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Aunque tenemos al Sol muy cerca, ¡todavía nos queda mucho por descubrir sobre él! Para investigar sus misterios, la Agencia Espacial Europea lanzó en 2020 la misión Solar Orbiter, una nave cuya órbita la acerca más que Mercurio y permite observar los polos de nuestra estrella desde ángulos nunca vistos. Uno de los instrumentos más importantes de la misión es SO/PHI, cuyo coinvestigador principal David Orozco, del Instituto de Astrofísica de Andalucía, es nuestro invitado en Hablando con Científicos. Este instrumento analiza la luz del Sol para estudiar su campo magnético y el movimiento del plasma en su interior. Sus observaciones ayudan a entender mejor fenómenos como las manchas solares, las tormentas magnéticas o el viento solar, fenómenos que pueden afectar a satélites o redes eléctricas aquí en la Tierra. Solar Orbiter ha obtenido imágenes impactantes de los polos de nuestra estrella y continua su viaje, cada vez más cerca del Sol y mejorando su visión de las regiones polares.
Cada vez que aprendemos algo nuevo nuestro cerebro pone en marcha un complejo sistema de señales y conexiones. Pero, ¿por qué no todos aprendemos igual? ¿Qué determina que cada persona —o cada ratón— siga un camino distinto hacia el conocimiento? En esta entrevista de Hablando con Científicos, conversamos con Samuel Liébana García, investigador en la Universidad de Oxford, que ha estudiado cómo se forman las trayectorias individuales de aprendizaje y qué papel juega la dopamina en este proceso. A través de experimentos con ratones, combinados con herramientas de inteligencia artificial, Samuel y su equipo han descubierto que la dopamina actúa como una especie de “señal de enseñanza”, moldeando el aprendizaje de forma personalizada. Un trabajo pionero publicado en Cell que nos ofrece una nueva mirada al funcionamiento del cerebro.
Imagina que entras en una cueva muy antigua, tan antigua que ha acumulado sedimentos durante 46.000 años, y que puedes recuperar parte de su larga historia no a través de huesos o herramientas fósiles, sino gracias al ADN atrapado en el polvo bajo tus pies. Eso es, en parte, lo que hace Pere Gelabert, investigador del Departamento de Evolución y Antropología de la Universidad de Viena, quien ha liderado un estudio fascinante sobre el ADN antiguo conservado en los sedimentos de la cueva de El Mirón, en Cantabria.
Las fuentes renovables como la solar o la eólica son limpias y sostenibles, pero también impredecibles: el sol no siempre brilla, y el viento no siempre sopla. Además, los momentos de generación y de consumo de electricidad no suelen coincidir, lo que provoca excedentes de energía que, si no se aprovechan en el instante, se pierden. Por eso, uno de los grandes retos es cómo almacenar esa energía renovable para usarla cuando realmente se necesita. Una solución innovadora llega de la mano del proyecto europeo hyPPER, coordinado por el investigador José Manuel Serra desde el Instituto de Tecnología Química (ITQ). HyPPER desarrolla un sistema que permite almacenar y transportar energía renovable en forma de hidrógeno químicamente ligado a moléculas orgánicas líquidas. ¿En qué consiste exactamente esta tecnología?¿Qué papel juegan la química, los materiales y la ingeniería en este avance? De todo ello hablamos con José Manuel Serra en Hablando con Científicos.
Todos nosotros tenemos en nuestros cuerpos un reloj interno que nos dice cuándo dormir, comer o estar alerta… Ese reloj biológico está en casi todos los seres vivos: humanos, animales, plantas e incluso hongos. Es como un temporizador natural que sigue el ciclo del día y la noche. Un equipo internacional de investigadores, entre los que figura Marian Nohales, nuestra invitada hoy en Hablando con Científicos, ha estudiado el reloj biológico de las plantas y ha descubierto que no solo tienen un reloj, ¡cada célula que las componen tiene el suyo! Esta diversidad de relojes celulares puede ser una ventaja porque cada parte de la planta tiene que realizar tareas distintas a lo largo del día: unas deben protegerse del sol, otras absorber agua o nutrientes, o prepararse para crecer. Tener relojes adaptados a cada función permite que el conjunto funcione mejor. Marian Nohales explica cómo han realizado la investigación y las implicaciones que tiene este descubrimiento.
Cuando pensamos en drones operados a distancia, en ordenadores capaces de realizar cálculos increíbles, en máquinas que imitan el pensamiento humano y toman decisiones por sí solas, o en catamaranes que navegan con seguridad por mares y océanos, tendemos a creer que se trata de inventos modernos. Sin embargo, las ideas que dieron origen a estos artilugios —y a muchos otros— ya vieron la luz a finales del siglo XIX y principios del XX gracias a una persona tan genial como desconocida: Leonardo Torres Quevedo, un pionero en matemáticas, aeronáutica, telecomunicaciones y automática, que desplegó su portentosa imaginación hasta el punto de ser considerado “el más prodigioso inventor de su tiempo”. Hoy, el matemático y profesor de Historia de la Ciencia Francisco A. González Redondo nos cuenta su historia en Hablando con Científicos..
Los simpáticos y pequeños perezosos que hoy se cuelgan de las ramas de los árboles tropicales, moviéndose con extrema lentitud, tienen una historia evolutiva fascinante que incluye bestias enormes, capaces de pesar hasta 4 toneladas. Hace miles de años, los perezosos gigantes recorrían con paso tranquilo pero firme las llanuras y bosques de Sudamérica. Hoy solo sobreviven dos especies, pequeñas y completamente adaptadas a la vida en los árboles. ¿Qué ocurrió con sus parientes gigantes? ¿Cómo y por qué desaparecieron? Estas son algunas de las preguntas que intentan responder Alberto Boscaini y Juan López Cantalapiedra, dos de los científicos que firman un reciente artículo en la revista Science.
Nuestra vida cotidiana depende de herramientas: desde el móvil hasta una simple cuchara. Pero dependencia tal vez comenzó hace 6 u 8 millones de años, cuando la línea evolutiva de los humanos se separó de la de los chimpancés. No tenemos restos arqueológicos de aquellas primeras herramientas, pero los chimpancés actuales nos ofrecen pistas valiosas, porque, en su forma de elegir, modificar y usar objetos, podemos imaginar cómo pudieron ser aquellas primeras tecnologías. Hoy tenemos el placer de conversar con la doctora Alejandra Pascual-Garrido, investigadora del comportamiento de los primates y autora de un reciente estudio, publicado en iScience, que explora cómo los chimpancés salvajes seleccionan y fabrican herramientas. Su investigación revela un nivel sorprendente de comprensión técnica en estos animales y nos invita a repensar lo que sabemos sobre el origen de la tecnología y la cultura en nuestros propios antepasados.
Hoy nos vamos al rincón más austral del planeta, donde el hielo, los volcanes y los pingüinos comparten un entorno tan increíble como delicado: la Isla Decepción, un volcán activo en pleno océano Austral. Allí se encuentra la Base Antártica Española Gabriel de Castilla, a la que llegó un grupo de científicos que participan en un proyecto con un nombre bastante peculiar: DICHOSO. Entre ellos está nuestro invitado de hoy en Hablando con Científicos, el investigador Manuel Díez Minguito, que ha formado parte de una expedición equipada con lo último en tecnología: mareógrafos, correntímetros, drones… todo para recoger datos y entender cómo fenómenos naturales —como el deshielo o la actividad volcánica— y los impactos provocados por el ser humano están afectando los ciclos del carbono y los nutrientes en uno de los océanos más fríos y extremos del planeta.
¿Qué puede llevar a una persona con recursos suficientes a robar algo que no necesita y exponerse al riesgo de ser descubierta, con la tensión y vergüenza que ello implica? Hablamos de cleptomanía, un trastorno psicológico poco estudiado, caracterizado por la incapacidad de resistir el impulso de robar objetos que tienen poco valor para su uso personal o económico. Aunque puede parecer un problema sencillo, la investigadora Lucero Munguía, nuestra invitada hoy en Hablando con Científicos, y su equipo han llevado a cabo el estudio de un grupo de 150 mujeres como problemas de cleptomanía y ha comprobado que esas personas sufren un trastorno mucho más complejo, situado entre la impulsividad y la compulsividad. Además, los tratamientos tradicionales no siempre funcionan: las recaídas y abandonos son frecuentes. ¿La clave? Entender que no es simplemente “querer robar”, sino una manera que esas personas de regular lo que sienten por dentro.
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