de liquidez a las empresas, el programa SURE de la Comisión Europea para proteger a los trabajadores y las empresas y el MEDE para financiar programas sanitarios.
    El BEI aporta 21.000 millones en garantías a préstamos para empresas, pero resulta pequeño. El SURE lo financia Europa y presta a los estados miembros, si bien es complicado porque el tratado pone algunos obstáculos. La UE no se puede endeudar mucho. Solo puede gastar el 1,16% del PIB, y un punto más si hay una emergencia. Ya lo está gastando y la financiación la consigue en los mercados con garantía de los países miembros.
    Por lo que se refiere al MEDE, este mecanismo tiene bastante dinero, pero lo presta con condiciones. Por eso, se considera un estigma político el pedir ayuda al MEDE. Se ha puesto un MEDE especial para la crisis con condicionalidad muy suave, con el fin de financiar gastos en costes directos e indirectos de la pandemia. España e Italia se niegan a utilizarla porque quieren fondo de recuperación, sin condiciones, pero no tiene mucho sentido porque hay países que se niegan. Además, entrar en el MEDE tiene un efecto estabilizador sobre los tipos de interés porque BCE puede participar en él. Es lo que ha sucedido con Chipre.
    La tercera línea de defensa es un plan de recuperación y reconstrucción. Los países del norte lo rechazan porque no quieren mutualizar la deuda y tienen cierta razón, porque no tienen capacidad decisión sobre lo que hacen España o Grecia con el dinero. Los tratados europeos también dificultan el conseguir que se compartan las deudas, debido a la obligación de que el presupuesto de la UE esté equilibrado y a la prohibición de rescates a países. Teniendo en cuenta esto, Garicano propone la creación de un fondo europeo para la reconstrucción en forma de préstamos. Se financiaría con una emisión de deuda conjunta de la UE a largo plazo, cuyos intereses se pagarían con nuevos recursos propios de la Unión Europea. Estos procederían de nuevos recursos verdes y digitales.
    50 min
  • Coronavirus y economía: grandes retos comunes. Juergen B. Donges
    La Fundación Rafael del Pino organizó, el 20 de mayo de 2020, la conferencia de Juergen B. Donges, Catedrático Emérito de Ciencias Económicas y director del Instituto de Política Económica y del Otto Wolff Institute for Economic Studies, ambos en ubicados en Colonia, titulada “Coronavirus y economía: retos comunes e inusitados”.
    Donges señaló que la crisis económica actual, que tenemos a nivel nacional, europeo y global, eclipsa cualquier otra que hayamos conocido antes por su origen, su profundidad y la dificultad de prever cuando tocará fondo y se iniciará la recuperación. La crisis es completamente diferente a las anteriores porque no ha sido causada por fallos de política económica, sino por una pandemia que aún es difícil de atajar. Aunque en algunos países la curva empieza a ser favorable, la epidemia sigue vigente. Nadie sabe a ciencia cierta hasta cuándo durará y si puede llegar una nueva ola vírica antes de que dispongamos de un tratamiento eficaz o de una vacuna. En este contexto, los economistas piensan que las empresas y los trabajadores entran que convivir con el Covid-19 durante bastante tiempo.
    La pandemia ha generado dos shocks simultáneos: uno de oferta y otro de demanda. El shock de oferta consiste en que las cadenas de valor globales han quedado desarticuladas a causa de las medidas adoptadas de parar la actividad productiva y de las restricciones de importaciones y exportaciones de numerosos productos. En la UE, el Mercado Único ha quedado disuelto, mientras que en el mercado mundial ha aumentado el proteccionismo.
    El shock de demanda se debe a que las medias de las autoridades han restringido notablemente la movilidad de las personas. Esto ha repercutido adversamente en el gasto de las familias en consumo duradero, ocio y turismo. El tráfico aéreo, el marítimo y el ferroviario, se han quedado sin pasajeros.
    Ambos shocks ya están teniendo un impacto sobre la economía mundial en la primera mitad del año. Todas las economías avanzadas están en recesión, afrontan una quiebra de pymes y autónomos, hay sectores como las aerolíneas que luchan por su supervivencia, están produciéndose destrucciones masivas de empleo, está subiendo la deuda pública. Y lo que se ha perdido hasta ahora no se va a recuperar.
    El PIB global retrocederá en 2020 un 3%. En la Gran Recesión la caída fue del 1%. El comercio mundial se ha desplomado el 11%. La recesión es generalizada en todas las economías avanzadas. Para las economías emergentes se prevé un declive menor que en los países avanzados, con un descenso de la actividad hasta el 1%. Para China e India, las previsiones apuntan a un crecimiento moderado y muy por debajo de la media histórica. Para Brasil y México la perspectiva es de una fuerte contracción.
    Si se confirman estas previsiones del FMI, tendríamos una evolución de la coyuntura en forma de V. El supuesto es que la pandemia remitirá claramente a comienzos de verano y que no habrá rebrotes significativos, que entonces se podrán levantar las medidas sanitarias y que las medidas de política fiscal funcionen. En esto caso la recuperación se iniciaría en el segundo semestre y continuaría en 2020. Pero no hay ninguna garantía de que este escenario se cumpla.
    Las cosas pueden ir a peor. Un primer escenario, en este caso, sería un perfil cíclico en forma de U, con la base inferior más alargada si la pandemia perdura más tiempo con repuntes. Esto demoraría la recuperación hasta entrado 2021, con tasas de crecimiento muy bajas. España podría estar en este escenario.
    Segundo escenario se corresponde con un perfil cíclico en L, sin poder determinar la longitud de la base. Si se produjera una nueva oleada, se restringiría la actividad sin ver la luz al final del túnel. Esto sería un verdadero desastre para las empresas, los trabajadores, las arcas públicas y la seguridad social.
    La probabilidad de que el perfil de la crisis sea en V es del 60%, que sea en U es del 30% U, y que sea en L es del 10%. Pero todo está envuelto en una incertidumbre enorme.
    El perfil de la recuperación va a ser distinto según los países. El punto de arranque de la recuperación presentará complicaciones más o menos notables según las medidas adoptadas previamente. A los países que han paralizado toda la economía, como España o Italia, les costará un esfuerzo mayor que a los que han mantenido la producción, aunque a menor escala, como Alemania u Holanda. También influye el peso que tengan en el PIB los sectores golpeados fuertemente.
    De lo que se trata ahora es de conciliar objetivos sanitarios y económicos. Mientras no haya desaparecido el riego de contagio y no haya una vacuna eficaz, es correcto extremar las precauciones. Pero también es correcto iniciar la desescalada si la cifra de personas infectadas evoluciona favorablemente.
    Salvar vidas es muy importante, pero no es lo único en lo que hay que pensar. Los responsables políticos, por eso, van a tener que caminar sobre el filo de una navaja a la hora de ponderar dos objetivos: salvar vidas y salvar la economía como fuente de empleo y bienestar. Si solo se concentran en la pandemia, sometiendo por un tiempo indefinido a la ciudadana a restricciones en su movilidad, en sus actividades, pueden ocasionar grandes daños colaterales en forma de hambre, trastorno familiar, problemas de crecimiento de los niños, etc. Los gobiernos, no obstante, han tratado de responder de la mejor forma posible a este dilema.
    Hay que conciliar el reto sanitario y el económico. Respecto al sanitario, es crucial aprender las lecciones que ha dejado la actual fase del Covid-19. Necesitamos un sistema de alerta preventiva para todos los riesgos de alertas víricas nuevas para contenerla. Necesitamos una red amplia de laboratorios de diagnóstico clínico de alto nivel. Necesitamos una investigación médica intensa sobre enfermedades infecciosas, su tratamiento y cómo frenar su expansión. Necesitamos una reserva sanitaria adecuada en relación con plantillas, aparatos médicos, materiales de protección, camas en hospitales, test, … También es preciso un concepto de actuación política coherente, basado en evidencia científica, con datos fiables y objetivos, sin descargar en los expertos la responsabilidad de los gobiernos en la toma de decisiones. En caso de rebrote, hay que suspender inmediatamente los actuales procesos de desescalada e introducir medidas de contención del virus. Finalmente, es necesaria mucha claridad y transparencia para convencer a la ciudadanía de la necesidad de cumplir con las normas. Si no hay confianza en las instituciones, los llamamientos públicos a los ciudadanos serán inútiles. También sería aconsejable una coordinación firme entre autoridades europeas en vez de la toma de medidas unilaterales.
    El reto económico es un reto doble. Por un lado, hay que evitar un deterioro irreparable del tejido productivo, sin bloquea cambios estructurales que surjan por razones tecnológicas y de mercado. Por el otro, hay que recuperar la confianza de los agentes económicos para que la economía se reactive.
    En la política macroeconómica la lleve ahora está en la política fiscal. Los bancos centrales van a mantener una política monetaria ultra expansiva, de manera que las condiciones financieras seguirán siendo muy holgadas. Los gobiernos han hecho lo que tenían que hacer, que es proveer de liquidez urgentemente a empresas y autónomos. Se trata de evitar despidos y quiebras porque si se produjeran demasiadas quiebras habría efectos negativos sobre el sector bancario. Entre las medidas adoptada caben destacar unos subsidios a fondo perdido para frenar costes fijos, avales a créditos bancaros, reducción de cotizaciones, prestaciones públicas por despidos como los ERTEs, o el aplazamiento en el pago de impuestos. En líneas generales los gobiernos han actuado en esta dirección.
    Para la política fiscal será importante saber en qué ciclo nos vamos a mover. Si el perfil es una V, las medias adoptadas, junto con el funcionamiento de los estabilizadores automáticos, supone un apoyo de la actividad suficiente. No habría que hacer más, porque sería sobreactuar y resultaría contraproducente a medio plazo. Si el perfil es una U o una L, entonces se necesitaría un mayor apoyo fiscal. La forma más eficaz es mediante desgravaciones tributarias a las empresas, incluidas amortizaciones aceleradas, mediante la traslación de pérdidas a ejercicios anteriores en los que se hubieran producido beneficios y promoviendo inversiones publicas en educación, investigación sanidad y estructuras vitales. También hay que reducir los trámites para la creación de empresas.
    Con el consumo no está claro si necesitamos estímulos fiscales o no. La evidencia actual es que los comercios vuelven a atraer clientela. Por tanto, hay gasto de consumo. Pero también observamos una cierta timidez de los consumidores a la hora de incrementar el gasto en bienes duraderos. En este caso, sí caben estímulos fiscales, en particular una reducción temporal del IVA. Pero hay que tener cuidado con la concesión generosa de subsidios o aportaciones de capital a determinadas empresas. Estas ayudas son cuestionables. Además, apoyar a unos implica discriminar a todos los demás. Esto distorsiona la competencia, genera ineficiencias en la asignación de factores y, al final, el remedio puede ser peor que la enfermedad para la economía.
    Puede ser que los gobiernos necesiten también ayuda exterior. En Europa pueden acogerse a los mecanismos que ya tenemos, que están bien dotados y cuyas condiciones de acceso han sido relajadas: MEDE, fondos estructurales de cohesión y Banco Europeo de Inversión. Todo esto lo pueden aprovechar ya los gobiernos. Crear un fondo europeo de reestructuración duraría mucho tiempo y muchos países no estarían de acuerdo. Por eso tampoco hay necesidad de volver al tema de los eurobonos, porque hay tres problemas. Uno, reformar el tratado de la UE y suprimir la cláusula de bail out. Dos, significa mutualizar por ley la deuda pública, lo que crea efectos perversos porque los países no aplicarían políticas presupuestarias rigurosas y demorarían las reformas estructurales necesarias para el crecimiento económico. Tres, que los alemanes tengan que responsabilizarse de las deudas de otros países sin tener ninguna influencia sobre cómo y en que se usa la deuda es inaceptable. Otra cosa sería si todos los países renunciaran a su soberanía nacional en materia presupuestaria para trasladarla a instituciones de la Unión Europea. Pero en esto no se avanza porque los países no están dispuestos a desprenderse de su competencia reina.
    Con esta crisis aumentarán el déficit y el ratio de deuda sobre PIB. Tenemos dos escenarios diferentes. Hay países como Alemania, Austria u Holanda que tienen unas finanzas públicas equilibradas porque han hecho sus deberes en el pasado. Estos países tendrán más fácil asumir el creciente endeudamiento. Otros países, como España, que no han sabido o querido utilizar la bonanza económica para llevar a cabo una política fiscal más rigurosa, lo tendrán más difícil. Lo que sí hay que saber es que, de momento, desde las reglas del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, no hay ningún límite para aumentar el déficit y la deuda. Pero esto es temporal. Cuando la crisis se haya superado, los países tendrán que priorizar la consolidación presupuestaria porque es insostenible mantener niveles elevadísimos de deuda. Habrá que hacer ajustes económicos más o menos severos por el lado del gasto ineficiente e improductivo. Si conseguimos que el ritmo de crecimiento económico supere el tipo de interés, los ajustes serán más llevaderos.
    Hay otras cosas que también incidirán en este reto. Uno es la restitución del Mercado Único Europeo y del Acuerdo de Schengen. Una vez iniciada la desescalada, es una sinrazón perpetuar restricciones fronterizas que, a la postre, serían perjudiciales para todos. Dos tercios del comercio exterior de la UE son comercio intra europeo. Sin libertad absoluta de comercio y de movimiento de personas, una buena parte del potencial de crecimiento quedaría desaprovechada.
    El relanzamiento económico también requiere una acción empresarial. No es el momento de proponer la nacionalización de empresas y aprovechar la crisis actual para avanzar en el ideario de una ideología de extrema izquierda. Las empresas públicas no son rentables, resultan muy costosas para el contribuyente y frenan crecimiento. Tampoco es el momento de recortar la globalización económica y resucitar modelos de autarquía nacional. Empobrecerían la sociedad. La historia moderna revela que la libertad de la iniciativa privada expuesta a una competencia intensa en mercados nacionales y mundiales es la fuerza motriz de la innovación que, a su vez, impulsa el crecimiento económico y la creación de empleo. En la salida de esta crisis lo volverá a poner de manifiesto.
    El coronavirus puede a la postre convertirse en un acelerador de la digitalización. Ya hemos ensayado en los últimos meses las posibilidades de teletrabajo, videoconferencias, videoconsultas, enseñanza online, etc. En el futuro, las reuniones presenciales seguirán siendo importantes, pero las empresas y los jóvenes emprendedores no van a renunciar a la aplicación de esta tecnología. Las nuevas tecnologías eliminan la importancia del factor distancia.
    El futuro económico inmediato estará caracterizado por una economía pandemia. Pero con políticas adecuadas se podrá relanzar actividad e instalarla en una senda de crecimiento sostenido, aunque sea en un perfil más bajo que en los últimos años. Condición sine qua non es el retorno al Estado de Derecho, erosionado últimamente. Sin él, la economía no puede funcionar. Algunos países han recurrido a la declaración de estado de alarma, con lo que el Ejecutivo dispone de un poder absoluto y elude el control parlamentario. Eso es muy preocupante y tiene que acabar. Para el bien de la democracia y el buen funcionamiento de la economía es imprescindible que los líderes políticos resistan tentaciones totalitarias sin cortapisas.
    48 min
  • Inmigración y libertad. Chandran Kukathas, versión en español
    Chandran Kukathas es Decano de la School of Social Sciences y Lee Kong Chair Professor of Political Science de la Singapore Management University, anteriormente fue catedrático de Ciencia Política en la London School of Economics, formó parte del Consejo Asesor del Institute of Economic Affairs, el think tank liberal más influyente del Reino Unido.Licenciado en Historia y Ciencias Políticas por la Universidad Nacional de Australia, completó sus estudios en Ciencias Políticas en la Universidad de Nueva Gales del Sur y se doctoró en Filosofía en la Universidad de Oxford, donde posteriormente impartió docencia. Su obra refleja un hondo conocimiento de la filosofía política en general y del pensamiento liberal en particular, siendo autor de numerosos trabajos académicos dedicados a analizar la obra de autores como Friedrich Hayek, John Rawls o Will Kymlicka.
    45 min
  • Inmigración y libertad. Chandran Kukathas, english version
    Chandran Kukathas es Decano de la School of Social Sciences y Lee Kong Chair Professor of Political Science de la Singapore Management University, anteriormente fue catedrático de Ciencia Política en la London School of Economics, formó parte del Consejo Asesor del Institute of Economic Affairs, el think tank liberal más influyente del Reino Unido.Licenciado en Historia y Ciencias Políticas por la Universidad Nacional de Australia, completó sus estudios en Ciencias Políticas en la Universidad de Nueva Gales del Sur y se doctoró en Filosofía en la Universidad de Oxford, donde posteriormente impartió docencia. Su obra refleja un hondo conocimiento de la filosofía política en general y del pensamiento liberal en particular, siendo autor de numerosos trabajos académicos dedicados a analizar la obra de autores como Friedrich Hayek, John Rawls o Will Kymlicka.
    45 min
  • Ciudades, el futuro de la civilización, Salim Ismail, english version
    El 4 de febrero de 2020 tuvo lugar, en la Fundación Rafael del Pino, la conferencia de Salim Ismail, presidente y cofundador de OpenExO & ExO Works, fundador de ED de la Singularity University y Socio de Rokk3r Fuel ExO, con el título “Ciudades, el futuro de la civilización”. Ismail inició su intervención preguntándose qué podemos hacer respecto a la disrupción tremenda que se está produciendo, cómo va a cambiar la sociedad. Según dijo, cuando trabajó en Yahoo! aprendió algo muy importante y es que, cuando se plantea la disrupción, el sistema inmunológico de las instituciones ataca esos cambios para tratar de impedirlos. Para entender la disrupción, el cuadro fundamental es la ley de Moore, que señala que la capacidad de procesamiento de los ordenadores se duplica cada dos años. De hecho, la capacidad de procesamiento de información que tiene la sociedad se viene duplicando desde hace cien años. ¿Por qué sabemos que esta evolución es tan predecible y que en el futuro seguirá siendo así? Porque el perfil exponencial de esa curva no se ha visto afectado ni por crisis económicas, ni por guerras, ni por cualquier otro acontecimiento. Y es que cuando se conjuga la industria con la tecnología de la información, esta última adquiere propiedades de flujo. Es entonces cuando empieza la duplicación. Cuando se inicia este proceso, no se detiene. Sigue y sigue porque cuando la curva parece llegar a un límite surge otra cosa que prolonga la tendencia. Ese papel lo desempeñan, en estos momentos, innovaciones como la impresión tridimensional o la computación cuántica, entre otras. La ley de Moore, por tanto, está aquí para quedarse, con lo que estamos entrando en el mundo de la computación y el almacenamiento infinitos. De la misma forma, gracias al cambio tecnológico, tendremos recursos abundantes de aquí a una década, como el agua, la energía o las posibilidades de utilización del espacio, frente a la escasez que ha dominado hasta ahora la existencia del ser humano. La disrupción actual es la transición más importante que ha vivido nuestra sociedad. Y es que la civilización, tal y como la conocemos, se está descomponiendo. Nunca antes habíamos visto que el patrón de duplicación, el paradigma que lo impulsa todo, está apareciendo no en una, sino en varias tecnologías a la vez, por ejemplo, la neurociencia, los drones. Antes esto pasaba con una sola tecnología, pero, ahora, son doce las tecnologías que se están acelerando simultáneamente. Este es un proceso que nos cuesta entender, porque nuestra visión del mundo nos lleva a una extrapolación lineal. El universo, sin embargo, funciona con curvas. En esta transición, el coste marginal se desploma a cero y, como consecuencia de ello, explota el sector o industria afectado. La naturaleza de los problemas a que se enfrentan las sociedades, en consecuencia, ha cambiado. Antes era cómo afrontar la escasez. Ahora vamos a una era de abundancia y el problema es cómo filtrar los billones de datos que se generan o van a generarse. Esto, por supuesto, afecta al mundo de la empresa porque los negocios tradicionales ya no ganan dinero. Eso es porque, hasta ahora, cada negocio se basaba en la escasez. La digitalización y la tecnología, en cambio, nos entregan la abundancia. Lo vemos, por ejemplo, en el hundimiento del coste de iluminar una casa, en el de secuenciación del ADN o en el de la energía solar. Antes, las tecnologías avanzadas costaban muchísimo dinero y solo verdaderos gigantes económicos contaban con los recursos necesarios para generarlas y utilizarlas. Ahora, en cambio, las tecnologías avanzadas son baratas, y cada vez más. Esto crea un mundo distinto porque, al ser baratas, cualquiera puede utilizarlas. Blockchain, por ejemplo, es un código abierto. Lo mismo sucede con los drones, su coste, su capacidad de carga y su radio de acción. Se trata, por tanto, de un gran cambio de paradigma y tenemos que empezar a pensar en cómo lo aprovechamos. La disrupción más importante es la transformación de la energía solar. Su capacidad de generación está duplicándose cada dieciocho meses y lo lleva haciendo desde hace cuarenta años. Gracias a ello, podemos garantizar energía a todo el mundo en 2031 y, en 2050, se puede garantizar una generación ocho veces superior a las necesidades del planeta. Por supuesto, esto tendrá consecuencias geopolíticas tremendas. Así es que la energía solar, que lleva miles de años siendo escasa, va a convertirse en una energía abundante. Lo difícil es el almacenamiento, pero ahí también se está avanzando y ahora una batería de litio cuesta un 90% menos que hace diez años. A los vehículos autónomos también les afecta la ley de Moore, porque ahora llevan muchos más sensores y el software es mejor. Cuando digitalizas, las cosas se complican porque las implicaciones que ello tiene son altísimas debido a la caída de costes. Ese es el cambio que se está produciendo en esta sociedad. En realidad, son veinte transformaciones las que están teniendo lugar de forma simultánea, como la energía solar, los drones, la neurociencia, la biotecnología, los coches autónomos. Esto está afectando realmente a nuestras empresas e instituciones. No hay ninguna de ellas que vaya a superar esto, porque los ingresos se desploman con la digitalización, por ejemplo, los de los periódicos, o porque se pasa de vender algo que tiene valor a una actividad, por ejemplo, del cd a iTunes o Spotify. El problema es que cuando tenemos un cambio exponencial los expertos en ese campo no lo ven porque su visión es lineal. El cambio, sin embargo, es imparable porque el coste cae acero y eso supone una ruptura del status quo. Así es que no se le puede ganar a ese proceso, por lo que hay que aprovechar la tecnología para ser disruptivo. Miles de empresarios están operando con esa mentalidad y eso está cambiando el mundo. Hay veinte adelantos tecnológicos impresionantes que afectan a todas las instituciones, ya sea la sanidad, la educación, el periodismo, la propiedad intelectual. Pero nuestros intelectuales y nuestros líderes no pueden afrontarlo porque no están preparados para ello. Gran parte de la implantación de esas nuevas ideas se está produciendo a nivel de las ciudades, no de los países, porque es demasiado complejo para los países ya que son demasiado grandes como para poder gestionarlo. Las ciudades, en cambio, hoy son más grandes y complejas de lo que lo eran hace cien años, con lo que volvemos al modelo griego de ver el mundo a nivel de las ciudades. Nuestros sistemas económicos se van a romper porque estamos gestionando el mundo sobre el nivel de la deuda. Tampoco sabemos cómo van a ser los trabajos dentro de cinco años, así es que no sabemos qué vamos a enseñar a los alumnos. La tecnología avanza más rápidamente de lo que tardamos en enseñarla. La democracia también se ve afectada porque hoy tenemos sobreabundancia de información, que se malinterpreta. Como consecuencia, todas las democracias del mundo están rotas porque su metabolismo es demasiado lento para los cambios que está introduciendo la tecnología. Lo mismo sucede con el matrimonio, debido al aumento de la esperanza de vida, que vamos a duplicar en veinte años. La institución del matrimonio, sin embargo, se hizo para vidas mas cortas, no para vivir tanto tiempo. Y la ONU también ha quedado obsoleta. Nació para resolver los conflictos entre países, pero hoy el 80% de las guerras del mundo son guerras civiles. Así es que se están rompiendo todas nuestras instituciones. La tecnología nos abre unas posibilidades muy interesantes, pero eso requiere tener una mentalidad muy distinta. La sociedad tiene que empezar a pensar en exponencial, porque la visión lineal está generando muchas incertidumbres y, con ello, muchas resistencias. Lo único, sin embargo, que está impulsando el progreso en el mundo es la tecnología.
    47 min
  • Ciudades, el futuro de la civilización. Salim Ismail, versión en español
    El 4 de febrero de 2020 tuvo lugar, en la Fundación Rafael del Pino, la conferencia de Salim Ismail, presidente y cofundador de OpenExO & ExO Works, fundador de ED de la Singularity University y Socio de Rokk3r Fuel ExO, con el título “Ciudades, el futuro de la civilización”. Ismail inició su intervención preguntándose qué podemos hacer respecto a la disrupción tremenda que se está produciendo, cómo va a cambiar la sociedad. Según dijo, cuando trabajó en Yahoo! aprendió algo muy importante y es que, cuando se plantea la disrupción, el sistema inmunológico de las instituciones ataca esos cambios para tratar de impedirlos. Para entender la disrupción, el cuadro fundamental es la ley de Moore, que señala que la capacidad de procesamiento de los ordenadores se duplica cada dos años. De hecho, la capacidad de procesamiento de información que tiene la sociedad se viene duplicando desde hace cien años. ¿Por qué sabemos que esta evolución es tan predecible y que en el futuro seguirá siendo así? Porque el perfil exponencial de esa curva no se ha visto afectado ni por crisis económicas, ni por guerras, ni por cualquier otro acontecimiento. Y es que cuando se conjuga la industria con la tecnología de la información, esta última adquiere propiedades de flujo. Es entonces cuando empieza la duplicación. Cuando se inicia este proceso, no se detiene. Sigue y sigue porque cuando la curva parece llegar a un límite surge otra cosa que prolonga la tendencia. Ese papel lo desempeñan, en estos momentos, innovaciones como la impresión tridimensional o la computación cuántica, entre otras. La ley de Moore, por tanto, está aquí para quedarse, con lo que estamos entrando en el mundo de la computación y el almacenamiento infinitos. De la misma forma, gracias al cambio tecnológico, tendremos recursos abundantes de aquí a una década, como el agua, la energía o las posibilidades de utilización del espacio, frente a la escasez que ha dominado hasta ahora la existencia del ser humano. La disrupción actual es la transición más importante que ha vivido nuestra sociedad. Y es que la civilización, tal y como la conocemos, se está descomponiendo. Nunca antes habíamos visto que el patrón de duplicación, el paradigma que lo impulsa todo, está apareciendo no en una, sino en varias tecnologías a la vez, por ejemplo, la neurociencia, los drones. Antes esto pasaba con una sola tecnología, pero, ahora, son doce las tecnologías que se están acelerando simultáneamente. Este es un proceso que nos cuesta entender, porque nuestra visión del mundo nos lleva a una extrapolación lineal. El universo, sin embargo, funciona con curvas. En esta transición, el coste marginal se desploma a cero y, como consecuencia de ello, explota el sector o industria afectado. La naturaleza de los problemas a que se enfrentan las sociedades, en consecuencia, ha cambiado. Antes era cómo afrontar la escasez. Ahora vamos a una era de abundancia y el problema es cómo filtrar los billones de datos que se generan o van a generarse. Esto, por supuesto, afecta al mundo de la empresa porque los negocios tradicionales ya no ganan dinero. Eso es porque, hasta ahora, cada negocio se basaba en la escasez. La digitalización y la tecnología, en cambio, nos entregan la abundancia. Lo vemos, por ejemplo, en el hundimiento del coste de iluminar una casa, en el de secuenciación del ADN o en el de la energía solar. Antes, las tecnologías avanzadas costaban muchísimo dinero y solo verdaderos gigantes económicos contaban con los recursos necesarios para generarlas y utilizarlas. Ahora, en cambio, las tecnologías avanzadas son baratas, y cada vez más. Esto crea un mundo distinto porque, al ser baratas, cualquiera puede utilizarlas. Blockchain, por ejemplo, es un código abierto. Lo mismo sucede con los drones, su coste, su capacidad de carga y su radio de acción. Se trata, por tanto, de un gran cambio de paradigma y tenemos que empezar a pensar en cómo lo aprovechamos. La disrupción más importante es la transformación de la energía solar. Su capacidad de generación está duplicándose cada dieciocho meses y lo lleva haciendo desde hace cuarenta años. Gracias a ello, podemos garantizar energía a todo el mundo en 2031 y, en 2050, se puede garantizar una generación ocho veces superior a las necesidades del planeta. Por supuesto, esto tendrá consecuencias geopolíticas tremendas. Así es que la energía solar, que lleva miles de años siendo escasa, va a convertirse en una energía abundante. Lo difícil es el almacenamiento, pero ahí también se está avanzando y ahora una batería de litio cuesta un 90% menos que hace diez años. A los vehículos autónomos también les afecta la ley de Moore, porque ahora llevan muchos más sensores y el software es mejor. Cuando digitalizas, las cosas se complican porque las implicaciones que ello tiene son altísimas debido a la caída de costes. Ese es el cambio que se está produciendo en esta sociedad. En realidad, son veinte transformaciones las que están teniendo lugar de forma simultánea, como la energía solar, los drones, la neurociencia, la biotecnología, los coches autónomos. Esto está afectando realmente a nuestras empresas e instituciones. No hay ninguna de ellas que vaya a superar esto, porque los ingresos se desploman con la digitalización, por ejemplo, los de los periódicos, o porque se pasa de vender algo que tiene valor a una actividad, por ejemplo, del cd a iTunes o Spotify. El problema es que cuando tenemos un cambio exponencial los expertos en ese campo no lo ven porque su visión es lineal. El cambio, sin embargo, es imparable porque el coste cae acero y eso supone una ruptura del status quo. Así es que no se le puede ganar a ese proceso, por lo que hay que aprovechar la tecnología para ser disruptivo. Miles de empresarios están operando con esa mentalidad y eso está cambiando el mundo. Hay veinte adelantos tecnológicos impresionantes que afectan a todas las instituciones, ya sea la sanidad, la educación, el periodismo, la propiedad intelectual. Pero nuestros intelectuales y nuestros líderes no pueden afrontarlo porque no están preparados para ello. Gran parte de la implantación de esas nuevas ideas se está produciendo a nivel de las ciudades, no de los países, porque es demasiado complejo para los países ya que son demasiado grandes como para poder gestionarlo. Las ciudades, en cambio, hoy son más grandes y complejas de lo que lo eran hace cien años, con lo que volvemos al modelo griego de ver el mundo a nivel de las ciudades. Nuestros sistemas económicos se van a romper porque estamos gestionando el mundo sobre el nivel de la deuda. Tampoco sabemos cómo van a ser los trabajos dentro de cinco años, así es que no sabemos qué vamos a enseñar a los alumnos. La tecnología avanza más rápidamente de lo que tardamos en enseñarla. La democracia también se ve afectada porque hoy tenemos sobreabundancia de información, que se malinterpreta. Como consecuencia, todas las democracias del mundo están rotas porque su metabolismo es demasiado lento para los cambios que está introduciendo la tecnología. Lo mismo sucede con el matrimonio, debido al aumento de la esperanza de vida, que vamos a duplicar en veinte años. La institución del matrimonio, sin embargo, se hizo para vidas mas cortas, no para vivir tanto tiempo. Y la ONU también ha quedado obsoleta. Nació para resolver los conflictos entre países, pero hoy el 80% de las guerras del mundo son guerras civiles. Así es que se están rompiendo todas nuestras instituciones. La tecnología nos abre unas posibilidades muy interesantes, pero eso requiere tener una mentalidad muy distinta. La sociedad tiene que empezar a pensar en exponencial, porque la visión lineal está generando muchas incertidumbres y, con ello, muchas resistencias. Lo único, sin embargo, que está impulsando el progreso en el mundo es la tecnología.
    46 min
  • La desaceleración de la productividad en la actualidad: una perspectiva histórica. Nicholas Crafts. Versión en español
    La Fundación Rafael del Pino organizó, el 27 de Enero de 2020, la Conferencia Magistral «La desaceleración de la productividad en la actualidad: una perspectiva histórica» que impartió Nicholas Crafts.
    Nicholas Crafts es Catedrático Emérito de Economía e Historia Económica en la Universidad de Warwick desde 2005, y catedrático del TRIUM Global Executive MBA Program, una alianza de NYU Stern, LSE y HEC School of Management. Ha sido Director del ESRC Research Centre on Competitive Advantage in the Global Economy (CAGE) y profesor en la London School of Economics and Political Science. Sus principales campos de estudio son: la economía británica en los últimos 200 años; el crecimiento económico europeo, los datos históricos de la economía británica, la Revolución industrial y la distribución internacional del ingreso, especialmente con referencia al Índice de Desarrollo Humano. A lo largo de su dilatada y prolífica carrera ha publicado gran cantidad de documentos.
    44 min
  • La desaceleración de la productividad en la actualidad: una perspectiva histórica. Nicholas Crafts. English version
    La Fundación Rafael del Pino organizó, el 27 de Enero de 2020, la Conferencia Magistral «La desaceleración de la productividad en la actualidad: una perspectiva histórica» que impartió Nicholas Crafts.
    Nicholas Crafts es Catedrático Emérito de Economía e Historia Económica en la Universidad de Warwick desde 2005, y catedrático del TRIUM Global Executive MBA Program, una alianza de NYU Stern, LSE y HEC School of Management. Ha sido Director del ESRC Research Centre on Competitive Advantage in the Global Economy (CAGE) y profesor en la London School of Economics and Political Science. Sus principales campos de estudio son: la economía británica en los últimos 200 años; el crecimiento económico europeo, los datos históricos de la economía británica, la Revolución industrial y la distribución internacional del ingreso, especialmente con referencia al Índice de Desarrollo Humano. A lo largo de su dilatada y prolífica carrera ha publicado gran cantidad de documentos.
    44 min
  • La era de las multinacionales chinas. Compitiendo por el dominio global. Lourdes Casanova
    El 22 de enero de 2020 tuvo lugar en la Fundación Rafael del Pino la conferencia magistral de Lourdes Casanova, profesora de Management y directora del Emerging Markets Institute de la Johnson School of Business de la Universidad de Cornell, titulada “La era de las multinacionales chinas. Compitiendo por el dominio global”.
    La profesora Casanova inicio su intervención señalado que hay dos grandes hitos en la expansión internacional de las empresas chinas. El primero es la entrada de China en la Organización Mundial del Comercio, en 2001. El segundo, y menos conocido, es la gran crisis financiera de 2008. Estos hitos son piedras angulares en el proceso de crecimiento de las empresas chinas y de su expansión por el mundo.
    Un hecho que resulta sorprendente en este proceso es la rapidez con la que las empresas chinas han crecido. Las empresas siempre aumentan de tamaño en un contexto de crecimiento económico. Y como China ha crecido a tasas anuales del 6%, el 8% y hasta el 10%, sus empresas también han incrementado su tamaño a mucha más velocidad de lo que lo hacen las de los países desarrollados que, con suerte, consiguen superar niveles de aumento del PIB del 3% anual. Lo que llama la atención, además, es lo anómalo de las tasas de crecimiento de China, ya que se trata de una economía enorme, que tiene un tamaño igual al del PIB nominal de Estados Unidos en 2004. En este contexto es en el que han crecido las empresas chinas, de las cuales hay un gran desconocimiento porque muchas compañías son estatales.
    Para un país es importante tener empresas grandes porque son las que generan empleo, las que innovan, las que cuentan con recursos suficientes para tirar de las pequeñas y medianas empresas. En este sentido, China tuvo la gran ocasión de hacer crecer sus empresas con la crisis financiera de 2008, en la que aparecieron grandes oportunidades de compra de empresas y de expansión debido a que las compañías estadounidenses se hallaban inmersas en una grave crisis. Durante esos dos o tres años se produjeron muchas ventas a capital chino y aparecieron huecos en países e industrias que ocuparon claramente las empresas chinas. De ahí que la crisis de 2008 sea un hito tan importante.
    Las empresas chinas, además, crecen y se expanden gracias a que el país tiene unas reservas de divisas gigantescas, de más de un billón de dólares. Con esas divisas compraron bonos estadounidenses y de otros gobiernos, pero en cierto momento consideraron que empezaban a concentrar demasiados riesgos con ese tipo de activos y empezaron a diversificar sus inversiones, entre otras formas mediante la compra de empresas en otros países.
    Gracias a todo ello, China ha podido converger rápidamente con las naciones desarrolladas, cuando a ellas les cuesta mucho más hacer crecer a sus empresas, por ejemplo, a Japón o a Corea del Sur. Debido a ello, China se ha unido al selecto y poco numeroso club de países que cuentan con grandes empresas dentro de la lista de Fortune 500.
    Los bancos chinos también se están internacionalizando a través de compras, para ir convirtiéndose con ello en los mayores del mundo. Eso mismo hacen otras empresas, como las aseguradoras, las empresas de construcción e ingeniería o las de telecomunicaciones. Lo hacen porque las empresas chinas son las que tienen los recursos financieros para continuar su expansión global.
    Las empresas chinas también son diferentes de las demás. Lo son porque, hasta ahora, no participan en los mercados de valores. El 79% de las empresas del Fortune 500 están en bolsa. En China, en cambio, el 67% de las compañías son públicas o de capital mixto. Esto no parece que vaya a cambiar por ahora, debido al hecho de que el gobierno quiere seguir controlando las grandes empresas.
    Esas empresas dominan mercados globales, como los de teléfonos móviles, ordenadores, aire acondicionado, televisores y otros muchos productos. Además, se da la paradoja de que, estando sometidas al control del gobierno, participan y ganan concursos de privatización de empresas públicas en otros países.
    De forma general y sistemática, las grandes empresas chinas compiten en precios porque pueden, gracias a que los costes laborales siguen siendo bajos y a que tienen que producir para un mercado local cuyo poder adquisitivo es mucho menor que el de los países occidentales. Por tanto, tienen productos tecnológicos de las mismas características que los de los occidentales, pero son más baratos.
    A ello hay que unir el hecho de que las empresas chinas están menos interesadas que las americanas en los beneficios a corto plazo. Esto es así porque piensan más en el largo plazo, por lo cual prefieren sacrificar los márgenes empresariales para, de esta forma, poder seguir creciendo.
    Los chinos también han resultado ser unos competidores increíbles. Inventan formatos diferentes, los hacen más pequeños, pueden vender sus productos más baratos a pesar de que los costes de producción siguen subiendo. El secreto consiste en haber creado una cadena de valor muy eficiente e invertir en puertos como el de Barcelona, o el del Pireo en Grecia. Con ello, han devuelto al Mediterráneo su carácter de mar comercial, ya que para conseguir esa cadena de valor tan eficiente lo que hacen los barcos chinos es ir por el canal de Suez y entrar a Europa por el Pireo para el este y por Barcelona para el oeste. Con ello, lo que han conseguido es ofrecer un producto terminado que lo llevan a tu casa.
    China, por último, es un gran innovador. Es el primer o el segundo país del mundo por inversión en I+D, en patentes, en número de investigadores, en publicaciones científicas. Lo es porque percibe la necesidad de convertirse en autosuficiente en materia de tecnología, ante las barreas que le están poniendo, en especial en Estados Unidos. Lo que todavía no ha conseguido China es dotar a sus marcas del nivel de poder que tienen las estadounidenses.
    Las empresas chinas están aventurándose al exterior, a pesar de ser más jóvenes que las coreanas, japonesas o estadounidenses, por ejemplo. Se expanden abriendo fuera sucursales o filiales, o mediante fusiones y adquisiciones. En apertura de empresas ya invierte tanto como Estados Unidos, en un momento en que el gigante americano está replegándose y volviendo a casa. Aún así, Estados Unidos sigue invirtiendo mucho en el exterior, en especial en China, India y Australia. China, en cambio, invierte más cerca de casa, en países como Indonesia, aunque también en India, pero también se dirige a Latinoamérica y África. En términos regionales, el área que más inversiones chinas recibe es Europa, en especial a través de fusiones y adquisiciones.
    Lo que le motiva es que, aunque tiene recursos naturales, no cuenta con los suficientes para lo que necesita su gran expansión. Por ello, lo que está haciendo es asegurarse de que no le va a faltar recursos naturales. Es lo que busca su inversión en Latinoamérica, África y Australia. Pero, cuando salen al exterior, sus empresas también buscan aprender y, cada vez más, diversificar los riesgos relacionados con la inversión de su enorme reserva de divisas.
    ¿Qué puede hacer Occidente ante esto? Lo primero de todo es reconocer que China está haciendo crecer el pastel económico global, que está contribuyendo al crecimiento mundial y a la reducción de la pobreza. También hay que conocer a las empresas chinas y entender que la combinación de capitalismo y comunismo de China es disruptiva. La cuestión es cómo lo hacemos para competir con esas empresas.
    50 min

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La Fundación Rafael del Pino, con el objetivo de contribuir a la mejora de los conocimientos de los dirigentes españoles, organiza Conferencias Magistrales en las que participan destacadas…

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