Conferencias Magistrales Fundación Rafael del Pino

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Conferencias Magistrales Fundación Rafael del Pino episodes

  • El impacto económico del Brexit en las regiones europeas. Raquel Ortega-Argilés.
    La Fundación Rafael del Pino organizó, el 19 de noviembre de 2019 a las 19 horas la Conferencia Magistral «El impacto económico del Brexit en las regiones europeas» que impartió Raquel Ortega-Argilés
    Raquel Ortega-Argilés ocupa la cátedra de Desarrollo Económico Regional en el departamento de Estrategia y Negocios Internacionales y el instituto de investigación City-REDI en Birmingham Business School, Universidad de Birmingham, Reino Unido. Su trabajo de investigación actual se centra en la productividad, la innovación, el desarrollo regional, las PYME, el espíritu empresarial y la dinámica industrial y en la política regional y europea.
    52 min
  • Diez años después: ¿Ante una nueva crisis económica? Juergen Donges
    El 14 de noviembre de 2019, la Fundación Rafael del Pino organizó la conferencia titulada “Diez años después: ¿ante una nueva crisis económica?”, impartida por Juergen Donges, catedrático emérito de la Universidad de Colonia. Donges recordó que, hace diez años, el sistema financiero global estuvo a punto de quebrar. Por entonces, los gobiernos y los bancos centrales supieron reaccionar con toda una batería de medidas, aunque no todas ellas muy sensatas. Se trataba de reestablecer la confianza de los agentes económicos en el sistema de economía de mercado. Esto funcionó. Poco a poco se fue estabilizando la situación y entramos en una fase inesperadamente larga de expansión económica. Diez años después estamos otra vez en una situación en la que empieza a resurgir el fantasma de una nueva recesión, al menos según la visión de muchos gurúes económicos anunciándola. ¿Por qué hay este pesimismo? Lo hay porque tenemos una situación un tanto inusitada como es un cúmulo de shocks externos adversos, que están generando incertidumbre. Todo empieza con la guerra comercial entre Estados Unidos y China, que también es una guerra cambiaria. Esto desestabiliza el sistema internacional de comercio. Luego está el tema del Brexit, que es un fracaso absoluto del parlamentarismo británico, pero que es un problema para los países muy vinculados con Gran Bretaña. También está Italia, que es el mayor riesgo para la estabilidad de la zona euro, donde el problema reside en la clase política, que no respeta la disciplina presupuestaria, las reglas de la unión bancaria, etc. Esto es, hacen todo lo contrario de lo que se necesita para que un país de la zona euro función. También está toda la discusión sobre el cambio climático, porque hemos decidido que una niña de 16 años nos diga al mundo lo que hay que hacer. No terminados de decidir hacia dónde vamos en materia de política medioambiental, si intervenir o basarnos en el mercado para resolver el problema. Como las empresas no saben cuál línea prevalecerá, se resisten a invertir. Además, está la política migratoria de la Unión Europea. Somos incapaces de diseñar y aplicar una política migratoria común, que no es una buena noticia para l integración europea. También está el populismo. Todo esto significa que las empresas no pueden anclar expectativas de crecimiento económico. Por eso, no hay ni inversión, ni crecimiento. Por eso, los organismos internacionales han reducido sus previsiones económicas. La estrella en ese proceso de desaceleración es la zona euro, porque es la que pone más claramente de manifiesto su falta de dinamismo. Apenas hay crecimiento económico, aunque el año que viene habrá un poquito más por el hecho de que 2020 es año bisiesto y, además, muchos festivos caen en domingo. Eso nos proporcionará una o dos décimas más de crecimiento, pero no significa que hayamos superado el problema. El origen de la desaceleración está en el sector industrial. La industria solía ser el motor del crecimiento, pero ahora actúa como freno, mientras que los motores son los servicios y el consumo interno. Parte del problema se debe al sector del automóvil, debido a la nueva normativa, en especial en materia de vehículos diésel. También hay algunas cosas positivas, por ejemplo, el mercado de trabajo. La tasa de paro seguirá disminuyendo, así como la tasa de paro de larga duración. Pese a ello, la idea de la destrucción del empleo vuelve a surgir como consecuencia de la digitalización, pensando que ya no va a hacer falta gente que trabaje. Esto, sin embargo, no es así. En este debate estamos confundiendo los empleos que desaparecen por el cambio tecnológico porque no son rentables, pero aparecen otros, que requerirán otras habilidades, porque el objetivo del cambio tecnológico es generar valor y eso se hace creando empleo. Además, la inflación es muy baja. Tiene que serlo para que funcione el sistema de precios relativos y que no haya un impuesto encubierto sobre los patrimonios. Pero es que sigue siendo baja a pesar de que se crea empleo, de que hay países en pleno empleo, lo que tendría que incrementar el nivel de precios. Sin embargo, no está ocurriendo esto gracias, por un lado, a que vivimos en un mundo de competencia globalizada en el que no hay margen para subir precios. Por otro, la digitalización está moderando la inflación porque las empresas que aplican los nuevos avances tecnológicos mejoran su productividad y, al hacerlo, pueden reducir costes. Además, hay una transparencia absoluta de precios, lo que permite a mucha gente conocerlos y comprar el producto más barato para las mismas calidades. Eso también lo saben las empresas, por lo que se andan con cuidado con los precios. En la zona euro estamos marchando a dos velocidades. Francia y España están a la cabeza, mientras Alemania e Italia están replegadas. Pero en España, los indicadores están empeorando. De hecho, las previsiones para España están rebajándose. Y los planteamientos actuales de política económica están basados en intervención pública, subida del gasto público y de los impuestos, eliminación de las reformas que se llevaron a cabo en el pasado, van a poner a prueba a la economía española. Lo que está pasando en Alemania es que la industria va mal, sobre todo por la desaceleración del comercio mundial y la escalada del proteccionismo, los problemas de la industria del automóvil relacionados con la nueva regulación europea sobre emisiones de gases tóxicos porque no se adaptó a ella y, finalmente, porque hay una carencia significativa de mano de obra cualificada. Esa carencia refleja, por un lado, el pleno empleo y, por otro, la introducción del régimen de jubilación anticipada a los 63 años, que ha incentivado el retiro temprano. En este panorama, la reacción de las políticas macroeconómicas es la de siempre, esto es, decir que hay que hacer algo porque la recesión es algo que ningún político quiere. Ahora bien, aunque la recesión es algo cíclico, también puede ser beneficiosa porque limpia los mercados, ya que hace que desaparezcan las empresas ineficientes que retienen recursos necesarios para otras empresas. Cuando las empresas zombis desaparecen, surgen nuevas empresas, nuevos emprendedores, que surgen gracias a la recesión. Pero para que eso suceda es necesario tener un mercado financiero eficiente y que completemos la unión europea de capitales. Esto, sin embargo, no les interesa a los responsables de la política económica. A ellos lo que les interesa es actuar. El Banco Central Europeo ya lo ha hecho, bajando los tipos de interés a cero en plena expansión económica y, además, quiere seguir con eso. La duda es si sirve para algo, porque la eurozona podría estar en una trampa de liquidez. Lo que no hay en la zona euro es una restricción de financiación, ni para las empresas, ni para los hogares. Lo que sí hay son efectos colaterales indeseados: desigualdad de rentas, caída de la rentabilidad bancaria y de la capacidad de ahorro, indisciplina presupuestaria, etc., más los riesgos de burbujas en los activos financieros e inmobiliarios. Estamos haciendo lo que ha hecho el Banco de Japón desde los años 90, sin que haya salido del estancamiento. La pregunta es si vamos hacia la ‘japonización’ de la eurozona. Además, hay que recordar que la crisis que estalló hace diez años vino precedida de una gran expansión monetaria por parte de la Reserva Federal, que fue el origen de la crisis. También hay que preguntarse si un banco central dispone de las herramientas adecuadas para acabar con las incertidumbres relacionadas con el Brexit, las guerras comerciales, etc. Y la respuesta es que no. El BCE tampoco tiene capacidad para compensar la falta de reformas estructurales en la eurozona. Luego tenemos un aspecto nuevo, que es la reclamación de que la política del BCE sea más “verde”, esto es, que el BCE compre nada más que bonos “verdes”, lo que es absurdo porque un banco central no está para hacer política ambiental. En política fiscal, estamos en lo mismo. Hay que gastar más porque hay que respaldar la demanda nacional, cuando es la demanda nacional la que está dando soporte al crecimiento. Por eso, no tiene sentido el estímulo fiscal. Otros dicen, los seguidores de la nueva teoría monetaria, que hay demasiada propensión al ahorro -no ven la realidad demográfica europea- y dicen que el Estado debe compensar con gasto público esa propensión al ahorro. Se piensa que el Estado puede controlar el ciclo económico a través de la deuda, y que los bancos centrales están para financiar esa deuda. El problema es que las medidas que adopte un gobierno en política fiscal siempre llegan tarde. Asimismo, los multiplicadores fiscales son muy bajos en una economía globalizada porque un gobierno no puede decretar que el consumidor utilice su renta para adquirir bienes nacionales. Por último, en los presupuestos hay estabilizadores automáticos que estabilizan automáticamente la demanda. Cuando hay una desaceleración, el gobierno recauda menos por impuestos y gasta más por prestaciones por desempleo, con lo que se genera el déficit y la política expansiva. Se trata de miles de millones de euros que están a disposición del gobierno sin que tenga que hacer nada. Por último, un tema fundamental es el bajo potencial de crecimiento. El potencial de crecimiento avanza el 1,2% al año en Europa, y tiende a la baja, mientras que en Estados Unidos está en el 2%. Si esto sigue así, cuando la tendencia económica cambie, la economía no crecerá mucho porque no hay mucho potencial de crecimiento. Para resolver este problema hay que centrarse en el lado de la oferta de la economía. Lo que necesitamos para elevar el potencial de crecimiento es conocimiento. Esto significa tener condiciones objetivas para la inversión empresarial y actividades de innovación, esto es una fiscalidad moderada en términos internacionalmente comparativos porque, si no, el capital se irá a otra parte. Necesitamos también un sistema financiero robusto. Necesitamos también que la administración pública apoye la actividad empresarial, que sea ágil. Lo segundo que necesitamos es inversión en capital humano. Necesitamos un sistema educativo exigente, así como un sistema de formación profesional. Esto es importante porque la mayor parte de la zona euro no tenemos recursos naturales y, por tanto, tenemos que sustituirlo por otro tipo de recursos, esto es, por capital humano. Lo tercero que necesitamos es reformar el gasto público, eliminando subvenciones y ayudas públicas injustificadas. El cuarto y último foco es la competencia en los mercados, que es lo que más incentiva a las personas y a las empresas a mejorar. Si hiciéramos todo esto, allanaríamos el camino para que Europa no quede descolgada de este proceso de digitalización, porque está atrasada respecto a países como Estados Unidos, China o Corea. Vivimos en tiempos de cambio de ciclo económico, pero no estamos ante una nueva crisis económica.
    58 min
  • El green new deal global. Jeremy Rifkin. Versión en castellano.
    El 24 de octubre de 2019 tuvo lugar en la Fundación Rafael del Pino la conferencia de Jeremy Rifkin, economista, sociólogo y asesor de la UE y China, titulada “El ‘Green new deal’ global”. Según Rifkin, el cambio climático provocado por la utilización de combustibles fósiles está llevando a toda la vida de la Tierra a la sexta extinción, debido al aumento de la temperatura. Para evitar este cataclismo, habría que reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 45% respecto a los niveles alcanzados en 2010, y habría que haberlo conseguido no más allá de 2030. La sociedad se está movilizando para evitar este cataclismo y el ‘green new deal’ (nuevo pacto verde) se está convirtiendo en eje central del discurso político. Las empresas también están reaccionando. Sectores clave como las tecnologías de la información y la comunicación, la energía, el transporte y la logística, y el sector inmobiliario, apuestan cada vez más por las energías limpias, las prácticas respetuosas con el medio ambiente, la economía circular y la resiliencia frente al cambio climático. Los nuevos desarrollos tecnológicos están facilitando este cambio de paradigma. Gracias a ellos, los costes de las energías solar y eólica han caído drásticamente y, en la actualidad, se encuentran por debajo del de las energías convencionales. Como consecuencia de ello, en 2028 podría producirse el colapso de la civilización basada en el carbono como fuente de energía. Las economías nacionales, por tanto, tendrán que adaptarse con rapidez a este nuevo escenario si quieren sobrevivir y seguir prosperando. Para conseguirlo, es preciso que las autoridades adopten una nueva estrategia económica que sea factible tanto para las grandes ciudades como para los pequeños núcleos urbanos y las comunidades rurales. A lo largo de la historia, los cambios de paradigma económico se han producido gracias a la combinación de un sistema de comunicación, una nueva fuente de energía y un nuevo sistema de transporte. En la primera revolución industrial actuaron, en este sentido, la máquina de vapor y el telégrafo, el carbón en abundancia y el ferrocarril. En la segunda revolución industrial los protagonistas fueron la electricidad, el teléfono, la radio y la televisión, el petróleo y los vehículos de combustión interna. En la tercera revolución industrial, en cuya cúspide nos hayamos ahora, interactúan la banda ancha, el internet de la energía renovable y el internet de la movilidad y la logística, con vehículos eléctricos. Todos ellos se apoyan en el internet de las cosas, que se integra en los inmuebles residenciales, comerciales e industriales neutros en carbono, que pueden gestionar y suministrar energía. Los edificios, por tanto, se están transformando en nodos y redes inteligentes para generar, gestionar y almacenar energía. Esto afectará a todos los sectores y propiciará la aparición de nuevos modelos empresariales y de nuevas oportunidades de empleo. Para que el sistema funcione se necesitará construir una red inteligente de energía en todo el territorio de un país, puesto que la red eléctrica está pasando de un sistema centralizado a otro distribuido, basado en millones de centros de generación de energía solar y eólica. Los gobiernos deberán asumir la responsabilidad principal de financiar este proceso durante los diez o veinte años que se tardará en desarrollar esa red eléctrica inteligente. Ese sistema, al incluir a millones de actores, será más diverso y complejo, con lo que se volverá más vulnerable frente a los ciberataques y los fenómenos climáticos. Por ello, es preciso incrementar su resiliencia, por ejemplo, mediante la instalación de microrredes, para permitir que la economía y la sociedad sigan funcionando. Para financiar el desarrollo de esta red energética inteligente, el gobierno tendrá que apoyarse en un sistema bancario ecológico y capaz de proporcionar los fondos necesarios. Una forma de hacerlo puede ser la emisión de bonos verdes que permitan invertir en el desarrollo de las infraestructuras ecológicas. Los inversores podrían ser, en gran medida, fondos de pensiones públicos y privados, aunque también podrían ser otro tipo de inversores institucionales. Los fondos de pensiones, de hecho, están empezando a salir de los sectores relacionados con los combustibles fósiles y a entrar en las inversiones verdes. Otra parte de la financiación pude proceder de los presupuestos públicos. Este cambio de paradigma energético es inevitable. Las energías solar y eólica son las más baratas del mundo y sus costes fijos van a seguir cayendo de forma exponencial durante mucho tiempo. Además, el coste marginal de generarlas es prácticamente cero, cosa que no sucede con otras fuentes de energía como el carbón, el petróleo, el gas o el uranio.
    1 hr 6 min
  • El green new deal global. Jeremy Rifkin. English version.
    El 24 de octubre de 2019 tuvo lugar en la Fundación Rafael del Pino la conferencia de Jeremy Rifkin, economista, sociólogo y asesor de la UE y China, titulada “El ‘Green new deal’ global”. Según Rifkin, el cambio climático provocado por la utilización de combustibles fósiles está llevando a toda la vida de la Tierra a la sexta extinción, debido al aumento de la temperatura. Para evitar este cataclismo, habría que reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 45% respecto a los niveles alcanzados en 2010, y habría que haberlo conseguido no más allá de 2030. La sociedad se está movilizando para evitar este cataclismo y el ‘green new deal’ (nuevo pacto verde) se está convirtiendo en eje central del discurso político. Las empresas también están reaccionando. Sectores clave como las tecnologías de la información y la comunicación, la energía, el transporte y la logística, y el sector inmobiliario, apuestan cada vez más por las energías limpias, las prácticas respetuosas con el medio ambiente, la economía circular y la resiliencia frente al cambio climático. Los nuevos desarrollos tecnológicos están facilitando este cambio de paradigma. Gracias a ellos, los costes de las energías solar y eólica han caído drásticamente y, en la actualidad, se encuentran por debajo del de las energías convencionales. Como consecuencia de ello, en 2028 podría producirse el colapso de la civilización basada en el carbono como fuente de energía. Las economías nacionales, por tanto, tendrán que adaptarse con rapidez a este nuevo escenario si quieren sobrevivir y seguir prosperando. Para conseguirlo, es preciso que las autoridades adopten una nueva estrategia económica que sea factible tanto para las grandes ciudades como para los pequeños núcleos urbanos y las comunidades rurales. A lo largo de la historia, los cambios de paradigma económico se han producido gracias a la combinación de un sistema de comunicación, una nueva fuente de energía y un nuevo sistema de transporte. En la primera revolución industrial actuaron, en este sentido, la máquina de vapor y el telégrafo, el carbón en abundancia y el ferrocarril. En la segunda revolución industrial los protagonistas fueron la electricidad, el teléfono, la radio y la televisión, el petróleo y los vehículos de combustión interna. En la tercera revolución industrial, en cuya cúspide nos hayamos ahora, interactúan la banda ancha, el internet de la energía renovable y el internet de la movilidad y la logística, con vehículos eléctricos. Todos ellos se apoyan en el internet de las cosas, que se integra en los inmuebles residenciales, comerciales e industriales neutros en carbono, que pueden gestionar y suministrar energía. Los edificios, por tanto, se están transformando en nodos y redes inteligentes para generar, gestionar y almacenar energía. Esto afectará a todos los sectores y propiciará la aparición de nuevos modelos empresariales y de nuevas oportunidades de empleo. Para que el sistema funcione se necesitará construir una red inteligente de energía en todo el territorio de un país, puesto que la red eléctrica está pasando de un sistema centralizado a otro distribuido, basado en millones de centros de generación de energía solar y eólica. Los gobiernos deberán asumir la responsabilidad principal de financiar este proceso durante los diez o veinte años que se tardará en desarrollar esa red eléctrica inteligente. Ese sistema, al incluir a millones de actores, será más diverso y complejo, con lo que se volverá más vulnerable frente a los ciberataques y los fenómenos climáticos. Por ello, es preciso incrementar su resiliencia, por ejemplo, mediante la instalación de microrredes, para permitir que la economía y la sociedad sigan funcionando. Para financiar el desarrollo de esta red energética inteligente, el gobierno tendrá que apoyarse en un sistema bancario ecológico y capaz de proporcionar los fondos necesarios. Una forma de hacerlo puede ser la emisión de bonos verdes que permitan invertir en el desarrollo de las infraestructuras ecológicas. Los inversores podrían ser, en gran medida, fondos de pensiones públicos y privados, aunque también podrían ser otro tipo de inversores institucionales. Los fondos de pensiones, de hecho, están empezando a salir de los sectores relacionados con los combustibles fósiles y a entrar en las inversiones verdes. Otra parte de la financiación pude proceder de los presupuestos públicos. Este cambio de paradigma energético es inevitable. Las energías solar y eólica son las más baratas del mundo y sus costes fijos van a seguir cayendo de forma exponencial durante mucho tiempo. Además, el coste marginal de generarlas es prácticamente cero, cosa que no sucede con otras fuentes de energía como el carbón, el petróleo, el gas o el uranio.
    1 hr 6 min
  • Luis de Guindos. La política monetaria en un nuevo escenario económico y geopolítico. Versión en español
    La Fundación Rafael del Pino, el Global Interdependence Center y el BBVA organizaron, el 3 de octubre de 2019, el encuentro “Política monetaria en un nuevo escenario económico y geopolítico” en el que participaron Charles Evans y Luis de Guindos moderado por Rafael Repullo.
    Luis de Guindos Jurado es vicepresidente del Banco Central Europeo. Fue ministro de Economía, Industria y Competitividad del Gobierno de España entre 2016 y 2018. En la X Legislatura fue ministro de Economía y Competitividad y desde el 15 de abril de 2016 asumió los asuntos del Ministerio de Industria, Energía y Turismo tras la renuncia de su predecesor, José Manuel Soria (pero sin asumir la titularidad del Ministerio). Pertenece al Cuerpo Superior de Técnicos Comerciales y Economistas del Estado y donde ocupó distintos cargos. Ha trabajado en compañías de servicios financieros siendo miembro del consejo asesor de Lehman Brothers a nivel europeo y director en España y Portugal hasta su quiebra en 2008. Fue director del Instituto de Empresa desde 20102? y perteneció al Consejo de Administración de Endesa con carácter de externo independiente.
    14 min
  • Luis de Guindos. La política monetaria en un nuevo escenario económico y geopolítico. English version.
    La Fundación Rafael del Pino, el Global Interdependence Center y el BBVA organizaron, el 3 de octubre de 2019, el encuentro “Política monetaria en un nuevo escenario económico y geopolítico” en el que participaron Charles Evans y Luis de Guindos moderado por Rafael Repullo.
    Luis de Guindos Jurado es vicepresidente del Banco Central Europeo. Fue ministro de Economía, Industria y Competitividad del Gobierno de España entre 2016 y 2018. En la X Legislatura fue ministro de Economía y Competitividad y desde el 15 de abril de 2016 asumió los asuntos del Ministerio de Industria, Energía y Turismo tras la renuncia de su predecesor, José Manuel Soria (pero sin asumir la titularidad del Ministerio). Pertenece al Cuerpo Superior de Técnicos Comerciales y Economistas del Estado y donde ocupó distintos cargos. Ha trabajado en compañías de servicios financieros siendo miembro del consejo asesor de Lehman Brothers a nivel europeo y director en España y Portugal hasta su quiebra en 2008. Fue director del Instituto de Empresa desde 20102? y perteneció al Consejo de Administración de Endesa con carácter de externo independiente.
    15 min
  • Charles Evans. La política monetaria en un nuevo escenario económico y geopolítico. Versión en español
    La Fundación Rafael del Pino, el Global Interdependence Center y el BBVA organizaron, el 3 de octubre de 2019, el encuentro “Política monetaria en un nuevo escenario económico y geopolítico” en el que participaron Charles Evans y Luis de Guindos moderado por Rafael Repullo.
    Charles Evans es el noveno presidente y director ejecutivo del Banco de la Reserva Federal de Chicago, así como miembro, con derecho a voto, del Federal Open Market Committee. Antes de convertirse en presidente de este Banco, fue vicepresidente senior del mismo y desarrolló labores de supervisión de las entidades del sistema y de análisis de la política monetaria, los mercados financieros y la economía regional. Charles Evans se licenció en ciencias económicas en la Universidad de Virginia y se doctoró en economía en la Carnegie-Mellon University. Ha sido profesor en las universidades de Chicago, Michigan y South Carolina y ha publicado sus investigaciones académicas en prestigiosas revistas como el Journal of Political Economy, la American Economic Review, el Journal of Monetary Economics, el Quarterly Journal of Economics o el the Handbook of Macroeconomics.
    13 min
  • Charles Evans. La política monetaria en un nuevo escenario económico y geopolítico. English version
    La Fundación Rafael del Pino, el Global Interdependence Center y el BBVA organizaron, el 3 de octubre de 2019, el encuentro “Política monetaria en un nuevo escenario económico y geopolítico” en el que participaron Charles Evans y Luis de Guindos moderado por Rafael Repullo.
    Charles Evans es el noveno presidente y director ejecutivo del Banco de la Reserva Federal de Chicago, así como miembro, con derecho a voto, del Federal Open Market Committee. Antes de convertirse en presidente de este Banco, fue vicepresidente senior del mismo y desarrolló labores de supervisión de las entidades del sistema y de análisis de la política monetaria, los mercados financieros y la economía regional. Charles Evans se licenció en ciencias económicas en la Universidad de Virginia y se doctoró en economía en la Carnegie-Mellon University. Ha sido profesor en las universidades de Chicago, Michigan y South Carolina y ha publicado sus investigaciones académicas en prestigiosas revistas como el Journal of Political Economy, la American Economic Review, el Journal of Monetary Economics, el Quarterly Journal of Economics o el the Handbook of Macroeconomics.
    13 min
  • La mente de los justos. Por qué la política y la religión dividen a la gente sensata. Versión en castellano.
    El 30 de septiembre tuvo lugar en la Fundación Rafael del Pino la conferencia de Jonathan Haidt, Thomas Cooley Professor of Ethical Leadership en la New York University Stern School of Business, titulada “La mente de los justos. Por qué la política y la religión dividen a la gente sensata”.
    El profesor Haidt inició su intervención señalando que está pasando algo muy raro en el mundo, porque muchos países tienen problemas con sus sistemas políticos, con sus democracias. Es una época extraña, que da bastante miedo, pero también es fascinante, porque vivir en democracia es un desafío que todos tenemos que afrontar juntos. Nadie sabe realmente lo que está sucediendo, pero, para poder solucionarlo, debemos aprender unos de los otros.
    Los seres humanos hemos evolucionado para no ser seres tribales, pero no estamos diseñados para vivir en grandes sociedades. Estamos preparados para vivir en pequeñas sociedades, pero no para hacerlo en una de gran tamaño, a menos que se produzcan algunos ajustes que hagan posible la convivencia.
    Esa convivencia no siempre es fácil, sobre todo en las democracias. Los padres de la Constitución de Estados Unidos lo sabían. Conocían perfectamente que los intentos previos de democracia en distintos lugares del mundo habían sido verdaderos espectáculos de turbulencia y, por ello, su vida había sido muy breve. En consecuencia, entendían que la democracia era algo muy inestable y por ello querían que sus parámetros estuvieran bien definidos, por ejemplo, la separación de poderes. Si esos parámetros funcionan perfectamente, pensaban, la democracia estadounidense podría funcionar también durante muchos siglos.
    Los acontecimientos extraños se iniciaron en 2016 y sorprendieron a mucha gente a causa de su reflejo en las expresiones de la voluntad popular. Se ha producido un incremento de las divisiones políticas, no solo en Occidente. También se observa el advenimiento del populismo en Asia y en Latinoamérica. No sería extraño que, como consecuencia de ello, en los próximos veinte años asistamos a la desaparición de las democracias, al menos de algunas de ellas.
    ¿Quién ha podido cambiar esos parámetros fundamentales para que las democracias se hayan vuelto tan inestables? Solo un hombre: Mark Zuckerberg. No ha sido algo premeditado ni deliberado, pero es lo que ha sucedido.
    Las redes sociales han cambiado los parámetros fundamentales de la sociedad de una forma bastante perjudicial para la democracia. La política es diferente porque las redes sociales la han cambiado. La sociedad humana ahora es muy diferente de lo que lo era en 2007. Las redes sociales reúnen y concentran a las personas, pero eso solo significa que la gente tiene más conversaciones privadas. El problema es que la comunicación es una calle de dos sentidos. En este sentido, lo que sucede en los grupos de las redes sociales condiciona a las personas y provoca que les preocupe lo que piensen los demás de ellas. Esto afecta a la naturaleza de la comunicación y altera el ratio público/privado porque gana importancia lo primero.
    Las conversaciones, por tanto, ya no son honestas, ni auténticas. Por el contrario, ahora todo el mundo participa de actitudes de superioridad moral. Quien se comporta así considera que lo que dice es siempre la verdad y que, por eso, nadie puede estar en desacuerdo con esa persona.
    Las cosas, sin embargo, no han sido siempre así. Antes de 2009, las redes sociales eran de otra forma. Eran como agendas que permitían a la gente compartir cosas con sus amigos. Eso no alteraba ninguno de los parámetros de la sociedad. Pero, en 2009, Facebook inventó el botón de Like, con lo que ahora se puede cuantificar todo y optimizar lo que una persona ha hecho. Además, también se puede compartir todo en las redes.
    Los periódicos, que antaño eran fuente importante de información, han tenido que adaptarse al mundo de las redes sociales porque la gente ya no los lee. Pero eso implica que tienen que atraer lectores y, para conseguirlo, cargan bastante las tintas en sus titulares. Esto no es profesional, porque ya no se trata de informar, de contar la verdad tal cual es. Ahora de lo que se trata es de enganchar a la gente. Por ello, en 2013 los periodistas rompieron con internet.
    Todo esto explica por qué los parámetros han cambiado. Las redes sociales encajan perfectamente en las ranuras para sacar todo de nuestra vida privada. Quienes quieren destrozar la democracia, como Putin, lo aprovechan para sus fines. Y como, al final, todo gira en torno a las redes sociales, esto nos une. Las redes, por eso, son muy efectivas a la hora manipular a los grupos, de conseguir que se enfaden.
    La gente en Estados Unidos es muy vulnerable a la manipulación a través de las redes, como demuestran los estudios. Por eso los norteamericanos seguían la propaganda rusa y actuaban de acuerdo con los fines que perseguía. Esto provoca la polarización de la política, en la que republicanos y demócratas son incapaces de entenderse.
    Esta polarización llegó, incluso, a la universidad. De pronto, surgido de la nada, la gente empezó a hablar de advertencias. Si un profesor pedía a los alumnos que leyeran un libro tenía que advertirles de que su contenido podría herir su sensibilidad. Al mismo tiempo, se empezó a vetar la presencia en la universidad de cualquier persona que no les pareciera bien a los alumnos. Incluso, empezaron a pedir espacios seguros para que quienes defienden visiones radicales sobre, por ejemplo, la identidad de género, pudieran hablar sin verse sometidos a la presión del rechazo de quienes no comparten su forma de pensar.
    ¿Por qué ocurre esto? Porque la generación Z tiene menos experiencias vitales que las generaciones anteriores. Tardan más en cubrir los hitos propios del desarrollo personal, por ejemplo, conseguir el carné de conducir, tener su primea relación de pareja, o trabajar para ir a la universidad. Luego llegan a la universidad y el profesor les dice que lean un libro donde hay una violación. Eso les choca y les provoca depresión y ansiedad porque no están preparados para afrontarlo. Este problema afecta a las chicas mucho más que a los chicos. Las mujeres de generaciones anteriores que no tenían redes sociales, sin embargo, tenían menos problemas.
    ¿Por qué está ocurriendo todo esto al mismo tiempo en muchos países? Las redes sociales explican el momento en que está ocurriendo todo esto. Los niños antes se juntaban después del colegio y se iban a jugar. Ahora no es así. Ahora se conectan electrónicamente desde su casa y eso no es lo mismo. A las chicas, además, les afecta más la comparación social constante que suponen las redes sociales, les da miedo perderse algo y piensan que, si todo el mundo se lo pasa bien y ellas no, es que les pasa algo. Y si tienen un conflicto, tienden a desprestigiar a sus compañeras a través de las redes sociales, con lo que ello conlleva. Las redes sociales, por tanto, son perniciosas para los niños.
    Otra causa del problema es la sobreprotección a los hijos. Los niños necesitan experimentar el fracaso, ser criticados, verse aislados, que se metan con ellos, aunque no con demasiada frecuencia, y aprender de ello. La sobreprotección les impide que se desarrollen para poder afrontar los problemas de la vida. Los niños, en consecuencia, no aprenden a protegerse a sí mismos, a defenderse. Aunque, al final, lo va a aprender de la forma más dura, pero es mejor que sea así a que no lo aprendan nunca. Con la sobreprotección los estamos confundiendo. Cuando juegan, en cambio, aprenden y practican las destrezas que necesitarán en la vida. Por eso es importante que jueguen entre ellos. Pero ahora no pueden hacerlo porque los padres piensan que es muy peligroso dejarles salir solos a la calle, ir solos a casa de un amigo, etc.
    La información también forma parte del problema. Ahora, todos tenemos mucha información, pero el porcentaje de información, en el sentido clásico, se reduce cada vez más. Antes, ver la televisión era una experiencia compartida con toda la familia. Ahora, cuando la gente joven se hiperconecta entre sí no hay sitio para una generación de más edad. Los jóvenes crean y comparten sus propios contenidos y no ven el resto. Pero eso es un conocimiento muy pequeño y a la gente le va mucho mejor si puede aprovechar la sabiduría colectiva de la humanidad, lo que implica salir de ese encierro. Y es que la generación Z se ha aislado de la transmisión de historias de las generaciones anteriores porque no les escuchan. Al hacerlo, se han aislado de la sabiduría.
    ¿Qué podemos hacer entonces? La democracia y la generación Z van a tener dificultades hasta que las redes sociales sean menos contagiosas y perniciosas. Hay que introducir cambios en la democracia para que la gente la apoye más. También en la educación que proporcionan los padres a los hijos, así como darles más independencia. Además, hay que retrasar el acceso a las redes sociales a los 16 años. Y tenemos que introducir cambios en nosotros mismos. El odio siempre da lugar a más odio. Por eso hay que ser más humilde, dar a la gente el beneficio de la duda, no enfadarnos tan rápidamente. Ahora que estamos todos conectados, debemos tener más cuidado con lo que decimos. No obstante, eso no va a servir de mucho si no somos menos ‘sensibles’, si seguimos transmitiendo mensajes de ira, y si no tratamos de ofender menos a los demás.
    51 min
  • La mente de los justos. Por qué la política y la religión dividen a la gente sensata. English version
    El 30 de septiembre tuvo lugar en la Fundación Rafael del Pino la conferencia de Jonathan Haidt, Thomas Cooley Professor of Ethical Leadership en la New York University Stern School of Business, titulada “La mente de los justos. Por qué la política y la religión dividen a la gente sensata”.
    El profesor Haidt inició su intervención señalando que está pasando algo muy raro en el mundo, porque muchos países tienen problemas con sus sistemas políticos, con sus democracias. Es una época extraña, que da bastante miedo, pero también es fascinante, porque vivir en democracia es un desafío que todos tenemos que afrontar juntos. Nadie sabe realmente lo que está sucediendo, pero, para poder solucionarlo, debemos aprender unos de los otros.
    Los seres humanos hemos evolucionado para no ser seres tribales, pero no estamos diseñados para vivir en grandes sociedades. Estamos preparados para vivir en pequeñas sociedades, pero no para hacerlo en una de gran tamaño, a menos que se produzcan algunos ajustes que hagan posible la convivencia.
    Esa convivencia no siempre es fácil, sobre todo en las democracias. Los padres de la Constitución de Estados Unidos lo sabían. Conocían perfectamente que los intentos previos de democracia en distintos lugares del mundo habían sido verdaderos espectáculos de turbulencia y, por ello, su vida había sido muy breve. En consecuencia, entendían que la democracia era algo muy inestable y por ello querían que sus parámetros estuvieran bien definidos, por ejemplo, la separación de poderes. Si esos parámetros funcionan perfectamente, pensaban, la democracia estadounidense podría funcionar también durante muchos siglos.
    Los acontecimientos extraños se iniciaron en 2016 y sorprendieron a mucha gente a causa de su reflejo en las expresiones de la voluntad popular. Se ha producido un incremento de las divisiones políticas, no solo en Occidente. También se observa el advenimiento del populismo en Asia y en Latinoamérica. No sería extraño que, como consecuencia de ello, en los próximos veinte años asistamos a la desaparición de las democracias, al menos de algunas de ellas.
    ¿Quién ha podido cambiar esos parámetros fundamentales para que las democracias se hayan vuelto tan inestables? Solo un hombre: Mark Zuckerberg. No ha sido algo premeditado ni deliberado, pero es lo que ha sucedido.
    Las redes sociales han cambiado los parámetros fundamentales de la sociedad de una forma bastante perjudicial para la democracia. La política es diferente porque las redes sociales la han cambiado. La sociedad humana ahora es muy diferente de lo que lo era en 2007. Las redes sociales reúnen y concentran a las personas, pero eso solo significa que la gente tiene más conversaciones privadas. El problema es que la comunicación es una calle de dos sentidos. En este sentido, lo que sucede en los grupos de las redes sociales condiciona a las personas y provoca que les preocupe lo que piensen los demás de ellas. Esto afecta a la naturaleza de la comunicación y altera el ratio público/privado porque gana importancia lo primero.
    Las conversaciones, por tanto, ya no son honestas, ni auténticas. Por el contrario, ahora todo el mundo participa de actitudes de superioridad moral. Quien se comporta así considera que lo que dice es siempre la verdad y que, por eso, nadie puede estar en desacuerdo con esa persona.
    Las cosas, sin embargo, no han sido siempre así. Antes de 2009, las redes sociales eran de otra forma. Eran como agendas que permitían a la gente compartir cosas con sus amigos. Eso no alteraba ninguno de los parámetros de la sociedad. Pero, en 2009, Facebook inventó el botón de Like, con lo que ahora se puede cuantificar todo y optimizar lo que una persona ha hecho. Además, también se puede compartir todo en las redes.
    Los periódicos, que antaño eran fuente importante de información, han tenido que adaptarse al mundo de las redes sociales porque la gente ya no los lee. Pero eso implica que tienen que atraer lectores y, para conseguirlo, cargan bastante las tintas en sus titulares. Esto no es profesional, porque ya no se trata de informar, de contar la verdad tal cual es. Ahora de lo que se trata es de enganchar a la gente. Por ello, en 2013 los periodistas rompieron con internet.
    Todo esto explica por qué los parámetros han cambiado. Las redes sociales encajan perfectamente en las ranuras para sacar todo de nuestra vida privada. Quienes quieren destrozar la democracia, como Putin, lo aprovechan para sus fines. Y como, al final, todo gira en torno a las redes sociales, esto nos une. Las redes, por eso, son muy efectivas a la hora manipular a los grupos, de conseguir que se enfaden.
    La gente en Estados Unidos es muy vulnerable a la manipulación a través de las redes, como demuestran los estudios. Por eso los norteamericanos seguían la propaganda rusa y actuaban de acuerdo con los fines que perseguía. Esto provoca la polarización de la política, en la que republicanos y demócratas son incapaces de entenderse.
    Esta polarización llegó, incluso, a la universidad. De pronto, surgido de la nada, la gente empezó a hablar de advertencias. Si un profesor pedía a los alumnos que leyeran un libro tenía que advertirles de que su contenido podría herir su sensibilidad. Al mismo tiempo, se empezó a vetar la presencia en la universidad de cualquier persona que no les pareciera bien a los alumnos. Incluso, empezaron a pedir espacios seguros para que quienes defienden visiones radicales sobre, por ejemplo, la identidad de género, pudieran hablar sin verse sometidos a la presión del rechazo de quienes no comparten su forma de pensar.
    ¿Por qué ocurre esto? Porque la generación Z tiene menos experiencias vitales que las generaciones anteriores. Tardan más en cubrir los hitos propios del desarrollo personal, por ejemplo, conseguir el carné de conducir, tener su primea relación de pareja, o trabajar para ir a la universidad. Luego llegan a la universidad y el profesor les dice que lean un libro donde hay una violación. Eso les choca y les provoca depresión y ansiedad porque no están preparados para afrontarlo. Este problema afecta a las chicas mucho más que a los chicos. Las mujeres de generaciones anteriores que no tenían redes sociales, sin embargo, tenían menos problemas.
    ¿Por qué está ocurriendo todo esto al mismo tiempo en muchos países? Las redes sociales explican el momento en que está ocurriendo todo esto. Los niños antes se juntaban después del colegio y se iban a jugar. Ahora no es así. Ahora se conectan electrónicamente desde su casa y eso no es lo mismo. A las chicas, además, les afecta más la comparación social constante que suponen las redes sociales, les da miedo perderse algo y piensan que, si todo el mundo se lo pasa bien y ellas no, es que les pasa algo. Y si tienen un conflicto, tienden a desprestigiar a sus compañeras a través de las redes sociales, con lo que ello conlleva. Las redes sociales, por tanto, son perniciosas para los niños.
    Otra causa del problema es la sobreprotección a los hijos. Los niños necesitan experimentar el fracaso, ser criticados, verse aislados, que se metan con ellos, aunque no con demasiada frecuencia, y aprender de ello. La sobreprotección les impide que se desarrollen para poder afrontar los problemas de la vida. Los niños, en consecuencia, no aprenden a protegerse a sí mismos, a defenderse. Aunque, al final, lo va a aprender de la forma más dura, pero es mejor que sea así a que no lo aprendan nunca. Con la sobreprotección los estamos confundiendo. Cuando juegan, en cambio, aprenden y practican las destrezas que necesitarán en la vida. Por eso es importante que jueguen entre ellos. Pero ahora no pueden hacerlo porque los padres piensan que es muy peligroso dejarles salir solos a la calle, ir solos a casa de un amigo, etc.
    La información también forma parte del problema. Ahora, todos tenemos mucha información, pero el porcentaje de información, en el sentido clásico, se reduce cada vez más. Antes, ver la televisión era una experiencia compartida con toda la familia. Ahora, cuando la gente joven se hiperconecta entre sí no hay sitio para una generación de más edad. Los jóvenes crean y comparten sus propios contenidos y no ven el resto. Pero eso es un conocimiento muy pequeño y a la gente le va mucho mejor si puede aprovechar la sabiduría colectiva de la humanidad, lo que implica salir de ese encierro. Y es que la generación Z se ha aislado de la transmisión de historias de las generaciones anteriores porque no les escuchan. Al hacerlo, se han aislado de la sabiduría.
    ¿Qué podemos hacer entonces? La democracia y la generación Z van a tener dificultades hasta que las redes sociales sean menos contagiosas y perniciosas. Hay que introducir cambios en la democracia para que la gente la apoye más. También en la educación que proporcionan los padres a los hijos, así como darles más independencia. Además, hay que retrasar el acceso a las redes sociales a los 16 años. Y tenemos que introducir cambios en nosotros mismos. El odio siempre da lugar a más odio. Por eso hay que ser más humilde, dar a la gente el beneficio de la duda, no enfadarnos tan rápidamente. Ahora que estamos todos conectados, debemos tener más cuidado con lo que decimos. No obstante, eso no va a servir de mucho si no somos menos ‘sensibles’, si seguimos transmitiendo mensajes de ira, y si no tratamos de ofender menos a los demás.
    51 min

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