El mercado financiero centra hoy su atención en los resultados de Tesla, publicados anoche tras el cierre de Wall Street, y que marcarán el comportamiento de la acción durante la sesión. En las operaciones posteriores, el valor sube más de un dos por ciento, pese a que las cifras de 2025 muestran un claro deterioro. Por primera vez, la empresa registra una caída anual de ingresos, que se sitúan en 94.800 millones de dólares, unos 3.000 millones menos que el año anterior.
El retroceso también se aprecia en el beneficio, que se reduce a la mitad frente a 2024, un dato negativo que contrasta con el sólido cierre del último trimestre. En ese periodo, Tesla logró un beneficio por acción de cincuenta centavos y unos ingresos de 24.900 millones de dólares, superando ampliamente las previsiones del mercado. Sin embargo, su negocio principal, la venta de vehículos, cayó un 10% interanual, reflejando una pérdida de tracción global.
La situación es especialmente delicada en Europa, donde la presión de competidores como BYD ha relegado a Tesla a un segundo plano. En el Viejo Continente, las matriculaciones se han desplomado un 37%. Pese a ello, Elon Musk restó importancia a estas cifras ante los analistas, calificando 2025 como un ejercicio de transición. Según explicó, la compañía avanza desde un enfoque de hardware hacia una empresa de inteligencia artificial aplicada al mundo físico.
Este planteamiento explica el anuncio del cese de producción de los Model S y Model X a partir de la próxima primavera, sin sustitutos directos, salvo una futura versión del Roadster. Los recursos se destinarán al desarrollo del robot humanoide Optimus y a la flota de robotaxis, cuya fabricación Musk espera iniciar este año, pese a los retos regulatorios. Para financiarlo, Tesla duplicará su gasto de capital en 2026 y destinará 2.000 millones de dólares a xAI, como parte clave de su estrategia de transformación empresarial.