CorrerPorSenderos | La ciencia del deporte

CorrerPorSenderos | La ciencia del deporte

By HectorGarciaRodicioSportsRunning
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CorrerPorSenderos | La ciencia del deporte episodes

  • Episodio 24. No te KOMpliques: Cinco maneras de aprovechar Strava
    “Strava” significa “esforzarse” en sueco o, más exactamente, lo que en términos coloquiales llamamos “picar piedra”. Strava es también una aplicación móvil donde podemos colgar nuestras actividades de carrera a pie, bici o natación. En principio, es una especie de “diario de entrenamiento” donde uno va guardando sus entrenos y puede así ir observando sus progresos y registrando sus logros. Aparte, como es un espacio público (es una “red social”), otros usuarios pueden ver tus registros y tú puedes ver los suyos. Y aquí es donde está la madre del cordero… Ver lo que hacen los demás puede ser muy útil, como vamos a explicar en este episodio, pero esa ventaja viene con todos los consabidos inconvenientes de las redes sociales: (1) obsesionarse por el número de followers y likes (“kudos”, en este caso), (2) perder la motivación (porque ya no sabes salir a correr si no puedes comprobar después las calorías que has gastado, los vatios que has generado o cómo de bien queda dibujadito sobre el mapa el recorrido que has hecho), (3) perder la capacidad de disfrute (por estar más preocupado por la reacción que tendrá tu post que por la actividad en sí que vas a postear) o (4), simplemente, malgastar horas y horas haciendo scroll down en el feed, mirando (o, digámoslo abiertamente, cotilleando) las actividades de otros. Pero somos corresendas con cabeza, lo que significa que podemos usar Strava inteligentemente, de modo que podamos explotar sus potencialidades al tiempo que evitamos sus peligros. Entonces, ¿cómo puedo usar Strava a mi favor? Sin más dilación, vamos al turrón.
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    14 min
  • Episodio 23. Trastornos de la conducta alimentaria en runners. ¿Es realmente un problema?
    Entrenar, comer, descansar. Con más o menos elementos, según seas profesional del running o recreacional, ése es el esquema que todo el mundo aplicamos diariamente. En caso de ser recreacional, hay, por supuesto, que añadir otros elementos al esquema, como trabajar, hacer las tareas domésticas o cuidar de otros seres, sean hijos, personas mayores o mascotas. Pero un elemento que todo el mundo compartimos, además de entrenar y descansar, es comer. Y es que necesitamos comer. Atendiendo a “la regla del 3” en supervivencia, somos capaces de soportar tres minutos sin respirar, tres horas en el frío, tres días sin beber y tres semanas sin comer. Sea o no acertada la regla, el caso es que, sin comer, antes o después, acabamos pereciendo. Necesitamos comer. Lo necesitamos, en última instancia, para sobrevivir, pero, sin ponernos tan dramáticos, lo necesitamos también para rendir en el deporte y en la vida. Lo sabemos por el episodio 11: la comida es combustible para funcionar, pero también la materia prima con que se fabrica todo en nuestro organismo, desde los músculos, los tendones o los huesos, hasta las hormonas, neurotransmisores o las células del sistema inmunitario, pasando por los órganos, como el corazón y el cerebro. Lo digo una vez más: necesitamos comer.
    A pesar de su importancia vital, comer es un problema para mucha gente. Son los TCAs: los trastornos de la conducta alimentaria. Anorexia, bulimia, atracones. Hoy toca ponernos algo más serios para abordar esta cuestión: los TCAs en trail running, ¿son verdaderamente un problema? Os puedo adelantar que los TCAs o, aunque no constituyan una categoría clínica, las relaciones extrañas con la comida, son más frecuentes entre la población deportista. Y no es casualidad: en muchas disciplinas, running incluido, el peso corporal tiene impacto directo en el rendimiento. En concreto, el peso corporal es uno de los factores determinantes de la economía de carrera, como veremos en el episodio 26. Más flaco, más rápido. Es una lógica muy sólida. Lo que pasa es que, rebasado un punto, la lógica se invierte: la obsesión por el peso y las conductas alimentarias disfuncionales acabarán machando tu cuerpo, que rendirá cada vez menos y menos, y el correr por montaña se convertirá en un mero medio para quemar calorías y dejarás de amarlo y ya nada tendrá sentido… Un bucle muy peligroso.
    Hoy, lo he advertido ya, toca ponerse serios: vamos a hablar sin alarmismos, pero sin tapujos, sobre los TCAs. La tabla de contenidos del episodio es la siguiente. Primero, veremos qué son exactamente los TCAs. Después, analizaremos si son o no más prevalentes entre la población deportista y, en particular, en la comunidad runner. Tercero, veremos las consecuencias en el medio plazo de mantener conductas alimentarias disfuncionales. Por último, repasaremos algunos tips útiles tanto para la detección como para el manejo de los TCAs. Por si alguien cree que abordando estas cuestiones me estoy saliendo un poco del tiesto, para su tranquilidad, informo de que soy licenciado y doctor en psicología y de que, por distintas circunstancias, conozco los TCAs de primerísima mano.
    Hechas las aclaraciones pertinentes: sin más dilación, vamos al turrón.
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    25 min
  • Episodio 22. Cuestas empinadas. ¿Correr, andar o bastonear?
    Las hay más cortas y más largas, más tendidas y más pronunciadas, de grava o de terreno técnico, pero lo que está claro es que no te vas a librar de ellas: las cuestas. Una montaña es una elevación del terreno, así que, por narices, el trail running va a implicar subidas. La cuestión que abordamos hoy es cuál es la mejor forma de afrontarlas. Y esto, descubriremos, va a depender del nivel de inclinación de la pendiente, del tipo de carrera (más corta o más larga) y de tus habilidades técnicas. Así pues, vamos a ver que, en cuestas pronunciadas, correr, andar y bastonear, todo tiene su sitio, en función de las condiciones. Habrá que ir desentrañando esta complicada ecuación. Habrá que ver, en primer lugar, ¿qué es exactamente una cuesta empinada? Luego habrá que determinar ¿es mejor correr o andar en cuestas empinadas? Por último, si las caminamos, ¿debemos o no emplear bastones? Como de costumbre, hay bastante tela que cortar, así que no conviene enredarse con más preámbulos: sin más dilación, vamos al turrón.
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    15 min
  • Episodio 21. Mitocondrias, deporte, diabetes, cáncer. ¿Qué tienen en común el rendimiento y las enfermedades modernas?
    No somos plantas. Somos animales. Y, como tales, debemos movernos para buscar agua, alimento, refugio y pareja. Si nos quedáramos 24/7 sentados, en cosa de tres días, por la deshidratación, o de tres semanas, por la desnutrición, moriríamos. Bueno, eso es lo que ocurriría en condiciones naturales, pero vivimos en un mundo artificial, que nos permite pasar 14 de las 16h de vigilia del día sentados. Esto, desafortunadamente para la persona sedentaria y para el sistema sanitario, tiene un precio: no morimos en el acto, pero vamos perdiendo poco a poco salud, con el coste que ello supone en términos de calidad de vida y de gasto sanitario… Sin movimiento, vamos degenerando, es decir, vamos desarrollando enfermedad degenerativa, lo que incluye obesidad, diabetes, arterioesclerosis, osteoporosis, depresión, alzhéimer o cáncer, entre otras. Puede sonar catastrófico, pero, además de que los números están ahí, insisto en que tiene todo el sentido que la enfermedad surja, cuando atentamos cada día y durante años contra nuestra naturaleza.
    Y nuestra naturaleza, lo digo una vez más, es movernos, porque no somos plantas; tampoco mejillones, setas, algas o corales marinos. Esos organismos desarrollaron sus propias estrategias para obtener alimento, para protegerse y hasta para reproducirse sin moverse del sitio. En cambio, nuestra estrategia para obtener alimento, refugio y pareja es mover el culo del sofá y usar músculos, corazón, pulmones y cerebro para encontrar esos recursos básicos, que no van a venir a llamar a nuestra puerta, sino que están bien escondidos vete tú a saber dónde y nos van a exigir dar lo mejor de nosotros cada día para encontrarlos. ¿La recompensa a tal esfuerzo? Pues, además de obtener esos recursos vitales, el esfuerzo nos proporcionará (a) placer, en forma de endorfinas, y (b) una salud de hierro, en forma de músculos, corazón, pulmones y cerebro fuertes como el vinagre y jóvenes a la luz del microscopio, diga lo que diga nuestro DNI.
    Y, hablando de escala microscópica, en la base de nuestra condición física, nuestra capacidad para realizar esfuerzos, hay un único, minúsculo y, creo, injustamente desconocido elemento: la mitocondria. Este episodio va a ser una oda a la mitocondria, que, como he dicho, está en la base de nuestra condición física y, por consiguiente, de nuestro rendimiento deportivo, por un lado, y, por el otro, de la enfermedad degenerativa, derivada del sedentarismo extremo del siglo XXI. Ese sedentarismo en el que pasamos sentados, cada día, dos horas yendo y volviendo del trabajo, ocho horas frente a un ordenador, dos horas en la mesa del comedor y otras dos más frente al televisor. En fin, este mundo que nos hemos inventado, donde cabe pedir comida a domicilio, comunicarnos vía e-mail, entretenernos vía televisión a la carta y relacionarnos vía redes sociales. Cosas que pueden tener su lugar, sí, pero cuyo abuso deriva en muerte lenta, en forma de enfermedad crónica, como las que ya cité, y que representan un grave deterioro de la calidad de vida de quien las sufre y un enorme coste económico para la sanidad. El gasto sanitario anual de cualquier país industrializado en enfermedades no transmisibles es tal, que debería parecernos escandaloso, si no hubiéramos dado lo “normal” por “natural”: y es que, que algo sea frecuente, no debería significar que es natural. Lo natural es vivir bien hasta (casi casi) el último día y tener una muerte fulminante, tal como les ocurre a los animales salvajes; lo que debería resultar raro es vivir bien dos tercios de tu vida y pasar el tercio restante coleccionando achaques y poli-medicándote hasta las orejas, tal como nos ocurre a las personas y a nuestras mascotas.
    Me estoy enrollando y yo venía hoy aquí a hablaros de las maravillosas mitocondrias. Así pues, sin más dilación, vamos al turrón.
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    25 min
  • Episodio 20. ¿Se corre cada vez más rápido en trail-running? Los tres factores clave
    La pregunta ya está sobre la mesa: ¿se corre cada vez más rápido en trail? Y seguro que habéis adivinado la respuesta: sí, cada vez se corre más rápido. No hay más que ver la cantidad de récords, tanto masculinos como femeninos, que se han batido en los últimos cinco años, ya sea en pruebas rápidas, como Sierre-Zinal, o de ultra-distancia, como UTMB. También en estos años, en parte debido al confinamiento durante la pandemia, hemos visto caer muchos FKT, como la ruta 0-4-0. Por último, ya no es infrecuente ver corresendas probándose en pruebas de asfalto y marcando buenos registros, con promedios de 3’ o 3 poco/k, que luego transfieren al trail, marcando promedios de 5´/k por montaña. Entonces, confirmado que los ritmos en montaña son cada año más vertiginosos, la cuestión es ¿qué les dan de comer a los y las atletas para volar a esas velocidades por el monte? ¿Cómo se explica esta aceleración? Este misterio es el que desvelaremos hoy.
    Antes de entrar en harina, lo primero será repasar los números de los últimos años, por si alguien no se hubiera percatado aún de este enorme salto de calidad en el trail running. Comprobado que en el trail ya no se trota, sino que se galopa y de lo lindo, tendremos que explicar cómo es esto posible. Apelaremos a tres factores: (1) especialización, hoy la gente del trail viene del trail, no rebotados del ciclismo, el trekking o la escalada; (2) tecnología, hoy contamos con conocimiento científico, además de forma global, que guía el desarrollo de materiales, productos de nutrición e hidratación y métodos de entrenamiento orientados al máximo rendimiento en el terreno específico de la montaña; y (3) mentalidad, gracias a pioneros como Kilian Jornet, hoy sabemos que lo que parecía un sueño loco, como bajar de 20 horas en UTMB, es una gesta difícil pero posible.
    Como hoy toca hablar de velocidad, no podemos perder más tiempo con preámbulos. Sin más dilación, vamos al turrón.
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    17 min
  • Episodio 19. Alcohol y trail running: "la cerveza de después" a juicio
    Es sábado por la mañana. Hoy toca salida en grupo. Haremos una ruta clásica por uno de los montes más frecuentados de la región. Será a ritmo tranquilo, charlando, parando para hacer fotos, esperando si alguien se queda rezagado, descansando un buen rato en la cima y hasta grabando vídeos para subir al Stories de Instagram. Y, como colofón al terminar la ruta, no puede faltar esa cerveza fría en el mesón del pueblo, que saboreamos mientras comentamos la jugada. No hay que perder las buenas costumbres.
    ¿Te suena esta historia? ¿Tú también eres de "la cerveza de después"? ¿También sientes que sin ese sagrado ritual la actividad queda incompleta? Muchos y muchas corresendas (y me consta que en la comunidad montañera y escaladora pasa igual) somos fans de esta "sana" tradición. Bueno, quizás me he precipitado un pelín: ¿es una sana o una "insana" tradición? Pues no hay una respuesta clara. Y es que mucho se ha dicho y escrito sobre la cerveza, hasta el punto de presentarla poco menos que como un elixir de vida, repleto de compuestos maravillosos y el mejor recuperador post-actividad, o considerarla veneno, capaz de deshidratarnos, aniquilar nuestros niveles de testosterona, arruinar nuestra recuperación, hacernos engordar y hasta desarrollar cáncer. ¿Quién tiene razón? Como pasó con los geles y los batidos en el episodio 11, no hay blanco ni negro en esta cuestión, sino muchos grises. Vaya, que adelanto ya que ni la cerveza aporta nada milagroso que no podamos obtener de otros alimentos más seguros ni supone una agresión letal a tu organismo, siempre que se tome dentro de unos límites razonables.
    Entonces, ¿es buena o es mala la cerveza de después? Ésa es la cuestión sobre la mesa. Vamos a acudir a la ciencia y al sentido común para resolverla. Lo primero será saber de qué está hecha una cerveza. Luego ya podremos someter a escrutinio sus supuestos beneficios y sus potenciales perjuicios. Al final, llegaremos a un veredicto para declararla inocente, culpable o en libertad provisional.
    Sin más dilación, vamos al turrón.
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    14 min
  • Episodio 18. ¿Talento o trabajo? La verdad sobre las 10000 horas
    ¿Qué hace falta para llegar a lo más alto? ¿Qué ingrediente secreto es necesario para alcanzar la cumbre misma de tu deporte, lograr lo que nadie antes logró, romper los límites, marcar un hito, atraer todos los focos, copar todas las portadas, hacer historia? ¿Qué hay detrás del 1:59 de Kipchoge? ¿Es talento o es trabajo? ¿Es talento o es trabajo lo que hay detrás del récord de ascenso y descenso al Cervino que Bruno Brunod, albañil de profesión y corredor por afición, ostentó durante 25 años? ¿Y detrás del aún vigente de Kilian Jornet en esa misma ruta? ¿Es talento o es trabajo lo que explica las recientes marcas extraterrestres de Kilian en Zegama, Hard Rock o UTMB, todas en una misma temporada? ¿Y qué decir de las 2h 22 en su segunda maratón de asfalto de Nienke Brinkman, jugadora de hockey hierba hasta 2020 y estudiante de doctorado en geofísica, o su récord femenino y top 10 en la clasificación absoluta de la Zermatt Marathon, una carrera que salva 2000m positivos y alcanza los 3000 snm y que Nienke conoció de casualidad porque unos amigos se la recomendaron? Talento o trabajo, that is the question.
    Una respuesta tentativa viene de una idea ya muy arraigada en la cultura popular, la regla de las 10000 horas. Según esta atractiva propuesta, la clave de la excelencia no sería el talento sino el trabajo; trabajo de hormiguita acumulado durante años hasta sumar el número mágico de las 10000 horas. Pero, ¿de dónde viene esa idea? Y, más importante, ¿qué fundamento tiene? Y, más importante aún, ¿es cierta o no la idea de que el trabajo duro es la única condición necesaria para alcanzar la calidad suprema, que entonces estaría sólo reservada al puñado de mortales capaces de acumular esas incontables horas de práctica, pero, eso sí, no dependería de la caprichosa genética?
    En el episodio de hoy veremos (1) el origen de la regla de las 10000 horas, (2) la validez de dicho principio, atendiendo a la evidencia científica más actual, y (3) aplicaremos lo aprendido a un caso ejemplo en el mundo del trail running: Nienke Brinkman. Concluiremos tratando de ofrecer una respuesta definitiva a la tan manida cuestión. Aunque me temo que el debate no quedará zanjado y seguirá siempre vivo, porque ¡mira que nos gusta darle a la sin hueso! Y eso precisamente voy a hacer yo durante los próximos 20', para que tu rodaje sea más entretenido y tu curiosidad, satisfecha.
    Sin más dilación, vamos al turrón.
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    18 min
  • Episodio 17. Hablemos de sexo. La mujer en el trail running
    Todos los años durante la última semana de agosto un recóndito municipio francés se convierte en la meca del trail running. Es la semana del UTMB. A los pies del espectacular macizo del Mont-Blanc, en el municipio de Chamonix, se congregan miles de periodistas, representantes de marcas deportivas, gente de la organización, fans y, por supuesto, trail-runners profesionales y recreacionales provenientes de los cuatro costados del globo, desde EEUU a China, pasando por Latinoamérica y, claro está, Europa. Es el evento del año, los campeonatos mundiales del trail. No en vano, hay más de 10.000 runners participantes. Pero, he aquí la cuestión: sólo un 20% del total de runners participantes son mujeres; desproporción que es mucho más acentuada cuanto mayor es la distancia de la prueba. Hay apenas una mujer por cada 10 hombres corriendo la distancia de 170 kms. En la prueba CCC, de 100 kms, sólo un 15% de participantes son mujeres. Hay que irse a las distancias medias, como la de la OCC de 55 kms, para ver un todavía modesto 30% de mujeres. Y UTMB es sólo un ejemplo, pero podemos encontrar esas mismas ratios en cualquier otra prueba que se te ocurra. A pesar de esa baja participación, el trail running es uno de los pocos deportes (junto, tal vez, con la escalada en roca) donde podemos ver mujeres superando a muchos hombres y metiéndose en el top 10 absoluto, lo que demuestra que no se les da nada, pero que nada, mal esto de correr por el monte. Entonces, ¿por qué en un deporte maduro como el trail, que ya hace tiempo dejó de ser minoritario, y para el que las mujeres han demostrado estar tan capacitadas o más que los hombres, su participación es todavía tan escasa? Ésta es la cuestión que me he propuesto resolver aquí hoy (un buen melón hemos abierto... ).
    Como iré desarrollando a lo largo del episodio, creo que son tres los condicionantes que explican esa desproporción masculina en el trail y la consiguiente sub-representación de la mujer: falta de modelos, falta de auto-confianza, falta de medios. Esos tres condicionantes, todos de tipo sociológico, propician que no haya una verdadera igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres para que ellas accedan al trail-running como ellos. Y precisamente eso, la igualdad de oportunidades, es lo que toda sociedad avanzada debe defender y promover, incluido este humilde podcast. Pero buscar la igualdad de oportunidades no implica omitir o negar la existencia de una diferencia biológica: hombres y mujeres somos diferentes en términos biológicos. Hay que aceptar esto, primero, y conocer mínimamente sus fundamentos, después, para entender por qué en trail-running, como en todos los deportes, existen dos categorías básicas: la masculina y la femenina.
    Así pues, el plan para hoy es éste. Primero, explicar la diferencia biológica entre hombres y mujeres, que justifica la existencia de las categorías masculina y femenina en el deporte. Después, sabiendo que tenemos distintas biologías pero igual derecho a participar en cualquier deporte, trail running inclusive, intentaremos comprender por qué la igualdad de oportunidades no se cumple en nuestro deporte: ya lo anticipamos, lo achacaremos a una falta de modelos, una falta de auto-confianza y una falta de medios. Sin más dilación, vamos al turrón.
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    19 min
  • Episodio 16. Calentar, estirar, masajear, comprimir, enfriar. Cinco métodos clásicos y sólo uno funciona
    Nos enseñaron que había que estirar antes y después de correr. Hacerlo “antes” servía para preparar los músculos, lo cual, a su vez, mejoraba el rendimiento y reducía el riesgo de lesión. Estirar “después” servía para reducir la rigidez muscular, lo que, de nuevo, facilitaba la recuperación y prevenía lesiones. Tradicionalmente también, nos convencieron de que, si podías pasar por el masajista tras la actividad, pues estupendo: una vez más, eso aceleraba la recuperación y permitía regresar a la actividad en mejor condición. Otra herramienta clásica de toda la vida es el hielo, sea en forma de cubitos envueltos en un paño o las inmersiones en agua helada, que se han hecho tan populares más recientemente; el hielo tendría un efecto antiinflamatorio y, por tanto, beneficioso para la recuperación. Y, por fin, otro invento contemporáneo más son las medias compresivas, que se usan tanto durante la carrera como en la recuperación; según nos han vendido, favorecerían la circulación, lo que, a su vez, mejoraría la función muscular durante la actividad y la reparación muscular tras la actividad. Bien, pues con la ciencia más reciente en la mano, y estoy hablando de revisiones sistemáticas y meta-análisis (que son técnicas de investigación que sintetizan decenas o cientos de estudios para sacar conclusiones definitivas sobre un asunto), puedo decirte con total garantía que todo lo anterior es falso. Es mentira. Es un engaño, un fraude, una engañifa. Una soberana trola. Lo único que de verdad mejora el rendimiento, favorece la recuperación y previene lesiones es hacer un buen calentamiento, algo que, quizás por su aparente sencillez o falta de sofisticación, no apreciamos ni aplicamos como deberíamos.
    Por supuesto, una afirmación tan rotunda como la que acabo de lanzar hace un instante, asegurar que los estiramientos, los masajes, la inmersión en hielo y las medias compresivas son rematadamente inútiles, requiere una argumentación igualmente rotunda. Y a eso voy a dedicar el episodio de hoy, a considerar una a una todas estas técnicas, señalando los efectos o ausencia de los mismos que se han documentado y los mecanismos que explican tales efectos o su ausencia. Y, cuando sea posible, vamos a basarnos en los estudios realizados espeNos enseñaron que había que estirar antes y después de correr. Hacerlo “antes” servía para preparar los músculos, lo cual, a su vez, mejoraba el rendimiento y reducía el riesgo de lesión. Estirar “después” servía para reducir la rigidez muscular, lo que, de nuevo, facilitaba la recuperación y prevenía lesiones. Tradicionalmente también, nos convencieron de que, si podías pasar por el masajista tras la actividad, pues estupendo: una vez más, eso aceleraba la recuperación y permitía regresar a la actividad en mejor condición. Otra herramienta clásica de toda la vida es el hielo, sea en forma de cubitos envueltos en un paño o las inmersiones en agua helada, que se han hecho tan populares más recientemente; el hielo tendría un efecto antiinflamatorio y, por tanto, beneficioso para la recuperación. Y, por fin, otro invento contemporáneo más son las medias compresivas, que se usan tanto durante la carrera como en la recuperación; según nos han vendido, favorecerían la circulación, lo que, a su vez, mejoraría la función muscular durante la actividad y la reparación muscular tras la actividad. Bien, pues con la ciencia más reciente en la mano, y estoy hablando de revisiones sistemáticas y meta-análisis (que son técnicas de investigación que sintetizan decenas o cientos de estudios para sacar conclusiones definitivas sobre un asunto), puedo decirte con total garantía que todo lo anterior es falso. Es mentira. Es un engaño, un fraude, una engañifa. Una soberana trola. Lo único que de verdad mejora el rendimiento, favorece la recuperación y previene lesiones es hacer un buen calentamiento, algo que, quizás por su aparente sencillez o falta de sofisticación, no apreciamos ni aplicamos como deberíamos.
    Por supuesto, una afirmación tan rotunda como la que acabo de lanzar hace un instante, asegurar que los estiramientos, los masajes, la inmersión en hielo y las medias compresivas son rematadamente inútiles, requiere una argumentación igualmente rotunda. Y a eso voy a dedicar el episodio de hoy, a considerar una a una todas estas técnicas, señalando los efectos o ausencia de los mismos que se han documentado y los mecanismos que explican tales efectos o su ausencia. Y, cuando sea posible, vamos a basarnos en los estudios realizados específicamente en runners. Para acabar, hablaré de las bondades del gran olvidado, el calentamiento, que deberíamos tomarnos tan en serio como atarnos las zapatillas: no se nos ocurriría salir a correr sin hacerlo antes.
    Como hay mucho mito que derribar, no podemos perder ni un segundo: sin más dilación, vamos al turrón.
    cíficamente en runners. Para acabar, hablaré de las bondades del gran olvidado, el calentamiento, que deberíamos tomarnos tan en serio como atarnos las zapatillas: no se nos ocurriría salir a correr sin hacerlo antes.
    Como hay mucho mito que derribar, no podemos perder ni un segundo: sin más dilación, vamos al turrón.
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    19 min
  • Episodio 15. Sapiens. ¿Nacimos para correr?
    Un martes cualquiera. Siete de la tarde. El parque grande de tu ciudad, el paseo marítimo, una avenida, un polígono industrial o una urbanización en las afueras. ¿Qué ves a tu alrededor? Gente corriendo. “Mucha” gente corriendo. A solas, en pareja o en grupo; con auriculares o sin ellos. Con zapas de 20 euros o de 200. Miles de runners yendo de un lado a otro de la ciudad, como si de un hormiguero se tratase. Ahora, un domingo cualquiera de primavera. Hay carrera de trail en un monte cualquiera de tu región, con distancias corta de 20 kms y larga de 40. ¿Qué ves en la línea de salida? Una marabunta de gente bajo el arco. Dorsales acabados desde hace un mes. Un pueblo de mil habitantes que recibe de golpe y porrazo otras mil personas, ataviadas con prendas de color fluorescente a cada cual más chillón. Runners, runners, runners.
    A juzgar por este fanatismo, uno puede pensar que, en efecto, los seres humanos estamos hechos para correr. Pero, al mismo tiempo, ocurre que el running es un deporte bastante lesivo en comparación con otros con injustificada peor fama como hacer pesas o CrossFit. Es verdad que en el top de las actividades que provocan lesión están los deportes de equipo, como el fútbol o el baloncesto, puesto que implican explosividad, cambios rápidos de dirección y de ritmo. Pero es que el siguiente cajón lo ocupa el running, especialmente entre quienes tienen menos experiencia o entrenan más duro. Según los estudios, uno de cada tres runners sufre una lesión cada año. La rodilla, la pierna baja (que incluye la tibia, en la parte anterior, y el tendón de Aquiles, en la parte posterior) y el pie son los focos “estrella”. ¿Te suenan el síndrome de la cintilla iliotibial, la periostitis tibial, la tendinopatía del Aquiles o la fascitis plantar? Ya somos dos.
    Entonces, ¿está o no nuestra especie diseñada para el running? ¿Deberían esas altas tasas de lesión disuadirnos de salir a correr y convencernos de que el running es, en realidad, una actividad moderna que nos hemos inventado para ejercitar nuestro sistema aeróbico? ¿Es el lema “Born to Run” de McDougall una frase muy “cool”, pero un mero cuento chino en verdad? Para resolver estas preguntas tan directas no va a quedar más remedio que escarbar un poco en la superficie y plantear cuestiones de bastante mayor enjundia… "¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Adónde vamos?" Sí, sí, me has oído bien, no es broma. Para saber si correr es algo natural para nuestra especie, necesariamente tendremos que profundizar en la naturaleza de nuestra especie, abordando así las famosas “tres grandes preguntas del ser humano”. Y eso es precisamente lo que vamos a hacer hoy.
    Sin más dilación, vamos al turrón.
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    (Foto de Matthieu Paley)
    17 min

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Soy Héctor García Rodicio, científico de profesión y corredor por afición. Aquí te hablo del deporte de resistencia desde una perspectiva científica.

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