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¡LA VENGANZA TE HACE ESCOGER LOS BRAZOS EQUIVOCADOS!
“El amor no se ruega, la presencia no se mendiga y la paz no se negocia”
EN LO POCO! Muchos consideran insignificante lo que hacen por sus hogares, sus comunidades, sus trabajos o familiares, porque nadie les reconoce el esfuerzo y la entrega. Y hasta cierto punto, es entendible la necesidad de reconocimiento e importancia como una necesidad básica del ser humano.
Pero si hoy sientes que nadie te ve, que eres casi invisible, deseo recordarte que Dios sí ve tu gran esfuerzo. Se goza viéndote hacer con excelencia lo pequeño. Y te prometo que un día no muy lejano, si continúas fiel y firme a tu propósito, serás puesto honrosamente en un lugar de privilegio, un lugar más que digno de tus talentos y dones.
Existen personas en esta vida que no aprecian nada, y esa es su condena. Tienen gente buena cerca, pero los tratan como si fueran reemplazables o desechables. Y cuando por fin despiertan, ya no queda nadie esperando. Porque hasta la paciencia más noble se cansa. Hasta el corazón más leal se rompe.
Esa es la tragedia de los que no saben agradecer: lo tienen todo, pero actúan como si nada fuera suficiente. Pierden sin que nadie los traicione. Se quedan solos sin que nadie los abandone.
No fue el otro quien se fue, fue su indiferencia la que lo empujó. No fue el amor lo que se acabó, fue su falta de cuidado lo que lo marchitó. Y entonces lloran, pero ya no hay hombros. Buscan, pero ya no hay puertas abiertas. Porque la vida tiene una regla: lo que no valoras, se va. Y lo que ignoras, se cansa.
Pero para muchos, ese despertar nunca llega. Siguen creyendo que el mundo está en deuda con ellos, que merecen todo sin dar nada, y que el amor siempre tendrá prórrogas para ellos. Y entonces envejecen rodeados de gente que los tolera, pero ya no los ama. Recuerdan momentos, pero no tienen con quién compartirlos.
Eso es lo que ocurre cuando confundes presencia con permanencia. La gente se queda hasta que un fuckin’ día aprende a irse. Y si se van, te lo mereces.
La oveja negra. La que no encaja, el error del molde, el desvío del linaje, la grieta en la tradición. La que no que calla, ni asiente por compromiso. Sé que detrás de cada dedo que me señala, hay una boca que calla lo que yo ya no estoy dispuesto a tragar. No me asusta ser el escándalo. Me asustaría quedarme mudo ante lo que sé que debe cambiar. Porque a veces, honrar la verdad te convierte en traidor ante los ojos de quienes viven cómodos en la mentira. Tarde o temprano, te vas a cansar de pedir permiso para ser tú.
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