Crecer parece siempre una buena noticia. Más clientes, más facturación, más empleados… ¿qué podría salir mal?
Bastantes cosas.
En este episodio te cuento la historia de Javier y Elena, propietarios de una pequeña empresa de servicios que funcionaba razonablemente bien. Tenían tres empleados, pagaban puntualmente sus compromisos y ambos podían obtener un sueldo digno.
Hasta que decidieron crecer.
Contrataron más personal, incorporaron ayuda administrativa y aumentaron considerablemente la facturación. Desde fuera, la empresa parecía más grande y mejor. Sin embargo, ellos comenzaron a trabajar más horas, aumentaron los errores, perdieron el control de los costes y acabaron siendo los únicos que no cobraban su nómina.
El problema no fue crecer. Fue intentar multiplicar una empresa que todavía dependía completamente de ellos, cuyos procesos estaban en sus cabezas y que desconocía la rentabilidad real de muchos trabajos.
Porque el crecimiento no soluciona los problemas de una empresa: los amplifica. Si multiplicas una organización rentable y ordenada, multiplicas sus resultados. Si multiplicas el caos, los precios insuficientes y la dependencia del propietario, construyes un caos más grande… y bastante más caro.
Antes de contratar, captar más clientes o lanzarte a conquistar el mundo, quizá deberías hacerte una pregunta: ¿tu empresa está realmente preparada para crecer?