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La historia de las vacunas se remonta a más de dos siglos atrás. Durante ese tiempo, se han utilizado para combatir numerosas enfermedades que han asolado a la humanidad. Estas vacunas tradicionales se elaboran a menudo con fragmentos o proteínas de agentes infecciosos. Al introducirse en nuestro cuerpo, activan nuestras defensas y las preparan para repeler futuros ataques de esos invasores. Sin embargo, con la reciente pandemia, emergió un nuevo tipo de vacunas del cual muchos de nosotros nunca habíamos oído hablar: las vacunas de ARN. Recientemente, dos de los investigadores que hicieron posible estas vacunas, Katalin Karikó y Drew Weissman, han sido galardonados con el Premio Nobel de Fisiología y Medicina 2023. Pero, ¿qué es el ARN? ¿Por qué no se recurrió a las vacunas tradicionales para protegernos del coronavirus? ¿Cómo funcionan estas vacunas y por qué no se habían desarrollado antes? ¿Cuál fue el aporte de los laureados con el Nobel a su creación? Hoy, nuestro invitado Jorge Laborda, que ya nos ha ilustrado en varias ocasiones sobre nuestro sistema inmunitario en “Hablando con Científicos”, responderá a todas estas preguntas.
Estaba ante el televisor cuando recibí la noticia de la concesión del Premio Nobel de Química de 2023. Inicialmente no me di cuenta, pero minutos después comprendí que las imágenes que estaba viendo en ese momento eran posibles gracias al trabajo de los galardonados. Moungi Bawendi, Luis Brus y Alexei Ekimov había recibido el premio por el descubrimiento y desarrollo de los puntos cuánticos (quantum dots), las diminutas partículas cuyos brillantes colores forman la imagen de los televisores basados en tecnología QLED. Contacté con Emilio Palomares, director del Instituto Catalán de Investigaciones Químicas y, durante la entrevista que hoy os invitamos a escuchar, quedé más sorprendido aún. Emilio habla de las propiedades de los puntos cuánticos y sus aplicaciones. Describe cómo estas pequeñísimas partículas posibilitan la elaboración de paneles solares transparentes que, utilizados en las ventanas de nuestras casas, dejarán pasar la luz y captarán la energía infrarroja para generar electricidad, ayudan en el estudio y control de reacciones químicas y pueden ser utilizados como mensajeros de fármacos contra el cáncer.
Tras una mañana lluviosa, salí a pasear por el campo. Una roca cubierta por una delgada capa verde, densa, esponjosa y rebosante de vida, captó mi atención. Me sorprendió, ya que el día anterior, tras un largo periodo de sequía, la roca mostraba una superficie marrón y carente de vida. Con la pequeña lupa que siempre llevo en mis paseos, examiné detenidamente la capa de musgo. Descubrí un manto aterciopelado formado por una intrincada maraña de diminutas plantas que no poseían hojas, tallos ni raíces como las plantas vasculares tradicionales, sino estructuras más elementales. Al tocarlo, sentí su suavidad esponjosa y húmeda. Normalmente, los musgos pasan desapercibidos para mí, al igual que para muchos. Sin embargo, la conversación con Manuel Delgado Baquerizo, investigador del IRNAS – CSIC, responsable del proyecto de investigación MUSGONET, había despertado en mí un interés inédito por estos seres. Durante nuestra charla, que hoy os invito a escuchar, Manuel comparte los resultados de sus investigaciones y su entusiasmo por los musgos, una pasión que comparto en la entrevista que hoy os invito a escuchar en “Hablando con Científicos”.
En 1802, mientras se encontraba en la costa de Perú, el científico y explorador Alexander von Humboldt observó que las aguas costeras del Pacífico eran inusualmente frías. Fue el primero en estudiar y documentar el fenómeno y por ello esta corriente de aguas frías que baña las costas sudamericanas lleva su nombre. Aunque fue el primero en documentarla científicamente, no la descubrió. Antes que él, los pueblos y navegantes indígenas ya la conocían y se alimentaban de la enorme abundancia de peces que proliferaban en sus aguas. Desde entonces, la corriente de Humboldt o corriente de Perú no ha dejado de sorprender por su riqueza. Se considera que sus aguas albergan el ecosistema marino más numeroso del planeta. Entre los peces que se benefician de esas corrientes está la anchoveta peruana, un pez pequeño cuya abundancia hace que en las costas de Perú se encuentre una de las pesquerías más grandes del mundo. Ahora, la investigadora Claudia Ofelio, nuestra invitada hoy en Hablando con Científicos, ha publicado en Scientific Reports un artículo muy interesante que cuenta la vida y desarrollo de anchoveta peruana a partir del estudio de sus otolitos, unas diminutas piedras calcáreas que los peces y muchas otras criaturas, incluidos nosotros, tenemos en el interior de nuestros oídos.
El Parque Nacional de Doñana, ubicado en el suroeste de España, representa una de las reservas naturales más emblemáticas de Europa. Su posición entre dos continentes, Europa y África, y su cercanía al punto de encuentro del Atlántico y el Mediterráneo, hacen de este paraje un lugar de descanso y refugio para miles de aves que realizan sus travesías anuales. Las aves se alimentan y crían en las marismas, una extensa llanura inundable que se llena de agua durante el invierno y la primavera, y cambia de color cuando las aguas se retiran durante la estación seca. Junto a ellas, un extenso campo de dunas móviles, impresionantes montañas de arena impulsadas por el viento, avanzan modelando el paisaje y más allá, los cotos, bosques y matorrales se extienden como un manto verde, albergando a numerosos mamíferos, reptiles, invertebrados y aves. Doñana ha sido declarado Sitio Ramsar, Reserva de la Biosfera y Patrimonio Mundial de la UNESCO. Hoy, Pedro Jordano, investigador del CSIC en la Estación Biológica de Doñana, habla de la historia del Parque Nacional, su riqueza biológica, los logros de conservación y los peligros a los que se enfrenta.
Las Islas Aleutianas forman un archipiélago con más de 350 islas que se extienden dibujando un arco en el norte del Océano Pacífico, entre Alaska en Estados Unidos y la península de Kamchatka en Rusia. En el Sur de la isla Unimak, la mayor del archipiélago, en una plataforma rocosa situada a 37 metros sobre el nivel del mar, existía desde 1903 un faro para guía de los navegantes que cruzaban el estrecho que la separaba de los islotes vecinos. En 1940, el faro fue remodelado con una edificación más grande y sólida, diseñada para resistir las duras condiciones climáticas de la región. En la madrugada del 1 de abril de 1946, un fuerte terremoto sacudió la zona y una enorme ola de más de 40 metros de altura destruyó completamente el faro de Scotch Cap y segó la vida de los cinco guardianes de la instalación. Este es uno de los ejemplos, incluidas fotografías de la época, con los que Mercedes Ferrer Gijón, investigadora del Instituto Geológico y Minero (CSIC), ilustra su libro “Megatsunamis”. Hoy conversamos con ella en Hablando con Científicos.
Hace alrededor de 1.800.000 años la Humanidad salió de África y comenzó a poblar las tierras del viejo mundo; desde allí fue desplazándose hacia el oeste hasta llegar a la península ibérica. Restos encontrados en Atapuerca, en el norte, y en Orce, en el sur, demuestran la presencia homínida hace 1,4 millones de años. Estos escasísimos restos hablan de una población que superaba el reto de sobrevivir ante las glaciaciones. Sin embargo, hace 1,12 millones de años, algo sucedió. Un estudio de sedimentos marinos muestreado frente a las costas de Portugal y realizado por investigadores del University College London (UCL), el Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA-CSIC) y el Centro IBS de Física del Clima de Corea del Sur, publicado en la revista Science, revela que en esa fecha tuvo lugar una glaciación extrema, mucho más fría y persistente que las anteriores. Aquel acontecimiento marca el inicio de un periodo de 200.000 años en los que hay una falta total de fósiles y herramientas humanas. El conjunto, los datos y los resultados del modelo utilizado por los investigadores sugieren que la península ibérica, y más en general, el sur de Europa, se despobló hasta que, hace unos 900.000 años volvió a ser habitada por homininos más resistentes. Nuestro invitado, el investigador de IDAEA, Joan Grimalt Obrador, ha participado en el estudio y explica cómo se ha hecho esta investigación.
Hoy os invitamos a viajar de nuevo por el espacio exterior a la Tierra, en dirección a la constelación de Lira, hasta un objeto singular, una enana marrón, es decir, un objeto demasiado grande y caliente como para ser considerado un planeta pero mucho más pequeño y frío que una estrella. A pesar de encontrarse a más de 18 años luz de nosotros, Joan Climet, investigador de la Universidad de Valencia y de la Universidad Internacional de Valencia, y su equipo han logrado detectar en la enana marrón un cinturón de radiación como el que causa las auroras que se observan aquí y en otros planetas del Sistema Solar. Para obtener la imagen del cinturón de radiación, Climent y sus colegas utilizaron la señal de radio captada por la red europea de VLBI que combinó antenas de radio gigantes repartidas por todo el planeta, en España, Suecia, China o Sudáfrica. La detección de actividad auroral en un objeto tan distinto y tan distante como es una enana marrón, plantea retos y preguntas que Joan Climent comenta hoy en Hablando con Científicos.
Si Euclides, el matemático griego considerado como “el padre de la geometría”, hubiera levantado la cabeza el pasado 1 de julio, habría presenciado atónito como una inmensa nave despegaba de Cabo Cañaveral, en Florida, Estado Unidos, con un ingenio espacial que lleva su nombre: EUCLID. La misión de la Agencia Espacial Europea (ESA) homenajea así al sabio griego que transformó nuestra manera de entender el mundo con su obra “Los Elementos”, un compendio de la geometría de su época cuya influencia ha perdurado a través de los siglos. Desde su lanzamiento, EUCLID ha surcado el espacio exterior hasta alcanzar una órbita alrededor del punto donde las fuerzas del Sol y la Tierra se equilibran. Ahora la sonda EUCLID está poniendo a punto sus instrumentos con un objetivo: mejorar la comprensión la energía y la materia oscuras del Universo. Hoy hablamos con un científico que ha participado en la misión desde sus inicios, Francisco Javier Castander, investigador del Instituto de Ciencias del Espacio (ICE-CSIC) y del Instituto de Estudios Espaciales de Cataluña (IEEC).
Las presas hidráulicas son infraestructuras que no solo almacenan agua para abastecer a poblaciones, irrigar cultivos y generar energía eléctrica, sino que también juegan un papel crucial en la regulación del caudal de ríos porque previenen inundaciones y garantizan un suministro constante de agua en periodos de sequía. Las presas son de especial importancia cuando se producen lluvias torrenciales que aportan un enorme caudal en poco tiempo. Las grandes avenidas pueden ser moderadas por una presa gracias a sus aliviaderos, unos sistemas diseñados para actuar como válvulas de seguridad para proteger tanto la presa como las poblaciones y ecosistemas que se encuentran río abajo. Ahora bien, con el cambio climático, esas grandes avenidas están cambiado tanto en frecuencia como en intensidad. Enrique Soriano Martín, investigador de la Universidad Politécnica de Madrid ha realizado un trabajo que estudia la seguridad de las presas en un contexto de Cambio Climático.
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