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La frontera que separa el mar y la tierra emergida es difusa. Las olas van y vienen cubriendo el terreno y retirándose de él continuamente, las mareas imponen su ley haciendo subir y bajar el nivel del mar cada día, el viento juega con las aguas, unas veces acariciándolas con una suave brisa y otras enfureciéndolas hasta tal punto que ponen en peligro a todo aquello que se encuentre cerca de la costa. Ese diálogo entre el mar y la tierra, unas veces sosegado y otras tormentoso, habla un lenguaje diferente en cada lugar del planeta. Comprenderlo es la labor de científicos como nuestro invitado, Manuel Díez Minguito y otros muchos investigadores, algunos de los cuales se reunieron junto a un grupo escogido de alumnos en Granada durante la IV Escuela Internacional de Verano sobre Dinámica de Estuarios y Sistemas Costeros.
Si hubiera vida sobre la superficie árida y seca de Marte ¿Cómo podríamos encontrarla? ¿Y si, en lugar de Marte, buscáramos la vida en las aguas subterráneas del océano oculto bajo la superficie de la luna Europa de Júpiter? Detectar la presencia de vida en esos y otros lugares del Sistema Solar es muy difícil, por eso los científicos como Miguel Angel Fernández, investigador del Centro de Astrobiología ((CSIC-INTA)) se dedican a buscarla aquí, en la Tierra, en sitios que tienen un cierto parecido con los parajes de esos lejanos mundos. Uno de esos lugares es el desierto de Atacama, en Chile, el paraje más árido y seco del planeta, semejante en ciertos aspectos a muchos lugares marcianos. Otro está situado en la Antártida, donde existen desiertos helados y fríos que permiten estudiar la vida en condiciones que podrían reinar en el interior del satélite Europa.
Cada partícula de materia tiene su contrapartida de antimateria. En un principio se pensaba que ambos mundos, antagónicos, eran igualmente probables, de tal manera que para cada partícula de materia debería existir su homóloga en antimateria en algún lugar del Universo. Pero no es así. Según los cálculos actuales, por cada mil millones de partículas de materia en el Universo, solo hay una de antimateria ¿A qué se debe esa falta de simetría? Nuestro invitado en Hablando con Científicos, Francisco Javier Paul Soler, catedrático de física de partículas en la Universidad de Glasgow, en Escocia, intenta encontrar respuesta a esa pregunta con sus investigaciones.
En 1911 Heike Kamerlingh Onnes descubrió que el mercurio podía conducir la electricidad sin resistencia a temperaturas cercanas a cero absoluto. Este fenómeno, que hoy conocemos como superconductividad, permitió soñar con la posibilidad de transportar energía sin pérdidas a largas distancias, dispositivos de almacenamiento de energía, bobinas superconductoras capaces de crear enormes campos magnéticos, vehículos de levitación magnética, etc. Actualmente se sigue investigando para que aquellos sueños sean una realidad cotidiana. Nuestra invitada, Teresa Puig, investigadora del Instituto de Ciencia de Materiales de Barcelona (ICMAB) del CSIC dirige un grupo en el que se investiga la fabricación de cintas superconductoras de alta temperatura de bajo costo, alto rendimiento y altas prestaciones para el nuevo reto energético. Para lograr este objetivo, el grupo de Teresa Puig ha recibido una ayuda Proof of Concept del Consejo Europeo de Investigación.
La historia de los seres vivos nace de un proceso continuo de extinción de especies y creación de otras nuevas, un proceso que se ha ido diversificando hasta formar el enorme entramado de ramas biológicas del árbol de la vida. Nuestro invitado hoy en Hablando con Científicos, Miguel Verdú, investigador del CSIC, habla de evolución, es decir, del rastro que han ido dejando los seres vivos a medida que han ido cambiando y adaptándose a nuevos ambientes. Ese rastro permite estudiar las causas de la extinción de las especies y las consecuencias que tiene la desaparición de cada una de ellas para las comunidades de seres vivos con los que están íntimamente relacionados. Un estudio, publicado en Science Advances por un grupo de científicos brasileños y españoles, entre los que se encuentra Miguel Verdú, revela cómo la pérdida de fauna (defaunación), provocada por la intervención humana, precipita la extinción de especies evolutivamente distintas. El estudio tiene como objetivo descubrir pautas que permitan hacer predicciones sobre las consecuencias evolutivas de la pérdida de especies relacionadas entre sí.
Un parásito es un organismo que vive a costa de otro organismo, al que llamamos hospedador, aprovechándose de él para sobrevivir y reproducirse. Los parásitos abundan por todas partes y utilizan una enorme variedad de estrategias. Conocer la biología y la relación entre los parásitos y sus hospedadores es vital para la lucha contra las enfermedades que provocan. María Mar Siles, investigadora del Grupo de Parasitosis de la ganadería y zoonosis parasitarias del Instituto de Recursos Naturales y Agrobiología de Salamanca, investiga cómo usar las técnicas moleculares de última generación para desarrollar herramientas que permitan diagnosticar de forma eficaz y con rapidez la existencia de parásitos en animales y personas. Esas mismas herramientas moleculares sirven de base para la elaboración de vacunas experimentales contra las infecciones parasitarias.
En 1995 se descubrió el primer planeta extrasolar alrededor de una estrella parecida a la nuestra, desde entonces, las técnicas de detección se han ido perfeccionando sin descanso. Uno de los instrumentos que ha demostrado su buen hacer tiene un nombre muy español: CARMENES. El nombre es acrónimo de “Calar Alto high-Resolution search for M dwarfs with Exoearths with Near-infrared and optical Échelle Spectrographs”. Se trata de un espectrógrafo capaz de analizar la luz visible e infrarroja procedente de estrellas enanas de tipo M para detectar exoplanetas por la técnica de velocidades radiales, desde el Observatorio de Calar Alto. Pedro José Amado González nos habla CARMENES y del descubrimiento de dos planetas semejantes a la Tierra en zona templada alrededor de una estrella enana roja cercana a nosotros.
Las energías renovables solar o eólica se obtienen cuando el Sol o el viento lo permiten. Si en el momento de la producción no hay demanda, la energía sobrante se pierde porque no existen sistemas viables que permitan almacenar el exceso. Una posible solución al problema del almacenamiento del exceso de energía es la obtención de hidrógeno a partir de la electrolisis del agua. El método consiste, básicamente, en un dispositivo alimentado con energía eléctrica procedente de fuentes renovables que rompe las moléculas de agua y genera oxígeno e hidrógeno. El hidrógeno puede ser almacenado y utilizado posteriormente como combustible limpio, porque genera como residuo agua y no dióxido de carbono. Pero ese dispositivo no es fácil de conseguir, necesita se eficiente y duradero. Ahora, la investigadora María Retuerto, propone la utilización de un nuevo catalizador que mejora la eficiencia del proceso.
“Twisted Light” es el título con el que se presentaba, en portada, la revista científica Science en su número del 29 de junio de 2019. Tras ese título, que apenas sabemos traducir como “luz girada” o “retorcida”, se esconde una novedosa propiedad que revela como un pulso de luz se puede mover por el espacio girando, como una especie de torbellino que se retuerce y varía a medida que avanza por el espacio. La firmante principal del artículo es la estudiante de doctorado Laura Rego, física, integrante del Grupo de Investigación en Aplicaciones del Láser y Fotónica en el Departamento de Física Aplicada de la Universidad de Salamanca. Hoy, Laura Rego cuenta en “Hablando con Científicos” cómo es esa novedosa propiedad de la luz y nos ofrece sus impresiones como estudiante de doctorado.
La población mundial asciende en estos momentos a 7.714,5 millones de personas y, si las previsiones son ciertas, en 2050 habrá aumentado en 2.000 millones más. Para dar de comer a tanta gente se calcula que será necesario aumentar en un 70 % la producción agrícola mundial durante los próximos 30 años. Actualmente, la mitad de la población mundial obtiene sus alimentos a partir unos pocos cultivos, a saber, el trigo, el arroz, el maíz, la patata y la soja. Desgraciadamente, las plagas y las enfermedades asociadas a estos cultivos hacen que se pierda alrededor del 20 % de la producción mundial cada año. Un artículo publicado en Science, firmado por Mónica Carvajal y por un panel de expertos de diferentes disciplinas, propone la creación de un Sistema de Vigilancia Global que permita mejorar la detección y respuesta a la propagación inesperada de enfermedades de los cultivos, una estrategia que podría disminuir las pérdidas de cosechas y asegurar la alimentación de la población mundial en el futuro.
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