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Las corrientes de chorro son bandas de viento de alta velocidad que fluyen en la atmósfera entre capas más lentas. En el caso del Atlántico Norte, la corriente de chorro suele situarse entre los 8 y 12 kilómetros de altitud, donde el aire fluye de oeste a este a velocidades medias de 110 a 250 km/h, aunque en invierno puede alcanzar hasta 400 km/h en eventos extremos. Este “río de aire”, que suele tener varios cientos de kilómetros de anchura, es fundamental porque influye en la trayectoria de las tormentas y en la distribución de temperaturas en América del Norte y Europa. Marina García-Burgos, nuestra invitada en Hablando con Científicos, ha estudiado con simulaciones climáticas cómo cambiará la corriente de chorro del Atlantico Norte bajo la influencia del cambio climático y revela que, a principios del invierno, la corriente de chorro tiende a desplazarse hacia los polos, mientras que, a finales del invierno, se observa una migración hacia el ecuador. Estos cambios pueden influir en la secuencia de periodos húmedos y secos, así como en la intensidad de las tormentas en Europa y América del Norte.
En mi estudio disfruto de una temperatura agradable gracias a un sistema que extrae calor del exterior y lo inyecta en el interior, desafiando el flujo natural del calor. De manera similar, los frigoríficos expulsan calor desde el interior al exterior para mantener los alimentos fríos, usando gases especiales que, aunque efectivos, contribuyen al efecto invernadero. Una alternativa innovadora son los cristales plásticos iónicos, materiales sólidos y flexibles con propiedades térmicas únicas. Estos podrían revolucionar la refrigeración al ser más sostenibles y eficientes. Josep-Lluís Tamarit y su equipo en la Universidad Politécnica de Cataluña investigan estos materiales como una alternativa prometedora y sostenible para sistemas de enfriamiento. Os invitamos a escucharlo.
Hoy tenemos doble celebración: por un lado, alcanzamos el programa número 500 de Hablando con Científicos, y por otro, conmemoramos los 10 años de un ambicioso programa de investigación que ha permitido observar con el Telescopio Espacial Hubble a los planetas gigantes del Sistema Solar. Si las 500 entrevistas publicadas en Hablando con Científicos nos han llevado a explorar los más variados y sorprendentes mundos de la ciencia gracias a sus protagonistas, hoy nos embarcamos en un fascinante recorrido por Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno, guiados por las imágenes obtenidas por el Telescopio Espacial Hubble durante la década de actividad del programa OPAL. En este viaje especial, nos acompaña un guía experto: el investigador de las atmósferas de los gigantes gaseosos y profesor del New Mexico Tech, Raúl Morales Juberías.
En el Mar Mediterráneo, las praderas submarinas, especialmente la especie Posidonia oceanica, son fundamentales para proteger las costas y el medio ambiente. Estas plantas marinas, que forman densos “bosques” bajo el agua, cumplen múltiples funciones esenciales. Actúan como un escudo natural que reduce la fuerza de las olas, protegiendo las playas de la erosión y mitigando el impacto de tormentas. Un trabajo de investigación firmado por Miguel Agulles, nuestro invitado en Hablando con Científicos, revela que, si las praderas submarinas del Mediterráneo desaparecieran, el impacto de las olas durante los eventos extremos sobre la costa se duplicaría al desaparecer el efecto protector que ahora poseen.
Los chimpancés, nuestros parientes más cercanos en el árbol evolutivo, siguen sorprendiendo con sus habilidades cognitivas. Un estudio realizado en la Estación Biológica Dindefelo, Senegal, ha revelado un comportamiento fascinante de los chimpancés cuando cazan hormigas guerreras para alimentarse. Las hormigas guerreras son insectos sociales que construyen nidos bajo tierra, ocultos entre rocas, raíces y hojas caídas. En el hábitat de sabana de Dindefelo, estos nidos son escasos y difíciles de encontrar, lo que obliga a los chimpancés a utilizar la memoria espacial y episódica, junto a herramientas elaboradas con ramitas que insertan en los nidos para extraer a los insectos. La investigación demuestra que los chimpancés no solo son capaces de recordar la ubicación de los nidos de hormigas guerreras ocultos, sino que también regresan a ellos a lo largo de varios años. El estudio ha sido publicado en la revista Communications Biology y el primer autor es Andreu Sánchez Megías, estudiante de doctorado de la Facultad de Psicología de la Universidad de Barcelona e investigador en el Instituto Jane Goodall España en Senegal.
Imaginemos un viaje por el espacio interestelar, observando las estrellas como enormes fábricas donde se forjan los elementos químicos que componen toda la materia que conocemos. Desde el comienzo de Universo, las fraguas estelares han ido convirtiendo los átomos más pequeños, hidrógeno y helio fundamentalmente, en átomos cada vez más pesados. Y no solamente se han limitado a crearlos, además los han ido diseminando por todo el Cosmos. Así, poco a poco, el Universo se fue enriqueciendo de carbono, oxígeno, nitrógeno, hierro y toda la variedad de átomos que ahora nos forman a nosotros y a nuestro pequeño mundo habitado. Cada átomo tiene su propia historia que investigadores como Adriá Casanovas, nuestro invitado en Hablando con Científicos, se esfuerzan en descubrir. Adriá se ha centrado en estudiar cómo se creó un átomo muy pesado y especial cuya formación ha intrigado a los científicos desde hace tiempo: el Plomo 204, un tipo de átomo clave para comprender el origen y evolución de nuestra galaxia y el Sistema Solar.
Cuando hablamos de emociones pensamos en sentimientos como la alegría, la tristeza, el miedo, el amor o la envidia, por mencionar algunas de las más comunes. Para muchos de nosotros son sentimientos típicamente humanos, aunque la ciencia nos está demostrando que también forman parte de la vida de muchos otros animales como perros o delfines, por ejemplo. En un mundo en el que la inteligencia artificial (IA) está cobrando cada día más protagonismo, muchos se preguntan: Ya que la IA puede resolver ecuaciones, crear imágenes inéditas, escribir relatos originales, generar música o mantener conversaciones más o menos inteligentes con los humanos, ¿puede aprender a tener o sentir emociones? El investigador Alberto Hernández, nuestro invitado en Hablando con Científicos, propone, en un artículo publicado en Scientific reports, un marco genérico de autoaprendizaje emocional para máquinas. Os invitamos a escucharlo.
Aunque Marte es conocido por su superficie desértica y árida, su atmósfera alberga fenómenos sorprendentes, como la formación de nubes. Estas nubes, similares a los cirros terrestres, tienen una textura tenue y un brillo característico al reflejar la luz solar, incluso llegan a generar fenómenos de halo. El estudio de las nubes marcianas, gracias a misiones como el rover Perseverance y su instrumento MEDA, ha revelado datos inesperados. Uno de los hallazgos más destacados es la variación en la abundancia de hielo de agua en la mesosfera marciana durante el solsticio de verano, a altitudes superiores a los 35-40 km. Estas variaciones están asociadas con el calentamiento de la atmósfera durante el periodo estival. Hoy exploramos estos fascinantes descubrimientos con Daniel Toledo, investigador del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA) y miembro del equipo científico de la misión Mars 2020, quien nos ayudará a comprender cómo estas observaciones contribuyen a desentrañar los secretos del agua en el clima marciano.
Los cetáceos son animales sorprendentes en muchos sentidos. Algunos, como las ballenas, tienen un tamaño enorme, tan grande que se han ganado el sobrenombre de “gigantes del mar”. Otros, como los delfines y las orcas, destacan por su inteligencia y su capacidad para desarrollar soluciones únicas a problemas complejos. Además, hay cetáceos que se comunican mediante un lenguaje sofisticado, con el que transmiten cultura y enseñanzas de generación en generación, de forma similar a los seres humanos. Aunque puedan parecer peces, en realidad son mamíferos. Respiran aire, tienen sangre caliente y cuidan a sus crías alimentándolas con leche materna. Pero sus habilidades van mucho más allá, como podemos aprender en el libro Historia de las ballenas y otros cetáceos, cuya autora, Ana J. Cáceres, es nuestra invitada en Hablando con Científicos.
Los microorganismos son los ingenieros invisibles que habitan en cada rincón del planeta, en una cantidad y diversidad inimaginables. Se estima que existen más de un billón de especies distintas, y el número total de individuos es tan grande que requeriríamos un número con 30 ceros para expresarlo. La inmensa mayoría de estas especies aún son desconocidas para la ciencia, lo que garantiza trabajo para los microbiólogos durante muchos años. Olga Sánchez, nuestra invitada en Hablando con Científicos, es catedrática en la Universidad Autónoma de Barcelona y ha publicado recientemente un artículo sobre estos fascinantes microorganismos, incluidos los que habitan en las profundidades del océano. Hoy nos habla sobre estos minúsculos habitantes, tanto marinos como terrestres, la mayoría de los cuales viven aportando beneficios a otros seres vivos, incluidos los humanos.
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