Conferencias Magistrales Fundación Rafael del Pino

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Conferencias Magistrales Fundación Rafael del Pino episodes

  • Interdependencia global y la actitud hacia los extranjeros. Jeremy Adelman, versión en español
    El 30 de enero de 2019 tuvo lugar en la Fundación Rafael del Pino la conferencia de Jeremy Adelman, catedrático de Historia de la Universidad de Princeton, titulada “Interdependencia global y libertad de movimientos transfronterizos de personas”.
    Adelman empezó recordando que Adam Smith dijo que 1492, el año del descubrimiento de América, había sido el más importante del mundo porque dio inició a la interdependencia global. Ahora nos encontramos en una situación en la que mucha gente se pregunta si lo construido en estos cinco siglos está desmoronándose.
    Hoy podría decirse que nos encontramos al final de un ciclo de integración global muy largo, en el que todos necesitamos a todos. Dependemos, por ejemplo, del comercio internacional y tenemos que afrontar juntos problemas como el del cambio climático. Dicho de otra forma, tenemos un interés egoísta en lo que hacen los demás.
    En este contexto, la crisis de los inmigrantes es un problema mundial, ya que la integración global plantea límites a la integración social entre países y dentro de los mismos. Pero la crisis de los inmigrantes también tiene que ver con la comprensión. La cuestión, por tanto, es cómo plantear esa relación entre intereses y comprensión. Adam Smith pensaba que, cuanto más integrados estuviéramos, más comprensión habría en el mundo. Y es que necesitamos a los extranjeros, pero en las sociedades domina el rechazo a los mismos, lo que implica el agotamiento de la integración.
    ¿Estamos, entonces, ante el fin de la globalización? Adelman cree que no, pero sí que piensa que estamos atravesando una fase dolorosa vinculada con ella, que podría desencadenar una crisis como la de 1929. En estos momentos, estamos atrapados en una situación de espera en la narrativa sobre la interdependencia. Además, nos cuesta entender una paradoja en relación con la globalización, que es que necesitamos a los extranjeros y que ellos nos necesitan a nosotros. Si comprendemos estos, podremos formular una nueva narrativa de la integración basada en la necesidad de estar todos juntos.
    El mundo que teníamos a finales del siglo XX ya no nos sirve porque le falta legitimidad y desgarra nuestro tejido social. Así es que nos vemos atrapados entre los argumentos en favor de la globalización que se han quedado obsoletos y el atractivo que tiene el atacarlos desde todos los frentes.
    Vivimos en un mundo que no hace el menor esfuerzo por tratar de comprender, lo que supone un problema porque las narrativas son las que crean el contexto de nuestras identidades compartidas. Son las que definen los límites de quienes somos. También tienen una función económica, porque dan lugar a externalidades que facilitan que comerciemos entre nosotros. Por tanto, cuantas más narrativas tengamos, más comerciaremos y mayor será nuestra prosperidad.
    Una de las condiciones más importantes que, desde 1945, permiten la integración global es el recuerdo de la Gran Depresión y de la Segunda Guerra Mundial, así como de los treinta años de gran desarrollo económico que siguieron al conflicto bélico. Pero, a medida que se han ido perdiendo estos recuerdos, también se han ido deteriorando los elementos de unión que permitían que las sociedades comerciaran entre sí. Este deterioro también se debe al surgimiento de las modernas desigualdades de renta.
    Otras partes del mundo también perseguían estas narrativas comunes, que ayudaron a legitimar el poder de las élites y a movilizar a las sociedades para un fin común. Eran los tiempos en los que el comunismo, el anticolonialismo y el régimen liberal y democrático compitieron entre sí. Pero la caída del comunismo y el fin de los imperios coloniales supusieron la desaparición de esa competencia y el ganador, la democracia liberal, perdió su energía.
    Occidente, de hecho, sufrió dos golpes. El primero, de naturaleza positiva, fue la caída del muro de Berlín. Aquél fue un tiempo de euforia y de una sola narrativa, la del régimen liberal y democrático, que no tenía alternativa. Este sistema parecía funcionar en zonas del mundo que se beneficiaban de la apertura.
    El segundo, que fue negativo, fue la crisis financiera de 2008. Aquí hubo muchas fuerzas que se solaparon, fuerzas como la crisis, la creciente desigualdad, el cambio tecnológico o el cambio climático. Hacía falta que la economía se recuperase y volviese a crecer, pero tenía que hacerlo sin dañar al planeta. Por todo ello, la historia que ahora domina es catastrofista, y podría convertirse en una profecía autocumplida, como sucedió con el pánico de los años 30.
    Estamos atrapados entre esas dos narrativas y quienes se benefician del desastre son el club de los que toman represalias, de los que abogan por olvidarse de los demás. Son los que quieren los beneficios que depara el compartir, sin pagar ningún precio por ello. Son quienes prefieren un modelo de interdependencia extractivo y predador. Esta visión tiene un atractivo cada vez mayor en muchos sectores de la sociedad.
    Siempre ha habido una tensión entre el modelo extractivo y el modelo competitivo. Ahora estamos intentando ampliar la narrativa, pero es muy difícil comprenderla. Es un debate entre visiones rivales que se remonta a 1848, el debate entre Karl Marx y John Stuart Mill. Ambos pensadores descubrieron que, con la revolución industrial, estaba surgiendo algo nuevo, que ampliaba los horizontes de oportunidad. Mill vio que se abrían muchas oportunidades que compensaban la reducción de las conexiones entre la gente. Marx vio lo contrario.
    La narrativa actual dejó de lado tres efectos importantes de la integración. En primer lugar, la interdependencia produce una paradoja y es que la comprensión por los extranjeros no es tan ilimitada: cuanto más necesitamos al extranjero, menos le comprendemos.
    En segundo término, se piensa que las necesidades de los extranjeros se satisfacen a expensas nuestras, con lo que nos volvemos más intransigentes. Esto produce efectos estructurales contradictorios, ya que la ampliación de horizontes no produce bonanza y bienestar para todo el mundo, sino que lleva a la aparición de jerarquías y desigualdades.
    Por último, el ciudadano de un país y el extranjero no se dan la mano, sino que se producen incentivos para que los líderes busquen beneficios a costa de los que no pueden expresarse, esto es, los extranjeros, que pasan a no ser bien recibidos.
    En consecuencia, resulta complejo el reconciliar interdependencia con democracia. Esto es algo que hemos de entender si queremos comprender, por ejemplo, las condiciones de la popularidad de Trump o el Brexit. La historia del mundo es la de estas dos visiones rivales. Podemos reconciliarlas, pero la cuestión es cómo vamos a organizar el mundo para que nos vaya bien.
    52 min
  • Interdependencia global y la actitud hacia los extranjeros. Jeremy Adelman. english version
    El 30 de enero de 2019 tuvo lugar en la Fundación Rafael del Pino la conferencia de Jeremy Adelman, catedrático de Historia de la Universidad de Princeton, titulada “Interdependencia global y libertad de movimientos transfronterizos de personas”.
    Adelman empezó recordando que Adam Smith dijo que 1492, el año del descubrimiento de América, había sido el más importante del mundo porque dio inició a la interdependencia global. Ahora nos encontramos en una situación en la que mucha gente se pregunta si lo construido en estos cinco siglos está desmoronándose.
    Hoy podría decirse que nos encontramos al final de un ciclo de integración global muy largo, en el que todos necesitamos a todos. Dependemos, por ejemplo, del comercio internacional y tenemos que afrontar juntos problemas como el del cambio climático. Dicho de otra forma, tenemos un interés egoísta en lo que hacen los demás.
    En este contexto, la crisis de los inmigrantes es un problema mundial, ya que la integración global plantea límites a la integración social entre países y dentro de los mismos. Pero la crisis de los inmigrantes también tiene que ver con la comprensión. La cuestión, por tanto, es cómo plantear esa relación entre intereses y comprensión. Adam Smith pensaba que, cuanto más integrados estuviéramos, más comprensión habría en el mundo. Y es que necesitamos a los extranjeros, pero en las sociedades domina el rechazo a los mismos, lo que implica el agotamiento de la integración.
    ¿Estamos, entonces, ante el fin de la globalización? Adelman cree que no, pero sí que piensa que estamos atravesando una fase dolorosa vinculada con ella, que podría desencadenar una crisis como la de 1929. En estos momentos, estamos atrapados en una situación de espera en la narrativa sobre la interdependencia. Además, nos cuesta entender una paradoja en relación con la globalización, que es que necesitamos a los extranjeros y que ellos nos necesitan a nosotros. Si comprendemos estos, podremos formular una nueva narrativa de la integración basada en la necesidad de estar todos juntos.
    El mundo que teníamos a finales del siglo XX ya no nos sirve porque le falta legitimidad y desgarra nuestro tejido social. Así es que nos vemos atrapados entre los argumentos en favor de la globalización que se han quedado obsoletos y el atractivo que tiene el atacarlos desde todos los frentes.
    Vivimos en un mundo que no hace el menor esfuerzo por tratar de comprender, lo que supone un problema porque las narrativas son las que crean el contexto de nuestras identidades compartidas. Son las que definen los límites de quienes somos. También tienen una función económica, porque dan lugar a externalidades que facilitan que comerciemos entre nosotros. Por tanto, cuantas más narrativas tengamos, más comerciaremos y mayor será nuestra prosperidad.
    Una de las condiciones más importantes que, desde 1945, permiten la integración global es el recuerdo de la Gran Depresión y de la Segunda Guerra Mundial, así como de los treinta años de gran desarrollo económico que siguieron al conflicto bélico. Pero, a medida que se han ido perdiendo estos recuerdos, también se han ido deteriorando los elementos de unión que permitían que las sociedades comerciaran entre sí. Este deterioro también se debe al surgimiento de las modernas desigualdades de renta.
    Otras partes del mundo también perseguían estas narrativas comunes, que ayudaron a legitimar el poder de las élites y a movilizar a las sociedades para un fin común. Eran los tiempos en los que el comunismo, el anticolonialismo y el régimen liberal y democrático compitieron entre sí. Pero la caída del comunismo y el fin de los imperios coloniales supusieron la desaparición de esa competencia y el ganador, la democracia liberal, perdió su energía.
    Occidente, de hecho, sufrió dos golpes. El primero, de naturaleza positiva, fue la caída del muro de Berlín. Aquél fue un tiempo de euforia y de una sola narrativa, la del régimen liberal y democrático, que no tenía alternativa. Este sistema parecía funcionar en zonas del mundo que se beneficiaban de la apertura.
    El segundo, que fue negativo, fue la crisis financiera de 2008. Aquí hubo muchas fuerzas que se solaparon, fuerzas como la crisis, la creciente desigualdad, el cambio tecnológico o el cambio climático. Hacía falta que la economía se recuperase y volviese a crecer, pero tenía que hacerlo sin dañar al planeta. Por todo ello, la historia que ahora domina es catastrofista, y podría convertirse en una profecía autocumplida, como sucedió con el pánico de los años 30.
    Estamos atrapados entre esas dos narrativas y quienes se benefician del desastre son el club de los que toman represalias, de los que abogan por olvidarse de los demás. Son los que quieren los beneficios que depara el compartir, sin pagar ningún precio por ello. Son quienes prefieren un modelo de interdependencia extractivo y predador. Esta visión tiene un atractivo cada vez mayor en muchos sectores de la sociedad.
    Siempre ha habido una tensión entre el modelo extractivo y el modelo competitivo. Ahora estamos intentando ampliar la narrativa, pero es muy difícil comprenderla. Es un debate entre visiones rivales que se remonta a 1848, el debate entre Karl Marx y John Stuart Mill. Ambos pensadores descubrieron que, con la revolución industrial, estaba surgiendo algo nuevo, que ampliaba los horizontes de oportunidad. Mill vio que se abrían muchas oportunidades que compensaban la reducción de las conexiones entre la gente. Marx vio lo contrario.
    La narrativa actual dejó de lado tres efectos importantes de la integración. En primer lugar, la interdependencia produce una paradoja y es que la comprensión por los extranjeros no es tan ilimitada: cuanto más necesitamos al extranjero, menos le comprendemos.
    En segundo término, se piensa que las necesidades de los extranjeros se satisfacen a expensas nuestras, con lo que nos volvemos más intransigentes. Esto produce efectos estructurales contradictorios, ya que la ampliación de horizontes no produce bonanza y bienestar para todo el mundo, sino que lleva a la aparición de jerarquías y desigualdades.
    Por último, el ciudadano de un país y el extranjero no se dan la mano, sino que se producen incentivos para que los líderes busquen beneficios a costa de los que no pueden expresarse, esto es, los extranjeros, que pasan a no ser bien recibidos.
    En consecuencia, resulta complejo el reconciliar interdependencia con democracia. Esto es algo que hemos de entender si queremos comprender, por ejemplo, las condiciones de la popularidad de Trump o el Brexit. La historia del mundo es la de estas dos visiones rivales. Podemos reconciliarlas, pero la cuestión es cómo vamos a organizar el mundo para que nos vaya bien.
    52 min
  • Aprender cómo aprender. Barbara Oakley. Versión en español
    El 23 de enero de 2019 tuvo lugar en la Fundación Rafael del Pino la conferencia magistral de Barbara Oakley, catedrática de Ingeniería de la Universidad de Oakland, sobre cómo aprender.
    La profesora Oakley inició su presentación recordando su vida y el desafío que supuso para ella el aprendizaje de las matemáticas cuando estaba en el colegio. El problema es que sus padres se movían constantemente de un lugar a otro de Estados Unidos. En todas partes, la educación solía ser muy parecida, excepto en el caso de las matemáticas. El aprendizaje de las matemáticas es un aprendizaje secuencial y si se pierde un punto, a continuación, resulta muy difícil recuperarlo y poder seguir. A la profesora Oakley, por ello, le costaban las matemáticas, no le gustaban y suspendía todos los exámenes.
    Ahora, la profesora Oakley enseñan matemáticas en la Universidad. Por ello, un día, un alumno le preguntó como lo hizo para conseguir aprenderlas, teniendo en cuenta su pasado. La profesora Oakley le explicó que un día se preguntó qué quería hacer, qué es lo que le apasionaba, y pensó que lo que quería era aprender ruso. Entonces se enteró de que había una forma de hacerlo en la que, además, te pagaban por ello. Se trataba del ejército. La profesora Oakley no se lo pensó dos veces, se alistó, aprendió ruso y acabó en el mar de Bering y en la Antártida, donde conoció a su marido hace ya 35 años.
    Cuando se licenció se dio cuenta de que había seguido su pasión, pero también de que a nadie le interesaba su título en idiomas eslavos. Por tanto, empezó a pensar nuevamente en qué quería hacer y recordó que había trabajado con ingenieros y que había visto sus ecuaciones. Entonces se dio cuenta de que lo más extraño que podía hacer era aprender matemáticas e ingeniería y volvió a la universidad.
    El aprendizaje de las matemáticas no fue una tarea fácil. Encontraba los libros imposibles de entender y los marcaba por pura rabia. Pero, poco a poco, fue avanzando y mientras trabajaba, también empezó a enseñar. Entonces se dio cuenta de que tenía que escribir un libro sobre la necesidad de cambiar de mentalidad respecto al aprendizaje.
    Una vez concluida la obra, se la dio a leer a profesores que sobresalían en la tarea docente, los cuales le hicieron muchos comentarios, si bien muchos de ellos coincidían en un punto: el uso de la metáfora. Las metáforas resultan muy importantes para que los alumnos puedan aprender ideas clave.
    También habló con neurocientíficos líderes en su especialidad. De ellos aprendió que el cerebro tiene dos modos principales de funcionamiento. El primero es el modo focalizado, con el cual activamos una red neuronal bastante limitada que está relacionada con la realización de tareas. El segundo es el modo difuso, en el que los pensamientos son más aleatorios, como sucede cuando una persona está en la ducha.
    También aprendió que, a menudo, hay patrones de pensamiento creados por defecto que el pensamiento tenderá a seguir. A partir de ahí se preguntó qué sucede cuando estamos aprendiendo algo nuevo. Porque lo que queremos es establecer un nuevo patrón de pensamiento, pero como no sabemos cómo gestionarlo, acabamos por volver al patrón tradicional. Al abandonar una tarea, nos olvidamos de ella y pasamos al modo difuso. En él pensamos de una forma mucho más genérica y así podemos resolver el problema. Así es que, cuando estamos aprendiendo, la mente fluctúa entre el modo centrado y el difuso.
    A la hora de aprender, también puede resultar de gran ayuda tratar de explicar algo y dar un paso atrás para que la gente pueda consolidar las ideas, porque hay que obligar a los pensamientos a que vuelvan al modo difuso. La procrastinación, de hecho, no es un mal, sino un bien porque supone permitir a la mente que pase al modo difuso.
    Para entender cómo aprende el cerebro, hay que comprender cómo funcionan las neuronas. Estas envían señales unas a otras y acaban conectándose entre sí, creando canales. Esto nos lleva a entender que hay que aprender poco a poco para dar tiempo a que las neuronas formen esa estructura que se desarrolla con el estudio.
    El ejercicio físico potencia la memoria y el aprendizaje porque produce una sustancia en el cerebro llamada BDNF que ayuda a las neuronas a formar las estructuras de aprendizaje.
    En el aprendizaje intervienen dos tipos de memoria. La primera de ellas es la memoria de trabajo, o memoria a corto plazo. En ella está todo lo que se puede recordar de forma temporal. La segunda es la memoria a largo plazo, en la que se almacena todo lo que se aprende.
    Cuando se aprende algo por primera vez, la memoria de trabajo se vuelve un poco loca creando estructuras neuronales, porque maneja una enorme carga cognitiva. Cuando empezamos a aprender, esa carga se reduce. A medida que vamos dominando algo, se van creando más enlaces en esas estructuras, que pasan a formar parte de la memoria a largo plazo. Aprender requiere crear enlaces que la memoria de trabajo pueda coger fácilmente. Especializarse es crear esos enlaces neuronales.
    Cuando queremos retener lo que estamos leyendo, la mejor forma de hacerlo es leer una página, parar, mirar hacia otra parte y tratar de recordar la idea principal. Es lo que llamamos recordar y es muy efectivo. Otra forma es que uno se examine de sus conocimientos cada vez que pueda ponerse a prueba.
    Cuando aprendemos solemos cometer el error de pensar que algunos de nuestros rasgos no son buenos para el aprendizaje. En realidad, sí lo son. Por ejemplo, las personas que tienen una mala memoria de trabajo son personas mucho más creativas. O la gente que aprende muy lentamente es gente que ve las cosas y las entiende de una forma mucho más profunda que quienes las ven más rápidamente.
    59 min
  • Aprender cómo aprender. Barbara Oakley. English version
    El 23 de enero de 2019 tuvo lugar en la Fundación Rafael del Pino la conferencia magistral de Barbara Oakley, catedrática de Ingeniería de la Universidad de Oakland, sobre cómo aprender.
    La profesora Oakley inició su presentación recordando su vida y el desafío que supuso para ella el aprendizaje de las matemáticas cuando estaba en el colegio. El problema es que sus padres se movían constantemente de un lugar a otro de Estados Unidos. En todas partes, la educación solía ser muy parecida, excepto en el caso de las matemáticas. El aprendizaje de las matemáticas es un aprendizaje secuencial y si se pierde un punto, a continuación, resulta muy difícil recuperarlo y poder seguir. A la profesora Oakley, por ello, le costaban las matemáticas, no le gustaban y suspendía todos los exámenes.
    Ahora, la profesora Oakley enseñan matemáticas en la Universidad. Por ello, un día, un alumno le preguntó como lo hizo para conseguir aprenderlas, teniendo en cuenta su pasado. La profesora Oakley le explicó que un día se preguntó qué quería hacer, qué es lo que le apasionaba, y pensó que lo que quería era aprender ruso. Entonces se enteró de que había una forma de hacerlo en la que, además, te pagaban por ello. Se trataba del ejército. La profesora Oakley no se lo pensó dos veces, se alistó, aprendió ruso y acabó en el mar de Bering y en la Antártida, donde conoció a su marido hace ya 35 años.
    Cuando se licenció se dio cuenta de que había seguido su pasión, pero también de que a nadie le interesaba su título en idiomas eslavos. Por tanto, empezó a pensar nuevamente en qué quería hacer y recordó que había trabajado con ingenieros y que había visto sus ecuaciones. Entonces se dio cuenta de que lo más extraño que podía hacer era aprender matemáticas e ingeniería y volvió a la universidad.
    El aprendizaje de las matemáticas no fue una tarea fácil. Encontraba los libros imposibles de entender y los marcaba por pura rabia. Pero, poco a poco, fue avanzando y mientras trabajaba, también empezó a enseñar. Entonces se dio cuenta de que tenía que escribir un libro sobre la necesidad de cambiar de mentalidad respecto al aprendizaje.
    Una vez concluida la obra, se la dio a leer a profesores que sobresalían en la tarea docente, los cuales le hicieron muchos comentarios, si bien muchos de ellos coincidían en un punto: el uso de la metáfora. Las metáforas resultan muy importantes para que los alumnos puedan aprender ideas clave.
    También habló con neurocientíficos líderes en su especialidad. De ellos aprendió que el cerebro tiene dos modos principales de funcionamiento. El primero es el modo focalizado, con el cual activamos una red neuronal bastante limitada que está relacionada con la realización de tareas. El segundo es el modo difuso, en el que los pensamientos son más aleatorios, como sucede cuando una persona está en la ducha.
    También aprendió que, a menudo, hay patrones de pensamiento creados por defecto que el pensamiento tenderá a seguir. A partir de ahí se preguntó qué sucede cuando estamos aprendiendo algo nuevo. Porque lo que queremos es establecer un nuevo patrón de pensamiento, pero como no sabemos cómo gestionarlo, acabamos por volver al patrón tradicional. Al abandonar una tarea, nos olvidamos de ella y pasamos al modo difuso. En él pensamos de una forma mucho más genérica y así podemos resolver el problema. Así es que, cuando estamos aprendiendo, la mente fluctúa entre el modo centrado y el difuso.
    A la hora de aprender, también puede resultar de gran ayuda tratar de explicar algo y dar un paso atrás para que la gente pueda consolidar las ideas, porque hay que obligar a los pensamientos a que vuelvan al modo difuso. La procrastinación, de hecho, no es un mal, sino un bien porque supone permitir a la mente que pase al modo difuso.
    Para entender cómo aprende el cerebro, hay que comprender cómo funcionan las neuronas. Estas envían señales unas a otras y acaban conectándose entre sí, creando canales. Esto nos lleva a entender que hay que aprender poco a poco para dar tiempo a que las neuronas formen esa estructura que se desarrolla con el estudio.
    El ejercicio físico potencia la memoria y el aprendizaje porque produce una sustancia en el cerebro llamada BDNF que ayuda a las neuronas a formar las estructuras de aprendizaje.
    En el aprendizaje intervienen dos tipos de memoria. La primera de ellas es la memoria de trabajo, o memoria a corto plazo. En ella está todo lo que se puede recordar de forma temporal. La segunda es la memoria a largo plazo, en la que se almacena todo lo que se aprende.
    Cuando se aprende algo por primera vez, la memoria de trabajo se vuelve un poco loca creando estructuras neuronales, porque maneja una enorme carga cognitiva. Cuando empezamos a aprender, esa carga se reduce. A medida que vamos dominando algo, se van creando más enlaces en esas estructuras, que pasan a formar parte de la memoria a largo plazo. Aprender requiere crear enlaces que la memoria de trabajo pueda coger fácilmente. Especializarse es crear esos enlaces neuronales.
    Cuando queremos retener lo que estamos leyendo, la mejor forma de hacerlo es leer una página, parar, mirar hacia otra parte y tratar de recordar la idea principal. Es lo que llamamos recordar y es muy efectivo. Otra forma es que uno se examine de sus conocimientos cada vez que pueda ponerse a prueba.
    Cuando aprendemos solemos cometer el error de pensar que algunos de nuestros rasgos no son buenos para el aprendizaje. En realidad, sí lo son. Por ejemplo, las personas que tienen una mala memoria de trabajo son personas mucho más creativas. O la gente que aprende muy lentamente es gente que ve las cosas y las entiende de una forma mucho más profunda que quienes las ven más rápidamente.
    59 min
  • Aprender cómo aprender. Barbara Oakley. English version
    El 23 de enero de 2019 tuvo lugar en la Fundación Rafael del Pino la conferencia magistral de Barbara Oakley, catedrática de Ingeniería de la Universidad de Oakland, sobre cómo aprender.
    La profesora Oakley inició su presentación recordando su vida y el desafío que supuso para ella el aprendizaje de las matemáticas cuando estaba en el colegio. El problema es que sus padres se movían constantemente de un lugar a otro de Estados Unidos. En todas partes, la educación solía ser muy parecida, excepto en el caso de las matemáticas. El aprendizaje de las matemáticas es un aprendizaje secuencial y si se pierde un punto, a continuación, resulta muy difícil recuperarlo y poder seguir. A la profesora Oakley, por ello, le costaban las matemáticas, no le gustaban y suspendía todos los exámenes.
    Ahora, la profesora Oakley enseñan matemáticas en la Universidad. Por ello, un día, un alumno le preguntó como lo hizo para conseguir aprenderlas, teniendo en cuenta su pasado. La profesora Oakley le explicó que un día se preguntó qué quería hacer, qué es lo que le apasionaba, y pensó que lo que quería era aprender ruso. Entonces se enteró de que había una forma de hacerlo en la que, además, te pagaban por ello. Se trataba del ejército. La profesora Oakley no se lo pensó dos veces, se alistó, aprendió ruso y acabó en el mar de Bering y en la Antártida, donde conoció a su marido hace ya 35 años.
    Cuando se licenció se dio cuenta de que había seguido su pasión, pero también de que a nadie le interesaba su título en idiomas eslavos. Por tanto, empezó a pensar nuevamente en qué quería hacer y recordó que había trabajado con ingenieros y que había visto sus ecuaciones. Entonces se dio cuenta de que lo más extraño que podía hacer era aprender matemáticas e ingeniería y volvió a la universidad.
    El aprendizaje de las matemáticas no fue una tarea fácil. Encontraba los libros imposibles de entender y los marcaba por pura rabia. Pero, poco a poco, fue avanzando y mientras trabajaba, también empezó a enseñar. Entonces se dio cuenta de que tenía que escribir un libro sobre la necesidad de cambiar de mentalidad respecto al aprendizaje.
    Una vez concluida la obra, se la dio a leer a profesores que sobresalían en la tarea docente, los cuales le hicieron muchos comentarios, si bien muchos de ellos coincidían en un punto: el uso de la metáfora. Las metáforas resultan muy importantes para que los alumnos puedan aprender ideas clave.
    También habló con neurocientíficos líderes en su especialidad. De ellos aprendió que el cerebro tiene dos modos principales de funcionamiento. El primero es el modo focalizado, con el cual activamos una red neuronal bastante limitada que está relacionada con la realización de tareas. El segundo es el modo difuso, en el que los pensamientos son más aleatorios, como sucede cuando una persona está en la ducha.
    También aprendió que, a menudo, hay patrones de pensamiento creados por defecto que el pensamiento tenderá a seguir. A partir de ahí se preguntó qué sucede cuando estamos aprendiendo algo nuevo. Porque lo que queremos es establecer un nuevo patrón de pensamiento, pero como no sabemos cómo gestionarlo, acabamos por volver al patrón tradicional. Al abandonar una tarea, nos olvidamos de ella y pasamos al modo difuso. En él pensamos de una forma mucho más genérica y así podemos resolver el problema. Así es que, cuando estamos aprendiendo, la mente fluctúa entre el modo centrado y el difuso.
    A la hora de aprender, también puede resultar de gran ayuda tratar de explicar algo y dar un paso atrás para que la gente pueda consolidar las ideas, porque hay que obligar a los pensamientos a que vuelvan al modo difuso. La procrastinación, de hecho, no es un mal, sino un bien porque supone permitir a la mente que pase al modo difuso.
    Para entender cómo aprende el cerebro, hay que comprender cómo funcionan las neuronas. Estas envían señales unas a otras y acaban conectándose entre sí, creando canales. Esto nos lleva a entender que hay que aprender poco a poco para dar tiempo a que las neuronas formen esa estructura que se desarrolla con el estudio.
    El ejercicio físico potencia la memoria y el aprendizaje porque produce una sustancia en el cerebro llamada BDNF que ayuda a las neuronas a formar las estructuras de aprendizaje.
    En el aprendizaje intervienen dos tipos de memoria. La primera de ellas es la memoria de trabajo, o memoria a corto plazo. En ella está todo lo que se puede recordar de forma temporal. La segunda es la memoria a largo plazo, en la que se almacena todo lo que se aprende.
    Cuando se aprende algo por primera vez, la memoria de trabajo se vuelve un poco loca creando estructuras neuronales, porque maneja una enorme carga cognitiva. Cuando empezamos a aprender, esa carga se reduce. A medida que vamos dominando algo, se van creando más enlaces en esas estructuras, que pasan a formar parte de la memoria a largo plazo. Aprender requiere crear enlaces que la memoria de trabajo pueda coger fácilmente. Especializarse es crear esos enlaces neuronales.
    Cuando queremos retener lo que estamos leyendo, la mejor forma de hacerlo es leer una página, parar, mirar hacia otra parte y tratar de recordar la idea principal. Es lo que llamamos recordar y es muy efectivo. Otra forma es que uno se examine de sus conocimientos cada vez que pueda ponerse a prueba.
    Cuando aprendemos solemos cometer el error de pensar que algunos de nuestros rasgos no son buenos para el aprendizaje. En realidad, sí lo son. Por ejemplo, las personas que tienen una mala memoria de trabajo son personas mucho más creativas. O la gente que aprende muy lentamente es gente que ve las cosas y las entiende de una forma mucho más profunda que quienes las ven más rápidamente.
    59 min
  • Factfulness. Anna Rosling . English version.
    La Fundación Rafael del Pino organizó, el 17 de diciembre de 2018, la Conferencia Magistral de Anna Rosling “Factfulness. Cómo los prejuicios y un mal uso de los datos condicionan la visión de los problemas del mundo” con motivo de la publicación de su obra de igual título editada por Deusto.
    Anna Rosling Rönnlund es una diseñadora que, junto con su marido Ola Rosling, fundaron la organización sin ánimo de lucro Gapminder. El equipo de Gapminder creó un software de visualización de la información, llamado Trendalyzer, que transforma datos estadísticos en atractivos gráficos y animaciones. Trendalyzer fue vendida a Google en 2007, Anna continuó trabajando en su desarrollo hasta agosto de 2010. A partir de entonces, han estado desarrollando contenidos educativos de uso libre, como videos, presentaciones Flash y gráficos PDF para ayudar a comprender mejor los cambios demográficos globales. Su objetivo es brindar un acceso simple a la información y datos duros brindados en su mayoría por Naciones Unidas. Por su interdisciplinariedad, las herramientas pueden ser usadas en clases de geografía, matemática e historia —por ejemplo— y se destacan por su manera de combinar el procesamiento de datos con la visualización de la información. Su ultimo proyecto se llama Dollar Street, una plataforma interactiva que permite mirar la vida íntima de 200 familias en 50 países del mundo. Con este proyecto, Anna Rosling Rönnlund, desea mostrar cómo viven las personas en distintas partes del planeta para luchar contra los estereotipos y la ignorancia.
    34 min
  • Factfulness. Anna Rosling. Versión en español
    La Fundación Rafael del Pino organizó, el 17 de diciembre de 2018, la Conferencia Magistral de Anna Rosling “Factfulness. Cómo los prejuicios y un mal uso de los datos condicionan la visión de los problemas del mundo” con motivo de la publicación de su obra de igual título editada por Deusto.
    Anna Rosling Rönnlund es una diseñadora que, junto con su marido Ola Rosling, fundaron la organización sin ánimo de lucro Gapminder. El equipo de Gapminder creó un software de visualización de la información, llamado Trendalyzer, que transforma datos estadísticos en atractivos gráficos y animaciones. Trendalyzer fue vendida a Google en 2007, Anna continuó trabajando en su desarrollo hasta agosto de 2010. A partir de entonces, han estado desarrollando contenidos educativos de uso libre, como videos, presentaciones Flash y gráficos PDF para ayudar a comprender mejor los cambios demográficos globales. Su objetivo es brindar un acceso simple a la información y datos duros brindados en su mayoría por Naciones Unidas. Por su interdisciplinariedad, las herramientas pueden ser usadas en clases de geografía, matemática e historia —por ejemplo— y se destacan por su manera de combinar el procesamiento de datos con la visualización de la información. Su ultimo proyecto se llama Dollar Street, una plataforma interactiva que permite mirar la vida íntima de 200 familias en 50 países del mundo. Con este proyecto, Anna Rosling Rönnlund, desea mostrar cómo viven las personas en distintas partes del planeta para luchar contra los estereotipos y la ignorancia.
    34 min
  • Principios. Ray Dalio. Versión en español
    La Fundación Rafael del Pino organizó, el 12 de diciembre de 2018, la Conferencia Magistral “Principios” con motivo de la publicación de su último libro de igual título editado por Deusto.
    Ray Dalio es uno de los inversores y emprendedores más relevantes de nuestro tiempo y ha sido reconocido como una de las 100 personas más influyentes del mundo por la revista TIME. En el año 1975, fundó Bridgewater Associates que, cuarenta años después, se ha convertido en la quinta compañía privada más importante de Estados Unidos (Fortune) y ha conseguido ganar más dinero para sus inversores que cualquier otro hedge fund en la historia (Bloomberg).
    34 min
  • Princpios. Ray Dalio. English version
    La Fundación Rafael del Pino organizó, el 12 de diciembre de 2018, la Conferencia Magistral “Principios” con motivo de la publicación de su último libro de igual título editado por Deusto. Ray Dalio es uno de los inversores y emprendedores más relevantes de nuestro tiempo y ha sido reconocido como una de las 100 personas más influyentes del mundo por la revista TIME. En el año 1975, fundó Bridgewater Associates que, cuarenta años después, se ha convertido en la quinta compañía privada más importante de Estados Unidos (Fortune) y ha conseguido ganar más dinero para sus inversores que cualquier otro hedge fund en la historia (Bloomberg).
    34 min
  • La defensa de la libertad frente al auge del autoritarismo, Timothy Snyder, english version
    El 4 de diciembre de 2018 tuvo lugar en la Fundación Rafael del Pino la conferencia de Timothy Snyder, catedrático de Historia de la Universidad de Yale, titulada “La defensa de la libertad frente al auge del totalitarismo”, celebrada con motivo de la presentación de su libro “El camino a la no libertad”.
    Snyder inició su intervención preguntándose cómo hemos pasado de sistemas democráticos al autoritarismo. Para responder a esta cuestión, Snyder indicó que la libertad depende de nuestro sentido del tiempo, porque la libertad depende del futuro. Nuestros líderes políticos, sin embargo, han matado el futuro. Hoy es muy difícil hablar de él porque unos tratan de defender el status quo imperante, mientras que otros se dedican a hablar de un pasado que nunca existió. Sin embargo, nadie habla del futuro de sus países. Ese es un denominador común de los líderes autoritarios.
    ¿Cómo hemos llegado a esta situación? ¿Qué es lo que ocurrió a partir de 1989? Según Snyder, ese momento fue un momento extraño por las importantes coincidencias que tuvieron lugar en él: el fin del comunismo, la introducción de las ideas del neoliberalismo y la creación de la Unión Europea por el Tratado de Maastricht. Todos estos son grandes acontecimientos que ocurrieron simultáneamente por casualidad.
    A partir de ahí, pensamos en el triunfo definitivo de la democracia y en la política de inevitabilidad, en el sentido de que todos creíamos en el progreso y que el futuro sería igual que el presente porque no había alternativa alguna a la democracia y a la economía de mercado.
    Esta forma de pensar, sin embargo, es problemática, en parte porque no es cierta y, en parte también, porque esto está cambiando y estamos pasando a la política de eternidad, que es una forma de no asumir responsabilidades. En este sentido, en lugar de prosperar, pensamos en el destino, con lo que el tiempo no es una línea inevitable, sino un ciclo que se repite una y otra vez porque viene alguien y nos quita lo que hemos conseguido.
    En América, por ejemplo, se hablar de nuevo de que Estados Unidos vuelva a ser grande, de que alguien nos salve del comunismo. También pensamos que la tecnología no es nuestro enemigo, que progreso técnico es sinónimo de progreso intelectual y que internet nos haría mejores personas. Sin embargo, eso nos convierte en caricaturas de nosotros mismos. Trump lo entiende muy bien y lo usa para mantenernos apegados al pasado.
    El mejor ejemplo de la política de eternidad es Rusia. Cuando Obama se refería a Rusia decía que no era más que una potencia regional, porque eso era la política de inevitabilidad. Rusia, sin embargo, ya estaba en otro lugar, se ha pasado al extremo de la política de eternidad y, desde ahí, trata de seducirnos.
    Rusia es la capital del no futuro y sus líderes actúan como si no lo hubiera. ¿Por qué? Snyder enuncia, al respecto, cinco motivos. En primer lugar, los líderes rusos se dieron cuenta de que la política de inevitabilidad estaba equivocada, que el capitalismo no traería la democracia.
    En segundo lugar, las noticias locales murieron. Cuando no existen, ese vacío lo llenan los grandes medios de comunicación de otros lugares. La gente, entonces, empieza a desconfiar porque no los conoce y, por tanto, no creen en ellos.
    En tercer lugar, están las diferencias radicales en cuanto a niveles de renta. Si hay desigualdad, eso significa que no hay progreso social, lo que provoca que la gente deje de creer en el futuro.
    Luego están los hidrocarburos. La clase dirigente depende de su exportación, con lo que el futuro es el calentamiento global.
    Por último, se encuentra el problema de la sucesión de Putin. Y es que nadie sabe qué va a ocurrir cuando Putin muera.
    En este contexto, las élites rusas han encontrado una nueva forma de gobernar a partir de la desconfianza. Les dicen a los ciudadanos que mienten siempre, pero que el resto del mundo también lo hace. Y es que la idea de Rusia es un nacionalismo negativo.
    Lo mismo sucede con la política exterior de Rusia. Si dices que todo el mundo miente, ¿cómo te enfrentas a la UE o a Estados Unidos? Pues lo que haces es intentar que se descompongan, convirtiéndoles en una parodia de sí mismos. Rusia, por eso, está detrás de Trump, del Brexit. Cada fuerza política extremista de Europa le debe algo a Rusia.
    Esto choca con la política de inevitabilidad estadounidense que se basa en la excepcionalidad democrática americana, en la creencia de que el mercado libre traerá la democracia -cosa que no es así- y en la confianza en el progreso técnico, cuando lo cierto es que el declive de la democracia coincide con el desarrollo de internet y la conectividad.
    Como esa política de inevitabilidad fracasa, Trump trata de atraer a la gente con el discurso de que el futuro brillante puede volver al país, cuando, en realidad, Trump está en contra de todo lo que trajo ese futuro en el pasado. Además, según Trump, lo que falla en América es la gente que viene de fuera. Eso es un ejemplo de nostalgia del pasado y provoca que no se haga nada de cara al futuro.
    Trump es un producto de la parte menos demócrata de la vida americana. Fue elegido solo por su reputación en los medios. No es más que un hombre del espectáculo tradicional. Rusia utilizó la tecnología americana para inclinar las elecciones a favor de Trump.
    La Unión Europea, por su parte, tiene también una política de inevitabilidad, lo cual es una gran idea. Las naciones europeas son muy antiguas e inteligentes y aprendieron de las experiencias de las dos guerras mundiales y del periodo de entreguerras. Eso es lo que le hace peligrosa para Rusia y, por ello, Rusia trata de debilitarla. Para ello, trata de aprovechar un punto débil. Y es que la Europa que se congregó en torno a la idea de hacerse fuerte como continente es un conjunto de elementos que provienen de distintos imperios que, al desgajarse, se congregaron para hacerse más sólidos. Rusia está diseminando la idea de que, para ser fuertes de nuevo, esos antiguos estados imperiales deben recuperar su propia personalidad. Como hace la propia Rusia.
    57 min

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La Fundación Rafael del Pino, con el objetivo de contribuir a la mejora de los conocimientos de los dirigentes españoles, organiza Conferencias Magistrales en las que participan destacadas…

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