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¿QUÉ VA A PASAR? En el diccionario, demora no significa derrota.
Te has hecho tanto daño esperando que la vida se parezca a tus planes, que cuando te desvías un pedazo lo tomas como fracaso. No se trata de hacer que todo encaje perfectamente como lo pensaste. Deja de vivir comparando tu proceso con la línea de llegada de alguien más. ¿Sabes qué te jode más que el error? La presión en tu cabeza de tener que demostrar que no te equivocaste. Esa necesidad de justificar cada cambio, cada decisión, cada pausa, cada “todavía no”, como si lo que vales dependiera de lo bien que puedas explicar tu error y herida.
Cientos de dolores no vienen de lo que pasó, sino de lo que esperabas que pasara. Es el apego a la idea de cómo debería haber sido. Pero mucho se resuelve al descubrir que nunca fue tuyo. Entonces, soltar no es rendirse: es regresar a ti. Te quiero desactivar la bomba que te pusieron en el pecho con la palabra “ya es muy tarde”.
No te condenes a esa versión de ti que solo vive en tus planes mentales. Esa vocecita obsesiva que te dice: “Así debió haber sido”. No es tarde si usted sigue sintiendo que hay algo que puede construir, aunque sea desde cero y con las manos vacías.
Jodidamente tarde es vivir aferrado a lo que no fue y por el momento no es.
Amado Dios, no quiero vivir un solo día más movido por la rutina o por el ego
Dios de vida, me acerco a Ti para orar por todos aquellos que no solo tienen un cuerpo enfermo, sino una mente, emociones y esperanza cansada; pongo en Tu manos su enfermedad, su temor y sus preguntas, declarando que ningún diagnóstico tiene la última palabra porque solo Tu nombre es sanidad, y aunque el proceso sea largo sé que en cada paso eres nuestra medicina eterna; hoy reclamo Tu promesa sobre sus huesos y sus células, porque aunque la ciencia haga lo posible, Tú haces lo imposible y derramas sobre ellos un río restaurador que nos recuerda que esa enfermedad no es su identidad, pues en Cristo somos sanos; te pido no solo sanidad, sino aprendizaje en este proceso, que su fe crezca y que aprenda a confiar más allá de lo que controlo, recibiendo Tu paz como parte de su tratamiento, porque Tú eres el Médico de médicos; entra en su cuerpo como luz que disuelve la oscuridad, alinea lo que está desordenado, calma lo inflamado, une lo roto y decreto vida en cada órgano y pensamiento, pues su salud no depende del azar sino de Tu soberanía; y así como tocaste al leproso y levantaste al paralítico, toca y levánta hoy al enfermo que me escucha, para que no sea el temor quien gobierne su fe, sino la certeza de que vivirá, sanará y testificará lo que Tú hiciste en quien me escuchando. Te pido en el nombre de Cristo Jesús. Amén.
Si salta contigo en los charcos, si te comparte de sus tacos o arepas, si deja buena propina, no porque le sobra, sino porque sabe honrar; si le contesta bien a su madre, si deja pasar al otro en la calle y dice gracias después de preguntar la hora, préstale mucha atención a esos detalles, pero sobre todo a esa persona. Esa gente tiene algo que ya no abunda: conciencia cotidiana. Pequeños gestos que son enormes actos de carácter y rasgos de un corazón con muchas características nobles. No nada más son amables, sino que saben vivir sin indiferencia. Esa persona no le va a dar miedo mojarse contigo, joderse los zapatos; es más, le va a parecer romántico. No se va a andar quejando de todo en el camino. Son poquititos los que respetan lo sucio y opaco. Eso es carácter. Bondad, carajo. Han navegado tantas tormentas solos, que hasta saben acompañarte en las tuyas.
Esa gente no tiene una comodidad fingida. Te ven roto y no huyen; te ven fuerte y no se cuelgan. Ser así no es común. Ellos han vivido lo suficiente como para saber escucharte y preguntarte dónde te duele, para no tocarte ahí demasiado fuerte. No los vas a ver exigiéndote que te compongas en dos días, ni te van a permitir sufrir toda la vida, y mucho menos rendirte.
Esa clase de personas son raras. Y no porque escaseen. El pedo es que no sabemos reconocerlas. Por eso te digo que, si salta contigo en los charcos, mírala o míralo bien.
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